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lunes, 8 de junio de 2026

La receta del bizcocho genovés, un básico de repostería perfecto para convertir en tarta



Listo para rellenarlo o cubrirlo con lo que quieras
Miriam García Martíne
Solo lleva huevos, harina y azúcar, su sabor es neutro y su miga es ideal para absorber almíbares o la humedad de rellenos y coberturas

El bizcocho genovés o genovesa –de la denominación francesa genoise–, es un clásico para usar en tartas con rellenos y coberturas (la famosa tarta San Marcos lleva genovesas) porque reúne ciertas características muy convenientes. Es relativamente ligero porque no suele llevar grasa, solo huevos, azúcar y harina; esto lo hace ideal para acompañarlo con cremas, rellenos y coberturas varios. La miga es más bien seca, idónea para calarla con almíbares o para que absorba bien los jugos de los rellenos/coberturas y el sabor es neutro, por lo que no resta protagonismo al resto de los sabores.

Aunque no se suele indicar en las recetas para el profano, lo más correcto es pesar los huevos que se vayan a usar y promediar todos los demás ingredientes respecto a ellos. La receta canónica de genovesa es sencilla: X peso de huevos sin cáscara, X/2 (la mitad de ese peso) de harina de repostería y X/2, de nuevo la mitad de peso de azúcar.

De este modo, es sencillísimo extrapolar la receta que os damos a cualquier cantidad que se os antoje; esta corresponde a un bizcocho estándar de 22-23 centímetros que puede servir para dividir en dos capas. Los huevos se montan con el azúcar hasta que están bien esponjosos y se mezcla la harina. También hay fórmulas en que se montan por separado las claras y las yemas.

Nuestros vecinos franceses enriquecen a veces la genoise con mantequilla pomada, pero nuestra versión es la sencilla sin grasa. Hay fórmulas que incluyen algo de levadura química, que ayuda a darle a la masa otro empujoncillo para arriba en el horneado, más allá del que aportan los huevos montados. Si te apetece, puedes aromatizar esta base con ralladura de limón o un extracto de vainilla, aunque está rico tal cual.

Dificultad: Montar bien los huevos con unas varillas eléctricas o un robot, y mezclarlos suavemente con el resto de los ingredientes, manipulándolos lo mínimo para que no se desinflen

Ingredientes
Para un bizcocho de 22-23 cm
150 g de huevo sin cáscara (unos 3 huevos M) a temperatura ambiente 75 g de harina corriente o de repostería 75 g de azúcar

Instrucciones
1. Poner el horno a calentar a 180 °C para que esté perfectamente caliente en el momento de meter la masa.

Consejo
Es importante tener el horno perfectamente caliente antes de meter la masa, no hacerlo es uno de los errores que se cometen con frecuencia.

2. Engrasar y enharinar el molde elegido o forrarlo con papel de horno (conviene usar un molde desmontable).

3. Poner los huevos a temperatura ambiente –esto es importante, incluso se pueden calentar algo poniendo el bol con los huevos sobre un bol con agua caliente– con el azúcar en un bol amplio. Mezclar de inmediato.

4. Montar la mezcla con varillas eléctricas o robot por lo menos ocho minutos, hasta que aumenten claramente de volumen, espesen y adopten un color amarillo claro. Lo suyo es llegar a lo que se llama punto de cinta, o ruban en francés, en que la mezcla está tan espesa y aireada que escurre como una cinta de las varillas al levantarlas y deja un dibujo sobre el montado.

5. Agregar la harina tamizada sobre el montado y mezclar con una espátula y movimientos suaves y envolventes, con delicadeza para que no se bajen los huevos montados y hasta que no se aprecie harina suelta.

6. Verter la masa de inmediato en el molde, darle un par de golpes sobre la mesa para eliminar burbujas gordas y meterlo enseguida en el tercio inferior del horno con calor arriba y abajo, unos 25-30 minutos.

