
Los días 7, 8 y 9 de septiembre estuve trabajando en las ciudades uruguayas de Melo y Río Branco. Intensas jornadas de reflexión con jóvenes, familias y docentes de las escuelas de ambas localidades. Poderosa cuestión la educación en Uruguay y en el mundo. La historia de la humanidad, dice Herbert Wells, es una larga carrera entre la educación y la catástrofe. La educación es, a mi juicio, la tarea más importante, difícil y hermosa que se le ha encomendado al ser humano en la historia. Conviene tener en cuenta que no se debe confundir educación con mera instrucción, ni con socialización ni con adoctrinamiento. En esta como en muchas otras ocasiones el lenguaje nos puede jugar malas pasadas. Todos conocemos a personas con muchísimos conocimientos que, al estar de espaldas a la esfera de la ética utilizan todo lo que han aprendido para engañar, someter y explotar al prójimo. Más les valdría a sus víctimas que no supieran tanto. Por eso digo que no hay conocimiento útil si no nos hace mejores personas.
La intensa agenda de actividades estaba organizada por la Coordinadora de los Sindicatos de la Educación de Uruguay, específicamente su filial departamental en Cerro Largo. Me gusta que las intervenciones se realicen en zonas vulnerable del país que recaba mi participación en eventos de esta naturaleza.
También me agrada que se convoque a la prensa para compartir las preocupaciones, las propuestas, las inquietudes, los proyectos, los temores que suscita la reflexión educativa. Agradezco la presencia a los medios de comunicación y les felicito por su sensibilidad ya que, es estos casos, acuden para pensar en la importancia del proceso educativo y no para hacerse eco de un escándalo, un conflicto o un problema…
Todos los medios de comunicación del mundo dan cuenta hoy del terrible asesinato de la joven estudiante Claudia Tacoronte Aguilera de cuarto curso de Educación Infantil de la Universidad de Granada que ha sido acuchillada por una persona a la que grabaron las cámaras… Estaba realizando un intercambio académico en la Universidad Autónoma del estado de Morelos. México. Pocas veces es noticia el trabajo silencioso en las aulas y el aprendizaje que se realizada en las pasantías…
También dediqué dos sesiones (una en Merlo y otra en Río Branco) a plantear algunas ideas sobre la creación de la Universidad de Educación (UNED). He comprobado la enorme ilusión que está despertando este proyecto que se ocupará en el país de la pieza más importante de la calidad de la educación: la formación de los profesionales que se dedicarán a la enseñanza. Les hice entrega de un documento que había redactado para llamar la atención sobre algunas cuestiones políticas, sociales, éticas, organizativas, pedagógicas y económicas… Les decía que la racanería con el dinero en educación se convierte ipso facto en masoquismo económico. La educación es cara pero la ignorancia lo es por partida doble.
Me alojé en Melo en el Hotel Juana. Así, a secas, Hotel Juana, Estoy seguro de que la mayoría de los uruguayos y uruguayas hubieran sabido de quién se trataba. Yo lo fui descubriendo en esos días. Y fui sintiéndome más feliz a medida que hice el hallazgo. Les sugerí a los responsables del hotel que agregasen el apellido de la poetisa y prosista uruguaya nacida en la ciudad de Melo, aunque el apellido Ibarbourou era el apellido de su marido, el capitán Lucas Ibarbourou, con quien se casó a los veinte años. Es probable que la ascendencia genealógica de Lucas sea francesa o vasco francesa. Todos se refieren a ella como Juana de Ibarburu.
Tuve el honor de que el artista local Pablo Vigoda acudiera al hotel para explicarme cuatro hermosas obras que había creado en honor de la escritora melense, que figura en los billetes de mil uruguayos. Pablo me explicó el significado de una hermosa placa de hierro cargada de símbolos. Una pluma de más de dos metros, fijada al suelo, había dejado escrita una hermosa frase de la poetisa en la cristalera que daba acceso al restaurante. En el Hall del hotel, metido en una caja de cristal, se encuentra un precioso libro creado por Pablo textos de personas que escriben sobre la vida y la obra de la poetisa. Finalmente, creo que conté bien, en huecos de una pared pueden mirarse y admirarse doce recipientes pequeños, cado uno compitiendo en belleza con el otro.
