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domingo, 16 de septiembre de 2012

Stiglitz advierte de que pedir el rescate podría ser un "suicidio" para el Estado español

El premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz ha advertido de que si el Estado español opta por solicitar la ayuda del BCE a cambio de unas condiciones de austeridad como las impuestas en países como Grecia, estaría cometiendo un «suicidio». En una entrevista con Efe, Stiglitz ha dejado claro que la oferta del Banco Central Europeo de una compra ilimitada de bonos a cambio de satisfacer condiciones aún no especificadas «suena claramente a rescate» y a una oferta de ayuda «a cambio del suicidio».

 A juicio del estadounidense, que ha promocionado en Madrid el libro ‘El precio de la desigualdad’, la cuestión es saber si lo que las autoridades monetarias pretenden es ayudar a los ciudadanos o a los bancos que incurrirían en pérdidas en caso de que el Estado español no pudiese refinanciar su deuda.

 Muy crítico con las políticas de austeridad a ultranza, el Nobel de Economía de 2001 tiene claro que Europa debería poner el foco en el crecimiento y la inversión si quiere reestructurar su economía, y cree que «el diagnóstico alemán está absolutamente equivocado» cuando acusa a Estados como el español de gastar demasiado.

 De hecho, si el Estado español no solo no ha conseguido salir de la depresión, sino que cada vez profundiza más en ella, es porque los funcionarios internacionales han «subestimado» la magnitud de la crisis que provocarían con sus recetas de austeridad, según Stiglitz.

 Aunque intenten achacar la responsabilidad al Estado español por incumplir sus objetivos fiscales, la culpa es de un error de diagnóstico del problema y unas recetas equivocadas, añade.

 Por este motivo aconseja al Ejecutivo de Rajoy que trate de buscar una fuerte alianza con el Estado francés, Italia o Portugal frente a Alemania con el objetivo de cambiar el marco europeo. Y si esto no funciona, apunta hacia una fractura del euro como mal menor frente a una depresión de la que no se ve la salida.

 «Se puede ser miembro de la UE sin compartir una misma moneda. Los arreglos de divisas a menudo han sido relativamente a corto plazo», remacha Stiglitz con el ejemplo de los treinta años que duró el patrón oro establecido en Bretton Woods (1944-1971).

 A pesar de que reconoce que la ruptura fue «dramática» hasta que el mundo se acostumbró a otro sistema.

 En todo caso, el mejor escenario para Stiglitz sería que Alemania diese su brazo a torcer y aceptase mutualizar la deuda europea, ordenar un marco bancario común «rápidamente» y promover una armonización fiscal.

 La cuestión es superar ideas «falaces» -según su definición- como que la economía de un país es como la de una familia. «Si una familia recorta en su gasto no tiene ningún efecto en la sociedad. Si un gobierno recorta, la demanda total caerá y el paro subirá. Y la capacidad de devolver lo que debe baja, sus ingresos impositivos caen y su gasto en desempleo y programas sociales sube», enumera Stiglitz.

 Para el estadounidense este es «exactamente el razonamiento por el que Europa está fallando», y los déficit en los presupuestos no han mejorado como la gente esperaba.

 «Las consecuencias han sido distintas de lo que esperaba la gente que dice que un país debe gobernarse como una economía doméstica», afirma el catedrático de Economía en la Universidad de Columbia, para quien la recesión no es el momento adecuado para recortar el gasto.
 Fuente: http://www.naiz.info/es/actualidad/noticia/20120915/stiglitz-advierte-de-que-pedir-el-rescate-podria-ser-un-suicidio-para-el-estado-espanol
Foto: En Sanlúcar, Bonanza desde Bajo Guía.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Joseph Stiglitz. El 1% dicta la política al 99%. El precio de la desigualdad según Stglitz: ineficacia y democracia en peligro.

La desigualdad es hoy más amplia que antes de la Gran Depresión.

El multimillonario Warren Buffett lo dijo claro en una de esas sentencias que le caracterizan y no le dan miedo: “Durante los últimos 20 años ha habido una guerra de clases y mi clase ha vencido”.

“El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita”.

El Nobel Joseph Stiglitz analiza la ruptura del pacto social que durante medio siglo ha neutralizado las tensiones.

Hay momentos en que los pueblos se alzan y dicen «basta ya, esto debe cambiar» Ahora, estamos en eso. Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de economía, hace mucho tiempo que viene previniendo los desvíos del actual sistema y de la economía financiera. En su nuevo libro se centra en el «precio de la desigualdad».

 Hace veinte años que vienen aumentando las desigualdades y no solo son socialmente inaceptables sino más nefastas áun desde el punto de vista económico. Los indignados lo ponen muy bien en evidencia enarbolando los colores del 99% con referencia al 1% que ya había estigmatizado el antiguo director del Banco Mundial y Premio Nobel de economía Joseph E. Stiglitz.

 Fracaso de los mercados, fracaso de los sistemas políticos que no corrigen los excesos de los mercados y de los injustos sistemas económicos y políticos. El actual sistema multiplica y mantiene los fracasos y de golpe se agravan las desigualdades. Pero lo que mucha gente ignora es que las desigualdades cuestan muy caro, porque participan directamente al « deterioro de la economía » y a sus desvíos, que Stiglitz llama «subversión de la democracia».

Más allá de la muy interesante y fundamentada comprobación que plantea, el economista muestra como la desigualdad es la causa y la consecuencia del sistema que provoca un círculo vicioso y genera inestabilidad y cómo el actual sistema económico ha llegado a su fin.

Su comprobación parte de la situación de los EE.UU. en donde, desde hace dos décadas, el poder de compra de las clases medias no ha hecho sino disminuir. Los EE.UU tiene « el problema del 1% », una clase media presionada debido a que las desigualdades en los ingresos se han agravado y las ganancias de la recuperación « se le han esfumado » ; « el 93% de los ingresos suplementarios creados en 2010 han sido acaparados por el 1% de la población de clase alta ». De modo que en el transcurso de los últimos treinta años los Estado Unidos se han convertido en un país dividido : la clase alta ha progresado rápidamente y el país ha retrocedido. Los salarios bajos aumentaron en treinta años un 15% mientras que los del 1% del nivel superior aumentaron un 150%. Esta situación es aún más flagrante si observamos la distribución de los ingresos del capital.

Y en todo su libro, Stiglitz no dejará demostrar y demostrar que las desigualdades son causa de inestabilidad económica y derrota los argumentos de quienes hacen la apología de la desigualdad como base del crecimiento, según la tesis de la « economía del derrame » porque eso no funciona así.

Por el contrario los efectos nefastos de las desigualdades son claros : descenso del nivel de vida, consecuencias de deterioro de la salud, la de educación, de la vivienda, deterioro de las relaciones sociales entre los jóvenes ya adultos atrapados en la casa de sus padres…el mito de unos Estados Unidos justos y con igualdad de oportunidades se muestra sin eufemismos.

 El libro didáctico y voluntariamente dirigido al gran público permite comprender –aun cuando uno no sea muy ducho en economía – los diferentes mecanismos y sus perversos efectos. Es cierto que Stiglitz se apoya en muchos ejemplos usamericanos – la campaña electoral obliga – pero su razonamiento es absolutamente « benchmarkable » y pòr otra parte no se priva de mostrar que más allá de los EE.UU. las limitaciones del actual sistema afectan a numerosos países comenzando por los europeos... Seguir aquí para leer todo el artículo.

El precio de la desigualdad. Joseph E. Stiglitz. Taurus. Madrid, 2012. 498 pág. 20 euros (electrónico: 9,99) Leer crítica del libro en El País, aquí.

miércoles, 4 de julio de 2012

Un empresario americano, Nick Hanauer, denuncia en TED, la falacia de que los ricos, los ahora llamados emprendedores en vez de lo que son realmente, capitalistas, son los que crean empleos.


