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jueves, 22 de noviembre de 2012

Se dispara la pobreza infantil en España

La crisis se ceba con los más necesitados de protección y es ahí, al analizar el impacto sobre sus vidas, donde encontraremos un buen indicador de la intensidad de la violencia de esta crisis. Una violencia estructural, silente, aparentemente neutra en la selección de sus objetivos pero certeramente eficaz en su impacto sobre los de siempre, los más desprotegidos.

Nadie más necesitado de protección que un niño y, por tanto, nada más cruel que negarles el futuro. Esa contradicción en los términos que es el grito angustiado de decenas de miles de jóvenes de este país, “somos una juventud sin futuro”, se hace aún más obscena cuando la pueden convertir en propia los niños y niñas que ni siquiera han llegado a jóvenes: “somos una niñez sin futuro”.

Y es que, en este país, la pobreza infantil ha aumentado un 45% desde que comenzó la crisis. En estos momentos, la tasa de pobreza infantil llega al 27,2% de la población, es decir, más de 2.226.000 niños y niñas malviven bajo el umbral de la pobreza. ¿Puede ser de otra manera cuando el número de hogares con niños con todos sus miembros adultos que se encuentran sin trabajo creció un 120% tan sólo en los primeros cuatro años de la crisis? ¿Sabemos el drama que esconden las puertas de cada uno de esos hogares? Algo podemos imaginar: son hogares en los que no se pueden cubrir las necesidades de alimentación, de vestimenta, de calefacción, las escolares, incluso de vivienda y, como el empleo ni está ni se le espera y las políticas sociales están en fase de desmantelamiento, el problema se va enquistando: según Unicef, la pobreza crónica, es decir, aquellos que llevan tres de los últimos cuatro años bajo el umbral de la pobreza ha aumentado en un 53% en tres años.

Familias sin futuro; jóvenes sin futuro; niños sin futuro. Ese es nuestro futuro. Y lo más grave de todo, lo que revuelve más las entrañas, es saber que acabar con eso tiene un precio. Que sabemos cuánto cuesta erradicarlo, acabar con ello, lograr que la infancia vuelva a tener futuro. Y lo que cuesta es, evidentemente, mucho menos de lo que nos está costando rescatar a bancos e instituciones financieras, culpables parciales de esta crisis que hace engordar, cada día, las cifras de la pobreza infantil.

Bastaría con 26.000 millones de euros para resolver ese problema. Con ese dinero podríamos conseguir que ningún niño se fuera a la cama sin cenar; que todos pudieran vestirse adecuadamente; que vivieran en hogares que cumplieran condiciones de salubridad y habitabilidad dignas; que pudieran acudir a la escuela; que no experimentaran en carne propia las desigualdades heredadas y todos tuvieran, desde el inicio de sus vidas, igualdad de oportunidades con independencia de dónde y de quién nacieron. En definitiva, con ese dinero podríamos conseguir que el capitalismo salvaje no las convirtiera en el eslabón más débil de una cadena que, a la búsqueda del plusvalor, tensa hasta quebrarlo por su parte más tierna.

Que toleremos que el sistema en el que vivimos permita expoliarle la infancia a millones de niñas y niños de este país es la prueba más evidente de que, camino de la modernidad, hemos llegado a la barbarie.

Alberto Montero Soler (@amonterosoler) es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y presidente de la Fundación CEPS. Acaba de publicar junto a Juan Pablo Mateo el libro "Las finanzas y la crisis del euro: colapso de la Eurozona", en Editorial Popular. Puedes leer otros textos suyos en su blog La Otra Economía.

miércoles, 30 de mayo de 2012

La educación pública y otros derechos

...La enseñanza pública, tanto la primaria, como la secundaria y superior, fue una victoria descomunal de las clases populares contra esta dictadura mercantil. Lo que ahí se está jugando no es sólo, como a veces se dice, la desmantelación del Estado del Bienestar, porque no se trata de un asunto de “bienestar”. El sistema de instrucción pública representa algo mucho más importante: gracias a él, la sociedad ha gozado de una fortaleza que salvaguarda del mercado un espacio para la verdad y, por ello mismo, para la justicia. Se trata de una institución en la que por definición hay que decir la verdad, ya sea, en primaria, al hablar del cuadrado de la hipotenusa, en secundaria, donde hay que decir cosas objetivas sobre la revolución francesa o incluso sobre la guerra civil española, o en la educación superior, donde, como dijo Humboldt, el maestro ya ni siquiera está al servicio del alumno, sino que ambos, maestro y alumno, están al servicio de la verdad. Esta institución fortificada para la objetividad, para la verdad, para el saber libre y desinteresado, está siendo asaltada y destruida. Con ello, la ciudadanía perderá la única brújula que puede orientarnos políticamente hacia la justicia.

¿Qué habría que contarle hoy a los niños? 

Me temo que los niños de hoy tienen por delante un futuro nada esperanzador. Siento tener que decirlo así, porque tengo hijos de distintas edades. El primer paso es transmitirles la sensación de que el mundo no es así de forma inevitable. Que hay otros mundos posibles. Luego, hay que proporcionar instrumentos teóricos para empezar a entender lo que está pasando y lo que puede pasar. Si no, todo se vuelve irremediable y fatal. Y la desesperación nunca ha sido nada buena cuando llega la adolescencia. No quisiera que para mis hijos el futuro consistiera en ingresar en un mundo de maras, guettos y delincuencia. Y tampoco que se vieran indefensos ante la voracidad de un mercado laboral demente. Pero sobre todo, es imposible querer para nuestros hijos el mundo que se avecina, porque es feo, injusto y suicida... Carlos Fernández Liria (Leer toda la Entrevista por Julia Gutiérrez)

viernes, 3 de diciembre de 2010

Unicef publica un informe sobre el bienestar de los niños en las naciones más ricas. España entre los países europeos con mayor pobreza infantil.

