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lunes, 4 de mayo de 2026

Películas para el Primero de Mayo: de Tiempos Modernos a Harlan County USA

En la celebración del Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, acaso nos apetezca disfrutar de una película que nos sirva de inspiración en nuestras propias luchas.

Pero no son muchas las películas de excelencia en torno a la lucha obrera. La razón es evidente: Hollywood lo controlan los capitalistas. Sus intereses de clase radican en fomentar el statu quo, no el cambio radical. Aun así, un siglo de historia del cine ha dado lugar a grandes películas sobre la lucha de clases, el anticolonialismo y otras grandes causas de la izquierda. A continuación, presento veinte de mis preferidas, ordenadas de acuerdo con su fecha de estreno. ¡Que verlas movilice tu solidaridad!

El acorazado Potemkin [Bronenosets Potyomkin] (1925). Desde el momento de la invención del cine, tanto capitalistas como socialistas comprendieron el poder de la imagen en movimiento para poder influir sobre la gente. El gobierno soviético produjo muchas películas de poderosa propaganda para consolidar su revolución en la década de 1920. Sergei Eisenstein fue el mayor de todos los directores soviéticos de la primera época. Su película, que dramatiza la rebelión naval rusa de 1905, parte de la gran lucha revolucionaria de ese año y te hace desear, un siglo después, derrocar el corrupto estado zarista. Si te gusta, prueba con La Tierra [Zemlya] (1930), de Aleksandr Dovzhenko, Las extraordinarias aventuras de Mr. West en la tierra de los bolcheviques [Neobychainye priklyuchenya mistera Vest v strane bolshevikov] (1924), de Lev Kuleshov, La huelga [Stachka] (1925) del mismo Eisenstein, o alguna de las restantes películas soviéticas, tan asombrosas, de la época.

Tiempos modernos [Modern Times] (1936). Charlie Chaplin era un socialista comprometido y, a medida que iba creciendo su fama, iba incluyendo más política en sus películas. Tiempos modernos es una fantástica comedia sobre la vida de la clase trabajadora con la puede identificarse cualquier espectador. Interpreta una vez más a su famoso personaje del Vagabundo, pero esta vez se encuentra en el centro de un experimento empresarial destinado a alimentar a los trabajadores mediante la automatización para que trabajen más, su jefe le espía en el baño y, de modo accidental, se pone al frente de una huelga. Constituye una fantástica visión de la vida bajo el capitalismo, y al mismo tiempo resulta divertida y dulce.

Las uvas de la ira [Grapes of Wrath] (1940). La famosa novela de John Steinbeck sobre los inmigrantes de Oklahoma rumbo a California no era explícitamente de izquierdas. Tampoco lo fue la adaptación cinematográfica de John Ford, de 1940, protagonizada por Henry Fonda en un papel icónico como el de Tom Joad. Pero la Gran Depresión abrió Hollywood a una mayor presencia de la política de izquierdas en el cine. Ford transformó la novela en una potente visión de cómo se masticaba y escupía a toda una clase de trabajadores agrícolas por parte de una Norteamérica que le mentía a su clase trabajadora.

La sal de la Tierra [Salt of the Earth] (1954) de Herbert Biberman. En 1950, mineros mexicanos, organizados sindicalmente en el International Union of Mine, Mill and Smelter Workers [Sindicato Internacional de Trabajadores de Minas, Fábricas y Fundiciones], se declararon en huelga en Nuevo México. Trabajaban y vivían en condiciones terribles. Tuvieron éxito en su huelga cuando las mujeres tomaron el relevo en los piquetes después de que un tribunal prohibiera a los miembros del sindicato declararse en huelga. Al mismo tiempo, la dirección del sindicato Mine Mill era objeto de ataques a causa de su dirección comunista. Un grupo de cineastas incluidos en listas negras se llegó hasta Nuevo México y recurrió a los trabajadores y a los propios organizadores sindicales para escenificar la huelga. Los cineastas fueron víctimas del acoso de la policía y se deportó a México a la actriz principal durante el rodaje. La película permaneció desaparecida durante décadas antes de que se la volviera descubrir. Cuando se la muestro a mis alumnos, les pregunto de qué modo puede ser comunista esta película, cómo se puede justificar su veto. Y no lo entienden: la película trata acerca de unas condiciones de vida dignas, con agua corriente y respeto básico en el trabajo. Si es comunismo eso, yo me apunto.

