
Acampada en Sol. / Borja Sanchez-Trill
Lo tuve que escuchar dos veces para dar crédito a lo que estaba oyendo, para descartar que fuese un montaje de la inteligencia artificial o un bulo difundido por las redes. Concluí que se trataba de unas palabras auténticas pronunciadas por el director y creador de Okdiario, Eduardo Inda. No podía creer que una persona en su sano juicio pudiese calificar a quienes se habían concentrado en la Puerta del Sol de Madrid de basura humana. No se da cuenta el señor Inda, con lo listo que se cree, de que ese discurso, que pretende definir a los acampados y acampadas en Sol, a quien define de arriba abajo es a él mismo.
Basura, señor Inda, son restos, residuos, sobras, despojos, desechos, desperdicios, escombros, morralla, escurriduras. Basura es aquello que resulta de la descomposición o destrucción de algo. Y usted decide calificar de basura a jóvenes, adultos y ancianos que se congregan para expresar libremente su opinión sobre un problema de extraordinaria envergadura. Un problema que hoy consideran muchos españoles y españolas el más apremiante del país.
Digo que no daba crédito a la virulencia, a la falta de respeto y a la ausencia de límites que contenía su discurso. Y no solo me indignaba el infame contenido del discurso del sedicente periodista, también me irritaba la forma en la que lo expresaba: en sus palabras había agresividad, desprecio y prepotencia.
Ya es una falta de rigor imperdonable meter a todos los acampados en un mismo saco y colgar una etiqueta tras otra, todas ellas cargadas de desprecio, como si todos estuviesen allí por los mismos motivos, con las mismas necesidades y con las mismas pretensiones. Y es una falta de respeto inaceptable que los considere basura humana. ¿Basura, señor Inda?
Por si alguien no se hubiera enterado, el propio Inda lo aclara: «digo basura humana y digo bien porque ahí hay gentuza de toda realidad y condición». A continuación especifica que hay cinco grupos de personas manifestándose en el centro de la capital: «heroinómanos, porreros, borrachos, matones y ladrones». Y añade: «hay gente que son las cinco cosas a la vez». ¿Cómo lo sabe?
El señor Inda, además de un excelente ojo clínico, tiene otras cualidades como periodista. Por ejemplo, tiene la capacidad adivinatoria de saber por qué están todos y todas congregados allí. No necesita preguntárselo, tampoco le sirve de nada lo que dicen en las entrevistas, en las pancartas y en los eslóganes que corean. La verdad la tiene el señor Inda, que es capaz de penetrar el pensamiento de los manifestantes: «lo que quieren es vivir de los contribuyentes». Y, además tiene un potente detector de mentiras: «La vivienda, el problema de la vivienda que es un problema real les importa un pimiento, un comino».
No les preocupa la vivienda a los jóvenes congregados que no pueden acceder a ella?, ¿no les importa la vivienda a quienes no pueden tener un alquiler asequible y tienen que seguir viviendo en casa de sus padres cuando han alcanzado la cuarentena?, ¿no les importa la vivienda a quienes están al borde de un desahucio? ¿Qué les preocupa, señor Inda?
Dice Inda que quienes asisten a la acampada pretenden hacerse un «Pablo Iglesias». Hace falta tener mala baba para remitirse al caso de una persona a la que tuvo que indemnizar por haberse inventado una cuenta en San Vicente y las Granadinas. Y hace falta tener pocas luces para pensar que alguno de los participantes esté movido por el deseo de repetir la experiencia de Pablo Iglesias que llegó a asumir la Vicepresidencia del Gobierno.
Analicemos con un poco de reposo. Una señora mayor a la que hicieron una entrevista dijo que ella tenía casa pero que se sentía solidaria con jóvenes y mayores que tenían problemas para conseguirla o para conseguir un alquiler a un precio viable. Esa señora, si le aplicamos los patrones que Eduardo Inda, será heroinómana, porrera, borracha, matona o ladrona, a esa señora solo le importa que le regalen una casa (aunque tenga la suya), no le importa para nada la cuestión de la vivienda y quiere hacerse un Pablo Iglesias para meterse en la política y hacerse, como dice del podemita, una archimillonaria.
Me duele que sea usted tan mezquino, tan ruin, tan miserable. ¿Quién se ha creído para considerar basura a muchas personas que, al menos en la actitud de solidaridad que están mostrando, entregando su tiempo y su esfuerzo a una causa digna, considero mejores que usted? Porque usted emite ese vídeo desde la tranquilidad y comodidad de su despacho.
