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jueves, 1 de enero de 2026

Comer bien para vivir mejor: ¿por qué no empezar en 2026?


Fuentes: Climática [Foto: Jesús Hellín/Europa Press]


Una dieta basada en plantas y un transporte activo es la forma más eficiente de reducir el impacto ambiental mientras mejoramos también nuestra salud.

Lo que comemos es clave para tener un planeta y un cuerpo sanos. De ahí surgen conceptos como Una sola salud (One Health, en inglés), porque la salud de las personas, los animales y los ecosistemas está estrechamente interrelacionada, como aclara la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los cambios en estas relaciones pueden aumentar el riesgo de que aparezcan y se propaguen nuevas enfermedades humanas y animales. Fue el caso de la pandemia de COVID-19 y lo que está ocurriendo con la gripe aviar y la peste porcina africana, entre muchos otros casos.

Para equilibrar y optimizar la salud de las personas, los animales y los ecosistemas se necesita un enfoque integral y unificador, indica la OMS. “La relación que hay entre la sostenibilidad y la salud es directa y bidireccional. La salud humana depende de la salud de los ecosistemas. Cuando los sistemas alimentarios muestran alta contaminación, sobreexplotación de recursos y pérdida de biodiversidad, también aumentan los riesgos ambientales para la salud”, destaca a Climática la científica de los alimentos Noelia María Rodríguez Martín, investigadora postdoctoral en la Universidad de Granada. “La sostenibilidad no es solo una cuestión ambiental, sino una cuestión previa para la salud pública. Los sistemas alimentarios determinan la calidad nutricional de los alimentos que consumimos y la estabilidad de las comunidades que los producen y consumen”, añade a Climática Silvia Gómez Suárez, investigadora en acuicultura sostenible de la Universidad Austral de Chile.

El impacto planetario de lo que comemos
El sistema alimentario genera entre el 21% y el 37% de las emisiones de efecto invernadero que provocan la crisis climática, desde que se producen los alimentos hasta que nos los comemos o los tiramos a la basura, según el Panel Intergubernamental de Especialistas en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). El uso del suelo como los cultivos y pastos, que implican deforestación, y el impacto en el cambio climático están asociados principalmente con los productos de origen animal, señala la Comisión Europea. La ganadería es la mayor usuaria del mundo de tierra agrícola, directamente como pastos e indirectamente a través de la producción de alimentos para ganado, y representa el 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales, indica la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés). Pero este panorama puede cambiar si prestamos atención a lo que consumimos y producimos y cómo lo hacemos.

Modificar la demanda tiene un potencial muy elevado para reducir las emisiones: permitiría hacerlo en hasta un 70% para el año 2050”, explicaba a Climática en 2022 Julio Díaz-José, investigador de la Universidad Veracruzana (México) y uno de los autores principales del capítulo del IPCC sobre la demanda y los aspectos sociales de la mitigación del cambio climático. Un ejemplo claro son las dietas veganas y vegetarianas: resultan más baratas, sanas y sostenibles, como concluyó un estudio publicado en The Lancet Planetary Health. El coste de la compra en España con una dieta sostenible puede ser 7,27 euros más barata al mes que la habitual, gracias a una mayor proporción de proteínas vegetales, según un estudio del año 2021 de la Universidad Ramon Llull.

Las ventajas de las dietas vegetales
Las dietas basadas en alimentos vegetales son las más sostenibles y saludables, siempre que estén bien planificadas. Una dieta vegana puede ser una opción excelente si es variada, aunque cualquier reducción en el consumo de alimentos animales supone un cambio”, destaca Noelía Rodríguez. Una revisión sistemática de las dietas omnívoras, vegetarianas y veganas, es decir, una recopilación de la literatura científica del tema, halló que una dieta basada únicamente en alimentos de origen vegetal ofrece el mayor potencial para reducir el consumo mundial de agua, además del menor nivel de emisiones de gases de efecto invernadero.

