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lunes, 20 de abril de 2026

No pagar impuestos, el privilegio de la nueva aristocracia

Un manifestante sostiene una pancarta que pide gravar a los ricos, en la ciudad francesa de Nantes, en septiembre de 2025.
Stephane Mahe (REUTERS)

No existe ninguna justificación para un sistema regresivo en el que los más ricos contribuyen menos que el resto

Hoy existen más desigualdades de rentas y riqueza que nunca. En la ciudad de Nueva York, la renta media por hogar es de 131.000 dólares. Si no hubiera esa desigualdad tan pronunciada, los neoyorquinos podrían vivir razonablemente bien. En lugar de ello, un puñado de personas situadas en la cima de la escala acapara una riqueza inmensa mientras millones de habitantes tienen dificultades simplemente para llegar a fin de mes. Algunos no lo consiguen. Para ellos, Nueva York se ha vuelto, en definitiva, inasequible.

Este grado tan desmesurado de desigualdad tiene enormes consecuencias económicas, políticas y sociales. Socava la cohesión social y política, erosiona la confianza en las instituciones y empuja a la gente a pensar, con razón, que el sistema está amañado.

Casi la quinta parte de los multimillonarios de Estados Unidos viven en Nueva York, lo que constituye la mayor concentración de riqueza de todo el país. Pero la desigualdad no es un problema exclusivo de Nueva York, ni siquiera de Estados Unidos, aunque en este país haya más desigualdades que en casi cualquier otra economía avanzada. Es una crisis mundial.

El informe mundial sobre las desigualdades, encargado durante la presidencia sudafricana del G-20, reveló que, entre 2000 y 2024, el 1% más rico acaparó el 41% de toda la riqueza nueva, mientras que la mitad más pobre de la humanidad solo se quedó con el 1%. Este rumbo es insostenible.

Uno de los síntomas más claros de este desequilibrio es el aumento de la riqueza extrema. En 1987, los multimillonarios poseían una riqueza equivalente al 3% del PIB mundial. Hoy, esa élite diminuta —el 0,0001 % de la población mundial— posee una riqueza que equivale nada menos que al 16% del PIB mundial.

A medida que se concentra la riqueza, también lo hace el poder: el poder de influir en las elecciones, determinar las políticas, escorar los mercados y definir los términos del debate público.

Uno de los factores que más impulsan esta tendencia es nuestra incapacidad colectiva para gravar verdaderamente a los más ricos. Hasta hace poco, era difícil medir la magnitud del problema. Los datos públicos no registran las contribuciones fiscales de los ultrarricos. Sin embargo, en los últimos tiempos ha habido una avalancha de estudios que analizan precisamente ese aspecto y llegan a unas conclusiones claras.

En los años sesenta del siglo pasado, los 400 estadounidenses más ricos dedicaban aproximadamente el 50% de sus ingresos a pagar impuestos en las diferentes administraciones públicas. Hoy pagan alrededor del 24%.

No ocurre solo en Estados Unidos. En toda Europa —incluidos Francia, Italia y los Países Bajos— y en países como Brasil, los investigadores observan el mismo patrón: los tipos impositivos reales que pagan los más ricos son prácticamente los más bajos de todos. No solo se les da bien generar riqueza, sino también eludir y evadir impuestos.

Además, cuando pagan, aportan mucho menos de lo que les correspondería, pese a que son ricos, en gran parte, gracias a las inversiones públicas: contratos públicos, una mano de obra muy cualificada, un Estado de derecho que facilita la actividad empresarial y unas buenas infraestructuras e incluso las tecnologías básicas en las que se apoya su “innovación”. El peso recae fundamentalmente sobre los trabajadores, cuyos impuestos sostienen esos mismos sistemas que hacen posible la riqueza extrema.

Ya es hora de que abordemos este problema entre todos.

Podemos discrepar sobre cómo de progresivos deben ser los sistemas impositivos: es decir, sobre cuánta más proporción de sus ingresos deben dedicar los ricos a pagar impuestos que el resto de la población. Pero no existe nada que justifique un sistema regresivo en el que los más ricos contribuyen menos que los demás. Esa es la forma de que las desigualdades aumenten y se perpetúen.

Durante mucho tiempo, se ha descartado la posibilidad de hacer reformas porque se pensaba que eran demasiado complejas o políticamente inviables, a pesar de que los votantes de todas las tendencias políticas apoyan con entusiasmo que los ricos paguen lo que deben.

