Cuando lo considera conveniente, se inventa descalificaciones que están muy alejadas de la realidad. Y así, ha dicho de los docentes huelguistas que son «gente violenta». ¿Se puede comparar el comportamiento de estos huelguistas con lo que están haciendo los manifestantes en Francia, que han incendiado el Ayuntamiento de Limoges? Dice Ayuso: «Es gente que no respeta, que es violenta y que a través del acoso y la intimidación pretende no sé qué». Es que cada frase que sale de su boca está llena de ponzoña. ¿No respeta? ¿Es violenta? ¿A través del acoso y de la intimidación? ¿Se pueden resumir las reivindicaciones con un despectivo «no sé qué»?
Y atribuye intenciones a su antojo: esta es «una huelga política». Ayuso acusa al Gobierno central de estar detrás de la huelga por intereses electorales. ¡Una huelga que estaba programada desde el 12 de junio, meses antes de que se convocasen las elecciones! Una huelga cuyas reivindicaciones no quiere ni escuchar. En lugar de sentarse con el profesorado y conocer sus demandas, ella elige el desprecio y el descrédito. Es más, se avergüenza de que esas personas violentas tengan en sus manos la educación de los alumnos y alumnas de la Comunidad de Madrid.
Después de permanecer en el Palacio de Santoña donde ha mantenido una reunión mientras los profesores la esperan a la salida, dice que mientras ella dentro estaba construyendo, fuera estaban otros destruyendo. Qué cinismo. ¿Destruyendo qué? Porque el trabajo que va a mejorar la sociedad es lo que esos manifestantes hacen en las aulas por un sueldo bajo, no lo que hacen los políticos en sus despachos, con una remuneración muy superior. Me dolieron los golpes que la policía propició a los manifestantes para dejar despejada la puerta de salida. Ninguno de los golpeados respondió a la contundencia abusiva de las porras. ¡La policía dando golpes a los profesores y las profesoras que luchan por mejorar la educación! Y la presidenta golpeando con injurias a quienes desempeñan la tarea más importante, hermosa y difícil que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con la mente y el corazón de los niños, de las niñas y de los jóvenes.
Pero, esta señora, ¿Quién se ha creído que es?, ¿Qué concepto tiene de la democracia?, ¿Qué idea tiene del papel de un gobernante?, ¿no sabe que es el pueblo quien manda y el gobernante quien sirve?, ¿no sabe que una virtud del político es la humildad y no la altanería?, ¿Qué idea tiene de la educación?, ¿Qué respeto les tiene a los docentes de su Comunidad? Creo que debería volver a las aulas para que esos profesores y profesoras de la enseñanza pública pudieran explicarle algunas ideas elementales de educación para la ciudadanía.
El problema reside en la petulancia y en la prepotencia de este personaje, a quienes sus secuaces aplauden más fervientemente cuanto más y mejor insulta al adversario. Ella cree que lo hace mejor que nadie. Por eso dice que más de lo que se hace en la Comunidad de Madrid por la escuela pública no se puede hacer (¡y es la Comunidad que dedica la menor cantidad de dinero por alumno!). Ni una pizca de autocrítica. Ni una mínima sensatez ya que es muy fácil comprobar lo que se hace en otras comunidades autónomas del país.
Otro problema es el escaso valor que le concede a la escuela pública. A ella le importa más la privada. No se da cuenta de que la escuela pública es la causa de la justicia, es la escuela de todos y de todas, para todos y para todas. La señora Ayuso no le concede a la educación la importancia que se merece. No sabe que la educación es la piedra angular de la transformación de las personas y de las sociedades. La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe, decía Herbert Wells.
Es que ni le importa saber, a través de los representantes, qué es lo que piden los profesores y las profesoras. Lo sabe, claro está, pero no lo quiere escuchar. Es una actitud que muestra poco respeto, mucho desprecio y mucha chulería. ¿Por qué no se sienta a escuchar sus peticiones? ¿No tiene tiempo? Sí, tiempo tiene porque le sobra para hacer un hueco al señor Milei, que se harta de insultar al presidente de su país. Menuda patriota. ¿No tiene ganas? Pues no, no las tiene.
