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sábado, 7 de febrero de 2026

La política educativa y el desprecio por la evidencia.

Ignorar el conocimiento científico en educación es caro en términos de equidad y eficacia. Adoptarlo no limita la democracia, sino que la fortalece

En el debate educativo suelen destacar las posiciones arraigadas en la nostalgia. Nostalgia por una escuela de antaño que se suponía mejor agente de socialización y mejor en la transmisión del conocimiento. Se idealiza con facilidad un pasado que solo funcionó para unos pocos. Aquella escuela no era mejor: era más selectiva (e incluso más represiva). Quienes hoy la reivindican suelen haber sido sus beneficiarios, más por origen familiar que por méritos propios. La memoria selectiva incurre así en un sesgo peligroso: recordar únicamente lo que fue positivo para algunos genera la ilusión de una escuela idealizada, ignorando las barreras que excluían a buena parte del alumnado.

En esa nostalgia participan activamente los profetas del “currículum perdido”, convencidos de que la educación se ha extraviado por culpa de metodologías “blandas” o de un exceso de innovación. Según este relato, la escuela habría dejado de enseñar el conocimiento “de verdad”, relegando a un segundo plano las asignaturas tradicionales y un modelo de transmisión del saber unidireccional. Sin embargo, los datos del informe TALIS muestran que una mayoría abrumadora de los centros escolares en España utilizan metodologías tradicionales en el aula. El contraste entre el diagnóstico alarmista y la realidad es revelador y sitúa el registro del debate en las percepciones más que en los hechos.

Esta nostalgia suele acompañarse, paradójicamente, del desprecio sistemático por la evidencia. En casi ningún otro ámbito de las políticas públicas se desconfía tanto del conocimiento experto como en educación. La idea de que solo puede opinar quien está en el aula, o de que la experiencia práctica basta por sí sola, se ha convertido en un lugar común. Pero la práctica y la investigación educativas no son opuestas: son dimensiones complementarias del mismo esfuerzo por comprender y mejorar el sistema educativo. Sin investigación no hay perspectiva, y sin perspectiva la experiencia se agota en lo inmediato.

La fuerza de la combinación de nostalgia y el desprecio por la evidencia suelen condicionar más de lo que sería deseable las decisiones de política educativa, que demasiado a menudo tiende a orientarse más por la presión de los sectores con voz que por el análisis de resultados. La gestión de la gobernabilidad lleva a contentar a determinados grupos de interés con capacidad de condicionar el ritmo y el sentido de políticas y reformas. Sin embargo, el interés público no siempre coincide con el de los grupos organizados, y los sectores que más dependen del desarrollo de una buena política educativa —el alumnado con dificultades de aprendizaje o procedente de contextos sociales desfavorecidos— son precisamente quienes menos participan en el debate. Tómese como muestra de ello la apuesta por la jornada escolar continua, que responde claramente más a determinados intereses que a lo que aporta la investigación.

Por supuesto que en la producción de evidencia existen los grises. La investigación educativa, como la investigación social, está fuertemente condicionada por el contexto, y las metodologías de investigación no siempre permiten captar la causalidad con precisión. Es igualmente legítimo considerar que no toda la política educativa debe responder únicamente a la evidencia científica. La educación es también un ámbito de valores, de opciones ideológicas y de prioridades políticas legítimas: decidir qué enseñar, qué tipo de escuela queremos o cómo entendemos la igualdad son cuestiones que no se resuelven con datos. Pero ignorar la evidencia —o utilizarla solo cuando conviene— es una forma segura de perpetuar los errores. Las decisiones políticas pueden fundamentarse por supuesto en opciones políticas e ideológicas, pero hacerlo ignorando o tergiversando la evidencia aportada por la investigación revela falta de rigor e irresponsabilidad política. Es distinto tomar decisiones valorando criterios democráticos frente a ignorar sistemáticamente los resultados de la investigación: lo primero es legítimo, lo segundo es, cuanto menos, negligente.

La resistencia a la validez de la investigación en educación tiene raíces culturales profundas. En el imaginario colectivo, la educación es un terreno familiar: todos hemos ido a la escuela y todos nos sentimos autorizados a opinar. Esa experiencia compartida es valiosa, pero no suficiente para orientar políticas complejas. La educación es demasiado importante como para quedar atrapada entre la ideología y la experiencia inmediata. Requiere combinar la voz de quienes enseñan y aprenden con el saber de quienes analizan y evalúan. La tensión entre el saber cotidiano y la evidencia especializada es natural, pero solo puede resolverse mediante mecanismos que integren ambos terrenos: participación informada, evaluación rigurosa y transparencia en los resultados.

