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sábado, 12 de septiembre de 2026

Mao, la modernización y el «Viejo tonto»

Fuentes: Rebelión


El 9 de septiembre de 1976, hace ahora cincuenta años, moría Mao Zedong. Su muerte cerraba una etapa decisiva de la historia contemporánea de China, pero no clausuraba su influencia. Medio siglo después, Mao continúa presente en la memoria política y simbólica del país, aunque la China actual sea, en muchos aspectos, profundamente diferente de aquella que él gobernó. Una de las razones de esta persistencia es que, más allá de las enormes contradicciones y tragedias del maoísmo, en su pensamiento político ya estaba presente una determinada concepción de la transformación de China: la modernización como una tarea histórica de largo aliento, que exigía una voluntad colectiva capaz de afrontar obstáculos aparentemente insuperables.

Hay una parábola que permite aproximarse a esa idea con particular nitidez: la del Viejo tonto que mueve las montañas (Yugong yishan), procedente de la tradición clásica china. Según el relato, un anciano decide retirar dos enormes montañas que dificultan el paso delante de su casa. Ante las burlas de quienes consideran absurda la empresa, responde que, aunque él no consiga terminarla, continuarán sus hijos, sus nietos y las generaciones posteriores. La montaña, por tanto, acabará desapareciendo.

Mao recuperó esta parábola en momentos decisivos. En 1945, poco antes de la victoria comunista, la utilizó para expresar una idea que trascendería el contexto revolucionario inmediato: las grandes transformaciones históricas exigen perseverancia, organización y confianza en la capacidad humana para modificar una realidad aparentemente inmóvil. No era solamente una metáfora sobre la revolución. Era también una determinada filosofía de la acción histórica.

Aquí podemos encontrar una de las conexiones más sugerentes con la modernización china posterior. La China que emerge de la revolución de 1949 heredaba un país extraordinariamente atrasado, fragmentado y debilitado tras décadas de guerras, intervención extranjera y convulsión política. La recuperación de la soberanía era inseparable de la recuperación de la capacidad para transformar el país. Modernizar China no podía ser, desde aquella perspectiva, una operación limitada a la economía pues implicaba reconstruir el Estado, transformar la sociedad, elevar la educación, desarrollar la ciencia y la industria y recuperar una posición internacional acorde con su dimensión histórica.

El problema es que la voluntad transformadora del maoísmo acabó errando en varias ocasiones. El Gran Salto Adelante constituye probablemente el ejemplo más dramático. La convicción de que la voluntad política podía superar los límites económicos y materiales condujo a una movilización cuyos costes humanos y económicos fueron enormes. La Revolución Cultural llevó todavía más lejos esa lógica al considerar que la propia sociedad podía ser remodelada mediante una movilización ideológica permanente, incluso contra las instituciones, el conocimiento especializado y buena parte de la propia tradición cultural china.

La paradoja es significativa. La misma cultura política que podía proporcionar una extraordinaria capacidad de perseverancia podía alimentar también una peligrosa confianza en la omnipotencia de la voluntad política. El Viejo tonto podía representar la paciencia de las generaciones, pero también podía ser interpretado como una invitación a ignorar los límites de la realidad.

Después de la muerte de Mao, la modernización china experimentaría una profunda rectificación. Deng Xiaoping no abandonó la idea de la transformación del país, pero modificó radicalmente sus instrumentos. La prioridad pasó de la lucha de clases al desarrollo económico; de la movilización ideológica a la experimentación; de la ruptura con la tradición a la recuperación de elementos útiles del pasado; y de la voluntad de transformar inmediatamente la sociedad a la construcción gradual de las capacidades materiales necesarias para hacerlo.

En cierto sentido, el Viejo tonto regresaba, pero con una lectura diferente. La montaña ya no tenía necesariamente que ser derribada de una vez: podía ser rodeada, perforada, atravesada o removida poco a poco. La modernización china posterior a 1978 fue, en buena medida, un aprendizaje sobre cómo convertir la voluntad transformadora en un proceso más pragmático, experimental y acumulativo.

Esto ayuda también a comprender la continuidad existente entre etapas políticas que a veces se presentan como radicalmente contrapuestas. Mao, Deng y Xi representan modelos muy diferentes de ejercicio del poder y distintas fases de la modernización, pero comparten la convicción de que China debe recuperar, mediante una acción deliberada y sostenida, su capacidad de desarrollo y su posición en el mundo. La diferencia fundamental reside, en buena medida, en la respuesta a una misma pregunta: ¿Cómo se mueve la montaña?

