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miércoles, 4 de febrero de 2026

Entrevista a Vera Sacristán Adinolfi sobre Manuel Sacristán «Manolo guardaba una cajita para medicinas que le regaló un preso común de su misma celda de la Modelo, y la cuidaba con muchísimo cariño»

Fuentes: Rebelión [Imagen: Vera Sacristán. Créditos: Espai Marx]


En esta nueva entrega del Centenario Manuel Sacristán Salvador López Arnal entrevista a Vera Sacristán, doctora en Matemáticas e hija de Manuel Sacristán.

Salvador López Arnal.- Naciste en 1958. Tu padre había finalizado sus estudios de lógica y epistemología en Alemania en 1956 y había contraído matrimonio con tu madre, Giulia Adinolfi, en Nápoles, en 1957. Se ha comentado que tus padres se conocieron a través de la mediación del lógico italiano Ettore Casari, compañero de tu padre en Münster. No es la única versión. ¿Podrías precisarnos este punto?
Vera Sacristán.- La historia que mis padres me contaron es que se conocieron en casa de Paco Noy y Lolín Serrano. Mi madre era hispanista y estaba aquí con una beca. Supongo, aunque no lo sé a ciencia cierta, que debió conocer a Paco Noy con motivo de sus estudios. Paco y Lolín organizaban con cierta frecuencia cenas o comidas en su casa a las que invitaban a amigos que a veces no se conocían entre sí. Por lo visto, mi padre tenía alguna experiencia anterior de tales reuniones. El caso es que me contaron que a los dos les daba cierta pereza ir a la cena en cuestión y, sin embargo, allí fue donde se conocieron. Años más tarde, recuerdo en más de una ocasión a Paco Noy diciéndome más o menos literalmente que se sentía responsable de mí porque mis padres se conocieron en su casa.

Ettore Casari, que había conocido a Manolo en Alemania, fue el padrino de la boda de mis padres, que tuvo lugar el 27 de agosto de 1957 en Nápoles, en la iglesia de San Gennaro al Vomero. Debía hacer un calor considerable y aquellas no eran épocas muy boyantes económicamente para ellos: Manolo solía recordar, cuando se hablaba de su boda, el calor que pasó metido en su único traje: un traje de invierno de lana.

Salvador López Arnal.- Hasta vuestro asentamiento definitivo en el piso de Diagonal, no fueron pocos los lugares donde vivisteis. ¿Qué razones impulsaban a tus padres a cambiar tan a menudo de domicilio? ¿Alguna relación con su militancia política?
Vera Sacristán.- Cuando volvieron de Barcelona de su viaje de bodas, que consistió en una visita a París durante la cual Manolo asistió a una reunión del Comité Central del PSUC, mis padres no tenían muebles ni enseres (eso era mucho más frecuente entonces de lo que lo es en este mundo consumista de ahora) y vivieron en un bajo amueblado de la Pedrera, en una residencia de la calle Ample donde muchos años después aún los recordaban, en un piso de la calle Padilla, en una casita en Valldoreix… Lo primero que yo recuerdo es un piso de la calle Mitre, donde vivimos entre 1961-62 y 1965, mucho antes del Cinturón de Ronda, y luego un ático en Balmes-Copérnico, que nos duró hasta 1972.

La característica común de todas nuestras casas era su pequeñez y la gran cantidad de libros que las invadían y que nos forzaban a mudarnos a pisos más espaciosos. El gran cambio se produjo cuando alquilamos el piso de la Diagonal. Mis abuelos, los padres de Manolo, nos ayudaron económicamente y esa fue nuestra casa definitiva. Aquella sí que era grande: finalmente hubo un cuarto de estudio para cada cual y la primera mesa de comedor de nuestra vida: recuerdo que su llegada fue un gran acontecimiento familiar.

Salvador López Arnal.- Recibíais muchas visitas en vuestro piso de la Diagonal, el teléfono sonaba con frecuencia. ¿Cómo se conciliaba el trabajo, la dedicación intelectual, con visitas tan asiduas? ¿Quiénes os visitaban?
Vera Sacristán.- No es cosa de exagerar, pero es verdad que se recibían muchas visitas y muchas llamadas también. Las visitas solían ser de alumnos o ex-alumnos de Manolo, estudiantes del partido, intelectuales en general, amigos suyos, muchos de los cuales fueron cambiando con los años.

Por teléfono le solían llamar para pedirle conferencias, artículos y charlas, y él procuraba defenderse: muchas veces lo dejaba sonar, y si nosotras insistíamos en cogerlo él hacía como que no estaba en casa. Decía que así, cuando se muriera, habría logrado dar alguna conferencia menos.

Viviendo en Balmes, Manolo alquiló un estudio cerca de casa, en la calle de Sant Gervasi de Cassoles. El estudio no sólo sirvió para liberar espacio en casa, sino también para aislar a Manolo de las visitas y llamadas. La ubicación del estudio fue un secreto que compartieron muy pocos. Allí Manolo tenía el tiempo y la calma necesarios para trabajar.

Salvador López Arnal.- Expulsado de la Universidad vía no renovación del contrato laboral en 1965, tu padre tuvo que ganarse la vida trabajando a destajo como traductor. Sus traducciones se cuentan por decenas, más de 90. Tal cantidad de trabajo, al que habría que añadir ensayos, prólogos y numerosas y arriesgadas tareas políticas, exigiría seguramente un horario estricto y prolongado. ¿Recuerdas cómo se organizaba?
Vera Sacristán.- Puedo contar con detalle cómo trabajaba en verano, cuando yo también estaba en casa y le veía hacerlo. Como en muchas otras cosas, era estricto con su plan de trabajo. Llevaba una libreta en la que apuntaba las holandesas que traducía cada día, el total acumulado y demás. Según la escasez del momento o el precio que le pagaban por holandesa traducía entre 15 y 20 al día. Sólo se permitió bajar a 10 holandesas diarias cuando tradujo a Marx para las OME…

Salvador López Arnal.- Disculpa. Las obras de Marx y Engels cuya traducción coordinó.
Vera Sacristán.- Por la mañana se levantaba pronto y se ponía a la máquina. Durante toda la mañana traducía sin interrupciones importantes. En general, dejaba la corrección de lo que había traducido para la tarde, después de comer y fregar los platos. A media tarde estaba libre para ir a pasear, jugar o cualquier otra cosa que quisiéramos hacer. Ese era el plan de trabajo todo el verano, excepto los domingos, en que se daba fiesta.

No tengo muy claro que en invierno su horario fuera el mismo: aunque, por un lado, las reuniones solían ser por las tardes, y eso le dejaba libre las mañanas; por otro, muchas reuniones nocturnas debían impedirle madrugar al día siguiente.
Antes de que le echaran de la universidad, en cambio, solía trasnochar mucho trabajando, pero eso me lo han contado, no lo recuerdo yo directamente.

Salvador López Arnal.- En la entrevista que concedió a la revista mexicana Dialéctica en 1983, Sacristán hizo referencia a la doble vida que tuvo que llevar durante años. Por una parte, como dirigente del PSUC-PCE, su arriesgada militancia le obligaba a tomar fuertes medidas de seguridad; por otra parte, dada su condición de personaje público, se movía abiertamente. ¿Recuerdas cómo repercutía esta situación en su vida cotidiana? ¿Qué precauciones tomaba?
Vera Sacristán.- También en el tema de las precauciones Manolo era muy estricto: nunca tenía una conversación telefónica que no fuera absolutamente inocente, nunca anotaba nada comprometedor… Cuando vivíamos en la calle Padilla, tenían convenido un sistema por el cual mi madre, que se quedaba en casa cuidándome (yo era entonces un bebé) avisaba a mi padre de peligro en la casa: un pañuelo tendido en el balcón, que debía ser de color blanco si no pasaba nada.

Recuerdo algunas anécdotas curiosas que él me contó, relacionadas con el tema de las precauciones: la primera sucedió en la calle Urgell, donde él tenía que acudir a un piso. Estaba en la esquina con Mallorca, inspeccionando la situación, y resultó que otra persona andaba rondando la esquina. Manolo y el otro estuvieron mucho rato disimulando y estudiándose. Manolo no se decidía a dirigirse al lugar de su cita. Al final el otro se acercó y le pregunto: «¿Tú también eres un hermano?». Era un miembro de la iglesia adventista, que todavía tiene allí su sede, hoy de forma legal.

La otra anécdota muestra hasta qué punto se preocupaba por la seguridad, suya y de los demás: andando por el barrio había tropezado por casualidad con Gregorio López Raimundo, que entonces estaba ilegalmente en Barcelona. Manolo no se había inmutado, pero Gregorio se había acercado a saludarle. Volvió a casa indignado: le parecía insensato que alguien que se encontraba en situación de clandestinidad le saludara y corriera el peligro de ser descubierto. ¡Quién podía asegurar que, siendo Manolo un personaje público, no llevara en ese momento a un policía siguiéndole!

Salvador López Arnal.- Has comentado un par de veces que tu padre era muy estricto. ¿Puedes explicarlo con más detalle?
Vera Sacristán.- Me he referido a ello al hablar de su estricto plan de trabajo, que no se saltaba nunca, o de su forma estricta de tomar precauciones. Creo que era una característica de su personalidad.