A nivel científico, existe bastante certeza sobre los impactos positivos de reducir el consumo de carne. Es verdad que hay debate sobre los efectos de la eliminación total de la carne y de transitar hacia una dieta vegana, pero la realidad es que la reducción del consumo de proteínas animales beneficiaría al planeta y a la salud general de la población”, según Julio Díaz-José. Las legumbres son una buena alternativa a la carne y al pescado. Se tratan de unas “semillas nutritivas” clave para afrontar los desafíos de “la pobreza, la seguridad alimentaria, la nutrición, la salud del suelo y el cambio climático”, explica la FAO.

Adoptar una dieta basada en plantas tiene efectos ambientales positivos, como la reducción de hasta un 46% en nuestra huella de carbono, un 6,6% menos de consumo de agua y hasta un tercio menos de uso de la tierra respecto a una dieta mediterránea omnívora, que ya es una dieta por sí con un alto consumo de vegetales, según un estudio en el que ha participado Noelia Rodríguez Martín. Esta liberación de tierra “alivia la presión sobre los hábitats y preserva servicios ecosistémicos clave, como la polinización y la regulación hídrica, decisivo para frenar la pérdida de biodiversidad”, destacó a The Conversation Rodríguez.

La investigadora destaca que “no solo evaluamos las emisiones de dióxido de carbono de la dieta, el uso de agua o suelo, sino también diferentes tipos de contaminación ambiental y la estimación de su impacto en la salud humana”. En él simularon cuatro menús reales con las mismas 2.000 kilocalorías diarias durante una semana con cuatro patrones: mediterráneo (omnívoro), pescovegetariano, ovolactovegetariano y 100% vegetal. Las dietas vegetales aumentaron la fibra ingerida y redujeron el aporte en las grasas saturadas, lo que es más saludable, aunque el yodo, la vitamina D y la vitamina B12 estuvo por debajo de lo recomendado y debe suplementarse.

Cuantos más alimentos vegetales y menos productos animales y ultraprocesados, siempre es mejor, no solo para nuestra salud, sino para la del planeta también”, resume la investigadora. El cambio hacia estas dietas tiene que “ser progresivo”, acompañado de políticas públicas para lograr una “transición que sea justa para los productores y para los consumidores”. Como explica la FAO, cientos de millones de pequeños productores y pastores dependen de la ganadería para su subsistencia. “No se trata de prohibir, sino de facilitar con incentivos a sistemas alimentarios más sostenibles y regulaciones basadas en la evidencia científica. Las políticas públicas pueden hacer que la opción más sana y sostenibles sea también la más fácil”, añade Silvia Gómez Suárez.

Comparación de tres menús (pescetariano, ovolactovegetariano y 100% vegetal o vegano) frente a uno omnívoro. Muestra la reducción porcentual en once indicadores relacionados con la huella de carbono (columna izquierda), efecto en el suelo y el agua (columna central) y efecto en la salud humana y seres vivos (columna derecha). A mayor proporción de alimentos vegetales, mayores recortes en la huella. Autores: Ángela Alcalá Santiago y Noelía Rodríguez Martín, entre otros.

Las dietas veganas también ayudan a reducir el peso. Un trabajo científico con personas con sobrepeso comparó seguir una dieta mediterránea con una vegana baja en grasas. Sus resultados sugieren que sustituir los productos animales, incluso por alimentos vegetales “poco saludables” en una dieta vegana se asocian a una pérdida de peso. No obstante, otro estudio de Noelia Rodríguez publicado en 2023 indica que, aunque los alimentos vegetarianos que imitan a productos de origen animal nos dan la sensación de ser más saludables y sostenibles, son ultraprocesados. Aunque presenten mayor contenido de fibra y menor cantidad de grasas saturadas, la elección de ultraprocesados vegetales puede ser menos saludable que una alternativa de origen animal menos procesada.

Los daños de los ultraprocesados se extienden a la salud planetaria. “La producción industrial, el procesamiento y el transporte de productos agrícolas son sistemas que consumen grandes cantidades de combustibles fósiles. Los envases de plástico son omnipresentes en los alimentos ultraprocesados”, indica un editorial de The Lancet sobre los peligros de la comida ultraprocesada. Su aumento en la dieta humana “está perjudicando la salud pública, alimentando enfermedades crónicas en todo el mundo y agravando las desigualdades en materia de salud”, destaca.

