Una crónica del 11-S neoyorkino
(Publicado el 12 de septiembre de 2001)
Lo que convierte en inquietante a los atentados de ayer en Estados Unidos es su carácter ejemplar, la general intuición de que volverá a ocurrir -porque es relativamente fácil organizar cosas así y prácticamente imposible prevenirlas-, así como el bajo nivel de los responsables políticos para comprender la situación y diagnosticar las enfermedades que presenta.
Todo el mundo intuyó ayer que las ideas clásicas en materia de “seguridad nacional” sencillamente no sirven. Pero, ¿por qué?. Desde luego hay que “fortalecer la seguridad física”, “unirse contra el terrorismo”, etc., pero lo más importante es comprender los cambios que los avances técnicos, incluida la capacidad de destrucción masiva y la accesibilidad de dicha capacidad, determinan en el mundo de hoy.
Las potencias dominantes, los nuevos “imperios”, ya no pueden comportarse como en el siglo XIX, cuando la lucha por el control de recursos y el dominio de territorios y de colectivos humanos, era un asunto sin riesgos de fusiles contra lanzas. En esa misma labor los países dominantes asumen hoy riesgos enormes, porque, por primera vez en la historia, dada la accesibilidad del arma atómica o de otros medios técnicos de destrucción masiva, las víctimas, los desesperados, los criminales, los locos, tienen posibilidad de acción, respuesta o venganza.
Hace setenta años, en vísperas de la convención sobre el desarme de 1932, Albert Einstein alertó sobre las implicaciones de un “desarrollo técnico que posibilita los medios para la destrucción de la vida”. Sin un cambio de mentalidad el progreso tecnológico es tan peligroso, “como una cuchilla de afeitar en manos de un niño de tres años”, escribió. Más tarde Einstein acuñó una frase que, muchos años después, sería inspiración para el desarme soviético de finales de los ochenta y para
el “nuevo pensamiento” gorbacheviano: “el arma nuclear lo ha cambiado todo, menos la mentalidad del hombre”.
Hoy ese asunto está aun más claro. El fin de la guerra fría, esa ocasión perdida para un “nuevo orden mundial”, evidenció que el ejército soviético disponía de bombas nucleares de mochila, pensadas para ser colocadas en la retaguardia del enemigo en caso de guerra. Si los soviéticos, que iban manifiestamente retrasados en ese campo las tenían, pueden imaginarse la situación en el otro campo. Los escenarios de los estados mayores con sustancias químicas y bacteriológicas, en caso de guerra, aun eran mas sencillos y transportables. Y hoy, los expertos coinciden en que no hay grandes dificultades de fabricar privadamente
una bomba atómica, o en acceder a unos gramos de antrax capaces de envenenar a millones de personas.
Eso lo cambia todo, pero la mentalidad y el “modus operandii” que gobierna el mundo es la misma que la de antes de que apareciera este nuevo factor.
Si se me permite una anécdota personal, para mi eso quedó claro en la primavera de 1996, en Chechenia. La guerra había devastado el territorio. La capital, Grozny, una ciudad de medio millón de habitantes, había sido reducida a escombros. La región, tierra ancestral de un pueblo de un millón de almas, el checheno, con mentalidad y memoria de genocidio por las deportaciones estalinistas, era un panorama de pueblos con mezquitas destruidas, familias destrozadas, campos sin labrar y gentes desesperadas. En ese contexto me encontré con dos comandantes chechenos, Aslanbek Abduljadzhiev y Aslanbek Israilov, en la casa del primero, en Shalí, a unos 25 kilómetros al sureste de Grozny.
Ambos ya habían participado en el ataque a Budionnovsk de junio de 1995, cuando tomaron mas de mil rehenes inocentes en un hospital-maternidad del sur de Rusia.
Mientras comíamos Abduljadzhiev e Israilov nos explicaron abiertamente sus planes de atacar una instalación nuclear, bien en Rusia, bien en algún país europeo. Su argumento era, “el mundo asiste indiferente a la aniquilación indiscriminada de nuestro pueblo, lo que nos da derecho a una venganza igualmente despiadada e indiscriminada”.
