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domingo, 22 de febrero de 2026

"No hay nada como el aburrimiento para escribir": la esquiva Agatha Christie en una inusual entrevista con la BBC

Retrato de Agatha Christie con sombrero.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,La escritora británica de misterio Agatha Christie (1891-1976), en una foto tomada en 1926, un año de éxito profesional y dolor personal.

Agatha Christie era brillante para ocultarse a plena vista. 

 Se presentaba como una señora mayor y afable con abrigo de piel, amante de la jardinería, la buena comida, la familia y los perros, pero tras esa apariencia amable se deleitaba tramando historias de envenenamientos, traiciones y sangre, éxitos de ventas.

Y ofrecía pocas pistas sobre el funcionamiento interno de su ingeniosa mente.

Christie era crónicamente tímida, pero en 1955 la convencieron para conceder una inusual entrevista en su apartamento de Londres para un reportaje de radio de la BBC.

En ella, reveló cómo una infancia poco convencional despertó su imaginación, por qué escribir obras de teatro era más fácil que escribir novelas y cómo podía terminar un libro en tres meses.

Nacida como Agatha Miller en una familia próspera en 1890, recibió principalmente educación en casa.

Cuando le preguntaron por qué se dedicó a escribir, Christie respondió: "Lo atribuyo a que nunca tuve una educación formal".

"Quizás sea mejor matizarlo admitiendo que finalmente fui a la escuela en París cuando tenía unos 16 años.

"Pero hasta entonces, aparte de que me enseñaron algo de aritmética, no había recibido ninguna lección digna de mención".

Christie describió su infancia como "gloriosamente ociosa", pero agregó que tenía un apetito voraz por la lectura.

"Empecé a inventar historias e interpretar los diferentes papeles. No hay nada como el aburrimiento para escribir. Así que, para cuando tenía 16 o 17 años, ya había escrito muchos cuentos y una novela larga y deprimente".

Contó que terminó de escribir su primera novela publicada a los 21 años. Tras varios rechazos, "El misterioso caso de Styles" se publicó en 1920, presentando su creación más famosa, Hércules Poirot.

Agatha Christie sentada escribiendo a máquina al lado de su biblioteca.

Agatha Christie sentada escribiendo a máquina al lado de su biblioteca.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Sólo cuando ya tenía las obras creadas en su mente, se sentaba a hacer la mano de obra: escribir. 

El método de envenenamiento que eligió para esta historia surgió directamente de su experiencia personal durante la Primera Guerra Mundial.

Mientras su primer marido, Archie Christie, estaba destinado en Francia, ella trabajaba en el frente interno como enfermera voluntaria en un hospital para soldados heridos.

Se convirtió en auxiliar de farmacia del hospital, lo que le permitió comprender los medicamentos y las toxinas.

En sus relatos, el veneno se utiliza en 41 asesinatos, intentos de asesinato y suicidios.

El misterio de Christie

La fórmula típica de Christie comienza con un círculo cerrado de sospechosos del mismo mundo social y un asesinato que genera pistas que conducen a una confrontación decisiva.

En el centro se encuentra un detective privado, como Poirot o la señorita Marple, que desentraña el misterio y revela la verdad al grupo en una dramática escena final.

Esta estructura, familiar pero infinitamente adaptable, es parte de lo que hace que la obra de Christie sea tan perdurable.

En 1926, publicó "El asesinato de Roger Ackroyd", un libro que consolidó su reputación profesional; ese mismo año, su vida personal se desmoronó.

Su querida madre falleció, y Archie confesó haberse enamorado de otra mujer, y le pidió el divorcio.

Lidiando con el dolor y el bloqueo creativo, Christie se convirtió en protagonista de un misterio.

Una fría noche de diciembre, su coche accidentado fue encontrado en un paraje desolado de Surrey, en equilibrio precario sobre una cantera.

La policía encontró su abrigo de piel y su permiso de conducir en el coche, pero no había rastro de ella.

Diario con foto de la novelista y de su hija.

Diario con foto de la novelista y de su hija.

Fuente de la imagen,Getty Images

 
Pie de foto,

"Sabuesos buscan a la novelista", dice el titular de un diario de la época, que acompañó la noticia con una foto de Agatha Christie y otra de su hija.

Se inició una de las mayores búsquedas de personas desaparecidas de la historia de Reino Unido.

