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sábado, 22 de julio de 2017

_- ¿De verdad que las huelgas no sirven para nada?

_- Estibadores, Correos, Autobuses de Galicia…
¿Y si tenemos más fuerza de la que parece?
Miguel Salas

Por mucho que se diga, la crisis económica sigue siendo muy dura para la mayoría de la clase trabajadora. El paro sigue siendo enorme, la precariedad y los bajos salarios se han generalizado hasta extremos difícilmente imaginables, la pérdida de derechos, especialmente la reforma laboral del PP, ha debilitado la capacidad de respuesta y el nivel de huelgas es de los más bajos en años. Pero, también hay que empezar a reconocer que algunas luchas y movilizaciones están empezando a tener ciertos éxitos y hay que analizarlos para comprobar si estamos ante una tendencia o se trata simplemente de hechos circunstanciales.

La movilización obrera más importante de las últimas semanas ha sido la de los estibadores. Una huelga seguida mayoritariamente, que ha paralizado todos los puertos, que ha amenazado con el desabastecimiento de algunos sectores y, sobre todo, ha puesto en ridículo al gobierno del PP. Antes de que estallara el conflicto los sindicatos de la estiba y las empresas del sector iban llegando a acuerdos para concretar la aplicación de la decisión de la Unión Europea de modificar las condiciones de trabajo en el sector. El gobierno quiso imponer un decreto draconiano que, en la práctica, representaba el despido de las actuales plantillas. La primera vez que el gobierno quiso aprobar el decreto en el Parlamento perdió la votación. A la segunda, lo logró gracias al apoyo del PDCat (antigua Convergencia) [ http://www.sinpermiso.info/textos/reino-de-espana-con-los-estibadores-ha...

Entonces estalló el conflicto.
Los estibadores han estado manteniendo la huelga y han logrado contrarrestar la típica campaña de que “son unos privilegiados”, que “cobran salarios excesivos”, que “son una mafia”, etc. etc. Un comunicado de la Coordinadora de Estibadores la denunciaba: “Los estibadores llevamos más de tres meses sufriendo las consecuencias de un ‘paquete de odio’ vertido a la opinión pública, desde el Gobierno y a través, fundamentalmente de los medios. ¿Nuestro crimen? Resistirnos a la precariedad laboral. Es cierto que existe una sentencia del TJUE (Tribunal de Justicia de la Unión Europea) que obliga a reformar el sistema de estiba español. Pero nada dice sobre que hay que despedir a los trabajadores y contratarlos, a los mismos o a otros, a través de ETT. Sin ningún tipo de estabilidad, sueldos miserables, además ‘mordidos’ por el intermediario y con escasa formación para un trabajo arriesgado, en el que nos jugamos la vida. Nuestra lucha es contra el abuso de poder, contra la imposición de normas que solo persiguen desregular sectores para el beneficio de unos pocos, normalmente multinacionales; que buscan atomizar a los trabajadores para incapacitarlos para la lucha colectiva, que es dónde radica nuestra fuerza, la de los estibadores y personal administrativo, pero también la de todos los trabajadores.”

Esta vez la campaña del gobierno y sus medios afines no funcionó. Al contrario, conforme la huelga se iba manteniendo era el gobierno quien aparecía aislado y los estibadores quienes iban firmando acuerdos con las empresas, hasta que la patronal ha tenido que bajarse del burro para firmar un acuerdo de carácter general.

Primero se pactaron acuerdos con las principales empresas del puerto de Barcelona. El martes, 20 de junio, lo hicieron con las del puerto de Algeciras y, el miércoles 21, con las de Valencia. Esos tres puertos representan el 43% del tonelaje total que se descarga en el conjunto de puertos. Esa tendencia se extendió a otros puertos, Gijón, Baleares, Las Palmas y Tenerife, y la patronal Anesco empezó a quedarse aislada. La movilización se transformó en una huelga selectiva contra las empresas que no querían firmar el acuerdo con los sindicatos. El nerviosismo empezó a cundir. La Plataforma de Inversores en Puertos Españoles (PIPPE) puso el grito en el cielo y denunció el supuesto “chantaje” de los estibadores (leen las cosas como les da la gana: no es chantaje despedir a la gente y si lo es hacer huelga) y la patronal amenazó con recurrir a las autoridades europeas.