La llamada dieta de salud planetaria se basa en que la mitad de lo que comemos sean verduras y frutas. La otra mitad debe incluir granos enteros, proteínas vegetales (legumbres, frutos secos y semillas), aceites vegetales insaturados (aceite de oliva) y, de forma opcional y reducida, productos lácteos, proteína animal y azúcares añadidos. Un gran estudio publicado en Sciences Advances este septiembre encontró que una mayor adherencia a esta dieta se asoció con una menor mortalidad por todas las causas, incluyendo cáncer y enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Por lo tanto, seguir una dieta de salud planetaria podría ofrecer importantes beneficios para la salud, como indican otros estudios previos.

Pese a los beneficios de reducir o eliminar el consumo animal de nuestra dieta, no todos los animales que comemos impactan por igual en el clima. De lejos, el mayor emisor de gases de efecto invernadero por kilo es la carne de vaca, seguido por el cordero y la oveja. La fermentación entérica que ocurre en los estómagos de rumiantes como las vacas, ovejas y cabras son responsables del 39% de las emisiones de la ganadería en forma de metano, según datos de la FAO. En cambio, la carne de cerdo tiene un impacto climático menor que el queso e incluso menor que algún producto vegetal como el café y el chocolate negro. El consumo de carne que menos gases de efecto invernadero provoca es la de ave. A su vez, los huevos contribuyen menos al cambio climático que el pescado de piscifactoría. En cambio, la leche animal está al nivel del tofu y por debajo del arroz. Los productos con menor impacto en la crisis climática son los cítricos, los frutos secos, las manzanas, las patatas y las raíces alimenticias como el puerro, según un análisis de 50 productos alimentarios publicado en Science.

Hay que ser consciente de lo que consumimos y tener unos hábitos sostenibles. Hay que priorizar alimentos locales, de temporada, poco procesados y reducir el consumo de alimentos de origen animal, especialmente de carne roja”, señala a Climática la investigadora alimentaria de la Universidad de Granada. “Sobre todo, es importante evitar el desperdicio alimentario, que se genera muchísimo”, añade.

El impacto ambiental de lo que no comemos
En 2020, se desperdiciaron casi 59 millones de toneladas de alimentos en la Unión Europea (UE), aproximadamente el 10% de los alimentos en el comercio minorista, restauración y los hogares. Pero no todo el desperdicio alimentario tiene el mismo impacto ambiental. La carne y los productos lácteos son menos del 20% de la comida que se tira en la UE, pero son responsables de más del 50% del impacto medioambiental, según datos de la Comisión Europea. Para visualizar su impacto, un dato. A nivel mundial, la pérdida (los alimentos que se pierden durante la cosecha) y el desperdicio de alimento generan anualmente entre el 8 y el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Además, el 60% de los alimentos se desperdician en los hogares. En España, la tasa del desperdicio alimentario en 2024 fue del 4,1% dentro de casa frente a solo el 0,8% fuera de casa. En total, se han desperdiciado 24,38 kilos o litros por persona y año, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Por eso está en manos del consumidor reducir la comida que se tira, especialmente en fechas navideñas.

Para ello, Anna Bach y Alicia Aguilar, investigadoras del Foodlab de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) proponen seis consejos para reducir el desperdicio alimentario en Navidad. Su guía antiderroche incluye hacer una lista de la compra pensando en los menús que se prepararán, conservar y almacenar correctamente los productos comprados en base a sus etiquetas, ajustar las raciones, congelar, reutilizar los restos para preparar nuevas recetas y hacer un consumo responsable. Elegir alimentos que tienen poco porcentaje de desperdicio tiene un impacto ambiental inmediato y directo, destaca la investigadora de la Universidad Austral de Chile.

El movimiento es salud
El transporte supone en torno a un 20% de las emisiones de dióxido de carbono, por lo que reducirlas cambiando nuestros hábitos de movilidad de forma sana es prioritario. Movernos, caminar, ir en bicicleta y usar el transporte público siempre que sea posible son otros hábitos saludables y sostenibles que recomienda Noelia Rodríguez. El IPCC también prioriza la movilidad activa sin coches. La movilidad eléctrica es otra forma de ahorrar muchas emisiones. “Otras opciones con gran potencial de mitigación son la reducción de los viajes en avión, el ajuste de la calefacción y la refrigeración, la reducción del uso de electrodomésticos y el cambio al transporte público”, según el IPCC.