Pocos meses antes, otro comandante checheno, Shamil Basayev, había
lanzado una advertencia depositando en el Parque Izmailovski de Moscú un
pequeño contenedor con sustancias radiactivas.
Salí muy impresionado de aquella comida, sobre todo porque comprendí
que Abduljadzhiev e Israilov eran gente absolutamente “normal” y que, al
mismo tiempo, estaban completamente dispuestos a morir en una acción de tipo suicida. Israilov, que murió reventado por una mina en la dantesca
retirada guerrillera de Grozny del invierno de 1999 (cuando los
comandantes marchaban al frente de sus columnas por campos de minas y
saltaban despedazados gritando “Alá es grande”), había sido un próspero
fabricante de ladrillos de Argún antes de la guerra. Ambos eran padres
de familia. Como todos, Israilov había perdido a familiares en la
guerra, y cuando le insistí en la inmoralidad de sus propósitos de
atentado indiscriminado, sentí que se ponía violento y desistí para no
forzar mas la ley de la hospitalidad chechena.
Al salir de aquella velada, a la que asistieron también Juan Cierco,
de ABC, y Ricardo Ortega, de Antena 3, el verdadero artífice de aquella
entrevista, hablamos de lo serio que era todo aquello, de lo mal que
estaba un mundo que produce desesperados suicidas por doquier; en
Kurdistán, Timor, Oriente Medio, Chechenia y decenas de otros lugares.
Escribí inmediatamente sobre aquellas impresiones, tras haberlas
completado con toda una serie de entrevistas con especialistas rusos en
materia de armamentismo y proliferación nuclear que me instalaron en la
convicción de una nueva bomba nuclear de amplio consumo.
Según su estimación, en el primer cuarto de este siglo unos veinte
países en desarrollo (los “rogue states” citados por la administración
americana, suelen pertenecer a ese grupo) podrán tener armas químicas,
casi diez armas biológicas, y más de quince misiles balísticos capaces
de llevar armas de destrucción masiva.
Cierco es hoy corresponsal en Oriente Medio y testigo de la última
Intifada. Ortega lo es en Nueva York y su despacho en Manhattan se debió
cubrir ayer de cenizas. Supongo que los dos se acuerdan ahora de aquella
velada en Shalí. En lo que a mi respecta, la he tenido siempre presente
-se ha convertido casi en una obsesión- y por eso, habiendo sido un
“shock”, lo sucedido ayer no ha sido una sorpresa, sino mas bien algo
esperado. Una inmensa desgracia anunciada.
Cuando, según datos de Unicef, mas de medio millón de niños iraquís
han muerto desde 1991 a consecuencia del bloqueo y sus bombardeos, es
solo una cuestión de tiempo que alguien intente hacer estallar una carga
nuclear en el metro de Nueva York o derrame unos gramos de antrax en el
suministro de agua potable de Londres, escribí en 1996.
Repasando la prensa de hoy se encuentra de todo. No falta quien echa
mano de teorías postmodernas sobre el “conflicto de civilizaciones”. En
un respetado diario nacional leo que, “el papel de Moscú en el mundo
bipolar se lo arroga ahora el terrorismo internacional”. Los políticos
hablan de “unirse contra el terrorismo” y bien poco más. Abundan las
declaraciones necias que confirman que si este mundo es inquietante es
sobre todo por su ceguera en materia de “seguridad” y de “economía”.
El único mensaje, la única conclusión, es tan simple como rotunda:
no se puede seguir sembrando desesperación en el mundo, ni consumiendo
recursos globales agotables atendiendo a la razón del beneficio, sin
correr riesgos de destrucción masiva o de colapsos para los que no
existen “soluciones” ni “salvaciones” particulares, nacionales o
regionales.
