lunes, 5 de enero de 2026

Acoger "la nada", la idea del filósofo Jean-Paul Sartre que te puede resultar "liberadora" para iniciar el nuevo año

Jean-Paul Sartre con sus lentes hablando con un micrófono delante

Fuente de la imagen,Dominique BERRETTY/Gamma-Rapho via Getty Images

Pie de foto,Sartre no solo escribió tratados filosóficos, también fue autor de obras de teatro, novelas, biografías.

"Arrojados" al mundo a existir y, además, "condenados a ser libres".

Empujados a tomar decisiones. No tomarlas es, de hecho, una elección.

Responsables de lo que somos y de todo lo que hacemos. No tenemos escapatoria.

Así veía Jean-Paul Sartre a los seres humanos y, por eso, creía que vivimos angustiados.

"Dios ha muerto" había declarado décadas antes Friedrich Nietzsche, uno de los progenitores del existencialismo, corriente filosófica de la que Sartre se convertiría en uno de sus principales exponentes.

Pero en medio de esas ideas que pueden resultar un poco abrumadoras, Sartre también nos invita a vernos como un lienzo en blanco.

Al sentenciar que "la existencia precede a la esencia", el escritor francés nos dice que no hay una plantilla o un molde a partir de la cual nos podamos construir a nosotros mismos: somos libres de crearnos.

Al aceptar "la libertad radical" y de que no venimos al mundo con un propósito intrínseco, somos lo que elegimos ser.

Creía que tenemos un potencial casi infinito para ser lo que queramos y que las circunstancias, las situaciones, no nos definen.

Y en ese contexto, abrazar nuestra libertad es tan importante como acoger la nada.

Una celebridad
Sartre no solo escribió tratados filosóficos, también fue autor de obras de teatro, novelas, biografías.

Considerado el padre del existencialismo moderno y un exponente del humanismo marxista, fue uno de los intelectuales más destacados de la posguerra.

Sartre sentado en un escritorio con micrófonos al frente y varios periodistas mirándolo en un salón

Sartre sentado en un escritorio con micrófonos al frente y varios periodistas mirándolo en un salón

Fuente de la imagen,Herve TARDY/Gamma-Rapho vía Getty Images


Pie de foto,
Sartre fue uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX. Aquí se le ve en una rueda de prensa en 1975.

Una celebridad internacional que no fue ajena a las controversias políticas.

Rechazó el Premio Nobel de Literatura que se le concedió, en 1964, "por su obra que, rica en ideas y llena del espíritu de libertad y de la búsqueda de la verdad, ha ejercido una influencia de gran alcance en nuestra época".

Nació en 1905 y uno de sus libros más conocidos es "El ser y la nada", publicado en 1943.

Esa obra fue la base de una conferencia que ofreció en 1945, en París: "El existencialismo es un humanismo", que atrajo a miles de personas.

El filósofo Nigel Warburton nos recuerda, en un artículo de la revista Philosophy Now, que se trataba de una época de "gran fermento intelectual y optimismo reservado".

París había sido liberada del control nazi, los horrores de los campos de concentración salían a la luz y, por primera vez, una bomba atómica había sido lanzada.

"La evidencia de la capacidad humana para el mal y la destrucción estaba por todas partes. Las cuestiones filosóficas, y en particular morales, ya no eran de mero interés académico", escribió Warburton.

En contra de los esencialismos

En esa ponencia de hace 80 años, Sartre trabajó el tema de la ética, le dice a BBC Mundo la profesora Danila Suárez Tomé, autora y académica del Instituto de Investigaciones Filosóficas de Argentina.

Fue parte de la primera etapa de su producción, en la que desarrolló las bases del existencialismo, una filosofía que va directamente en contra de los esencialismos que se construyeron a lo largo de la historia del pensamiento occidental.

"Uno de ellos está basado en la figura de Dios, en la idea de que Dios nos crea de tal o cual manera y nosotros venimos al mundo a desarrollar su plan. Tenemos una trayectoria marcada y Dios es quien ordena", señala la investigadora.

Sartre con un micrófono en la mano montado en un barril y rodeado de periodistas

Sartre con un micrófono en la mano montado en un barril y rodeado de periodistas

Fuente de la i<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<_:magen,Ethel BLUM-LERIN/Gamma-Rapho via Getty Images

 
Pie de foto,
Sartre participó en protestas en las calles de su país y expresó solidaridad con movimientos sociales y políticos. Esta es una foto de 1970.

Otro tipo de esencialismo, que no tiene nada que ver con Dios, es el que plantea que tenemos una naturaleza determinada y que, por razones biológicas, genéticas, físicas, nos comportamos de cierta manera y, por ende, estamos destinados a desempeñar roles específicos en la sociedad.

"Las mujeres somos supuestamente más inclinadas al cuidado, a la empatía, a la limpieza, y los varones a las actividades abstractas. Es un esencialismo que nos dice que hombres y mujeres debemos cumplir ciertos roles".

Otro esencialismo, por ejemplo, viene de los discursos astrológicos: por ser de un signo en particular, recibimos la influencia de "ciertas fuerzas" que rigen nuestra personalidad y comportamiento y, en ese sentido, no somos responsables de cómo somos.

"Somos nada"

Aunque puede parecer una contradicción, lo que el existencialismo plantea es que nosotros, como "existentes humanos", somos nada.

Así, para Sartre, la existencia humana viene a aportar la novedad, lo distinto, lo que todavía no es.

"Porque ser nada es ser potencia", explica Suárez, "es tener un infinito de posibilidades, de cosas por hacer".

Sartre con un saco de botones, en la calle, rodeado de jóvenes, mientras hablaba con un altoparlante.

Sartre con un saco de botones, en la calle, rodeado de jóvenes, mientras hablaba con un altoparlante.

Fuente de la imagen,Michel Ginfray/Sygma/Sygma via Getty Images


Pie de foto,

El filósofo en una manifestación contra el racismo.

"Eso es lo que es el ser humano: la nada que, proyectándose, eligiendo y decidiendo, haciendo y actuando, y siendo, va creando cosas en el mundo", agrega.

En ese contexto, no venimos a cumplir un plan preestablecido, no tenemos un sentido predeterminado, no hay nada que dicte quiénes seremos y cómo comportarnos.

Suárez explica: "Cuando nacemos, estamos arrojados en el mundo, un mundo al cual le tenemos que dar un sentido".

Y, así, desde el momento en que nacemos somos libres.

"De lo único que no somos libres es de no ser libres. Nosotros no podemos no elegir ser libres, estamos condenados a la libertad".

Una contigencia

Para tratar de entender por qué Sartre abogaba por acoger la nada, el filósofo Eric Pommier empieza por aclarar lo que le animó a escribir su famoso libro "El ser y la nada".