Generación [Pokolenie] (1955). Andrzej Wajda fue el gran cineasta de la libertad polaca. Posteriormente, tendría problemas en su carrera con las autoridades por hacer películas críticas con el gobierno comunista, como El hombre de mármol [Czlowiek z marmuru] (1977), que utiliza la historia de un trabajador excepcional en la década de 1950 para analizar la corrupción del ideal comunista. Si bien filmada en 1955, la película de Wajda sobre el papel del socialismo en la resistencia polaca contra los nazis todavía me inspira hoy en día a tomar las armas contra los fascistas. Una película potente y brillante.

Camaradas [I compagni] (1963). La película de Mario Monicelli es probablemente la mejor película de la Historia sobre una huelga laboral. Protagonizada por Marcello Mastroianni en el papel de un sindicalista anarquista que huye de la policía y encabeza una huelga de trabajadores textiles italianos, Camaradas hace un trabajo maravilloso al mostrar los altibajos de una huelga de principios del siglo XX condenada al fracaso, pero que sienta las bases de la lucha de clases que, para los espectadores, acabará conduciendo a la victoria.

Soy Cuba (1964). La Revolución Cubana de 1959 pronto contó con el apoyo de la Unión Soviética. Mikhail Kalatozov, el director soviético más importante de la época, colaboró ​​con los cubanos a fin de crear una película que dramatizaba cuatro etapas previas a la revolución: el trabajo sexual que realizaban las mujeres cubanas para sobrevivir, la explotación por parte de United Fruit, los movimientos estudiantiles fallidos y la exitosa revolución campesina que propulsaría a Castro al poder. Es técnicamente brillante y, sencillamente, una película hermosa. Además, instruye ideológicamente a la vez que resulta sumamente entretenida.

La batalla de Argel [La battaglia di Algieri] (1966). En mi opinión, la película de Gillo Pontecorvo sobre la Revolución Argelina contra los franceses es la mejor película jamás realizada. Punto. Trabajando con los argelinos que acababan de obtener su independencia, narra la historia de la revolución, exponiendo con tremenda sofisticación tanto la ideología revolucionaria como la contrarrevolucionaria. Con extraordinaria fuerza, pone de relieve el verdadero poder y los costes de la violencia, que puede traer la independencia, pero a costa de la muerte de bebés. Pontecorvo no permite que nadie idealice esa violencia, pero nos obliga a todos a comprender de qué modo conduce a la inevitabilidad histórica de la libertad.

Investigación de un ciudadano por encima de toda sospecha [Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto] (1970). ¿Hasta dónde puede irse de rositas un fascista influyente? Ese es el tema de la película de Elio Petri. Narra la historia de un inspector de policía de alto rango que asesina a su amante y deja pistas por todas partes, sólo por ver si lo atrapan. Por supuesto, todos los poderosos saben que lo ha hecho él. No les importa. Intervienen justo antes de que se autodestruya y se aseguran de que conserve su puesto. ¿Crees que tiene esto alguna relevancia hoy en día?

La batalla de Chile (1975-1979). Estrenada en tres partes a finales de la década de 1970, esta película, que hubo que pasar de contrabando, es el documento de una revolución y su fracaso. Dirigido por Patricio Guzmán, este documental muestra a los trabajadores que apoyaban al gobierno socialista democrático de Salvador Allende, así como el surgimiento de la contrarrevolución de derechas que derrocó al gobierno en 1973 con ayuda de la CIA, llevando al poder como dictador al líder militar neofascista Augusto Pinochet. Jamás verás un documento de una revolución mejor ni más completo. El propio Guzmán tuvo que huir de los torturadores de Pinochet y sacar clandestinamente lo rodado. Es todo un milagro.