España es el segundo país con la tasa de pobreza infantil más alta (solo superado por Portugal) de los 21 países pertenecientes a la Organización para la Cooperación al Desarrollo Económico (OCDE) (de un total de 33) que hansido analizados en el noveno informe sobre la infancia publicado por el Centro de investigaciones Innocenti , con sede en Florencia y dependiente de Unicef.
El informe compara las tasas de pobreza infantil en los 21 países con datos de antes y después de que se deduzcan los impuestos y se efectúen los pagos de la ayuda social. España tiene una tasa de pobreza infantil del 18,5% antes de la intervención del Gobierno y del 17,2% después de la misma. Únicamente Portugal la supera con un 21,2% y un 18,7% respectivamente. Tras España se sitúan Italia, Reino Unido, Polonia, Irlanda y Luxemburgo. En el extremo contrario, la tasa más baja corresponde a Finlandia (15,2% y 5,2%), Países Bajos (10,7% y 5,4%) y Suecia (12% y 5,7%). El esquema muestra que sin la intervención del Gobierno todos y cada uno de los 21 países tendrían tasas de pobreza infantil iguales o superiores al 10%.
El informe refiere que los ahorros acumulados por una familia y sus perspectivas de futuro, la vivienda y el vecindario en el que vive, el nivel de instrucción y las expectativas de los padres y la posición social de la familia son factores que entran en la ecuación socio-económica. Sin embargo, de las medidas disponibles, la más importante, "la que guía y pronostica la condición socio-económica de un hogar", sigue siendo el nivel de ingresos familiares. "Puesto que la falta de trabajo es una de las principales causas de la pobreza, es probable que el bienestar material de los niños haya empeorado significativamente en algunos países desde 2008", señala el documento.
Dinamarca, Finlandia, los Países Bajos y Suiza se colocan a la cabeza en la promoción de la igualdad respecto al bienestar de los niños, mientras que Grecia, Italia y EE UU, al contrario, permiten que los niños se queden atrás en la máxima medida.
Bienestar material, educacional y sanitario
El documento señala que, en bienestar material, España ocupa el 14º puesto de 24 países (en este apartado se incluyen tres naciones más). El apartado lo encabezan Suiza e Islandia, y quedan a la cola EE UU y Eslovaquia. El bienestar material se ha medido por tres indicadores: los ingresos familiares, el acceso a los recursos educativos básicos y las condiciones de la vivienda.
En cuanto a bienestar educacional, España logra alcanzar el noveno puesto. Encabezan la lista Finlandia, Irlanda y Canadá, mientras que a la cola se sitúan Austria, Francia y Bélgica. La clasificación se ha realizado teniendo en cuenta una muestra representativa nacional de estudiantes de 15 años de edad, en más de 40 países, para determinar "la competencia en la lectura, las matemáticas y las ciencias".
En el apartado de bienestar sanitario, España retrocede al puesto 21 de 24, seguido por EE UU, Italia y Hungría. En los primeros puestos se encuentran Países Bajos, Noruega y Portugal sucesivamente. Los factores tenidos en cuenta han sido las dolencias referidas por los niños, una alimentación sana y la frecuencia de ejercicio físico intenso. (Tomado de "El País" 3 de diciembre 2010)

sábado, 31 de octubre de 2009

La polémica sobre la enseñanza temprana de la lectura.

La presión sobre los niños más pequeños está en cuestión - No se trata de enseñarle de todo y todo a presión sin que tengan la motivación que lo facilita.
"Creo que he perdido la primavera", grita Sara, de cinco años. Está en clase, en el colegio público Teresa de Calcuta de San Sebastián de los Reyes (Madrid). Mientras revuelve en una caja, tiene frente a sí tres fotografías de un mismo paisaje: una tomada en verano, otra en otoño y otra en invierno. Efectivamente, falta la primavera, así que Sara no estaba haciendo ninguna metáfora, pero su inocente comentario enmarca perfectamente el núcleo de este artículo.
 A saber: se han adelantado demasiado los objetivos y los contenidos escolares para niños muy pequeños, con lo que el segundo ciclo de la educación infantil se convierte en una especie de mini-primaria para unos niños que deberían estar aprendiendo, tal vez, cosas parecidas a las que les enseñan, pero desde luego de otra manera.
Básicamente esto es lo que dice una de las conclusiones de un reciente estudio dirigido por el profesor de la Universidad de Cambridge Robin Alexander, el mayor repaso hecho a la enseñanza primaria británica en 40 años.
 Los expertos aseguran que cuatro y cinco años es muy temprano para empezar a recibir una educación formal, estructurada en materias, y reclaman una enseñanza que les ayude a construir sus destrezas sociales, su lenguaje y su confianza a través de juegos, o simplemente hablando con los niños.
Todo ello, en lugar de primar el aprendizaje de la lectoescritura y los números, como se ven obligados a hacer muchos docentes, presionados por la necesidad de elevar el nivel educativo, dice el informe.
(De El País, 29/10/2009) Seguir aquí leyendo. (en la foto una alumna de 3 años de E. Infantil y el dibujo con su nombre que ha hecho de su familia)