En los últimos treinta años, han aumentado las diferencias entre
los países más ricos y los más pobres. También ha aumentado la brecha
entre ricos y pobres dentro de los países más prósperos beneficiados por
los seudocrecimientos (basados en la contabilidad fraudulenta con la que
operan el FMI, nuestros gobiernos y los suplementos de economía de
nuestros diarios). Esa es la raíz de la nueva inseguridad, que, sumada
a la tecnoesfera de nuestra civilización, su universo de posibilidades
técnicas, arroja la dimensión del problema.
Estados Unidos ha abandonado toda política de consenso hacia el
Tercer Mundo, desprecia a las Naciones Unidas (ese imperfecto órgano de
consenso internacional), propone, y practica, “guerras humanitarias” y
absurdos objetivos de inmunidad nacional ante misiles adversos, como
recetas contra una inestabilidad y una proliferación armamentista en la
que los países más poderosos, ricos e ilustrados, tienen la mayor
responsabilidad porque fueron ellos los pioneros en esa senda. Recetas
que, en gran parte, son subterfugios para incentivar ese seudodesarrollo
económico manifiestamente enfermo en sus fundamentos a partir de las
aplicaciones tecnológicas militares, de las que Internet y el teléfono
móvil son hijos.
Traduciendo lo de ayer en Manhattan a conclusiones prácticas, el
principal mensaje es que Estados Unidos debe cambiar varias líneas
fundamentales de su política. Otras potencias del norte deben inventar
nuevas políticas más sensatas para el siglo entrante. Si no hay
posibilidad de consenso transoceánico, la Unión Europea debe desmarcarse
de la política americana hacia el Tercer Mundo. La mejor seguridad es no
sembrar la desesperación ni practicar la imposición militar a colectivos
humanos. Todo eso ya no vale para nadie, pero aun menos para Europa,
escenario de dos guerras mundiales, y aun menos para Rusia, mundo a
caballo entre el primer y el tercer mundo, con su pluralismo
civilizatorio, sus fronteras directas con el Tercer Mundo y los “rogue
states” (Irán, Afganistán), y con su 20% de población de tradición
islámica. Si este mundo es inquietante es, precisamente, porque este
mensaje seguirá perdido bajo los escombros del World Trade Centre
neoyorkino.
(La Vanguardia, 12 Septiembre de 2001)
sábado, 13 de octubre de 2001
viernes, 7 de abril de 2000
La historiografía de la guerra civil tiene lagunas importantes, según Ángel Viñas. Prosigue en Santander el homenaje a Tuñón de Lara
La historiografía de la guerra civil y de la dictadura franquista, a pesar de la amplia literatura existente, tiene lagunas sustanciales que reclaman atención preferente, según el profesor Ángel Viñas, que ayer moderó uno de los debates que se desarrollan en la Semana de Historia Homenaje a Tuñón de Lara, de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, de Santander.
Los aspectos económicos y sociales del conflicto y el análisis de los mecanismos de ejercicio de poder en ambas zonas contendientes son algunos de los puntos en los que todavía no se ha investigado.
Ángel Viñas, historiador, catedrático de Economía y director general de Ordenación Universitaria desde el pasado mes, mantuvo también la tesis de que, a pesar de ciertos meritorios esfuerzos como los desarrollados por el propio Tuñón de Lara, «la historia del franquismo está en gran medida por hacer», advirtiendo que ese trabajo será posible cuando se logre acceso a la documentación generada por el régimen y cuando los historiadores definan áreas de atención prioritaria que requieren esclarecimiento inmediato. Además del análisis del ejercicio del poder, es decir, el funcionamiento y la aplicación de los aparatos del Estado, Viñas cree que esa historia exige el análisis de las instituciones que fueron soporte del anterior régimen.Después de calificar como «no malo, pero sí insuficiente» el estado de la historiografía española en materia de análisis de la contemporaneidad, Ángel Viñas recurre a ejemplos de investigación como los desarrollados en Estados Unidos, Reino Unido y República Federal de Alemania, «donde se ha avanzado mucho más en la definición de los límites temporales de lo contemporáneo, en el soporte empírico del análisis historiográfico y en el abanico metodológico a aplicar al estudio de los procesos históricos de nuestro tiempo». Según el historiador, de los fondos que financiaron al bando nacional y del llamado «oro de Moscú», esos fondos documentales generados por el franquismo «pueden ocupar a varias promociones de jóvenes historiadores y de otros científicos sociales», porque constituyen un «terreno virgen que es urgente empezar a explotar».
