lunes, 29 de diciembre de 2025

_- La principal invención de las élites: los pobres de derecha

_- Fuentes: El tábano economista

Élites rentistas y la fabricación del pobre de derecha en el laberinto sudamericano (El Tábano Economista) 

 América Latina se debate en una paradoja estructural que define su tragedia contemporánea: la coexistencia de dos dispositivos sociales profundamente incompatibles, pero funcionalmente entrelazados. Por un lado, unas élites que han resignado cualquier pretensión de constituir una burguesía moderna, orientada a la inversión productiva de largo plazo y al fortalecimiento del Estado-Nación como proyecto colectivo.

En su lugar, se han consolidado como una aristocracia rentista, una clase parasitaria que prioriza la preservación de privilegios feudales a expensas del bien común, perfeccionando el arte de capturar los recursos del Estado para beneficio de una minoría cada vez más reducida y más rica. Frente a esta oligarquía extractiva, se erige su creación más perversa y efectiva: la clase baja reaccionaria, el «pobre de derecha».

Este fenómeno sociológico representa la culminación de una ingeniería social deliberada: los excluidos del sistema, intoxicados por un resentimiento comprensible pero canalizado en direcciones catastróficas, encuentran en el discurso de la derecha más recalcitrante un «poder simbólico» que les ofrece una dosis de dignidad moral y una compensación psicológica basada en la denigración de «los otros» la izquierda, las minorías, los vagos, todos aquellos que pueden ser señalados como inferiores en una jerarquía imaginaria de merecimiento.

El objetivo fundamental de las élites sudamericanas no es la construcción nacional, sino la preservación y ampliación del patrimonio familiar y grupal en un entorno de alta volatilidad política y económica. La lógica de poder de estas aristocracias es inherentemente extractiva y defensiva, centrada en la captura sistemática de recursos estatales y la neutralización metódica de cualquier amenaza redistributiva. No aspiran a fortalecer el Estado-Nación como un actor global con soberanía real, sino a utilizarlo como un instrumento maleable para sus intereses privados, un patrón que las hermana con las élites globales analizadas en el artículo “La captura estatal en la batalla fiscal de los multimillonarios”.

Dentro de este panorama general, es posible identificar al menos tres proyectos o trayectorias divergentes que delinean el mapa del poder en la región. La élite globalizada o «desacoplada» constituida por grandes conglomerados familiares que han logrado diversificar sus activos a nivel global, cuyo objetivo primordial es insertarse de manera subordinada en las cadenas de valor mundial como exportadores especializados de commodities de alta calidad, desvinculando su destino del devenir de sus países de origen.

La élite nacional-rentista o «del atraso» abarca sectores industriales protegidos, constructoras que subsisten de la obra pública, grupos mediáticos con una influencia política desmesurada y segmentos del sector financiero; su riqueza depende directamente de una relación simbiótica y parasitaria con el Estado, es profundamente antipopular y su discurso público suele adoptar un tono moralista y autoritario para enmascarar su voracidad extractiva.

Finalmente, la élite criminal transnacional —carteles de la droga, minería y tala ilegal, redes de contrabando— representa la forma más pura y violenta de acumulación de capital, un poder que se está fusionando peligrosamente con partes de las élites tradicionales a través del blanqueo de capitales y la cooptación de políticos, desafiando el monopolio estatal de la violencia y constituyendo una amenaza existencial para cualquier proyecto de desarrollo soberano.

El proyecto hegemónico que parece imponerse en la región es una alianza pragmática y a menudo incómoda entre la élite globalizada y sectores de la élite nacional-rentista, articulada bajo un discurso de «modernización conservadora» que promete eficiencia mientras consolida privilegios. Sin embargo, para comprender las trayectorias divergentes de los dos gigantes sudamericanos, es esencial diseccionar las diferencias fundamentales entre las élites brasileña y argentina. Aunque ambas comparten un origen colonial y lógicas rentistas profundamente arraigadas, han evolucionado de forma distinta, forjando destinos nacionales igualmente disímiles.

La élite brasileña cimentó su riqueza en el latifundio esclavista —durante los ciclos del azúcar y el café— y luego en la extracción minera a gran escala. Esta historia generó una estructura profundamente patrimonialista, donde la línea que separa la fortuna familiar del interés estatal siempre fue difusa, porosa y corruptora. Históricamente, utilizó el Estado no para aniquilar al capital nacional, sino para crearlo y protegerlo, dando forma a un modelo de «capitalismo de Estado» y sustitución de importaciones que creó conglomerados privados-nacionales gigantescos —Vale, Odebrecht, Friboi/JBS, Embraer— que funcionan como campeones nacionales.

La fusión entre lo público y lo privado es tan profunda que resulta difícil discernir dónde termina uno y comienza el otro, con instrumentos como el BNDES financiando la internacionalización de estas empresas. Esta élite se siente cómoda con un estado grande y poderoso, siempre y cuando pueda influenciarlo y dirigirlo desde dentro. Su poder está distribuido entre élites regionales fuertes —paulista, mineira, gaúcha, nordestina— que negocian constantemente su participación en el poder central, creando un sistema de poder más «federalizado» y complejo. La élite brasileña, especialmente su sector industrial-financiero, alimenta una visión de Brasil como potencia global, lo que implica defender una política exterior con pretensiones de soberanía, un desarrollo militar autónomo y un liderazgo regional incuestionable. Aspira a ser un proveedor global de commodities, pero también un exportador de manufacturas y servicios complejos, desde la aviación hasta la tecnología del petróleo.

Esta ambición se refleja nítidamente en su relación con China, que ha evolucionado de un vínculo puramente comercial a una asociación estratégica de primer orden. Siendo China el principal socio comercial de Brasil desde 2009, en 2024 el 30% de las exportaciones brasileñas tuvieron como destino el país asiático, y de los 26 estados brasileños, 16 tienen a China como su principal socio comercial. Los BRICS actúan como el marco institucional que afianza esta cuña geopolítica que Brasilia introduce frente a la histórica hegemonía de Washington. El flujo de inversiones es abrumador: China invirtió US$379 millones en participaciones accionarias brasileñas en 2024, superando todos los totales anuales previos, con una presencia avasalladora en sectores clave como la energía —donde controla redes eléctricas vitales—, la minería —con la compra estratégica de activos en litio y níquel para la industria de baterías— y la infraestructura crítica —puertos, ferrocarriles—.

Empresas chinas como BYD y Huawei expanden su dominio en tecnología y autos eléctricos, mientras el yuan domina el 40% del comercio bilateral en 2025, erosionando la hegemonía del dólar y facilitando transacciones directas sin la intermediación del sistema financiero estadounidense.

Este pragmatismo geoeconómico contrasta violentamente con la trayectoria de la élite argentina, cuya herencia se forjó en el modelo agro-exportador y la ganadería extensiva de la Pampa Húmeda. Al basarse en una mano de obra mayoritariamente asalariada o inmigrante, y no esclava, generó una élite más cosmopolita y europeizante que soñaba con ser el «Granero del Mundo», pero cuyo conflicto social fue primordialmente de clase y distribución del ingreso, creando una dinámica distinta y una élite con mayor capacidad de integración simbólica, pero también más temerosa y traumatizada por la movilización popular urbana, resumida en el peronismo.

La relación de la élite argentina con el Estado es esquizofrénica y permanentemente conflictiva. Por un lado, lo denigra como un obstáculo para sus ganancias — impuestos y regulaciones— y, por el otro, lo anhela como la principal fuente de renta —a través de subsidios, obra pública y protección arancelaria—. A diferencia de Brasil, carece de megacorporaciones industriales nacionales con vocación global, predominando en su lugar grupos económicos flexibles, holdings diversificados y el poderosísimo sector agroexportador trasnacionalizado. Esta élite está más ideologizada, esgrimiendo un discurso liberal antiestatal cuando está en la oposición, pero practicando un rentismo voraz cuando accede al poder.

El mecanismo de dominación más efectivo de estas élites no reside, sin embargo, en su poder económico bruto, sino en su capacidad para cooptar a los propios sectores populares que victimizan, creando una base reaccionaria que vota consistentemente contra sus propios intereses económicos materiales. El sociólogo brasileño Jessé Souza, en su libro “Los pobres de derecha; la venganza de los bastardos”, desentraña este fenómeno no como una simple «alienación» o ignorancia, sino como una respuesta psicológica comprensible a humillaciones sistemáticas.

En Brasil, el neopentecostalismo integra este dispositivo a la perfección: sus iglesias prometen prosperidad espiritual y material, alineándose con el bolsonarismo para crear una identidad donde los pobres se sienten «elegidos» en una guerra santa contra los «corruptos» de izquierda. En Argentina, Milei utiliza las redes sociales y los medios afines para canalizar la rabia popular contra «la casta», un enemigo abstracto del cual él y sus aliados forman parte estructural, desviando así la atención mientras implementa políticas que protegen y amplían los privilegios de las élites económicas. El resultado es un triunfo perverso de la ingeniería social: los pobres defienden con fervor políticas que profundizan su propia miseria material, creyendo en la fantasía de un ascenso individual que el sistema estructuralmente les niega.