Existe un alto potencial de mitigación al adoptar métodos de transporte activos, como caminar o moverse en bicicleta. Pero esto no depende de decisiones individuales, sino de la infraestructura y de la organización de las ciudades y del trabajo. Si el centro de trabajo está muy alejado de nuestra vivienda o el camino no es seguro, acabaremos por no hacerlo”, destacó Julio Díaz-José. “Toca reducir el consumo energético, reparar las cosas antes de comprar, evitar el uso de plástico de un solo uso y, en general, cuidar también nuestra salud. Nuestros hábitos van a mejorar la salud física, ambiental y al mismo tiempo, si nosotros estamos bien, también podemos reducir mejor nuestra huella ambiental”, apostilla la investigadora de la Universidad de Granada.

Ir más allá de la responsabilidad individual
El IPCC indica que los cambios de estilo de vida pueden acelerar la mitigación del cambio climático, pero que los cambios individuales son insuficientes si no se acompañan de cambios estructurales y culturales. También señala que la acción colectiva y la organización social son “cruciales” para cambiar las políticas públicas de mitigación del cambio climático. “Se requieren cambios importantes a nivel político, de planificación, de infraestructura, de tecnología, de regulación… El individuo, si no forma parte de un conjunto integral de medidas, no podrá hacer gran cosa”, señaló el investigador mexicano.

A nivel de políticas públicas, la investigadora alimentaria de la UGR señala que hay mejorar la educación nutricional y ambiental desde edades muy tempranas, apoyar el cultivo local y la economía circular. La responsabilidad individual no es la solución porque no todos los individuos son igual de responsables de la crisis climática. Un milmillonario emite un millón de veces más gases de efecto invernadero que cualquier habitante del 90% más pobre de la humanidad. El 1% más rico ha sido responsable de más del doble de las emisiones de carbono que la mitad más pobre del planeta durante los 25 años en que las emisiones alcanzaron niveles sin precedentes, según Oxfam Intermón. 

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sábado, 9 de marzo de 2024

"Comer bien, dormir bien y hacer ejercicio es más efectivo que cualquier medicina antiedad que haya en el mercado": Venki Ramakrishnan, Premio Nobel de Química

Venki Ramakrishnan

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY

Pie de foto,

Envejecer y morir, a todos nos pasa y a (casi) todos nos da miedo.

Pero, ¿por qué envejecemos y morimos?, ¿es posible retrasar la vejez o incluso lograr la inmortalidad?

Esas preguntas han ocupado gran parte de la carrera del biólogo molecular Venki Ramakrishnan (Chidambaram, India, 1952).

En 2009, junto a Thomas A. Steitz y Ada E. Yonath, Ramakrishnan recibió el Premio Nobel de Química por sus investigaciones acerca de los ribosomas, la estructura de la célula encargada de producir proteínas, que son las moléculas que hacen posible la vida de todos los organismos.

Ramakrishnan es el autor del libro Why we die: The New Science of Aging and The Quest for Inmortality (Por qué morimos: la nueva ciencia del envejecimiento y la búsqueda de la inmortalidad), que será publicado en marzo, inicialmente en inglés.

Sobre esos asuntos conversamos con él, quien en esta entrevista explica desde las reacciones químicas que causan el deterioro de las células, hasta las enormes implicaciones que vivir más tiene para la humanidad.

Ramakrishnan es uno de los invitados al Hay Festival Cartagena, que se celebra del 25 al 28 de enero de 2024.

Línea ¿Qué es el envejecimiento, en qué consiste ese proceso en los humanos?

Una de las principales causas del envejecimiento es la acumulación de daños en los genes de nuestro ADN.

La información más valiosa que llevan los genes es cómo producir proteínas.

A nivel celular, las proteínas cargan miles de reacciones químicas que hacen posible la vida. Le dan forma y fuerza a nuestro cuerpo, pero también permiten la comunicación entre células.

