viernes, 27 de febrero de 2026

Plantas medicinales

1. Milenrama 
2. Angélica 
3. Espino blanco 
4. Bardana 
5. Brezo 
6. Brezo común 
7. Manzanilla alemana 
8. Grosella negra 
9. Equinácea 
10. Dedalera 
11. Ginkgo 
12. Ortiga mayor 
13. Helicriso italiano (flores que nunca se marchitan) 
14. Lavanda 
15. Malvas 
16. Melisa 
17. Menta piperita 
18. Hipérico 
19. Amapola de California 
20. Diente de león 
21. Cola de caballo 
22. Reina de los prados 
23. Romero 
24. Mora 
25. Salvia 
26. Caléndula 
27. Endrino 
28. Tomillo

¿Qué elegirías tú? ¿Merece la pena sobrevivir a cualquier precio? ¿Hasta qué punto de envilecimiento puede seguir siendo la vida digna de vivirse?



A veces las redes, además de torrefactarnos la cabeza, comernos la vida a bocaditos y disminuir la densidad de la materia gris de la corteza cingulada anterior, que es una zona del cerebro crucial para funciones neurológicas tales como el control de impulsos, la toma de decisiones o la atención (hay estudios que demuestran esto); además de hacernos polvo, digo, en ocasiones proporcionan algún conocimiento interesante. Sigo en Instagram a un novelista norteamericano que se llama Jason Pargin. No he leído sus libros, pero un día caí en su cuenta por casualidad y me quedé, porque cuelga comentarios curiosos.

Uno de ellos me ha parecido perturbador. Cita Jason el tuit de otra persona (las redes son así, una carambola), Henry Shevlin, un filósofo cognitivo de la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Shevlin propuso en la red social X un juego ético endiablado. Imagina que en tu país todos deben escoger entre tomar una píldora azul o una píldora roja. Si más del 50% de la población escoge la azul, todo el mundo vive. Si no se alcanza ese porcentaje, los de la píldora roja viven y los de la azul mueren. Para dificultar las cosas, cada núcleo familiar ha de tomar la misma píldora. Es decir, debes elegir color por ti, por tu pareja y por tus hijos, por ejemplo. Y ahora piénsalo bien, piénsalo con calma y sinceramente: ¿tú qué harías? Es una decisión terrible, ¿no es así? Una deliberación verdaderamente agónica.

Ignoro si esta propuesta enjundiosa y cruel forma parte de un estudio científico. Ni Pargin ni Shevlin se la atribuyen a nadie; quizá sea una historia popular (yo no la conocía) o puede que se le haya ocurrido al profesor de Cambridge. Está muy bien pensada, porque coloca tu vida en un marco de dimensiones épicas. En situaciones así, que poca gente ha de afrontar con tal claridad, se prueba el verdadero temple de cada cual. El empeño de sobrevivir late como una ciega furia en nuestras venas, y la heroicidad consiste en supeditar ese mandato a un bien mayor.

En ese sentido, siempre me ha parecido ejemplar la calamitosa expedición de Robert Scott. El capitán Scott (1868-1912) quería ser el primero en llegar al Polo Sur. Fue arrogante e imprudente en muchos sentidos, porque no pidió consejo a expertos polares sobre los preparativos para la expedición y tomó decisiones estúpidas, como llevar 19 caballos (unos pobres animales inadecuados para las nieves profundas), alimentarse con raciones insuficientes y planificar el viaje fatal. Era un sobrado oficial inglés que creía saberlo todo, como se ve muy bien en el fascinante libro El peor viaje del mundo, escrito por Cherry-Garrard, uno de los supervivientes del desastre. Pero su conmovedor final lo cambió todo.

Cuando Scott y cuatro de sus compañeros alcanzaron el Polo, descubrieron que ya había pasado por ahí, dos semanas antes, el escandinavo Amundsen. Entonces emprendieron el regreso a la base, pero murieron todos tras largos meses de espantosa agonía. Ateridos, empapados y famélicos, pelearon contra los hielos con temperaturas de 50 grados bajo cero. Las uñas y los dientes se les caían, el cuerpo se ulceraba, se gangrenaban los dedos, las congeladas puntas de las narices se deshacían, la resplandeciente nieve los cegaba. Los sufrimientos físicos eran atroces, pero los soportaron sin quejarse y sin detenerse, arrastrando los pesados trineos hasta la extenuación. Hasta morir. Ya sin combustible y sin comida, tras haber visto caer uno tras otro a sus cuatro colegas, y antes de fallecer, Scott escribió estoicamente las últimas y célebres páginas de su diario (que fue encontrado tiempo después): “Hemos corrido riesgos; sabíamos que los corríamos. Las cosas se nos han puesto en contra y, por lo tanto, no tenemos motivos para quejarnos”. También dejó cartas de despedida; en una, dirigida a un amigo íntimo, le decía que, con su agonía, todos ellos estaban dando un buen ejemplo: “No porque nos hayamos metido en situaciones difíciles, sino porque, cuando ha llegado el momento, las hemos afrontado como hombres. Si nos hubiéramos desentendido de los enfermos, habríamos logrado llegar”.