La historia tenía todos los ingredientes para ser un éxito sensacionalista: la célebre novelista policiaca había desaparecido dejando un rastro de pistas tentadoras, la hija de 7 años abandonada y el apuesto esposo liado con una amante más joven.

Incluso el autor de Sherlock Holmes, Sir Arthur Conan Doyle, intervino, contratando a una vidente para que conectara con Agatha a través de uno de sus guantes.

Viajes por Medio Oriente

Diez días después, fue encontrada a 370 kilómetros del lugar del accidente, en un hotel de Harrogate, North Yorkshire.

Abundaban las teorías: ¿su desaparición se debió a la pérdida de memoria, a un intento calculado de avergonzar a su marido o incluso a una maniobra publicitaria?

Christie decidió no aclarar el misterio en su autobiografía, y se limitó a escribir: "Así, tras la enfermedad, llegaron la tristeza, la desesperación y el desamor. No hay necesidad de darle vueltas".

Igualmente práctica era cuando se trataba de los secretos de su estilo de trabajo, diciéndole a la BBC en 1955: "La decepcionante verdad es que no tengo mucho método".

"Escribo mis propios borradores en una máquina antigua y fiel que he tenido durante años, y me parece útil un dictáfono para cuentos cortos o para reformular un acto de una obra de teatro, pero no para la tarea más complicada de escribir una novela".

La pareja en medio de una extensa propiedad y la mansión que habitan.

La pareja en medio de una extensa propiedad y la mansión que habitan.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,

La escritora y su esposo, el arqueólogo Max E. L. Mallowan, posan en 1946 en los terrenos de su casa, Greenway House, en Devonshire, Inglaterra.

En 1930, Christie se casó con Max Mallowan, un arqueólogo 14 años menor que ella, seis meses después de conocerlo durante un viaje a Irak.

Con su pasión compartida por las culturas antiguas, los viajes de la pareja por Medio Oriente inspiraron historias como "Muerte en el Nilo", publicada por primera vez en 1937.

Su recién descubierta felicidad pareció tener un profundo impacto en su obra: durante los 9 años siguientes, escribiría 17 novelas.

Para Christie, el mayor placer de escribir residía en idear sus ingeniosas tramas.

"Creo que el verdadero trabajo consiste en planificar el desarrollo de la historia y en preocupar hasta que todo esté pulido. Eso puede llevar mucho tiempo.

"Luego, cuando se tiene todo el material, por así decirlo, solo queda intentar encontrar tiempo para escribirlo.

"Tres meses me parece un tiempo muy razonable para completar un libro, si uno puede dedicarse a ello".

En un programa de radio de 1955, el empresario teatral Sir Peter Saunders, quien produjo su exitosa obra "La Ratonera", dijo que Christie tenía un don extraordinario para crear escenas e historias completamente formadas en su mente.

"Una vez le pregunté: '¿Qué tal va la nueva obra?'. 'Está terminada', me dijo. Pero cuando le pregunté si podía leerla, me respondió de forma encantadora: 'Oh, no la he escrito'. Desde su punto de vista, la obra, de principio a fin, había sido elaborada hasta el último detalle. Escribirla fue un mero trabajo físico".

Esta opinión fue respaldada por Sir Allan Lane, fundador de la editorial Penguin Books, quien afirmó que en 25 años de estrecha amistad jamás había "oído el clic de su máquina de escribir... a pesar de la asombrosa cantidad y calidad que producía constantemente".

Añadió que, "mientras Agatha Christie hacía múltiples cosas" -ya fuera organizar las tareas diarias del campamento en una expedición al desierto de Mesopotamia o bordar por las tardes-, "alguna nueva obra o novela se gestaba en su mente".

Aunque Christie creía que un libro podía terminarse en tres meses, decía que las obras de teatro se "escribían mejor rápidamente".

La obra más longeva

Exterior nocturno del anuncio luminoso del teatro que dice "La Ratonera, celebrando 70 años". 

Exterior nocturno del anuncio luminoso del teatro que dice "La Ratonera, celebrando 70 años".

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,

En 2022, el Teatro St Martins, donde se representa la famosa novela policíaca de Agatha Christie "La Ratonera", celebró los 70 años en el escenario londinense.

Cuando la BBC transmitió la entrevista a Christie en 1955, tres de sus obras se representaban en el West End londinense.