Gracias a ellas tenemos nuestros sentidos y nuestro sistema nervioso depende de ellas para transmitir las señales y almacenar nuestra memoria.

Nuestros anticuerpos son proteínas, y son ellas las que permiten que la célula fabrique las moléculas que necesita, incluyendo grasas, carbohidratos, vitaminas, hormonas y los propios genes.

Entonces, el envejecimiento tiene mucho que ver con la pérdida de capacidad de nuestro cuerpo de regular la producción y la destrucción de proteínas en las células.

Podemos verlo como una acumulación de daños químicos en nuestras moléculas, en nuestras células, en nuestros tejidos y, finalmente, en todo nuestro cuerpo.

Es un proceso gradual, desde el momento en que nacemos. Incluso antes, ya estamos envejeciendo, pero a edad temprana no lo sentimos porque estamos creciendo, nos estamos desarrollando.

Luego, con el paso de los años, los síntomas se vuelven más obvios y cuando los sistemas críticos comienzan a fallar, el cuerpo no puede funcionar como un todo unificado…Y eso es lo que lleva a la muerte.

Lo interesante de la muerte es que cuando morimos, la mayoría de nuestras células siguen vivas, -por eso nuestros órganos pueden ser donados-, pero ya no son capaces de funcionar como un todo; eso es la muerte.

ADNFUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES Pie de foto,

El ADN transporta la información necesaria para fabricar las proteínas que hacen posible la vida.

En tu libro mencionas que en la biología todo se explica a la luz de la evolución. Desde el punto de vista evolutivo, ¿por qué envejecemos y morimos?

Porque a la evolución no le importamos como individuos.

La evolución se trata básicamente de la capacidad de transmitir los genes. Y esos genes no residen en el vacío, residen en un individuo.

Así que siempre y cuando seas capaz de crecer, procrear y asegurar que tu descendencia alcance su propia edad reproductiva, a la evolución no le importa lo que te pase después, porque ya transmitiste tus genes.

Es cierto que nuestros organismos podrían invertir más esfuerzo en prevenir el envejecimiento, o en tener mejores mecanismos para repararse, pero desde el punto de vista evolutivo es más eficiente asegurarse de que crezcamos más rápido y podamos reproducirnos para transmitir nuestros genes.

Es un balance que varía en cada especie.

Por ejemplo, en una especie que vive en alto riesgo de ser devorada por un depredador, no tiene sentido que su organismo evolucione para vivir muchos años, porque es muy probable que lo devoren en cualquier momento.

En los mamíferos, las especies más grandes tienden a tener un ciclo de vida más largo que las más pequeñas.

En esto, sin embargo, hay una curiosa excepción: los ratones y los murciélagos pesan casi lo mismo, pero los murciélagos tienen un ciclo de vida mucho largo que los ratones.

¿Por qué? Porque pueden volar; entonces, son menos vulnerables a los depredadores.

Una niña junto a un elefanteFUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES Pie de foto,

Los mamíferos de mayor tamaño tienden a vivir más que los de menor tamaño.

En los últimos 150 años se ha duplicado la esperanza de vida de los humanos. Uno de los grandes debates entre los científicos es si esa expectativa de vida podrá seguir alargándose o si ya llegamos al límite de lo que nuestros organismos pueden vivir. ¿Cuál es tu posición en ese debate?

Hoy vivimos más tiempo porque nuestra salud y la atención médica han mejorado.

Con los conocimientos actuales, 120 años es lo máximo que razonablemente podríamos vivir, es poco probable que vivamos más allá de esa edad.

Lo curioso es que, por ejemplo, Tom Perls, un científico que estudia la longevidad en Boston, EE.UU., ha observado que aunque aumenten las personas que llegan a los 100, no crece el número de quienes llegan a los 110.

Su sensación es que más allá de los 110 años, nos enfrentamos a límites biológicos naturales.

Sí, hay gente que gracias a una combinación de factores genéticos y su estilo de vida viven más de 110 años, pero esa cantidad de gente no está aumentando.

Entonces, sí, pareciera que hay un límite natural.

También se han hecho cálculos que muestran que incluso si lográramos eliminar enfermedades como el cáncer, solo aumentaríamos la expectativa de vida promedio unos pocos años.

