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viernes, 3 de abril de 2026

Ocho lasañas para todos los gustos

Con la pinta que tiene, es perfectamente comprensible que la lasaña sea la comida favorita de tanta gente. Con estas ocho recetas diferentes que te damos, directamente colonizará el universo.


Una mezcla de capas de pasta con un relleno jugoso, salsa de tomate y bechamel rematadas con el toque crujiente del parmesano gratinado: es perfectamente comprensible que la lasaña sea la comida favorita de muchísima gente. No hay ambientador que se pueda comparar al aroma de una buena lasaña saliendo del horno, y aunque tradicionalmente es un plato casero se ha ganado por derecho propio un rincón en la alta cocina
(de la mano del chef Massimo Bottura).

Aunque la opción más popular es la lasagne alla bolognese -puedes preparar la salsa que le sirve de base y da nombre con la receta que compartimos en este vídeo- se pueden preparar diferentes versiones más o menos canónicas con ingredientes variados. En la entrada de hoy la prepararemos vegetariana y vegana, de temporada e incluso una versión fría (como una ensalada de pasta presentada en capas, que no se nos enfade ningún italiano). Lee nuestras propuestas y ve poniendo a hervir el agua para cocer las placas, porque las vas a necesitar.

Muchas espinacas, un poco de salmón, cebolla y crema agria

Dora dos cebollas hermosas en una sartén grande, con un poco de aceite y un poco de mantequilla (y una pizca de sal). Cuando huelan bien y tengan un color dorado intenso, añade un filete de unos 200 gramos de salmón. Cuando esté cocinado, desmígalo y añade a la sartén un kilo y 200 gramos de espinacas frescas o descongeladas, previamente hervidas durante tres minutos si son grandes y la hoja es un poco dura, algo que no será necesario si son pequeñas.

Prepara una bechamel con el sistema que te mostramos en este vídeo con 600 ml de leche, 40 g de harina y 40 de mantequilla, dorando bien la segunda -pero sin que se queme- para que no tenga sabor a crudo, y añádele unos 200 g de crème fraîche. Guarda una cuarta parte y mezcla bien el resto con la mezcla de espinacas y salmón, ajustando de sal y pimienta. Hierve suficientes placas para hacer tres capas de lasaña en el molde que vayas a usar, monta la lasaña y napa con la bechamel reservada. Si eres de los que no creen en mezclar pescado y queso, puedes espolvorear migas de pan para conseguir un gratinado crujiente.

Rápida y sin pasta

Una versión perfecta para cuando tienes de invitados a comer a tu prima la celíaca y su novio, que siempre está a plan. Esta lasaña no renuncia a la carne -concretamente, en forma de salchicha, por lo que también nos ahorramos tener que aderezarla-, pero sigue siendo bastante más ligera que la versión con pasta, que sustituiremos por unas láminas de calabaza. En lugar de la bechamel, apostamos por un queso ligero como requesón, mató o ricota, para rematar con una buena capa de parmesano que le dé sabor y crujido. ¿Ya te ha convencido? Puedes ver la receta completa en este vídeo.

Calabaza, gorgonzola y frutos secos

La calabaza llega en ese momento del año en el que pasamos de que no nos apetezca comer demasiado por la calorina veraniega a tener hambre de cosas más contundentes cuando llega la hora de ponerse la rebequita. En esta receta le damos un toque de sabor a la bechamel con queso gorgonzola -también puede hacerse con especias, más allá de la nuez moscada, y haciendo una infusión con hierbas o un hueso de jamón, si la vemos a usar para hacer croquetas de ídem-, que realza el sabor de la calabaza.

Los frutos secos también aportan en esta ecuación, no solo sabor sino también una cierta resistencia al mordisco que se suma a la capa de queso gratinado. La cantidad de bechamel que lleva es un poco menor que en las versiones cárnicas porque el relleno ya es muy blandito: si quieres que sea todavía más láctica, puedes poner un litro entero de leche (tienes la receta completa aquí).