Enlace alternativo al vídeo censurado https://www.youtube.com/watch?v=cLm4QF3IPdU
Es evidente que si no hay demanda, ni actividad económica, el paro seguirá aumentando, en un circulo vicioso; más paro trae menos demanda, menos demanda trae más paro. El empobrecimiento de la mayoría de la población y su influencia negativa en la economía no es compensado por el enriquecimiento cada vez mayor de los más ricos. La parte de los salarios dedicada a impuestos entre IRPF, impuestos municipales sobre basuras, agua, alcantarillado, vehículos, viviendas, ... han crecido de media más que los salarios desde los 70.
 Los impuestos sobre energía (combustibles, gas, electricidad), el IVA sobre el consumo, sobre los medicamentos, la falta de becas el pago de transporte para los estudiantes, amas de casa y trabajadores,... hacen que suponga una perdida de más del 35% de sus ingresos. Mientras los grandes Banco y Fortunas cotizan un 1%, cuando no evaden todo mediante los paraísos fiscales. Es evidente, y así lo defienden prestigiosos economistas como Paul Krugman o Joseph Stiglitz, que es necesario un cambio.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Stiglitz advierte de que políticas de austeridad son un "suicidio"

A Coruña, 24 nov (EFE).- El premio Nobel de Economía en 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial, Joseph E. Stiglitz, ha asegurado esta tarde que las políticas de austeridad "son una receta" para "menor crecimiento y más desempleo", un "suicidio" económico, que debería ser contrarrestado con una fiscalidad progresiva y apoyo a las inversiones empresariales.

"Lo que hay que darse cuenta es que la austeridad por sí sola no va a solucionar los problemas porque no va a estimular el crecimiento", ha subrayado Stiglitz en un encuentro con periodistas en A Coruña, donde está tarde ha pronunciado una conferencia titulada "¿Puede el capitalismo ser salvado de sí mismo".

Ha sugerido al nuevo gobierno español que vaya "más allá de la austeridad" y emprenda una reestructuración del gasto y la fiscalidad como medida básica para crear empleo.

"Mucho me temo que se van a centrar en la austeridad, y la austeridad es una receta para menor crecimiento, para una recesión y para más desempleo. La austeridad es una receta para el suicidio", ha afirmado.

"A menos que España no cometa ningún error, acierte al 100 por cien y aplique medidas para suavizar la política de austeridad llevará años y años" salir de la crisis, ha añadido.

El exvicepresidente del Banco Mundial ha asegurado que las reformas estructurales emprendidas en Europa "han sido diseñadas para mejorar la economía por el lado de la oferta, no por el lado de la demanda", cuando el problema "real" es "la falta de demanda".

Por ello, ha rechazado los postulados en favor de la flexibilidad laboral como "sinónimo de bajar los salarios y el nivel de protección social".

"Si bajamos los salarios, empeorará la demanda y la recesión", ha advertido Stiglitz, para quien un "necesario" incremento de la flexibilidad debe ir acompañado de "compensaciones por el lado de la seguridad" para los trabajadores.

Su receta para salir de la crisis pasa por estimular la demanda a través de una política impositiva más progresiva y una fiscalidad que promueva la inversión empresarial.

"En economía hay un principio elemental que se llama efecto multiplicador del presupuesto equilibrado: si el gobierno sube los impuestos pero a la vez gasta el dinero que recibe de los impuestos esto tiene un efecto multiplicador sobre la economía".

En algunos países como Grecia, sostuvo, "el sistema financiero está restringiendo mucho el crédito, sobre todo a las pymes, con lo que se está estrangulando a la economía y se dará una contracción bastante severa", ha apuntado.

En contraposición, Stiglitz ha valorado modelos como el de la cooperativa vasca Mondragón, una alternativa "estable y eficiente".

El premio Nobel se ha mostrado especialmente crítico la actuación del Banco Central Europeo en casos como el de Grecia, donde el organismo europeo "ha puesto en primer lugar los intereses de los bancos que los de los ciudadanos".

"Las decisiones son tomadas por un grupo secreto de personas, el International Swaps and Derivatives Association (ISDA) -la asociación que controla el mercado de los derivados-, un grupo de especuladores. ¡Es inaceptable que se confíe la toma de decisiones a un grupo determinado de particulares, sobre todo a este grupo en particular", ha denunciado.

Ante las tensiones del mercado, Stiglitz ha reclamado la creación de un organismo público que se encargue de las valoraciones crediticias; de un fondo de solidaridad para buscar estabilidad económica en la zona euro y la implantación de los eurobonos.

De hecho, en su opinión, las restricciones del sistema financiero podrían ser combatidas por el Estado a través de "garantías" al crédito o bien a través de la concesión estatal de los mismos.

"Hay una tendencia de los mercados sin control de cometer excesos de todo tipo y si no se controlan los mercados, ellos sí que destruirán el capitalismo", ha afirmado.

Así, según sus predicciones, Estados Unidos no recuperará su nivel económico hasta 2017, diez años después del comienzo de la crisis, lo que en el caso de Europa retrasaría la recuperación varios años

Más. EFE en ABC, 24-11-11

jueves, 6 de octubre de 2011

Stiglitz en Zucotti Park

El domingo, el profesor Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, estuvo en Zuccotti Park para hablar con los manifestantes, junto a otro economista, Jeff Madrick. Como los manifestantes tienen prohibido usar megáfonos, la multitud repitió los discursos de a una oración por vez para que las palabras llegaran a los que estaban más lejos. Stiglitz comenzó su discurso con una ocurrencia: “Me doy cuenta de que la pedagogía de tener que repetir lo que digo es muy valiosa, pero hace que el proceso sea mucho más largo”. Dicho como un verdadero economista.

“Hay un sistema en el que socializamos las pérdidas y privatizamos las ganancias”, continuó. “Eso no es capitalismo, no es economía de mercado, es una economía distorsionada que si la continuamos no vamos a crecer, no vamos a crear una sociedad más justa. Continuó el Nobel: “Antes de hablar de economía, quiero decir algo sobre la democracia. En julio estuve en España, hablando con los ‘indignados’. Ahí podía usar un megáfono, no tenía que pasar por esta cámara de ecos. ¡Es indignante que no puedan usar un megáfono! Tenemos demasiadas reglas que detienen la democracia y no suficientes reglas para que Wall Street se comporte bien. Ustedes deberían tener el derecho de manifestar sus opiniones sin ser arrestados y o que les lancen gas pimienta”.

En España dijo: “Tienen razón en estar indignados. El hecho es que el sistema no está funcionando bien. No está bien que tanta gente esté sin trabajo cuando tenemos tantas necesidades que llenar. No está bien echar a la gente de sus hogares cuando hay tantos sin techo. Nuestros mercados financieros tienen que jugar un rol importante. Se supone que deben ubicar el capital y manejar el riesgo, pero han mal ubicado al capital y crearon riesgo. Estamos pagando el costo de sus errores”.

Stiglitz siguió con su argumentación. “Una de las cosas que hicieron los bancos fue explotar a los estadounidenses más pobres a través de préstamos. Nosotros lo sabíamos. Hubo gente que trató de pararlo, pero Wall Street usó su poder político para detener a los que querían detenerlos. El FBI les dijo a los poderes que había una epidemia de fraude en el mercado hipotecario en 2004. Washington y la Reserva Federal tenía el poder para hacer algo. No lo hicieron”, y agregó el economista: “Después de que estalló la burbuja, el equilibrio de los derechos se distorsionó. Entonces ayudamos a los bancos en la creencia de que habría una vuelta a los préstamos. ¡Todo lo que hubo fue una restauración de bonos! Si no restauramos las finanzas a la función que debe tener, no tendremos una recuperación fuerte. Las prácticas poco éticas fueron una importante contribución a la crisis y el futuro difícil que enfrentamos.”
Página 12

jueves, 8 de septiembre de 2011

Entevista a Joseph Stiglitz en la conferencia de Lindau

“El ajuste lleva al estancamiento”
Enemigo de la ortodoxia, presentó sus ideas en un encuentro mundial de galardonados en Alemania.

Defendió las políticas de estímulo fiscal, dijo que el desempleo es el principal problema y elogió lo que hizo Argentina después del default.
El economista Joseph Stiglitz fue la estrella y la oveja negra de la Conferencia de premios Nobel en la isla de Lindau, al sur de Alemania, que terminó ayer. El profesor de la Universidad de Columbia forma parte de un reducido grupo entre los 17 galardonados que participaron del encuentro, los que no reclaman públicamente medidas de austeridad sino mayores estímulos fiscales para enfrentar la crisis y reducir el desempleo.

