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martes, 23 de octubre de 2018

_- Hace más de 100 años, Charles Spearman aseguró que la inteligencia se compone de un factor general: el llamado factor G.

_- Según la teoría del psicólogo inglés, esto explica por qué es probable que las personas que obtienen una puntuación alta en un tipo específico de prueba de inteligencia obtengan una similar en otros tests de inteligencia.

Un siglo después, expertos aseguran que esta misma tendencia también puede aplicarse para explicar la "malevolencia" o el "lado oscuro" de las personas.

Y también le pusieron nombre. Se trata del "factor D".

¿Puede la forma de tu cerebro afectar rasgos de tu personalidad? Un nuevo test de personalidad: ¿con cuál de sus 4 categorías te identificas?

Una nueva investigación llevada a cabo por un equipo de psicólogos de Alemania y Dinamarca sugiere que características como el egoísmo, el rencor o el sadismo comparten un mismo denominador común.

Fin de las recomendaciones Y aunque nos parezca mucho más habitual que una persona pueda ser egoísta antes que psicópata, lo cierto es que el estudio demuestra que todos los aspectos oscuros de la personalidad humana están estrechamente relacionados y se basan en una misma tendencia.

O en otras palabras: si tienes uno de estos rasgos, es muy probable que puedas desarrollarlos.

Según el estudio, el egoísmo comparte un mismo denominador común con otros rasgos oscuros como el rencor o el narcisismo.

Esto significa, según los investigadores, que si una persona exhibe un comportamiento malévolo específico (como el gusto por humillar a otros) tendrá una mayor probabilidad de participar también en otras actividades malévolas como hacer trampa, mentir o robar.

"Los rasgos oscuros tienen mucho más en común que lo que los diferencia. Y el conocimiento sobre este 'núcleo oscuro' puede jugar un papel crucial para los terapeutas que trabajan con personas con estos rasgos específicos", dijo Ingo Zettler, uno de los investigadores y profesor de psicología en la Universidad de Copenhague, en Dinamarca.

"Lo vemos, por ejemplo, en casos de violencia extrema, incumplimiento de normas, mentira y engaño en los sectores corporativos o públicos. Aquí, el conocimiento sobre el factor D de una persona puede ser una herramienta útil para evaluar la probabilidad de que la persona vuelva a delinquir o participe en conductas más dañinas", aseguró.

Anteponer nuestros objetivos
El factor D es "la tendencia general a maximizar la propia utilidad individual, sin tener en cuenta, aceptar o provocar de manera malintencionada la falta de utilidad para los demás, acompañada de creencias que sirven como justificaciones", cita el informe.

O dicho de otro modo, el factor D es el hábito de colocar nuestros propios objetivos e intereses antes que los de los demás, provocándonos en ocasiones placer por el hecho de lastimar a los otros.

Esta tendencia suele ir acompañada de excusas o justificaciones que sirven para evitarnos sentimientos de culpa o vergüenza.

El factor D es la tendencia a anteponer nuestros propios intereses a los de los demás. En el estudio, que acaba de ser publicado en la revista científica Psychological Review, los investigadores preguntaron a más de 2.500 personas en qué grado se mostraban de acuerdo con afirmaciones como "A veces vale la pena sufrir un poco para ver a otros recibir el castigo que merecen" o" Sé que soy especial porque todos me lo dicen ".

También se preguntó a los participantes sobre su agresividad, impulsividad y comportamiento egoísta o poco ético.

Hace más de 100 años, Charles Spearman aseguró que la inteligencia se compone de un factor general: el llamado factor G.

La investigación demuestra que los rasgos oscuros en general pueden entenderse como ejemplos de un núcleo común, aunque pueden diferir en qué aspectos son predominantes (por ejemplo, el aspecto de justificaciones es muy fuerte en el narcisismo, mientras que el aspecto de la falta de utilidad provocada malévolamente es la característica principal del sadismo).

El factor D también está presente en el comportamiento asociado al rencor. Según los expertos, su investigación demuestra cómo este factor D está presente en nueve de los rasgos oscuros de personalidad más estudiados:

Egoísmo: preocupación excesiva sobre la propia ventaja a expensas de la de los demás.
Maquiavelismo: actitud manipuladora e insensible y la creencia de que los fines justifican los medios.
Desconexión moral: estilo de procesamiento cognitivo que permite comportarse sin ética sin sentir angustia.
Narcisismo: excesivo ensimismamiento, un sentido de superioridad y una extrema necesidad de recibir atención de los demás.
Derecho psicológico: creencia recurrente de que uno es mejor que los demás y merece un mejor trato.
Psicopatía: falta de empatía y autocontrol, combinada con un comportamiento impulsivo.
Sadismo: deseo de causar daño mental o físico a otros para el propio placer o para beneficiarse a sí mismo.
Interés propio: deseo de promover y resaltar el propio estado social y financiero.
Rencor: disposición para causar daño o destruir a otros, incluso si uno mismo se daña en el proceso.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-45685775

miércoles, 7 de agosto de 2013

La evolución castiga a los egoístas. Melissa Hogenboom. BBC

El egoísmo no aporta ninguna ventaja evolutiva. Al contrario, ser colaborador compensa a largo plazo

Esta es la idea que sugiere una nueva investigación, y que desafía teorías anteriores que indicaban justo lo contrario.

