Mostrando entradas con la etiqueta táctica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta táctica. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de marzo de 2018

Hitler nunca pudo ganar la guerra. James Holland, autor de ‘El auge de Alemania’, sostiene que las carencias del ejército alemán jamás le hubieran permitido vencer en la Segunda Guerra Mundial.


El auge de Alemania
¿De verdad piensa que el Tigre era un mal tanque?
Ante la primera pregunta, lanzada de sopetón con ánimo combativo y que conjura en este mediodía gris la mole del legendario y temido carro de combate alemán, James Holland sonríe y se arrellana en su asiento; está en su terreno, su campo de batalla: el nivel operacional. 

Holland (Salisbury, Gran Bretaña, 1970) es un popularísimo especialista en la Segunda Guerra Mundial, autor de numerosos libros sobre la contienda —entre ellos el fascinante Heroes (Harper, 2006), una apasionante galería de combatientes en todos los frentes y armas—, y del que Ático de los Libros va a publicar ahora El auge de Alemania, el primer volumen de una trilogía que revisa, desde nuevas, "refrescantes" perspectivas, lo que sabemos o creemos saber de esa guerra. El estudioso afirma (y argumenta) que la Alemania de Hitler no podía de ninguna manera haber ganado la Segunda Guerra Mundial, que su ejército era un gigante con los pies de barro, y ni siquiera tan gigante, y que la Blitzkrieg fue un espejismo. Lo hace investigando pormenorizadamente, con el punto de vista de la historia económica y social y no solo la militar, los recursos y el armamento de ambos bandos, desde la producción de aviones hasta los detalles más ínfimos de las ametralladoras -como la aclamada MG 34 alemana, muy buena, sí, pero cuyo cañón había que ir cambiando porque se recalentaba-, incluyendo el análisis de los uniformes: los de los alemanes eran, desde luego, más chulos, pero se malgastó en ellos recursos que el país simplemente no tenía. El auge de Alemania no olvida sin embargo la dimensión humana del conflicto y sus páginas están llenas de testimonios de primera mano tanto de combatientes como de civiles, desde un comandante de submarino o un Fallschirmjäger (paracaidista) alemanes a un empresario del acero estadounidense, pasando por un zapador australiano, un granjero británico o una actriz francesa.

Volvamos al Tigre.
"Si lo pones en un campo de fútbol con un Sherman aliado al otro lado, el Tigre va a ganar, evidentemente. Pero hay un gran pero: era un tanque increíblemente complejo. Su sistema de transmisión, la suspensión y la tracción eran muy complicados. Y solo se fabricaron 1.347 unidades (a los que habría que sumar los 492 del modelo perfeccionado Tigre II o Königstiger, Rey Tigre). Del Sherman los aliados fabricaron 4.900 unidades y otros 17.000 chasis que sirvieron para diferentes propósitos militares. Además construyeron talleres móviles y todo lo necesario para repararlos sobre el terreno. El Shermann disponía asimismo de un sistema de reequilibrado que le permitía efectuar disparos certeros sobre cualquier terreno, una tecnología de la que los alemanes carecían. Tendemos a juzgar los tanques por el tamaño de su cañón y el grosor de su blindaje, pasando por alto aspectos más sutiles pero muy relevantes. Si la prioridad para los alemanes era el cañón grande y el blindaje grueso, británicos y estadounidenses prefirieron la fiabilidad y la facilidad de mantenimiento. Si tienes que cambiar la suspensión de un Sherman el acceso es fácil, mientras que si va mal en un Tigre tienes que apartar enteras las orugas y las ruedas. Era todo muy sofisticado. Pero ¿qué pasa además cuando en un carro así metes a un recluta novato de 18 años? Es como darle un Ferrari a alguien que se acaba de sacar el carnet de conducir: a la primera se te carga la caja de cambios. Y la de un Tigre era algo complicadísimo de arreglar".

Holland señala que durante la Operación Goodwood en Normandía en julio de 1944 los aliados perdieron 400 tanques a manos especialmente de los Tigre, sí, pero habían desembarcado ya 3.500 y a los tres días, 300 de los 400 averiados ya estaban reparados y otra vez en acción. "Eso muestra la diferencia entre aliados y alemanes en la forma de entender la guerra. El mantenimiento de los alemanes era muy pobre. Más del 50 % de sus pérdidas de tanques en la Segunda Guerra Mundial se debió a fallos mecánicos. Añade que un Shermann gastaba dos galones de gasolina por milla. Mientras que el Tigre consumía cuatro galones por milla. “¿Y cuál era el recurso del que menos disponían los alemanes?: gasolina. ¿Qué sentido tiene construir tanques de 56 toneladas entonces?".

