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martes, 7 de marzo de 2023

La moción de censura no es una broma.

El Ramón Tamames de 2023 no puede ser, en ningún caso, el Felipe González de 1980. Su candidatura es un esperpento que viene a poner de manifiesto el deterioro institucional que estamos alcanzando.

La moción de censura en la Constitución cumple una doble función. Destituir al presidente del Gobierno que se ha inhabilitado con su conducta para poder continuar ejerciendo como tal o proporcionar a los ciudadanos en un momento de crisis la oferta de un candidato con un programa de gobierno con credibilidad para reducir la incertidumbre.

Para lo primero es imprescindible que el candidato propuesto al menos por 50 diputados cuente con la mayoría absoluta en el Congreso que la Constitución exige para que la moción prospere. Es lo que ocurrió en julio de 2018, cuando 50 diputados socialistas presentaron una moción de censura contra Mariano Rajoy encabezada por Pedro Sánchez. Tras la sentencia dictada por la Audiencia Nacional, en la que quedó acreditada la corrupción del PP presidido por Rajoy, resultaba insoportable que pudiera continuar ejerciendo como presidente del Gobierno.

Rajoy tenía la opción de presentar la dimisión y de que se abriera un nuevo proceso de investidura con otro candidato del propio PP, pero, al negarse a hacerlo, a pesar de que Pedro Sánchez se lo ofreció hasta el momento inmediatamente anterior a la votación, no quedó otra vía que votar la moción para desalojarlo. Así lo entendió una muy amplia mayoría absoluta del Congreso de los Diputados, que votó simultáneamente la censura de Mariano Rajoy y la investidura de Pedro Sánchez.

Para la segunda no es indispensable contar con la mayoría absoluta del Congreso. Ocurre más bien lo contrario. Los diputados que presentan la moción y el candidato que la encabeza saben que no cuentan con esa mayoría y que la moción no va a prosperar. Y sin embargo, la presentan porque entienden que, dada la gravedad de la crisis y la incertidumbre de la ciudadanía, es importante que se ponga de manifiesto que hay un candidato con un programa con suficiente credibilidad para hacer frente a la misma en el futuro.

Este fue el sentido de la moción de censura presentada por el grupo parlamentario socialista en mayo de 1980 contra Adolfo Suárez con Felipe González como candidato a la presidencia. La moción no prosperó, pero quedó claro que había una alternativa de gobierno con credibilidad, como quedaría acreditado poco más de dos años después.

Estas son las dos únicas mociones de censura plenamente constitucionales que se han presentado desde la entrada en vigor dela Constitución. Las dos han cumplido cabalmente la función que la Constitución atribuye a la institución.

Las otras dos, la de AP en los años ochenta con Antonio Hernández Mancha como candidato alternativo a Felipe González y la de Vox en esta misma legislatura con Santiago Abascal como candidato alternativo a Pedro Sánchez, han sido mociones de censura solo formalmente. No es que no tuviera ninguna de ellas posibilidad de prosperar, sino que ni siquiera podían ser justificadas ante la ciudadanía de una manera objetiva y razonable. Ambas fueron mociones de censura disparatadas, que acabaron en el primer caso con la carrera política de Hernández Mancha y en el segundo, con un “revolcón” para Santiago Abascal, en el que jugó un papel muy destacado Pablo Casado.

En estos días se está poniendo en marcha una nueva moción de censura por parte de Vox contra Pedro Sánchez, que ya no cabe calificar simplemente de disparatada, sino de algo más. En primer lugar, por el tiempo transcurrido desde el momento en que el presidente de Vox anunció la presentación hasta el momento en que ha sido registrada en el Congreso. Es imposible de entender que, si la situación en España es tan terrible e insostenible como Santiago Abascal predica, se tarde tanto tiempo en intentar ponerle fin.

Pero también por el lastimoso peregrinaje para encontrar a alguien que estuviera dispuesto a encabezarla. Que al final únicamente una persona como Ramón Tamames, de quien yo, como muchos otros ciudadanos, hemos aprendido mucho pero cuya trayectoria política ha sido tan voluble, haya aceptado el ofrecimiento, habla por sí mismo.

Con esta moción de censura no se pueden cumplir ninguno de los dos objetivos que los constituyentes, entre los que se encontraba Tamames, atribuyeron a la institución. Ni se puede destituir a Pedro Sánchez como presidente, ni se puede presentar ante los ciudadanos una oferta de futuro que los tranquilice. El Ramón Tamames de 2023 no puede ser, en ningún caso, el Felipe González de 1980. Su candidatura es un esperpento, que viene a poner de manifiesto el deterioro institucional que estamos alcanzando.

La moción de censura no es una broma. Es una de las operaciones políticas más relevantes de todas las que la Constitución contempla. No deja de ser paradójico que sea el PSOE, cuyo Gobierno es calificado de ilegítimo, el único partido que ha presentado dos mociones de censura dignas de tal nombre, mientras que los partidos que se autocalifican de constitucionalistas hayan sido incapaces de hacerlo.

https://www.eldiario.es/contracorriente/mocion-censura-no-broma_132_9999141.html Javier Pérez Royo,