En mi recuerdo, Manolo solía tomar decisiones radicales y se mantenía en ellas. Tenía una combinación de radicalidad y de fuerza de voluntad que quizás expresaría mejor diciendo que parecía tener siempre una gran convicción en sus opciones y decisiones. Eso regía para los temas más serios y para los más nimios, indistintamente.

En la época en que tenía el estudio de Sant Gervasi, hacia 1970 aproximadamente, Manolo dejó de fumar, cosa de la cual estaba muy orgulloso. Contaba que una mañana, después de una noche de mucha reunión y mucho fumar, le había asaltado tal ataque de tos que había tirado el cigarrillo que estaba fumando y decidió no fumar más. Así fue. Afirmaba que nunca más había sentido ganas de fumar.

Años más tarde, cuando se detectó su enfermedad cardíaca, tuvo que someterse a un régimen de comidas muy estricto y su actitud fue la misma: a partir del momento en que comenzó el régimen, se acabaron los excesos, nunca volvió a ponerle sal a una comida y ni siquiera se permitió un extra de vez en cuando.

Salvador López Arnal.- En alguna ocasión, refiriéndose a temas ecológicos y al sentimiento que le despertaban las manifestaciones de la naturaleza habló de su afición al excursionismo. ¿Qué lugares solían frecuentar? ¿Cultivó otras aficiones?
Vera Sacristán.- Manolo era muy aficionado al excursionismo. De joven había andado mucho por el Montseny, por el que tenía un cariño especial. Durante años estuvimos yendo de excursión en verano por la Cerdanya, especialmente por el Puigpedrós, y en invierno por los alrededores de Barcelona: primero por Collserola, luego cruzando el Montnegre desde el Tordera en dirección al mar. También esto lo hacía concienzudamente y con mucha pasión: siempre andaba muy bien pertrechado de mapas, altímetros, víveres e ilustración sobre lo que iba a visitar.

También le gustaba mucho la bicicleta. Recorrimos todos los rincones de la plana de la Cerdanya (mejor dicho: de la mitad bajo administración española, porque Manolo no tuvo pasaporte durante años) montados en nuestras bicis. Cuando empezó con los problemas cardíacos recordaba los paseos en bicicleta con nostalgia, nostalgia de la bicicleta y nostalgia de la Cerdanya misma, que fue uno de sus amores.

Pero Manolo tenía muchas otras aficiones: desde luego, el estudio era la principal, pero desde la música (La Flauta Mágica era su pasión) hasta el bricolaje (en el que me permitía ser su ayudante para que aprendiera), muchas eran las cosas que le interesaban y que hacía con entusiasmo.

Otro de sus grandes amores fue siempre México, más adelante me referiré a ello.

Salvador López Arnal.- De acuerdo. Solíais ir los veranos a una casa que tus padres habían alquilado en Guils, en la Cerdanya. ¿Por qué ese lugar? ¿Qué recuerdos tienes de aquellos veranos?
Vera Sacristán.- Muchos creen que veraneábamos en Guils de Cerdanya porque tanto Manolo como Giulia están enterrados en el cementerio de Guils, pero no es así. Nuestra casa de veraneo estuvo siempre en Puigcerdà. Llegamos allí por casualidad, primero a una casa que encontramos a través de un anuncio en el periódico, y luego a la casa de «Los Sauces», que tuvimos alquilada 26 años.

Íbamos todos los veranos, desde finales de junio hasta principios de octubre (siguiendo el calendario escolar de entonces). Cada año el traslado era una auténtica migración: mandábamos por recadero gran cantidad de paquetes con libros, ropa, juguetes… Toda una casa. En Puigcerdà llevábamos una vida tranquila: estudiar, leer, ir a la compra, cocinar, jugar en el jardín; todo siguiendo un cierto ritual bastante inamovible.

A propósito de cómo vivíamos allí, Rosa Rossi me ha permitido traducir aquí parte de una carta que Renzo Lapiccirella mandó a su hija, Viola, desde Puigcerdà, en agosto de 1966:

Ayer, aquí, hubo tormenta, pero en serio. Un diluvio de agua, truenos poderosos y relámpagos que cortaban esa manta gris que era el cielo. Hoy, en cambio, ha triunfado el sol. Todo reluce: cielo, campos, montañas y árboles. Por no hablar de los pájaros festivamente entregados, con gran dedicación, a su actividad (para darnos gusto, pensamos nosotros). En suma, cosa de idilio o de redacción escolar, si lo prefieres. Pero, bromas aparte, éste me sigue pareciendo un lugar un poco mágico, donde incluso se puede llegar a pensar que quizás el mundo y los hombres han descubierto –o están a punto de descubrir– una medida de sí mismos y de las cosas, un maravilloso equilibrio entre razón y sentimientos y, en definitiva, el sentido preciso de su propia vida y de la de los demás. Manolo escribe sus diez holandesas diarias, Vera está jugando, Giulia continúa ordenando cuidadosamente las cosas (también a través de estas operaciones consigue hacer sentir su amistad y su afecto por los demás), Rosa espera que yo acabe de escribir para ir a Correos. Todo muy sencillo y muy corriente. Pero hay secreto. Está en la amistad, en el fondo común que la alimenta y que nos permite a cada uno –en condiciones más fáciles o más difíciles– no traicionar la imagen del hombre que nos hemos hecho. […] Un tal escribió, una vez, que «el paisaje es un estado de ánimo»: es una exageración evidente, más que discutible por muchos motivos, pero contiene una parte de verdad suficiente. En un sentido muy particular y preciso podría afirmar yo también que Puigcerdà es «un estado de ánimo» […]

Creo que algo de lo que cuenta Renzo lo sentíamos todos.

Como se ve, recibíamos visitas también allí, pero la mayoría formaban parte del ritual: pasaban parte de sus vacaciones con nosotros mis abuelos italianos (los padres de Giulia), su hermana, Rosa Rossi y Renzo Lapiccirella, viejos amigos; nos visitaban los abuelos españoles (padres de Manolo), sus hermanos… Con la edad, los abuelos empezaron a venir menos, pero compartimos el verano con nuevos amigos: Paco Fernández Buey y Neus Porta, la puntual visita de Juan-Ramón Capella (si a mediados de agosto no había aparecido, empezábamos a preguntarnos qué había sido de él) y muchos otros.

De alguna forma, la casa de Los Sauces era un punto de referencia, los amigos sabían que nos encontrarían allí.

Además, en Puigcerdà se celebraban dos de las fiestas más importantes del año: el aniversario de la boda de mis padres (que coincidía, además, con el cumpleaños de mi madre, el 27 de agosto) y el cumpleaños de Manolo, que era el 5 de setiembre. Solíamos reunirnos muchos de la familia y las celebraciones incluían decoraciones festivas, serpentinas, confetis, desayunos y comidas especiales, regalos, etc.

La explicación del hecho de que mis padres fueran enterrados en el cementerio de Guils de Cerdanya, un pequeño pueblo a unos cinco quilómetros de Puigcerdà, es la siguiente: Guils era el destino más frecuente de los paseos vespertinos de familia, casi en comitiva, en la época en que el camino aún no estaba asfaltado. Cuando se llegaba a lo alto del pueblo, delante de la iglesia, el paisaje era impresionante. Era el paseo preferido por Giulia; por eso nos pidió ser enterrada allí.

Recuerdo haberle preguntado a Manolo si él también quería ser enterrado allí: me contestó que le daba igual lo que se hiciera con él una vez muerto.

Salvador López Arnal.- Las mil actividades en las que Sacristán estaba inmerso no impidieron que te acompañara a la escuela. Creo que guardas algún recuerdo curioso de aquellos paseos. Si no ando errado, en uno de ellos te habló de la paradoja del montón de trigo de Zenón. ¿Fue así? Añado: Por las noches, durante un tiempo, te regalaba unos dibujos, como si fueran viñetas de un cómic. ¿Los conservas? ¿Qué te explicaba en ellos?
Vera Sacristán.- Recuerdo mucho a Manolo ejerciendo de padre, quizás sus tareas conmigo eran las más agradecidas: llevarme al colegio, sacarme de excursión los domingos o a paseo por la ciudad… Nos recuerdo juntos en casi todos los museos de la ciudad.

Es cierto que me contó la paradoja del montón de trigo de Zenón volviendo del colegio por el paseo de San Juan Bosco. Era otoño, el suelo estaba cubierto de hojas caídas de los árboles, y Manolo empezó a preguntarme si una hoja constituía un montón de hojas. Obviamente, contesté que no, que un montón de hojas se formaba con varias hojas; así que me replicó si bastaría con dos hojas para hacer un montón. Y si no bastaban dos, ¿cuántas bastaban? ¿Tres, cuatro, diez…? ¡No se imagina nadie la impresión que eso puede producir cuando una no tiene ni diez años!