Me indigna que sea usted tan deslenguado, tan provocador, tan ofensivo ¿Cómo se sentirá un padre que tiene a su hijo congregado en Sol porque es un joven solidario a quien preocupan los problemas de la sociedad cuando usted le califica de basura? ¿Cómo se sentirán ante sus palabras los hijos de una madre que se ha ido a la concentración, aunque ya tiene casa, porque desea ayudar a que todos puedan tenerla cuando usted la califica de basura? Me irrita que sea usted tan facha, tan racista, tan insolidario.
Cuesta leer sin sublevarse esta falta de respeto a la verdad, a la realidad, a las personas. Este discurso tiene todos los ingredientes de los discursos de odio: Los otros son los malos, los mentirosos, los egoístas, los matones, los ladrones… Los otros son los indeseables, los heroinómanos, los porreros… Los otros son gentuza, basura humana…
Y, ¿qué hacer con la basura? Pues hay que barrerla y quitarla de en medio. Por eso le pide al señor alcalde, José María Almeida, que retire a toda esa gentuza de un lugar tan visible. No tiene en cuenta el señor Inda que la acampada es legal mientras sea pacífica. Y lo es. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha desoído la petición del gobierno de la Comunidad de Madrid (no podía faltar la señora Ayuso) que le pidió levantar el campamento. No son tan pacíficas las intenciones de algunos grupos de ultraderecha que pretenden acceder a la acampada para reventarla. Manifestar la opinión es un derecho constitucional. Tener derecho una vivienda digna es otro derecho constitucional. Al señor Almeida (que tiene en la familia a rentistas de miles de viviendas) le parece que un cuchillo con el que se parte el pan o unos trozos de adoquín para sujetar las tiendas, son armas que pueden generar violencia.
El discurso de Inda es un discurso inquietante. A mi juicio tiene algunas características de los discursos de odio, como estas que a continuación señalo:
- La deshumanización del otro, la negación de su dignidad. En el discurso de odio se deja de presentar a las personas como individuos con dignidad y se las convierte en algo inferior y despreciable. Llamar a un colectivo basura es un ejemplo muy claro de este mecanismo: no se cuestiona una conducta concreta sino que se atribuye una condición degradante a las personas.
- Se constituye un ‘nosotros’ frente a un ‘ellos’. Ellos quieren vivir de los contribuyentes, «nosotros nos deslomamos». Se divide a la población en buenos y malos, trabajadores y vagos, alborotadores y pacíficos, sucios y limpios.
- Proceso de generalización. Se atribuyen determinadas características a todo un grupo a partir de unos individuos o de determinados comportamientos. ‘Los acampados’ aparecen como una unidad, sin tener en cuenta las características de cada una de las personas.
- Proceso de etiquetado. A ese colectivo maldito se le colocan etiquetas como sucede en las declaraciones de Inda: heroinómanos, porreros, borrachos, matones, ladrones, basura, gentuza.
- Atribución de culpa colectiva. El individuo deja de responder por sus propios actos y pasa a ser culpable por el simple hecho de pertenecer a un determinado grupo. Rompe la distinción entre responsabilidad personal y responsabilidad colectiva.
- Presenta al colectivo como una amenaza. Los otros amenazan nuestra seguridad, nuestra forma de vida, nuestros principios, nuestro trabajo, nuestros recursos, nuestro futuro.
.- Legitimación de la exclusión. Después de presentar al otro como inferior, culpable o peligroso se llega a la conclusión de que hay que expulsarlo, silenciarlo, aislarlo o privarle de algunos derechos.
- Apelación a los sentimientos más que a los argumentos. El discurso del odio suele utilizar palabras que provocan asco, miedo, indignación o desprecio. Por eso tienen tanta importancia las expresiones relacionadas con la suciedad y la contaminación.
- Negación de la complejidad. Una realidad social muy compleja como es el problema de la vivienda se queda reducido a una frase sin matices: ellos son basura humana.
- Preparación del terreno a la violencia. La palabra no equivale automáticamente a la violencia pero la deshumanización propicia que se considere legítimo hacer daño a quien se ha mostrado calificado como despreciable.
Una cosa es criticar una acampada con argumentos (libertad de opinión) y otra calificar a todos y a cada uno de quienes participan en ella de basura humana (delito de odio).


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