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miércoles, 18 de febrero de 2026

Oliver Guez, escritor: “Preferiría tomar una copa con Gertrude Bell que con Lawrence de Arabia” El autor francés traza en ‘Mesopotamia’ una semblanza novelada de la gran aventurera británica conocida como “la reina del desierto”

No es extraño que nos caiga mucho mejor el sujeto de la nueva novela de Olivier Guez que el de la anterior: era Mengele. Tras La desaparición de Josef Mengele, que seguía los pasos del Ángel de la Muerte de Auschwitz, Guez aborda ahora en Mesopotamia (también en Tusquets), asimismo desde la narrativa, la vida de otro notable personaje histórico, la gran aventurera británica Gertrude Bell (1868-1926), arqueóloga, exploradora, montañera, espía, agente política del imperio y que fue determinante en el destino de Oriente Medio. Guez (Estrasburgo, 51 años), un hombre alto y circunspecto, llega un poco tarde a la cita en un hotel de Barcelona porque, explica, ha estado en una piscina nadando, una curiosa introducción para hablar de una mujer conocida como “la reina del desierto” y que fue amiga y colega de Lawrence de Arabia.

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Pregunta. Más simpática que Mengele
Respuesta. Es fácil, desde luego, aunque tienen en común haber caído ambos en la desmesura. El infame médico de las SS con su obsesión por buscar el secreto de los mellizos, Bell por creer que podía crear un imperio en Oriente Medio.

P. ¿Por qué la ha elegido como protagonista de su libro?
R. Era una mujer sensacional. Absolutamente excepcional para su época. Tuvo responsabilidades extraordinarias y un importante estatus oficial, insólito entonces para alguien de su sexo. Fue espía, jefa de los servicios de inteligencia, arqueóloga de renombre, licenciada en Historia en Oxford, alpinista, viajera, cruzó el desierto del Nefud en camello, se enamoró de los beduinos…

P. Se la ha denominado “la Lawrence de Arabia femenina”.
R. En puridad es al revés: Lawrence es el Gertrude Bell masculino. Ella fue objetivamente más importante y políticamente relevante que él. La revuelta árabe no tuvo tanta trascendencia como el papel de Bell en el trazado de las nuevas fronteras de Oriente Medio y en el moldeado del porvenir de la región.

P. Pero Lawrence, del que por cierto hace usted un retrato espléndido, es más conocido.
R. Ya, tuvo varias ventajas, la primera ser un hombre. La segunda, que occidente estuviera en busca de un héroe individual tras las masacres de la Primera Guerra Mundial, con millones de muertos anónimos. También que escribiera una obra maestra, Los siete pilares de la sabiduría, cosa que Bell no hizo. Y por último y fundamental, tuvo una película que lo inmortalizó.

P. Ha tardado, pero Gertrude ha tenido también su película, La reina del desierto (2015), de Werner Herzog, con Nicole Kidman. A Lawrence lo interpretaba ¡Robert Pattinson!, al que no le debía sentar bien tanto sol.
R. Una película muy mala y que no funciona.

 

Nicole Kidman como Gertrude Bell en ‘La reina del desierto’.

P. En todo caso, es indudable que Lawrence tenía carisma, ¿y ella?
R. Imponía, era rica, políglota, tenía modales de clase alta, una red de relaciones impresionante. La gente la veía como alguien excepcional. Era arrogante. Sus enemigos la calificaban de solterona cascarrabias y excéntrica” Le faltaba el sentido del humor, no era una mujer divertida.

P. Lawrence tampoco, sobre todo cuando lo flagelaban. ¿Tenía épica ella?
R. Sí, también, más aterciopelada, menos espectacular. Y le faltó alguien que la explicara, como hizo el periodista Lowell Thomas con Lawrence. Cuando Bell cruzaba el desierto no había nadie para contarlo. T. E. Lawrence fue objeto de deseo de todos los mitómanos del siglo XX, como Malraux, todos hubieran querido ser él. Era como Corto Maltés. Bell no entra en eso. No hace soñar así. Me temo que nadie fantasea con ser Gertrude Bell.