El denguismo confió especialmente en el crecimiento, la apertura y la experimentación. A partir de los años noventa, la integración económica internacional se convirtió en una poderosa palanca de transformación. Con Xi Jinping reaparece con fuerza la dimensión estratégica y nacional de la modernización. La innovación tecnológica, la seguridad económica, la reducción de las vulnerabilidades externas, la revitalización rural, la prosperidad común o la construcción de un país fuerte forman parte de un proyecto que vuelve a subrayar la necesidad de una dirección política capaz de mantener el rumbo durante décadas.

Por eso resulta interesante contemplar los cincuenta años de la muerte de Mao no simplemente como una efeméride sobre el pasado, sino como una ocasión para preguntarnos qué permanece de aquella concepción de la transformación. La China tecnológica de las inteligencias artificiales, los vehículos eléctricos, los trenes de alta velocidad o la exploración espacial parece muy alejada del país rural y empobrecido de 1949. Y, sin embargo, detrás de esa extraordinaria transformación existe una cultura política que concede enorme importancia a la planificación, a la continuidad histórica, a la movilización de recursos y a la capacidad de perseguir objetivos durante largos periodos.

También existen, naturalmente, importantes zozobras. La historia china del último siglo demuestra que la voluntad de modernizar puede producir avances extraordinarios, pero también costes inmensos cuando carece de contrapesos, de información fiable o de capacidad para corregir los errores. Esa es quizá una de las grandes lecciones que separan la experiencia maoísta de la posterior pues no basta con saber adónde se quiere llegar; hay que saber medir el camino, reconocer los obstáculos y rectificar cuando sea necesario.

El Viejo tonto, finalmente, no es tanto el símbolo de un hombre que consigue mover una montaña como el de una sociedad que acepta que determinadas empresas históricas no se completan en una sola generación. La modernización china puede leerse así como una sucesión de generaciones que reciben una tarea, la modifican, la corrigen y la transmiten a la siguiente.

La revolución liderada por Mao pretendía cambiar China en una generación; la modernización descubrió que cambiar China era, en realidad, una tarea de generaciones. Y la parábola del Viejo tonto, mucho más antigua que el maoísmo, continúa ofreciendo una imagen poderosa de esa larga marcha que no aporta la certeza de que la montaña desaparecerá mañana, sino la convicción de que merece la pena empezar a moverla hoy.

Mao aporta muy tempranamente la idea de la transformación como empresa histórica intergeneracional, pero el maoísmo incurre en la tentación de acelerar artificialmente ese proceso; Deng introduce la paciencia, la experimentación y el pragmatismo, mientras que Xi recupera una visión más estratégica y deliberada de la modernización. 

Xulio Ríos acaba de publicar  China, la modernización permanente (Txalaparta, 2026)

viernes, 22 de mayo de 2026

"Cuando leí a Einstein me pareció más radical que el 'Che' Guevara y Mao Zedong": el aclamado físico Carlo Rovelli a la BBC

Rovelli vestido con una camisa negra y un jean está sentado en un sofá gris en el estudio del programa de televisión "Che Tempo Che Fa"

Fuente de la imagen,Stefania D'Alessandro/Getty Images

Pie de foto,Rovelli no sólo es un destacado físico teórico, sino un afamado divulgador científico.

El físico italiano Carlo Rovelli disfruta enormemente de acostarse en el sofá y hacer cálculos, le gusta pensar y escribir trabajos sobre agujeros negros y cómo se podría comprobar lo que está en la teoría. 

Pero confiesa que mantiene una lucha interna constante.

"Hay una voz en mí que dice: 'Vamos, Carlo, tú eres un científico, no hables de los problemas del mundo, solo habla de ciencia y cállate'".

Sin embargo, no es una voz que quiera obedecer. 

Y es que Rovelli, considerado uno de los físicos teóricos más destacados de las últimas décadas, se ha convertido también en un intelectual.

La revista Foreign Policy lo nombró, en 2019, uno de los 100 intelectuales globales más influyentes.

"Por casualidad, por la razón que sea, me encontré a mí mismo siendo una voz que mucha gente escucha. Es mi responsabilidad decir lo que considero son los errores que estamos cometiendo colectivamente".

El académico y autor del bestseller internacional "Siete breves lecciones de física", obra que lo catapultó al estrellato científico, conversó con el periodista de la BBC Amol Rajan en el podcast "Radical".