Un equipo de científicos analizó un modelo del "dilema del prisionero", un problema fundamental de la teoría de juegos, que es el estudio matemático de las estrategias en procesos de decisión.

Los investigadores sostienen que su trabajo, publicado en la revista Nature Communications, muestra que la especie humana se habría extinguido si sólo exhibiera características egoístas.

La teoría de los juegos plantea escenarios con situaciones de conflicto o cooperación. Esto permite a los científicos desentrañar complejas estrategias de decisión y establecer por qué emergen cierto tipo de comportamientos entre los individuos.

Prisión o libertad

Humanos y animales no sobrevivirían siendo egoístas en un entorno cooperativo, dicen los científicos.

Un equipo de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, usó el modelo del dilema del prisionero, en el que dos sospechosos que son interrogados en celdas separadas deben decidir si traicionar o no al otro.

En este modelo se ofrece a cada persona la libertad a cambio de delatar al otro, lo que hará que sea encarcelado por seis meses.

Sin embargo, esto ocurrirá sólo si el oponente elige no delatar.

Si los dos "prisioneros" eligen confesar (traición), los dos deberán pasar tres meses en prisión, pero si los dos deciden no hablar (cooperación) los dos obtendrán una pena de sólo un mes de cárcel.

El matemático estadounidense John Nash demostró que la estrategia óptima para el dilema del prisionero es no cooperar.

"Durante muchos años mucha gente se ha preguntado por qué, si Nash está en lo correcto, vemos cooperación en el reino animal, en los humanos y en el mundo de los microbios", dice Christoph Adami, autor del estudio e investigador de la Universidad Estatal de Michigan.

Extinción por maldad
La respuesta, según Adami, es que no se ha tenido en cuenta la comunicación.

Para evolucionar, la cooperación es clave.

"Los dos prisioneros interrogados no pueden hablar entre ellos. Si lo hicieran, harían un pacto y estarían en libertad en un mes. Pero si no se comunican entre ellos, se ven tentados a delatarse", explica el investigador.

"Ser mezquino puede dar ventajas en el corto plazo, pero ciertamente no a largo plazo. Nos extinguiríamos."

Estos hallazgos contradicen los de un estudio de 2012 que sostiene que las personas egoístas sacan ventaja de compañeros más cooperativos.

¿EL GEN EGOÍSTA?

En 1974, Richard Dawkins publicó su visión de la teoría de la selección natural de Darwin centrada en los genes.

Dawkins sostiene que no son los grupos u organismos los que se adaptan para evolucionar, sino los genes individuales y que el cuerpo de cada ser vivo es una máquina de supervivencia para sus genes.

Andrew Coleman, de la Universidad de Leicester, explica que este nuevo estudio sugiere que la cooperación ayuda a que un grupo evolucione, pero no contradice la teoría evolutiva del gen egoísta.

En todo caso, dice Coleman, ayuda a que sobrevivan los genes egoístas al obtener las ventajas de habitar grupos cooperativos.

Denominada "estrategia mezquina y egoísta", se basa en que el participante conozca previamente la decisión de su oponente y adapte la suya en consecuencia.

Pero en un entorno evolutivo, conocer la decisión de un oponente no representaría una ventaja por mucho tiempo, ya que éste desarrollaría el mismo mecanismo de reconocimiento para conocer al otro, explica Adami.

Esto es exactamente lo que su equipo observó: que cualquier ventaja obtenida de la traición tiene una vida corta.

En su trabajo utilizaron un poderoso modelo computarizado para analizar cientos de miles de juegos, simulando un intercambio simple de acciones que tuvieron en cuenta comunicaciones previas.

"Lo que modelamos en la computadora eran cosas muy generales, decisiones entre dos comportamientos diferentes. Las llamamos cooperación y traición. Pero en el mundo animal hay toda clase de comportamientos que son binarios, por ejemplo volar o pelear", le dijo Adami a la BBC.

"Es casi como lo que tuvimos durante la Guerra Fría, una carrera armamentística. Pero estas carreras armamentísticas ocurren todo el tiempo en la biología evolutiva."

Y al final, según el investigador, prevalecen los grupos más colaboradores.

Insectos sociales
A propósito de este nuevo estudio, Adrew Coleman, de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, opina que "pone freno a las interpretaciones excesivamente entusiastas" de la anterior teoría, que proponía la ventaja de las estrategias manipulativas y egoístas.

"Incluso a Darwin desconcertaba la cooperación que se observa en la naturaleza. Estaba particularmente fascinado por los insectos sociales", explica Coleman.

"Uno puede pensar que la selección natural debe favorecer a los individuos que son explotadores y egoístas, pero de hecho, después de décadas de investigación, sabemos que esta es una visión de las cosas muy simplificada, sobre todo si tenemos en cuenta la teoría del gen egoísta en la evolución."

"No son los individuos los que deben sobrevivir, sino los genes, y los genes utilizan organismos individuales – animales o humanos– como vehículos para propagarse", agrega el científico.

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