Mientras que los jóvenes economistas y periodistas lo rodean en cada oportunidad, sus pares lo miran con recelo. Las declaraciones que hace sobre el fracaso y la incapacidad de las ideas económicas dominantes para comprender y ofrecer una respuesta a la crisis chocan con la visión que poseen otros Nobel. Estos especialistas consideran que el marco teórico no tuvo ninguna responsabilidad, posición que comparten muchos de los 373 economistas de todo el mundo que forman parte del evento y desestiman las críticas de Stiglitz.

Luego de varios intentos interrumpidos a pocos instantes de comenzar, el ganador del premio en 2001 concedió una entrevista a Página/12 durante una caminata desde el centro de conferencias hasta la ópera de la isla, donde debía participar de una reunión a puertas cerradas. A lo largo del recorrido, el economista destacó el desempeño de los “países emergentes” y señaló que Argentina debe profundizar la industrialización, ya que “los commodities no alcanzan para el desarrollo”, así como fortalecer el mercado interno. Antes de terminar el reportaje preguntó: “Parece que va a ser elegida de nuevo, ¿no?”, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner. Y luego adelantó que “todavía no está confirmado, pero me parece que voy a volver a la Argentina en diciembre”.

–¿Por qué considera errados los planes de ajuste fiscal?
–Esas políticas llevan al estancamiento, se necesitan más planes de estímulo fiscal para recuperar el crecimiento y alcanzar menores niveles de desempleo en Estados Unidos y Europa. La política monetaria hoy no es efectiva. Los primeros paquetes de estímulo fiscal en 2008 funcionaron bien, si no la desocupación hubiera sido mucho mayor. Al mismo tiempo, esa expansión generó importantes déficit presupuestarios. La mejor forma para enfrentar esos déficit es con mayor gasto, la austeridad va en la dirección contraria. Es una visión equivocada, es la misma receta que aplicó el FMI en la Argentina. Sabemos lo que pasa: la economía se desacelera, luego entra en recesión y finalmente termina con una depresión. Sin crecimiento no es posible salir de la crisis. Cuanto más se demore el resultado político mayores serán la inestabilidad y los costos.

–Los argumentos contra los estímulos fiscales sostienen que esas medidas profundizarán todavía más los déficit.
–El problema no son los déficit presupuestarios, ni siquiera la recesión, el problema es el déficit de empleo que hay. Hoy en Estados Unidos tenemos 14 millones de desocupados, pero en realidad son 25 millones las personas que no pueden conseguir un empleo de tiempo completo. Esta situación sólo va a empeorar con los planes de austeridad. La mejor forma para enfrentar la crisis es crear puestos de trabajo. La teoría económica tradicional fracasó. Hay un principio muy simple llamado “multiplicador presupuestario”: si uno recauda impuestos y gasta dinero en forma balanceada de forma tal que no crezca el déficit, la economía crecerá. En el mediano plazo, esa política tiende a reducir el déficit y asegura la sustentabilidad de la economía porque el PIB crecerá y la deuda y el déficit serán más pequeños en términos relativos. Si uno diseña bien el multiplicador, el estímulo fiscal puede ser muy grande. En ese sentido, en Estados Unidos se pueden cobrar impuestos al uno por ciento más rico que concentra el 25 por ciento del ingreso, y gastar el dinero en inversiones que aseguren mayor crecimiento. Esa dinámica es un forma de resolver este dilema.

–¿La crisis estructural en Europa desencadenará la desintegración de la unión monetaria?
–Va a ser necesario más dinero para que funcione el euro, así como también va a ser necesario más dinero para que deje de hacerlo. De una forma u otra, Alemania va a perder mucho dinero. Hay vida después del default y de abandonar un sistema de tipo de cambio fijo. En la Argentina, el fin de la paridad cambiaria y el default tuvieron un alto costo. Luego de un período de caída, Argentina comenzó a crecer muy rápido, incluso en ausencia de lo que mucha gente considera las “mejores” prácticas económicas, con buenas políticas pero no perfectas. Yo creo que es muy difícil volver a unir un huevo revuelto, me parece que el euro es una muy buena iniciativa. Por eso, no creo que sea necesario que ningún país abandone el euro. Como le dije antes, es necesario impulsar planes de estímulo. Para eso se puede inyectar más recursos al Fondo de Estabilidad Financiera Europeo para hacer frente a los problemas de la región. También, es posible emitir eurobonos.

–¿La profundización de la crisis en Estados Unidos y Europa golpeará sobre los países en desarrollo?
–En 2010, el crecimiento global fue bueno. Hasta ahora, a los países emergentes les ha ido muy bien, ésa es una gran noticia. Muchos se recuperaron con fuerza, como China y Brasil. Pero si se profundiza la recesión en Estados Unidos y Europa, las economías emergentes van a tener dificultades. Creo que van a poder enfrentar una caída en las exportaciones, pero es necesario que fortalezcan la demanda interna. Si bien una disminución del crecimiento chino presionaría a la baja los precios de las commodities y eso golpearía a la Argentina, considero que China va a poder sortear la crisis y mantener así los niveles de demanda de esos productos.

–¿El buen desempeño de las economías como Argentina responde solamente a las exportaciones de bienes primarios y los elevados precios internacionales?
–No, esa situación va a beneficiar a América latina y otros países dependientes de las exportaciones de commodities. Pero esas exportaciones no son suficientes para garantizar el crecimiento sostenido y la reducción del desempleo, los países de la región como Argentina tienen que diversificar sus estructuras productivas, invertir en sectores de alta tecnología. Es un proceso que demora tiempo. Los países como Argentina, Brasil y China desplegaron muy buenas políticas macroeconómicas. Comprendieron la importancia de un estímulo keynesiano bien diseñado para apuntalar la economía y garantizar que el desempleo no se dispare. Hay un conjunto de aspectos que permiten que los países emergentes no se vean directamente afectados por la crisis. Por ejemplo, las regulaciones bancarias en muchos países son mucho mejores, de mejor calidad, que las de Estados Unidos y Europa. En algunos casos eso se debió a que los países ya habían atravesado grandes crisis. Argentina hizo muy bien las cosas en los últimos años para garantizar un fuerte crecimiento a tasas muy altas y controlar la inflación.

–¿La inflación es un problema para las economías emergentes?
–Argentina enfrenta, como muchos países emergentes, el desafío de controlar la inflación en un mundo en recesión. Es un tiempo muy difícil para llevar adelante esa tarea porque se experimentan shocks negativos de demanda y shocks inflacionarios externos. No hay una forma sencilla para atravesar ambos desafíos. El foco excesivo de los bancos centrales en controlar la inflación es un error, pero también es un error ignorar el fenómeno. La estabilidad financiera, el crecimiento y el empleo también tienen que formar parte de sus objetivos. La baja inflación no asegura el crecimiento sostenido. En Europa, la preocupación del Banco Central por los aumentos de precios es uno de los factores que debilita la economía. Por su parte Brasil logró crecer, pero su enfoque excesivo en la inflación ha dado como resultado tasas de interés muy elevadas, entre las más altas del mundo.

–¿Qué quiere decir cuando afirma que la teoría económica tradicional fracasó?
–Los modelos utilizados por los bancos centrales, economistas, los banqueros, crearon un marco de política que estuvo en el epicentro de la crisis. Decían que no era necesaria la regulación, que los mercados eran eficientes por su cuenta o que la baja inflación era suficiente para garantizar un sendero de crecimiento. La macroeconomía no se autorregula y no conduce al pleno empleo. El problema no es la simplificación a la que recurren los modelos, el asunto es que estos modelos dicen que la crisis no podía suceder. Si los modelos no contemplan a los bancos entonces no existe el crédito. ¿Cómo es posible pensar en estrategias para impulsarlo? En materia laboral, la teoría señalaba que uno de los problemas eran las rigideces en el mercado de trabajo. Pero los países donde hoy se profundiza el problema del desempleo son aquellos que más desregularon ese mercado. En cambio, donde no se aplicaron esas políticas el desempleo es menor. Uno de los principales problemas en nuestra sociedad es la creciente desigualdad, esa situación disminuye la demanda agregada y la brecha que se generó fue cubierta por una burbuja bancaria de consumo artificial que impulsó la inestabilidad. La agenda de la economía ignoró esto y pensaba que alcanzaba con aumentos de productividad. Los modelos dominantes tradicionales no se hacían las preguntas adecuadas. Tomás Lukin. Página 12

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-175542-2011-08-28.html

(Fotos del autor, Mogrovejo, pueblo en los alrededores de Potes, Picos de Europa, Cantabria)

jueves, 21 de julio de 2011

La CEOE, por medio de su presidente, critica a los parados que cobran "porque sí".