En una época de mucha actividad, encontró una forma de establecer una comunicación nocturna conmigo, cuando muchos días no nos habíamos visto más que por la mañana: el correo nocturno. Entre 1963 y 1965 aproximadamente, y de forma más o menos esporádica, dejaba algunas noches sobre la cabecera de mi cama un dibujo que yo encontraba por la mañana, en el que aparecían todos los personajes de la familia caracterizados como animales (él se dibujaba a sí mismo como un perro) en una escena que solía reproducir un hecho del día que acababa de pasar: «El pato, el pájaro y el perro cenan en un restaurante» (19-VI-64) o del día que iba a empezar: «Hoy vamos andando si es pronto» (?-?-63). También había mensajes educativos, por así llamarlos: «el pájaro mirando el gran plato de verdura que se va a comer en un momento» (9-VI-64). Uno de los temas recurrentes era su preocupación por la cantidad de tiempo que le tomaba su actividad política y lo tarde que llegaba a casa: «El perro, que ha llegado muy tarde, se hace la cena; el pájaro carpintero y el pato duermen» (20-I-64), «Sin repartir el correo, aunque sabe que eso es feo, el cartero desgraciado se ha ido a dormir muy cansado» (23-II-65), «Un perro más bien cansado llega a casa adormilado» (14-XI-65).

Salvador López Arnal.- Hablando de regalos. El día de Reyes era espectacular en vuestra casa. Y no sólo el día 6, también los preparativos. ¿Podrías explicarnos algo de ello? ¿Por qué ese entusiasmo por la festividad?
Vera Sacristán.- Efectivamente, junto con los cumpleaños, la gran fiesta en nuestra casa era la de Reyes, aunque no sé exactamente el motivo. Todos la preparábamos minuciosamente, llevábamos los regalos en el mayor secreto y cumplíamos todos los rituales: escribir la carta, dejar agua, pan y sal para los camellos… Además, como nunca me engañaron sobre el origen de los regalos, nunca dejamos de celebrar la fiesta con todo su ritual, hasta el último año.

Lo mejor era la lectura, la mañana del 6 de enero, de la carta que los Reyes Magos me dejaban, en respuesta a las nuestras. Extracto parte de la primera, de 1964, para dar una idea:

«… el carbón azucarado
se nos había acabado:
te hemos dejado verdura,
que es también una ricura.
A tu mamma regalamos
un librito en italiano.
Para Nando y sus papás
tres cosas encontrarás …»

Pero también estas cartas tenían vocación didáctica:

«… Si no andamos confundidos,
siete años tienes cumplidos,
pero tu caligrafía
no es gran cosa todavía.
Trabaja tus buenos ratos,
mejora tus garabatos;
si no, tu letra será
como la de tu papá,
famoso en el mundo entero
por grande garabatero…» (1965)

Con los años, se ampliaron los temas de que hablaban Melchor, Gaspar y Baltasar en sus cartas. En 1969 Manolo ponía el siguiente discurso en boca de Baltasar:

«… por venir del Tercer Mundo, mi saber es más profundo. Úlceras, agotamientos, nervios, rostros macilentos, no se podrán mejorar si no es hundiendo en el mar el gobierno americano atado con el rusiano. Pues lo que al hombre hizo daño durante el pasado año es, por un lado, el fascismo del bestial imperialismo y, por el otro, el despecho del socialismo mal hecho. Ha sido un período aciago, por lo cual el estómago de la persona decente con espasmo se resiente. Pero no hay que atormentarse, sino más bien reforzarse para llegar al momento del sacrificio cruento del abundante ganado al banquete destinado que será celebración de la gran liberación. Para esa fiesta preclara doy esta minuta rara (por venir del Tercer Mundo, mi estómago es más profundo):
MINUTA
Hígado de johnson al franquillo picado,
salteado con manteca de nixon.
Chuletas de breznev con ulbrichts asados
Macedonia de generales de ambos hemisferios
Vinos:
Sangre de banquero
Linfa de fabricante
Líquido cefalorraquídeo de comerciante
Bebidas no alcohólicas:
Zumo de burócrata siberiano»

Y los pobres Reyes Magos acabaron absorbidos por la General Mitos Inc. de Oklahoma. En 1970 escribían:

«… Dicen nuestros gerentes de Oklahoma: “Hay que cumplimentar, coma por coma, al precio del mercado más subido, lo que encarga el cliente en su pedido. Nunca jamás se entregará un objeto que no se encuentre a un precio sujeto”. Y aunque a nuestros gerentes les da grima nuestra usanza oriental de hablar en rima (dicen que puede confundir las cuentas de la sección de promoción de ventas), sin embargo, para que comprendamos la lección que aprender necesitamos, nos repiten un pareado extraño, jamás oído en el Oriente antaño:

“Deja el objeto sin precio
para el subversivo necio”.
Deben tener razón nuestros gerentes, pues bien les obedecen hoy las gentes».

Pero los Reyes Magos no se dejaron convencer, y a partir de entonces apareció también en correo clandestino de los Reyes Magos. Decía en 1971:

«¿Cuál es de verdad el tema,
el importante problema
que en nuestros largos viajes
pensamos con nuestros pajes?
La cuestión es la siguiente,
aunque lo ignore la gente.
Andando por esos mundos
vemos sus males profundos.
Ya en nuestra más propia cosa
es la situación penosa:
de juguetes largas listas
hacen los capitalistas,
mientras más de un niño obrero
no tiene abrigo en enero.
¿Qué decir de los adultos?
No siempre arrancan indultos.
Sigue asolando la Tierra
el imperialismo en guerra.
Dolores y enfermedades
hay en todas las edades.
Pero aun es más complicado
este mundo endiablado,
pues eso es sólo una parte
de lo que habrá que explicarte.
Surge la complicación
por la siguiente razón:
que también tendría el planeta
alegría muy completa:
el sol, las nubes, el mar,
jugar, reír, estudiar,
andar, subir la montaña,
trepar las rocas con maña,
descansar, comer, beber,
oír, mirar, conocer,
y aún alguna cosa más
que después aprenderás.
Ya en sí misma es la alegría
lo que más importaría,
pero incluso es importante
para seguir adelante:
sin un fondo de alegría
ninguno se movería;
sólo el alegre consciente
puede ayudar a la gente.
Más, ¿qué quiere decir eso?
Pues que, si arroja su peso,
(con peso pinta a la gente
Chumy Chúmez el sapiente)
cada cual es muy capaz
de alegría, juego y paz.
Pero antes de proseguir
hay que saber distinguir:
no es oro cuanto reluce,
ni todo a alegría conduce.
El hombre capitalista
no es alegre, es escapista:
toda su falsa alegría
se basa en la policía;
ella protege los lujos
con más o menos tapujos.
El hombre capitalista
alarga siempre la lista.
Cuando ve del mal la noche
huye a comprarse otro coche;
en cuanto tiene un disgusto
o se lleva un nuevo susto
corre escapado a la tienda
a comprar lo que le venda
otro burgués comerciante.
Y así siguen adelante.
Lo contrario es la alegría
de esa febril vesania.
¡Acabemos de una vez
con tan criminal memez!
Pero estamos en un mismo
y circular silogismo:
NUNCA HABRA BUENA ALEGRÍA
MIENTRAS HAYA BURGUESÍA,
MAS NADIE ECHARA EL BURGUÉS
SI ANTES ALEGRE NO ES.
Esa es la gran paradoja,
peliaguda cuerda floja
sin cuya superación
nunca habrá revolución.
Tal es el real problema
e importantísimo tema
que en nuestros largos viajes
pensamos con nuestros pajes.»

Salvador López Arnal.- No está nada mal. Los primeros años setenta no fueron nada fáciles. Tu padre pasó malos momentos, creo que sufrió una depresión. ¿Qué recuerdas de aquello? Tengo entendido que un médico de Puigcerdà intervino con muy buen tino en aquella situación.
Vera Sacristán.- Las cartas de Reyes dejan constancia de la depresión que Manolo pasó. La de 1972, muy breve, acaba así:

«Por no tener energía
para una larga elegía,
te decimos simplemente
qué necesita la gente:
¡Abajo la depresión!
¡Viva la revolución!»

Si no recuerdo mal, al final del verano del 71 Manolo se encontró mal de vuelta de un viaje en coche. Parecía un simple mareo, pero no se le pasaba. Fue nuestro médico de Puigcerdà, efectivamente, el que detectó los síntomas de una depresión y aconsejó que le visitara un especialista.

Durante un par de años Manolo pasó momentos de abandono absoluto: eran empresas hercúleas lograr que se levantara de la cama o de un sillón, o que comiera algo. Además, por entonces fue nuestra última mudanza, la que nos llevó a la casa de la Diagonal. Aún no me explico cómo pudo Giulia soportarlo todo a la vez.

Es difícil decir con certeza cuáles fueron las causas de la depresión de Manolo. Desde luego, no se trató de una reacción a un hecho concreto, sino el cúmulo de una larga historia. Manolo a veces contaba cómo tomó la decisión, una noche en Alemania, de rechazar un puesto que le habían ofrecido y volver a España. El compromiso político no había pesado poco en aquella decisión. Yo siempre he pensado que no podía ser fácil renunciar a hacer carrera académica, a pasarse la vida estudiando (que era lo que más le divertía), para dedicar una parte importante de la vida a «conspirar», como él decía; sin preguntarse después si había valido la pena. Para principios de los setenta, Manolo ya andaba muy decepcionado de cómo iban las cosas en el mundo, en el país y en el partido.