Escuchar a la comunidad educativa es indispensable. Pero escuchar solo a la comunidad educativa es insuficiente. Si aspiramos a una educación más justa y eficaz, debemos asumir que la evidencia no resta legitimidad democrática, sino que la refuerza. Porque las políticas basadas en conocimiento no sustituyen la deliberación: la hacen más informada. Integrar evidencia implica también evaluar sistemáticamente el impacto de las políticas, ajustar estrategias y rendir cuentas públicamente.

El reto de la política educativa no es menor: se enfrenta a tener que reconciliar las demandas de actores visibles con las necesidades de quienes no las pueden expresar, y combinar la experiencia práctica con el conocimiento científico. Ignorar la evidencia es caro en términos de equidad y eficacia; adoptarla no limita la democracia, sino que la fortalece, haciendo posible que la escuela cumpla su papel fundamental: ofrecer oportunidades reales de aprendizaje para todos, y no solo para unos pocos privilegiados.

Xavier Bonal es profesor de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona.

martes, 2 de mayo de 2017

Literatura universal

1 MAY 2017
Leo en diferentes medios que la asignatura de Literatura Universal se elimina de Bachillerato y deja paso al irremediable desamparo intelectual de los jóvenes. Lo leo con la gracia que me hacen los neoprofetas que se rasgan las vestiduras lamentándose del lodazal moral e intelectual en el que quedarán los jóvenes (amantes todos de la literatura), como si la impartición de dicha asignatura en 2º de Bachillerato fuera a cambiar en algo su situación. Seamos serios. Los jóvenes no sienten atractivo por la literatura; el pragmatismo y materialismo de la sociedad se lo impiden y el sistema educativo no hace nada por remediarlo. Si de verdad queremos fomentar la apreciación de la literatura, hemos de cambiar nuestra visión del mundo e implicar a toda la comunidad educativa en vez de llorar amargamente y maldecir a Rajoy. Además, la asignatura de Literatura Universal no se elimina, sino que deja de ser optativa en 2º de Bachillerato y pasa a 1º. Me pregunto, pues, qué tipo de retroceso puede ser éste.— Álvaro Sánchez Cosculluela. Zaragoza.

Nota.
Una evidencia de alguien que hace como que no se quiere enterar. Acusa a los jóvenes irónicamente de ser todos unos "amantes de la literatura", aunque les disculpa un poco, pues ante una "sociedad materialista y pragmática" ellos serían la consecuencia, no la causa. Acusa al sistema educativo de "no hacer nada por remediarlo". Y termina con un enigma y una defensa; el enigma es "cambiar nuestra visión del mundo" -sin exponer cual es su visión-. Y culpa a "toda la comunidad" a la que hay que "implicar" y no llorar -somos llorones  y maldecimos a Rajoy-. Ahí nos da indicios para resolver el enigma de su ideología, franquista, hablan de valores pero cometieron perjurio y crímenes sin parangón. ¿A esos valores se refiere? a autonombrarse "caudillo por la gracia de Dios" cuando era una dictadura asesina. Y ¿no es Rajoy, -que por cierto fue ministro de educación-, como presidente el responsable de la situación?

Me parece la carta, de un descaro e intento de confusión y manipulación intolerable, impublicable en un diario como El País, lo que muestra su actual posición. 

El resultado de la política educativa del PP es quitar fondos y profesores a la educación pública, alegando "crisis" y aumentar las subvenciones a la educación privada. Con los impuestos de los pobres se educan los ricos gratis y a "su manera" y a para todos, con la llamada "Ley de Calidad" se proponen eliminar la filosofía, la historia y la literatura, áreas que pueden ser la base de una visión crítica de la sociedad. Lo que a ellos no conviene.

martes, 4 de octubre de 2016

Manifiesto: Por otra política educativa

Un grupo de profesionales de la educación, la mayoría profesores y profesoras de universidad, reunidos en Sevilla los días 26 y 27 de octubre de 2012, preocupados por la situación del sistema educativo y alarmados por la evolución de la política educativa, con objeto de animar el debate y de generar un compromiso con la mejora manifestamos:

EDUCACIÓN.
En contra del sesgo economicista del anteproyecto de LOMCE, el objetivo de la educación comprende el desarrollo humano y la cohesión social. Mujeres y hombres deben poder formarse como personas completas, ciudadanos responsables y trabajadores cualificados. La sociedad precisa de la escuela para asegurar niveles adecuados de bienestar, libertad, justicia y equidad.

