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jueves, 17 de septiembre de 2026

Viriato el lusitano

Roma no entendía cómo un pastor de Lusitania les estaba ganando.

Viriato no peleaba como los romanos, el perfeccionó lo que los romanos llamaban, concursare: aparecer, golpear y desaparecer. Fingir una huida en desbandada para que las legiones pesadas lo siguieran hasta un desfiladero donde ya les esperaba la muerte.

El pretor Cayo Vetilio cercó a unos 10.000 lusitanos cerca de Urso, creía que los tenía, Viriato hizo lo impensable, ordenó a todos dispersarse por caminos distintos y citarse en la ciudad de Tribola. Él se quedó con solo 1.000 jinetes escogidos aguantando a todo el ejército romano un día entero, atacando y retrocediendo con caballos veloces.

Cuando calculó que los suyos ya estaban a salvo, huyó de noche por caminos ocultos que los romanos desconocían.

Vetilio lo siguió, directo al desfiladero del río Barbesuda, allí estaba la emboscada, más de 4.000 romanos murieron. El propio Vetilio murió allí, según Apiano, porque un lusitano no lo reconoció por su gordura y vejez y pensó que era un soldado cualquiera, fue la primera gran humillación.

Roma mandó a dos pretores más para vengarlo: Cayo Plautio y Claudio Unimano. Viriato los destrozó uno tras otro en Carpetania. La derrota de Unimano fue tan completa que capturó los estandartes romanos y los colgó en las montañas como trofeo, algo que Roma no perdonaba.

Ni siquiera el cónsul Fabio Máximo Emiliano pudo acabar con él, Viriato simplemente desaparecía en la Beturia, su base segura en Sierra Morena.

El punto más alto llegó contra el cónsul Quinto Fabio Serviliano. Viriato lo acorraló cuando este asediaba la ciudad de Erisana, identificada con Arsa en la Beturia.

Lo tenía muerto, podía masacrar a todo el ejército consular. No lo hizo, le ofreció la paz.

Y Roma, la superpotencia del Mediterráneo, firmo. El Senado ratificó el foedus en 140 a.C. y reconoció a Viriato oficialmente como dux de los lusitanos y como Amicus Populi Romani - Amigo del Pueblo Romano. Era un reconocimiento de autonomía, un bárbaro había obligado a Roma a firmar de igual a igual.

¿Por qué cayó entonces?

Porque Roma no sabía perder.

El pacto fue considerado en Roma una deformem pacem, una paz vergonzosa. El Senado autorizó al hermano de Serviliano, Quinto Servilio Cepión, a romper el tratado y reanudar la guerra.

Como no podían vencerlo en el campo, lo compraron.

En 139 a.C., Cepión sobornó a tres enviados del propio Viriato que iban a negociar: Audax, Ditalcón y Minuro, lo degollaron mientras dormía en su tienda, en la Serra da Estrela.

Y aquí viene el mito: cuando fueron a cobrar, Cepión les negó el pago. La historia popular dice que dijo "Roma no paga a traidores". La frase es legendaria, no aparece en Apiano ni en las fuentes contemporáneas, pero resume perfectamente lo que pasó. Roma usó la traición porque no pudo ganar la guerra.

¿Qué dejó Viriato?

La masacre previa de Galba en 150 a.C. (el motivo por el que Viriato se levantó) indignó tanto en Roma que figuras como Catón el Viejo forzaron la creación en 149 a.C. de la Quaestio de repetundis, el primer tribunal permanente de la historia para juzgar la corrupción de los gobernadores.

Demostró que una guerrilla móvil podía desangrar a las legiones, obligando a Roma a hacer levas forzosas en Italia que el pueblo odiaba.

No fue un rey, fue un pastor convertido en cazador, en bandido y en general, como lo define Livio. Y durante 8 años, fue el Terror Romanorum.