Probablemente otros conocen mejor que yo las circunstancias de la depresión de Manolo. Habrá que preguntar a gentes como Nolasc Acarín que, aunque no era su médico, es probable que se preocupara por él en aquel momento.

Su médico se llamaba Montserrat, y debía ser un individuo muy competente; Manolo siempre hablaba de él con mucho respeto.

Salvador López Arnal.- En el mismo edificio donde vivíais, tenían un piso tus abuelos paternos. ¿Qué tipo de personas eran? ¿Qué relaciones mantenía tu padre con ellos? Tu abuela paterna murió en 1975. ¿Cómo reaccionó Sacristán ante la pérdida?
Vera Sacristán.- Efectivamente, los padres de Manolo vivían en la misma escalera que nosotros; mejor dicho, nosotros vivíamos en la misma escalera que ellos, tres pisos más arriba.

Mi abuelo, Manuel Sacristán Samiñán, era de origen ceutí, sus padres regentaban la cantina del casino militar de Ceuta. Tenía un carácter muy andaluz: era despreocupado, guasón y muy desprendido. Políticamente, como él mismo decía, era «pancista», aunque sus hermanos, durante la República y la Guerra Civil, fueron gente comprometida, concretamente con la UGT, hasta el punto que uno de ellos tuvo que exiliarse, acabó en México y allí sigue toda su familia.

Mi abuela, Emilia Luzón de las Heras, era de origen castellano y había heredado de su familia de artesanos guarnicioneros su carácter previsor, responsable, creyente y de resignación. Nada que ver con la despreocupación de mi abuelo.

Manolo tenía debilidad por su madre y ella le adoraba: cualquier cosa que él dijera o hiciera iba a misa. La verdad es que, dado el gran sentido familiar que mi abuela tenía, cualquiera de nosotros era un dechado de virtudes, pero su hijo mayor más. Mi abuela Emilia murió el 18 de marzo de 1975, y para Manolo fue un golpe terrible. Muchos años después seguía recordando que él mismo le puso una inyección del sedante que el médico recetó y del que ella ya no volvió a despertar en todos aquellos días. Le impresionaba, además, la tenacidad con que mi abuela, no siendo tampoco tan anciana, había afirmado en los últimos tiempos que sólo aspiraba en esta vida a celebrar sus bodas de oro y cómo esa había sido, en efecto, una de las últimas cosas que hizo.

Durante la enfermedad de mi madre, el padre de Manolo se comportó con ella de forma admirable; eso los acercó más a los dos: a partir de entonces, Manolo visitaba a su padre cada día, a veces comían juntos y compartían la afición de mirar juntos los «partiditos» cada domingo ante el televisor de mi abuelo, que mantenían todo el tiempo sin voz, mientras contemplaban la pantalla prácticamente en silencio, con algún raro comentario esporádico.

En resumen, yo creo que Manolo tenía mucho cariño a sus padres y ellos, a su vez, no sólo le querían sino que le tenían un grandísimo respeto; les parecía que era un «sabio» que había tenido muy mala suerte en la vida y hacían todo lo que podían por ayudarle.

Salvador López Arnal.- En febrero de 1980 murió tu madre, Giulia Adinolfi Sellitti (https://giuliaadinolfi.caladona.org/). ¿Cómo afrontó tu padre la pérdida?
Vera Sacristán.- La enfermedad y la muerte de mi madre es la experiencia que más ha marcado mi vida, no sólo por el drama que para mí constituyó su final, sino sobre todo por lo que aprendí del comportamiento de ambos.

Giulia demostró una lucidez y una serenidad impresionantes, combinando la lucha contra la enfermedad con la aceptación de los hechos tal como eran. La reacción de Manolo fue un ejemplo de solidaridad total: siguiendo su estilo, leyó montones de artículos médicos que se hizo mandar por el hermano de Giulia (especialista en inmunología genética), acompañaba a Giulia a todas partes (en particular a las sesiones de terapia) y se convirtió en un experto enfermero en los últimos meses. Creo que aprendió de Giulia a comportarse en aquella situación, de forma que no se hundió depresivamente ni durante su enfermedad ni después de su muerte. Al contrario, recuerdo que los últimos meses de vida de mi madre, cuando ya estaba inmovilizada en la cama, paradójicamente, charlábamos y reíamos constantemente, a la vez que nos cuidábamos mutuamente los tres (y no sólo nosotros a Giulia).

[Elena Grau Biosca, Violeta Ibáñez Royo, Isabel Ribera Domene (eds), Giulia Adinolfi. Entre mujeres, Barcelona: Icaria, 2025]

Después de la muerte de mi madre, Manolo, a pesar de sentirse de luto, como él decía (y como demostró vistiendo de negro durante una larga temporada), tuvo una reacción menos depresiva de lo que era frecuente en él. Supongo que, en parte, su preocupación por mí debió ser una de las causas.

Al cabo de poco tiempo fue invitado a México. Como he dicho, México había sido siempre una de sus pasiones: alguna vez me dijo que incluso había empezado a aprender náhuatl de joven. Pasó en México algo más de un año, dio un curso en la Universidad Autónoma, visitó todos los lugares que conocía por sus lecturas, volvió a ver a su familia exiliada y, lo más importante, se volvió a casar. Creo que fue una época feliz para él.

Salvador López Arnal.- Eres licenciada y doctora en Matemáticas. Es conocido el interés de tu padre por la disciplina y por la filosofía de las ciencias formales. ¿Te orientó, te influyó en tus estudios? ¿Controlaba él, en alguna medida, tus decisiones?
Vera Sacristán.- Me parece evidente que mi padre tuvo mucha influencia sobre mis gustos en el tema de los estudios (y en muchos otros, creo). Su estímulo debió avivar mi interés por las matemáticas, que recuerdo muy temprano: cuando estudiaba primero de bachillerato ya tenía claro que las matemáticas eran mi asignatura preferida.

Sin embargo, la intervención directa de mi padre, de mis padres, en mis decisiones era siempre poco menos que nula. Siempre se preocuparon por saber cómo me iban las cosas, pero nunca me aconsejaron que estudiara esto o aquello. La única intervención directa que recuerdo de mi padre en mis estudios ocurrió cuando yo estudiaba primaria en la Scuola Italiana de Barcelona: en verano, me estuvo dando clases de lengua castellana, preocupado por mi desconocimiento y mis faltas de ortografía. Mientras estudié en la facultad, se interesó siempre por saber cómo me iba y, más concretamente, por saber qué me explicaban, especialmente cuando estudié asignaturas de lógica, pero nunca emitió ni tan siquiera una opinión sobre lo que me enseñaban o sobre lo que debía yo leer o hacer.

Lo que, en cambio, siempre le obsesionó era que estudiara e hiciera las cosas a fondo. Repetía con frecuencia refranes como «la letra con sangre entra, y la labor con dolor» o «primero es la obligación y luego la diversión». Mi madre tenía una versión italiana: «chi bella vuol apparire, gran dolor deve soffrire».

Salvador López Arnal.- Fuiste militante de las Juventudes Comunistas de Cataluña a mediados de los setenta. ¿Discutías con él sobre temas políticos? ¿Intentaba convencerte de sus posiciones?
Vera Sacristán.- También en este tema la influencia de mi padre debió ser importante, pero si en el tema de los estudios procuró no intervenir demasiado, en éste fue todavía más prudente: jamás me dijo si le parecía bien o mal lo que hacía, ni me preguntó exactamente qué hacía (eso también tenía que ver con las medidas de seguridad de entonces, no sólo con su discreción como padre).

Hablábamos de política como de cualquier otra cosa, pero desde el punto de vista de quien comenta las noticias del periódico, no de quien hace una discusión política de partido. Eso sí, algunas veces le pedí ayuda para algo –un seminario, un artículo– y siempre me la dio con creces.

Yo no supe que él había abandonado su actividad hasta más tarde.

Salvador López Arnal.- Se expulsó a Sacristán de la Facultad de Económicas de la UB en 1965. Más tarde, volvió brevemente (curso 72-73), y de nuevo no se le renovó el contrato. Posteriormente no se le concedió el nombramiento de catedrático extraordinario hasta muy entrado 1984. ¿Cómo vivió esas circunstancias? ¿Qué pensaba de su tardío nombramiento como catedrático?
Vera Sacristán.- Mi recuerdo es que vivimos aquello con cierta «normalidad», como si ya estuviéramos todos acostumbrados a las faenas que le hacía el régimen. Claro que la expectativa de que le nombraran catedrático nos alegraba a todos, pero como le dijo a un periodista que le preguntó: «prefiero estar con los corderos que con los cabritos».