DEBATE.
Necesitamos un auténtico debate nacional que permita la reconstrucción, en su caso la refundación, del sistema educativo sobre la base de un amplio acuerdo social y no, tras la negativa a un pacto de Estado, una ley revanchista e ideológica, sin diálogo con la oposición ni con el mundo de la educación, apenas maquillada con un nada fiable foro virtual.

ESCUELA PÚBLICA.
La escuela es la columna vertebral de la ciudadanía. Nuestra peculiar historia nos ha legado un sistema dual, y el gobierno emite alarmantes señales de desdén por la escuela pública y apoyo a la enseñanza privada y confesional. El deber de las administraciones es articular un sistema público de educación igualitario y efectivo con una gestión eficaz y eficiente del subsistema estatal y unas reglas claras y cohesivas para el privado.

CALIDAD.
No existe un consenso sobre la noción de calidad educativa. Se está imponiendo una visión restringida a las calificaciones obtenidas en exámenes y pruebas, internas y externas, de papel y lápiz, basadas en una concepción factual y declarativa del conocimiento que empobrece el sentido del aprendizaje y la educación. Los resultados escolares entendidos así no son un indicador sostenible de la calidad educativa.

FRACASO.
El fracaso no es anónimo; tiene nombre, historia y cultura. No se produce súbitamente. Es el resultado de un proceso que se puede identificar y prever. Tiene que ver con el tipo de contenido, descontextualizado y sin sentido, que se enseña y evalúa y con un proceso de enseñanza y aprendizaje que no facilita ni promueve que el alumnado establezca conexiones y elabore sus propios significados y conocimientos.

SOLIDARIDAD.
La respuesta al elevado fracaso escolar, y el subsiguiente abandono, no debe ser naturalizarlo sino, por el contrario, concentrar medios diferenciales y adicionales sobre grupos e individuos en riesgo, es decir, perseguir los objetivos comunes con medios cuantitativamente superiores y cualitativamente más adecuados. Por contra, la ley acepta ese fracaso como inevitable y el gobierno elimina los programas de educación compensatoria y atención a la diversidad, abandonando a su suerte a los alumnos más vulnerables.

REPETICIÓN.
Lejos de abordar el problema de la repetición de curso, que España encabeza en Europa de forma exagerada, se ha mostrado indiscutiblemente ineficaz, resulta económicamente costosa e ineficiente y constituye una de las principales causas endógenas del fracaso escolar, el gobierno parece querer ampliarla, sistematizarla y convertirla en el determinante de la segregación temprana.

ITINERARIOS.
Se adelanta la edad en la que se crean itinerarios de hecho irreversibles. Se pretende segregar al alumnado desde 3º de ESO, a los catorce años, reduciendo en dos el tronco común, y convertir la primera orientación hacia la formación profesional en una vía muerta, repitiendo así el error de la LOGSE, y se añaden mecanismos que amenazan con adelantar la segregación al segundo curso. La mayoría de países cuya comprensividad llega a los dieciséis obtienen mejores resultados que los que segregan a edades más tempranas. La segregación del alumnado con peores resultados se traduce en una enseñanza de calidad inferior por efecto de una profecía autocumplida.

EVALUACIÓN.
En la educación obligatoria la evaluación debe tener un claro propósito formativo, de conocimiento y apoyo a los procesos de aprendizaje y desarrollo personal. Una evaluación excluyente, sancionadora y de control –como plantea el anteproyecto-, basada en pruebas frecuentes y estandarizadas, es contraria a su sentido educativo y a la diversidad humana, generando abandono y exclusión. La evaluación del sistema requiere una revisión a fondo para garantizar que la sociedad y la comunidad escolar dispongan de información relevante, a través de procesos transparentes y democráticos.

RECURSOS.
Sin entrar en sus causas, sabemos que los efectos individuales y colectivos de la crisis se concentran en las personas y países con menor nivel de formación. Sabemos que la economía que resurja de ella y los nuevos empleos no serán los mismos, sino que requerirán una fuerza de trabajo más cualificada. Por ello es esencial, precisamente en tiempos de crisis, un esfuerzo cuantitativo y cualitativo en educación.

AJUSTES.
Conscientes de que es más necesario que nunca mejorar la eficacia y la eficiencia en el empleo de los recursos, entendemos que hay margen para mejorar el trabajo de los educadores. Hoy es más importante el esfuerzo de todos, incluida la colaboración entre las administraciones y el profesorado, con más y mejor aportación presupuestaria y profesional, así como una reorganización flexible de los centros. Pero no se puede confundir una política de racionalización y modernización con una de recortes indiscriminados.