Souza enfatiza que este fenómeno es, en esencia, la «venganza de los bastardos»: un resentimiento acumulado por la exclusión social y la falta de reconocimiento, que genera una adhesión visceral a la extrema derecha, la cual ofrece una «igualdad» puramente simbólica —la posibilidad de sentirse «duro» y superior frente a otros grupos aún más vulnerables— sin tocar para nada la distribución real de la riqueza. Esto explica sociológicamente fenómenos como el apoyo masivo de sectores evangélicos pobres a Bolsonaro en Brasil, o el voto popular antiperonista que llevó a Milei al poder en Argentina.

La clave de la dominación en el siglo XXI sudamericano está en esta disputa por el reconocimiento social dentro de la propia base de la pirámide. La élite, en alianza con una clase media temerosa, promueve incansablemente una narrativa que culpabiliza al pobre por su propia condición. Según este relato, el pobre es pobre porque es «flojo», «inmoral» o «inculto». El «pobre de derecha» internaliza esta narrativa venenosa y, al apoyar a políticos y discursos que atacan a los más pobres que él, está realizando un acto performativo de distinción: «Yo no soy como esos vagos; yo soy trabajador, soy decente, soy parte de la gente de bien«.

La gran hazaña, la obra maestra de las élites sudamericanas, fue crear un mecanismo de dominación casi perfecto, donde una parte significativa de las víctimas del sistema defiende con pasión a sus propios victimarios, porque ha internalizado la lógica moral que justifica la desigualdad como un orden natural.

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domingo, 28 de diciembre de 2025

Seymour Hersh, un periodista que cambió la historia

<p>Seymour Hersh en la oficina de The New York Times en Washington en 1975. / <strong>Netflix</strong></p>

Seymour Hersh en la oficina de The New York Times en Washington en 1975. / Netflix


Un documental de Laura Poitras y Mark Obenhaus rinde homenaje al legendario reportero de investigación que destapó la matanza de Mỹ Lai (1969), los abusos en la cárcel de Abu Ghraib (2004) y el sabotaje del gasoducto Nord Stream (2023)

Hay un momento en Cover-Up, el documental sobre Seymour Hersh que se estrena estos días en Netflix, que ilustra perfectamente el método de trabajo del legendario periodista de investigación estadounidense. Ocurre cuando Hersh les explica a Laura Poitras y Mark Obenhaus, los realizadores de la película, cómo dio con el soldado que estaba en el centro de la masacre de Mỹ Lai, uno de los mayores escándalos de la guerra de Vietnam, que Hersh reveló en 1969.

Hersh ya llevaba cierto tiempo cubriendo el Pentágono. Pero en lugar de hacer piña con los otros periodistas y transmitir lo que los mandamases se dignaban a comunicarles en sus ruedas de prensa diarias, Hersh iba a la cafetería, donde forjaba amistades con funcionarios y oficiales. Un día, recibe una llamada de una persona desconocida que le transmite un rumor: un soldado se ha vuelto loco en Vietnam, matando a mucha gente. Poco después, Hersh se topa en un pasillo del Pentágono con un coronel amigo al que no ha visto en años y que acaba de ser no solo promovido a general, sino nombrado jefe de gabinete del comandante de las fuerzas norteamericanas en Vietnam, William Westmoreland. Bromeando con su amigo, Hersh le pregunta a bocajarro: “Oye, ¿qué sabes del tipo que se ha cargado a una aldea entera?”.“Mira, Sy”, le contesta el otro, “a ese tal Calley, espero que se lo lleve el mismísimo diablo”.

Así, sin darse cuenta, el general no solo le confirmó el rumor, sino que además le proporcionó una pista clave: el apellido del soldado. Esto le permitió a Hersh emprender una búsqueda rocambolesca –incluida una visita al despacho de un abogado, donde logró transcribir una página de un expediente que el abogado había dejado expuesto sin querer, mientras charlaban de otra cosa– que finalmente le llevó a una base militar, donde consiguió entrevistar al soldado. Paso a paso, descubrió que la masacre de Mỹ Lai no había supuesto ninguna atrocidad aislada o individual, sino que encajaba en un patrón de violencia militar contra civiles.

La combinación de atrevimiento, persistencia e ingenio que le llevó a esta primicia marcaría toda la carrera de Sy Hersh, un outsider por antonomasia. Nació en plena Gran Depresión, en 1937, en el seno de una familia judía en un barrio negro del South Side de Chicago. Después de la muerte repentina de su padre, se tuvo que encargar del negocio familiar, una tintorería. Fue una casualidad (un profesor que apreció su talento) la que le llevó a la Universidad de Chicago, y otra casualidad (un encuentro fortuito con alguien que trabajaba en un diario) la que le permitió descubrir su vocación de periodista. Como joven reportero, le tocó cubrir a la policía municipal en una ciudad aún dominada por la mafia. Se enamoró del oficio al instante; el flechazo le ha durado más de 60 años.

Cover-Up, que combina un repaso de su carrera con entrevistas en las que Poitras y Obenhaus no esquivan las preguntas incómodas, es un tributo a su protagonista octogenario. Pero también es un retrato de toda una generación. De hecho, nos permite inferir cuáles son los rasgos que han definido a la escuela periodística que Hersh ayudó a consolidar y que consiguió destapar algunos de los mayores escándalos políticos de los siglos XX y XXI, desde el Watergate hasta los desmanes de la CIA en Latinoamérica o los abusos de Estados Unidos en Irak.

Aunque Hersh y compañía se nutren de las filtraciones, nunca caen en lo que hoy conocemos como periodismo de filtración. Las fuentes que acaban por compartir información secreta con el periodista son importantes, pero no controlan el relato. La confianza que ponen en el reportero se basa, ante todo, en que este tratará la información filtrada con responsabilidad y protegerá su identidad a toda costa. De hecho, Hersh –que tardó 20 años en aceptar la propuesta de Poitras de hacer un documental sobre él– se queja una y otra vez ante el equipo de rodaje, al que ha dado acceso a todos sus apuntes. Varias veces se arrepiente y amenaza con tirar la toalla. Lo que están haciendo, dice, “es malo para mi gente”. Llama la atención que se refiera a sus fuentes como si fueran parientes suyos.

Cuando Poitras le pregunta por qué, a lo largo de los años, tantas personas se han mostrado dispuestas a compartir datos sensibles con él, contesta: “La gente filtra por muchas razones diferentes. Yo les ofrezco un servicio. Si la filtración es buena, voy a por ella a toda leche”. Las y los filtradores no siempre comparten los objetivos de Hersh –destapar abusos–, pero no son pocos los que se deciden a dar el paso por motivos éticos.

La primicia de Mỹ Lai, que le valió un Premio Pulitzer, fue publicada por una pequeña agencia porque los grandes medios no se atrevían

Un segundo rasgo que destaca es que las y los reporteros de la generación de Hersh suelen operar en solitario. Desconfían de los colectivos y de las instituciones, incluidos los propios medios para los que trabajan. No suelen ser colegas de trato fácil; de team players tienen poco. Van a contracorriente, son más bien tercos y se enojan con facilidad. Ponen mucha más fe en su intuición que en el criterio de sus superiores o en los protocolos oficiales. Por otro lado, este modus operandi solitario también les confiere un humanismo y una flexibilidad que les ayudan a mantener sus amplias redes de contactos personales.

En tercer lugar, Hersh y compañía no han sido quisquillosos con respecto a los medios de los que se han servido para difundir su trabajo. Han sido importantes los grandes diarios y las revistas establecidas, claro está. Pero la primicia de Mỹ Lai, que le valió un Premio Pulitzer, fue publicada por una agencia de medio pelo porque los grandes medios no se atrevían. Hersh también ha escrito libros –incluido un relato desmitificador sobre el gobierno de John F. Kennedy– y ha colaborado en documentales. Desde hace varios años, escribe en Substack, donde tiene doscientos mil suscriptores. 

Seymour Hersh en una imagen promocional del documental 'Cover-Up' (Poitras y Obenhaus, 2025).

Seymour Hersh en una imagen promocional del documental ‘Cover-Up’ (Poitras y Obenhaus, 2025

Con todo esto, algo más difícil de precisar ha sido la orientación política de Hersh. Richard Nixon le consideraba un peligroso comunista, por el que, sin embargo, sentía un curioso respeto (“El hijoputa es un hijo de puta, pero suele estar en lo cierto”, espeta el presidente en una conversación con Kissinger cuya grabación reproducen Poitras y Obenhaus). Cuando Hersh se dedicaba a descubrir las atrocidades norteamericanas en Vietnam, hubo quien sugirió que fuera deportado a Cuba.

Pero aunque Hersh suele identificarse como “viejo progre” (“an old leftie”), en realidad opera desde un marco político bastante más básico: es un patriota norteamericano que, como hijo de inmigrantes, se toma muy en serio los valores democráticos y republicanos que le enseñaron en la escuela pública (“Es la persona más patriótica que conozco”, me dijo Dan Kaufman, un antiguo colaborador). Desconfía de toda forma de poder, empezando por su propio gobierno. Al final del documental, Hersh se emociona al abordar el coste emocional de cubrir episodios de violencia extrema. Poitras le pregunta por qué, a pesar de todo, sigue dedicado a esta labor. “Es que no puedes tener un país que haga esto y dejar que [ese país] mire hacia otro lado”, dice Hersh. “No puedes”.