Del curso 72-73, en cambio, no puede decirse que fuera muy «normal». Por de pronto, Manolo fue detenido aquel invierno ya no recuerdo si dos o tres veces. Por cierto que se vanagloriaba de llevar sus detenciones con mucha serenidad. Decía que era incluso capaz de dormir de pie en la celda de Jefatura donde le retenían mientras no le interrogaban. De su paso por la Modelo guardaba una cajita para medicinas que le regaló un preso común de su misma celda, y la cuidaba con muchísimo cariño.

A pesar de todo, él intentaba mantener el ritmo de sus clases. Incluso tuvo que pasarlas de su horario habitual a las ocho de la mañana, porque decía que a su hora normal siempre había asambleas y no podía dar clase. Al cabo de poco tiempo de dar clase a las ocho volvió diciendo: «ahora ya no sufro las asambleas, ahora vienen a mis clases los que van a hacer pintadas de madrugada».

Salvador López Arnal.- Rosa Rossi ha explicado que, poco después de la muerte de Giulia, tu padre estuvo leyendo y reflexionando sobre «el tema de la muerte». ¿Sabes si ha quedado algún ensayo, algún material de este estudio? ¿Impartió alguna conferencia sobre el tema?
Vera Sacristán.- Efectivamente, recuerdo que acumuló libros sobre el tema y que me hizo algunos comentarios sobre lo que leía, pero no sé gran cosa más. Es posible que Rosa, Nolasc, Juan Ramón u otros sepan algo más.

De aquella época, o un poco antes, sólo recuerdo que intervino en una mesa redonda organizada por la Asociación Española contra el Cáncer, junto con Jordi Estapé (que era el médico de mi madre), de la que volvió impresionado por la lucidez y el coraje de alguna de las enfermeras que allí hablaron.

Salvador López Arnal.- Poco después de la muerte de tus padres, se creó la Fundación Giulia Adinolfi-Manuel Sacristán. Este 1995 hará diez años del fallecimiento de Sacristán. ¿Qué actividades piensa llevar a cabo la fundación?
Vera Sacristán.- La Fundación impulsará actividades de conmemoración. Probablemente algunas se vehiculen a través de las universidades de Barcelona: conferencias y mesas redondas. Ahora mismo estamos concretando los detalles. Pretendemos, además, hacer coincidir los actos con algunas publicaciones: un texto de lógica inédito (escrito para una enciclopedia que no llegó a publicarse); un manuscrito inacabado sobre Gramsci (este trabajo tuvo probablemente que ver con la depresión de Manolo: lo estaba escribiendo entonces, lo interrumpió y quiso tirarlo; Jacobo Muñoz lo salvó); la tesis doctoral sobre Heidegger, cuya edición hace años que se agotó; y alguna publicación más como una antología de textos y otra de entrevistas. Aparecer á también un número monográfico de la revista Mientras Tanto, que Giulia y Manolo fundaron y la Fundación sigue editando.
Salvador López Arnal.- En la bibliografía que Juan-Ramón Capella publicó en el número 30-31 de mientras tanto de 1987, se da cuenta de «papeles» inéditos. ¿Se ha pensado en la edición de esos papeles? Se ha comentado también que antes de morir estaba trabajando en torno a algún ensayo sobre el tema de la dialéctica. ¿Es así?
Vera Sacristán.- Los textos que hemos hallado más o menos completos son los que he mencionado antes. Ahora bien, está pendiente el trabajo de estudiar los cuadernos de Manolo para ver si en ellos se encuentra material publicable o no.

Es cierto que estaba trabajando sobre el tema de la dialéctica, dando un curso de doctorado, etc. Nunca me dijo, sin embargo, que estuviera preparando un ensayo, lo cual no quiere decir que no se encuentre entre sus apuntes material suficientemente elaborado como para ello.

La Fundación deberá impulsar la catalogación del material que tenemos y su estudio.

Salvador López Arnal.- Permíteme finalizar haciendo referencia a tu nombre. Se ha dicho que la elección de Vera no es una mera cuestión estética. Es un homenaje a la verdad, un foco esencial que dirigió la trayectoria intelectual, política y vital de tus padres. ¿Es así? ¿Hay algún otro homenaje escondido?
Vera Sacristán.- Vera es un nombre relativamente frecuente en Italia: significa ‘verdadera’. Desde luego, no es una mera cuestión estética. Varios amigos de Manolo han sido testigos de su interés por el significado de los nombre que pretendían poner a sus hijos y hasta qué punto eso le parecía importante.

Así que no hay homenajes escondidos ni criterios meramente estéticos, sino más bien voluntad de significado.

Salvador López Arnal.- Gracias, muchas gracias.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 13 de enero de 2019

Manuel Sacristán Luzón (1925-1985), 33 años después ¿Necesitamos un Sacristán esencial?




Para los lectores y estudiosos de la obra del traductor de El capital. Para seguir tejiendo entre todos y todas sus finalidades de equidad y fraternidad.

Para Antonio Rosa, cuyo generoso trabajo, siendo entonces estudiante de bachillerato, fue absolutamente imprescindible para que Acerca de Manuel Sacristán viera la luz

Aprender filosofía es sobre todo aprender a filosofar y enseñarla enseñar a filosofar. (Manuel Sacristán, 1959)

No se entiende el mundo sin Marx. (Clara Ramas San Miguel, 2018)

Temprano, muy temprano, levantó la muerte el vuelo aquella calurosa mañana [1]. En un día como hoy -27 de agosto- de hace 33 años fallecía Manuel Sacristán, un maestro, un verdadero maestro de varias generaciones de universitarios y ciudadanos-trabajadores. Durante esos días de agosto se vio en varias ocasiones, en la casa familiar de Diagonal, con uno de sus grandes amigos: Eduard Rodríguez Farré. Su pasión compartida por la ciencia, el rigor, la lucha antinuclear y la República les unía.

Tres días antes que nos dejara, había escrito la que probablemente fue su última carta. Está dirigida al entonces preso -en la cárcel de Soria- Félix Novales Gorbea. Conviene recordarla. Es una magnífica ilustración de su enorme capacidad analítica, de su humanismo comunista, de sus opciones y gustos filosóficos, de su pulsión autocrítica (central desde 1968, desde la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia), de su indignación ininterrumpida ante todo tipo de injusticias y de su realismo político esperancista, siempre alejado de entreguismos, claudicaciones y de fáciles y alocadas ensoñaciones. Decía así:

Apreciado amigo,
Me parece que, a pesar de las diferencias, ninguna historia de errores, irrealismos y sectarismos es excepcional en la izquierda española. El que esté libre de todas esas cosas, que tire la primera piedra. Estoy seguro de que no habrá pedrea.

Si tú eres un extraño producto de los 70, otros lo somos de los 40 y te puedo asegurar que no fuimos mucho más realistas. Pero sin que con eso quiera justificar la falta de sentido de la realidad, creo que de las dos cosas tristes con las que empiezas tu carta -la falta de realismo de los unos y el enlodado de los otros- es más triste la segunda que la primera. Y tiene menos arreglo: porque se puede conseguir comprensión de la realidad sin necesidad de demasiados esfuerzos ni cambiar de pensamiento; pero me parece difícil que el que aprende a disfrutar revolcándose en el lodo tenga un renacer posible. Una cosa es la realidad y otra la mierda, que es sólo una parte de la realidad, compuesta, precisamente, por los que aceptan la realidad moralmente, no sólo intelectualmente [el énfasis es mío] (Por cierto, que, a propósito de eso, no me parece afortunada tu frase "reconciliarse con la realidad": yo creo que basta con reconocerla: no hay por qué reconciliarse con tres millones de parados aquí y ocho millones de hambrientos en en Sahel, por ejemplo. Pero yo sé que no piensas que haya que reconciliarse con eso).

Sobre la cuestión del estudio de la historia, tema de otra carta de Félix Novales, Sacristán le comentaba lo que ya le había señalado.

A principios de septiembre podré hablar con [Josep] Fontana, que estará aquí, y comentaremos el asunto. No tienes que temer en absoluto que, porque esté preso, no te vaya a decir lo que piensa. Fontana es un viejo militante, ahora sin partido, como están los partidarios de izquierda con los que él tuvo y tiene trato, pero no se despistará al respecto.

Tu mención del problema bibliográfico en la cárcel me sugiere un modo de elemental solidaridad fácil: te podemos mandar libros, revistas o fotocopias (por correo aparte) algún número de la revista [mientras tanto] que saca el colectivo en que yo estoy. Pero es muy posible que otras cosas te interesen más: dilo.

Por último, si pasas a trabajar en filosofía, ahí te puedo ser útil, porque es mi campo (propiamente, filosofía de la ciencia, y lógica, que tal vez no sea lo que te interese. Pero, en fin, de algo puede servir).

Con amistad, Manuel Sacristán

El autor de El orden y el tiempo, sabido es, no aceptó hasta el final de sus días esa parte de la realidad compuesta por los que se reconcilian, con réditos sustantivos en muchos casos y ascensos muy bien remunerados, con el mundo, grande y terrible dirá Gramsci (uno de sus mayores referentes político-filosóficos y vitales [2]), de la injusticia, la explotación y la opresión.

Por ello, y por mil razones más, no ha habitado nuestro olvido en su obra. Desde luego que no.