Rosell arremete, además, contra los funcionarios "ineficientes"
En una ejemplar muestra de lo que es "ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio". El presidente de la CEOE, Juan Rosell, en una serie de perogrulladas de sentido común, aderezadas con globos sondas, para tantear como está el patio, a fin de avanzar aún más hacia el neoliberalismo; lo que supondrá una mayor marginación e indefensión de las clases más humildes... "ha situado en el disparadero a los funcionarios "ineficientes" y a los parados que se inscriben en las listas del desempleo "porque sí". El líder de los empresarios españoles abogó ayer por acabar con estos dos colectivos como parte de su recetario para salir de la crisis. No son los únicos. Los estudiantes que suspenden y quienes acuden al médico "abusivamente" también recibieron su advertencia."
Sin duda, el que un parado reciba una subvención, a la que no tiene derecho, no lo puede defender nadie. La cuestión está en quienes son los que definen el derecho de un parado a un subsidio para él y su familia, y quienes definen que es un listado de desempleados con "subsidio porque sí".
Es evidente que el problema de la economía española no son los parados que puedan estar cobrando injustamente, sino lo injusto del elevado número de las situaciones de paro, cuando la inmensa mayoría de trabajadores lo que ha hecho es trabajar y rendir para la empresa y ellos son los menos culpables de que la situación económica haga que su empresa no venda y se vea en la necesidad de cerrar, mandándoles al paro. Si la crisis económica ha afectado a todos, empresarios y trabajadores, es a estos últimos a quienes más ha afectado como colectivo.
"[A] quien se apunte al paro porque sí, habrá que decirle que no", disparó Rosell en una conferencia organizada por el diario El Economista. El máximo responsable de los empresarios añadió que todos los parados deben formarse al mismo tiempo que cobran la prestación. La recién aprobada reforma de los servicios públicos de empleo endurece esa exigencia, que depende en gran medida de la oferta que faciliten los servicios públicos.
Respecto al otro gran colectivo objeto de las críticas, los funcionarios, Rosell pidió evaluarlos para hacerles ver que "no son dueños" de su puesto de trabajo. El presidente de la CEOE aludió expresamente a los empleados públicos "ineficientes y prepotentes". En esa misma línea, pidió que se penalice el absentismo laboral y se combata a quienes "visitan al médico abusivamente". Aquí parece olvidar el proceso histórico que ha dado lugar a la creación de los funcionarios y su necesidad. La realidad es que esos "funcionarios ineficientes" son muchas veces "mimados", pues son los mejores aliados de los interesados en privatizar departamentos enteros o funciones que vienen ejerciendo funcionarios, de esta forma, haciendo ineficiente a lo público, se crea una opinión pública favorables a la privatización. Lo que viene muy bien para dar "empresas" a sus amigos, donde el negocio es redondo; se "colocan", sin control, -porque sí- a los hijos de los amigos por muy inútiles que sean, se ponen los sueldos a su antojo y como es una "empresa privada" no tienen que dar explicaciones a nadie. Lo ideal del antiguo caciqueo. Y si va mal, vuelve la administración a hacerse cargo de las perdidas. ¿Quieres mayores y mejores prebendas?
El funcionario tiene una oposición por medio de convocatoria pública, con igualdad y publicidad de la misma y unos tribunales con vocales elegidos por sorteo y unos méritos públicos. Los sueldos son fijados por categorías y son públicos, limitados e iguales en lo esencial en todo el estado. En lo público, lastima, "se cuelan" con frecuencia el hijo del portero, mientras que el hijo del dueño del edificio es suspendido y se queda sin plaza...
  Esta crisis es una crisis gestada y provocada por empresas privadas que se dicen ejemplares, pero que han estafado quebrando a millones de personas y dejado en la ruina a países enteros, eso sí, con la colaboración culpable de políticos más o menos corruptos. Y, lo más lamentable de todo, es que no ha habido consecuencias ni castigo para los culpables si exceptuamos a Islandia. Y todas las medidas que se anunciaron por los jefes de gobiernos occidentales, de más regulación y vigilancia sobre los "mercados" o la desaparición de los llamados paraísos fiscales, amén de límites a los escandalosos sueldos y prebendas para los máximos responsables de esos desaguisados, han quedado en nada.
"Los estudiantes con fracaso escolar cerraron su corolario de críticas. "Al estudiante hay que decirle que un fracaso se le puede consentir, pero que esté ocho años para acabar una carrera de cinco no se le puede consentir y no se lo vamos a pagar siempre", analizó Rosell, partidario de reformar los servicios públicos, simplificar la estructura del Estado y reducir los gastos de los Gobiernos locales y autonómicos, "como están haciendo también las empresas"... Efectivamente las empresas están reduciendo gastos pero del lado de los trabajadores, bajando sueldos, a los jefazos se le suben, despidiendo a los que tenían mejores sueldos y contratando a nuevos por la mitad o menos, e imponiendo mayores ritmo de trabajo. Todas acciones que no suponen un aumento de la demanda, lo que no mejora la economía general.
Y que decir de los estudiante, pues que si suspende, hasta ahora, venía ocurriendo que se quedaban sin becas, con lo cual los más pobres dejaban de estudiar, mientras los que tenían medios podían permitirse el seguir estudiando ayudados por su familias. No sabemos si se refiere a empeorar, aún más, esta desigualdad ya existente, a favor de los pudiente, pero todo apunta hacia el aumento de la desigualdad que es lo que viene ocurriendo a marchas aceleradas desde la aparición de la crisis como muestran todos los datos.
En definitiva, junto a la crítica a "los enfermos imaginarios" -que con el aumento del paro se han disparado las depresiones y otras enfermedades psiquiátricas- una serie de lugares comunes, que no mejorarán para nada la situación económica general. Sí supondrá un vuelta de tuerca hacia los más humildes en esta lucha ideológica actual por acusar a las víctimas de la crisis como si fuesen los actores o causantes y no los paganos de la situación. Aprovechando para seguir quitando derechos y aumentar la desregulación, a fin de aumentar la desigualdad de negociación echándoles en brazos de sus empresarios para que se conviertan en explotados más dóciles. Ese no es un procedimiento serio de acabar con la crisis, es más, esas medidas no acabarán con algo que tiene otras causas ya expuestas nitidamente por Krugman o Stiglitz en este blog, pero le sirv3en a los poderosos para aumentar su cuota de poder frente a los derechos de la población que se habían conseguido con tantas luchas y esfuerzo. Como dice el 15-M lo que ocurre "no es una crisis, es una estafa." AGENCIAS / EL PAÍS - Madrid - 19/07/2011 Leer más aquí.