"Fue la idea de la contingencia del ser humano y del mundo", le dice el profesor de filosofía contemporánea de la Universidad de Tours, en Francia, a BBC Mundo.

Sartre, con sus lentes, fumando un cigarrillos que tiene entre los dedos

Sartre, con sus lentes, fumando un cigarrillos que tiene entre los dedos

Fuente de la imagen,KEYSTONE-FRANCE/Gamma-Rapho via Getty Images


Pie de foto,

La conferencia "El existencialismo es un humanismo" se convirtió en un libro en 1946. Esa obra se considera un manifiesto sobre el existencialismo.

Somos conscientes de que nosotros, como seres individuales, habríamos podido no ser: es posible que nunca hubiésemos existido.

Y esa posibilidad tiene que ver con la contingencia de la existencia.

"No somos la fundamentación de nuestro propio ser. Por lo que, de alguna manera, surgimos de la nada, no hay ningún motivo que pueda justificar nuestra existencia y la del mundo".

Esa idea de contingencia, en el pensamiento de Sartre, no es algo abstracto, sino que permea nuestra vida cotidiana.

Por ejemplo, el mero hecho de cuestionar el mundo, de imaginar que pueda ser de otra manera, es una invitación a pensar que nosotros también podríamos ser de otra forma.

Y esa introducción de posibilidades, de que el mundo y nosotros podríamos ser diferentes, es una manifestación de la nada.

"Es la negación de lo que hay en beneficio de lo que podría ser", explica el profesor.

Entre condicionamientos

Y así, cuando reconocemos todo lo que no somos, también estamos reconociendo todo lo que podemos ser.

Sin embargo, advierte Suárez, es fundamental comprender que nuestra libertad no es tan absoluta, que tenemos ciertos condicionamientos.

"Sartre habla de datos de la facticidad", explica la experta.

"Hay algunas cosas que no podemos elegir y esto es importante porque nos abre a la dimensión social".

"Primero, no elegimos nacer y, como dice Sartre, somos arrojados en el mundo, en donde nos hacemos cargo de una existencia que viene a traerle valor", dice Suárez.

Un bebé recién nacido es cargado por un médico que tiene un guante azul. De fondo, una médica, con mascarilla, bata y gorros azules, ve al bebé

Un bebé recién nacido es cargado por un médico que tiene un guante azul. De fondo, una médica, con mascarilla, bata y gorros azules, ve al bebé

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,

No elegimos nacer y, como dice Sartre, somos arrojados en el mundo", dice la profesora Danila Suárez.

Otro dato ineludible es que somos seres corporales: nuestra libertad está situada en nuestro cuerpo, nuestras acciones y elecciones están corporizadas.

"No soy una conciencia pura, desligada del mundo, estoy inscrito en una situación muy concreta", indica Pommier.

No pudimos elegir nacer niño o niña, tampoco pudimos escoger la época, el lugar o el contexto social en el que nacimos: lo hicimos en el seno de una familia religiosa o atea, de clase trabajadora o rica, en tiempos de recesión o de prosperidad, por citar algunos ejemplos.

A eso se suma el hecho de que vivimos con otras personas, nos relacionamos con otros que nos reconocen como sujetos.

"Eso es importante porque nos recuerda que el sentido y el valor no lo traemos solamente nosotros, sino que tenemos que estar negociándolos constantemente con los otros", explica Suárez.

Y así, ese mundo de Sartre, de conciencias y sujetos libres "que son nada" porque se van creando a sí mismos, "es un mundo conflictivo".

Otro elemento inevitable es nuestra mortalidad.

"Es una de las grandes heridas, dice Sartre, de justamente una existencia que tiene tanto poder en sí, por traer sentido y valor al mundo, pero que, al mismo tiempo, no es un Dios: no somos inmortales".

Las acciones

Para Sartre nuestras acciones también son una manifestación de la nada.

Y no se trata de simples reacciones, no somos máquinas, sino de acciones motivadas por unos fines que nos planteamos libremente, que elegimos entre varias posibilidades

Una mujer con un bolígrafo y un cuadernos totalmente en blanco

Fuente de la imagen,Daniel de la Hoz/Getty Images


Pie de foto,

En el pensamiento filosófico de Sartre, nos vamos definiendo a nosotros mismos a través de las decisiones libres que tomamos, los fines que elegimos y nuestras acciones.

"Nuestra libertad, para Sartre, significa precisamente esta capacidad de hacer proyecciones, de plantear fines, sin que nada pueda predeterminarlos", apunta Pommier.

"Somos libres porque no estamos determinados por causas anteriores, por ejemplo, físicas, psicológicas".

Nuestra libertad tampoco está determinada por nuestra situación, aunque sí está, de alguna manera, condicionada por ella.

"No elegí nacer, pero sí tengo el poder de decidir el sentido de la situación (en la que estoy), ahí descansa mi libertad", explica el profesor.

Puedo elegir de forma absolutamente libre el sentido que le doy al hecho de, por ejemplo, haber nacido en una familia de bajos recursos.

El peso de la responsabilidad y de la "mala fe"

Llegar al mundo sin un propósito intrínseco puede llegar a ser una idea muy liberadora.

"Es una filosofía que solo se puede entender a partir de la idea de Nietzsche de que 'Dios está muerto': se caen los relatos sobre el destino, de que somos algo definido que venimos a este mundo a cumplir un propósito", dice Suárez.

Friedrich Nietzsche, con bigote y traje, de perfil

Friedrich Nietzsche, con bigote y traje, de perfil

Fuente de la imagen,Culture Club/Getty Images


Pie de foto,

Friedrich Nietzsche (1844–1900) fue uno de los pensadores modernos más influyentes. Criticó duramente la religión y la moral de la Europa de su tiempo.

"En ese sentido es liberador, pero al mismo tiempo esa libertad tiene una carga de angustia que tratamos de rehuir todo el tiempo. Es liberadora siempre y cuando quieras asumir esa responsabilidad".

De esa forma, Sartre plantea que, al ejercer nuestra libertad, debemos ser auténticos para reconocer que somos responsables de todo lo que hacemos, de nuestras decisiones y acciones, pues ellas son las que van a traerle sentido y valor al mundo.

"Dice que eso es algo tan difícil de aceptar que a lo largo de la historia de la humanidad hemos creado un montón de mitos esencialistas que nos eximen de esa responsabilidad", indica Suárez.

Y cuando no aceptamos que somos el origen del sentido y del valor en el mundo, Sartre creía que tenemos una existencia de "mala fe".

"Ser responsable implica asumir nuestra libertad radical y soportar la angustia que viene con ella, aceptar ese desamparo que se siente porque somos nosotros los que creamos el destino", dice la experta.

Pommier, por su parte, nos recuerda que no podemos buscar refugio en ningún tipo de determinismo, psicológico, biológico, social.