"La Ratonera" ya batía récords de taquilla, tan solo tres años después de su estreno. La obra comenzó como una radionovela de la BBC titulada "Tres Ratones Ciegos", emitida en 1947 como parte de una noche de programas que celebraba el 80º cumpleaños de la reina María, bisabuela del rey Carlos III.

Escribir obras de teatro era "mucho más divertido que escribir libros", según Christie.

"No tienes que preocuparte por largas descripciones de lugares y personas, ni por decidir cómo distribuir el material. Y debes escribir muy rápido para mantener el tono y que la conversación fluya con naturalidad".

En 1973, Christie asistió a la celebración del 21º aniversario de "La Ratonera" en el Hotel Savoy de Londres.

También estuvo presente su protagonista original, Richard Attenborough, quien predijo que "podría seguir en cartelera otros 21 años".

Añadió: "No la compararía con la Catedral de San Pablo, pero sin duda los estadounidenses piensan que lo mejor que pueden hacer si vienen a Londres es ir a ver 'La Ratonera'".

Se convirtió en la obra de teatro de mayor duración en Reino Unido ya en 1957, y lo único que pudo frenarla fue la pandemia de covid-19 en 2020. En marzo de 2025, celebró su representación número 30.000 y sigue en cartelera hoy en día.

Attenborough también fue entrevistado en el programa de la BBC de 1955, y afirmó que Christie era "prácticamente la última persona del mundo que pensarías estaría relacionada con el crimen, la violencia o cualquier cosa escalofriante o dramática".

"No podíamos recoinciliar el hecho de que esta mujer tan tranquila, precisa y digna pudiera habernos puesto los pelos de punta y fascinado a gente de todo el mundo con su dominio del suspense y su talento para crear en el escenario y la pantalla una atmósfera de terror tan intensa".

Aunque la entrevista de Christie en la BBC nos da una visión fascinante de sus métodos de escritura (la falta de técnica rígida, la confianza en la imaginación, la alegría de tramar), el enigma de la mujer en sí sigue vivo.

Si quieres leer el artículo orginal en inglés, haz clic aquí

miércoles, 18 de febrero de 2026

Oliver Guez, escritor: “Preferiría tomar una copa con Gertrude Bell que con Lawrence de Arabia” El autor francés traza en ‘Mesopotamia’ una semblanza novelada de la gran aventurera británica conocida como “la reina del desierto”

No es extraño que nos caiga mucho mejor el sujeto de la nueva novela de Olivier Guez que el de la anterior: era Mengele. Tras La desaparición de Josef Mengele, que seguía los pasos del Ángel de la Muerte de Auschwitz, Guez aborda ahora en Mesopotamia (también en Tusquets), asimismo desde la narrativa, la vida de otro notable personaje histórico, la gran aventurera británica Gertrude Bell (1868-1926), arqueóloga, exploradora, montañera, espía, agente política del imperio y que fue determinante en el destino de Oriente Medio. Guez (Estrasburgo, 51 años), un hombre alto y circunspecto, llega un poco tarde a la cita en un hotel de Barcelona porque, explica, ha estado en una piscina nadando, una curiosa introducción para hablar de una mujer conocida como “la reina del desierto” y que fue amiga y colega de Lawrence de Arabia.

Más información  A la caza del doctor muerte

Pregunta. Más simpática que Mengele
Respuesta. Es fácil, desde luego, aunque tienen en común haber caído ambos en la desmesura. El infame médico de las SS con su obsesión por buscar el secreto de los mellizos, Bell por creer que podía crear un imperio en Oriente Medio.

P. ¿Por qué la ha elegido como protagonista de su libro?
R. Era una mujer sensacional. Absolutamente excepcional para su época. Tuvo responsabilidades extraordinarias y un importante estatus oficial, insólito entonces para alguien de su sexo. Fue espía, jefa de los servicios de inteligencia, arqueóloga de renombre, licenciada en Historia en Oxford, alpinista, viajera, cruzó el desierto del Nefud en camello, se enamoró de los beduinos…

P. Se la ha denominado “la Lawrence de Arabia femenina”.
R. En puridad es al revés: Lawrence es el Gertrude Bell masculino. Ella fue objetivamente más importante y políticamente relevante que él. La revuelta árabe no tuvo tanta trascendencia como el papel de Bell en el trazado de las nuevas fronteras de Oriente Medio y en el moldeado del porvenir de la región.