No solo habló del tiempo, del espacio y de por qué cree que el Big Bang pudo haber sido más bien un Big Bounce (un gran rebote), sino de su preocupación al ver cómo las potencias globales priorizan la competencia por encima de la cooperación.

También planteó que la inteligencia artificial (IA) está sobrevalorada, aunque resaltó sus usos y la necesidad de que sea regulada.

El origen del cosmos
A Rovelli aún le cuesta creer el éxito de ventas en que se convirtió "Siete breves lecciones de física", no era algo que él o su editor italiano se hubieran imaginado cuando lo publicaron en 2014.

Él cree que una de las razones es que el libro mezcla ideas de la física teórica con "las grandes interrogantes", como qué estamos haciendo aquí o quiénes somos.

"(El libro) no separa nuestras emociones, nuestra búsqueda de sentido, del conocimiento científico actual. Al contrario, trata de ver lo que ambas cosas se están diciendo entre sí".

Para el físico, en cierta forma estamos cada vez más cerca de responder las preguntas más fundamentales sobre los orígenes del universo y, al mismo tiempo, no.

"Los científicos han sido espectacularmente buenos en reconstruir lo que pasó a gran escala, en el universo, en los últimos 13, 14 mil millones de años".

"La evidencia es ahora abrumadora de que todas estas galaxias, de que todo esto era un espacio mucho más pequeño, más comprimido y caliente y que, en cierto modo, surgió de esta gran explosión, que es lo que se llama el Big Bang".

"No estamos seguros, pero podríamos estar empezando a entender lo que pasó en ese pasaje. Por ejemplo, pudo haber sido un rebote: un universo que se comprime y luego rebota".

Rovelli cree que hay una buena probabilidad de que ese haya sido el caso y de que en los próximos años los expertos en física, cosmología, astrofísica y astronomía lo puedan aclarar.

Sin embargo, todo dependerá de cuán contundente sea la evidencia que se consiga.

"Imagina que por alguna medición nos convencemos de que hubo un gran rebote (...). Pero ¿hemos respondido a la pregunta de dónde viene el universo? No".

Sería otro paso en un complejo camino hacia la respuesta.

Es como si hubiese un gran misterio detrás de una colina, pero una vez llegas a su cúspide te encuentras con un valle y lo resuelves.

"¿Lo descubriste todo? No, hay otra colina después de ese valle". Es decir, hay otro misterio que develar.

Más "inteligencia natural"
En esta búsqueda constante de conocimiento, ¿podría la IA llegar a una comprensión que los científicos no han podido alcanzar?

Rovelli es contundente: "Creo que la IA está muy sobrevalorada".

"Por el momento, permítanme decirlo con crudeza, esta tecnología va a producir algo promedio de lo que ya hay. Hasta ahora, es notablemente no creativa. Es mucho menos creativa que el peor de mis estudiantes. Puede que mejore, no lo sé".

Ilustración del espacio-tiempo de la Teoría de la relatividad de Einstein en la que se ve la Tierra sobre una malla Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

Rovelli quedó fascinado cuando aprendió las ideas revolucionarias de Einstein sobre el tiempo y el espacio.

Sin embargo, reconoce cuán útil es la IA en muchos campos, incluyendo el suyo.

Por ejemplo, es usada para hacer algunos cálculos difíciles en el área de la gravedad cuántica.

"Cuando damos un salto hacia adelante en tecnología, hay una tendencia a decir: 'Este es solo el primer paso y luego va a pasar esto y esto y esto". Pero no siempre pasa.

Él era niño cuando comenzaron los primeros vuelos entre Londres y Nueva York, un viaje que antes tomaba semanas.

La gente empezó a decir que, con los años, esas 8 horas de vuelo se reducirían a 7, luego a 6 y después a 5, 4, 3, 2 y 1 hora.

"No, 50 años después, todavía son 8 horas".

"La tecnología hace estos grandes saltos y, para mí, está lejos de ser obvio que este es solo el primer paso de un enorme crecimiento. A lo mejor lo es, no lo sé. Puede que me equivoque, pero tengo la sensación de que hay mucho bombo en torno a la IA".

Y así, se declara como Santo Tomás: si no lo ve, no lo cree.

Una manifestante con una chaqueta negra muestra una pancarta que dice: "The world wants nuclear disarmament" Fuente de la imagen,Erik McGregor/LightRocket via Getty Images Pie de foto,

Rovelli alerta sobre los graves riesgos de las armas nucleares.