Ahora, si de alguna manera logramos tratar las causas del envejecimiento, quizás podamos exceder ese límite, pero no estoy seguro de qué tan fácil sea hacerlo, ni siquiera sé si es algo deseable. Es algo en lo que tenemos que pensar, porque puede haber enormes consecuencias sociales.

Algunos optimistas dicen que la primera persona que vivirá 150 años ya nació, pero yo creo que son demasiado optimistas, porque el envejecimiento es altamente multifactorial, y no está claro si habrá un par de soluciones definitivas que lo detengan y nos mantengan saludables.

Un hombte y una mujerFUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Otro gran debate es si la vejez es una enfermedad…

El cáncer, la demencia, la inflamación, la osteoartritis, las afecciones cardiacas, están todas relacionadas con la edad, por lo que hay quienes afirman que la edad es la causa subyacente de esas enfermedades, y por ende el envejecimiento es una enfermedad.

Otros señalan que el envejecimiento es algo que nos sucede a todos. Entonces, ¿cómo se puede llamar enfermedad a algo que es inevitable y universal?

La OMS recientemente fijó su postura de que no es una enfermedad.

Lo que sí hay es mucha presión para que el envejecimiento se considere una enfermedad, porque hay mucho dinero invertido en investigaciones relacionadas con él.

Para hacer estudios clínicos y obtener la aprobación de las autoridades necesitas que exista una enfermedad.

¿En qué áreas crees que veremos el mayor avance en los tratamientos contra el envejecimiento en los próximos años?

Como dice el chiste que se le atribuye al beisbolista Yogi Berra: “Es difícil hacer predicciones, especialmente sobre el futuro”.

No estoy seguro realmente de qué tan avanzados están, pero hay varios enfoques que tratan de amainar el envejecimiento.

Por ejemplo, investigadores se han dado cuenta de que restringir las calorías a menudo ayuda a ralentizar el envejecimiento, con la salvedad de que hacerlo a edades más tempranas puede causar problemas.

Entonces están viendo si logran crear una droga que tenga un efecto similar a la restricción calórica.

Yo digo en broma que es como si pudieras comerte una torta con helado sin preocuparte por las calorías, porque te tomas una pastilla y listo. Es lo que mucha gente desearía.

Hay mucho interés en una droga llamada rapamicina, que tiene ese enfoque, pero que en altas dosis puede resultar inmunosupresora y causar daños graves.

Otro campo interesante es la parabiosis, en el que trasfundes sangre de un animal joven a uno más viejo.

Ahí lo que ocurre es que el animal que recibe la sangre se rejuvenece en varios aspectos, lo que quiere decir que hay factores en la sangre que son responsables del envejecimiento, y hay estudios para identificarlos.

También hay un enfoque relacionado con la senescencia, que es el estado en que las células dejan de funcionar normalmente y dejan de dividirse.

Con la edad acumulamos más células senescentes, y la inflamación que producen como señal de que algo no está bien, es una causa adicional de envejecimiento.

Así que hay investigadores preguntándose: ¿es posible destruir células senescentes de manera selectiva? Hay evidencia de que si eso se logra se pueden revertir algunos de los efectos del envejecimiento.

Y está el área, muy interesante, de la reprogramación celular, que consiste en llevar una célula a su estado inicial, revirtiendo los cambios que hayan ocurrido en ella.

Por supuesto, ese proceso es riesgoso porque a menudo puede causar crecimientos cancerosos.

Estamos lejos de que se pueda aplicar en humanos, pero se han realizado experimentos en animales que muestran resultados prometedores.

Corazón humanoFUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES Pie de foto,

El riesgo de afecciones cardiacas aumenta con la edad.

Además de estos avances, también has llamado la atención sobre otros enfoques que parecen más de ciencia ficción y a los que se les da mucho bombo publicitario…

Sí, son cosas que en este momento son completamente ciencia ficción.

Hay personas que creen en la criónica, que consiste en que cuando alguien muere congela su cuerpo en nitrógeno líquido con la esperanza de que, no sabemos cómo, en un futuro exista la tecnología para revivirlos.

