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lunes, 11 de julio de 2016

Réplica a Jesús García Blanca. La ciencia (en general) no es un departamento servicial del Capital y el mal.

Aunque convencidos de que las contradicciones entonces aludidas se han agudizado, sin embargo, ahora nos sentimos un poco menos perplejos (lo que no quiere decir más optimistas) respecto de la tarea que habría que proponerse para que tras esta noche oscura de la crisis de una civilización despuntara una humanidad más justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebaño de atontados ruidosos en un estercolero químico, farmacéutico y radiactivo. La tarea, que, en nuestra opinión, no se puede cumplir con agitada veleidad irracionalista, sino, por el contrario, teniendo racionalmente sosegada la casa de la izquierda, consiste en renovar la alianza ochocentista del movimiento obrero con la ciencia. Puede que los viejos aliados tengan dificultades para reconocerse, pues los dos han cambiado mucho: la ciencia, porque desde la sonada declaración de Emil Du Bois Reymond -ignoramus et ignorabimus, ignoramos e ignoraremos-, lleva ya asimilado un siglo de autocrítica (aunque los científicos y técnicos siervos del estado atómico y los lamentables progresistas de izquierda obnubilados por la pésima tradición de Dietzgen y Materialismo y Empiriocriticismo no parezcan saber nada de ello); el movimiento obrero, porque los que viven por sus manos son hoy una humanidad de complicada composición y articulación. Editorial del número 1 de la revista mientras tanto (1979)

Agradezco a Jesús García Blanca [JGß] el tono de su réplica crítica. Más, si cabe, su “apreciada Rosa”. Algunas observaciones sobre el texto del “apreciado Jesús”: “Fundamentalismos científicos contra la salud” [1]:

1. Lo abre con dos citas: a) “Lo que mueve a la Ciencia no es la voluntad de saber sino la voluntad de dominar”. Humberto Galimberti b) “Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares, lo que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica”. Emmanuel Lizcano.

No acabo de ver la veracidad general de ninguna de las dos reflexiones. No veo qué voluntad de dominar moviera a Einstein, Gauss, Szilard o Gödel ni veo que esa desmesura criticada por Lizcano valga para la mayor parte de los científicos y prácticas científicas (aunque tal vez para algunos). Presentar a la ciencia como la ideología dominante de nuestro mundo es estar muy alejado de la realidad real.

1.1. No entro en el asunto ciencia-ideología, tema de complejo desarrollo que exige muchos matices. Por si fuera necesario: los científicos, como el resto de ciudadanos (sociólogos, filósofos, escritores, ingenieros, etc), suelen moverse en determinadas coordenadas ideológicas (algunas de ellas, ciertamente, muy masculinas). Pero no veo que eso afecte a las conquistas epistemológicas de la teoría de los números, de la epigenética o de la física cuántica. Otra cosa es como se presente en sociedad, como se “venda” la ciencia por parte de algunos de sus practicantes o de sus vendedores.

1.1.1. No hay ninguna que algunos “divulgadores de la ciencia” (como ocurre en tantas otras disciplinas) juegan a eso que se critica. Algunos, no todos, ni la ciencia.

2. JGB presenta así a los fundamentalistas científicos, “cuyas características y pautas de actuación resumo”:

A. “Proclaman constantemente su supuesto escepticismo mientras su actitud, comportamiento e ideas lo traicionan dejando al descubierto su auténtica naturaleza de cerrado dogmatismo”. ¿Algún ejemplo por favor? ¿De qué dogmatismo hablamos cuando hablamos de dogmatismo?

B. “Conceden a la ciencia el mismo estatus que una religión poseedora de la verdad absoluta fuera de la cual no existe salvación. Para ellos la Ciencia es la única vara de medir, el único camino al conocimiento”. Si existe esos fundamentalistas, no son científicos; son otra cosa, vendedores de humo tal vez. La ciencia es otra cosa, nada que ver con verdades absolutas, lo contrario del espíritu científico.

C. “Se consideran inmersos en una guerra santa. Su vocabulario, discurso y concepto de la realidad es de corte religioso-paranoide. Por supuesto, ellos están en el bando correcto y en posesión de la verdad frente a un enemigo que es irracional y a quien hay que combatir o convertir al precio que sea”. ¿Guerra santa? Sinceramente, no sé de qué se habla. ¿Criticar el irracionalismo anticientífico, el discurso que afirma que se cura el cáncer teniendo pensamiento positivo y mirando nuestro interior es mantener un discurso de carácter religioso-paranoide? Ningún científico que se precie considera que posee la verdad, ninguno. La descripción muestra un conocimiento muy externo de las ciencias.