SERVICIOS.
Los gobiernos central y autonómicos están recortando partidas que consideran no esenciales: comedores, rutas, libros de texto, actividades extraescolares o la jornada escolar misma. Sin embargo, en medio de esta crisis y sabiendo cómo afectan al desempeño escolar las condiciones de vida, la opción debe ser la opuesta: asegurar la gratuidad de transporte, comedor y material escolar, así como evitar la intensificación de la jornada escolar y propiciar un horario de apertura más amplio.

CIUDADANÍA.
La ciudadanía requiere acceder a conocimientos y desarrollar actitudes acordes con el carácter liberal, democrático y social de nuestro Estado de derecho. Es decir, que propicien el respeto a la ley y las normas de convivencia, la aceptación de otras opciones y formas de vida admitidas por la Constitución y las leyes, un compromiso participativo con la democracia, y la cohesión y la solidaridad sociales. Esto exige un consenso sobre ideas y valores compartidos y tolerancia activa hacia otros no compartidos.

SEGREGACIÓN.
La LOMCE avala la segregación por sexos en centros concertados, hoy fundamentalmente centros promovidos por organizaciones ultraconservadoras. La escolarización conjunta proporciona una socialización positiva e irrenunciable en una sociedad todavía marcada por la desigualdad de género.

CCAA.
Leyes y políticas deben respetar el ámbito competencial de las comunidades autónomas, en vez de utilizarse como instrumentos de centralización, uniformización y control burocrático. Esto no es óbice para reclamar transparencia, movilidad, coordinación y coherencia en todo el ámbito del estado.

AUTONOMÍA.
Es necesario responder a las necesidades de la comunidad con autonomía curricular, organizativa y de recursos. La autonomía no debe dirigirse a la rivalidad entre centros, sino al aprovechamiento diferencial de los recursos. Requiere un proceso de responsabilización social, lo opuesto a la merma de la participación que supondría la conversión de los consejos escolares en meros órganos consultivos.

TRANSPARENCIA.
El sistema resulta en muchos aspectos opaco para los profesionales, la comunidad escolar y la sociedad. Se precisa potenciar al máximo la transparencia, permitiendo el acceso a la información sin otra restricción que el respeto a la propia imagen y la intimidad. Hay que desarrollar indicadores fiables del desempeño docente, el funcionamiento de los centros, la implementación de proyectos, los resultados de programas y políticas y el estado general del sistema, pero sin distorsionar con ellos los procesos de enseñanza y aprendizaje.

PARTICIPACIÓN.
La participación es un derecho de las personas y un principio constitucional. Debe reforzarse como forma de pertenencia, motivación, concienciación, formación y corresponsabilidad social. Resulta imprescindible potenciar la libertad de pensamiento y de expresión del alumnado, así como su autoorganización y participación en la vida del centro. La participación exige poder de decisión. lo opuesto al control autoritario. Nos preocupan signos evidentes de empobrecerla y recortarla presentes en el texto de la LOMCE.

DIRECCIÓN.
Se ha de acentuar el carácter pedagógico de la dirección (coordinación, innovación…) frente a la visión gerencial del anteproyecto. La dirección ha de garantizar el ejercicio de deberes y derechos de la comunidad y la elaboración, desarrollo y evaluación del proyecto educativo de centro, y no debe ser un mero representante de la Administración o del claustro docente. Un liderazgo compartido es más coherente con el carácter de la escuela.

PROFESORADO.
El sistema educativo se funda en la confianza en el docente y su capacidad profesional. Por ello merece apoyo y reconocimiento en el ejercicio de su función, más en momentos de cambio social e incertidumbre. Debe tener un compromiso claro con sus alumnos, su centro y la educación misma, y una actitud cooperativa con las familias y la comunidad. Las actuales condiciones y propuestas legislativas derivan competencias a otros agentes, expropiando aspectos centrales de su labor. Es fundamental mejorar formación, selección, desarrollo profesional y evaluación.

Esperamos que esta declaración contribuya a impulsar la reflexión y el diálogo así como un compromiso generador de esperanza y de optimismo. Nada puede ser peor que lanzarse con la mayor eficacia en la dirección equivocada.
Sevilla, a 27 de octubre de 2012.

Fuente:
https://porotrapoliticaeducativa.org/por-otra-politica-educativa/