El debate sobre el Tigre ejemplifica la forma de proceder de Holland.
"Lo que trato de hacer es ver el nivel operacional, introducir ese punto de vista en la narrativa de la Segunda Guerra Mundial, en la que han predominado las perspectivas de la estrategia (los objetivos) y la táctica (el combate y la forma de llevarlo a cabo). De alguna manera lo operacional, las tuercas, los tornillos, la munición, el equipo, los recursos, es lo que relaciona ambas. Ha sido dejado de lado y no puedes leer una campaña como la de Normandía, por ejemplo, solo contando las decisiones de los generales o las experiencias de los soldados pero con poca o ninguna explicación de cómo se desarrollaban operacionalmente las batalla. Es como tratar de comparar el Tigre y el Sherman solo en el campo de fútbol. Siempre nos centramos en la batalla en lugar de en cómo funcionaban las armas”.

Y los uniformes.
"Por eso también les presto mucha atención. Dan mucha información sobre la actitud de un país en guerra. La guerrera alemana llegaba hasta el muslo, mientras que la chaqueta de combate británica solo hasta la cintura. Los alemanes gastaban 30 centímetros más de lana que no servía para nada, excepto para aparentar. Es la diferencia entre un Estado militarista, Alemania, y un Estado en guerra, Gran Bretaña. Para los alemanes el parecer, el look, lo era todo. Las botas altas de cuero son un engorro en combate y se desgastan, pero son aparentes, sin duda. Los británicos tenían una visión práctica. Los alemanes preferían pavonearse, eso es muy nazi".

Holland afirma en El auge de Alemania que el ejército alemán no era la reoca (y no solo en el paso) que creíamos. Dice que estaba mal preparado para una guerra sin cuartel, poco equipado, escasísimamente mecanizado (dependía aún de los caballos y los pies de los soldados), poco entrenado, que era inferior incluso al británico. Por no hablar de la carencia de recursos naturales de Alemania. Pero empezaron ganando, y mucho. ¿Fue suerte? "No enteramente. Aunque fueron apuestas muy arriesgadas de Hitler. Pero esas victorias no fueron suficientes. Polonia era débil. La caída de Francia se debió en un 50 % a la brillantez militar alemana y en otro 50 % a la incompetencia francesa". Parece ese un punto de vista muy británico. "Los británicos admiramos mucho a los alemanes", ironiza Holland, "y también a los franceses, casi tanto".

En todo caso, "el Estado nazi, su constructo, era muy frágil, y su ejército, a pesar de las apariencias, también. Nada, excepto una victoria total, le servía a Alemania. Ir a la guerra en 1939 fue un riesgo excesivo. Cuando miramos los éxitos de la Blitzkrieg adoptamos un punto de vista muy terrestre. Pero desde el principio, la lucha en el mar y la lucha en el aire no les fueron favorables. La Armada alemana ya fue destrozada por la Royal Navy desde la campaña de Noruega y la Luftwaffe en la Batalla de Inglaterra. Tampoco los submarinos fueron todo lo exitosos que se hacía creer. Probablemente la Batalla del Atlántico es la más importante de la guerra".


EN LA BAÑERA DE GOEBBELS
Le digo a Holland que mientras leía El auge de Alemania le vi por televisión. Salía en un reportaje de Megaestructuras nazis, de National Geographic. "Estamos por la cuarta temporada, rodar esos documentales te permite acceder a sitios fabulosos". Como el tren privado de Goebbels. "Se conservan varios vagones, todavía con águilas y esvásticas, entre ellos el del baño.  La bañera es lujosa pero muy pequeña e imaginar allí sentado desnudo al ministro de Propaganda fue realmente horrible". El estudioso en cambio tiene una debilidad (relativa) por Goering. “Era brillante y maquiavélico. No se le puede negar que sabía disfrutar de la vida, a diferencia de los otros jerarcas que compartían en general la aburrida austeridad de Hitler. Si eres un nazi, se diría, selo a lo grande”. En el curso de los documentales Holland ha podido también disparar un 88 alemán y ver sus devastadores efectos.

A diferencia de los historiadores militares de la generación anterior a la suya como Antony Beevor o Max Hastings, a los que conoce personalmente y admira (aunque reprocha no tener suficiente punto de vista operacional), Holland no ha sido soldado. "No, pero he estado con una unidad de infantería en Afganistán y he pasado mucho tiempo con gente que ha visto acción, es muy útil para un historiador. Y he disparado muchas armas, he estado en tanques y Spitfires. Aunque nunca me han disparado, sé lo que ocurre en un combate".