Para muchos historiadores y pensadores, también para mí, el traductor de Quine, Platón, Marcuse y Lukács, ha sido uno de los grandes filósofos españoles y europeos de la segunda mitad del siglo XX y, probablemente, el filósofo comunista español con mayor y más profundo conocimiento de la obra de los clásicos de la que fuera su tradición principal, no única (también de pensadores heterodoxos de diversas tendencias marxistas), una tradición que él cultivó siempre, desde su regreso del Instituto de Lógica y Fundamentos de la Ciencia de Münster en Westfalia y desde los inicios de su militancia clandestina en las filas -entonces muy poco pobladas y duramente perseguidas por el fascismo- del PCE-PSUC, de forma muy singular, siempre rigurosa, muy informada, penetrante y fructífera. A su marxismo se le notó siempre sus saberes y afición por la lógica matemática y la filosofía e historia de la ciencia (Carnap, Quine, Taton, Bunge).

Se han publicado varias obras suyas después de su fallecimiento. Juan-Ramón Capella editó en 1987 (reeditada en 2009 por Icaria-Público) una amplia antología de sus últimos escritos: Pacifismo, ecologismo y política alternativa. Su hija, Vera Sacristán, publicó en 1995 Lógica elemental, con prólogo de Jesús Mosterín, amigo suyo, su segundo libro de lógica (el título puede generar alguna confusión, "elemental" es en este caso un término técnico: Sacristán desarrolla en esta obra, fundamentalmente, la lógica proposicional y la lógica cuantificacional de primer orden, ambas forman lo que lógicos llaman "la lógica elemental"). Pere de la Fuente coeditó en Destino, en 1996, con la ayuda esencial de Antonio Rosa (entonces un joven estudiante de bachillerato del Instituto Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet, Barcelona), un libro que tuvo cierto recorrido y que contiene en su primera parte la mayor parte de las entrevistas que se le hicieron al autor de "Panfletos y Materiales": Acerca de Manuel Sacristán (Francisco Fernández Buey coeditó años después ese conjunto de entrevistas en un libro editado por los Libros de la Catarata que contiene un prólogo deslumbrante, en mi opinión, de su exclusiva autoría). Albert Domingo Curto, también un profundo conocedor de su obra, ha escrito numerosos artículos y comunicaciones sobre ella, ha editado, presentado y anotado dos libros suyos: El orden y el tiempo, su presentación interrumpida (en el momento de la detención de Gramsci) a su muy influyente Antología de Gramsci editada por Siglo XXI (recientemente reeditada por Akal) y Lecciones de filosofía moderna y contemporánea, un denso (y tal vez poco difundido y conocido) ensayo filosófico que recoge, excelentemente anotados, 18 escritos sacristanianos de épocas diversas. Desde la voz "Libertad" de 1951 hasta "Karl Marx como sociólogo de la ciencia", un extenso trabajo que escribió durante su estancia en la UNAM durante el curso 1982-83 [3].

La editorial de El Viejo Topo por su parte, ha publicado cinco libros suyos más, con prólogos y epílogos de estudiosos de su obra (Riechmann, Tello, Barceló, Carpintero, Monereo, Candel, Ovejero, Monleón Pradas): M.A.R.X, Escritos sobre El capital y textos afines, Seis conferencias, Sobre dialéctica y Sobre Gerónimo. Está pendiente de publicación (se ha anunciado para este próximo otoño, lo coedita Jordi Mir Garcia) un nuevo libro con textos de suyos y de Paco Fernández Buey: Sobre movimientos sociales alternativos.

Sus discípulos y amigos más cercanos nos ha dejado aproximaciones imprescindibles para conocer su obra y su vida. Juan-Ramón Capella, por ejemplo, aparte de artículos y bibliografías esenciales, publicó una biografía política en Trotta en 2005; Francisco Fernández Buey no cesó de escribir sobre él y su obra (la editorial del Viejo Topo publicó una amplia antología de esos escritos: Sobre Manuel Sacristán, con un documental -”Filosofando desde abajo”-, interesante donde los haya, realizado por Xavier Juncosa ). Lo mismo puede decirse de Antoni Domènech, Joaquim Sempere, Félix Ovejero, Miguel Candel, Víctor Ríos, Francesc X. Pardo, Fernando G. Jaén, Jacobo Muñoz, Alfons Barceló, Enric Tello, Pilar Fibla, Rafael Grasa, María Rosa Borràs, M.E. Aubet, Ernest García, Manolo Monereo, Joaquín Miras, Joan Tafalla... Me dejo nombres.

También han escrito en torno a él y aquellos duros años cuarenta y cincuenta del pasado siglo amigos suyos de juventud como, entre muchos otros, Esteban Pinilla de las Heras (y su imprescindible En menos de libertad), Josep Maria Castellet, Josep Fontana, Francesc Vicens, Francesc Vallverdú y, especialmente, Juan Carlos García Borrón (sería interesantísimo conocer la correspondencia entre ambos durante la estancia de Sacristán en el Instituto de Lógica de Münster). Igualmente, con resultado diverso en mi opinión, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Arnau Puig y Joan Ferrater.

Tampoco sería justo olvidar los trabajos y notas de -doy sólo algunos nombres- Jordi Torrent Bestit, José María Valverde, Manuel Monleón Pradas, Óscar Carpintero, Montserrat Galcerán (fue compañera suya en la UB), Gabriel Vargas Lozano (uno de sus entrevistadores para Dialéctica), Francisco Vázquez, Vicente Romano (compañero suyo en Münster y en el PCE), Josep M. Fradera, Fernando Broncano, Álvaro Ceballos, Carlos Piera (que le ha dedicado algún poema), Joan Martínez Alier, José María Ripalda, Javier Muguerza, Manuel Cruz, Adolfo Sánchez Vázquez, Manuel Vázquez Montalbán, Albert Corominas, Xavier Folch, César Rendueles, Ignacio Perrotini, Joan Pallisé, Pedro Ribas, Jaume Botey, Rosa Regàs, Castilla del Pino, Christian M. Martín Rubio, Laureano Bonet, Emilio Lledó o Rosa Rossi. Constantino Bértolo, en la presentación -"El misterio de Marx"- de su amplia y erudita antología de la obra de Marx -Llamando a las puertas de la revolución-, da cuenta de la decisiva importancia que Sacristán ha tenido en el conocimiento de la obra de Marx en nuestro país.

La obra del ecologista, poeta, traductor, activista y profesor Jorge Riechmann, que le ha dedicado también más de un poema, está llena de artículos, referencias y aproximaciones a la obra de Sacristán, alguien que para él, lo ha dicho en reiteradas ocasiones, ha sido también uno de sus grandes maestros al lado de René Char y John Berger (y añado yo en este caso: Paco Fernández Buey).

Por su parte, Luis Vega Reñón, Paula Olmos y Jesús Mosterín han escrito páginas decisivas sobre su obra lógica y epistemológica. Algunos de estos materiales están recogidos en Donde no habita el olvido, Editorial Montesinos, 2005, un libro coeditado entre otros por Pere de la Fuente, Manel Pau y Albert Domingo.

No han sido tan sólo discípulos, amigos de juventud, compañeros o colegas filósofos. Sin poder citar todos los nombres, presento un breve resumen (se me disculparán las ausencias).

El profesor y activista Miguel Manzanera realizó un descomunal trabajo de documentación (que nunca será suficientemente reconocido) en los archivos del PCE, del PSUC y de Francesc Vicens para su tesis doctoral, dirigida por José María Ripalda (otro de los grandes conocedores de su obra), hallando numerosos textos inéditos de la militancia clandestina del que fuera miembro del comité central del PCE. La huella de Sacristán puede verse también en otros ensayos suyos. Por ejemplo, Atravesando el desierto. Balance y perspectivas del marxismo en el siglo XXI.

Casi lo mismo puede decirse de Giaime Pala en su investigación sobre la historia del PSUC en los años sesenta, una tesis doctoral dirigida por Francisco Fernández Buey. Su reciente libro, Cultura clandestina. Los intelectuales del PSUC bajo el franquismo (Comares, Granada, 2016) es una clara muestra de su profundo conocimiento de la obra del editor de las OME.

Gregorio Morán habló también de algunos de los trabajos de Sacristán en su reconocido, influyente y extenso ensayo: Miseria y grandeza del PCE (1939-1985), reeditado por Akal con notas complementarias (y valientemente autocríticas en lo que respecta a algunas afirmaciones suyas sobre el que fuera miembro del comité ejecutivo del PSUC) con el título Miseria, grandeza y agonía del PCE.

De hecho, ya en abril de 1985, Jorge Vital de Brito Moreira (su interés y conocimiento de la obra de Sacristán ha permanecido y se ha incrementado a lo largo de estos años) escribió una tesis dirigida por el profesor Severo de Salles, la primera hasta entonces, para la obtención del grado de maestría en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM centrada en la obra de Sacristán en su primera parte: "Ciencia, concepción del mundo y programa en el marxismo".

