Mostrando entradas con la etiqueta FRONTERA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta FRONTERA. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de mayo de 2026

_- CINE Judith Colell, cineasta: “La ignorancia convierte en ‘cool’ a fascistas como Meloni, Le Pen o Aliança Catalana”


_- La directora y presidenta de la Acadèmia del Cinema Català estrena ‘Frontera’ y habla del blanqueamiento del franquismo y de cómo encarar las obras de acusados de agresiones sexuales.

Se sienta Judith Colell (Sant Cugat del Vallés, 57 años) a charlar y sonríe aún más de lo habitual: “Siempre he hecho cine intimista, con presupuestos ajustados. Ahora he afrontado un drama con más dinero, porque era necesario para la recreación histórica, aunque creo que sigo hablando de seres humanos”. La actual presidenta de la Acadèmia del Cinema Català (ha renovado mandato este año hasta 2029) encara la promoción de Frontera, que se estrena mañana viernes, un drama basado en hechos reales: hasta 8.000 judíos cruzaron de Francia a España destino a Portugal durante la Segunda Guerra Mundial, y la película cuenta lo que ocurre en un pequeño pueblo catalán fronterizo, cuando en 1943 en los Pirineos un funcionario decide ayudar a los refugiados. “Acepté el encargo por el eco indiscutible con la actualidad”. Y ahí arranca la conversación.

Colell constata que su cine (Nosotras, 53 días de invierno, Elisa K) es más difícil de levantar “que películas más grandes y abiertas, para más público”; que lo autoral aún “no encuentra fácil financiación”, y que esta experiencia —de más presupuesto con ambición de más espectadores— confirma esa sensación. “Lo que he hecho es convertir el encargo en algo personal, y he disfrutado mucho”. Aceptó por eso y por una sorpresa. “Como muchos, yo pensaba que los Pirineos se cruzaban más de aquí hacia Francia, y no tanto hacia España. Investigué mucho y hasta encontré que una amiga íntima de Carmen Polo ayudó a judíos europeos a llegar a Portugal. Ella era franquista, pero odiaba a los nazis”, cuenta la cineasta.

La historia de Germana de Silva, que así se llamaba la aristócrata amiga de la esposa de Franco, no aparece, obviamente, en Frontera, aunque merece detenerse en ella: “Les escondía en su pazo y luego les pasaba a Portugal, de donde salían hacia América en barco. Les disfrazaba de sacerdotes, monjas, seminaristas o novicias, y como no hablaban castellano les pedía que se mantuvieran callados. Si alguien preguntaba por sus invitados, su respuesta era: ‘Necesitamos el silencio porque estamos de ejercicios espirituales’. Es una historia maravillosa”.

Desde la izquierda, Maria Rodríguez Soto, Pepa López, Miki Esparbé y Bruna Cusí, en 'Frontera'.


Y que le lleva al corazón de Frontera: las zonas grises. “Me interesaba ahondar en cómo se comporta la gente en situaciones complicadas. Había entonces, y hay ahora, tres maneras de afrontar la llegada de migrantes: los que quieren ayudarles incondicionalmente; los que no quieren ayudarles y sí devolverlos, demonizándolos totalmente, y los que, y son la mayoría, miran hacia otro lado, como norma no toman partido y dicen: ‘Bueno, no les voy a hacer nada malo, pero tampoco ayudo’. Esos personajes, como mi protagonista, con sus dudas, son los mejores, y hay que recordar que ni todos los republicanos eran buenos, ni todos los franquistas malos. Ahora bien, cuidado, no olvidemos lo que fue y lo que supuso el franquismo”.


 
Colell ahonda en un “grave problema actual”: el blanqueamiento de la dictadura de Franco, el olvido “del terror de aquellas décadas por parte de la juventud actual”. Y elabora el discurso: “Los jóvenes creen, según las últimas encuestas, que en el franquismo se vivía en la mar de bien, y por eso no les importaría volver a una dictadura. Ahí te das cuenta de que no tienen ni idea de lo que están hablando. Entiendo la frustración que provoca el hecho de no tener trabajos estables, de no encontrar pisos porque los precios están imposibles, y el dolor de estar en casa con sus padres hasta los 40 años. Lo entiendo, pero no puede ser que se crean las mentiras que cuentan las redes sociales. Tampoco vamos a salvar a nadie con esta película, ni es la pretensión, pero está muy bien que el cine nos haga recordar el pasado, que se mantenga esa memoria viva”.