Con setas y panceta

Saltea una cebolla grande y un kilo y 200 gramos de setas variadas como champiñones, shiitake, enoki o setas de cardo -pueden ser congeladas, frescas o mitad y mitad- con 200 gramos de panceta ibérica curada a la pimienta. No pongas demasiado aceite, porque la grasa de la panceta, cuando se funda, también irá a parar al salteado, y no hay nada peor que un relleno de lasaña aceitoso (y lo mismo con la sal). Prepara la misma bechamel que en la receta de espinacas y salmón, separa una cuarta parte y tritura el resto con un boniato cocido. Monta la lasaña con el mismo sistema que en la primera receta, remata con la bechamel sin boniato y, si puedes, gratina con pecorino trufado: la combinación de este queso con setas es imbatible.

Con brócoli, lacón y queso quark

Corta en floretes un brócoli grande o dos pequeños (necesitas aproximadamente un kilo de esta verdura). Hazlo al vapor durante ocho minutos o hiérvelo seis, y ahora que está más blando y manejable córtalo en trozos más pequeños. Tuesta unos piñones en una sartén sin aceite, y luego dora ligeramente 200 g de lacón en dados. En lugar de preparar bechamel mézclalo con 400 gramos de queso quark, móntalo como en el resto de las recetas y termina con queso de tetilla rallado antes de gratinar.

Con boloñesa de soja texturizada

Prepara una boloñesa sustituyendo la carne por 300 gramos de soja texturizada de la más fina hidratada en un litros de caldo vegetal concentrado a la mitad por evaporación (hirviéndolo a fuego medio en un cazo, destapado). Escúrrela antes de meterla en el sofrito para que no suelte demasiado líquido, y prepara la boloñesa con tu receta habitual. Además de para rellenar berenjenas, champiñones, calabacines o cualquier verdura que quieras -y posteriormente cubrirla con queso y hornearla, por supuesto- también puede servirte como base para una estupenda lasaña vegetariana. Prepara la bechamel y parmesano rallado, y procede como en las recetas anteriores. Si preparas el doble de cantidad de salsa y la congelas en raciones individuales, verás la cantidad de comidas que puede salvarte.

Vegana

Puedes rellenarla con la boloñesa de la receta anterior, con tu verdura favorita o con una mezcla de ambas (la boloñesa de soja con guisantes, brócoli, calabaza o berenjena queda de muerte). Pero la parte más difícil de preparar una buena lasaña vegana está en encontrar algo que tenga la textura y el sabor intenso del parmesano tostado de la capa superior. La respuesta a este problemón está en la receta de parmesano de frutos secos de la chef especializada en cocina vegetariana Teresa Carles (publicada en su libro Recetas y principios de la cocina vegetariana). Para prepararlo solo tienes que triturar con un robot de cocina 100 gramos de almendras, 20 de piñones, 15 de levadura nutricional, ½ cucharadita de ajo seco en polvo, una pizca de jengibre seco en polvo y otra de sal: gratinado perfecto asegurado. Para la bechamel puedes usar las mismas proporciones que en las recetas anteriores, sustituyendo la mantequilla por aceite de oliva y la leche por bebida vegetal sin endulzar.

Fría, de bonito, guisantes o encurtidos

Más que lasaña es una ensalada de pasta en forma de trampantojo. Hierve en abundante agua salada durante cinco minutos 800 gramos de guisantes (pueden ser congelados: cuenta a partir de que el agua vuelva a hervir). Pásalos por agua helada para que conserven el color y mézclalos con 300 gramos de bonito, encurtidos y aceitunas al gusto y seis cucharadas de mayonesa con dos de zumo de limón. Monta cuatro "lasañas" individuales poniendo una capa de pasta, encima ⅛ de la mezcla, otra capa de pasta, otra vez ⅛ de la mezcla y finalmente una tercera capa de pasta. Remata con un poco más de mayonesa y encurtidos picados.
 