P. Compartía con Lawrence el valor y el coraje.
R. Sí, y otra cosa tenían en común: no se querían a sí mismos, no tenían buena relación con sus cuerpos. Lo trataban como a un enemigo. Creían en la redención por el sufrimiento.

P. ¿Era lesbiana Miss Bell?
R. No he encontrado nada que lo pruebe, ni entre líneas; de hallarlo lo habría puesto sin problema en el libro. Me parece que la aventura era un sustituto de la sexualidad en Bell y en Lawrence.

P. ¿Con cuál de los dos se iría a tomar una copa?
R. Con Gertrude Bell, me encantaría oír de primera mano sus aventuras. Creo que me llevaría mejor que con Lawrence. Aunque si me pregunta cuál de los dos me cae más simpático…

P. ¿Cuál de los dos le cae más simpático?
R. Winston Churchill, jajaja. Tenía un cinismo y un humor del que carecían los otros dos.


 
Gertrude Bell (la tercera por la izquierda), en 1921, ante la Esfinge de Gizeh, junto a Winston Churchill (a su izquierda en la foto) y T. E. Lawrence, el famoso 'Lawrence de Arabia'.

P. Hay una famosa foto de 1921, de cuando la Conferencia del Cairo, en la que salen los tres en camello frente a la esfinge de Guiza. ¿Quién montaba mejor ese animal, Bell o Lawrence?
R. No sabría decir, ambos eran muy buenos. Y sin duda los dos mejores que Churchill al que el suyo aquel día lo tiró al suelo como a un saco de patatas.

P. Mesopotamia es un libro muy literario, con pasajes bellísimos. ¿Hasta qué punto novela la vida de Gertrude Bell, de la que cuenta muchas intimidades?
R. La propia vida de Bell es muy novelesca. Invento muy poco. Donde hay parte de ficción es en el decorado, en la puesta en escena, no en lo esencial. Mi trabajo es más de técnica literaria que de ficción. Ya sabe que a los franceses, a diferencia de los anglosajones, nos gusta hacer de la historia un sujeto literario.

P. Hay una alusión a Hércules Poirot en Mesopotamia.
R. Me hubiera encantado que se conocieran Gertrude Bell y Agatha Christie, pero no lo hicieron, pese a casi coincidir en excavaciones arqueológicas. Por eso hago ese guiño de que la primera se encuentre a un detective belga en el Orient Express.

sábado, 20 de abril de 2024

_- Zelia Nuttall, la arqueóloga que desafió la creencia de que los aztecas eran "salvajes sedientos de sangre"

 "Zelia Nuttall, de 18 años, tomada en Roma en 1875 con su primer vestido de seda (negro) con el que fue presentada al Papa Pío IX", anotó el hermano de la arqueóloga. (De la página de Facebook Zelia Nuttall Society).

_- "Zelia Nuttall, de 18 años, tomada en Roma en 1875 con su primer vestido de seda (negro) con el que fue presentada al Papa Pío IX", anotó el hermano de la arqueóloga. (De la página de Facebook Z-

"La señora Norris era una anciana, más bien como una conquistadora con su vestido de seda negro y su pequeño y negro chal de hombros de fina cachemira, con un flequillo de seda y adornos de esmalte negro".

La verdadera señora Norris, la persona que inspiró al autor británico D.H. Lawrence a crear el personaje para su novela "La serpiente emplumada", fue una mujer que gracias a un libro se enamoró de la antigua cultura mexicana a los 8 años e hizo de ese amor su profesión: Zelia María Magdalena Nuttall.

"Era arqueóloga, y había estudiado los restos aztecas durante tanto tiempo, que ahora algunos de los aspectos de color gris y negro de la roca de lava y algo de la experiencia de los ídolos aztecas, con nariz afilada y ojos ligeramente prominentes y una expresión de burla de tumba, había pasado a su cara".