7. Cuando el bizcocho genovés esté cocido –se prueba pinchando el centro del bizcocho con una brocheta, que debe salir seca–, sacar del horno y reposar cinco minutos en el molde. Después desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla.


martes, 7 de abril de 2020

BIZCOCHO GLASEADO DE MANDARINA

Los cítricos y la repostería se llevan muy bien, y naranjas, limones y mandarinas empiezan a aparecer en los mercados y fruterías. Una alegría para aquellos a los que nos gusta la repostería ya que con sus pieles y jugos se pueden aromatizar galletas, bizcochos, cremas y un sinfín de manjares. Si eres del bando contrario, de los que no quiere ni ver la receta de un dulce porque crees para cocinar eso hay que ser casi un alquimista, estás en el lugar adecuado. Este bizcocho de mandarina es muy fácil de hacer, de verdad de la buena.

Para elaborarlo tendrás que utilizar la mandarina en su totalidad, por lo que es importante que des con una variedad de piel fina. Ve a por las clementinas o similares y olvídate de esas mandarinas grandes de piel gruesa y rugosa, a no ser que por algún motivo extraño quieras que tu bizcocho sea amargo. Como vas a meter toda la mandarina en la mezcla, no olvides lavarla extremadamente bien o, si lo prefieres, opta por las de agricultura ecológica (y lávalas también).

Una vez tengas hecho el bizcocho puedes decidir seguir o no la aventura: en esta receta hemos añadido un glaseado muy simple mezclando azúcar glas y el zumo de la fruta. Puedes no hacerlo si no te gustan las cosas tan dulces pero reconoce que te quedará menos cuqui. Otra cosa que puedes hacer para mejorar -aún más- este postre es humedecerlo antes del glaseado. Consejo de mi abuela que vale oro: cuando retires el bizcocho del horno y se haya enfriado un poco, pero no del todo, pínchalo con un palillo en varios lugares cual muñeco vudú -sin pasarse-, y vierte con delicadeza una especie de almíbar que hayas preparado disolviendo a fuego suave 150 g de azúcar con 200 ml de zumo de mandarina. Déjalo enfriar y termínalo con el glaseado. Repito: si no te va el dulce en vena, sáltate este paso.

Si ya te han entrado ganas de hacer la receta pero estás pensando "yo no tengo un molde de esos con agujero en el centro", no pasa nada. La receta no depende de que tengas o no un molde corona o savarin, que es como se conoce a este tipo de moldes, ya que puedes hacerla perfectamente en uno rectangular de unos 25 cm de largo.

Dificultad

La de encontrar unas mandarinas de piel fina.

Ingredientes

150 g de aceite de girasol

250 g de azúcar blanco

2 huevos

2 mandarinas pequeñas de piel fina (150 g)

330 g de harina

2 cucharadas de levadura química (Royal o similar)

Un poco de mantequilla y harina para encamisar el molde, si no es de silicona

Para el glaseado

180 g de azúcar glas

3 cucharadas de zumo de mandarina

Ralladura de mandarina

Elaboración

Calentar el horno a 200ºC. Mientras, batir en un bol el aceite con el azúcar y los dos huevos.

Cortar las mandarinas en cuartos y eliminar su parte blanca central. Triturar con un robot de cocina o batidora de mano (piel incluida). Integrar las mandarinas trituradas a la mezcla.

Añadir la harina tamizada junto con la levadura química y mezclar bien.

Verter en un molde para bizcocho circular o alargado -de los de plum cake-, previamente enmantecado y enharinado si no es de silicona.

Hornear durante 30-35 min. aproximadamente hasta que esté dorado. Al pincharlo con un cuchillo, este debe salir limpio.

Para hacer el glaseado, mezclar muy bien el azúcar glas con el zumo de mandarina. Si queda demasiado denso, agregar más zumo.

Colocar el bizcocho frío sobre una rejilla o plato y verter el glaseado por encima. Terminar con ralladura de mandarina (truco: se rallará mejor si antes la pones en el congelador unos 15 minutos).

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Y si te sale mal, quéjate a la Defensora del Cocinero enviando un mail a defensoracomidista@gmail.com.