La conclusión más importante del documental, sin embargo, quizá sea otra: el periodismo de verdad –el que cuenta y cambia el mundo– es humano. En todos los sentidos. Puede parecer obvio, pero no sobra reafirmarlo en un momento en que la mayor amenaza que se cierne sobre la profesión es el parasitismo robótico de la inteligencia artificial. Por más que se dediquen a ordenar y sintetizar información, la labor de Hersh y compañía es un producto, por un lado, de valores éticos, solidarios y, por otro, de relaciones interpersonales atravesadas por la confianza y el escepticismo, la intuición y el afecto y, a menudo, una fe francamente irracional en la posibilidad de descubrir y contar la verdad.

Que este periodismo sea humano –ético, intuitivo, interpersonal– también significa que es falible. La intuición no siempre acierta. Hersh tiene fama de terco e irascible, pero cuando Poitras y Obenhaus le preguntan por algunos de sus trabajos más criticados –incluida su cobertura amable del gobierno de Bashar al-Assad, que quiso desmentir el uso de armas químicas– Hersh admite que se dejó embaucar por el líder sirio. “Le vi tres o cuatro veces y no creí que fuera capaz de hacer lo que hizo”, confiesa. “Podemos decir que estuve equivocado. Muy equivocado”. “¿Es un ejemplo de lo que puede pasar cuando uno se acerca demasiado al poder?”, le pregunta Poitras. “Por supuesto”, contesta Hersh.

El periodista se muestra menos contrito respecto a una historia de 2023 que afirma que el sabotaje del gasoducto Nord Stream, en el mar Báltico, fue obra de los servicios de inteligencia estadounidenses. Esta investigación, como otras recientes de Hersh, tiene toda la pinta de estar basada en una única fuente, algo que muchos del gremio considerarían una práctica deontológicamente dudosa. “La crítica es legítima”, dice Hersh, “pero ¿qué quieres que haga?”. “¿Qué pasa si la fuente se equivoca?” le pregunta Poitras. “Pues entonces llevo veinte años equivocándome”, contesta Hersh impertérrito. “Porque llevo veinte años trabajando con este tipo. Y al final siempre se demostraba que lo que me contaba era verdad”.

“A pesar de que no he estado de acuerdo con todo lo que ha hecho, Sy Hersh es uno de mis héroes”, me dice por teléfono David Kaplan, un periodista veterano norteamericano que ha dirigido el Centro de Integridad Pública (CPI), el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ) y la Red Mundial del mismo nombre (GIJN). “Todas y todos los que nos dedicamos a esto le debemos mucho. Su obra marca un hito en una tradición norteamericana de largo abolengo, que comienza con los muckrakers del fin de siglo: gente como Upton Sinclair, Lincoln Steffens e Ida Tarbell”, agrega Kaplan. “Son periodistas que, como Sy, parten de la indignación moral. No es casualidad que, cuando se fundó la asociación estadounidense de periodistas de investigación, adoptara las siglas I.R.E. [ira en inglés]. Además de este punto de partida ético, los principios básicos del gremio siguen siendo los mismos. Se trata de emprender investigaciones sistemáticas, de largo aliento, que partan de hipótesis y busquen evidencia sólida para probarlas o refutarlas”.

“Eso sí”, agrega Kaplan, “los muckrakers de antes eran lobos solitarios, como lo ha sido Hersh. Hoy, los cambios tecnológicos y las presiones políticas han hecho que los modelos más efectivos sean colaborativos: muchos trabajamos en equipos de investigación que unen varios medios y que, muchas veces, trascienden las fronteras nacionales. La tecnología, por un lado, ha supuesto una presión añadida, dadas las formas de vigilancia constantes y cada vez más intrusivas que afrontamos las y los periodistas. Por otro lado, las filtraciones también son mucho más fáciles. Hoy es extremadamente difícil guardar un secreto. Todos los registros de un banco, por poner un caso, caben en un solo USB. Y disponemos de métodos de computación que nos permiten analizar datos a una escala que habría sido inimaginable hace quince años”.

Pero incluso Hersh, ese lobo solitario, ha tenido colaboradores y equipos de apoyo. “Era siempre impaciente y duro, pero nos tenía un gran respeto”, me dijo el periodista Dan Kaufman, que trabajó varios años con él como fact checker (contrastador de información) en la revista The New Yorker, en la época en que Hersh destapó, en tres piezas sucesivas, los abusos en la cárcel de Abu Ghraib.

“Nos apreciaba”, recuerda Kaufman, “porque le importaba que reforzáramos el rigor de sus piezas”. “No hay relación más simbiótica que la de un reportero y sus contrastadores”, dijo Hersh en 2018 en una presentación de libro, “porque se basa en la confianza: según las reglas del New Yorker, el contrastador tiene que hablar con todas mis fuentes, por más secretas que sean”.

Su relación con los editores, en cambio, solía ser más tensa. “Hay que entender la presión que pesaba sobre cualquiera de las historias de Hersh. Dados sus temas, la revista siempre se enfrentaba a amenazas legales. Él solía trabajar con dos editores –Amy Sorkin y John Bennet, otra leyenda– y dos contrastadores. Eran días largos, con 40 o 50 llamadas de Hersh, todas brevísimas, impacientes y excitadas. Pero una vez terminado el trabajo, nos agradecía nuestra labor con gran generosidad”.

“Como periodista, aprendí mucho de Sy”, dice Kaufman. “En mi propio trabajo, he asimilado a fondo su mantra personal: quítate de en medio para dejar paso a la historia. Uno de los aspectos que más admiro de él es su capacidad para crear un espacio para la voz de los testigos, a quienes a veces trata con algo parecido a la ternura. Otro es su desconfianza perpetua de los relatos oficiales y de las élites que los propagan. En ese sentido, son cruciales sus raíces obreras. Cuando sabe que el relato oficial que se propaga es falso, se ofende personalmente. La indignación moral que le mueve es genuina y constante, como lo es su patriotismo”.

“No conozco a ningún periodista que persiga sus historias con más tesón”, agrega Kaufman. “Es increíble que, con sus 88 años, escriba al menos una pieza por semana. Y me consta que en Substack sigue trabajando con verificadores. Aunque las piezas que publica allí tienen menos peso que en una revista como el New Yorker, estar en Substack le permite asumir más riesgo –por más que signifique que puede equivocarse–. A estas alturas, se lo puede permitir. Al fin y al cabo, dos de sus primicias, la de Mỹ Lai en 1969 y la de Abu Ghraib en 2004, expusieron las dimensiones ocultas del poder de Estados Unidos. Y al hacerlo, cambiaron el curso de la historia”. 

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Reino de España: Los jóvenes y las derechas


El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha reconocido en 2025 un censo poblacional en España de más de 49.000.00 de personas, de las cuales, algo más del 15,9 % (7.350.000) tienen entre 15 y 29 años.

Por su parte, las encuestas, especialmente las electorales, registran un giro a la derecha entre la juventud. Según los sondeos, Vox sería, con un 25,1%, la primera opción de voto en la franja de edad que va de los 18 a los 24 años. Se espera que esta tendencia electoral se vea reflejada el próximo 21 de diciembre en las elecciones autonómicas en Extremadura.

Simultáneamente a lo anterior y sin intención de restarle ápice alguno de importancia, hay que añadir otros aspectos en sentido contrapuesto, pero a la vez sin una clara concreción electoral. Ejemplos son la implicación de un número importante de jóvenes en la movilización contra el genocidio en Palestina, particularmente, durante la vuelta ciclista a España; la participación de manera amplia y activa en el movimiento feminista y en la lucha por una vivienda digna en el marco del sindicato de inquilinas/os o su determinante presencia en la huelga general de dos días llevada a cabo en noviembre en las seis universidades madrileñas en defensa de la educación pública y de calidad. También en las movilizaciones en defensa del territorio y el medioambiente contra los planes de instalación de la planta de celulosa de Altri en Galicia.

La suma y resta de tanto dato contrapuesto está dando como resultado un aumento de la llamada “polarización política” en la sociedad y, por supuesto, entre los jóvenes. El precio de dicho crecimiento tiene ya su reflejo en el Atlas de polarización que indica que, en el último año, un 14% de los españoles ha roto con amigos o familiares a “causa de las discusiones políticas”.

Para terminar de demostrar lo contradictorio del momento, los mismos estudios señalan que la mayoría de los jóvenes españoles se autodefinen como “más de izquierdas que de derechas”. A la vez, alrededor del 59% de ellos afirma “no sentirse representado por opción política alguna”. Tal carencia provoca que no pocos de los que se autodefinen como progresistas o de izquierdas se muevan en el abstencionismo político y registren una mayor volatilidad entre opciones a la hora de transformar su sentimiento en voto.