"No es culpa mía, es que crecí en este ambiente familiar" o "es el peso de la sociedad sobre mí", dejan de ser excusas válidas.

Tampoco puedo resguardarme en una ideología o en un sistema de creencias: "¿Qué quieres que haga? Así es mi religión".

La perspectiva de Simone de Beauvoir
 
Si bien la idea de la libertad radical que plantea Sartre puede parecer "muy romántica y liberadora", se enfrenta a problemas cuando "se le baja" al terreno de lo social y se le mira desde otras perspectivas, nos alerta Suárez.

"La filosofía existencialista de Sartre la completó mucho Simone de Beauvoir. Ella le dio otra vuelta, otro sentido, morigerando el pleno de libertad infinita que había pensado Sartre".

Sartre, parado, con un traje y corbata, apoya su mano en un periódico que está en un escritorio y al lado está De Beauvoir, sentada, con un saco beige y el pelo amarrado

Sartre, parado, con un traje y corbata, apoya su mano en un periódico que está en un escritorio y al lado está De Beauvoir, sentada, con un saco beige y el pelo amarrado

Fuente de la imagen,Gisele Freund/Photo Researchers History/Getty Images


Pie de foto,

Sartre y De Beauvoir se conocieron en París, en 1929.

La brillante filósofa y escritora francesa fue su compañera sentimental y su gran aliada intelectual.

"Eso no significa que De Beauvoir no creyera que nuestra naturaleza humana es la de la libertad. Sí lo creía. Simplemente decía que no siempre es posible actuar con libertad radical".

Y así, explica Suárez, en sus primeros ensayos, "De Beauvoir le dice a Sartre: 'Desde tu perspectiva, la de un varón blanco, europeo, burgués, no te das cuenta de que hay un montón de existencias, de formas de ser en el mundo, que están sumamente condicionadas por una opresión que viene desde afuera'".

Habló no solo de la existencia de una cultura patriarcal que les impedía a las mujeres desarrollar toda su potencialidad, sino de otros grupos oprimidos en el mundo.

"Ella, por ejemplo, piensa mucho en la vejez, cuando la sociedad nos relega y no nos permite realizarnos como sujetos".

Una revisión 

La idea de que somos como un lienzo en blanco es fascinante, pero es importante reconocer que hay una serie de condicionamientos y factores externos que no siempre nos permiten ejercer la libertad radical.

Esas críticas, Sartre no las ignoró. De hecho, hubo ideas que desarrolló en "El ser y la nada" que con el tiempo matizó.

Simone de Beauvoir con una camisa blanca y un pañuelo amarrado en la cabezaFuente de la imagen,Francois LOCHON/G

Simone de Beauvoir con una camisa blanca y un pañuelo amarrado en la cabeza

Fuente de la imagen,Francois LOCHON/Gamma-Rapho via Getty Images

 
Pie de foto,

De Beauvoir se convirtió en una figura icónica del movimiento feminista. "Cuando escribió 'La crítica de la razón dialéctica' (1960), tiene una perspectiva más social, crítica y materialista", recuerda la profesora.

"Y es importante marcarlo porque si bien sus ideas del existencialismo son muy poderosas, que a mí me convencen, yo creo que he adoptado la ética existencialista y trato de complementarla, sus principios son revisables, no es algo que esté escrito en piedra, eso sería muy poco sartriano".

Para Pommier, la relación con la nada que propuso Sartre "fue, tal vez, demasiado idealista".

"Tiene un poder liberador tremendo porque va en contra de la idea de que estamos completamente determinados".

Algo muy poderoso, particularmente en nuestra época, "que a veces le pone mucho énfasis al determinismo social, a la idea de que hay desigualdades sociales que no se pueden superar".

O a las tradiciones o al statu quo.

Con alegría, sin angustia 

Si bien plantearnos proyectos, ver hacia adelante en busca de un sentido definitivo a nuestra existencia, puede verse como una especie de "salvación", también podría convertirse en "una vía sin salida", advierte Pommier.

"Lo que Sartre tratará de desarrollar, posteriormente, es la idea de asumir de forma auténtica la libertad: reconocer que no hay salvación, que la existencia no tiene fundamentación y que hay que vivir con eso, pero no con angustia, sino con alegría".

"Se puede disfrutar de la situación, apreciar la suerte de esta posibilidad de existir de forma contingente, pero sin lamentarse ni angustiarse".

Warburton destaca que el existencialismo de Sartre captura el optimismo que usualmente se vincula al humanismo: al responsabilizarnos de lo que llegamos a ser, el futuro de la humanidad queda "en nuestras propias manos".

"Nos recuerda que podemos ejercer un control mucho mayor sobre nuestras vidas del que generalmente admitimos, y que la mayoría de nuestras excusas son simplemente racionalizaciones".






_- Un crimen más de Estados Unidos

_ - Según se dice en la web oficial del Congreso de Estados Unidos, hay «cientos de casos» en los que esa potencia «ha empleado fuerzas militares en el extranjero en situaciones de conflicto militar o potencial conflicto para proteger a ciudadanos estadounidenses o promover sus intereses” y eso, sin incluir “acciones encubiertas ni los numerosos casos en los que fuerzas estadounidenses han estado estacionadas en el extranjero desde la Segunda Guerra Mundial como fuerzas de ocupación, o para participar en organizaciones de seguridad mutua, acuerdos de base u operaciones rutinarias de asistencia o entrenamiento militar”.

En la enciclopedia digital Wikipedia se relacionan 58 golpes de Estado en diferentes países en los que intervino Estados Unidos desde el final de la segunda guerra mundial.

Otra investigación señala que Estados Unidos llevó a cabo al menos 81 intervenciones conocidas, abiertas y encubiertas, en elecciones extranjeras entre los años1946 y 2000.

En otra más, se ha comprobado que sólo un 12,5 por ciento de todas las intervenciones militares o electorales que realizó Estados Unidos en otros países en el periodo llamado de Guerra Fría, de 1947 a 1989, buscaron promover una transición democrática en un Estado autoritario.

El análisis de todas esas intervenciones muestra unos patrones de conducta muy claros por parte de Estados Unidos.

– Considera que otros gobiernos son una «amenaza» si intentan nacionalizar recursos (petróleo, cobre, tierras, bancos…), regular capital extranjero, redistribuir la renta y riqueza más equitativamente, o no alinearse con Washington. Cuando eso ocurre, y aunque esos gobiernos hayan sido elegidos democráticamente, Estados Unidos ha intervenido con sabotaje económico, presión diplomática, desestabilización interna y, si no bastaba con eso, mediante golpes, guerras o intervenciones encubiertas y desestabilizadoras de cualquier otro tipo hasta acabar con ellos.