Miki Esparbé y Judith Colell, en el centro, en el rodaje de 'Frontera'. Filmax


 
La cineasta recuerda que no es un problema únicamente español o solo sobre la Guerra Civil, sino que ocurre en toda Europa. “Esta ignorancia convierte en algo cool a fascistas como Giorgia Meloni, Marine Le Pen o en Cataluña Aliança Catalana, que además se venden bien, incluso con mensajes feministas... Por eso importan tanto películas como Green Border, de Holland, que hablan a la vez del neonazismo y del drama de la inmigración”, apunta. “Aquí nos pasa en los planes educativos: se pasa de puntillas por la Guerra Civil, por la Transición... Claro, a los jóvenes les cuentan mentiras y las asumen como ciertas”. Y cierra este análisis: “Así nacen caldos de cultivo como el que se dio en la Europa de los años 30. Fíjate en la película Cabaret, qué bien lo muestra”.

Frontera está rodada en catalán, y además, de la forma en que se habla en esa zona de los Pirineos, una nota de verosimilitud importante para quien preside la Acadèmia del Cinema Català, en un año muy bueno para el cine catalán (Sirât, Romería) pero con pocas películas en catalán (Wolfgang, Estrany riu). “No me preocupa porque las que hay conectan con el público y porque fue peor la pasada temporada. En esta hornada hay una quincena, y me parece muy interesante que se mantengan las ayudas a aquellas que van a festivales, las autorales, porque a través de ellas el catalán viaja por todo el mundo. Y ya sabemos que en 2026 habrá dos o tres muy grandes”.

La directora de cine Judith Colell.
Pablo Monge
¿Qué va a hacer en su segundo mandato? “Pues seguir creciendo. Hemos prácticamente doblado el presupuesto, hemos creado una residencia de guiones y ahí está el departamento contra los abusos”. Y en el futuro espera que puedan realizar labores de acogida, “al menos abrir la puerta a cineastas refugiados”, no solo directores, sino también técnicos y equipos artísticos. “Que así conozcan a personas del sector, que puedan incluso tener a un académico que voluntariamente les ayude”.

Uno de los miembros de la academia catalana, Eduard Cortés, fue acusado por casi una treintena de mujeres en diciembre de 2024 de diversas agresiones sexuales, bien por internet bien físicamente. “En aquel caso se siguió el protocolo y arrancamos una comisión. Nosotros no podemos a las primeras de cambio expulsar a nadie. Sería muy injusto. Con cada caso se abre una comisión, pero Cortés se dio de baja antes. Ya había pasado en anteriores ocasiones, que el señalado se dio de baja de la Academia”, recuerda. “El departamento, que funciona de manera autónoma, va muy bien, es un referente”. Movistar+ ha estrenado Terra Alta, la última serie que hizo Cortés. ¿Está de acuerdo con que se emita? “Es una pregunta difícil, hay actitudes que no podemos consentir. Aunque recuerdo una conversación con una productora de un filme cuyo director fue señalado [Colell no da más datos] y me decía que ella no tenía la culpa. Porque una película y una serie son obras colectivas. Sí que la emitiría con un mensaje al principio, diciendo que condeno cualquier actitud de abuso”.

Miki Esparbé, rodeado de nazis, en 'Frontera'.



La próxima edición de los premios Goya tendrá lugar el 28 de febrero de 2026 en Barcelona. “A mí me encanta la idea, que para eso fui vicepresidenta de esa institución. Nosotros celebraremos el 18º cumpleaños de los premios Gaudí en el Liceo, un sitio precioso”. ¿De los Goya, en contrapartida, han sacado que por fin la Acadèmia del Cinema Català obtenga su ansiada sede? “No, es una vieja reivindicación. Eso sí, es cierto que a inicios de 2026 tendremos sede”.

sábado, 30 de junio de 2018

El regreso de la calumnia de sangre. El tratamiento de Trump hacia los latinoamericanos recuerda a los peores tiempos del antisemitismo

-EL declive moral de Estados Unidos con Donald Trump es vertiginoso. En solo unos meses, hemos pasado de ser un país que representaba "la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad" a ser un país que separa a los niños de sus padres y los mete en jaulas.

Lo que resulta igual de sorprendente de esta decadencia hacia la barbarie es que no es una respuesta a ningún problema real. La afluencia masiva de asesinos y de violadores de la que habla Trump, la oleada de delitos cometidos por los inmigrantes en Estados Unidos (y, en su cabeza, por los refugiados en Alemania), son cosas que simplemente no están sucediendo. Son solo fantasías enfermizas utilizadas para justificar atrocidades reales. ¿Y saben a qué me recuerda esto? A la historia del antisemitismo, un relato de prejuicios alimentados por mitos y engaños que terminó en un genocidio.

Vamos a hablar primero de la inmigración estadounidense moderna y de cómo se puede comparar con esas fantasías enfermizas. Existe un debate muy técnico entre los economistas sobre si los inmigrantes con un bajo nivel educativo ejercen un efecto negativo sobre los salarios de los trabajadores nacidos en el país y con similar nivel de formación (la mayoría de los investigadores opinan que no, pero hay algunas discrepancias). Sin embargo, este debate no influye en las políticas de Trump.