Holland, que además de ensayos escribe novelas (como el thriller bélico a lo Alistar MacLean Misión Odín, ambientado en la invasión de Noruega y publicado por Militaria-Planeta), es el hermano dos años menor del célebre autor Tom Holland (Rubicón, Fuego Persa, Dinastía). ¿Se han repartido la historia los dos hermanos? James Holland ríe: "No, ha ido así, él ama los clásicos y está a otro nivel, es un erudito y un intelectual”.

James Holland se posicionó contra la independencia de Escocia. “Siempre he considerado una locura que Escocia, que no es rica, quiera marcharse. Lo de Cataluña me parece diferente. Creo que los catalanes tienen más problemas reales a resolver con Madrid y heridas históricas más recientes. Dudo de todas formas que les fuera mejor fuera de España".


"LOS TANQUISTAS NO HABLABAN COMO EN 'FURY'"
Una última pregunta, inevitable, sobre el Tigre: ¿qué le pareció la película Fury, Corazones de acero? "En general no me gustó, pero la escena del combate entre los Shermann y el Tigre es muy buena. El problema con el filme es que la terminología que usan los tanquistas estadounidenses no se corresponde con la auténtica de la época, está diseñada para los jugadores de Call of Duty. Los soldados de los carros de 1945 no hablaban así. Y la película se abona también al falso mito de que el armamento aliado era peor que el de los alemanes, cuando hay la famosa anécdota del oficial de la división de élite Panze-Lehr capturado que al ver lo que tenían sus enemigos casi se echa a llorar y dijo que si hubiera sabido de lo que disponían no hubiera ido a la guerra. En Fury también es absurda la manera en que entra en combate al final el batallón de las SS contra el tanque de Brad Pitt".

https://elpais.com/cultura/2018/02/28/actualidad/1519832097_149422.html

jueves, 16 de julio de 2015

Esperanza en el infierno: sobre las elecciones municipales y autonómicas en el Reino de España

26/5/2015
Noi siam venuti al loco ov' io t' ho detto /
Che tu vedrai le gente dolorose /
Ch' hanno perduto il ben dell' intelletto [Dante]
(Hemos llegado al sitio donde te dije /
Verá la gente miserable /
Que han perdido el bien del intelecto)

Unas elecciones municipales pusieron en abril de 1931 final a una larga crisis agónica de la I Restauración Borbónica. No pocos analistas han apelado a esta comparación para destacar la importancia de las presentes elecciones municipales (y parcialmente autonómicas) en la actual crisis de la II Restauración Borbónica.

Si hubiera que resumir sumariamente la actual situación socio-política crítica española, tal vez podría hacerse con un dato tres diagramas.

El dato: campeones de la corrupción política
El dato desnudo —procedente de una investigación del profesor Perico García Azorín— es muy modesto. Lo proporcionó ayer el New York Times en artículo incorporado a portada sobre las elecciones españolas: 467 alcaldes de municipios españoles –sobre un censo de cerca de 8.000 municipios— se han enfrentado a imputaciones judiciales por casos de corrupción, la mayor parte de ellos registrados luego de la irrupción de la crisis de 2008. Y de éstos, 89 han sido ya condenados. En su modestia, simboliza el rimero –aún inconcluso— de graves y conocidísimos escándalos de corrupción en que se han visto envueltos los grandes partidos del arco político dinástico de 1978, empezando por un PP con su tesorero encarcelado y su exministro de economía, Rato –emblema donde los haya de la pseudo prosperidad española de las últimas décadas—, detenido en riguroso directo televisivo e imputado por blanqueo de capitales y alzamiento de bienes, entre otros delitos. Claro que no hay corrupción política o administrativa sin corruptores ubicados en la llamada “sociedad civil”. Y no hay muchedumbre de corruptores sin un particular tipo de configuración económico-política de la vida social y civil.

Un primer cuadro: campeones de la rebaja fiscal inmobiliaria
Es cosa sabida desde muy antiguo que las economías fundadas principalmente en el crecimiento del rentismo inmobiliario y financiero son particularmente “corruptogénicas”, es decir, causantes mayores de fenómenos de corrupción política a gran escala. Naturalmente, el Reino de España no ha sido el único país en que se ha registrado una burbuja inmobiliaria y financiera gigantesca: los EEUU o la Gran Bretaña, por ejemplo, vienen inmediatamente a la mente. El siguiente cuadro, sin embargo –procedente del reciente informe de la OCDE—, resulta particularmente aleccionador sobre la singularidad de la economía política de la II Restauración Borbónica. Fíjense ustedes bien: ¡hasta en la patria chica del “capitalismo popular” thatcheriano los impuestos sobre los bienes raíces han sido muy superiores a los españoles:

O dicho de otro modo: ¡hasta en el crisol europeo del experimento neorentista que ha sido la contrarreforma liberal de las últimas décadas, hasta en la Inglaterra de Margaret Thatcher y Tony Blair han sabido que no se puede tener “capitalismo popular”, propiedad inmobiliaria a destajo, privatización y saqueo del sector público y liberalización del suelo sin un mínimo esquema fiscal que amortigüe el desastre y proporcione ingresos a las arcas públicas. ¿Bajar los impuestos es de izquierdas? Bajar los impuestos al trabajo asalariado, desde luego que sí; bajarlos a los autónomos y a la pequeña y mediana empresa productiva, también; bajarlos a la mediana empresa productiva de bienes tangibles, tal vez. Bajarlos a la propiedad inmobiliaria y a sus rentas (o a las rentas patrimoniales financieras) no sólo no es de izquierdas, sino que es económicamente insensato. Y políticamente catastrófico: genera cosas como la inaudita epidemia de corrupción a la que asistimos en el Reino de España. A eso hemos venido llamando desde estas páginas en los últimos años el “capitalismo de amiguetes políticamente promiscuos”.

Segundo cuadro: campeones de la pérdida de crecimiento económico
El siguiente cuadro muestra el particular estrago que ha sufrido esa pseudo prosperidad de la economía política de la Segunda Restauración desde el comienzo de la crisis en 2008:

Se dice pronto: entre 2008 y 2015, el Reino de España ha perdido un 26% del crecimiento potencial (conforme a la tendencia histórica) de su PIB. Y luego hay quien se queja de que el populacho no aprecia la “recuperación” económica.

Tercer cuadro: campeones de la devaluación salarial y del crecimiento de la polarización social

Naturalmente, no todas las clases sociales han sufrido por igual este tremendo descalabro económico. El siguiente cuadro –también procedente del informe reciente de la OCDE— muestra que las principales afectadas por la crisis no han sido desde luego las clases “altas”, ni siquiera las clases “medias”, sino las clases trabajadoras y populares. Y de una forma incomparablemente más aguda que en todo el resto de países de la OCDE, salvo Grecia (aunque se observará que en el Reino de España, a diferencia de Grecia, las clases populares comenzaron a perder drásticamente renta desde el comienzo mismo de la crisis):

Las clases rectoras españolas y sus mayordomos políticos del arco político dinástico (muy particularmente el PSOE de Zapatero, el PP de Rajoy y Aguirre y la CiU de Pujol, Más y Durán Lleida— se aprestaron desde el minuto uno de la crisis a lanzar una verdadera ofensiva deconstituyente tendente a la destrucción de derechos sociales y civiles básicos blindados por la Constitución del 78. Parece evidente que la violencia y la saña difamatoria que tan llamativamente está marcando el lenguaje de la discusión política pública en nuestro país, incluido el regreso de expresiones groseramente clasistas (y machistas), señaladamente por parte de escritorzuelos y tertulianos a sueldo de los poderes que realmente son, es un eco no demasiado mediato de este inaudito incremento –políticamente inducido— de la polarización social: “acentos de ira, altivas y roncas voces, con puñadas”.

Véase, por reducirnos a un sólo ejemplo, lo que acaba de escribir sobre el triunfo de Ada Colau en Barcelona uno que precisamente oscila entre la máscara de carácter del locoide y la del mercenario:

“Ayer, en las urnas, el fenómeno se reprodujo y una Ada Colau de la que nadie, incluida ella misma, sabe nada a ciencia cierta fue la más votada entre los aspirantes a ocupar la alcaldía de Barcelona. Una mujer sin partido, sin programa, con un lenguaje rudimentario y una visión del mundo soez se sentará en el mismo sillón que Rius i Taulet, Carles Pi i Sunyer o Pasqual Maragall.”

Claro que no sólo proliferan los letratenientes locoidamente excitados. Esperanza Aguirre acaba de proponer un “cordón sanitario” contra Manuela Carmena en el ayuntamiento de Madrid y se propone -ella, la responsable política de Gürtel- encabezar la regeneración política del PP madrileño. Como en el Infierno del Dante, pululan ahora también por el infernal Reino “las tristes almas” de quienes se empeñan en vivir esta situación como si nada o muy poco ocurriera, y escriben o hablan tan ternes sobre las travesuras de anacrónicos chiquillos ignorantes, tal vez –sólo tal vez— comprensiblemente descarriados. Son los intelectuales beneficiarios de la llamada “cultura de la Transición” que los encumbró (en general, sin demasiado mérito de su parte). Han vivido durante años “sin infamia y sin honor”, y ahora sus almas están condenadas a vegetar “mezcladas con aquel malvado coro de los Ángeles que no fueron rebeldes, sino sólo para sí fueron”.