– Como queda dicho, Estados Unidos no ha buscado la democracia y el respeto a los derechos humanos al intervenir en otros países, como prueba que haya apoyado a dictadores como Pinochet (Chile) o Suharto (Indonesia), a los militares argentinos y a otras dictaduras centroamericanas, a las monarquías absolutas del Golfo, o que considere «amigos» a regímenes autoritarios.

– Las intervenciones de Estados Unidos en países extranjeros siempre concluyen con una mayor apropiación de sus recursos naturales o capitales, y en mayor presencia de sus empresas. El de 1953 en Irán, contra el Gobierno de Mossadegh que había nacionalizado el petróleo, instauró al Sha quien inmediatamente creó un consorcio petrolero con un 80 por ciento de su propiedad en manos de Gran Bretaña y Estados Unidos. Un año más tarde, promovió en Guatemala otro golpe para que United Fruit recuperase tierras y privilegios fiscales. El golpe de Pinochet y la CIA en Chile propició la amplia privatización de sus recursos naturales. El de Argentina hizo lo mismo y multiplicó la deuda, como en otros países, en beneficio de la banca internacional…. Igual sucedió en Honduras, Brasil, Irak, Afganistán, Indonesia y en muchos otros países.

– Estados Unidos nunca había intervenido mostrando sus verdaderos intereses, sino que recubría su actuación con relatos legitimadores: “lucha contra el comunismo”, “guerra contra las drogas”, “lucha contra el terrorismo», “defensa del orden internacional”, “seguridad”, “valores democráticos” …

– Todas esas intervenciones se han realizado al margen de las leyes internacionales e incluso de las propias estadounidenses, cometiendo crímenes de guerra y torturando y matando de la forma más cruel a cientos de miles de personas. Por eso, Estados Unidos no sólo no se somete a la Corte Penal Internacional, sino que sanciona a sus jueces y fue el único país que, en 1998, se negó a suscribir el tratado que estableció una jurisdicción mundial para juzgar los crímenes de guerra, los de lesa humanidad y genocidio. En su lugar, castiga a los países que se niegan a reconocer la inmunidad de los soldados estadounidenses acusados de crímenes de guerra y ayuda a los que se abstienen de iniciar acciones contra ellos.

Lo que acaba de suceder en Venezuela es una acción criminal más de la administración de Estados Unidos, tanto si se atiende a sus razones como a sus formas. Viola todos los acuerdos internacionales y está justificada con mentiras, puesto que son los propios documentos internos de organismos estadounidenses (como mostré en este artículo de agosto pasado) los que han señalado que Venezuela no es quien produce, ni distribuye la droga que entra en aquel país.

No es verdad que Estados Unidos actúe para combatir a un autócrata, ni para hacer que haya más democracia en Venezuela, ni para combatir el narcotráfico (como ha dicho Trump al mismo tiempo que indultaba al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado por ese delito). Estados Unidos sólo busca quedarse con la riqueza de Venezuela, con el petróleo, el oro y otros minerales valiosos y ahora ya no lo ocultan:

– La congresista María Elvira Salazar afirmó en una entrevista en Fox Business que la invasión de Venezuela sería un «festín para las compañías petroleras de Estados Unidos».

– El presidente Trump ha llegado a decir en su red Truth Social que intervendría en Venezuela porque el petróleo que hay en el subsuelo del país sudamericano ha sido robado a Estados Unidos. Daría risa si no fuera por la tragedia que provoca semejante barbaridad.

Sólo hay realmente una novedad tras el ataque criminal de Trump: ya no se disimula, ni se recurre a la retórica. Reconocen que invaden criminalmente a otro país para quedarse con su riqueza. El poder imperial se ha desnudado y está por ver si eso es una expresión de fortaleza o de declive y colapso.

Estamos viviendo un episodio más de un mundo que ha perdido la cabeza, el norte y el corazón, y que está dominado por psicópatas que sólo buscan lucrarse, dispuestos para ello a sortear cualquier ley, a destruir la democracia y acabar con el disfrute de los derechos humanos en el planeta.

Nada de lo que ha pasado en los últimos años en Venezuela con Nicolás Maduro puede justificar la intervención criminal de Estados Unidos. La violencia y ley del más fuerte pueden servir para solucionar problemas, si acaso, entre animales, pero nunca entre seres humanos. Donald Trump está demostrando que es el Hitler de nuestro tiempo y no va a parar hasta que ponga todo el mundo en llamas para que él mismo y los oligarcas que lo apoyan sigan ganando dinero.

Le están abriendo las puertas a las tinieblas y hay demasiado silencio mientras avanzan sin descanso. O respuestas muy tibias, tan tibias como las de la Unión Europea que producen vómito.

Tengo la sensación de que somos conscientes de ello millones de personas, no por razones de ideología o posición política, sino simplemente porque somos suficientemente inteligentes como para ver lo que se viene encima, además de mínimamente humanas, sensibles y decentes. Como imagino que también les ocurre a ellas, siento frustración, dolor y miedo, además de mucha impotencia, ante lo que está sucediendo. No sé bien qué se puede hacer, pero creo que tenemos el deber moral de expresar de cualquier forma en que podamos nuestra condena ante lo que se está gestando en el mundo y que queremos paz, diálogo y derechos humanos y no violencia y guerra, sea quien sea el que las promueva.

domingo, 4 de enero de 2026

_- La España que viene, si seguimos así

_- Publicado en La Voz del Sur el 3 de enero de 2026

Entramos en 2026 con todos los partidos de izquierdas, sin excepción, advirtiendo de la gran amenaza que supondría un gobierno central de coalición entre el PP y Vox. Y, al mismo tiempo, con estos últimos envalentonados y sin disimular ni por un momento qué tipo de políticas llevarían a cabo.

Las izquierdas señalan lo que efectivamente ya han hecho ambos partidos de derechas cuando han gobernado juntos, o lo ha hecho solo el PP con el apoyo de Vox.

Están desmantelando la sanidad pública, aumentando al mismo tiempo el gasto sanitario en beneficio de la privada y dañando a la salud de la población. Las comunidades de Madrid y Andalucía, ambas gobernadas por el PP, están en la cola del gasto sanitario por habitante. En Madrid, cada año termina con más gasto público del presupuestado en manos del sector privado, y en Andalucía casi la mitad de ese incremento va a parar a empresas privadas y gasto farmacéutico

Se recorta el presupuesto para educación pública, reduciendo el número de aulas, el profesorado y las horas de apoyo, mientras aumentan la financiación de los centros privados o concertados. En Madrid, el gasto en educación concertada supera ya el 20 % del presupuesto educativo y duplica la proporción de hace dos décadas. Los impuestos, aunque haya sido al nivel autonómico que han podido modificar, se han reducido para las rentas más altas; la protección del medio ambiente ha disminuido, mientras que las ayudas y subvenciones llueven sobre las empresas cercanas al poder y al mismo tiempo se recortan las que reciben los grupos sociales vulnerables, los sindicatos y organismos de promoción cultural o cooperación al desarrollo.