Sin embargo, advierte que "no está mal ser cautelosos" con su desarrollo porque la IA "va a ser muy poderosa".

Rovelli destaca la importancia de que exista regulación, que las instituciones globales ayuden a controlar con transparencia lo que sucede en torno a esa tecnología, especialmente porque "habrá una gran inversión en IA por parte de los sectores militares de las grandes superpotencias en un intento por superarse mutuamente a través de ella".

Y esa dinámica competitiva, dice, es peligrosa.

"Desafortunadamente, vivimos en esta locura que es la disuasión nuclear, la destrucción mutua asegurada si alguien lanza una bomba nuclear. ¿Cómo los humanos han sido tan idiotas para ponerse en esta situación?"

"No creo que necesitemos más inteligencia artificial: necesitamos más inteligencia natural, dejar de hacer estupideces como matarnos unos a otros regularmente".

"La inteligencia artificial no nos va a sacar de eso: solo lo lograremos siendo razonables".

Las pequeñas burbujas en que vivimos

Al físico italiano le preocupa que nos adentremos en el siglo XXI como lo hicimos en el siglo XX.

"Guerras enormes, todo el mundo está fabricando armas, se demonizan entre sí, se sienten amenazados por los otros. Son los síntomas que llevan a conflictos mayores".

Cuenta que cada dos semanas hace un ejercicio que consiste en leer los periódicos de las principales capitales del mundo y lo que ha encontrado es una narrativa que es "divergente de una manera asombrosa".

Varios jóvenes en una manifestación. Una de las participantes levanta una pancarta que dice: Change society No climate.Fuente de la imagen,Stefano Guidi/Getty Images Pie de foto,

El físico nota la preocupación entre los jóvenes por los problemas globales, como el cambio climático.

"Cada uno de nosotros, incluido Occidente, está en su propia pequeña burbuja de historias, mientras que los demás ven el mundo de manera diferente y no es porque ellos sean autocracias y nosotros seamos democracia. No: es porque nos estamos alejando y me temo que vayamos hacia un enfrentamiento mayor".

Pero en medio de ese pesimismo, Rovelli siente que hay esperanza y es algo que le llega de muchos jóvenes a quienes ve "igualmente preocupados" por la crisis climática, el peligro nuclear, los conflictos armados y, en general, por problemas que son globales.

"Necesitamos una cultura que reconozca que somos una sola tribu en todo el planeta".

Para el físico no se trata de qué sistema político sea mejor, ese no es realmente el asunto principal. El punto es: "¿Podemos vivir juntos en este planeta y solucionar los problemas juntos?".

Un shock

Hubo una época en la que Rovelli, quien nació en 1956, quiso transformar el mundo. No estaba solo.

"La mayoría de mis amigos, y no sólo en Verona, sino en todo el mundo, pensábamos: 'Bueno, el mundo es así, pero vamos a cambiarlo para mejorarlo'".

Cómo lo harían era el tema de conversación en todos los lugares a los que iba.

Albert Einstein con un saco blanco y un pantalón oscuro sentado en un sofá, con una biblioteca atrás de él 

Albert Einstein con un saco blanco y un pantalón oscuro sentado en un sofá, con una biblioteca atrás de él

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,

Einstein es el héroe de Rovelli y no solo por sus extraordinarios aportes científicos. 

Confiesa que se sintió fuera de lugar en su preparatoria, en donde encontró maestros que no ocultaban su simpatía por el fascismo.

Parte de su juventud la recuerda viajando, leyendo muchísimo y, siguiendo su propio camino. Como muchas personas, creía en el amor libre, pero no en las fronteras o el ejército.

Se consideraba un radical y, aunque se inscribió en la universidad, realmente no asistía a las clases con regularidad. Le encantaba estudiar solo y, cuando lo necesitaba, se acercaba a los profesores para hacerles preguntas.

Hasta que algo pasó.

"Llegué a la física moderna, a la mecánica cuántica y a la relatividad general (de Albert Einstein) que eran los temas principales de las clases".

"Leer lo que habían descubierto los científicos en el siglo XX sobre la naturaleza de la realidad fue como un shock".

Se sumergió en la teoría de la relatividad general y quedó absolutamente cautivado con ella. De hecho, le pareció "más radical que el 'Che' Guevara y Mao Zedong".

Y es que las ideas de Einstein fueron absolutamente radicales.