El jueves 29, la patronal tuvo que aceptar que no le quedaba otro remedio que pactar con los sindicatos y establecer las condiciones para el nuevo convenio colectivo. En un comunicado conjunto declaran: “Anesco asume la garantía de la continuidad del empleo del 100% de los trabajadores de la estiba”. El acuerdo establece el mantenimiento de todos los puestos de trabajo a través de la subrogación de los actuales estibadores, el inicio inmediato de las negociaciones del convenio colectivo, que debe contemplar un periodo transitorio para optimizar las plantillas en todos los puertos a través de prejubilaciones voluntarias, una reducción salarial de los estibadores del 10% y la reorganización de las condiciones de trabajo. Quedan pendientes temas como el control de la formación específica para los estibadores y cómo se hará la futura contratación. A cambio, los estibadores desconvocan las huelgas. Es un buen compromiso para un conflicto que ha durado más de 4 meses y que asegura la principal reivindicación del sector: el mantenimiento de los puestos de trabajo.

El gobierno retrocede en Correos
La debilidad del gobierno es una evidencia y se nota en numerosas sesiones parlamentarias. Es una evidencia que hay que aprovechar esta situación. Así es como podría interpretarse lo que han conseguido los sindicatos en Correos.

En los Presupuestos del Estado, el gobierno recortó la partida destinada al Servicio Postal Universal (SPU) de 180 millones en 2016 a 60 para el 2017. El SPU es la cantidad que se destina para garantizar la accesibilidad y regularidad del servicio postal a todo el territorio, incluso a los más apartados. Los sindicatos vieron en peligro puestos de trabajo y el deterioro, aún mayor, del servicio postal y amenazaron con movilizaciones. Actualmente trabajan en Correos unas 50.000 personas, la plantilla más numerosa del sector público, y el Ministerio de Fomento, que ya estaba sufriendo el desgaste de la huelga de estibadores, debió ver la peligrosidad de movilizaciones en Correos y decidió echar para atrás.

Por escrito, cosa nada habitual, se ha comprometido a mantener las inversiones de 2016 y, según explica un comunicado de CCOO, ha aceptado poner en marcha: “El Plan de prestación del Servicio Postal Universal, y constitución, a tal efecto, de un grupo de trabajo que, en el plazo de ocho meses, tendrá concluidas sus actuaciones. “La financiación que resulte de este Plan de prestación cubrirá el coste de la carga financiera injusta por la prestación del servicio postal universal”. El mantenimiento y en su caso mejora de la prestación del servicio postal universal en su frecuencia (recogida y entrega) y en el mantenimiento de la red postal, con especial atención a las zonas rurales. Garantizar las cantidades presupuestadas en 2017 para la financiación del Servicio Postal Universal, “cubriendo las posibles minoraciones que hayan podido producirse en la fase de tramitación de la Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2017”. El sindicato plantea la necesidad de dar un impulso a Correos como empresa pública para que sea un referente postal y logístico en nuestro país “y la concreción de un nuevo acuerdo laboral (con incremento salarial, plantilla suficiente, prejubilaciones y movilidad interministerial, también para el colectivo de laborales) tras más de 3 años y medio con un Convenio Colectivo y Acuerdo Funcionarial, prorrogados.”

Mientras esto sucedía, Correos Express, la empresa dedicada a paquetería y reparto urgente, con una plantilla de 3.000 personas, llegaba también a un acuerdo ante la convocatoria de huelga de varios días del mes de junio en contra del proceso de subcontratación que la empresa había iniciado.

Hay que aprovechar la debilidad del gobierno. Hay que movilizarse para recuperar salarios, empleo y mejoras de las condiciones de trabajo. Correos es un ejemplo. Puede haber otros.

Huelga en el transporte interurbano de Galicia
Desde el día 20 de junio, los martes y miércoles de cada semana es casi imposible trasladarse por Galicia en transporte público y lo mismo ocurre en ciudades como Lugo y Santiago. La razón es la huelga en protesta por los planes de la Xunta de unificar el transporte escolar (muy importante en Galicia por la dispersión habitacional) con el transporte regular y también por el bloqueo en la negociación del convenio colectivo. Los sindicatos denuncian que tal plan significará el despido de miles de trabajadores. Algunas empresas del sector también están enfrentadas al plan de la Xunta, ya que consideran que limitará sus negocios y tendrán que cerrar sus empresas.

El seguimiento de las huelgas ha sido muy masivo, en torno al 95%, según los sindicatos y de algo más del 80%, según la patronal, y con bastante repercusión social, a pesar de los altos servicios mínimos que han sido impuestos. Un dirigente de la Confederación Intersindical Galega expresaba la inquietud de las plantillas: “Las trabajadoras y trabajadores tomaron muy en serio la huelga, están muy preocupados por su futuro, porque saben que, si la Xunta lleva adelante su plan de reestructuración, entre un 20% y un 30% del personal acabará en la calle; es decir, habrá casi 1.000 empleos menos en el sector en año y medio”.