La señora Ayuso muestra un orgullo intolerable al despreciar las reivindicaciones del profesorado. No se digna a sentarse con los representantes de los huelguistas ni le da órdenes a su consejera de Educación para que lo haga en su nombre.
Los profesores piden mejora salarial, como es lógico y justo. Hay mucha hipocresía en los políticos que hacen un elogio de lo que significa la educación en una sociedad pero que no trata a los profesores y a las profesoras de una forma coherente con aquellos elogios.
Piden también mejoras en las condiciones laborales: menos alumnos y alumnas por aula, menos horas lectivas para atender mejor las exigencias de la diversidad, menor carga burocrática…
Quieren también mejorar la calidad de la tarea educativa a través de la presencia de orientadores y orientadoras, de especialistas en logopedia y en Pedagogía Terapéutica.
Proponen también que mejore la climatización de las aulas para que los alumnos y alumnas no tengan que soportar temperaturas extremas, retirar el amianto de las escuelas e institutos y construcción completa de los centros sin prolongar las obras por fases mientras se imparten las clases.
¿No pueden sentarse a negociar? Cuando los médicos estaban en huelga, la señora Ayuso interpelaba a la ministra Mónica García por el descontento de los profesionales de la salud y le achacaba que no negociase con los manifestantes pero, cuando le sucede a ella, la reacción es diferente. Ayuso maneja como nadie la ley del embudo.
Qué pésimo ejemplo para las familias, para los alumnos y las alumnas, para toda la ciudadanía. Los profesores y las profesoras merecen un respeto, tienen una dignidad. No se les puede tachar de violentos sin la menor evidencia, no se les puede negar un asiento en la mesa de negociación, no se les puede tachar de rémora (mientras nosotros construimos, ellos destruyen).
«Imaginad la educación de vuestros hijos en manos de gente como la que tenemos en la puerta», dice Ayuso. Esta es una frase intolerable por la que pido la dimisión de esta gobernante sin vergüenza. ¿Qué está haciendo «esa gente»? Está ejerciendo un derecho constitucional a costa de su dinero, de su esfuerzo y de su tiempo. Está recibiendo algunos porrazos de la policía para que su presidenta les pueda insultar sin riesgos.
Le voy a recordar a la señora Ayuso que la solución a los problemas de Madrid, de España y del mundo no se encuentra en su despacho de Sol, ni en los bancos, ni en las iglesias, ni en las multinacionales, ni en los cuarteles. Está en las escuelas, porque en ellas está el epicentro de la educación. Y la calidad de la educación tiene su piedra angular en la selección, en la formación y en las condiciones del trabajo de los profesores y las profesoras.
Quiero informar a la señora Ayuso de que la revista A Pagina da Educaçâo, en la que la que escribo desde hace más de veinte años, y el sindicato docente FENPROP, están trabajando ante la Unesco para que declare la relación profesor/alumno Patrimonio Común de la Humanidad. Ella desprecia esa relación.
En el año 2014 publiqué en la Universidad de Guadalajara (México) un libro titulado ‘El Arca de Noé. La escuela salva del diluvio’. Del diluvio de la ignorancia, de la insolidaridad, de la injusticia, de la opresión, de la violencia… Me sugirió el título el nombre de una escuelita argentina que llevaba ese nombre. Me pareció una metáfora magnífica. Para que ese Arca pueda navegar en un mar proceloso tiene que contar con una tripulación bien preparada, bien equipada, bien remunerada. No destinar dinero a la educación es practicar el masoquismo económico ya que si la calidad de la educación es cara, la ignorancia resulta mucho más cara.
Mi respeto, mi admiración, mi apoyo y mi afecto para estos profesores y profesoras de la enseñanza pública madrileña que están luchando generosamente por la mejora de la educación en la comunidad de Madrid. No merecen ese trato de la que se hace llamar su presidenta. Una presidenta que no sabe que la palabra autoridad proviene del verbo latino auctor, augere, que significa hacer crecer.
Quien desprecia, humilla, insulta y maltrata tendrá poder, pero no tiene autoridad.


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