Harlan County USA (1976). El documental de Barbara Kopple sobre una huelga de mineros del carbón en el Kentucky de 1973 muestra a algunos de los trabajadores más pobres del país luchando por unas condiciones laborales dignas contra una de las industrias más explotadoras de la nación. A estos trabajadores los representaba el sindicato de la minería de los Estados Unidos (United Mine Workers of America), y se trata de un relato del surgimiento del sindicalismo democrático, así como la historia de una lucha contada desde la perspectiva de los propios trabajadores. Una verdadera obra maestra del cine documental.

Norma Rae (1979). La película de Martin Ritt llevaba a la ficción la historia de Crystal Lee Sutton, una mujer despedida por organizar sindicalmente una fábrica textil de Carolina del Norte. Protagonizada por Sally Field, la película fue un éxito de taquilla y culminaba con Field sosteniendo un cartel en el que se leía "SINDICATO" mientras la escoltaban fuera de la fábrica. La propia Sutton se mostró descontenta con la película porque minimizaba la labor de sindicación y el papel de los trabajadores negros de la fábrica, y creaba una tensión sexual entre ella y un sindicalista. Si bien puede ser una versión simplificada, constituye una película magnífica que sitúa a las mujeres en el centro del movimiento obrero, como debe ser.

Born in Flames (1983). La película de Lizzie Borden sobre cómo mantienen subordinadas los hombres a las mujeres en una revolución socialista democrática no fue fácil de realizar. ¿Quién la iba a financiar? Nadie. Le llevó años, filmando, con suerte, una escena al mes. No es, técnicamente, una obra maestra. Es, sin duda, una obra maestra política que aborda el racismo, la homofobia y, por supuesto, el sexismo en una supuesta utopía socialista democrática.

Matewan (1987). Ni siquiera en la cima de su carrera como uno de los pioneros del cine independiente logró una sola vez John Sayles recaudar mucho dinero. Cuando abordó la historia de la masacre de Matewan, parte de las Guerras del Carbón de Virginia Occidental de la década de 1910 y principios de la de 1920, intentó contar una historia compleja sobre raza, clase y violencia con un mínimo presupuesto. De un modo u otro, lo consiguió y creó una de las mejores películas sobre el trabajo en los Estados Unidos. Protagonizada por James Earl Jones en el papel de representante de los mineros negros contratados como rompehuelgas, con un jovencísimo Will Oldham (más conocido como el cantante Bonnie "Prince" Billy) en el papel del joven predicador y huelguista, y Chris Cooper como sindicalista, es esta la mejor película jamás realizada sobre una huelga norteamericana.

El viento que agita la cebada [The Wind That Shakes the Barley] (2006). Ken Loach ha dedicado toda su carrera al cine con conciencia social, con películas sobre la clase trabajadora británica y sobre acontecimientos concretos del pasado, como la Revolución Sandinista (La canción de Carla [Carla´s Song], 1996), la Guerra Civil española (Tierra y libertad [Land and Freedom], 1995) y la campaña Justicia para los Conserjes de Los Ángeles (Pan y rosas [Bread and Roses], 2000). El viento que agita la cebada, sobre la independencia irlandesa y la guerra civil que le siguió en la década de 1920, es, en mi opinión, su obra maestra. La historia de dos hermanos que se encuentran en bandos opuestos de la guerra civil, trata en última instancia de la tragedia de concluir una revolución y decidir cuándo se ha conquistado lo suficiente. Toda revolución se ha enfrentado a esta pregunta.