Dos nuevas tesis, estas más recientes, se han vuelto a ocupar de la obra del traductor del Anti-Dühring desde diferentes perspectivas. La tesis del doctor José Sarrión (que ha sido publicada posteriormente en libro: Dykinson, Madrid, 2017) versa sobre la noción de ciencia en Sacristán y fue dirigida por Francisco José Martínez, autor del epílogo del ensayo. La tesis de la doctora María Francisca Fernández Cáceres, que también merece ser publicada, dirigida por otro gran estudioso de la obra del autor de "Panfletos y Materiales", José Luis Moreno Pestaña (véase entre otras aproximaciones: La normade la filosofía. La configuración del patrón filosófico español tras la guerra civil), tiene por título: "El patrimonio intelectual español. Un acercamiento desde la figura de Manuel Sacristán Luzón".

El filósofo de derecho, actual profesor de la UNAM, Pau Luque, también escribió años atrás sobre la obra de Sacristán y su concepto de la filosofía y el filosofar en un trabajo de investigación dirigido por Francisco Fernández Buey.

Filósofos más jóvenes -es muy importante que no haya saltos generacionales sin continuidades y transmisiones- han estudiado, pensado y escrito sobre él. La lista es extensa. Pueden verse sus nombres y algunas de sus aportaciones en un interesante libro editado por Jacobo Muñoz y Francisco José Martínez en 2017 con el título (que habría encantado al filósofo estudiado y homenajeado) Manuel Sacristán. Razón y emancipación.

Es prácticamente imposible encontrar un filósofo o intelectual español informado, marxista o no, que no cite la obra de Sacristán, también su praxis y su ejemplo, con reconocimiento y admiración. Existen excepciones: Francesc-Marc Álvaro y Josep Termes por ejemplo. Significativas.

Es justo destacar también su inconmensurable tarea socrático-traductora, en el buen decir de Joaquim Sempere: ¡más de 30.000 páginas traducidas! Del alemán (cinco mil de ellas de obras de György Lukács, a pesar de como él mismo dijo alguna vez no fue un filósofo lukácsiano), del griego clásico, del francés, del inglés, del italiano, del latín y del catalán (recordemos, por ejemplo, sus interesantes e influyentes trabajos sobre la obra de Joan Brossa y Raimon. El primero mereció elogios de Antoni Tàpies; el segundo de Ricard Salvat y del propio interesado).

Tres referencias complementarias son de cita obligada:

1. El imprescindible, inolvidable, casi imposible y más que meritorio trabajo del director Xavier Juncosa (y del profesor y ex alumno de Sacristán Joan Benach) que dio pie a "Integral Sacristán", ocho documentales sobre su vida y su obra (también sobre Giulia Adinolfi y sobre la estancia del autor en México en el curso 1982-1983).

2. La reciente traducción de Renzo Llorente, editor, presentador y anotador también, de una amplia e informada antología de los escritos marxistas de Sacristán al inglés para la editorial Brill: The Marxismo of Manuel Sacristán. From Comunism to the New Social Movements. Un trabajo sobresaliente en mi opinión.

3. No deben olvidarse tampoco las jornadas organizadas en la Universidad de Barcelona en 2005, en el 20º aniversario de su fallecimiento. Contaron con la presencia de muchas de las personas citadas. Víctor Ríos impartió la lección inaugural. Para todo aquello fue absolutamente imprescindible el trabajo, la entrega, la dedicación de Iñaki Vázquez Álvarez. El mismo fue coeditor de un “Viejo Topo” especial dedicado a Sacristán y de un libro que recoge las intervenciones de aquel encuentro: El legado de un maestro , un ensayo publicado por el Viejo Topo y la FIM, la Fundación de las Investigaciones marxistas, alma también de aquel homenaje

Más ejemplos podrían citarse; muchos más. Se disculparán por los olvidos. Forman parte de la cara A, la más destacada, la más importante, la más representativa de la situación.

Pero hay también una cara B que conviene comentar. En esta cara, menos positiva, destacaría un hecho singular: es muy difícil encontrar a día de hoy un libro de Sacristán (o incluso un ensayo sobre su obra) en las novedades o en el fondo de ninguna de las grandes (o menos grandes) librerías de las ciudades y pueblos españoles (y también de países latinoamericanos). Muy difícil por no decir imposible. Está también el hecho de que no se imparten muchos cursos sobre la obra del estudioso de Quine y Hermes en las facultades universitarias españolas (o hispanoamericanas o de cualquier otro país), en centros culturales alternativos, en escuela de verano o en centros cívicos por ejemplo. Sí, a veces, en escuelas de formación; el PCE es un ejemplo muy destacado en este punto. José Sarrión ha impartido varios seminarios en estas reuniones.

Sugiero por tanto, esta es la finalidad central de esta nota, que la edición de un libro básico, de un Sacristán esencial, podría evitar la primera anomalía (como mínimo durante un cierto tiempo) y ayudar lo suyo en la segunda arista, en la de los cursos de introducción y profundización, especialmente para los lectores más jóvenes (o no tan jóvenes). En general, para las personas que hasta el momento no han podido acceder a su obra.

¿Qué compondría ese Sacristán esencial, a poder ser presentado, anotado y contextualizado con lenguaje sencillo y comprensible y sin excesiva carga filosófica erudita?

Varias alternativas son posibles. Sin ningún ánimo de "totalidad", algunas posibilidades (siempre revisables) podían ser las siguientes:

1. Un Sacristán esencial (y breve) sobre Marx podría estar formado por cinco ensayos suyos: su voz "Karl Marx" de 1967, su biografía de Marx para Salvat de 1974, "¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?" de 1983, y dos de sus grandes trabajos de investigación: "El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia" (1978), incluido el coloquio de la conferencia, y "Karl Marx como sociólogo de la ciencia" (1983).

2. Un Sacristán esencial (que no debería ser extenso en demasía) sobre la tradición marxista podría incluir los trabajos anteriormente citados (menos el primero), más su prólogo del Anti-Dühring; su reseña de La destrucción de la razón de Lukács: "Sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo en Lukács" (también tal vez su penúltima conferencia "Sobre Lukács" de abril 1985); la entrevista para Cuadernos para el diálogo de 1969: "Checoslovaquia y la construcción del socialismo"; "El diálogo: consideración del nombre, los sujetos y el contexto"; "El filosofar de Lenin" (con anotaciones complementarias sobre algunas de las obras leninistas); "Russell y el socialismo", un texto injustamente poco estudiado; "Sobre el estalinismo", una conferencia de 1978; el prólogo de ¿Comunismo sin crecimiento?, de su compañero Wolfgang Harich; algunos de los trabajos recogidos en Sobre dialéctica (por ejemplo, su conferencia de 1973 sobre el tema, incluido el coloquio); "La universidad y la división del trabajo", uno de sus clásicos; "A propósito del eurocomunismo" (uno de sus textos políticos centrales); la entrevista que Jordi Guiu y Antoni Munné le hicieron para El Viejo Topo (inédita hasta 1996); sus conversaciones con las revistas mexicanas Dialéctica y Naturaleza, y, finalmente, su presentación del undécimo cuaderno de la cárcel de Gramsci.

3. Un Sacristán esencial como filósofo incluiría una gran parte de los textos que ahora pueden leerse en Papeles de filosofía más algunos textos complementarios. Un posible selección (que convendría reducir): "Libertad", "Simone Weil", "Personalismo", "Kant", "Homenaje a Ortega", "Hay una buena oportunidad para el sentido común", "Sobre el Ars Magna de Ramon Llull", "Lógica formal y filosofía en la obra de Heinrich Scholz", "Sobre el realismo en arte", "El hombre y la ciudad (Una consideración del humanismo, para uso de urbanistas)", "Studium Generale para todos los días de la semana", el coloquio de "Irracionalismo y hombre nuevo", "Algunas actitudes ideológicas ante la ciencia", "Sobre el Calculus universalis de Leibniz en los manuscritos 1-3 de abril de 1679", "El principio de la identidad de los indiscernibles en Leibniz", "De la idealidad del derecho", "Al pie del Sinaí romántico", "Un problema para tesina de filosofía", "Un apunte acerca de la filosofía como especialidad", "Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores", "Alienación", la ficha para la proyección del "Galileo" de L. Cavani, "Sartre desde el final" (o bien "Homenaje a Jean Paul Sartre"), "La ecodinámica de K.E. Boulding" y "Sobre los problemas recientemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales".

4. Un Sacristán esencial como metodólogo-filósofo de la ciencia podría incluir sus apuntes de "Fundamentos de filosofía" de 1959 y la transcripción de sus clases de Metodología de las ciencias sociales del curso 1981-82 o de 1983-84 (realizada esta última por el profesor Joan Benach). También conferencias como "Formalismo y ciencias humanas" y los dos últimos textos citados en el apartado anterior.