Nació en San Francisco en 1857 y estudió en Francia, Alemania, Italia e Inglaterra. A los 23 años se casó, a los 25 años tuvo a su hija Nadine, a los 27 se separó de su marido y a los 31, recibió el divorcio, la custodia de su hija y el derecho a que ambas usaran el apellido de soltera de Zelia.

Para entonces ya había visitado el país que la había cautivado desde que su madre le regalara una copia de "Antigüedades de México", de Lord Kingsborough.

El barrio de Ciudad de México donde aún se habla la lengua de los aztecas
Zelia Nuttall identificó este tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas que actualmente se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, en Austria, como el Penacho de Moctezuma o quetzalapanecáyotl. No obstante, no hay certeza histórica de ello.

Zelia Nuttall identificó este tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas que actualmente se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, en Austria, como el Penacho de Moctezuma o quetzalapanecáyotl. No obstante, no hay certeza histórica de ello.

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

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Zelia Nuttall identificó este tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas que actualmente se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, en Austria, como el Penacho de Moctezuma o quetzalapanecáyotl. No obstante, no hay certeza histórica de ello.

Había pasado 5 meses trabajando en el Museo Nacional y coleccionando pequeñas cabezas en terracota de San Juan Teotihuacán, sobre las que escribiría el primero de los más de 40 artículos académicos que publicó en las revistas más prestigiosas en el contexto de la emergente profesionalización de la arqueología.

Artículos cuyo tono a veces es distinto al que esperamos de escritos científicos.

En algunos es claro que la dueña de la pluma estaba inmersa en un mundo repleto de viles cazadores de tesoros, y se está defendiendo.

En otros, sientes su determinación de asegurarse de que su historia no terminara siendo la de una mujer brillante pero sumisa que contribuyó enormemente al avance de la ciencia pero nunca fue reconocida.

Y no es raro encontrar su erudición apuntalando su pasión, como en el artículo como el que desafió la creencia popular dominante en su época sobre los antiguos mexicanos, publicado por "The Journal of American Folklore" en 1897.

Extintos y feos
"En la mente del público general existen dos impresiones dominantes sobre la raza azteca", empezó.

La primera, señala, "es resultado de la exhibición inescrupulosa" de ciertos "idiotas microcéfalos" que se habían prestado para que los mostraran como los "últimos representantes vivos de la raza azteca, ahora extinta".

El Codex Zouche-Nuttall

El Codex Zouche-Nuttall

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Los aztecas no estaban ni extintos ni eran feos, ni habían sido incivilizados, todo lo contrario.

Esa idea de que los aztecas eran físicamente horrendos y que ya no existen, denuncia, se diseminó, sembró raíces y floreció "con esa notable persistencia característica de los errores científicos".

Paso seguido, llama a la cordura diciendo que, dada la cercanía de México, sería raro que los estadounidenses no supieran "que 0,57 de su población son indígenas puros y que la raza azteca está representada por miles de individuos inteligentes y físicamente bellos, que hablan (...) el lenguaje de Moctezuma".

La palabra más linda que el náhuatl le regaló al español (y otras que se usan de forma cotidiana en España y América Latina)

"Salvajes sedientos de sangre"


La otra impresión de la gente sobre las antiguas civilizaciones mexicanas era producto del "horror natural que despierta el modo repulsivo de sacrificio humano que practicaba el sacerdocio azteca".

Por eso eran considerados como "salvajes sedientos de sangre, que no tenían nada en común con la humanidad civilizada".

Sacerdote azteca que realiza la ofrenda sacrificial del corazón de un humano vivo al dios de la guerra Huitzilopochtli. Codex Magliabechi Siglo XVI, azteca.

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Sacerdote azteca que realiza la ofrenda sacrificial del corazón de un humano vivo al dios de la guerra Huitzilopochtli. Codex Magliabechi Siglo XVI, azteca.