Eso está empezando a cambiar.

En 2024, bajo la presidencia de Brasil, el G-20 incluyó este problema entre sus prioridades y se comprometió a aplicar una fiscalidad más eficaz a las personas con un patrimonio neto desmesurado. El grupo encargó un informe en el que se proponía un impuesto mínimo sobre el patrimonio del 2% para los más ricos, una forma sencilla de garantizar que cumplan con sus obligaciones para con la sociedad.

La idea, de gran calado, ha tenido un efecto dominó. En 2025, España y Brasil se comprometieron a encabezar una coalición de países para ponerla en práctica. Este fin de semana, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se reúnen en Barcelona con los jefes de Estado de Sudáfrica, México, Colombia y muchos otros países para impulsar el proyecto.

En Francia, la Asamblea Nacional aprobó una variante de este impuesto mínimo, aunque el Senado, conservador, lo bloqueó. Aun así, sigue siendo un tema muy presente en el debate nacional; igual que ocurrió en su día con el propio impuesto sobre la renta, que se encontró con una resistencia similar por parte de las fuerzas conservadoras antes de convertirse en ley. En Estados Unidos se está produciendo un cambio de paradigma. El próximo mes de noviembre, los votantes de California decidirán si se instaura un impuesto sobre el patrimonio de los multimillonarios. El Estado de Washington ha aprobado un impuesto sobre la renta del 9,9 % para las rentas superiores a un millón de dólares, que entrará en vigor en 2028. En Nueva York, estamos pidiendo a las autoridades estatales que aumenten los impuestos a los ricos y a las grandes empresas para cerrar el déficit presupuestario de la ciudad y financiar servicios públicos esenciales, como viviendas asequibles y cuidados infantiles. Y ya estamos progresando en un nuevo impuesto sobre las segundas residencias en la ciudad, que se aplicará a los ultrarricos y a las élites internacionales.

Estos no son más que los primeros pasos para restablecer un principio social básico: que quienes más tienen deben aportar lo que les corresponde para que todo el mundo pueda vivir con dignidad.

La idea de que los multimillonarios deben pagar tipos impositivos más elevados que los trabajadores no es ningún concepto radical. Lo que es radical es un sistema en el que la riqueza extrema convive con las penurias generalizadas y en el que esos multimillonarios, en la práctica, se las arreglan para no contribuir a la sociedad que les ha permitido triunfar.

Cuanto más tardemos en solucionar esta situación, más se atrincherarán la riqueza y el poder económico y político y, por tanto, más se consolidará los privilegios de la aristocracia contemporánea.

Joseph E. Stiglitz es premio Nobel de Economía, catedrático de la Universidad de Columbia y economista jefe del Instituto Roosevelt; Zohran Mamdani es alcalde de Nueva York; Gabriel Zucman es profesor de Economía en la Escuela de Economía de París y en la École normale supérieure – PSL, y director fundador del Observatorio Fiscal de la UE.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

viernes, 5 de noviembre de 2021

Los Pandora Papers a la suiza. Más de 33.000 sociedades offshore registradas


Como en la mitología griega, una vez que los males endemoniados comenzaron a escaparse de la Caja de Pandora, nadie los pudo detener. Hoy, los Papeles de Pandora (Pandora Papers) destapados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) este mes de octubre siguen produciendo humo — cuando no incendios– en los más variados rincones del planeta.

En la pequeña Suiza, de apenas 40.000 kilómetros cuadros de superficie y un poco más de 8 millones de habitantes, se baten todos los récords de empresas offshore. Según una reciente investigación que la organización no gubernamental helvética Public Eye (Mirada Ciudadana) (https://www.publiceye.ch/fr/ )realizó a partir de datos extraídos de los Pandora Papers (https://www.icij.org/investigations/pandora-papers/), en este país alpino se registran 33.000 sociedades-buzón aun cuando no realizan ninguna actividad económica local. Hecho relevante: este tipo de estructura jurídica está implicada en casi la mitad de las sospechas de corrupción y blanqueo de dinero denunciadas ante las autoridades federales.