Creo que eso por ahora es solo hype; es una forma de capitalizar el miedo que tiene la gente a morir.

Además, pienso que es un problema del primer mundo. Quienes le apuestan a la criónica es gente con mucho dinero, que puede comprar todo, excepto juventud.

Yo crecí en India y conozco mucha gente de África, y ahí a nadie está pensando en la criónica.

CrionizaciónFUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES Pie de foto,
Por el momento, la crionización es una técnica que pertenece más a la ciencia ficción, dice Ramakrishnan.

El miedo a envejecer es muy extendido; por eso usamos bótox, nos teñimos las canas, ese tipo de cosas…¿Crees que los esfuerzos por retardar el envejecimiento contribuyen a que ese miedo a la vejez siga creciendo?

Hay mucha presión para no envejecer, y esa presión recae sobre todo en las mujeres. Es terrible.

Pero no creo que la investigaciones para retardar el envejecimiento alimenten el miedo a la vejez; al contrario, creo que son un resultado de ese miedo.

Es un miedo que hemos tenido durante gran parte de nuestra historia porque no tenemos el suficiente conocimiento médico.

Hay mucho esfuerzo y mucho dinero en ciencia y tecnología que apunta a retrasar el envejecimiento, pero en tu libro dejas claro que hay otras maneras de mantenerse sano que están mucho más a nuestro alcance…

Comer bien, dormir bien y hacer ejercicio, actualmente, son más efectivos que cualquier medicina anti edad que haya en el mercado.

No cuestan nada ni tienen efectos secundarios, y tienen una sólida base biológica contra el envejecimiento.

Los humanos no evolucionamos para comer en abundancia, ni postres y esas cosas.

Nuestra especie comenzó siendo cazadora y recolectora. Comíamos de forma esporádica, ayunábamos de manera natural y teníamos la restricción calórica que mencionaba antes.

Pero ahora comemos incluso si no tenemos hambre y en Occidente vemos un enorme aumento de la obesidad.

Hablemos del ejercicio. Hoy vivimos una vida sedentaria en comparación con nuestros antepasados, que eran agricultores, cazadores, trabajadores manuales.

Y sobre el sueño, a menudo subestimamos la importancia de dormir, pero es extremadamente valioso para los mecanismos de reparación de nuestro cuerpo.

Poner en práctica estos viejos consejos nos ayuda a mantener la masa muscular, regular la función mitocondrial, la presión arterial, el estrés y disminuir el riesgo de demencia.

El problema es que no siempre es fácil seguirlos. La gente a veces prefiere simplemente tomar una pastilla y vivir sus vidas como quieren. Esa es la parte que tenemos que superar.

Personas amontonadas FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES ¿Te gusta esa frase popular que dice que no importa los años que vivas, sino la vida que le pongas a esos años?

Es una frase muy bonita y estoy de acuerdo con ella. De eso se trata, de tener un propósito, sacarle el máximo provecho a tu vida.

Hay mucha evidencia de que tener un propósito en la vida reduce el riesgo de infartos y deterioro cognitivo.

Pero también es cierto que instintivamente todos queremos vivir el mayor tiempo que podamos, y eso crea una paradoja, porque lo que queremos como individuos no es necesariamente bueno para la sociedad o para el planeta.

Y eso lo vemos en el uso de la energía, el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad… Estamos tomando decisiones individuales que resultan dañinas para la sociedad como un todo y revertir eso requiere un verdadero esfuerzo consciente.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cldry666rweo

miércoles, 30 de agosto de 2023

Por qué la velocidad a la que comes puede ser tan importante para tu salud como lo que comes


Hombre comiendo frente al computador

Mirando la TV, sentados en el escritorio con los ojos puestos en la computadora, parados frente la mesada de la cocina o, incluso, caminando.

¿Cuántas veces has desayunado o almorzado así, a las corridas, sin darte unos minutos de tiempo para saborear lo que tienes entre las manos o en el plato?

El ritmo vertiginoso de la vida diaria y a veces simplemente la pura costumbre nos lleva a comer a muy rápido.