miércoles, 13 de julio de 2011

Joseph Stiglitz : La crisis ideológica del Capitalismo occidental

Tan sólo unos años atrás, una poderosa ideología “la creencia en los mercados libres y sin restricciones" llevó al mundo al borde de la ruina. Incluso en sus días de apogeo, desde principios de los años ochenta hasta el año 2007, el capitalismo desregulado al estilo estadounidense trajo mayor bienestar material sólo para los más ricos en el país más rico del mundo. De hecho, a lo largo de los 30 años de ascenso de esta ideología, la mayoría de los estadounidenses vieron que sus ingresos declinaban o se estancaban año tras año.
Es más, el crecimiento de la producción en los Estados Unidos no fue económicamente sostenible. Con tanto del ingreso nacional de los EE.UU. yendo destinado para tan pocos, el crecimiento sólo podía continuar a través del consumo financiado por una creciente acumulación de la deuda.
Yo estaba entre aquellos que esperaban que, de alguna manera, la crisis financiera pudiera enseñar a los estadounidenses (y a otros) una lección acerca de la necesidad de mayor igualdad, una regulación más fuerte y mejor equilibrio entre el mercado y el gobierno. Desgraciadamente, ese no ha sido el caso. Al contrario, un resurgimiento de la economía de la derecha, impulsado, como siempre, por ideología e intereses especiales, una vez más amenaza a la economía mundial“ o al menos a las economías de Europa y América, donde estas ideas continúan floreciendo.
En los EE.UU., este resurgimiento de la derecha, cuyos partidarios, evidentemente, pretenden derogar las leyes básicas de las matemáticas y la economía, amenaza con obligar a una moratoria de la deuda nacional. Si el Congreso ordena gastos que superan a los ingresos, habrá un déficit, y ese déficit debe ser financiado. En vez de equilibrar cuidadosamente los beneficios de cada programa de gasto público con los costos de aumentar los impuestos para financiar dichos beneficios, la derecha busca utilizar un pesado martillo“ no permitir que la deuda nacional se incremente, lo que fuerza a los gastos a limitarse a los impuestos.
Esto deja abierta la interrogante sobre qué gastos obtienen prioridad y si los gastos para pagar intereses sobre la deuda nacional no la obtienen, una moratoria es inevitable. Además, recortar los gastos ahora, en medio de una crisis en curso provocada por la ideología de libre mercado, simple e inevitablemente sólo prolongaría la recesión.
Hace una década, en medio de un auge económico, los EE.UU. enfrentaba un superávit tan grande que amenazó con eliminar la deuda nacional. Incosteables reducciones de impuestos y guerras, una recesión importante y crecientes costos de atención de salud " impulsados en parte por el compromiso de la administración de George W. Bush de otorgar a las compañías farmacéuticas rienda suelta en la fijación de precios, incluso con dinero del gobierno en juego“ rápidamente transformaron un enorme superávit en déficits récord en tiempos de paz.
Los remedios para el déficit de EE.UU. surgen inmediatamente de este diagnóstico: se debe poner a los Estados Unidos a trabajar mediante el estímulo de la economía; se debe poner fin a las guerras sin sentido; controlar los costos militares y de drogas; y aumentar impuestos, al menos a los más ricos. Pero, la derecha no quiere saber nada de esto, y en su lugar de ello, está presionando para obtener aún más reducciones de impuestos para las corporaciones y los ricos, junto con los recortes de gastos en inversiones y protección social que ponen el futuro de la economía de los EE.UU. en peligro y que destruyen lo que queda del contrato social. Mientras tanto, el sector financiero de EE.UU. ha estado presionando fuertemente para liberarse de las regulaciones, de modo que pueda volver a sus anteriores formas desastrosas y despreocupadas de proceder.
Pero las cosas están un poco mejor en Europa. Mientras Grecia y otros países enfrentan crisis, la medicina en boga consiste simplemente en paquetes de austeridad y privatización desgastados por el tiempo, los cuales meramente dejarán a los países que los adoptan más pobres y vulnerables. Esta medicina fracasóen el Este de Asia, América Latina, y en otros lugares, y fracasará también en Europa en esta ronda. De hecho, ya ha fracasado en Irlanda, Letonia y Grecia.
Hay una alternativa: una estrategia de crecimiento económico apoyada por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. El crecimiento restauraría la confianza de que Grecia podría reembolsar sus deudas, haciendo que las tasas de interés bajen y dejando más espacio fiscal para más inversiones que propicien el crecimiento. El crecimiento por sí mismo aumenta los ingresos por impuestos y reduce la necesidad de gastos sociales, como ser las prestaciones de desempleo. Además, la confianza que esto engendra conduce aún a más crecimiento.
Lamentablemente, los mercados financieros y los economistas de derecha han entendido el problema exactamente al revés: ellos creen que la austeridad produce confianza, y que la confianza produce crecimiento. Pero la austeridad socava el crecimiento, empeorando la situación fiscal del gobierno, o al menos produciendo menos mejoras que las prometidas por los promotores de la austeridad. En ambos casos, se socavala confianza y una espiral descendente se pone en marcha.
¿Realmente necesitamos otro experimento costoso con ideas que han fracasado repetidamente? No deberíamos, y sin embargo, parece cada vez más que vamos a tener que soportar otro. Un fracaso en Europa o en Estados Unidos para volver al crecimiento sólido sería malo para la economía mundial. Un fracaso en ambos lugares sería desastroso “incluso si los principales países emergentes hubieran logrado un crecimiento auto-sostenible". Lamentablemente, a menos que prevalezcan las mentes sabias, este es el camino al cual el mundo se dirige.

viernes, 1 de julio de 2011

"La Unión Europea no está rescatando a Grecia, sino a los bancos alemanes"

JOSEPH E. STIGLITZ Premio Nobel de Economía en 2001
Crítico con la ortodoxia neoliberal, el catedrático de la Universidad de Columbia arremete con dureza contra las políticas de austeridad, que considera que pagan los ciudadanos con sacrificios que los gobiernos no pueden explicar