Cuarto ( y último) cuadro: campeones de la desigualdad
No sólo somos campeones del incremento de polarización social. El siguiente cuadro comparativo –tomado asimismo del informe de la OCDE— muestra que también somos ahora los campeones del crecimiento de la desigualdad (medida por el coeficiente de Gini) durante la crisis: Desigualdad y polarización social que van de la mano del aumento constante de la pobreza. En la nota de prensa del 26 de mayo de 2015 del INE sobre les resultados definitivos de la Encuesta de Condiciones de Vida, el porcentaje de población en riesgo de pobreza pasa del 20,4% en el 2013 al 22,2% en el 2014.

Las elecciones de 24 de mayo: aumento de la movilización popular y brecha generacional Pues bien; en ese infierno económico, político y social se desarrollaron las elecciones el pasado domingo. Se podía temer que, como en el infierno del Dante, toda esperanza estuviera perdida. Porque la corrupción no sólo destruye el carácter del corrupto victimario; puede terminar por arruinar moral y cognitivamente a las víctimas: “hemos venido al lugar donde te dije habías de ver la gente adolorida, que ha perdido el bien del intelecto”.

¿Qué pasaría en Játiva (Valencia), en donde su alcalde, Alfonso Rus, que repetía impunemente como cabeza de lista electoral del PP tras ser imputado por corrupción y del que todo el mundo ha podido oír en las últimas semanas una grabación contando soezmente los dineros del soborno recibido? ¿Qué pasaría en Badalona –la tercera ciudad por peso demográfico de Cataluña—, en donde un alcalde del PP, Albiol, aspiraba a repetir mandato con una campaña electoral abierta, desnudamente xenófoba (“limpiemos Badalona”)? ¿Qué pasaría en la comunidad y en la ciudad de Valencia, epicentro donde los haya de los más chabacanos casos de corrupción del PP? ¿Y qué pasaría en las dos grandes capitales, Madrid Y Barcelona? ¿Qué pasaría en Madrid, en donde una casi improvisada candidatura de unidad popular (Ahora Madrid) de las izquierdas encabezada por la veterana jueza Manuela Carmena se enfrentaba a a una candidatura del PP encabezada por uno de los grandes símbolos de la corrupción y la desfachatez populista del neoliberalismo españolista más reaccionario, Esperanza Aguirre?
¿Qué pasaría en Barcelona, en donde una laboriosamente urdida candidatura de unidad popular, hermana de la madrileña y encabezada por una joven pero ya histórica y experimentada dirigente de los movimientos sociales barceloneses, Ada Colau, se enfrentaba a un alcalde, Trías, uno de los símbolos del vergonzoso uso torticero del pujante soberanismo democrático catalán como tapadera y aun coartada de la corrupción política y las descarnadas políticas antisociales y privatizadores de CiU?

¿Qué pasaría por lo pronto con la abstención, que en las últimas elecciones venía cebándose sobre todo en el voto de unas clases populares creciente y visiblemente escépticas con la eficacia política del derecho de sufragio?

La abstención se ha mantenido en los parámetros habituales de las últimas convocatorias municipales, aumentando incluso en 1,29 puntos. Lo mas destacable es que afecta más significativamente esta vez a los barrios de ingresos más altos en las grandes ciudades como Madrid (en donde hubo casi 2 puntos más de participación) y Barcelona (¡en donde hubo 8 puntos más!), mientras que se ha producido una movilización de cierta envergadura en los barrios populares, a diferencia de lo ocurrido en 2007 y 2011. Ligada a esta mayor movilización de las clases populares hay que situar la brecha generacional muy pronunciada entre “viejos” y “nuevos” partidos que ya recogía la encuesta de intención de voto del CIS de enero de 2015.

Ganadores y perdedores a grandes trazos
En lineas generales, el PP ha perdido diez puntos y más de 2,5 millones de votos en comparación con 2011. El PSOE, 2 puntos y más de 700.000 votos. Pero si la comparación se retrotrae al comienzo del actual ciclo electoral en 2007, el PP acumula una pérdida de 11 puntos y el PSOE de 12. En 2007, la suma de los dos principales partidos dinásticos sumaba el 71,4% de los votos, y en 2015, el 52%. Aunque en otro plano, también es destacable la caída de CiU en número de votos (6 puntos). Solo Podemos y Ciudadanos, lejos de perder votos en relación con las elecciones europeas, crecen.