Desmontando mitos
A finales de junio de 2025, el Instituto de la Juventud publicaba el “Informe Juventud en España 2024: Entre la emergencia y la resiliencia”. Los datos que aparecen en el mismo muestran una juventud que vive una situación que, debido a su base material, se torna insostenible. Hagamos un rápido repaso usando la información del estudio señalado y de otros, cuyas fuentes aparecen al final de este artículo.

Los “sísís”, valor en alza: El 23% del total de los jóvenes estudian y trabajan al mismo tiempo, desmontando así el mito de su supuesta pasividad. Es muy de resaltar el esfuerzo de los menores no acompañados (MENA): el 89% de los mismos estudia o trabaja, o bien realiza ambas cosas a la vez.

Salario escaso y trabajo precario: A finales de 2024 el salario mediano de la juventud creció un 11% interanual, situándose en 14.046,52€ anuales, con una tasa de paro que descendió al 19,1%, si bien resulta superior a la media. En las parejas jóvenes, un 56,5% de las mujeres afirman que aportan más dinero a casa que su pareja masculina. Comparativamente con el resto de la población asalariada, las personas jóvenes, incluso las de entre 30 y 34 años, continúan percibiendo sueldos inferiores al resto de la población y su proporción de fijos discontinuos también es superior a la media, como lo es la notable sobre cualificación que revelan en relación a las habilidades que se les requieren en los empleos que encuentran.

Origen plural: Un 24% de las personas jóvenes (18 a 34 años) residentes en España ha nacido en el extranjero, 7 puntos más del total poblacional del reino. Sus orígenes son muy diversos, si bien destacan Sudamérica, África y la Unión Europea. Natalidad deseada: El 72% de las personas entre 15 y 34 años quieren tener un hijo/a, pero sólo el 19% puede. Para el 87% la principal dificultad se halla en la falta de medios económicos. La edad media de la primera maternidad en España se sitúa en 31,6 años, de las más ,mtardías de Europa. La tasa de fecundidad también estaba muy por debajo del nivel de reemplazo, con 1,16 hijos por mujer en 2022. Vivienda imposible: A finales de 2024 (en el 2025 resulta peor), alquilar una vivienda libre costaba de media 1.080€ mensuales, es decir, el 92,3% del salario de una persona joven. En tales condiciones, comprar una vivienda implica destinar a la misma el salario íntegro de 14 años.

En este contexto, el 65,6% de los jóvenes viven o dependen económicamente de sus progenitores. El alquiler es el régimen de tenencia más común entre la juventud (57,9%). El modelo de emancipación individual también se reduce: solo el 19,7 % de las personas jóvenes emancipadas vivía sola. El porcentaje de quienes compartían piso escaló hasta alcanzar el 29,3 %.

Salud mental: Los datos resultan especialmente preocupantes en este campo. La tasa de problemas psicológicos en el grupo de 15 a 34 años ha crecido un 590 % en la última década, ubicándose por encima de la media del resto de la población adulta. Un 41,4 % de las personas jóvenes con riesgo alto de comportamiento suicida nunca ha acudido a un profesional.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha indicado que las tres principales preocupaciones de la juventud (entre el 20% y el 30% de los encuestados) son la vivienda, la economía y la inmigración. Por su parte, el Instituto de la Juventud sumaba también en el saco de las preocupaciones (con un rango de 8 sobre 10): la precariedad, el trabajo, los derechos de los animales, el cambio climático y la igualdad. Ahora bien, estos dos últimos ítems mostraban, aún manteniendo el mismo rango de importancia, una tendencia descendente. El contrato social

Los de los jóvenes son problemas “de este mundo” y se encuentran directamente asociados al contrato social. Es decir, a la relación existente entre aquello que se aporta a la sociedad y lo que esta, en contraprestación, ofrece y/o garantiza. Su situación no obedece a una realidad diferente a la del resto de la sociedad. Esta afirmación no niega (como las encuestas expresan) un específico punto de vista -no confundir con homogéneo- ni una repercusión o preocupación particular en algunos campos. Al contrario, esa especificidad pone de relieve hasta qué punto en nuestra sociedad están separadas la lista de las obligaciones cumplidas y las recompensas que se suponía que ese cumplimiento aparejaba. En otras palabras, todos los datos señalan que los jóvenes trabajan o quieren hacerlo y que esperan un salario y un trato digno; que estudian, que desean tener una familia, o poder llamar casa (hogar) a un piso y que les preocupa el medioambiente y la emergencia climática. En resumen, los informes indican que la llamada generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) se encuentra muy lejos de poder integrarse y sus miembros de sentirse ciudadanos.

La polarización
Sectores muy amplios huyen del término, imploran contra esa polarización que divide a la sociedad. Acusan de ella a los demagogos de la extrema derecha de Vox, Alvise y señalan que el PP se pliega y es incapaz de frenar la deriva. Culpan al cada vez mayor número de bulos que aparecen en las redes sociales, reclaman a la juventud que salga de Tiktok y lea periódicos, como si estos no publicaran mentiras o verdades con mucho sesgo, a la vez que deslizan que debemos defender la democracia contra el totalitarismo.

Nadie duda que la derecha y la extrema derecha (que es quien marca el paso a ambas) asustan con sus invectivas contra las mujeres, los inmigrantes, el cambio climático, con su ceguera ante el problema de la vivienda o con su descalificación de lo que llaman la agenda “woke internacional.” Espanta aún más que sea precisamente la ideología más reaccionaria la que acabe ganando predicamento entre quienes tienen menor edad.

Los que “están dentro”, porque han podido acceder a una casa y tienen coche, trabajo e hijos, son precisamente quienes más escriben sobre ese miedo e identifican los graves problemas estructurales como simples debilidades del sistema del que forman parte.

Pero para los que “están fuera o medio fuera”, las “simples debilidades” muchas veces representan la causa nodal y fundamental de su falta de entrada. Por ello, esa democracia que se pide abrazar no tiene tanto valor. La mayoría de nuestra sociedad la prefiere, ninguna encuesta lo contradice, pero muchas y muchos se preguntan de qué democracia estamos hablando y qué se refiere.

El hecho más determinante en nuestra sociedad viene de su naturaleza capitalista. Es la oligarquía burguesa la que la dirige y a quien más y mejor le sirve. Es la burguesía la que da trabajo, la que forma élites, la que construye la información a partir de sus intereses y genera medios para difundirla; la que organiza la explotación de los recursos, comenzando por el trabajo humano y continuando por la naturaleza.

Para la inmensa mayoría de la población, la trabajadora, poco importa que se esté “dentro” o “fuera”, la vida representa una competencia por los recursos ya sean sociales o de empleo. Atenuar tal competencia exige impuestos y redistribución de la riqueza, o sea, más democracia y derechos universales sobre los que apoyarla. Pero los sistemas liberales y, con ellos, el contrato social sobre el que se construyen (especialmente en Europa occidental) no funcionan. La posición no se gana por mérito, esfuerzo o estudio, sino por herencia tal y como lo demuestran no pocos artículos de SP. Es más, todas las medidas tomadas en los últimos decenios han aumento la fragmentación general y reforzado las diferencias sociales, recortado las políticas compensatorias y negado de facto que, por la vía del trabajo y del estudio, sea posible para una parte cada vez mayor de la sociedad conseguir y hacer efectivos sus derechos o simplemente llegar a fin de mes.

Frente a lo anterior, el recurso del voto se ha revelado como un instrumento poco útil para revertir tales políticas. En estos años, todo el mundo ha aprendido que gobierno y poder no suponen lo mismo y que, en esa dicotomía, el dinero, la oligarquía que lo posee y sus conexiones con el aparato del Estado acaban doblegando o cuando menos paralizando a los gobiernos.

La polarización resulta un efecto evidente de que el contrato y el sistema que dice defenderlo no resultan útiles ni siquiera para la oligarquía, que intenta modificarlo y empuja con dinero, jueces, políticos y gobiernos, empezando por el de los EEUU, pero siguiendo por la UE, más y más a su favor y no duda en atacar derechos, con una población, incluida la juventud, que ve las puertas para mejorar su vida cada vez más cerradas.

Estamos en una época confusa para las fuerzas de progreso, de cambios, de presión y dominio ideológico de las derechas y combatirlo exige modificaciones importantes. Esos cambios que no pueden ser de matiz porque resulta imprescindible abrir las puertas a una nueva generación que reclama con justicia su lugar y papel. El capital no va a parar de jibarizar derechos y vaciar una democracia y un régimen (el del 78) muy poco dúctiles y sensibles a las necesidades habitacionales, medioambientales, de igualdad, laborales, educativas, salariales, etc.

La polarización en sí misma es el resultado, hacia un lado, del empuje del capital que busca unir fuerzas tras de sí y, hacia el otro, de la resistencia, rechazo y búsqueda de alternativas al giro reaccionario antes expuesto. En consecuencia, es inevitable que vaya a más y deseable que las izquierdas identifiquen su fondo y lo aprovechen (en la parte que vale) para avanzar y reagruparse.