A un economista bregado en la crítica como Joseph Stiglitz (Gary, Indiana, 1943) no le tiembla la voz cuando señala los responsables de la crisis ante un público que, en parte, podría sentirse aludido por sus reproches. Ni cuando denuncia las crueles consecuencias sociales que acarrearán las medidas de austeridad que se han impuesto como prioridad la Unión Europa o Estados Unidos para salir de la crisis. Y mucho menos cuando pide decir las cosas por su nombre y no hablar de rescate de Grecia, Irlanda o Portugal cuando, a su juicio, en realidad "se trata de una protección de los bancos europeos". El premio Nobel de Economía 2001 y catedrático en Columbia es igual de implacable con el fundamentalismo de mercado ante el auditorio repleto de empresarios del Círculo de Economía de Barcelona que en sus artículos de opinión y sus libros.
Antes de su charla, atiende a EL PAÍS en una sala del hotel de Sitges donde el lobby empresarial catalán celebra cada año sus jornadas. Afable y tranquilo, Stiglitz es capaz de indignarse, por ejemplo, porque el presidente de EE UU, Barack Obama, a quien asesoró, se haya rodeado de quienes, en su opinión, provocaron la crisis. Ya en su último libro, Caída libre (Taurus, 2010), no ahorra críticas al presidente estadounidense en un ejercicio de honestidad. En la revisión de esa obra, en octubre del año pasado, se refirió al duro ajuste en las cuentas públicas españolas. "Por ahora, España no ha sido atacada por los especuladores, pero puede ser solo cuestión de tiempo", concluyó entonces.
Pregunta.¿Sigue pensando lo mismo ahora?
Respuesta.España está en una situación diferente a la de Grecia. Empezó la crisis con una deuda pública del 60% de su producto interior bruto (PIB), y no del 130%. Sin embargo, el desempleo es más grave. En gran medida, la respuesta no está en las manos de España. Si se crea un fondo solidario europeo que permita contribuir al crecimiento de España, el país no tendrá ningún problema. Lo tendrá si Europa falla.
P.Las dudas acerca de que Grecia pueda afrontar el pago de su deuda soberana son hoy un quebradero de cabeza para la Unión Europea. ¿La reestructuración de su deuda es la salida?
R.La mejor solución sería la creación de un fondo solidario europeo, con el cual se ayudara a que Grecia restaurara su crecimiento. Alemania podría seguir expandiéndose, los bancos europeos realizarían más inversiones en el país y se estimularía la economía. Eso permitiría, a su vez, restablecer el crecimiento, mejorar los ingresos públicos y reducir el déficit. Así que con estos compromisos, los intereses de la deuda griega bajarían y el país podría cumplir con sus obligaciones.
P.Pero...
R.Sí, nada de eso va a pasar.
P.¿Entonces?
R.Esa sería la mejor solución. Si la Unión Europea no presta asistencia pública, los mercados siguen con esta visión negativa, los intereses siguen muy altos y los países de la Unión rechazan postergar los plazos para devolver la deuda... En ese caso, la reestructuración es inevitable.
P.El rechazo a los rescates ha dado alas a partidos de ultraderecha del norte de Europa, como en el caso de Finlandia. En ese contexto, ese fondo que propone no se antoja muy factible...
R.La pregunta es: ¿se trata un rescate a Grecia o a los bancos alemanes? Es exactamente la pregunta a la que me enfrenté cuando estaba en el Banco Mundial y fuimos "al rescate" de México, Corea, Tailandia o Indonesia. No, no estábamos salvando a esos países, sino a los bancos occidentales. Y puesto que no quisimos llamarle "el rescate de los bancos occidentales", decidimos que se trataba de un rescate a esos países. Y es lo que está pasando ahora: estamos rescatando a los bancos alemanes, por lo que debería llamarse así.
"La mejor solución para Grecia es crear un fondo de solidaridad europeo para su recuperación"
P.Lo que usted plantea pone a los Estados en otro aprieto, entonces. ¿Cómo explican los Gobiernos a los ciudadanos que hay dinero para rescatar a los bancos y luego les imponen medidas de austeridad?
R.No pueden. La respuesta es que o Europa muestra su solidaridad o no puede pedir a los ciudadanos de esos países que sacrifiquen sus vidas a través de su bienestar para salvar a los bancos, cuando estos fueron los que causaron los problemas primero. Ahí está en juego el concepto de justicia social.
P.Habrá oído acerca de las protestas y acampadas que se han producido en las principales plazas de España. ¿Son un reflejo de eso?
"Las protestas en España eran inevitables con los altos niveles de desempleo que hay"
R.Esas protestas eran inevitables, con los niveles de desempleo que tiene España. Sin embargo, las protestas no son normalmente lugares donde se articulen filosofías económicas. Son una reflexión, una expresión de que algo va mal, una demanda de soluciones cuando no se ha hallado diagnóstico.
P.Entre otras cosas, en el centro de las críticas de esas protestas están la corrupción política y las medidas de austeridad.
R.Ellos ponen en el mismo saco ambas cosas. Una de las vías de la corrupción era la burocracia. Pero en lo que a esta crisis se refiere, no lo ha sido. Como lo fue en el pasado, la corrupción es uno de los problemas de hoy. No obstante, la definimos de una forma banal, como una corrupción social de los políticos. Estamos hablando de otra cosa, de influencia política, que se basa, por ejemplo, en las contribuciones para las campañas electorales. Es legal, pero ese sistema no funciona bien para la mayoría de los ciudadanos.
P.Tras encadenar años de abundancia, los países de la Unión Europea, entre ellos España -y ahora también Estados Unidos-, ahora deben recortar su gasto para enderezar sus cuentas públicas. ¿Es la única vía para salir de la crisis?
R.No, ese es el camino erróneo. La austeridad nos llevará a un bajo crecimiento que significará recaudar menos impuestos y acumular más gastos para atender a las personas desempleadas y otras necesidades sociales. Y la reducción de déficit va a ser mínima y, en cualquier caso, decepcionante. Mientras tanto, las consecuencias sociales a corto y largo plazo serán enormes. Y las económicas, también. Por ejemplo, y esto es relevante en particular en España, cuando los jóvenes desempleados llevan mucho tiempo sin trabajar pierden sus capacidades, con lo que se está destruyendo el activo más importante del país, que es el capital humano. Además, resulta mucho más complicado reintegrarlos al mercado de trabajo, y cuando encuentran un empleo la actividad ha descendido y los salarios también lo han hecho.
P.¿Entonces los recortes significan prolongar la crisis?
R.Las perspectivas a largo plazo son que la economía se debilita todavía más. A mi modo de ver, una estrategia de austeridad no sirve para la recuperación. Necesitamos pensar cómo hacer crecer la economía y simultáneamente, a medio y largo plazo, ir reduciendo el déficit. Y hay formas para hacerlo. La mayor parte del déficit se debe a un bajo crecimiento. Cuando se restablece, se solventa el problema, puesto que el déficit no es la causa del crecimiento bajo, sino al revés: el bajo crecimiento es la causa del déficit. Esa es la idea que la gente debe entender. Debemos pensar, pues, estrategias que promuevan el crecimiento con un impacto positivo sobre el déficit.
P.¿Por ejemplo?
R.Puesto que las clases bajas consumen más que el resto, si cambiamos la presión fiscal de la clase media y la pasamos a los ingresos más altos, resulta que con los mismos ingresos tributarios conseguimos más estímulos o que con el mismo estímulo conseguimos recaudar más.
P.Antes recordaba que el déficit no es la causa de la crisis. Las cuentas públicas de Irlanda exhibían superávit antes de la recesión y las de España también lo tuvieron durante tres ejercicios.
R.Exacto. Eso prueba por qué era erróneo el marco europeo basado en que todo lo que se necesitaba para que el euro funcionara era lograr la convergencia. ¡Esos eran dos países que lo estaban haciendo de acuerdo con la fórmula!
P.En la primera etapa de la crisis, parecía que había un amplio consenso en que debían regularse más los mercados. Incluso varios presidentes de Gobierno hablaron de "refundar el capitalismo". ¿Dónde quedó todo eso?
"Las medidas de austeridad son un error y la reducción del déficit será decepcionante"
R.Los políticos... Parece que las fuerzas políticas que permitieron la desregulación de los mercados y los beneficios y que crearon este tipo de capitalismo disfuncional pretendieron prevenir una destrucción de su capitalismo. Esto no debería ser una sorpresa. Las demandas para una reforma fueron de algún modo captadas en la campaña de Obama, que estuvo marcada por el cambio. Pero ahora Obama tiene el mismo equipo económico que contribuyó a la crisis. Ya no podemos esperar un cambio.
P.¿Los recortes en el Estado de bienestar no dejarán a los Gobiernos con menos capacidad para afrontar la próxima crisis?
"Obama se ha rodeado de quienes causaron la crisis. Ya no podemos esperar un cambio"
R.Sí. Claramente, la crisis está minando las capacidades para actuar en otra que pueda venir, y además no hemos realizado el trabajo regulatorio para reducir las probabilidades de caer en otra crisis. De hecho, en Estados Unidos las cosas están peor, y no mejor que antes... Leer todo aquí en el artículo de El País 35 años.