RAF Facción del ejército rojo [Der Baader-Meinhof Komplex] (2008). La dramatización de Uli Edel sobre la Facción del Ejército Rojo de Alemania Occidental es la mejor de una serie de películas estrenadas por aquella época que narraban la historia de los movimientos terroristas de izquierda de las décadas de 1960 y 1970. El compromiso de estos izquierdistas alemanes —hasta la muerte— es fascinante, y sin embargo, la película no los exime de responsabilidad, mostrando su falta de seriedad durante el adiestramiento con la Organización para la Liberación de Palestina o la chapucería con la que se involucraban en su activismo político. Siempre es mejor para el presente conocer historias complejas sobre izquierdistas del pasado y no sólo relatos heroicos. Edel hace un excelente trabajo al ayudar a los espectadores a comprender un momento histórico hoy en gran parte olvidado en el que el terrorismo de izquierdas parecía tener mucho sentido.

The Black Power Mixtape (2011). La televisión estatal sueca estaba fascinada con los Panteras Negras y envió repetidamente equipos a los Estados Unidos para entrevistar a varios de sus miembros. Göran Hugo Olsson recopiló este material en forma de documental, proporcionando tanto testimonios de primera mano de estos icónicos radicales norteamericanos como un análisis incisivo de los problemas raciales de los Estados Unidos desde una perspectiva muy diferente.

Parásitos [Gisaengchung](2019). La desigualdad constituye un tema recurrente en muchas películas políticas contemporáneas. Pocas cintas lo han hecho mejor o con mayor impacto visual que la película de Bong Joon Ho, ganadora del Óscar, sobre una familia coreana, empobrecida pero estafadora, que se infiltra en casa de unos ricos para aprovecharse de ellos. Ofrece una lección fundamental: los ricos son estúpidos porque tienen dinero para serlo. Los pobres son inteligentes porque deben serlo a fin de sobrevivir.

Bacurau (2019). Al igual que Parásitos, la película de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles expone la violencia que subyace en la vida global contemporánea. Un pueblo de una zona rural de Brasil desaparece repentinamente del mapa. Dejan de funcionar los teléfonos móviles. La gente comienza a morir por heridas de bala. Un político local, claramente seguidor del movimiento de extrema derecha brasileño de Jair Bolsonaro, se muestra hostil al pueblo. Resulta que hay alguien (interpretado por el gran Udo Kier) que dirige un rancho al que los extranjeros pueden ir a cazar a los lugareños. Cuando el pueblo empieza a contraatacar, bueno, digamos que no falta la venganza, gloriosamente merecida, litros de sangre incluidos.

No esperes demasiado del fin del mundo [Nu astepta prea mult de la sfârsitul lumii] (2023). El director rumano Radu Jude arremete contra los problemas de su país en todas sus películas. Aquí, cuenta la historia de una joven que trabaja sin descanso para una empresa que produce videos sobre seguridad laboral. Esta ironía, y el hecho de que su cliente intente evitar indemnizaciones para todos los trabajadores suyos heridos, constituye sólo una muestra de esta crítica mordaz a la corrupción, la desigualdad, el sexismo y el miedo a las minorías que Jude considera que definen a la Rumania moderna. En su tiempo libre, nuestra heroína graba videos en los que finge ser Andrew Tate, el misógino y delincuente sexual que consideraba Rumania como su feudo sexual personal. Y esto no es más que el comienzo de la gloriosa anarquía de esta película.

Consideradas en conjunto, estas tres películas demuestran que se están produciendo filmes brillantes sobre la desigualdad contemporánea. Lamentablemente, ninguna de ellas se ha realizado en los Estados Unidos, cuya industria cinematográfica sigue mostrándose reacia a hablar de clases sociales.

Erik Loomis es profesor de Historia en la Universidad de Rhode Island. Es autor de “Organizing America: Stories of Americans Who Fought for Justice” [“Organizar sindicalmente a Norteamérica: Historias de norteamericanos que lucharon por la justicia”] y “A History of America in Ten Strikes” [“Historia de los Estados Unidos en diez huelgas”].

Fuente: The Nation, 30 de abril de 2026

Temática: Cine

Explotación de los trabajadores

Traducción:Lucas Antón