Evitar que las derechas continúen avanzando exige ayudar a la juventud y con ello a toda la sociedad. Hay que abrirles la puerta y trabajar por ampliar la democracia y la igualdad en términos republicanos, o lo que lo mismo, restarle poder real a la oligarquía.

La acción de la política constituye un imprescindible para ello y con la que existe ahora, no es suficiente. Falta mucha unidad y movilización. Porque en este campo, el de la movilización, las encuestas, como la del CEO de Catalunya señalan que, siendo el de los jóvenes un sector social con un interés más bajo que la media en la política y con un gran desapego por los partidos, tienen confianza en la movilización y los efectos que ésta puede provocar sobre la sociedad.

Notas:

1) Este artículo toma sus datos: de la encuesta de 40 dB para El País y la SER, del estudio “La política de los jóvenes en España” (Fundación alternativas), del “informe de Juventud en España 2024” (Consejo de la Juventud de España), del “barómetro de junio 2025” del CIS y de la última ola de barómetro del Ceo de Catalunya https://govern.cat/govern/docs/2025/11/24/10/13/Dossier%20de%20premsa_11.

 2) La última encuesta del CEO de Catalunya el 63% de los jóvenes considera que la movilización es eficaz y un 35% de los de entre 18-24 años participó en una manifestación en el último año.

Carlos Girbau Es concejal de Más Madrid en Ciempozuelos y amigo de Sin Permiso. 

Fuente: 

www.sinpermiso.info, 20 de diciembre 2025<

sábado, 27 de diciembre de 2025

"La culpa es una de las principales enemigas: tiene que ver con nuestros vínculos primarios y con las exigencias de la sociedad, que pide cosas imposibles"

Olga Montero Rose sonríe sentada en una silla de madera con el respaldo hacia el frente y su codo derecho apoyado en él y su mano derecha sobre su rostro. Detrás hay una pintura.

Fuente de la imagen,Magali Bolívar

Pie de foto,Olga Montero Rose explora el sentimiento de culpa en su segunda novela.

Vivir libre de culpas o, por el contrario, acechada por ellas. Echárselas con frecuencia a la espalda o lanzarlas al resto del mundo. ¿Hay culpas sanas, tóxicas, culturales, religiosas, atávicas? ¿Cuál es su origen y su función en la cabeza, en el corazón y en la vida? 

 La psicoanalista peruana Olga Montero Rose, (Lima, 1964) penetra en esta emoción, que muchas veces muta en sentimiento, en su segunda novela, titulada "Culpa".

En su primer libro de ficción, "Cortejo", en el que navega entre Eros y Tánatos, es decir, entre el cortejo amoroso y el cortejo de la muerte, el tema ya le pataleaba en las vidas de sus personajes.

En "Culpa" la historia continúa. La protagonista es la misma mujer: Simona, una terapeuta, como ella, que se enamora de Magdalena.

Simona es libre y ama sin remordimientos; sin embargo, Magdalena, por su historia de infancia, vive atrapada por ellos.

Montero Rose, que participa esta semana en el Hay Festival de Arequipa, explica que en su práctica clínica "la culpa es una de las principales enemigas; tiene que ver con nuestros vínculos primarios y con las exigencias de la sociedad, que pide cosas imposibles".

"Es un tema enorme y quería batallar con la culpa, desmantelarla, casi desnudarla, entender cómo se gesta y cómo opera".

Mujer sentada en un sofá con cara adusta mirando hacia el frente, con sus codos sobre las rodillas y sus manos juntas frente a su boca.

Mujer sentada en un sofá con cara adusta mirando hacia el frente, con sus codos sobre las rodillas y sus manos juntas frente a su boca.

Fuente de la imagen,Getty Images

 
Pie de foto,
"El humano freudiano es un humano en conflicto y es importante saberlo", señala la psicoanalista peruana Olga Montero Rose.

Freud dice que el sentimiento de culpabilidad "fue, originalmente, miedo al castigo de los padres o, más exactamente, a perder el amor de los mismos". ¿Así se gesta la culpa?

El bebé es tan frágil en el nacimiento que depende de que alguien lo quiera y lo cuide para sobrevivir; de lo contrario, se muere física o psíquicamente.

Es decir, somos construidos por otro que nos cuenta cómo somos, no solo verbalmente, sino que nos conoce, sabe qué nos gusta, nos recoge a tiempo en el nido, se interesa por lo que hacemos; no estoy hablando de cosas heroicas, sino del día a día. Esa vivencia nos hace sentirnos y sabernos valiosos.

Pero hay instancias en las que las exigencias de los padres son que el niño sea como ellos quieren, lo que provoca una decepción si no lo es; esto va gestando que uno tiene que ser como el otro espera para ser amado.

El gran tema humano es que nos amen y el niño, por su capacidad cognitiva, siente que él es el responsable de ser o no querido; es por su egocentrismo, que no tiene que ver con un narcisismo, sino con su posibilidad de pensamiento.

La crianza deja huella; felizmente es reversible y no solo en la terapia, sino con futuros vínculos: un maestro que crea en nosotros, un hermano mayor, una nana nos pueden salvar la vida. Tenemos esa capacidad y las oportunidades que nos sacan de ese lugar, pero cuesta trabajo.

¿Es necesaria la culpa? Pienso en el "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa" del catolicismo que Magdalena reza en el libro…

La culpa es la responsabilidad que uno tiene cuando daña a alguien; todos lo hacemos y, en ese caso, hay que asumir y devenir en una reparación: nos hacemos cargo de los lados oscuros cuando nos equivocamos.

Sin embargo, Magdalena crece con una madre deprimida y un abuelo maligno que solo la descalifica: vive sintiendo cómo tendría que ser para ser aceptada, como si el otro fuera más importante que ella misma.

También hay culpas atávicas; tuve un profesor que decía que la Iglesia católica planteaba diez mandamientos imposibles para generar culpa y dominarnos. Esa era su hipótesis: amo a Dios sobre todas las cosas, lo cual es bastante complicado. ¿Cómo no vamos a desear a la mujer del prójimo? La deseamos porque es una pulsión, eso no quiere decir que la cortejemos ni que la seduzcamos, pero que no lo sintamos es inviable.

Nos dejan contenidos imposibles para hacernos culpables: y soy culpable por palabra, pensamiento, obra y omisión; eso no es natural, es un mandato cultural, un mandato religioso.

Mujer de pelo canoso con sus manos cubriendo su frente y rostro, está arrodillada en el banco de una iglesia, mientras un hombre más joven la consuela con un brazo sobre su espalda y el otro sobre un brazo.

Mujer de pelo canoso con sus manos cubriendo su frente y rostro, está arrodillada en el banco de una iglesia, mientras un hombre más joven la consuela con un brazo sobre su espalda y el otro sobre un brazo.

Fuente de la imagen,Getty Images

 
Pie de foto,
La autora plantea que existe un mandato cultural y religioso detrás de la culpa.

Desde tu experiencia, ¿cuáles son las culpas más habituales?

Tienen que ver con no ser suficiente, lo que también es sutil: no soy suficiente para el otro, tendría que darle más, soy culpable de no hacer lo correcto.

Si intento buscar un patrón, es que uno no merece: ¿cómo puedo ser feliz si mi hermano es infeliz? ¿cómo voy a establecer otra relación de pareja si mi ex está sufriendo? Como si mi deber fuera todos los demás, y no hubiera un lugar bien constituido para el propio merecimiento.

Muchísimas personas se maltratan a sí mismas: no valgo, no merezco, no me va a salir, ¡qué torpe!, siempre tan tonta.

En la terapia se escuchan y a veces no se dan cuenta de cómo se hablan y tengo que intervenir: "Pará un ratito, si eso te lo dijera alguien, ¿qué sería? ¡Horrible!, una agresión. ¿Y si esto que te has dicho se lo dijeras a tu hija? ¡Imposible!" Pero uno incorpora a ese castigador.

Si los padres te hacen saber que vales, termina siendo natural. En términos de una construcción psíquica sana hace que uno se sienta merecedor y el otro también; soy una persona que se valora, pero que también valora al resto, porque si no, sería un psicópata o como el abuelo de Magdalena, que escupe su agresión de una manera absoluta.

Ella también siente culpa por dejar de querer a su antigua pareja e incluso prefiere que la abandonen; sin embargo, Simona evita el sufrimiento y prefiere ser la que deja. ¿Qué representan estas dos opciones?

A nadie le gusta que lo dejen de amar, pero en esa conversación, las prioridades están puestas en lugares diferentes. Si bien Magdalena ha terminado con su pareja porque se ha enamorado de Simona, la carga del castigo y la culpa son tan enormes que no puede seguir con la relación.

Ella pone la prioridad en el otro y Simona la tiene en sí misma; si dejó de amar, no va a invertir su vida por otro, le parece monstruoso. ¿Por qué me quedaría con alguien que me quiere si yo no la quiero? Pero para Magdalena podría ser pensable.

Simona le pregunta: ¿en qué momento el otro es tan importante que tú ya no existes?

Ilustración de una mujer con su mano derecha cubriendo su rostro. Está rodeada por nubes.