martes, 24 de mayo de 2011

A vueltas con el FMI

El viraje a tiempo del FMI
JOSEPH E. STIGLITZ, profesor de la U. de Columbia y premio Nobel publicaba el 15/05/2011 un artículo en "El País" de los negocios donde se felicitaba de los cambios que se estaban produciendo en el FMI, a instancias de Dominique Strauss-Kahn y que suponían una nueva orientación, digamos más socialdemócrata y menos neoliberal.
"La reunión anual de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue notable, ya que marcó el esfuerzo de este por distanciarse de sus propios dogmas de hace muchos años sobre el control de capitales y la flexibilidad del mercado laboral. Parece que gradualmente -y cautelosamente- un nuevo FMI ha surgido bajo el liderazgo de Dominique Strauss-Kahn.
Poco más de 13 años antes, en la reunión de Hong Kong del FMI en 1997, este había intentado enmendar su carta para ganar más margen de acción y empujar a los países hacia una liberalización del mercado de capitales. El momento no podía haber sido menos oportuno: la crisis del Este de Asia se estaba gestando -una crisis que fue, en gran medida, resultado de la liberalización del mercado de capitales en una región que, dada su elevada tasa de ahorro, no la necesitaba en absoluto.
Esta línea de acción había sido defendida por los mercados financieros de Occidente y por los ministros de Finanzas occidentales que les son tan fieles. La desregulación financiera en EE UU fue una causa importante de la crisis global que estalló en 2008, y la liberalización financiera y del mercado de capitales en otras partes ayudó a propagar ese trauma made in USA por todo el mundo.
La crisis demostró que los mercados libres y descontrolados no son ni eficientes ni estables. Tampoco necesariamente sirvieron de mucho a la hora de fijar precios (basta con ver la burbuja inmobiliaria), incluyendo los tipos de cambio (que son simplemente el precio de una moneda en términos de otra).
Islandia mostró que responder a la crisis imponiendo controles al capital podía ayudar a los países pequeños a manejar su impacto...
... deberíamos haber aprendido de la crisis que los mercados financieros necesitan regulación, y que los flujos de capital transfronterizos son particularmente peligrosos. Estas regulaciones deberían ser una parte esencial de cualquier sistema para asegurar la estabilidad financiera; recurrir a ellas solo como último recurso es una receta para una continua inestabilidad. ...
Pero un cambio aún más importante es el vínculo que el FMI finalmente trazó entre desigualdad e inestabilidad. Esta crisis fue, en gran medida, resultado del esfuerzo de EE UU por estimular una economía debilitada por una mayor desigualdad a través de tipos de interés bajos y una regulación laxa (que hicieron que mucha gente pidiera prestado mucho más allá de sus posibilidades). Deshacer las consecuencias de este endeudamiento excesivo llevará años. Pero, como nos recuerda otro estudio del FMI, este no es un patrón nuevo.
La crisis también puso a prueba los viejos dogmas que culpan del desempleo a la rigidez del mercado laboral, ya que a los países con salarios más flexibles, como EE UU, les fue peor que a las economías del norte de Europa, entre ellas Alemania. Por cierto, conforme los salarios se debiliten, a los trabajadores les resultará aún más difícil devolver lo que deben, y los problemas en el mercado inmobiliario se agravarán. ...
Tan desigual como era EE UU antes de la Gran Recesión, la crisis -y la manera en que fue manejada- llevó a una desigualdad de ingresos aún mayor, haciendo que la recuperación sea mucho más difícil. ... existen soluciones para este dilema: fortalecer la negociación colectiva, reestructurar las hipotecas, utilizar palos y zanahorias para que los bancos vuelvan a prestar dinero, reestructurar las políticas impositivas y de gasto para estimular la economía hoy a través de inversiones a largo plazo e implementar políticas sociales que aseguren oportunidades para todos. Como está hoy día, con casi una cuarta parte de los ingresos totales y el 40% de la riqueza estadounidense en manos del 1% que más gana, EE UU hoy es menos una tierra de oportunidades que incluso la vieja Europa.
Para los progresistas, estos datos abismales son parte de la letanía habitual de frustración y furia justificada. Lo que es nuevo es que el FMI se ha sumado al coro. Como concluyó Strauss-Kahn en su discurso en la Brookings Institution poco antes de la reciente reunión del FMI: "En definitiva, el empleo y la igualdad son los pilares de la estabilidad y la prosperidad económica, de la estabilidad y de la paz política. Esto está en el corazón del mandato del FMI. Se debe colocar en el corazón de la agenda política"." Y finalizaba diciendo: "Strauss-Kahn está demostrando ser un líder sagaz del FMI. Solo nos queda esperar que los Gobiernos y los mercados financieros presten atención a sus palabras."
Ya no tienen que prestarle atención ninguna, ha dimitido después de un escándalo mediático que ha llegado a todos los rincones del mundo,... Ver todo el artículo de El País, aquí. Más aquí. Mas, Bien por Nueva York!! Aquí en la Editorial de "El País" donde se plantea el dilema de Reforma o reacción. Y se explicita que, "La caída de Strauss-Kahn no debe ser utilizada para devolver al FMI a posiciones ultraliberales"
Después de estos datos no queda más que preguntarse; ¿Ha sido una casualidad o estamos ante un ardid? ¿Los EE.UU. no han tenido nada que ver en todo el caso o ha sido un golpe maestro?. Es inevitable que se planteen dudas. Comienzan las dudas a confirmarse, leer aquí.

domingo, 10 de abril de 2011

Jugar con el planeta

Las consecuencias del terremoto de Japón -especialmente la actual crisis en la central nuclear de Fukushima- traen recuerdos sombríos para los observadores de la crisis financiera estadounidense que precipitó la Gran Recesión. Ambos acontecimientos ofrecen duras lecciones sobre los riesgos y sobre lo mal que pueden manejarlos los mercados y las sociedades.
Naturalmente, en cierto sentido no hay comparación entre la tragedia provocada por el terremoto -que ha dejado más de 25.000 personas muertas o desaparecidas- y la crisis financiera, a la que no se puede atribuir un sufrimiento físico tan agudo. Pero cuando se trata de la fusión del reactor nuclear en Fukushima, los dos acontecimientos tienen algo en común.
Los expertos tanto de la industria nuclear como de las finanzas nos aseguraron que la nueva tecnología había eliminado prácticamente el riesgo de una catástrofe. Los hechos demostraron que estaban equivocados: no solo existían los riesgos, sino que sus consecuencias fueron tan grandes que eliminaron fácilmente todos los supuestos beneficios de los sistemas que los líderes de la industria promovían.
Antes de la Gran Recesión, los gurús económicos de EE UU -desde el presidente de la Reserva Federal hasta los gigantes de las finanzas- se jactaban de que habíamos aprendido a dominar los riesgos. Mediante instrumentos financieros innovadores, como los derivados y los credit default swaps (seguros contra el impago de la deuda), se había logrado distribuir el riesgo en toda la economía. Ahora sabemos que no solo engañaron al resto de la sociedad, sino que incluso se engañaron a ellos mismos.
Resultó que estos magos de las finanzas no entendieron las complejidades del riesgo, por no hablar de los peligros que plantean las "distribuciones de cola ancha", un término estadístico que se refiere a situaciones raras que tienen consecuencias enormes, y a las que a veces se llama "cisnes negros". Eventos que supuestamente suceden una vez en un siglo -o incluso una vez en la vida del universo- parecían ocurrir cada diez años. Peor aún, no solo se subestimó enormemente la frecuencia de estos acontecimientos, sino también el daño desmesurado que causarían -más o menos como las fusiones que siguen agobiando a la industria nuclear.
Las investigaciones económicas y psicológicas nos ayudan a entender por qué gestionamos tan mal estos riesgos. Tenemos pocas bases empíricas para juzgar los acontecimientos raros, por lo que es difícil hacer cálculos precisos. En tales circunstancias, no solo empezamos a pensar lo que queremos, sino que puede ser que tengamos pocos incentivos para pensar en absoluto. Por el contrario, cuando los demás cargan con los costes de los errores, los incentivos favorecen el autoengaño. Un sistema que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias está condenado a gestionar mal el riesgo.
En efecto, todo el sector financiero estaba plagado de problemas con las agencias y las externalidades. Las agencias de calificación tenían incentivos para dar buenas calificaciones a los títulos de alto riesgo que producían los bancos de inversión que les pagaban. Los creadores de las hipotecas no cargaban con las consecuencias de su irresponsabilidad, e incluso quienes se dedicaron a dar préstamos abusivos o crearon y comercializaron valores diseñados para perder, lo hicieron de manera que quedaron protegidos de acusaciones civiles y penales.
Leer todo el artículo de "El País" de JOSEPH E. STIGLITZ 10/04/2011 aquí.