Mònica Escudero
Sobre la firma

miércoles, 5 de noviembre de 2025

La dieta saludable para el planeta que evitaría 15 millones de muertes prematuras al año Una comisión internacional de científicos propone cambios para combatir la degradación medioambiental y las enfermedades. La clave: menos proteína animal y más vegetales

“Personas sanas en un planeta sano con sistemas alimentarios justos”. Ese es el objetivo que se fijó la Comisión EAT-Lancet, formada por un equipo multidisciplinar de 50 científicos y vinculada a la prestigiosa publicación The Lancet. Como resultado de esta iniciativa surgió en 2019 la denominada Dieta de Salud Planetaria (DSP). Se trata de una propuesta cuya “adopción reduciría los impactos ambientales y las deficiencias nutricionales de la mayoría de las dietas actuales”, sostienen sus autores. Esta comisión ha actualizado su propuesta seis años después y, tras revisar la evidencia científica, llegan a una conclusión aplastante: si se adoptara en el conjunto del planeta, se podrían evitar 15 millones de muertes prematuras al año (el 27% de los fallecimientos de este tipo) ya que se reduciría el impacto de muchas dolencias ligadas a la comida.

Los autores del estudio advierten de que en todas las regiones del planeta se ha localizado una deficiencia común: “las dietas carecen sistemáticamente de suficientes frutas, verduras, frutos secos, legumbres y cereales integrales”. Y en muchos lugares hay un exceso de carne, lácteos, grasas animales, azúcar y alimentos excesivamente procesados.

Dieta flexitariana

Leche entera o equivalentes de productos lácteos

250 g

Verduras

300 g

Otros 10 g

Proteínas

Azúcar
215 g
30 g

Aceites

46 g

Patatas
y yuca

50 g

Frutas

Cereales

200 g

196 g

Total diario

Legumbres
75 g

Frutos secos
50 g
1.297
gramos
Pollo y otras aves
30 g
Pescado
30 g
2.373
kilocalorías
Carne roja
15 g
Huevos
15 g

Fuente: The Lancet / EL PAÍS

De hecho, solo el 1% de la población mundial se encuentra en un espacio seguro y justo, desde el punto de vista social, ambiental y de la salud. Pero, como destaca Walter C. Willett, copresidente de la Comisión EAT-Lancet y profesor en la Escuela de Salud Pública Harvard T. H. Chan, la propuesta de DSP es “muy consistente con la dieta mediterránea tradicional”, y con otras tradicionales de muchas partes del globo.

Básicamente, lo que proponen es una variedad de alimentos integrales o mínimamente procesados que en su mayoría son de origen vegetal. Las grasas, explican en un estudio que lanzan este viernes, son principalmente insaturadas, sin aceites parcialmente hidrogenados. Además, proponen pequeñas cantidades de azúcares añadidos y sal. “La dieta permite flexibilidad y es compatible con muchos alimentos, culturas, patrones dietéticos, tradiciones y preferencias individuales”, afirman. Y se caracteriza por una baja ingesta de proteína de origen animal, en contra de lo que ocurre en la mayoría de las dietas de los países desarrollados.

Su propuesta plantea un consumo diario medio de 2.373 kilocalorías y es flexitariana, es decir, que se centra mayoritariamente en los vegetales (frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas), pero admite la proteína animal (como huevos, carne, pescado y lácteos).

Los autores también han elaborado alternativas vegetariana, vegana y pescetariana.

Otras dietas

“No estamos hablando de una dieta de privación. Es algo que puede ser delicioso”, sostiene Willett. Consciente de que la propuesta contiene muchos números y puede resultar complicada de entender de un vistazo, este experto en epidemiología y nutrición ofrece una simplificación que resume en la fórmula “uno más uno”. Es decir, una porción diaria de lácteos —que puede ser un vaso de leche, un yogurt o una porción de queso— más otra porción diaria de proteína animal, reduciendo la ingesta de carne roja a solo una vez por semana. A ello se le unen el resto de alimentos de origen vegetal que proponen los expertos. “Es algo que encuentro simple de seguir”, sostiene Willett.