El PP ha visto cómo se desmadeja la trama de su tejido institucional urdido con aplastantes mayorías: pierde 500 de 3.300 ayuntamientos, pero sobre todo las capitales de provincia; retiene sólo... ¡Ceuta! En el nivel autonómico, el PP ha perdido todas las mayorías absolutas, incluidas la de Castilla-León y la de Castilla La Mancha, autonomía esta última en la que, además, perderá el gobierno a manos de una coalición PSOE-Podemos que habría sido imposible con la anterior ley electoral que modificó ventajistamente el propio PP precisamente para poder eternizarse en el poder (Ciudadanos ha quedado fuera del Parlamento autonómico, con más del 8% de los votos). El PP necesitará de la muleta de Ciudadanos –y está por ver a qué precio y con qué— para conservar los gobiernos regionales de Madrid, Rioja, Murcia y Melilla. La derecha, en este caso UPN, perdería también el gobierno foral de Navarra, como era previsible (véase el artículo de Pello Erdociain en SP).

El PSOE conserva Asturias (además de Andalucía, cuyas elecciones se celebraron en marzo) pero condicionado por una alianza con Podemos, que le daría además Aragón, Castilla la Mancha, Valencia (ver el artículo de Manuel Colomer), Baleares y Extremadura. El PSC sigue en caída libre en Cataluña, y deja de ser el principal partido de las izquierdas catalanas. Se producirá alternancia en el gobiernos autonómico de Cantabria con una coalición PRCPSOE. Y Coalición Canaria necesitará de una coalición con el PSOE para mantenerse en el Cabildo Insular.

En Euskadi, el PNV impone su hegemonía en las tres Juntas Generales y se hace con una serie de ayuntamientos significativos en Gipuzkoa, como San Sebastián, Arrasate, Bergara, Zarauz... hasta 17 municipios perdidos por EH Bildu, que ve como cae su voto un 5,5% en su feudo. Está por ver qué pasará en el ayuntamiento de Vitoria.

En Galicia, el PP pierde frente a las candidaturas de unidad popular de las izquierdas, las llamadas Mareas, en Santiago –cuyo más que probable alcalde será el amigo y colaborador de SinPermiso Martiño Noriega—, A Coruña y Ferrol, en un auténtico maremoto político (véase el articulo en SP de Antón Sanchez). El PSOE mantiene Vigo, desbancando al PP como partido más votado y logrando una mayoría absoluta.

En Cataluña, el heteróclito grupo de partidos declaradamente independentistas (CiU, ERC, CUP) aumenta de un 38,2% en 2011 al 45% en 2015. La pérdida de 6 puntos de la derechista CiU es compensada por los otros partidos de centroizquierda e izquierda en lo que no cabe sino interpretar como deslizamiento hacia la izquierda del voto independentista en el conjunto de la geografía catalana. Pero el voto de Barcelona y su cinturón rojo, en cambio, ha priorizado claramente el eje izquierda-derecha, configurando el embrión de un bloque alternativo de unidad popular -como tan exitosamente en las últimas elecciones del Reino Unido realizó el partido independentista escocés SNP-, dispuesto a ligar claramente el ejercicio del derecho democrático de autodeterminación de todos los pueblos de España (incluido el catalán) a la defensa de los derechos sociales y civiles populares: ese bloque representaría aproximadamente el 60% del sufragio emitido.

A pesar de haber conservado un importante número de concejales, por encima de 2.000, donde ha contribuido a las candidaturas unitarias de izquierda, conseguir la alcaldía de Zamora y mantener un grupo parlamentario de cinco diputados, con Gaspar Llamazares a la cabeza, en Asturias, Izquierda Unida sufre serios descalabros en Madrid y Valencia cuando se ha presentado sola y dividida. UPyD se ha convertido ya en una anécdota histórica.

Ciudadanos, el partido emergente de la nueva derecha, ha tenido un éxito menos espectacular del previsto por las encuestas y por los augures mediáticos: ha avanzado casi siempre a costa del voto perdido por la desacreditada vieja derecha del PP, y lo que es más importante, ni siquiera ha sido capaz de recoger todo el voto españolista liberal-conservador refugiado en la abstención.

Clarificar las hipótesis estratégicas
Tras las elecciones europeas en 2014 y el pico en expectativa de voto de Podemos, recogido por la encuesta del CIS de enero de 2015, los primeros indicios de un estancamiento de esta tendencia abrieron un importante debate de reorientación en Podemos. Pablo Iglesias resumió sus conclusiones, en un símil sobre los tempos de un partido de baloncesto, combinando la ofensiva inicial, el posicionamiento y la acumulación de fuerzas y la ofensiva final cara a las elecciones de noviembre recuperando la radicalidad de la crítica y la defensa de los intereses de los perdedores de la crisis. Este debate es ampliamente conocido (consultar aquí).