Ni el PP ni Vox disimulan que eso es lo que desean hacer: se han hecho negacionistas del cambio climático, o promueven sin disimulo la privatización de las pensiones públicas, por ejemplo. Y en aspectos más políticos, ideológicos o culturales tampoco esconden su nacionalismo extremista que les lleva a considerar como españoles de bien únicamente a quienes comparten sus valores, considerando que los demás somos enemigos de España.

A pesar de todo ello, y aunque las encuestas tienden a dar como seguro una próxima mayoría parlamentaria de la derecha en elecciones generales, las izquierdas no hacen lo único que, en la práctica, podría evitarlo: actuar unidas, diseñar una estrategia común y mostrarse ante la sociedad en su conjunto como fuerzas que cooperan y no como adversarias dedicadas a combatirse unas a otras.

Desde el PSOE más conservador hasta la izquierda más extrema se está actuando con una absoluta falta de responsabilidad que es histórica, porque lo vientos que están dominando en todo el mundo son de tempestad. Traen consigo el desmantelamiento de la democracia, pérdida de libertades, destrucción del planeta y guerra. Y, cuando la amenaza es tan grave y directa y recae sobre la mayor parte de la población, es irresponsable no unirse, dejar de cooperar y renunciar a ir de la mano.

La falta de un proyecto compartido, aunque fuera en un planteamiento de mínimos (que ya sería máximos ante la que se nos viene encima), las continuas desavenencias, las críticas y el empeño en traer al primer plano los desacuerdos, la incomprensión mutua y, muy particularmente, la negación a conformar coaliciones electorales, llevan a una derrota sin parangón. Y a la que sólo van a sobrevivir un puñado de líderes y lideresas que no parece que estén interesados en otra cosa que no sea mantenerse en sus privilegios y salvarse a sí mismos.

No basta, ante este peligro, con tratar de llegar a acuerdos por arriba, como tampoco ha bastado estar en el gobierno cuando los partidos carecen del cordón umbilical con la gente corriente que proporcionan la organización, la militancia y el contacto con sus preocupaciones e intereses en el día a día.

Lo que está ocurriendo en España se estudiará en las aulas pasados unos años. Tenemos un gobierno capaz de conseguir que la economía en su conjunto funcione bien y que se ponga de ejemplo, incluso comenzando a romper la histórica dificultad de crear suficiente empleo. Capaz de tomar medidas a favor de los sectores más desfavorecidos que nunca había tomado la derecha, desde las subidas del salario mínimo a revalorizar las pensiones, pasando por un buen número de ayudas para capear temporales tan difíciles como el de la vivienda, la energía, o una pandemia. Pero un gobierno, sin embargo, que puede caer por su incapacidad para crear comunidad y un sujeto social cómplice que lo defienda del ataque constante de los poderes oligárquicos, un gobierno que no ha sabido o no ha podido inmunizar del neofascismo a la sociedad generando valores que no sólo anidaran en su mayoría parlamentaria sino en la mayor parte de la gente. Un gobierno atrapado en el cortoplacismo de la improvisación y el marketing al estar soportado por partidos de ministros y no de militancia y ciudadanía, únicas fuentes de las que pueden brotar la inteligencia y el pensamiento colectivos que son imprescindibles para cambiar el mundo. Un gobierno noqueado por la corrupción que propicia la falta de transparencia y controles internos típica de las organizaciones cesaristas que lo sostienen y que son materialmente incompatibles con la transformación social progresista.

Insistir en la misma vía, gobernar desde arriba, sin movilización ni complicidad militante y ciudadana para poder avanzar hacia cambios estructurales, atándose al corto plazo, seguir enfrentándose y no diseñar acuerdos electorales en torno a proyectos de sentido común para amplias mayorías sociales y surgidos del debate social, y no sopas de siglas urdidas en mesa de camilla, llevará a España otra vez a tiempos de oscuridad, enfrentamiento y autocracia. Y no sólo por culpa de la derecha, sino porque las izquierdas no supieron hacer sus deberes. No es fácil adivinarlo, porque lo estamos viendo a nuestro alrededor y, aunque queda poco tiempo, se debería intentar cambiar de ritmo y dirección, aunque sólo fuera por decencia.

_- Sáhara Occidental: medio siglo de ocupación y una última puñalada

_- ROMA – Ehmudi Lebsir recuerda que tenía 17 años cuando tuvo que caminar por el desierto durante más de 50 kilómetros para salvar la vida. Ha pasado medio siglo desde que este saharaui se viera obligado a dejar atrás su casa, en la entonces provincia española del Sahara Occidental.

El 6 de noviembre de 1975, seis días después de la entrada del Ejército de Marruecos en el territorio, centenares de miles de civiles de ese país fueron escoltados por unidades militares. Lo que se bautizó entonces como “la Marcha Verde” no fue sino la invasión y posterior ocupación militar de la tierra de los saharauis.

Conocido como “la última colonia de África”, el Sáhara Occidental tiene la superficie del Reino Unido y es el último territorio colonial africano que aún no ha conseguido la independencia.

No obstante, el 31 de octubre se convirtió en un objetivo aún más inalcanzable.

Cuando se cumplía exactamente el medio siglo del inicio de la invasión marroquí, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que respaldaba la reclamación de soberanía de Marruecos sobre el territorio apoyando su plan autonomista para el Sáhara Occidental.

La Organización de las Naciones Unidas renuncia así a uno de sus principios más fundamentales: el derecho de autodeterminación de los pueblos. Esa había sido la apuesta de la entidad para los saharauis durante más de tres décadas.

“Tras un siglo de presencia española en nuestra tierra, nunca pensamos que Madrid acabara retirándose y abandonándonos a nuestra suerte. No hay marcha atrás: o tenemos un Estado independiente o seremos tumba para los nuestros”: Ehmudi Lebsir.

Lebsir habla con IPS por videoconferencia desde el asentamiento de Tinduf, en el oeste de Argelia.

A casi 2000 kilómetros al sudoeste de Argel, esa inhóspita zona desértica donde los termómetros alcanzan los 60 grados ha sido lo más parecido a un hogar para el pueblo saharaui durante 50 años.

“Era un dilema: establecernos en Argelia como refugiados, o levantar allí una estructura de Estado, con sus ministerios y su parlamento. Fue este último donde se aprobó la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (Rasd), en febrero de 1976”, recuerda Lebsir, alto representante del Frente Polisario.

Fundado en 1973, Naciones Unidas reconoce al Polisario como el “representante legítimo del pueblo saharaui”.