Lo que reflejan más bien estas políticas es una imagen de la “carnicería estadounidense”, de grandes ciudades invadidas por inmigrantes violentos. Y esta imagen no guarda ninguna relación con la realidad. Para empezar, a pesar de un pequeño repunte desde 2014, los delitos violentos en EE UU se encuentran en unos mínimos históricos y la tasa de homicidios es la misma que a principios de la década de 1960. (Los delitos en Alemania también están en mínimos históricos, por cierto). La carnicería de Trump es un producto de su imaginación.

Si miramos el conjunto de EE UU, es verdad que existe una correlación entre los delitos violentos y el predominio de inmigrantes indocumentados: una correlación negativa. Es decir, los lugares con muchos inmigrantes, legales e indocumentados, suelen tener unos índices de criminalidad excepcionalmente bajos. El mejor ejemplo de esta historia de la carnicería inexistente es la ciudad más grande de todas, Nueva York, en la que más de un tercio de la población ha nacido en el extranjero —incluyendo aproximadamente a medio millón de inmigrantes indocumentados— y la delincuencia ha caído a niveles que no se registraban desde la década de 1950.

Y esto, en realidad, no debería resultar sorprendente porque los datos de las condenas a delincuentes muestran que es mucho menos probable que los inmigrantes, tanto legales como indocumentados, cometan delitos que los que han nacido en el país. Por tanto, el Gobierno de Trump ha aterrorizado a familias y a niños haciendo caso omiso de todas las normas de decencia humana para responder a una crisis que ni siquiera existe.

¿De dónde proceden este temor y este odio hacia los inmigrantes? En gran parte parece ser un temor hacia lo desconocido: da la sensación de que los Estados más contrarios a los inmigrantes son lugares, como Virginia Occidental, donde apenas se ven. Pero el odio virulento hacia los inmigrantes no solo existe entre los palurdos rurales. Naturalmente, el propio Trump es un neoyorquino adinerado, y una gran parte de la financiación para los grupos antiinmigrantes proviene de fundaciones controladas por multimillonarios de derechas.

¿Por qué acaban odiando a los inmigrantes personas que tienen dinero y éxito? A veces pienso en Lou Dobbs, un comentarista de televisión que me caía bien y al que conocí a principios de la década de 2000, pero que se ha convertido en un fanático anti-inmigracionista (y en confidente de Trump) y que actualmente advierte de la existencia de un complot de “los Illuminati de la calle K [donde tienen su sede la mayoría de grupos de presión de Washington]” a favor de los inmigrantes.

No sé qué mueve a estas personas, pero esta película ya la hemos visto antes, en la historia del antisemitismo. Lo que ocurre con el antisemitismo es que nunca tuvo que ver con algo que hiciesen los judíos. Siempre estuvo relacionado con mitos espeluznantes, basados a menudo en invenciones deliberadas que se difundían sistemáticamente para generar odio.

Por ejemplo, la gente repitió durante décadas la "calumnia de sangre”, la afirmación de que los judíos sacrificaban bebés cristianos como parte del ritual de la Pascua judía. Y a principios del siglo XX, se difundieron ampliamente Los protocolos de los sabios de Sión, un supuesto plan para que los judíos dominasen el mundo que probablemente fuera fraguado por la policía secreta rusa. (La historia se repite, la primera vez como una tragedia y la segunda vez como una tragedia mayor).

Este documento falso se difundió ampliamente en EE UU gracias nada menos que al mismísimo Henry Ford, un virulento antisemita que supervisó la publicación y distribución de medio millón de ejemplares de una traducción en inglés, El judío internacional. Ford se disculpó más tarde por haber publicado una falsificación, pero el daño ya estaba hecho.

Insisto, ¿por qué alguien como Ford – que no solo era rico, sino que también era uno de los hombres más admirados de su época – emprendió esta senda? No lo sé, pero es evidente que estas cosas ocurren.

En cualquier caso, lo importante es entender que las atrocidades que está cometiendo nuestro país en la frontera no son una reacción exagerada o una respuesta mal ejecutada ante algún problema real que haya que resolver. No hay ninguna crisis de inmigración y no hay ninguna crisis de delincuencia de los inmigrantes.

No, la verdadera crisis es el aumento del odio, un odio irracional que no guarda ninguna relación con nada de lo que hayan hecho las víctimas. Y cualquiera que justifique ese odio – que intente, por ejemplo, convertirlo en una historia con “dos lados” – en realidad es un defensor de los crímenes contra la humanidad.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times

 https://elpais.com/economia/2018/06/22/actualidad/1529667353_901299.html