Paralelamente, se han desarrollado tres hipótesis estratégicas alternativas en otros sectores de la izquierda que, a fuer de esquematismos, podríamos resumir así:

a) hipótesis “destituyente”: para amplios sectores de sindicales, la crisis económica ha supuesto tal retroceso en la correlación de fuerzas con la imposición de un mercado laboral dominado por la precariedad y el paro, que la característica dominante de la situación es la perdida de derechos sociales y laborales en relación con la transición y la Constitución de 1978. La hegemonía de la derecha económica es tal que tiene un amplio margen para gestionar las grietas institucionales y políticas del régimen del 78. Frente a ello es necesario un frente defensivo a partir de la clase obrera organizada sin crear falsas ilusiones sobre un programa democrático radical ni la capacidad de movilización de las Mareas sectoriales o las Marchas de la Dignidad. En parte, esta visión es mayoritaria en los sectores más politizados de CCOO y UGT y ha sostenido la candidatura de IU a la alcaldía de Madrid.

b) hipótesis “revolución pasiva”: la crisis del régimen del 78 es real, pero la debilidad de la izquierda y del movimiento obrero organizado favorecen que sea la derecha la que este imponiendo sus intereses en la salida de la crisis, en una especie de “revolución pasiva” - por utilizar la terminología de Gramsci-. La “unidad popular” debe ser capaz de aglutinar a un nuevo bloque de izquierdas alrededor de una alianza Podemos-IU y recuperar la iniciativa con un programa de defensa del estado del bienestar y el empleo garantizado, su principal proponente ha sido Alberto Garzón, candidato de IU a las elecciones generales.

c) hipótesis “vía catalana”: la crisis del régimen del 78 es real, pero su principal componente, ante la falta de una alternativa real de la izquierda española, es el movimiento soberanista en Cataluña, a condición de que se produzca un desplazamiento de su hegemonía de CiU -definitivamente comprometida con los intereses de la derecha neoliberal tras el escándalo Pujol- a ERC y las CUP. La declaración unilateral de independencia por una mayoría parlamentaria soberanista tras las elecciones catalanas del 27 de Septiembre podría relanzar la resistencia y alentar una alternativa de las izquierdas españolas, encabezadas por Podemos. El mejor resumen de ella es la entrevista de Quim Arrufat con Vilaweb.

Elementos de balance y perspectivas
El resultado de las elecciones municipales y autonómicas permite recuperar, a partir de sus resultados y la constatación de la capacidad de movilización popular, este debate estratégico cara a las elecciones generales de noviembre a partir de los siguientes elementos:

1- La crisis del régimen del 78, impulsada y agravada por las consecuencias sociales de la crisis económica del 2007-2013 y de la débil recuperación posterior, especialmente en términos de empleo y salarios, es el marco real y duradero de la actual coyuntura. La crisis de hegemonía social de la derecha es paralela a la erosión de legitimidad y representatividad del PP, que no tiene solución sostenible ni al crecimiento de la deuda soberana, ni a la débil recuperación, ni a las consecuencias sociales de la crisis económica ni a la crisis fiscal que ha hecho implosionar el estado de las autonomías. Lo que no quiere decir que pueda seguir gestionando este desastre social a favor de los intereses de las oligarquías por un tiempo indeterminado si no se construye una alternativa de izquierdas creíble y eficaz. Las clases dominantes, apoyadas en la UE, tienen un amplio margen de maniobra y capacidad de iniciativa, como ha puesto de manifiesto la sucesión de la corona o el apoyo meditado a Ciudadanos, convirtiéndolo en una alternativa al descontento de sectores urbanos de derechas con el PP.

2- El sesgo generacional que hemos mencionado, que es una de las herencias del 15 M con la aparición de una nueva generación política, ha encontrado en las candidaturas de unidad popular su expresión organizativa. Que choca con la experiencia política y organizativa de la generación de izquierda de la transición, cuyo sector activo sigue estructurando la red de cuadros y las direcciones de los sindicatos mayoritarios y las organizaciones de izquierda, como IU y BNG, por poner dos ejemplos. Al superar los límites organizativos de la izquierda tradicional con los métodos de democracia participativa -aunque algunas expectativas se hayan visto frustradas en Podemos- las candidaturas de unidad popular se han convertido en un modelo de funcionamiento programático.