A su llegada Tinduf en 1975, a Salem le encomendaron la misión de poner en marcha el sistema de educación en los campamentos de refugiados. Monitorearía en Cuba la situación de los estudiantes saharauis allí; luego pasaría 10 años en el Parlamento saharaui antes de prestar servicios en los Ministerios de Justicia y Cultura de la Rasd.

“Tras un siglo de presencia española en nuestra tierra, nunca pensamos que Madrid acabara retirándose y abandonándonos a nuestra suerte. No hay marcha atrás: o tenemos un Estado independiente o seremos tumba para los nuestros”, zanja el saharaui.

Tras la declaración de independencia del Frente Polisario en 1976, la ONU abordó el conflicto mediante una resolución que reafirma el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

Sin embargo, la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (Minurso) no ha sido capaz de llevar a cabo la misión para la que fue creada en 1991.

Tomás Bárbulo también tenía 17 años cuando las tropas marroquíes entraron en el territorio. Hijo de un militar español destinado en El Aaiún —la capital del Sáhara Occidental, a 1100 kilómetros al sur de Rabat—, el joven había vuelto con su familia a Madrid tres meses antes de aquel 6 de noviembre.

“Los saharauis han sobrevivido al napalm y al fósforo blanco; a la persecución, al exilio, al expolio sistemático de sus recursos naturales, a los intentos de diluir su identidad con la llegada de cientos de miles de colonos… ”, denuncia el periodista y escritor en conversación telefónica con IPS desde Madrid.

Autor de La historia prohibida del Sáhara (Destino, 2002) —uno de los libros de referencia sobre este pueblo—, Bárbulo apunta a como responsable principal del estancamiento del conflicto a “posiciones inalterables de Marruecos, a menudo con el beneplácito de las potencias del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”. La ONU, dice, “se ha rendido ante Rabat».

Resulta paradójico cuando ni siquiera dicha entidad reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio. “Territorio en proceso de descolonización inconclusa” ha sido siempre la fórmula.

“Prisión a cielo abierto”

Si bien organizaciones como la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estiman entre 170 000 y 200 000 el número de saharauis en el desierto argelino, resulta imposible aportar cifras desde el territorio ocupado por Marruecos dado que Rabat no reconoce la existencia del pueblo saharaui.

Tampoco es fácil saber conocer la realidad de un lugar calificado a menudo como “una enorme prisión a cielo abierto”.

En su informe de julio sobre el Sáhara Occidental, António Guterres, secretario general de la ONU, denunció que Marruecos lleva vetando a la visita de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (Acnudh) al territorio desde 2015.

“Acnudh continúa recibiendo alegaciones relacionadas con violaciones de derechos humanos, incluida la intimidación, la vigilancia y la discriminación contra individuos saharauis, particularmente la de aquellos que abogan por la autodeterminación», subrayó Guterres en ese documento.

A pesar de los vetos y las restricciones, las violaciones de los derechos humanos en el Sáhara Occidental han sido denunciadas numerosas organizaciones internacionales de los derechos humanos.

En su informe de 2024, Amnistía Internacional acusa a Rabat de seguir restringiendo “la disidencia y los derechos a la libertad de asociación y de reunión pacífica en el Sáhara Occidental”, así como de “reprimir manifestaciones pacíficas con violencia”.

Por su parte, Human Rights Watch denuncia tribunales que se basan “casi por completo” en las confesiones de activistas para condenarlos a largas penas de prisión, y sin investigar las afirmaciones de estos de que habían firmado dichas confesiones bajo tortura policial.

A sus 36 años, Ahmed Ettanji es uno de los rostros más conocidos del activismo saharaui en los territorios ocupados. Se trata de un estatus que ha pagado con 18 detenciones y numerosos episodios de tortura.

En conversación telefónica con IPS desde El Aaiún, Ettanji admite que solo la proyección con la que cuenta entre numerosas organizaciones internacionales de los derechos humanos le permiten seguir esquivando la cárcel, “o algo peor”.

“Se cumple medio siglo de bloqueo militar férreo, de asesinatos extrajudiciales, así como todo tipo de abusos; los desaparecidos se cuentan por miles y las detenciones por decenas de miles”, denuncia el joven. “Los intereses económicos de las potencias siempre pesan más que los derechos humanos”, lamenta.

También recuerda que, tras 50 años de ocupación, hay generaciones enteras nacidas en el desierto argelino, así como familias divididas que solo han podido reencontrarse a través de videoconferencias. Pero no todo son malas noticias para Ettanji.

“Nacidos en plena ocupación, generaciones como la mía estaban destinadas a ser las más asimiladas, las más promarroquíes. Pero no es así. La apuesta por la autodeterminación sigue viva entre los jóvenes”, apunta el activista.

“Región Autónoma del Sáhara”

Por el momento, la única alternativa ofrecida por Rabat ha sido esa propuesta autonómica que acaba de respaldar la ONU el último día de octubre. Se trata de un proyecto planteado en 2007 y respaldado por la administración de Donald Trump en 2020, durante su primer mandato.

No se especifica cómo sería esa “Región Autónoma del Sáhara” más allá de que dispondría de competencias administrativas, judiciales y económicas propias. La propuesta cuenta el rechazo del Polisario, pero ello no evita que los saharauis sigan sin ser dueños de su destino.

A ojos de los saharauis, que semejante decisión se tomara justo el día en el que se cumplían 50 años desde el inicio de la invasión militar del Sáhara Occidental sonaba más a un acto de crueldad premeditada que a una mera chanza del destino.

Es gente como Garazi Hach Embarek, hija de una enfermera vasca que atendió a los primeros desplazados hace medio siglo y uno de los fundadores del Frente Polisario.

Ahora dedica gran parte de su tiempo a dar charlas de sensibilización sobre la cuestión del Sáhara Occidental en escuelas, universidades, ayuntamientos o cualquier foro que le sirva de altavoz.

En una entrevista concedida a IPS en Urretxu —a 400 kilómetros al norte de Madrid—, Hach Embarek no oculta su decepción. “Vivimos en un momento convulso en el que todo vale, pero esto no es ni justo ni legal. Bajo el pretexto de una supuesta paz no se busca sino justificar una injusticia˝, denuncia la activista.

“El colonialismo sigue vivo”, añade. “No somos más que víctimas de políticas mal gestionadas en la última colonia de África”.

ED: EG

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sábado, 3 de enero de 2026

Lo que las primeras heces de un bebé revelan sobre el futuro de su salud

Un bebé a pocos días de nacido duerme en pañales sobre un fondo oscuro

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Pie de foto,Cuando nacemos somos prácticamente estériles


Es 2017 y dos técnicos del laboratorio de patología del Hospital Queen's de Londres esperan con impaciencia el correo del día.

En un buen día, este laboratorio puede recibir 50 paquetes individuales bien sellados, cada uno con un tesoro en su interior: una pequeña muestra de heces de bebé, cuidadosamente recogidas por sus padres de los pañales de los recién nacidos.