D. “Su discurso está impregnado de intolerancia, fanatismo, etnocentrismo científico y fascismo subyacente”. ¿Fascismo subyacente? ¿Leo mal o se afirma que el discurso de los científicos tiene esas características? ¿El discurso de todos los científicos, incluso de aquellos que combatieron el fascismo y fueron asesinados en comisarías o en campos de exterminio? ¿Afirmar la validez del principio de incertidumbre, por ejemplo, es estar impregnado de intolerancia fanatismo, etnocentrismo? ¿Cuando los científicos advierten de los peligros atómicos emiten también un discurso fascistoide? ¿Lo mismo cuando alertan del cambio climático o de la existencia de la capaz de ozono o de los límites del crecimiento? ¿Barry Commoner también emitió un discurso impregnado de esas características?

E. “No buscan la verdad sino defender lo establecido. No dudan, niegan”. ¿Qué nudos de lo establecido defienden las comunidades científicas de manera transversal? ¿Un ejemplo? ¿Las desigualdades sociales como en el caso de V. Navarro, Joan Benach, Carles Muntaner, Carme Valls y tantos otros y otras?

F. “Su estrategia básica es la descalificación, el ataque personal, la ridiculización y la difamación. Su “argumentación” –cuando la hay- es una suma de falacias y prejuicios: apelación a la autoridad, a la mayoría, al consenso, al academicismo y hasta a la generalización más burda”. Cualquier científica sabe que todo eso no vale un pimiento, que las falacias son la destrucción de todo saber.

G. “Carecen de capacidad de autocrítica. Todas las cualidades que proclaman como necesarias -dudar, analizar, examinar y racionalizar- jamás las utilizan con sus propias creencias que, curiosamente, coinciden siempre con lo establecido, con los intereses del Poder”. ¿Con los intereses del Poder? Por ejemplo, en los casos de Galileo, Servet, Darwin, Vavilov,.. ¡Vivir para leer!

3. Un campo de actividad particularmente intenso, señala mi crítico, es el de la salud. “Los fundamentalistas son una pieza clave de la guerra contra cualquier alternativa al modelo médico dominante y vienen desplegando una gran actividad en ese sentido: artículos en sus webs, participación en medios de comunicación, intervención en redes sociales, intentos de boicot a todo tipo de actos relacionados con las medicinas naturales...”. ¿Alternativas al modelo médico dominante? ¿Por ejemplo? ¿Las corrientes antivacunas? ¿Las que negaron y niegan a existencia del SIDA?

4. Lo que le preocupa a mi interlocutor “es que una autora que ha demostrado en estas páginas ser una persona crítica con el poder, reproduzca de modo directo o indirecto las diatribas de grupos y personas que se amparan en la ciencia para atacar otras formas de conocimiento y en particular otros enfoques de la salud”. ¿Qué cosas he reproducido? ¿A qué otras formas de conocimiento se refiere? ¿A qué otros enfoque en salud? ¿Las de cuentistas con cuentos sin ningún fundamento que sacan grandes tajadas crematísticas engañando a gentes desesperadas (tengo ejemplos muy próximos)? ¿Está hablando de estas prácticas médicas alternativas?

Lo que explica del caso, del terrible caso de Julián Rodríguez, me parece totalmente desenfocado. Más aún, impropio incluso de un compañero con mirada crítica. Pero no entro en ello. El tiene razón en su descripción y yo estoy equivocada. Eso sí, sus palabras finales -que me producen temblor y algo de horror- resumen su posición:

“Conste que no creo que cualquier cosa sea válida y menos aún en el campo de la salud y de su cuidado y prevención, pero teniendo en cuenta el evidente fracaso de una medicina que se autodenomina científica mientras mantiene su alianza con una industria que pisotea los más elementales criterios del método científico controlando toda la cadena –investigación, publicación, autorizaciones de agencias, formación e información de masas- para que sirva a los fines económicos de unos y académicos de otros, teniendo en cuenta la innegable catástrofe sanitaria que esto viene provocando y teniendo presente las enormes posibilidades de numerosas disciplinas y técnicas alternativas honestas, eficaces y seguras, esta lucha contra ellas es una guerra contra nuestra propia salud”.

Desde mi punto de vista, éste es un ejemplo más de la confusión que domina algunos sectores de izquierda. ¿Alianza de la ciencia con la industria? Pienso en amigos y maestros míos médicos y me escandalizo. ¿Amigos ellos de la industria, gentes que se le han jugado una y mil veces criticando manipulaciones y despropósitos? ¿A qué desastres hará referencia mi interlocutor? ¿De qué disciplinas y técnicas alternativas honestas está hablando? ¿Eficaces, seguras? ¿En qué? ¿Guerra de médicos comprometidas durante décadas en guerra contra nuestra propia salud? ¿Pero de qué estamos hablando?

Notas.

[1] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=213332