P. Pero Lawrence, del que por cierto hace usted un retrato espléndido, es más conocido.
R. Ya, tuvo varias ventajas, la primera ser un hombre. La segunda, que occidente estuviera en busca de un héroe individual tras las masacres de la Primera Guerra Mundial, con millones de muertos anónimos. También que escribiera una obra maestra, Los siete pilares de la sabiduría, cosa que Bell no hizo. Y por último y fundamental, tuvo una película que lo inmortalizó.

P. Ha tardado, pero Gertrude ha tenido también su película, La reina del desierto (2015), de Werner Herzog, con Nicole Kidman. A Lawrence lo interpretaba ¡Robert Pattinson!, al que no le debía sentar bien tanto sol.
R. Una película muy mala y que no funciona.

 

Nicole Kidman como Gertrude Bell en ‘La reina del desierto’.

P. En todo caso, es indudable que Lawrence tenía carisma, ¿y ella?
R. Imponía, era rica, políglota, tenía modales de clase alta, una red de relaciones impresionante. La gente la veía como alguien excepcional. Era arrogante. Sus enemigos la calificaban de solterona cascarrabias y excéntrica” Le faltaba el sentido del humor, no era una mujer divertida.

P. Lawrence tampoco, sobre todo cuando lo flagelaban. ¿Tenía épica ella?
R. Sí, también, más aterciopelada, menos espectacular. Y le faltó alguien que la explicara, como hizo el periodista Lowell Thomas con Lawrence. Cuando Bell cruzaba el desierto no había nadie para contarlo. T. E. Lawrence fue objeto de deseo de todos los mitómanos del siglo XX, como Malraux, todos hubieran querido ser él. Era como Corto Maltés. Bell no entra en eso. No hace soñar así. Me temo que nadie fantasea con ser Gertrude Bell.

P. Compartía con Lawrence el valor y el coraje.
R. Sí, y otra cosa tenían en común: no se querían a sí mismos, no tenían buena relación con sus cuerpos. Lo trataban como a un enemigo. Creían en la redención por el sufrimiento.

P. ¿Era lesbiana Miss Bell?
R. No he encontrado nada que lo pruebe, ni entre líneas; de hallarlo lo habría puesto sin problema en el libro. Me parece que la aventura era un sustituto de la sexualidad en Bell y en Lawrence.

P. ¿Con cuál de los dos se iría a tomar una copa?
R. Con Gertrude Bell, me encantaría oír de primera mano sus aventuras. Creo que me llevaría mejor que con Lawrence. Aunque si me pregunta cuál de los dos me cae más simpático…

P. ¿Cuál de los dos le cae más simpático?
R. Winston Churchill, jajaja. Tenía un cinismo y un humor del que carecían los otros dos.


 
Gertrude Bell (la tercera por la izquierda), en 1921, ante la Esfinge de Gizeh, junto a Winston Churchill (a su izquierda en la foto) y T. E. Lawrence, el famoso 'Lawrence de Arabia'.

P. Hay una famosa foto de 1921, de cuando la Conferencia del Cairo, en la que salen los tres en camello frente a la esfinge de Guiza. ¿Quién montaba mejor ese animal, Bell o Lawrence?
R. No sabría decir, ambos eran muy buenos. Y sin duda los dos mejores que Churchill al que el suyo aquel día lo tiró al suelo como a un saco de patatas.

P. Mesopotamia es un libro muy literario, con pasajes bellísimos. ¿Hasta qué punto novela la vida de Gertrude Bell, de la que cuenta muchas intimidades?
R. La propia vida de Bell es muy novelesca. Invento muy poco. Donde hay parte de ficción es en el decorado, en la puesta en escena, no en lo esencial. Mi trabajo es más de técnica literaria que de ficción. Ya sabe que a los franceses, a diferencia de los anglosajones, nos gusta hacer de la historia un sujeto literario.

P. Hay una alusión a Hércules Poirot en Mesopotamia.
R. Me hubiera encantado que se conocieran Gertrude Bell y Agatha Christie, pero no lo hicieron, pese a casi coincidir en excavaciones arqueológicas. Por eso hago ese guiño de que la primera se encuentre a un detective belga en el Orient Express.