Estos técnicos son la pieza clave del estudio Baby Biome, cuyo objetivo es comprender cómo la microbiota intestinal del bebé —los billones de microbios que viven en su tracto digestivo— afecta a su salud futura. Entre 2016 y 2017, el laboratorio analizó las heces de 3.500 recién nacidos.

Los resultados fueron muy reveladores.
"No es hasta tres o cuatro días después del nacimiento que se empieza a notar una buena presencia de microbios en el intestino, por lo que la colonización tarda un par de días", explica Nigel Field, profesor de epidemiología de enfermedades infecciosas del University College London (UCL), quien dirige el proyecto Baby Biome.

"Al nacer, somos prácticamente estériles. Por lo tanto, es un momento extraordinario para el sistema inmunitario, ya que hasta entonces, todas las superficies del cuerpo no entran en contacto con microbios".

Todos, una vez pasados los primeros días de vida, desarrollamos una microbiota intestinal.

Los científicos creen ahora que esta comunidad de bacterias, hongos y virus desempeña un papel vital en nuestra salud. En la edad adulta, ayudan a descomponer la fibra difícil de digerir y proporcionan las enzimas necesarias para sintetizar ciertas vitaminas.

Simplemente con estar presentes, nos protegen de patógenos dañinos, e incluso algunos liberan antibióticos naturales para eliminar los invasores.

Dos personas de la tercera edad son asistidas por una enfermera

Dos personas de la tercera edad son asistidas por una enfermera

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Pie de foto,

Una microbiota intestinal saludable podría proteger contra afecciones como la ansiedad, la depresión e incluso enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Los beneficios de una microbiota intestinal saludable van aún más allá. Investigaciones recientes sugieren que una microbiota intestinal que funciona correctamente podría proteger contra afecciones como la ansiedad, la depresión e incluso enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es que una microbiota intestinal desequilibrada en la edad adulta se asocia con una larga lista de afecciones, entre las que se incluyen enfermedades cardiovasculares, cáncer colorrectal, enfermedad renal crónica, diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal y obesidad.

Aunque los científicos han realizado numerosos estudios sobre el papel de las bacterias intestinales en la salud adulta, hasta recientemente se sabía poco sobre su impacto durante la infancia. Esto, sin embargo, está empezando a cambiar.

"Los primeros microbios que colonizan el intestino del bebé son como los arquitectos del sistema inmunitario", afirma Archita Mishra, profesora titular de la Universidad de Sídney, en Australia, quien estudia el papel del microbioma en el desarrollo inmunitario durante la primera infancia.

"Ayudan a 'entrenar' al cuerpo para distinguir entre lo propio y lo ajeno, enseñando a las células inmunitarias a tolerar los antígenos alimentarios y los microbios inofensivos, y a generar defensas contra los patógenos".

Según Mishra, las comunidades bacterianas que se establecen en los primeros seis a doce meses son responsables del riesgo de alergias, de la respuesta del niño a las vacunas y del buen funcionamiento de la barrera intestinal, la capa que separa el contenido intestinal del resto del cuerpo.

"Los primeros mil días de vida parecen ser un periodo crítico en el que el microbioma intestinal deja una huella que perdura décadas", explica Mishra.

Rostro lleno de excremento

Se cree que la placenta es una zona libre de microorganismos, lo que significa que los bebés no tienen microbioma intestinal dentro del útero. En cambio, parecen heredar la mayor parte de su microbiota del tracto digestivo de la madre, no de la vagina, como se creía anteriormente.

Una madre inspecciona el pañal de su bebé

Una madre inspecciona el pañal de su bebé

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"La mayor diferencia radica realmente en el modo de nacimiento", afirma Field

"La naturaleza tiene un método muy preciso para establecer la microbiota intestinal en un recién nacido", afirma Steven Leach, profesor titular especializado en la microbiota gastrointestinal de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sídney. "Si pensamos en el proceso del parto, el bebé nace con la cabeza hacia abajo, mirando hacia la columna vertebral de la madre. Anatómicamente, la cabeza del bebé empuja el contenido del intestino materno. Así que, básicamente, al nacer, el bebé se encuentra con la cara llena de heces".

Al parecer, las bacterias intestinales empiezan a influir en la salud casi desde el momento del nacimiento. Por ejemplo, la investigación de Field sobre las heces de los bebés ha demostrado que tener la microbiota intestinal adecuada en los primeros días de vida podría ayudar a protegerlos contra infecciones virales durante la infancia. El equipo analizó las heces de 600 bebés a los cuatro, siete y 21 días de vida. Algunos de estos bebés fueron evaluados nuevamente a los seis meses y al año.

"La mayor diferencia radica realmente en el modo de nacimiento", afirma Field. "Por lo tanto, los bebés nacidos por cesárea tienen un aspecto muy diferente al de los bebés nacidos por vía vaginal".

Cesárea vs. parto vaginal

Esto tiene sentido, ya que los bebés nacidos por cesárea se pierden la experiencia del excremento en el rostro que tienen los bebés nacidos por vía vaginal. Las cesáreas, por supuesto, son un procedimiento que salva vidas y a menudo médicamente necesario. Pero la investigación muestra que los bebés nacidos de esta manera no reciben bacterias beneficiosas que podrían protegerlos de infecciones respiratorias.

El estudio de 2019 descubrió que, durante la primera semana después del nacimiento, una de las tres especies pioneras principales suele establecerse en el intestino del bebé: Bifidobacterium longum (B. longum), Bifidobacterium breve (B. breve) o Enterococcus faecalis (E. faecalis).

"Según la especie que se encuentre, esta determina la trayectoria de las demás especies que colonizarán al bebé", afirma Field.

Al séptimo día, los bebés nacidos por vía vaginal tendían a tener B. longum o B. breve en su tracto digestivo, mientras que los bebés nacidos por cesárea tenían más probabilidades de estar colonizados por E. faecalis. La microbiota intestinal de los bebés nacidos por parto vaginal tendía a coincidir con la de sus madres, lo que confirma que las bacterias se transmiten principalmente a través del intestino materno, no de la vagina. Por otro lado, los bebés nacidos por cesárea presentaban una mayor cantidad de bacterias asociadas al entorno hospitalario.

"E. faecalis es una bacteria relacionada con infecciones oportunistas. Por lo tanto, si el sistema inmunitario no funciona correctamente, puede causar enfermedades", explica Field.

Un bebé gatea entre pañales

Un bebé gatea entre pañales

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Pie de foto,La presencia de B. longum parece proteger a algunos bebés nacidos por vía vaginal de afecciones respiratorias

Los investigadores descubrieron que las diferencias en la microbiota intestinal entre los bebés nacidos por parto vaginal y los nacidos por cesárea se igualaban en gran medida al cumplir el primer año de vida. Sin embargo, había indicios de que tener bacterias beneficiosas desde el primer día les confería a los bebés una ventaja para su salud. El equipo realizó un seguimiento a más de 1.000 bebés para determinar si alguno requería hospitalización.