Las offshore se encuentran en cuatro cantones: Ginebra “internacional”, el más atractivo, con apenas medio millón de habitantes, es el campeón con 13.638 sociedades de este tipo, lo que representa un tercio de todas las empresas inscritas en su registro mercantil. Le siguen el Tesino (Suiza italiana), con 9.816; Zug, con 6.306 y, por último, Friburgo, donde residen 3.064. La investigación habría probado que al menos 90 de esas empresas han realizado actividades directas para favorecer la evasión fiscal.

Sin oficina, sin más personal que un administrador que gestiona las cuentas y la correspondencia, la existencia de las empresas offshore, buzóno domiciliarias, se reduce prácticamente a pequeñas placas identificatorias en el exterior de los edificios de barrios financieros. Dichas entidades se registran por docenas en locales fantasmas, desde donde los bufetes de abogados generalmente administran las actividades diarias a través, solamente, de un servicio telefónico de contacto.

De Panamá a Pandora
Más de cinco años después de los Panama Papers las revelaciones actuales de los Papeles de Pandora destapan realidades de trascendencia planetaria.

Los casi 12 millones de documentos filtrados por el consorcio compuesto por unos 600 periodistas de diversos países, involucran a personalidades políticas, culturales, deportivas y empresariales, algunas de las cuales ya enfrentan acusaciones de corrupción, lavado de dinero o evasión fiscal. La investigación señala al menos a 35 líderes mundiales, a más de 330 funcionarios públicos de unos 90 países, así como a empresarios de primer nivel, muchos de ellos en el ranking de la Revista Forbes de las principales fortunas mundiales. También incluye una lista amplia de evasores que operaron en las sombras.

Entre estas 35 personalidades políticas se encuentran el rey Abdalá II de Jordania; el primer ministro de la República Checa, Andrej Babis, y los presidentes de Chile y Ecuador: Sebastián Piñera y Guillermo Lasso, respectivamente. Entre los personajes famosos vinculados a esta investigación se nombra, entre otros, a Shakira, Pep Guardiola,​Julio Iglesias, Chayanne, Claudia Schiffer, Ringo Starr, Elton John y el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

Por otra parte, en el terreno nacional, los Papeles de Pandora vuelven a demostrar el rol central que desempeña la industria suiza de los paraísos fiscales — abogados y sociedades fiduciarias– en los circuitos de evasión fiscal internacional.

La gran mayoría de estas sociedades se dedican a las finanzas, el sector inmobiliario o el comercio de materias primas. Un reciente estudio de la Oficina Federal Suiza de Estadística (OFS) lo confirma: una de cada cuatro empresas activas en el comercio no cuenta con empleados. Las estadísticas de las autoridades son elocuentes: casi la mitad de los informes remitidos a la Oficina de Comunicación en materia de Blanqueo de Capitales (Money Laundering Reporting Office-Switzerland, MNROS, en sus siglas en inglés) tienen que ver con este tipo de sociedades-buzón.

Como lo señala Public Eye, estas empresas no se dedican necesariamente a actividades ilegales, de todos modos, su montaje operacional es el que más se utiliza para ocultar transacciones dudosas o para esconder a los verdaderos beneficiarios económicos de las mismas.

Los consejeros suizos siguen permitiendo que sus clientes se beneficien de las lagunas del sistema helvético. El ICIJ informó que ya en 2016, en el marco de la investigación anterior sobre los Panamá Papers, más de 38.000 empresas offshore se crearon en países caribeños gracias al asesoramiento de la sucursal helvética de la firma Mossack Fonseca desde un edificio residencial en Ginebra.

1.300 intermediarios suizos participaron en los últimos años de esta “ingeniería empresarial”. Public Eye investigó lo que había sucedido con esos intermediarios desde ese momento al presente: dos tercios de los 211 directores particulares desaparecieron de la actividad y por lo 120 de los 153 bufetes de abogados involucrados siguen funcionando, y de las 821 firmas restantes dedicadas a este tipo de asesoría, 599 continúan operando.

Perfil del operador
“En Suiza, los Papeles de Pandora revelan a los artesanos de la ocultación de la riqueza”, titulaba el 4 de octubre el cotidiano helvético Le Temps. Son abogados, asesores financieros o empleados de fiduciarias, señala el artículo. “Van desde una de las fiduciarias más antiguas del país, Fidinam, creada por el financiero Tito Tettamanti, hasta el ejercicio unipersonal de una neumóloga del Cantón Schwyz, que gestiona más de 60 empresas buzón”. Y agrega que lo que tienen en común todos esos operadores son los acuerdos financieros utilizados por más de 330 políticos para gestionar sus respectivos patrimonios, a veces a través de Suiza, más a menudo en islas exóticas o en Estados Unidos.