Carlo Rovelli con una camisa azul en un fondo rojoFuente de la imagen,Leonardo Cendamo/Getty Images Pie de foto,Hace unas décadas, Rovelli fue uno de los fundadores de la teoría de la gravedad cuántica de bucles o teoría de los bucles. 


Carlo Rovelli con una camisa azul en un fondo rojo

Fuente de la imagen,Leonardo Cendamo/Getty Images

Pie de foto,Hace unas décadas, Rovelli fue uno de los fundadores de la teoría de la gravedad cuántica de bucles o teoría de los bucles.

"El tiempo y el espacio no son algo fijo ahí fuera. Son solo una manifestación de un campo. Las cosas no pasan en el espacio y en el tiempo, sino que pasan por sí mismas y el espacio y el tiempo son solo maneras en que describimos el acontecimiento de las cosas. Es un cambio profundo, una forma radical de pensar".

Si la teoría de la relatividad nos dice que el espacio y el tiempo no son lo que pensábamos que eran, la mecánica cuántica, que describe el mundo a escala atómica y subatómica, nos habla de "todo".

"Cada pedacito de materia, cada componente del universo, cada objeto, no los debes pensar por sí solos. No puedes describir una cosa por sí misma, sino cómo las cosas se afectan unas a otras, cómo se ven entre sí. Eso es lo que la mecánica cuántica describe".

Rovelli asumió el reto de ayudar a conciliar dos de las grandes teorías del siglo XX: la mecánica cuántica y la relatividad general.

En este sentido, ha dedicado gran parte de su carrera a construir, junto a colegas, la llamada teoría de la gravedad cuántica de bucles.

Su héroe

Hay varias razones por las que Einstein es el héroe de Rovelli y no todas son científicas.

En octubre de 1914, el físico alemán firmó, junto a tres académicos, un texto pacifista contra la Primera Guerra Mundial que se llamó "Manifiesto a los europeos".

Allí hacían un llamado a la unidad de Europa e instaban al cese inmediato de hostilidades para evitar a toda costa una guerra fratricida.

"Escribieron un texto hermoso, que desafortunadamente nadie siguió, en el que decían: ¿qué estamos haciendo? Esto es una locura completa. Todos somos gente civilizada. Lo peor que podemos hacer es empezar a matarnos".

"Me gustaría que muchos intelectuales hoy vieran eso, poder tener el coraje de alzar la voz, incluso contra la narrativa prevaleciente, y decir 'no nos debemos dejar llevar por el miedo al otro o por un deseo de ser el más poderoso, sino que debemos trabajar en colaboración'".

Rovelli espera continuar haciendo sus cálculos en el sofá y disfrutando sus investigaciones sobre la gravedad cuántica, pero sin dejar de apostar por el mundo en el que cree, uno en el que la cooperación prime por encima de la competitividad.

La lucha real, dice, es la de la colaboración contra la confrontación.

*Esta nota está basada en la conversación entre Amol Rajan y Carlo Rovelli, y ha sido editada para mayor claridad. Si quieres escuchar la entrevista completa en inglés, puedes hacerlo en BBC Sounds.

"Los científicos han sido espectacularmente buenos en reconstruir lo que pasó a gran escala, en el universo, en los últimos 13, 14 mil millones de años".

"La evidencia es ahora abrumadora de que todas estas galaxias, de que todo esto era un espacio mucho más pequeño, más comprimido y caliente y que, en cierto modo, surgió de esta gran explosión, que es lo que se llama el Big Bang".

"No estamos seguros, pero podríamos estar empezando a entender lo que pasó en ese pasaje. Por ejemplo, pudo haber sido un rebote: un universo que se comprime y luego rebota".

Rovelli cree que hay una buena probabilidad de que ese haya sido el caso y de que en los próximos años los expertos en física, cosmología, astrofísica y astronomía lo puedan aclarar.

Sin embargo, todo dependerá de cuán contundente sea la evidencia que se consiga.

"Imagina que por alguna medición nos convencemos de que hubo un gran rebote (...). Pero ¿hemos respondido a la pregunta de dónde viene el universo? No".

Sería otro paso en un complejo camino hacia la respuesta.

Es como si hubiese un gran misterio detrás de una colina, pero una vez llegas a su cúspide te encuentras con un valle y lo resuelves.

"¿Lo descubriste todo? No, hay otra colina después de ese valle". Es decir, hay otro misterio que develar.