Las espadas están en alto. La Xunta, que hasta ahora no había querido ni negociar, ha convocado a las partes, pero está confrontada a los trabajadores y trabajadoras, que defienden el empleo y la negociación del convenio, y a las pequeñas empresas, que temen que el plan de la Xunta beneficie a las grandes empresas a costa de liquidar a las pequeñas.

Estos son sólo algunos ejemplos de muchas otras luchas y movilizaciones, como el Metro de Barcelona, que arrastra un conflicto desde hace casi dos años, o los maquinistas del Metro de Madrid, otras, pequeñas o parciales, que no logran tanta repercusión, que se están desarrollando y que permiten plantear la pregunta que nos hacíamos en el titular: ¿Y si tenemos más fuerza de la que nos parece? ¿Y si intentamos probarla, sumando fuerzas, coordinando acciones, estableciendo objetivos para recuperar derechos, salarios y empleo digno? Durante esta semana se ha celebrado el XI Congreso Confederal de CCOO y ha acordado que es el momento de pasar a la ofensiva. ¿Y si lo ponemos en marcha, entre todos y todas, con quien está en lucha, entre todos los sindicatos y movimientos sociales y entre todas las izquierdas?

www.sinpermiso.info, 2-7-2017

Las huelgas no sirven para nada
Isaac Rosa

Un recuento de algunas de las huelgas que en los últimos meses "no han servido para nada": nuevos convenios, mantenimiento del empleo, subidas de sueldo, reducciones de jornada...

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de los estibadores, que ya sé que han conseguido mantener el 100% de puestos de trabajo frente a la patronal y el Gobierno. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como el transporte marítimo de mercancías. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de la recogida de basuras de Madrid, que ya sé que no hizo falta más que anunciarla para que las empresas aceptasen una sola mesa y negociar un convenio único para todos los trabajadores. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la recogida de basura de la capital. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo del aeropuerto de Ibiza, que ya sé que los trabajadores lograron que la empresa pague los atrasos y les abone también los días de huelga. Su caso no es nada representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como un aeropuerto turístico. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Nissan en Ávila, que ya sé que los trabajadores han garantizado que la fábrica no cierre, y suavizar mucho el ajuste que pretendía la empresa. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la automoción. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de El Periódico de Cataluña, que ya sé que sus trabajadores han logrado la devolución de la rebaja salarial. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como el periodismo. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Cuétara, que ya sé que han conseguido subidas salariales, más puestos fijos y pluses de nocturnidad. Su caso no es representativo: un colectivo privilegiado y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la fabricación de galletas. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de Enviser, que ya sé que han logrado su primer convenio en diez años; ni lo de la Residencia Miravilla, que ya sé que han obtenido subidas salariales y reducción de jornada; ni lo de Zardoya Otis, que ya sé que la empresa se ha comprometido a no aplicar la reforma laboral y convertir en indefinidos al 90%; ni lo de los actores de doblaje, que ya sé lo de su nuevo convenio con mejores condiciones. Ninguno de ellos es representativo: son todos colectivos privilegiados y con capacidad de paralizar sectores tan estratégicos como la recogida de residuos, la residencia de mayores, la fabricación de ascensores o el doblaje de series y películas. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, ni en España ni en Eslovaquia, que ya sé que los trabajadores de Volkswagen en ese país han conseguido una subida salarial del 14%. Su caso no es representativo etc., etc. y etc. Así cualquiera.

Las huelgas no sirven para nada, y no me cuenten lo de los repartidores de Deliveroo. No me extrañaría que acabasen consiguiendo una mejora de sus condiciones, pues sin duda son un colectivo privilegiado (todo el día en bici, qué felicidad) y con capacidad de paralizar un sector tan estratégico como la comida a domicilio. Así cualquiera.

(Lo dejo aquí, aunque podría seguir unos cuantos párrafos más enumerando únicamente las huelgas exitosas de los últimos meses. Lo de "las huelgas no sirven para nada" es un estribillo que llevo oyendo hace años. Lo interesante es que últimamente lo oigo más veces en clave irónica, como este artículo. Algo debe de estar cambiando).

http://www.eldiario.es/zonacritica/las_huelgas_no_sirven_para_nada_6_659...

Miguel Salas Sindicalista, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. Isaac Rosa Escritor, autor de novelas como "El vano ayer" (Premio Rómulo Gallegos 2005) y "El país del miedo", ha colaborado en varios medios de prensa escrita, digitales y radio. Su última novela es "La mano invisible".

http://www.sinpermiso.info/textos/reino-de-espana-las-huelgas-obreras-sirven-de-algo

Mas, La huelga una herramienta esencial, aquí.