Ilustración de una mujer con su mano derecha cubriendo su rostro. Está rodeada por nubes.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
"Quería batallar con la culpa, desmantelarla, casi desnudarla, entender cómo se gesta y cómo opera", dice Olga Montero Rose. 

Simona aparece como una mujer libre de culpa, que es capaz de hacerse cargo de su lado oscuro. "Si hago daño, lo elijo", ¿a qué se refiere?

Tiene que ver con la concepción de lo humano: Eros y Tánatos. Tenemos la capacidad de amar, no solamente de vincularnos, sino también de crear, de construir, de empatizar y tenemos la capacidad de hacer daño, de destruir, de involucionar inclusive.

El humano freudiano es un humano en conflicto y es importante saberlo. Mucha gente no se da cuenta de su lado oscuro y lo ejerce como autómata. Simona dice: yo puedo herir y lo puedo elegir.

Otros buscan coartadas: es que tú me dijiste, es que tú me enfureciste, es que mi mamá no me sostuvo lo suficiente.

Tenemos una historia, pero debemos hacernos cargo, ¿o vamos a vivir echándole la culpa a todos? Sería terrible porque no tendríamos ninguna agencia. Pero hay personas que se encargan permanentemente de encontrar afuera la propia falencia.

Portada de la novela "Culpa". Tiene un barquito de papel flotando sobre un curso de agua cristalina.

Portada de la novela "Culpa". Tiene un barquito de papel flotando sobre un curso de agua cristalina.

Fuente de la imagen,Editorial Planeta

Pie de foto,

En la novela "Culpa", Simona, que es terapeuta, se enamora de Magdalena.

Simona dice: "Me paso la vida imaginando el mundo que quiero. Magdalena se la pasa intentando callar los reproches de su cabeza. Donde yo tengo un Pepe Grillo, Magdalena tiene un torturador". ¿Qué diferencia hay entre ambos?

Es la constitución psíquica de lo que llamaríamos conciencia moral, y hay algunas que terminan no siendo éticas, sino torturadoras, donde todo es una descalificación.

Pero puede haber una conciencia moral de un Pepe Grillo más amable que te confronta. ¿Qué te crees, que todo el mundo te está mirando? ¡Anda ya, bájale! Y cuando estás triste, te dice: nos vamos a quedar un rato descansando; y si se le está pasando la mano, podemos decirle: ¡para!

El maltrato está naturalizado, lo escucho en el consultorio: "Mi marido llegó y me hizo un escándalo, pero es que es el fin de mes y tiene que cumplir su cuota de ventas". Como si fuera natural que despotrique como parte de un entendimiento. ¿Y eso qué tiene que ver?

No podemos minimizar lo que el otro siente porque uno tiene los grandes problemas. Hay pacientes que me preguntan: ¿está bien lo que siento? ¿cómo puede estar bien o mal? Lo que uno siente es lo que uno siente.

Entonces es una conciencia moral, un superyó, lo llamaría Freud, que le hace saber a uno que no es tan perfecto, que tiene sus lados oscuros, pero que también es cálido, no tan exigente, con una capacidad crítica. Es un buen vínculo y una imagen más bondadosa.

Ilustración de tres cabezas humanas con tormentos en su cerebro.

Ilustración de tres cabezas humanas con tormentos en su cerebro.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,

"Lo fundamental es conocernos y nos toma la vida, porque hay tantas cosas inconscientes que tenemos que estar alertas", advierte Montero Rose.

¿Y qué se hace cuando se siente culpa porque somos culpables?

Al inicio de la novela se trata de algo negativo de lo que tenemos que liberarnos, pero se complejiza, pues también tiene un lugar de responsabilidad en aquello que hacemos.

La culpa como alerta es importante, no solamente tiene un lado torturador, la culpa es una llamada de atención de nuestras propias agresiones, para prevenir, porque es muy fácil el maltrato.

Es tener conciencia de que somos capaces de hacer daño y que vamos a tener una responsabilidad, no solo con las personas a las que queremos agredir, sino especialmente con las más cercanas, con nuestra familia, con nuestros hijos, que son los más susceptibles de nuestra agresión.

De repente el niño viene con algo, o tu pareja, o tu madre y gana la no disposición, y la mala respuesta trae otra mala respuesta y otra mala respuesta y terminamos tratándonos horrible. ¿En qué momento pasó esto? No es que haya ocurrido una hecatombe, una herida espantosa, una traición horrorosa, no, solamente nos empezamos a tratar mal.

Si uno se equivoca, la reparación es fundamental, no es solamente pedir perdón y traer un ramo de flores, es que no lo vuelvo a hacer, hay un trabajo ahí. Y si hay un problema psíquico me hago cargo, me trato o busco ayuda.

Lo fundamental es conocernos y nos toma la vida, porque hay tantas cosas inconscientes que tenemos que estar alertas.

Olga Montero Rose mirando a cámara con sus brazos posándose sobre el respaldo de una silla blanca.

Olga Montero Rose mirando a cámara con sus brazos posándose sobre el respaldo de una silla blanca.

Fuente de la imagen,Magalí Bolívar

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"La culpa como alerta es importante, no solamente tiene un lado torturador, es una llamada de atención de nuestras propias agresiones", afirma la psicoanalista peruana.

¿Cómo se inicia ese proceso?

Es una pregunta indispensable porque los padres generamos ese conocimiento en los chicos cuando nos ocupamos de conocerlos. ¿Qué estás sintiendo?

Recuerdo que mi hijo tendría un par de años y estaba viendo una mona que cargaba a su bebito mono y lo estaba amamantando. Cuando volteo, está llorando y me dice: "Estoy triste". Yo le digo: "¿No estarás conmovido?" Conmovido es una palabra más compleja que triste, pero es empezar a hablar de los afectos, ponerles nombre y distinguirlos.

Hay un mundo interno que no conocemos y cuando los padres tienen un acercamiento de interés por los chicos, les hacen saber que hay una zona no tan a la mano, pero que es conocible, lo que gesta la posibilidad de saber que hay partes por descubrir.

Es una cuestión de atención. Freud decía que hay que hacer consciente lo inconsciente y cómo diferentes circunstancias de la vida te generan cosas que nunca has sentido.

El envejecimiento, por ejemplo, genera finitud, el futuro ya no es infinito, tienes que acotarlo, hay cosas que ya no van a pasar; es otro momento de la vida que te vuelve a ti, a mirar en qué estás. ¿Qué no te gusta? ¿Qué te indigna? ¿Cómo cambiamos?

Lo que plantea Simona es una máxima filosófica de hace siglos y todavía lo estamos intentando. Toma la vida conocerse.

Ilustración de tres rostros de una misma mujer superpuestos con diferentes caras reflexivas.

Ilustración de tres rostros de una misma mujer superpuestos con diferentes caras reflexivas.

Fuente de la imagen,Getty Images


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Freud decía que hay que hacer consciente lo inconsciente.

¿Y cuál es el camino de liberación de las culpas para Magdalena?
En ella la culpa está amarrada a una falta de valor y hay un amor propio herido, tal vez no sabe lo que quiere porque no está diseñada para desear, como si eso no fuera para ella, por lo que el camino tendría que ser la vuelta al propio deseo y a sentir que uno tiene derecho a desear más allá de los demás.

Con el tiempo se encuentran los recursos, en su caso es actriz, tiene capacidad de amor, sentido del humor.

Nos asimos de lo bueno, de lo que nos apasiona, hacemos un rescate interno de los propios valores, ponemos en paridad lo que uno quiere y recuperamos que no solo somos el lado oscuro, sino que tenemos lados iluminados.

Así como aquel que tiene autoestima ha de ver sus lados oscuros, aquel que solo ve su oscuridad tiene que ver su lado de luz y sus dones, y sobre todo, rescatar el derecho a desear, a ser, a que uno es más importante que el otro.

Siempre pongo el ejemplo del avión: primero ponte la máscara y después vas a poder ayudar.

https://www.bbc.com/mundo/articles/cy7evn1mk0zo

viernes, 26 de diciembre de 2025

Niños que tardan en hablar: la importancia de la detección temprana


Algunas señales que deberían alertar a las familias sobre dificultades en el lenguaje son: la emisión de balbuceos, la repetición de sonidos y palabras o las reacciones al propio nombre.
Que el menor hable poco o tarde en empezar a expresarse genera inquietud en muchos padres. Las comparaciones con otros niños de su entorno o la sensación de que va más lento suelen alimentar la preocupación. 

Diversas investigaciones en España respaldan la importancia de implicar a las familias en la estimulación temprana del lenguaje. 

Uno de los estudios al respecto más destacados es el realizado por profesores de la Universidad Católica San Vicente Mártir de Valencia sobre el programa Takes Two To Talk (ITTT), un modelo de intervención en el que se capacita a los padres para fomentar la comunicación de sus hijos en situaciones cotidianas. 

El trabajo, titulado Parent-Implemented Hanen Program It Takes Two to Talk: An Exploratory Study in Spain (Programa Hanen implementado por los padres. Se necesitan dos para hablar: Un estudio exploratorio en España) y publicado en 2021, observó mejoras significativas en la comunicación social, evaluada mediante indicadores como la mirada y los gestos, de las 17 familias con hijos con retraso en el habla que participaron. 