martes, 13 de julio de 2010

Domesticar las finanzas

No fue hace tanto tiempo cuando podíamos decir: “Ahora somos todos keynesianos”. El sector financiero y su ideología de libre mercado habían llevado al mundo al borde de la ruina. Los mercados claramente no se estaban corrigiendo. La desregulación había demostrado ser un fracaso abismal.
Las “innovaciones” desarrolladas por las finanzas modernas no conducían a una mayor eficiencia a largo plazo, a un crecimiento más rápido o a una mayor prosperidad para todos. Más bien, estaban destinadas a eludir las normas contables y a evadir y evitar los impuestos necesarios para financiar las inversiones públicas en infraestructura y tecnología –como Internet- que son la base del crecimiento real, no del crecimiento fantasma promovido por el sector financiero.…
Los halcones del déficit en el sector financiero dijeron que los gobiernos deberían concentrarse en eliminar los déficits, preferentemente reduciendo los gastos. Los déficits cercenados restablecerían la confianza, lo que a su vez restauraría la inversión –y, por ende, el crecimiento-. Pero, por más factible que pueda sonar esta línea de razonamiento, la evidencia histórica repetidamente la refuta.  
Cuando el presidente estadounidense Herbert Hoover intentó esa receta, sólo sirvió para transformar el crac del mercado accionario de 1929 en la Gran Depresión. Cuando el Fondo Monetario Internacional intentó la misma fórmula en el este de Asia en 1997, las crisis se convirtieron en recesiones y las recesiones devinieron depresiones.
El razonamiento que hay detrás de estos episodios se basa en una analogía errónea. Un hogar que debe más dinero del que puede devolver fácilmente tiene que recortar el gasto. Pero cuando un gobierno lo hace, la producción y los ingresos declinan, el desempleo aumenta y la capacidad de devolver el dinero, en realidad, puede disminuir. Lo que es válido para una familia no es válido para un país.
En Europa, especialmente Alemania, y en algunos lugares de Estados Unidos, mientras los déficits y la deuda gubernamentales aumentan, también lo hacen los llamados a una mayor austeridad. Si se les presta atención, como parece ser el caso en muchos países, los resultados serán desastrosos, especialmente teniendo en cuenta la fragilidad de la recuperación. El crecimiento se desacelerará, mientras que Europa y/o Estados Unidos posiblemente hasta caigan nuevamente en una recesión...
Existe una receta keynesiana simple. Primero, desviar el gasto de los usos improductivos –como las guerras en Afganistán e Irak, o los rescates bancarios incondicionales que no reaniman el préstamo- hacia inversiones de alto rendimiento. Segundo, fomentar el gasto y promover la equidad y la eficiencia aumentando los impuestos a las corporaciones que no reinvierten, por ejemplo, y bajándoselos a las que sí lo hacen, o subiendo los impuestos a las ganancias de capital especulativas (digamos, en bienes raíces) o a la energía contaminante con un alto consumo de carbono, al mismo tiempo que se recortan los impuestos de los contribuyentes de menores ingresos.
Existen otras medidas que podrían ayudar. Por ejemplo, los gobiernos deberían ayudar a los bancos que prestan a pequeñas y medianas empresas, que son la principal fuente de creación de empleo –o establecer nuevas instituciones financieras que lo hicieran- en lugar de respaldar a los grandes bancos que generan su dinero a partir de derivados y prácticas abusivas con tarjetas de crédito.
Las finanzas son un medio hacia un fin, no un fin en sí mismo. Se supone que son funcionales a los intereses del resto de la sociedad, no al revés. Domesticar los mercados financieros no será fácil, pero es algo que se puede y se debe hacer, mediante una combinación de impuestos y regulación –y, si fuera necesario, de intervención del gobierno para zanjar algunas de las brechas (como ya lo hace en el caso del préstamo a las pequeñas y medianas empresas)-.
No sorprende que los mercados financieros no quieran que los domestiquen. A ellos les gustan las cosas como han venido funcionando, ¿y por qué no debería ser así? En países con democracias corruptas e imperfectas, tienen los medios para resistir el cambio. Afortunadamente, los ciudadanos en Europa y Estados Unidos han perdido la paciencia. El proceso de atemperar y domesticar a los mercados financieros ya ha comenzado. Pero todavía queda mucho por hacer.
Leer aquí todo el artículo de Joseph E. Stiglitz.

jueves, 18 de febrero de 2010

El hundimiento de la economía o "licenciados de tercera de universidades de primera"

(Dos artículos que clarifican la situación económica y avisan de su realidad y los intentos de seguir la misma linea política que nos ha llevado a la crisis por parte de los conservadores, como si no hubiese pasado nada o los causantes fuesen, una vez más, las clases trabajadoras) 

En su reseña del último libro de Stiglitz, Larry Elliott pone en duda que se hayan aprendido las lecciones del pasado 
"Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy" [En caída libre: Los mercados libres y el hundimiento de la economía global], Joseph Stiglitz, 400 páginas, Allen Lane, Londres.

Nadie podrá decir que no les avisaron. Hace una década, recién despedido de su puesto de economista jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz puso al descubierto la chapuza en que los ideólogos del libre mercado del Tesoro norteamericano y el Fondo Monetario Internacional habían convertido la crisis financiera asiática del final de la década de 1990. Suponía un ataque en toda regla por parte de alguien situado dentro del mismo Washington e hizo pupa, sobre todo cuando Stiglitz afirmó que muchos de los responsables de obligar a países como Tailandia e Indonesia a soportar una recesión más profunda y más larga eran "licenciados de tercera de universidades de primera".
Concluía él su artículo de New Republic avisando al FMI y al Tesoro norteamericano que, a menos que comenzaran a dialogar con sus críticos, "las cosas seguirán yendo muy, pero que muy mal".
Y así vemos ahora que han ido. La crisis asiática no fue más que un ejercicio de calentamiento para los acontecimientos de los últimos dos años y medio. Los problemas que salieron primero a la superficie en la periferia de la economía global se abrieron paso gradualmente hasta llegar a su núcleo: los Estados Unidos. Las advertencias de Stiglitz y el puñado que formaban otras voces disidentes fueron ignoradas, conforme la ingenua creencia en la naturaleza autocorrectora de los mercados permitió que se desarrollasen las condiciones de la mayor conmoción financiera y económica desde la gran depresión de la década de 1930.

En estas circunstancias, poco ha de sorprender que Freefall resuene con un "ya te lo advertí". Stiglitz ha esperado mucho tiempo a que se vieran vindicados sus puntos de vista y no iba a desdeñar la oportunidad de ajustar algunas cuentas. Algunos de los blancos son harto evidentes: el régimen de bienestar empresarial destinado a Wall Street, las desgravaciones fiscales para los ricos de George Bush, las fallidas panaceas provenientes de la Escuela de Chicago de economistas del libre mercado. Pero también le queda tiempo para alguna que otra venganza personal.

Larry Summers, antiguo secretario del Tesoro con Clinton y hoy principal asesor económico de Barack Obama, es objeto particular de sus iras. Stiglitz afirma que se mostró demasiado acomodaticio con las demandas de Wall Street en los años 90 y vuelve ahora a cometer los mismos errores. Fue Summers, indignado por las constantes críticas al consenso de Washington, el que orquestó la salida de Stiglitz del Banco Mundial.

Hay más cosas, empero, en Freefall que el puro regodeo, por justificado que sea. La argumentación de Stiglitz es sencilla; el periodo de hegemonía norteamericana incuestionada duró tan solo diecinueve años, desde la demolición del muro de Berlín en el otoño de 1989 al derrumbe de Lehman Brothers en septiembre de 2008. La rápida actuación de los gobiernos, obligados a abandonar el enfoque no intervencionista de la gestión económica por el volumen de la crisis, ha impedido que una gran recesión se convirtiera en una segunda gran depresión. Hay que asimilar las lecciones de esta experiencia casi mortal; de no ser así, si se hace caso omiso de las advertencias como hace una década, el futuro se verá salpicado de crisis sistémicas.
    
Las posibilidades de que esto vuelva a suceder son bastante elevadas. Ya se percibe un tufillo de que todo sigue como de costumbre en los negocios a medida que se desvanece la sensación de peligro, mellando el apetito de reformas radicales...(Larry Elliott, The Guardian) Seguir aquí.

¿Es el gobierno español paranoico?
Lo que estamos viendo estos días es la confluencia de dos hechos. Uno de ellos es la movilización de los mercados financieros especulativos para desestabilizar el euro. El otro, es la presión ejercida por el capital financiero (es decir, la banca), así como por el mundo de las grandes empresas (y por los medios y economistas liberales afines a tales intereses financieros y empresariales) sobre el gobierno español (así como sobre otros gobiernos de la eurozona) para que responda a la crisis financiera mediante políticas liberales que favorezcan sus intereses. En ambos casos el leitmotiv del ataque se presenta como la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública de España y de aquellos otros países que los mercados financieros consideran que están excesivamente endeudados. Su solución es la gran reducción del gasto público y de los derechos sociales y laborales de las clases populares. Es así como –según ellos- se calmarán los mercados financieros.

Estos dos hechos son una realidad fácilmente demostrable, y que no puede trivializarse a las personas que los denuncian acusándolos de paranoicos, tal como hicieron varios intelectuales (como Moisés Naim, director de la revista Foreign Policy) y economistas liberales (como Xavier Sala i Martín) en unas declaraciones realizadas a El País (02-11-10). En ellas Moisés Naim alabó, incluso, a los mercados financieros por disciplinar a los gobiernos que no hacían lo que –según él- tenían que hacer (es decir, reducir los derechos laborales y sociales). Declaraba, el que es también colaborador semanal de El País, que no era correcto “poner a los especuladores o inversores como malos y a los gobiernos como víctimas, cuando en realidad los ataques de los inversores son los que obligan a las administraciones a mantener políticas públicas sostenibles”. Una postura semejante se reproducía... (Vicenç Navarro, El Plural)

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