Según el informe de la Comisión EAT-Lancet, la adopción de la DSP, “junto con ambiciosas políticas de mitigación climática, daría como resultado reducciones sustanciales en las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso de la tierra”.

Esta dieta, explican los autores, está principalmente diseñada para alcanzar niveles óptimos de salud humana global, con la reducción de la incidencia de enfermedades crónicas, como dolencias cardiovasculares, diabetes tipo 2, el cáncer y las afecciones neurodegenerativas. Pero, en el estudio, también recalcan que “hay pruebas sólidas de que la adopción de dietas acordes con la DSP reduciría el impacto medioambiental de la mayoría de las dietas actuales”. Uno de los beneficios más claros del cambio en los patrones alimenticios globales sería el de la reducción de las emisiones.

“Los sistemas alimentarios generan aproximadamente el 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y, sin cambios, podrían por sí solos empujar el calentamiento en el planeta más allá del límite de 1,5 grados, incluso si los combustibles fósiles se eliminaran gradualmente”, sostiene por su parte Johan Rockström, copresidente de la Comisión EAT-Lancet y director de Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK).

Pero el problema va más allá del calentamiento global. En el informe de este 2025 los autores han analizado por primera vez la influencia que tienen los sistemas alimentarios en la superación de los llamados límites planetarios, que son nueve procesos fundamentales de la Tierra que los científicos liderados por el Instituto Potsdam sostienen que deben mantenerse estables para que la Tierra siga siendo habitable. Siete ya se han superado. En cinco de ellos la alimentación juega un papel determinante en la superación de los umbrales de seguridad. Son el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el cambio en el uso del suelo, los flujos biogeoquímicos (nitrógeno y fósforo) y el uso del agua dulce.

“Los alimentos son la principal causa de transgresiones de los límites planetarios”, advierten los autores. “El sistema alimentario está poniendo el riesgo la estabilidad del planeta”, resume Rockström. Por eso se requiere una “transformación”. Según este experto, ese cambio no pasa solo por adoptar la dieta de salud planetaria, también “es necesario reducir el desperdicio de alimentos y hacer la transición hacia prácticas sostenibles de uso del agua” y nutrientes para la agricultura.

Para ello existen fórmulas que se han demostrado eficaces, como señala otra de las autoras, Line Gordon, directora del Centro de Resiliencia de Estocolmo. Son medidas, por ejemplo, de política fiscal para eliminar las ayudas públicas a prácticas agrícolas y ganaderas dañinas o la regulación estricta del etiquetado de alimentos que se presentan como saludables, especialmente los dirigidos a los menores.

Aunque los autores recalcan que tan solo un 1% de la población mundial está dentro de la zona segura y justa, el grado de responsabilidad sobre la afección al medio ambiente de lo que se come no es ni mucho menos homogéneo. Porque, los autores recalcan que “las dietas del 30% más rico de la población mundial contribuyen a más del 70% de las presiones ambientales” ligadas a los sistemas alimentarios. “Estas estadísticas ponen de relieve las grandes desigualdades en la distribución de los beneficios y las cargas de los sistemas alimentarios actuales”, concluyen.

Ataques y desinformación
Una parte importante de la conferencia de prensa que los coordinadores y autores principales de esta Comisión ofrecieron a los medios previa a la publicación este viernes del informe la emplearon en resaltar la solidez del estudio que han elaborado y en el que han participado medio centenar de científicos. “Hay una abrumadora evidencia científica”, sostiene Rockström. Sin embargo, él y su equipo están preparados para los “ataques” que sospechan que van a recibir.

Porque así ocurrió en 2019, cuando lanzaron por primera vez la Dieta de Salud Planetaria, como recuerda Willett. “Hubo un ataque orquestado la última vez y también esta vez lo habrá“, vaticina. ”La última vez si vio que provenían principalmente de la industria de la carne de res y la industria láctea", afirma Willett. Pero este experto insiste en que sus conclusiones se basan en “docenas y docenas de estudios” y en “revisiones rigurosas”.