5. Un Sacristán esencial como ecologista podría incluir: la conferencia "De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia" (inédita), "Comunicación a las Jornadas de Ecología y política", "La situación política y ecológica en España y manera de acercarse a críticamente a esta situación desde una posición de izquierdas", "Las centrales nucleares y el desarrollo capitalista", "La función de la ciencia en la sociedad contemporánea", "¿Por qué faltan economistas en el movimiento ecologista?" (incluido el coloquio), la entrevista con la revista mexicana Naturaleza, su prólogo a ¿Comunismo sn crecimiento?, "Algunos atisbos político-ecológicos en Marx", "La tradición marxista y los nuevos problemas", "La polémica sobre el crecimiento tiene dos caras", y su última conferencia, "Introducción a los movimientos sociales".

6. Un Sacristán esencial desde el punto de vista de sus intervenciones políticas podría incluir una parte de la documentación de su militancia clandestina (la incluida como anexo en la tesis doctoral de Miguel Manzanera), algunas de sus conferencias inéditas (el guión en la mayoría de las ocasiones), "Entrevista con Escuela 75", "Entrevista con Nous Horitzons" (revista de la que fue director clandestino), algunas cartas publicadas en Materiales y mientras tanto, una selección de los escritos incluidos en Pacifismo, ecologismo y política alternativa, y, de forma destacada, "Checoslovaquia y la construcción del socialismo", "Sobre el estalinismo" y "A propósito del eurocomunismo".

7. Un Sacristán esencial sobre Heidegger (que no sería propiamente un "Sacristán esencial" tal como aquí se viene usado la expresión) debería contener la presentación que escribió Francisco Fernández Buey para la reedición por Crítica de su tesis doctoral y su artículo de Laye de 1953, "Verdad: desvelación y ley"; Las ideas gnoseológicas de Heidegger; sus aproximaciones a Heidegger en sus artículos enciclopédicos de 1958 ("La filosofía desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial hasta 1958", Enciclopedia Espasa Calpe) y 1968 ("Corrientes principales del pensamiento filosófico", Enciclopedia Labor); su "Martin Heidegger" (Enciclopedia Espasa, suplemento de 1980, escrito probablemente algo antes) y las referencias a Heidegger en sus clases de "Metodología de las Ciencias Sociales" de 1981-82 y 1983-84.

8. Un Sacristán esencial sobre Gramsci incluiría las páginas a él dedicadas en su trabajo sobre la filosofía hasta 1958, "La formación del marxismo de Gramsci", la presentación, notas e índices (con selección) de la Antología, El orden y el tiempo, la voz "Antonio Gramsci" publicada en el Diccionario de Filosofía editado por D. Runes (Sacristán coordinó la traducción con aportaciones propias), una entrevista sobre Gramsci, el esquema desarrollado de alguna conferencia, y uno de sus últimos textos, antes citado, la presentación del undécimo Cuaderno de la cárcel (traducido por su discípulo y amigo Miguel Candel).

9. Un Sacristán esencial sobre Simone Weil, un libro breve, podría reunir sus cinco reseñas, las publicadas en Laye y en Papeles de filosofía, y las voces "Personalismo" y "Simone Weil"

10. Un Sacristán esencial más general, no seleccionado temáticamente, la propuesta más arriesgada, la que mostraría su dimensión más poliédrica, podría incluir los siguientes escritos (entre los que habría que seleccionar de nuevo): "Homenaje a Ortega", "Tres grandes libros en la estacada", "Una lectura del Alfanhuí de Rafael Sánchez Ferlosio", la conferencia "Formalismo y ciencias humanas", "Studium Generale para todos los días de la semana", "La veracidad de Goethe" (o "Heine, la consciencia vencida"), "Sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo en Lukács", "Checoslovaquia y la construcción del socialismo", "La universidad y la división del trabajo", "Sobre el Calculus universalis de Leibniz en los manuscritos 1-3 de abril de 1679", "La práctica de la poesía (Joan Brossa)", "Sobre el estalinismo", alguno de sus informas editoriales (sobre Eliseo Bayo o Julio Álvarez del Vayo), "Intoxicación de masas, masas intoxicadas", "En la edición castellana del libro de W. Harich:¿Comunismo sin crecimiento?", entrevistas con Naturaleza y Dialéctica, "De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia", "La función de la ciencia en la sociedad contemporánea", "El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia", "Tradición marxista y nuevos problemas", "Karl Marx como sociólogo de la ciencia", "La OTAN hacia dentro" y la "Presentación del undécimo Cuaderno de la cárcel de Gramsci".

Las propuestas son diversas pero no son contradictorias, tal vez complementarias en algunos casos. Habría que elegir con prudencia y teniendo en cuenta la finalidad más básica. Varios Sacristanes esenciales son posibles en función de la finalidad perseguida.

Quedaría pendiente, por ahora, una edición cuidadas de sus "Obras completas", incluyendo inéditos.

Sea como fuere, conviene pensar sobre todo en las personas más jóvenes, en las personas que no le conocieron ni han conocido a ninguno de sus grandes discípulos, en quienes quieren adentrarse en su obra por primera vez, a veces con ayuda, a veces sin poder tenerla. Un seminario en la red sobre alguno de sus textos más significativos (o algunas de sus entrevistas), abierto a todas las personas interesadas, podría ser una ayuda complementaria. Muchas personas podrían coordinarlo. Cito algunos nombres: José Sarrión, Joaquín Miras, Miguel Candel, Montserrat Galcerán, José Luis Moreno Pestaña, Juan-Ramón Capella, M.ª Francisa Fernández Cáceres.

Si tal cosa no fuera posible, no pasaría nada grave e irreparable. En la red pueden encontrarse a día de hoy algunas (no todas) de sus aportaciones más importantes. Barro para casa: en rebelión por ejemplo. Podemos pensar en futuros escenarios que posibiliten una mayor presencia en librerías y en cursos.

Lo decisivo: leerle, estudiarle, y hacer lo que él hizo: pensar los clásicos, él ya lo es, con nuestra propia cabeza, sin genuflexiones acríticas y para nuestro tiempo y nuestros problemas (no muy distantes de los suyos por otra parte). El mismo Sacristán definió el marxismo en una ocasión en los siguientes términos (¡en un trabajo para una Enciclopedia en 1968!): "El autor de este artículo [MSL], por su parte, he negado que pueda hablarse de filosofía marxista en el sentido sistemático tradicional de filosofía, sosteniendo que el marxismo debe entenderse como otro tipo de hacer intelectual, a saber, como la conciencia crítica del esfuerzo por crear un nuevo mundo humano" [el énfasis es mío].

En eso estuvo, en eso estuvimos, en la creación de un nuevo mundo humano cada día más urgente y necesario. En eso mismo podemos (y debemos) seguir estando.

Notas:

(1) El 20 de mayo de 1976, cuando apenas hacía medio año del fallecimiento de aquel criminal dictador golpista que pretendió dejarlo todo atado y bien atado, se celebró en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona un acto de homenaje a Miguel Hernández, en el XXXIV aniversario de su terrible muerte. Vicky Peña fue de las organizadoras.

Sacristán fue invitado al encuentro pero no pudo asistir finalmente si bien escribió un texto para el homenaje (leído tal vez por Mario Gas). Es este:

Tiene que haber varias razones de la respuesta excepcional, en intensidad y en extensión, que está recibiendo la iniciativa de la conmemoración de Miguel Hernández. Algunas de esas razones serán compartidas por todo el mundo, y del mismo modo, más o menos; por ejemplo, la autenticidad de la poesía de Hernández, en la que, si se prescinde de algunos ejercicios de adolescencia, no se encuentra una palabra de más. Otras motivaciones serán menos generales. La mía es la verdad popular de Hernández: no sólo de su poesía, en el sentido de los escritos suyos que están impresos, sino de él mismo y entero, de los actos y de las situaciones de los que nació su poesía, o en los que se acalló.

Al decir eso pienso, por ejemplo -pero no solamente- en aquella fatal indefensión de Hernández en su cautiverio. Hernández fue un preso del todo impotente, sin enchufes, sin alivios, sin más salida que la destrucción psíquica y la muerte, como sólo lo son (con la excepción de dirigentes revolucionarios muy conocidos por el poder) los oprimidos que no someten el alma, los hombres del pueblo que no llegan a asimilarse a los valores de los poderosos, aunque sea por simple incapacidad de hacerlo y no por ninguna voluntad histórica. O por ella, naturalmente.

Las últimas notas de Hernández que ha publicado hace poco la revista Posible [6] documentan muy bien el aplastamiento moral que acompaña a la destrucción física del hombre del pueblo sin cómplices y, por lo tanto, sin valedores en la clase propietaria del estado, de las fábricas y de las cárceles.

La autenticidad popular de la poesía madura de Hernández es tan consistente porque se basa en esta segunda, en la autenticidad popular del hombre muerto, como el Otro, entre dos o más chorizos, y como ellos.

El texto emocionó e impresionó siempre a Paco Fernández Buey. Lo eligió para la contraportada de un mientras tanto especial dedicado a la obra de su amigo en el décimo aniversario de su muerte.

(2) Giulia Adinolfi, su primera esposa, y Ettore Casari, amigo y compañero en Münster, fueron esenciales en su conocimiento y aproximación al revolucionario sardo.

(3) En México se publicó como libro y apareció posteriormente en mientras tanto, en el especial dedicado a Marx en 1983, en el primer centenario de su fallecimiento.