Muy cierto. Esa es la cuestión. ¿Merece la pena sobrevivir a cualquier precio? ¿Hasta qué punto de envilecimiento puede seguir siendo la vida digna de vivirse? En el juego propuesto por Shevlin, el 62% de sus seguidores en X eligió la píldora roja, y el 38% la azul. Lloro por ese 38% que muere lleno de esperanza y de altruismo.

jueves, 26 de febrero de 2026

10 de las mejores historias de misterio de todos los tiempos, en las que no sabes hasta el final "quién lo hizo"


Un póster de la película La Huella (1972). Dos hombres miran a través de una lupa, que agranda el ojo derecho de ambos. El hombre de la izquierda es canoso y lleva bigote; el de la derecha no tiene barba y luce cabello castaño.

Fuente de la imagen,Alamy

Pie de foto,La película "La Huella" (1972) obtuvo cuatro nominaciones al Oscar.

Cuando se estrenó Knives Out de Rian Johnson en 2019, se reconoció ampliamente como la película que llevó el género literario conocido en inglés como "whodunnit" a una audiencia más amplia y nueva. 

Whodunnit, que viene de la frase en inglés Who has done it? ("¿quién lo hizo?") es un subgénero de narrativa que se centra en descubrir la identidad del culpable de un crimen.

Ahora, seis años después del estreno del filme, es una franquicia consolidada, con la tercera película, Wake Up Dead Man, que se estrena este viernes en Netflix.

Con otro elenco estelar encabezado por el brillante Daniel Craig, esta última película hace referencias explícitas a algunos de los grandes escritores de literatura sobre crímenes, entre ellos John Dickson Carr y Agatha Christie.

Con eso en mente -y por si buscas más casos en los que sumergirte después de verla- aquí tienes 10 de los misterios de asesinato más ingeniosos jamás plasmados en página o pantalla.

1. La aventura de la banda moteada (1892) – Arthur Conan Doyle

Ninguna lista de misterios de asesinato estaría completa sin una de las aventuras de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.

Cualquier relato o novela protagonizado por el detective de Baker Street merece una mención, pero "La aventura de la banda moteada" tiene un elemento particularmente retorcido (literalmente) en el corazón de su crimen.

Doyle enfrentó a Holmes con muy pocos "misterios de habitación cerrada" tradicionales -aquellos en los que ocurre un asesinato aparentemente "imposible" dentro de un espacio cerrado-, por lo que este caso resulta especialmente destacado.

Publicado originalmente en la revista Strand en 1892, este relato detalla un caso difícil para Holmes, luego de que se descubre el asesinato de una mujer que supone un peligro para su hermana, que aún sobrevive.

El relato algo surrealista pero profundamente efectivo de Conan Doyle es uno de sus más potentes de este género y posee una atmósfera malévola.

Una ilustración en blanco y negro que muestra a tres personas con atuendos del siglo XIX. Dos de ellas —una mujer con vestido largo y un hombre con traje que sostiene un sombrero— observan a otro hombre, también vestido con traje, que está de pie junto a una especie de gabinete de madera. En la parte inferior de la ilustración aparece la frase: “Well, look at this” (Bueno, observa esto).Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Una ilustración de la publicación original de 1892 de "La aventura de la banda moteada".

2. El hombre invisible (1911) – GK Chesterton

El escritor GK Chesterton se sentía igualmente cómodo escribiendo sobre política y filosofía como sobre misterios de asesinato.

Sin embargo, es más famoso por lo último, gracias a su enorme número de relatos centrados en el Padre Brown, un modesto sacerdote que también es detective.

La intuición moral de Brown y su perspicacia teológica hacen que las historias sean ingeniosas e intelectuales.

El hombre invisible presenta un problema homicida que es, sin duda, uno de los más intrigantes y desconcertantes de Chesterton. El joven inventor Conrad afirma ser víctima de acoso por parte de un agresor, conocido únicamente como "el hombre invisible".

Cuando finalmente lo encuentran asesinado en una casa que estaba fuertemente custodiada, parece que el atormentador de Conrad realmente era invisible, ya que nadie lo vio entrar ni salir de la escena del crimen.

Por suerte, el Padre Brown está presente para aportar claridad al suceso.

Agatha Christie firmando sus libros en 1950.Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

Agatha Christie firmando sus libros en 1950.

3. El asesinato en la rectoría (1930) – Agatha Christie

Considerando su vasta y monumental producción, la obra de Christie podría ocupar toda esta lista. Desde dar vida al detective ficticio más famoso del siglo pasado, Hércules Poirot, hasta sus evocadoras historias independientes, ella es la indiscutible maestra del whodunnit.

Su otra gran creación fue la brillante Miss Marple (la mejor versión en pantalla es sin duda la interpretación de Joan Hickson en los años 80), y "El asesinato en la rectoría" fue el debut de esta gran dama.

Trata sobre el asesinato del coronel Protheroe quien aparece muerto en el despacho del vicario local.

Esta enrevesada trama de Christie se complica no solo por la manipulación de pruebas, sino también por una interminable cadena de confesiones. El resultado es uno de los enigmas más satisfactorios de la autora, acompañado de una magistral serie de personajes.