"Observamos que los bebés cuya microbiota intestinal estaba dominada por B. longum tenían aproximadamente la mitad de probabilidades de ser hospitalizados por una infección respiratoria durante los dos primeros años de vida, en comparación con los bebés con B. brevae y los bebés con E. faecalis", afirma Field.

En otras palabras, la presencia de B. longum parece proteger a algunos bebés nacidos por vía vaginal de afecciones respiratorias. Es posible que la ausencia de bacterias intestinales beneficiosas como B. longum explique por qué los bebés nacidos por cesárea tienen un riesgo ligeramente mayor de desarrollar ciertas afecciones inflamatorias como asma, alergias, trastornos autoinmunitarios y obesidad, aunque se necesitan más estudios para confirmarlo.

Entorno hostil 

Se desconoce por qué las bacterias intestinales del bebé pueden protegerlo de las infecciones, pero una de las principales teorías es que las bifidobacterias, como B. longum, u otras bacterias beneficiosas llamadas Lactobacillus, son expertas en descomponer los oligosacáridos, azúcares complejos presentes en la leche materna.

Estos azúcares son un componente principal de la leche materna, pero las enzimas del bebé no pueden digerirlos. B. longum convierte estos azúcares en moléculas llamadas ácidos grasos de cadena corta (AGCC), que se cree que regulan el sistema inmunitario, lo que podría ayudar al bebé a combatir mejor las infecciones.

Los AGCC también pueden ayudar a que el sistema inmunitario del bebé aprenda a ignorar y tolerar estímulos inocuos e inofensivos. En otras palabras, ayudan a guiar al sistema inmunitario hacia una respuesta inmunitaria más tolerogénica.

"En las sociedades occidentales ya no estamos tan expuestos a bacterias mortales", afirma Leach. "Por lo tanto, los problemas de salud que observamos [en la población occidental en general] tienen más que ver con una respuesta inmunitaria hiperactiva".

Bebé acostado en la cama

Bebé acostado en la cama

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Pie de foto,¿Deberíamos intervenir para proporcionar a los bebés (y especialmente a los nacidos por cesárea) un impulso microbiano beneficioso?

Se cree que las bifidobacterias también ayudan a crear un entorno intestinal más hostil para las bacterias patógenas causantes de enfermedades. A diferencia del intestino de un adulto, el de los recién nacidos es aeróbico, es decir, contiene oxígeno. Esto favorece la absorción de nutrientes en el intestino durante su primer período de desarrollo. Al nacer, el intestino no es ni ácido ni alcalino (tiene un pH neutro).

"El problema es que los tipos de bacterias que podrían dañar a un recién nacido prefieren estas condiciones aeróbicas de pH neutro", explica Leach. "Las bifidobacterias ayudan consumiendo rápidamente el oxígeno y creando un entorno anaeróbico que reduce el pH. Esto limita el crecimiento de bacterias potencialmente dañinas".

Sin embargo, los científicos apenas están comenzando a comprender cómo se relaciona todo esto. "La cuestión podría ser más compleja que simplemente afirmar que 'la cesárea es menos recomendable y el parto vaginal es mejor'", explica Field.

"No todos los bebés nacidos por vía vaginal adquirieron las bacterias asociadas a un menor riesgo, y no todos los bebés nacidos por cesárea obtuvieron los resultados de salud que nos preocupaban".

Ingeniería microbiana

Sin embargo, este hallazgo plantea la siguiente pregunta: ¿deberíamos intervenir para proporcionar a los bebés (y especialmente a los nacidos por cesárea) un impulso microbiano beneficioso? "Las cesáreas salvan vidas, por lo que nuestra labor consiste en reconstruir el microbioma faltante de forma segura y precisa", argumenta Mishra.

La cuestión es cómo. Una opción que a veces se considera es la "siembra vaginal", mediante la cual se aplica una muestra de fluido vaginal en la piel y la boca del recién nacido con la esperanza de que los microbios beneficiosos se establezcan en su intestino.

Esta práctica está ganando popularidad, pero los expertos advierten que podría transmitir patógenos infecciosos peligrosos: se cree que más de una cuarta parte de las mujeres son portadoras de estreptococo del grupo B en la vagina, por ejemplo, lo que podría ser fatal para un bebé. Además, el estudio sobre el microbioma infantil de 2019 demostró que los microbios beneficiosos no provenían de la vagina de la madre.

Bebé naciendo por cesárea

Bebé naciendo por cesárea

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Pie de foto,Un estudio sobre el microbioma infantil demostró que los microbios beneficiosos no provenían de la vagina de la madre.

Existen otras opciones potenciales de ingeniería del microbioma, como los trasplantes de microbiota fecal, también llamados trasplantes de heces. En este caso, las heces de la madre se transferirían al tracto gastrointestinal del bebé. Se han realizado algunos ensayos prometedores a pequeña escala, pero actualmente no se recomienda esta práctica.

"Por el momento, no sabemos si el microbioma vaginal o incluso el fecal de la madre es el adecuado para un bebé, y creo que existe el riesgo de que no sea beneficioso e incluso que cause daños que aún no comprendemos", afirma Field.

Se ha demostrado que los suplementos probióticos son una forma segura y eficaz de influir en la flora intestinal.

Algunos ensayos clínicos sugieren que podrían proteger a los bebés extremadamente prematuros o con bajo peso al nacer de la enterocolitis necrotizante, una enfermedad intestinal potencialmente mortal que afecta principalmente a los bebés prematuros, mientras que otros estudios indican que podrían reducir el riesgo de parto prematuro. Sin embargo, aún queda la incógnita de qué bacterias administrar.

"Cualquier modificación en el establecimiento del microbioma en un bebé debería centrarse en restaurar o corregir el impacto que la intervención humana ha tenido en este proceso", afirma Leach.

"La inoculación vaginal y los trasplantes de microbiota fecal son, en esencia, probióticos contaminados. Se desconoce su composición y conllevan riesgos. Por lo tanto, los probióticos son probablemente la mejor opción".

Mishra también afirma que los probióticos orales podrían ser el método más práctico y seguro, aunque señala que los resultados varían considerablemente, ya que el intestino de cada bebé es único.

Y agrega que en el futuro, probablemente, se hagan intervenciones de precisión en el microbioma, guiadas por el perfil genético, dietético e inmunológico del bebé.

"Piénsalo como 'medicina microbiana personalizada'", dice.

*Este artículo fue publicado en BBC Future.  Haz clic aquí si quieres leer la versión original (en inglés).