Más "inteligencia natural"

En esta búsqueda constante de conocimiento, ¿podría la IA llegar a una comprensión que los científicos no han podido alcanzar?

Rovelli es contundente: "Creo que la IA está muy sobrevalorada".

"Por el momento, permítanme decirlo con crudeza, esta tecnología va a producir algo promedio de lo que ya hay. Hasta ahora, es notablemente no creativa. Es mucho menos creativa que el peor de mis estudiantes. Puede que mejore, no lo sé".

Ilustración del espacio-tiempo de la Teoría de la relatividad de Einstein en la que se ve la Tierra sobre una malla 

Rovelli quedó fascinado cuando aprendió las ideas revolucionarias de Einstein sobre el tiempo y el espacio.

Sin embargo, reconoce cuán útil es la IA en muchos campos, incluyendo el suyo.

Por ejemplo, es usada para hacer algunos cálculos difíciles en el área de la gravedad cuántica.

"Cuando damos un salto hacia adelante en tecnología, hay una tendencia a decir: 'Este es solo el primer paso y luego va a pasar esto y esto y esto". Pero no siempre pasa.

Él era niño cuando comenzaron los primeros vuelos entre Londres y Nueva York, un viaje que antes tomaba semanas.

La gente empezó a decir que, con los años, esas 8 horas de vuelo se reducirían a 7, luego a 6 y después a 5, 4, 3, 2 y 1 hora.

"No, 50 años después, todavía son 8 horas".

"La tecnología hace estos grandes saltos y, para mí, está lejos de ser obvio que este es solo el primer paso de un enorme crecimiento. A lo mejor lo es, no lo sé. Puede que me equivoque, pero tengo la sensación de que hay mucho bombo en torno a la IA".

Y así, se declara como Santo Tomás: si no lo ve, no lo cree.

Una manifestante con una chaqueta negra muestra una pancarta que dice: "The world wants nuclear disarmament" 

Rovelli alerta sobre los graves riesgos de las armas nucleares.

Sin embargo, advierte que "no está mal ser cautelosos" con su desarrollo porque la IA "va a ser muy poderosa".

Rovelli destaca la importancia de que exista regulación, que las instituciones globales ayuden a controlar con transparencia lo que sucede en torno a esa tecnología, especialmente porque "habrá una gran inversión en IA por parte de los sectores militares de las grandes superpotencias en un intento por superarse mutuamente a través de ella".

Y esa dinámica competitiva, dice, es peligrosa.

"Desafortunadamente, vivimos en esta locura que es la disuasión nuclear, la destrucción mutua asegurada si alguien lanza una bomba nuclear. ¿Cómo los humanos han sido tan idiotas para ponerse en esta situación?"

"No creo que necesitemos más inteligencia artificial: necesitamos más inteligencia natural, dejar de hacer estupideces como matarnos unos a otros regularmente".

"La inteligencia artificial no nos va a sacar de eso: solo lo lograremos siendo razonables".

Las pequeñas burbujas en que vivimos

Al físico italiano le preocupa que nos adentremos en el siglo XXI como lo hicimos en el siglo XX.

"Guerras enormes, todo el mundo está fabricando armas, se demonizan entre sí, se sienten amenazados por los otros. Son los síntomas que llevan a conflictos mayores".

Cuenta que cada dos semanas hace un ejercicio que consiste en leer los periódicos de las principales capitales del mundo y lo que ha encontrado es una narrativa que es "divergente de una manera asombrosa".

Varios jóvenes en una manifestación. Una de las participantes levanta una pancarta que dice: Change society No climate.

El físico nota la preocupación entre los jóvenes por los problemas globales, como el cambio climático.

"Cada uno de nosotros, incluido Occidente, está en su propia pequeña burbuja de historias, mientras que los demás ven el mundo de manera diferente y no es porque ellos sean autocracias y nosotros seamos democracia. No: es porque nos estamos alejando y me temo que vayamos hacia un enfrentamiento mayor".

Pero en medio de ese pesimismo, Rovelli siente que hay esperanza y es algo que le llega de muchos jóvenes a quienes ve "igualmente preocupados" por la crisis climática, el peligro nuclear, los conflictos armados y, en general, por problemas que son globales.

"Necesitamos una cultura que reconozca que somos una sola tribu en todo el planeta".

Para el físico no se trata de qué sistema político sea mejor, ese no es realmente el asunto principal. El punto es: "¿Podemos vivir juntos en este planeta y solucionar los problemas juntos?".