Industrialización y lucha de clases
Otro de los debates de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, el moderado por José Luis García Delgado, se centró en las transformaciones económicas y el desarrollo capitalista, especialmente el del período que se extiende entre 1902 y 1913, con el interés que presentan los proyectos de política económica del Gobierno largo, de Maura. Los estudios biográficos que García Delgado señala como sugestivos son, entre los destacados empresarios de aquel tiempo, Ramón de la Sota: entre los ministros de Hacienda y los economistas, Bernis y Olariaga, y entre los técnicos, Lorenzo Pardo.La Semana de Historia Homenaje a Tuñón de Lara analizó también la revolución burguesa y los partidos políticos, en un debate que moderó el profesor Tomás y Valiente, y los orígenes del movimiento obrero, a cargo de Manuel Izard, que subrayó la necesidad de estudiar el conjunto de las luchas de clases populares.
Ángel Viñas, historiador, catedrático de Economía y director general de Ordenación Universitaria desde el pasado mes, mantuvo también la tesis de que, a pesar de ciertos meritorios esfuerzos como los desarrollados por el propio Tuñón de Lara, «la historia del franquismo está en gran medida por hacer», advirtiendo que ese trabajo será posible cuando se logre acceso a la documentación generada por el régimen y cuando los historiadores definan áreas de atención prioritaria que requieren esclarecimiento inmediato. Además del análisis del ejercicio del poder, es decir, el funcionamiento y la aplicación de los aparatos del Estado, Viñas cree que esa historia exige el análisis de las instituciones que fueron soporte del anterior régimen.Después de calificar como «no malo, pero sí insuficiente» el estado de la historiografía española en materia de análisis de la contemporaneidad, Ángel Viñas recurre a ejemplos de investigación como los desarrollados en Estados Unidos, Reino Unido y República Federal de Alemania, «donde se ha avanzado mucho más en la definición de los límites temporales de lo contemporáneo, en el soporte empírico del análisis historiográfico y en el abanico metodológico a aplicar al estudio de los procesos históricos de nuestro tiempo». Según el historiador, de los fondos que financiaron al bando nacional y del llamado «oro de Moscú», esos fondos documentales generados por el franquismo «pueden ocupar a varias promociones de jóvenes historiadores y de otros científicos sociales», porque constituyen un «terreno virgen que es urgente empezar a explotar».
Industrialización y lucha de clases
Otro de los debates de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, el moderado por José Luis García Delgado, se centró en las transformaciones económicas y el desarrollo capitalista, especialmente el del período que se extiende entre 1902 y 1913, con el interés que presentan los proyectos de política económica del Gobierno largo, de Maura. Los estudios biográficos que García Delgado señala como sugestivos son, entre los destacados empresarios de aquel tiempo, Ramón de la Sota: entre los ministros de Hacienda y los economistas, Bernis y Olariaga, y entre los técnicos, Lorenzo Pardo.La Semana de Historia Homenaje a Tuñón de Lara analizó también la revolución burguesa y los partidos políticos, en un debate que moderó el profesor Tomás y Valiente, y los orígenes del movimiento obrero, a cargo de Manuel Izard, que subrayó la necesidad de estudiar el conjunto de las luchas de clases populares.
viernes, 3 de marzo de 2000
Aznar, arropado por el mundo del espectáculo
LUIS R. AIZPEOLEA
José María Aznar aprovechó la mañana de ayer para reunirse con figuras del mundo de la cultura y el espectáculo en el Palacio de Cristal de la Arganzuela, en Madrid, ante los que detalló las propuestas culturales de su programa. Hubo asistentes de clara adscripción al partido popular, como los escritores Fernando Sánchez Dragó y Luis Racionero, y los actores José Luis López Vázquez, Pepe Rubio, Rosa Valenty, Pedro Osinaga y Norma Duval; y otros vinculados a TVE, como José Manuel Parada y José Luis Moreno. A ellos se sumaron Nati Mistral, Ramiro Oliveros, Mariano y Antonio Ozores, Quique Camoiras, Teresa Rabal, Victoria Vera, Silvia Tortosa, las hermanas Valverde, Eduardo Rodrigo, Paloma San Basilio, la bailarina María Rosa y el torero Pedro Moya, Niño de la Capea. También había caras menos habituales en actos del PP: Tina Sainz, Pepe Sancho, Assumpta Serna y Fernando Méndez Leite.