Todos sabemos que las mujeres han sido condenadas durante muchos siglos al silencio. Algunas han firmado con el apellido de su marido, otras han firmado con pseudónimo y otras prefirieron abrazarse al anonimato. Las han ocultado las costumbres, los estereotipos, las tradiciones… Las ha ocultado también el lenguaje sexista.
¿Quién fue Juana de Ibarbourou? Juana nació en Melo el 8 de marzo de 1892 con el nombre y apellidos de Juana Fernández Morales. Muere en Montevideo el 15 de junio de 1979. Fue una de las poetisas más famosas y leídas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Su padre, Vicente Fernández, español de Galicia, había nacido en Lorenzana, provincia de Lugo, cuya biblioteca municipal lleva el nombre de la poetisa. Vicente, que apenas sabía leer, le recitaba a Juana de pequeña los versos de los poetas de su Galicia natal. Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las familias españolas de Uruguay. Hoy, cuando en mi país se demoniza a los inmigrantes y se les considera personas de segunda categoría, reconforta encontrarse con el caso de esta familia, cuyas raíces estaban tan lejos. La adaptación de Juana fue difícil porque rechazaba vivir en la ciudad. Con los años, sin embargo, terminó considerando Montevideo como su ciudad.
Vivió en Melo hasta los 8 años. Y, sobre esta etapa, escribe: «Fue mi paraíso al que no quise volver nunca más para no perderlo, pues no hay cielo que se recupere ni edén que se repita. Va conmigo, confortándome en las horas negras, tan frecuentes (...) Allí volará mi alma cuando me toque dormir el sueño más largo y pacificado que Dios me conceda a mí, la eterna insomne (...).
La obra consta de un libro en prosa poética, siendo escrito por la autora ya establecida en Montevideo desde 1918, y en él reproduce su amor por la naturaleza y su paz interior. Introduce la figura de su hijo niño jugando y rodeado de animalitos del mundo natural: la mariposa, los grillos, las chicharras, entre otros.
Juana de Ibarbourou presenta en estos relatos su mundo íntimo, su relación con los animales, el agua, la luna, las estaciones y su dedicación a las tareas propias de las mujeres de su época: tejer, cuidar de su hijo, descansar bajo el parral de su casa. Todas las imágenes utilizadas muestran la luz y el color local de su tierra: los veranos sofocantes y el sol cayendo a pleno.
Juana envía al rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, su primer poemario, ‘Las lenguas de diamante’, con el encargo de hacérselo llegar a los hermanos Machado y a Juan Ramón Jiménez. Son famosas las palabras del rector para responder a esa misiva. «He leído, señora mía, primero con desconfianza y luego con grandísimo interés y agrado su libro las lenguas de diamante». Y añade: «Me ha sorprendido gratísimamente la castísima desnudez espiritual de la poesías de usted, tan frescas y tan ardorosas a la vez». La felicita por su valentía de escribir y de publicar sobre estos temas siendo mujer.
Unamuno explica que, en su opinión, muchas escritoras habían ocultado la expresión amorosa bajo una especie de hoja de parra de religiosidad o de convencionalismo. Por eso le sorprende especialmente la poesía de Ibarbourou, porque considera que expresan el amor y el deseo con una sinceridad y una desnudez espiritual excepcionales.
El 10 de agosto de 1929 recibió en el Salón de los Pasos Perdidos del palacio legislativo uruguayo el título de ‘Juana de América’ de la mano de Juan Zorrilla de San Martín, frente a una multitud de poetas y personalidades. Fue enterrada con honores de Ministra de Estado en el panteón de su familia del Cementerio del Buceo.
Me hubiera encantando encontrar en la mesita de noche de la habitación 102 un libro de Juana. Y una plaquita de Pablo Vigoda al pie de sus cuatro preciosas obras que rinden tributo a la poetisa de Melo.
El Adarve.