3- La crisis del bipartidismo y del estado de las autonomías es irreversible sin una reforma constitucional profunda. Pero el PP y el PSOE no cuentan ya con una mayoría institucional capaz de llevarla a cabo de forma controlada. El ascenso de Podemos y el éxito de las candidaturas de unidad popular bloquean por el momento un posible acuerdo post-electoral del PP y el PSOE, que produciría una rápida erosión de legitimidad de este último, después de perder más de un tercio de su electorado desde 2007. Pero la capacidad de condicionar en un frente de izquierdas al PSOE, obligando a su dirección a un giro de su política económica y social, exige un equilibrio de fuerzas más favorable a la izquierda agrupada en la unidad popular Ello implica una serie de alianzas de las izquierdas alternativas, federalistas y soberanistas, que aúnen en su programa la defensa de los derechos sociales con el derecho de autodeterminación, como base de un nuevo pacto territorial y constitucional. No existe en este momento la correlación de fuerzas necesaria para abrir procesos constituyentes: se trata de construirla en la movilización social y electoral, cuyo primer eslabón táctico es la derrota del PP en las elecciones generales de este año. Pero para la acumulación de fuerzas es necesario un horizonte estratégico de la izquierda, voluntad unitaria y un método de participación democrática que aliente y estructure la movilización popular.

4- La política de alianzas a nivel municipal tiene su propia dinámica legal, que exige la constitución de mayorías en un plazo de 10 días o pasa a gobernar la lista más votada. Este debe ser el terreno de constitución de frentes de izquierdas que desalojen del mayor número posible de ayuntamientos al PP, reforzando socialmente la implantación de la unidad popular. A nivel autonómico, tras estas elecciones, Podemos e IU deben facilitar la constitución de gobiernos del PSOE (Aragón, Asturias, Castilla la Mancha, Valencia, Baleares y Extremadura) o de Geroa Bai (Navarra), condicionar parlamentariamente su programa y su gestión, pero no integrarse en los gobiernos como socio minoritario, aprendiendo de las lecciones de los resultados de la experiencia de IU en Andalucía. Solo el resultado de las elecciones generales permitirá una revaluación de la situación y de la correlación de fuerzas entre el PSOE y la izquierda alternativa.

Junto a ello, las izquierdas harían mal en despreocuparse de la evolución de la negociación del Gobierno de Syria con la UE, el BCE y el FMI. El desarrollo de esa negociación afectará directamente la coyuntura y las expectativas de cambio en toda Europa, pero muy especialmente en el Reino de España de aquí a las elecciones generales, como un ariete para dividir un frente de izquierdas.

En conclusión
Los dirigentes de Podemos parecen haber comprendido que su audaz apuesta inicial por un Blitzkrieg que les llevara derechos en solitario –y con su propia “marca” (sic)— al gobierno del Reino en las próximas elecciones generales de otoño fue un error, y que, lejos de restar, las candidaturas bien construidas de unidad popular democrática y capilarmente armada, y sólo ellas, multiplican las posibilidades electorales de las izquierdas. Barcelona, Madrid o las Mareas gallegas lo han mostrado tan concluyente como paradigmáticamente. Una verdadera “crisis de régimen” nunca tiene un desenlace rápido. Ni fácil. Ni cómodo. Suelen ser procesos históricos prolongados, difíciles y peligrosos y aun infernales, en los que proliferan –como advirtió sabiamente el manoseado Gramsci hace muchos años— “monstruos” políticos de todo tipo: ¡también entre las propias filas! Los monstruos más peligrosos de nuestro particular infierno son los que pugnan ahora mismo, no por evitar un ilusionante –y acaso ilusorio por ahora— “proceso constituyente” democrático popular, sino quienes están evidentemente empeñados en aprovechar la crisis para “deconstituir” y erradicar derechos sociales y civiles fruto luchas populares pasadas y más o menos precariamente blindados en muchas constituciones europeas de postguerra (incluida la española de 1978). Comprender eso cabalmente es tal vez un buen primer paso para tender puentes entre la vieja y la nueva izquierda, en lo estrictamente político; y en lo generacional, entre las naturales tentaciones adanistas de los más jóvenes y la inaceptable autosatisfacción acomodaticia de los más viejos.

Ada Colau, Manuela Carmena, Mónica Oltra: mujeres de distintas generaciones, mujeres de la vieja izquierda decente y de la nueva izquierda ya experimentada. Símbolos ahora mismo de la esperanza en nuestro infierno. Y entretanto, ¡Esperanza en el infierno!

Antoni Domènech es el Editor general de SinPermiso. Gustavo Buster y Daniel Raventós son miembros del Consejo de Redacción de SinPermiso.

www.sinpermiso.info