La arqueóloga apunta que se trataba de una "ceremonia religiosa, considerada tan solemne y sagrada que sólo podía llevarla a cabo el sumo sacerdote".

Respecto a lo que se sabía de la práctica, recuerda que "desde hace tiempo se reconoce que la información que tenemos, basada en los reportes de escritores españoles, es extremadamente exagerada, para justificar la cruel exterminación de la civilización nativa frente al mundo civilizado".

"Una cosa es cierta", continúa: "la manera mexicana de cumplir lo que se creía era una obligación religiosa (...) es la única mancha o defecto que los españoles pudieron detectar en una civilización que era tan admirablemente organizada en todo lo demás".

Y -antes de pasar a presentar los datos científicos recolectados para su estudio- declara que es una injusticia condenar a toda una raza por lo que sus sacerdotes habían hecho hacía siglos.

Salvando del olvido


Nuttall no sólo defendió a las antiguas civilizaciones mexicanas con palabras sino también con su trabajo.

Con sus conocimientos y dominio de varias lenguas tenía una gran habilidad para encontrar manuscritos perdidos u olvidados y sacarlos a la luz.

El Codex Zouche-Nuttall es un documento de pictografía mixteca precolombino del siglo XIV doblado en acordeón. El códice deriva su nombre de Zelia Nuttall, quien lo publicó por primera vez en 1902, y de la baronesa Zouche, su donante.

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El Codex Zouche-Nuttall es un documento de pictografía mixteca precolombino del siglo XIV doblado en acordeón. El códice deriva su nombre de Zelia Nuttall, quien lo publicó por primera vez en 1902, y de la baronesa Zouche, su donante.

El caso más famoso fue el del Códice Nuttall (conocido también como Códice Tonindeye o Zouche-Nuttall), un manuscrito pictórico prehispánico de la cultura mixteca, uno de los 6 códices que sobrevivieron la Conquista de México.

Nuttall siguió su rastro desde el Monasterio de San Marco de Florencia, donde fue identificado por primera vez en 1854, hasta que lo encontró en posesión de Robert Curzon 14.º Barón Zouche, quien lo había recibido como regalo.

Antes de eso, en 1890, había encontrado en la Biblioteca Nacional Central de Florencia, el Códice Magliabecchiano, un texto religioso creado durante el siglo XVI, escrito por mexicas en papel europeo.

En 1903 fue publicado por la Universidad de California con el título "El libro de la vida de los antiguos mexicanos".

Trabajo doméstico


En 1905, Nuttall decidió mudarse definitivamente a su casa en México, una mansión del siglo XVI llamada "Casa Alvarado", en cuyos bellos jardines no sólo encontró y estudió fragmentos de cerámica azteca, sino que recolectó semillas de antiguas plantas alimenticias mexicanas y plantó una gran colección de hierbas medicinales nativas de ese país. 

 Dalias


Dalias

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La flor nacional de México.

Fue en ese histórico y hermoso lugar donde se dedicó a lo que algunos consideran como uno de los aspectos más importantes de su labor: ser la perfecta anfitriona de arqueólogos y personalidades locales y visitantes.

En medio de charlas y sonrisas, pudo avanzar en su compromiso con el tipo de arqueología que hablara sobre y para la gente, que pudiera cambiar el presente con una mejor comprensión del pasado.

Desde la intimidad de su hogar, contribuyó a cambiar la imagen negativa de los aztecas que se tenía dentro y fuera del país para que los mexicanos acogieran su herencia con orgullo.

Fue "una hija solitaria de la cultura, con una mente fuerte y una voluntad densa, que había explorado toda su vida en las duras piedras de los restos arqueológicos, y al mismo tiempo había conservado un fuerte sentido de la humanidad y una visión humorística ligeramente fantástica de sus semejantes", como su alter ego ficticio, la señora Norris de D.H. Lawrence, quien visitó Casa Alvarado.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-46211654