Y aunque muchas personas prestan atención a qué tipo de alimentos se llevan a la boca, ya sea por una cuestión de peso o de salud, se suele pensar menos –o nada- en la velocidad a la que ingerimos los alimentos.

Sin embargo, el ritmo de la ingesta tiene un impacto directo en nuestra salud ya que afecta una serie de propiedades de los alimentos así como la forma en la que el cuerpo responde a ellos.

Comer rápido o despacio “cambia no solo la velocidad a la que la comida entra en tu estómago, sino también a la que entra en tu tracto gastrointestinal", le explica a la BBC la doctora Sarah Berry, experta en nutrición en el área de salud cardio-metabólica del King’s College de Londres.

"Y eso es muy importante porque tiene un efecto dominó en la liberación de muchas hormonas que te dicen qué tan lleno estás, qué tanta hambre tienes, y que además están involucradas en cómo tu cuerpo va a procesar los alimentos”, añade.

Misma comida, diferentes resultados
Una de las diferencias más visibles es que las personas que comen más rápido tienden a tener sobrepeso, una mayor acumulación de grasa en la zona de la cintura y niveles más elevados de colesterol LDL (el colesterol que conocemos como “malo”).

Quienes comen rápido suelen tener sobrepeso.

Esto se debe a que tienden a consumir más calorías -entre 100 y 200 adicionales- que contribuyen al aumento de peso, en comparación con aquellos que comen más despacio.

“Cuando comes más lento, se produce un aumento en lo que llamamos hormonas de la saciedad (PYY, GLP1) que le dicen a tu cuerpo: 'hey, estás lleno'”, señala Berry.

Al mismo tiempo, tiene lugar una “reducción en las llamadas hormonas del hambre (grelina), y eso limita el deseo de comer más”, añade la investigadora.

¿Cómo es posible que una misma comida tenga un impacto tan distinto cambiando solo la velocidad de la ingesta?

Según Berry hay dos razones.

La primera es que las señales de saciedad demoran entre 5 y 20 minutos hasta llegar al cerebro, asi que si comes rápido, dado que esta señales no han llegado, puedes continuar comiendo sin darte cuenta de que ya comiste lo suficiente.

La segunda, es que, al comer despacio, “la liberación de nutrientes en el intestino es más lenta, y eso significa que hay una liberación más sostenida y prolongada de las hormonas que te dicen que estás lleno y una supresión más prolongada de las hormonas del hambre que te dicen que comas”.

Glucosa
Es importante tratar de hacer una pausa para comer y no hacerlo rápido frente al ordenador.

Para demostrar las diferencias derivadas de la velocidad de la ingesta, Berry realizó un experimento con el corresponsal de salud y cencia de la BBC James Gallagher.

Tras colocarle un monitor para medir la concentración de glucosa en sangre, le pidió que comiense exactamente lo mismo durante dos días (un desayuno de cereales y fruta, un almuerzo de ensalada acompañada de pan y una cena de pollo con vegetales), un día de forma muy lenta y el otro mucho más rápido.

Al analizar los resultados, se vio que la respuesta fue mucho mayor el día que comió velozmente.

“Cuando comes tu comida mucho más rápido, los carbohidratos estimulan la liberación de insulina, pero esta no se libera lo suficientemente rápido como para eliminar la glucosa de tu torrente sanguíneo, por eso tiene una mayor respuesta cuando comes rápido”, dice Berry.

“Y esto es importante porque sabemos que estos grandes picos de glucosa en sangre, si se repiten en exceso a lo largo de los años, pueden aumentar el riesgo de diabetes de tipo 2, enfermedades vasculares y otras complicaciones metabólicas”, añade.

Si estás acostumbrado a comer rápido, cambiar de hábito no es sencillo, pero uno de los trucos más efectivos consiste en apoyar los cubiertos en el plato entre bocado y bocado.

Otro es hacer un esfuerzo consciente para masticar más la comida.

Y, por último, otra recomendación que además tiene muchos otros beneficios es reducir la cantidad de alimentos ultraprocesados en favor de aquellos menos procesados.

Esto es porque la textura suele ser más blanda en los alimentos altamente procesados, y esta diferencia de textura hace que se consuman a una mayor velocidad (entre un 30% y 50% más rápido).