Manuel Gutiérrez Aragón acudió como presidente de la SGAE, y también ostentaban representación institucional los directores de las Reales Academias de Historia, Gonzalo Anés, y de Bellas Artes de San Fernando, Ramón González de Azúa, o el rector de la Complutense, Rafael Puyol. Los compromisos fundamentales del líder del PP en materia cultural son la promesa de elaborar una nueva ley de fundaciones y otra de mecenazgo, mediante la que se establezcan incentivos y beneficios para las empresas y particulares que quieran colaborar con donaciones, inversiones y gastos en instituciones y actividades de "indudable interés cultural".
Asimismo, el líder del PP se comprometió a tramitar la próxima legislatura, si gana el 12-M, la ley de Promoción del Cine que ha pactado recientemente con el sector. También se comprometió a crear la Red de Teatros y Auditorios Iberoamericanos sobre la base del programa Ibermedia, impulsor de la acción exterior de España en materia cultural.
Aznar afirmó que el Gobierno podrá embarcarse en este esfuerzo al disponer de "unas cuentas públicas en orden, a punto de eliminar el déficit público y con una economía en expansión".
https://elpais.com/diario/2000/03/02/espana/951951617_850215.html
José María Aznar aprovechó la mañana de ayer para reunirse con figuras del mundo de la cultura y el espectáculo en el Palacio de Cristal de la Arganzuela, en Madrid, ante los que detalló las propuestas culturales de su programa. Hubo asistentes de clara adscripción al partido popular, como los escritores Fernando Sánchez Dragó y Luis Racionero, y los actores José Luis López Vázquez, Pepe Rubio, Rosa Valenty, Pedro Osinaga y Norma Duval; y otros vinculados a TVE, como José Manuel Parada y José Luis Moreno. A ellos se sumaron Nati Mistral, Ramiro Oliveros, Mariano y Antonio Ozores, Quique Camoiras, Teresa Rabal, Victoria Vera, Silvia Tortosa, las hermanas Valverde, Eduardo Rodrigo, Paloma San Basilio, la bailarina María Rosa y el torero Pedro Moya, Niño de la Capea. También había caras menos habituales en actos del PP: Tina Sainz, Pepe Sancho, Assumpta Serna y Fernando Méndez Leite.
Manuel Gutiérrez Aragón acudió como presidente de la SGAE, y también ostentaban representación institucional los directores de las Reales Academias de Historia, Gonzalo Anés, y de Bellas Artes de San Fernando, Ramón González de Azúa, o el rector de la Complutense, Rafael Puyol. Los compromisos fundamentales del líder del PP en materia cultural son la promesa de elaborar una nueva ley de fundaciones y otra de mecenazgo, mediante la que se establezcan incentivos y beneficios para las empresas y particulares que quieran colaborar con donaciones, inversiones y gastos en instituciones y actividades de "indudable interés cultural".
Asimismo, el líder del PP se comprometió a tramitar la próxima legislatura, si gana el 12-M, la ley de Promoción del Cine que ha pactado recientemente con el sector. También se comprometió a crear la Red de Teatros y Auditorios Iberoamericanos sobre la base del programa Ibermedia, impulsor de la acción exterior de España en materia cultural.
Aznar afirmó que el Gobierno podrá embarcarse en este esfuerzo al disponer de "unas cuentas públicas en orden, a punto de eliminar el déficit público y con una economía en expansión".
https://elpais.com/diario/2000/03/02/espana/951951617_850215.html
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