Frente a las siete que tuvieron terapia dirigida por clínicos, el grupo It Takes Two to Talk, formado por 10 familias, mostró mejores resultados en comunicación social, sin diferencias en vocabulario o sintaxis. Además, no se detectaron cambios en el estrés parental y sí una mejora en la percepción de las dificultades comunicativas.

La Asociación Española de Pediatría (AEPed) identifica también la utilidad de una intervención oportuna. En su protocolo sobre trastornos del lenguaje, el habla y la comunicación, de 2022, destaca que detectar de forma temprana las señales de alerta y derivar a servicios especializados puede mejorar el pronóstico del desarrollo lingüístico en la infancia.

Las conclusiones de ambos informes se reflejan también en las experiencias de muchos padres. Maripaz, madre de un pequeño de cuatro años, recuerda los meses de incertidumbre antes de buscar atención especializada. “Hasta casi los tres años apenas decía palabras sueltas. En el parque veía cómo los demás niños hablaban sin parar y yo me angustiaba, pensando que algo no iba bien. El pediatra nos recomendó esperar, pero yo seguía inquieta y, al final, decidimos acudir a un logopeda”, cuenta. Gracias a las sesiones y a los juegos que aprendió para hacer en casa, su hijo empezó a soltarse: “Ahora se comunica mucho mejor. Y yo también empecé a ver las cosas de otro modo: no hay que comparar con otros niños, pero tampoco quedarse de brazos cruzados cuando ves que algo no avanza. La intervención temprana nos dio tranquilidad y a él le dio confianza”.

Según el logopeda Agustín Gómez, generalmente, la comunicación nace antes de expresar las primeras palabras: “Balbucean e interactúan con los adultos”. Comenta que alrededor de los 12/15 meses producen las primeras palabras reales (“mamá”, “papá”, “agua”…), y sobre los 18/24 meses hay que tomar medidas y consultar con un profesional si el menor manifiesta pocas palabras. También recalca que es importante estar atentos a la articulación: “Debe ir mejorando entre los 30 y 36 meses. Si alrededor de los 3 años no se les entiende, también es propicio consultar un logopeda”, aconseja.

Gómez apunta algunas actividades sencillas que se pueden hacer en casa: “Como la lectura de cuentos y comentar imágenes o situaciones cotidianas, porque ayudan a estimular el habla sin presionar al menor”. Y asegura que una atención logopédica a tiempo suele traducirse en una evolución positiva y un mejor pronóstico. “Si estamos hablando de una dificultad estable (un Trastorno del Desarrollo del Lenguaje, por ejemplo), la actuación temprana es clave, ya que permite llegar antes al diagnóstico y proponer una atención más adecuada”.

Algunas señales que deberían alertar a las familias sobre dificultades en el lenguaje son: la emisión de balbuceos, la repetición de sonidos y palabras o las reacciones al propio nombre. Ariel Skelley (Getty Images)

Esa intervención temprana se apoya también en la madurez del cerebro infantil. La neuropsicóloga María Dolores Fernández Cros, también directora clínica del centro de psicología, logopedia y neurodesarrollo iPsike, en Madrid, afirma que el desarrollo cerebral resulta esencial en la adquisición del lenguaje. Esto es así especialmente durante los primeros años de vida, cuando el cerebro infantil pasa por un periodo de máxima plasticidad que facilita el aprendizaje.

Fernández habla de distintas áreas que intervienen en este periodo de plasticidad: motricidad fina y gruesa, percepción e integración sensorial, adquisición de capacidades atencionales y mnésicas e interacción comunicativa: “La detección temprana de problemas en la adquisición del habla marca la diferencia, porque permite aprovechar la etapa de mayor plasticidad cerebral”, asegura. Asimismo, la experta añade que ayuda a distinguir las simples alteraciones en la articulación, como ceceo, seseo o problemas con sílabas trabadas, de trastornos más amplios que afectan a la comprensión o la expresión del lenguaje.

La logopeda Isabel de la Torre Moreno aclara que las señales que deberían alertar a las familias pueden observarse en distintas áreas del desarrollo: la emisión de balbuceos, la repetición de sonidos y palabras, las reacciones al propio nombre, la ejecución de órdenes sencillas o la regresión en el lenguaje o en las habilidades ya adquiridas. También, según añade, pueden manifestarse híper o hipo sensibilidad sensorial, alteraciones en el desarrollo del juego, la atención conjunta o la intención comunicativa, así como problemas en el procesamiento visual y/o auditivo.

El papel de las familias y la escuela
En la misma línea, Antonio Clemente, logopeda y psicólogo infantil con más de tres décadas de experiencia clínica en Bilbao, explica que el hito de los dos años, cuando el pequeño es capaz de juntar dos palabras, es muy importante y sirve de índice de medida para ver si el menor está desarrollando bien el lenguaje o no. Resalta que existen errores frecuentes entre los padres: hablarles como lo hacen ellos, con “lengua de trapo” y no aplicar el modelado (técnica que consiste en repetir lo que el menor dice, pero bien articulado y ampliando la frase para ofrecer un modelo correcto). “Lo último que oye el oído del niño, su cerebro procesa, resume el especialista.

Respecto al entorno escolar, expone que las diferencias se pueden detectar al comparar la evolución mensual de cada niño, ya que en una misma aula puede haber grandes variaciones de madurez. Según detalla Clemente, los trastornos del lenguaje afectan aproximadamente a entre un 3% y un 7% de la población infantil, estimación que basa en trabajos de referencia internacionales como los de Norbury et al. (2016), por lo que detectarlo a tiempo permite actuar y mejorar el pronóstico. El experto insiste en que los profesionales escolares deberían derivar a las familias a un logopeda para realizar una valoración y orientar la estimulación en el entorno del menor, con revisiones periódicas. “Trabajamos también con los pediatras; antes era habitual oír ‘ya hablará’, y es un consejo pésimo”, advierte.

Sobre la importancia de los gestos y la comunicación no verbal, el logopeda señala que es fundamental adecuar los gestos a los mensajes, que exista coherencia. “Los niños captan primero la entonación antes que las palabras”, indica. Y educar las emociones y en la autonomía: “Hay que responderles a lo que preguntan; así se fomenta la confianza y se desarrolla el lenguaje y un control emocional adecuado. La emoción es la entrada al aprendizaje”, describe.

jueves, 25 de diciembre de 2025

La "Biblia de los esclavos", la curiosa edición de la Iglesia anglicana para evitar una rebelión en sus colonias de América y el Caribe (y de la que solo quedan algunas copias)




Un ejemplar de la "Biblia de los esclavos"

Fuente de la imagen,Cortesía Museo de la Biblia de Washington

Pie de foto,En 1807, una organización de misioneros británicos publicó una edición de la Biblia altamente editada para evangelizar a los esclavos africanos

"El Señor, el Dios de los hebreos, me envió a decirte: Deja que mi pueblo vaya a rendirme culto en el desierto". 

 La demanda que Moisés le hizo al faraón Ramsés fue el inicio del pulso para que el gobernante de Egipto librase a los israelitas esclavizados y les permitiera marcharse a la tierra prometida.

Eventos sobrenaturales como las diez plagas o la partición del Mar del Rojo han convertido a esta historia en una de las más famosas y conocidas de la Biblia, mucho antes que Hollywood la llevara a la pantalla grande.

Sin embargo, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX se publicó una versión del texto sagrado en la que el relato de la liberación del "pueblo elegido por Dios", narrado en el libro del Éxodo; y otros en los que se condena a la esclavitud y la opresión de una persona por parte de otra no figuran.

Ilustración de un misionero predicando a los esclavos.

Ilustración de un misionero predicando a los esclavos.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,

Los misioneros anglicanos aseguraron a los esclavistas que la conversión de los esclavos al cristianismo los haría más obedientes.

Una versión apta para esclavos y sus amos

"Partes selectas de la Santa Biblia, para uso de los esclavos negros, en las Islas de las Indias Occidentales Británicas". Este es el título oficial del libro publicado en Londres en 1807.

Sin embargo, con el paso del tiempo, los historiadores han rebautizado al texto como la "Biblia de los esclavos".

La versión fue editada por la Sociedad para la Conversión de los Negros Esclavos, una organización de misioneros de la Iglesia de Inglaterra (Iglesia anglicana) que se dedicaba a evangelizar a los esclavos traídos desde África para trabajar en las plantaciones de las colonias británicas del Caribe y, posiblemente, también de Norte América, pero sin cuestionar el sistema esclavista.

"Esta versión de la Biblia es un texto extensamente editado con el propósito de mantener el control de los esclavos", afirmó a BBC Mundo el teólogo británico Robert Beckford.

"Es un texto donde se suprimió alrededor del 90% del Antiguo Testamento y el 60% del Nuevo Testamento", explicó el profesor de justicia racial de The Queen's Foundation de Birmingham (Reino Unido), un centro encargado de la formación de las nuevas religiosas y religiosos anglicanos.