Estas “cáscaras” no son ilegales per se, subraya Le Temps, pero cinco años después de que los Papeles de Panamá sacaran a la luz el alcance de la creación de empresas ficticias en todo el mundo, surge la misma pregunta: «¿Por qué se sigue tolerando tanta opacidad?».

Entre la avalancha de artículos publicados en la prensa mundial, diez días más tarde, L’Humanité, de Francia, recordaba en un análisis titulado “Prospera la evasión fiscal en Suiza” que “bajo la presión internacional, Suiza se está retirando de su sacrosanto secreto bancario; pero, a escala mundial sigue estando en el podio de las jurisdicciones que ofrecen la caja de herramientas más amplia y opaca para los poseedores de capital que desean evadirlo”.

¿Y quiénes son los operadores?, se interroga el cotidiano francés. Mientras los banqueros ahora deben cuidarse más, los abogados, los notarios, los asesores financieros y los gestores de activos pueden asumir el papel de los primeros y siguen escapando a la ley sobre el blanqueo de capitales.

L’Humanité concluye diciendo que hace apenas unos meses el lobby suizo del sector consiguió frenar un proyecto de revisión legislativa que hubiera obligado a estos intermediarios –principales artífices de las tramas de evasión fiscal– a dejar de escudarse en el secreto profesional para multiplicar el número de sociedades pantalla y proteger a sus clientes a toda costa.

En 10 de agosto pasado, swissinfo.ch, la antigua Radio Suiza Internacional, (https://www.swissinfo.ch/spa/el-suizo-que-lavaba-los-millones-de-los-narcos/46865844) informaba sobre un “suizo que lavaba los millones de los narcos colombianos”. Amparado en esa arquitectura empresarial ficticia y fantasma, este personaje, en la actualidad procesado jurídicamente, que habita en el cantón de Vaud, está acusado de reciclar 10 millones de francos procedentes de una organización criminal colombiana de traficantes de drogas. “Ya condenado en España, el hombre comparece ahora ante la justicia suiza junto con dos intermediarios activos en la plaza financiera helvética”, señalaba el artículo.

Según ese mismo medio, el imputado de doble nacionalidad suiza-colombiana tiene diversos sombreros: radiólogo, emprendedor en el campo de la medicina nuclear, vendedor de autos, consultor bursátil, agente inmobiliario, comerciante de caballos y estatuillas precolombinas. Sin lugar a duda, numerosas actividades para justificar su fortuna.

Paraíso alpino
Si el componente offshore de las finanzas helvéticas se encuentra hoy en la mira de los Papeles Pandora, la presencia gigantesca de multinacionales completa su siempre codiciado paisaje paradisíaco turístico y financiero. En la actualidad, Suiza es uno de los países del mundo que concentra más sociedades multinacionales registradas en su territorio en proporción a la cantidad habitantes, aproximadamente unas 30.000 en 2019, según la Oficina Federal de Estadística. Algunas de estas multinacionales son actores importantes a escala internacional. Catorce empresas con sede en Suiza figuran entre las 500 con mayor volumen de negocios a nivel planetario, según la Revista Fortune. Otras grandes empresas helvéticas ocuparían un lugar destacado en esta lista si publicaran todas las cifras reales de sus transacciones.

Las ventajas comparativas del país para las grandes empresas son significativas: su estabilidad económica, la fortaleza de su plaza financiera, su mano de obra cualificada, su ubicación geográfica privilegiada en medio del continente europeo y, sobre todo, el hecho de ofrecerles a las grandes empresas la posibilidad de pagar impuestos bajos.

Minúscula nación, toda una caja de sorpresas. Además de su histórica “neutralidad”, Suiza es hoy la sede europea de las principales organizaciones de las Naciones Unidas. También laberinto de empresas offshore; sede principal de centenares de multinacionales; una de las principales plataformas mundiales del comercio de materias primas –a pesar de no contar prácticamente con recursos naturales en sus suelos–, de la alimentación, de la industria farmacéutica y de maquinarias. Paraíso financiero, Caja de Pandora de la economía mundial, y hoy, como desde hace años, receloso punto de mira del periodismo investigativo que alza su voz crítica.