"Toda la historia de la Moisés y la liberación de los israelitas de Egipto fue eliminada, así como todo pasaje que abordaba la libertad o la liberación humana. Por ejemplo, la carta donde el apóstol Pablo dice: 'En Cristo no hay esclavo ni libre', la quitaron", agregó.

Momento de la película de "10 mandamientos"

Momento de la película de "10 mandamientos"

Fuente de la imagen,Silver Screen Collection/Getty Images

 
Pie de foto,
La historia de Moisés fue suprimida de la llamada "Biblia de los esclavos" para evitar una rebelión entre los africanos que trabajaban en las plantaciones.

En similares términos se pronunció Anthony Schmidt, director de Colecciones del Museo de la Biblia de Washington (Estados Unidos), donde en 2017 estuvo exhibida uno de los pocos ejemplares de la "Biblia de los esclavos" que ha sobrevivido hasta nuestros días.

"Esta era una Biblia abreviada, a la que le faltan grandes porciones y que estaba dirigida a un público específico", dijo el también experto en religión de la Universidad de Princeton.

Schmidt aseguró que esta práctica ha sido común a lo largo de la historia.

"Tenemos otras biblias abreviadas, las cuales se editaron para hacerlas más digeribles a ciertos públicos. Por ejemplo, tenemos algunas destinadas a los niños donde los textos fueron reemplazados por ilustraciones", mencionó.

Sin embargo, el experto admitió que este caso es distinto.

"Quienes la editaron lo hicieron con la intención de manipular a las personas esclavizadas, posiblemente porque creían que historias como la de Moisés eran tan impactantes que podrían conducir a una rebelión", precisó.

Schmidt también aseguró que los responsables de esta versión no revisaron, línea por línea, la Biblia para decir qué textos se quedaban y cuáles no.

"No eliminaron palabras o frases, sino que quitaron pasajes y libros enteros que no consideraban esenciales. Por ejemplo, eliminaron el grueso del libro del Éxodo, pero dejaron las referencias de Moisés que aparecen en otros textos bíblicos" explicó.

Una edición típica de la Biblia protestante contiene 66 libros, la versión católica tiene 73 y una traducción ortodoxa oriental 78, pero "la Biblia de los esclavos" contiene unos 14 libros, de acuerdo con el Museo de la Biblia de Washington.

Vista del Parlamento y la fuente que conmemora el fin de la esclavitud

Vista del Parlamento y la fuente que conmemora el fin de la esclavitud

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
"La Biblia de los esclavos" fue publicada poco después de que el Parlamento británico prohibiera la trata de personas en el Imperio.

Sin perder de vista el contexto

Para Beckford, el momento histórico en el que apareció la "Biblia de los esclavos" es otra prueba de que su fin era asegurar el control de la población esclava en las colonias.

"Fue publicada en 1807 y, en marzo de ese año, el Parlamento británico abolió el comercio de esclavos en el Imperio, pero la esclavitud como sistema se mantuvo durante 30 años más", apuntó el teólogo.

Acto seguido, agregó: "¿cómo se mantenían a los esclavos en las plantaciones? Aparte de la violencia, la cual era parte integral de la esclavitud, se necesitaba un marco ideológico. Y antes de que apareciera la pseudociencia que sostiene la supremacía blanca, la Biblia fue fundamental, pues promovía la idea de que Dios apoyaba la esclavitud".

"Esclavos, obedezcan a sus patrones con temor y respeto, sin ninguna clase de doblez, como si sirvieran a Cristo". Este pasaje, el cual pertenece a la carta del apóstol Pablo a los Efesios, es uno de los textos a favor de la servidumbre que se pueden encontrar en esta versión.

"La idea era corromper la Biblia para que sirviera al terror racial y sugerir a los africanos esclavizados que Dios apoyaba su situación infrahumana", aseguró Beckford.

Schmidt, por su parte, también cree que la versión de la Biblia fue un reflejo del contexto.

"A lo largo del siglo XVIII, algunos cristianos se preocuparon por el bienestar espiritual de las personas traídas de África, pero los dueños de las plantaciones se oponían a que fueran evangelizados, pues temían que eso fuera una amenaza para su autoridad", dijo.

"Para vencer la oposición de los terratenientes, los misioneros anglicanos argumentaron que convertir a los esclavos al cristianismo los volvería mejores esclavos, porque les enseñaría a ser obedientes", agregó el director de Colecciones del Museo de la Biblia de Washington.

Justin Welby dando un sermón

Justin Welby dando un sermón

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En 2023, el entonces arzobispo de Canterbury, Justin Welby, pidió perdón por la participación de la Iglesia de Inglaterra en la esclativud.

El rol de la Iglesia anglicana

La participación de la Iglesia de Inglaterra en el negocio de la esclavitud está históricamente comprobada. Así, por ejemplo, una de sus organizaciones, la Sociedad para la Propagación del Evangelio en el Extranjero, llegó a tener acciones en la plantación de Codrington, en Barbados, en la cual trabajaron cientos de esclavos africanos, recordó Beckford.

En 2023, Justin Welby, entonces arzobispo de Canterbury y máximo jerarca religioso de la Iglesia anglicana, admitió los nexos de la institución con el tráfico de personas desde África. Esto, tras una investigación interna.

Entre las "acciones para enfrentar este vergonzoso pasado", Welby anunció US$ 135 millones para financiar proyectos en comunidades "históricamente impactadas" por la esclavitud.

Sin embargo, Schmidt cree que el hecho de que la "Biblia de los esclavos" fuera editada por una agrupación que tenía nexos con el obispo Beilby Porteus (1731-1809), uno de los primeros líderes anglicanos en condenar públicamente la esclavitud, revela que la institución buscaba reformar e incluso liquidar esta práctica.

"Los misioneros tenían una visión progresista, querían mejorar las condiciones de vida de los esclavos, reducir sus cargas laborales, ofrecerles atención médica y prohibir que sus familias fueran separadas", dijo el experto.

Retrato de Beilby Porteus 

Retrato de Beilby Porteus

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Pese a la postura proesclavitud de la jerarquía, el obispo Beilby Porteus fue uno de los primeros en la Iglesia de Inglaterra en condenar la práctica.

No obstante, admitió que no hay constancia de que los religiosos hubieran abogado por eliminar la servidumbre de inmediato.

"Creo que su meta era que ocurriera gradualmente, en una o dos generaciones", explicó Schmidt.

Una opinión similar tiene Beckford, quien indicó que la Iglesia anglicana del momento abogaba por "la esclavitud cristiana".

"La esclavitud cristiana fue un intento por mantener el sistema esclavista y hacer que los africanos esclavizados fueran mejores, y con el tiempo reformar el sistema y abolirlo", apuntó.

Respecto al impacto de esta Biblia, los expertos consultados admitieron que solamente hay evidencias documentales de que este controvertido texto fue utilizado en las plantaciones de caña de azúcar que había en las colonias británicas del Caribe.

Sin embargo, tanto Beckford como Schmidt admitieron que hay muchas posibilidades de hubiera sido empleada igualmente en las fincas de algodón del sur de lo que hoy es EE.UU.

La manos de una persona de color sobre una Biblia

La manos de una persona de color sobre una Biblia

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Expertos aseguran que la Biblia se utilizó para promover la idea de que "Dios apoyaba la esclavitud".

¿Y la Iglesia católica?

¿Tuvo la Iglesia católica una "Biblia de los esclavos"? "No", aseguró a BBC Mundo Jesús Folgado, profesor de Historia de la Iglesia de las universidades Comillas y San Damaso (España).

"Los textos bíblicos que la Iglesia anglicana suprimió de la Biblia para bendecir la esclavitud fueron los mismos que varios papas y líderes de distintas congregaciones religiosas en Europa utilizaron para condenarla", agregó el también sacerdote y doctor en Teología.

En 1537, el papa Pablo III emitió la bula Sublimis Deus, en la cual declaró: "Todos los hombres, de todas las razas, deberán gozar de libertad y ser señores de sí mismos, y no está permitido a nadie reducirlos a la esclavitud".

Años después, el papa Urbano VIII amenazó con excomunión a todo católico que esclavizara a alguien.

No obstante esta postura de la jerarquía de la Iglesia católica, en las posesiones españolas, portuguesas y francesas en América la esclavitud se practicó, incluso por parte de la propia institución religiosa.

"Efectivamente, se dio la contradicción de que los papas condenaron la servidumbre, pero muchas congregaciones en América tuvieron esclavos", afirmó Folgado.

"Sin embargo, la esclavitud en la América hispana no se podía comparar con la de la América y el Caribe anglófono", puntualizó.

¿Por qué? "Las congregaciones religiosas tuvieron esclavos, pero sus condiciones eran similares a la de los jornaleros de Castilla de la época: tenían días libres, podían salir y casarse, aunque no eran plenamente libres", explicó.

Hoy, apenas hay copias de esta controvertida versión del texto sagrado. Una se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Fisk, en Nashville (Tennessee) y otras dos están en las universidades británicas de Oxford y Glasgow.