Joan Hickson cerca de un muelle, viste un abrigo azul y una bufanda de colores. Es una persona de mayor edad y tiene el cabello canoso. Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Joan Hickson interpretó a la señorita Marple en las adaptaciones televisivas de las novelas de Agatha Christie en la década de 1980.

4. El hombre hueco (1935) – John Dickson Carr

Cuando se trata específicamente de misterios de habitación cerrada, pocos son de tan alta calidad como "El hombre hueco".

La novela es mencionada explícitamente en Wake Up Dead Man por el detective Benoit Blanc, interpretado por Daniel Craig, y el creador de Knives Out, Rian Johnson, la ha elogiado como "un increíble y complejo rompecabezas de puerta cerrada".

Protagonizada por el detective habitual de Carr, Gideon Fell, lo vemos resolver el asesinato del profesor Charles Grimaud, hallado muerto a tiros en su estudio momentos después de recibir a un misterioso visitante que ha desaparecido sin dejar rastro.

Esta ingeniosa novela recibió elogios tanto de los aficionados al género policial como del público general, en gran parte por la lección que el propio personaje Fell ofreció al final del texto sobre la esencia de los misterios de habitación cerrada y sus posibles soluciones.

Tal fue su impacto que este capítulo se ha publicado en numerosas ocasiones como ensayo independiente, a pesar de haber sido pronunciado por un detective ficticio.

5. Verde es el peligro (1946) – Sidney Gilliat

Basada en una novela de la poco conocida autora de la era dorada del crimen, Christianna Brand, la película fue adaptada por el director británico Sidney Gilliat, una elección excelente para intensificar un enigma ya de por sí desconcertante, gracias a su experiencia como coguionista del thriller de Alfred Hitchcock The Lady Vanishes (1938).

Sin embargo, "Verde es el peligro" demuestra que el talento de Gilliat como director se adapta perfectamente al género del misterio.

La historia de Brand sigue al inspector Cockrill (interpretado por el elegante y despreocupado Alastair Sim) mientras intenta resolver un doble asesinato: uno ejecutado con gran destreza en un quirófano durante una operación, y otro cometido para silenciar a un testigo del primero durante un apagón en plena Segunda Guerra Mundial.

Cockrill debe desenredar una red de relaciones y tensiones entre el reducido grupo de sospechosos del hospital, mientras lidia con el caos natural de una Inglaterra en tiempos de guerra.

Dos hombres se miran a los ojos. Uno está sentado mientras el otro está de pie frente a él. Ambos llevan traje y corbata. El que está sentado tiene un sombrero. La imagen es en blanco y negro. Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Trevor Howard y Alastair Sim como sospechoso y detective en la película "Verde para el peligro" de de 1946.

6. Los vivos y los muertos (1954) – Boileau-Narcejac

La pareja francesa de escritores de relatos de crímenes Pierre Boileau y Thomas Narcejac monopolizó el mercado en la década de 1950 con una serie de complejos thrillers, incluyendo la brillante "La que no existía" (adaptada por el director Henri Georges Clouzot como el clásico cinematográfico "Las diabólicas").

Otra de sus novelas, "Los vivos y los muertos" (1954), es más famosa por la película que inspiró, "Vértigo" (1958) de Alfred Hitchcock, y muestra igualmente su habilidad para retratar el trauma emocional y ofrecer giros brutales.

Cuando el abogado parisino Roger recibe el encargo de su amigo Gevigne de investigar el extraño comportamiento de su esposa, Roger termina inevitablemente enamorándose de ella.

Lo que sigue es una mezcla inquietante de insinuaciones sobrenaturales y maquinaciones criminales despiadadas, ya que una simple investigación oculta inevitablemente un asesinato mucho más complejo.

7. El pájaro con las plumas de cristal (1970) – Dario Argento

El género cinematográfico italiano giallo es una parada obligada para cualquier amante de los misterios de asesinato que busque una dosis extra de gore.

Tomando su nombre de las llamativas portadas amarillas de las novelas de misterio que eran de bolsillo, el cine giallo se inspiró en las clásicas historias whodunnit y les añadió una generosa dosis de horror sangriento.

Ninguna fue tan exitosa en este empeño como el brillante Dario Argento, y su ópera prima "El pájaro con las plumas de cristal" (1970) muestra su talento visual y su perspicacia psicológica.

Cuando el escritor estadounidense Sam (Tony Musante) presencia el intento de asesinato de Monica (Eva Renzi) en una galería de arte romana a altas horas de la noche, se ve rápidamente sumergido en una historia tensa acechada por un asesino con sombrero negro y guantes de cuero.

Como en muchas películas giallo de Argento, los giros dramáticos se combinan con una violencia audaz que a menudo alcanza una especie de calidad operística, hasta la revelación final del asesino.

Un hombre sin camisa habla por telefono. Tiene cabello rizado, está despeinado y tiene el rostro serio. La imagen es en blanco y negro. Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Tony Musante interpreta a Sam, el escritor estadounidense convertido en investigador en "El pájaro con las plumas de cristal" de Dario Argento.

8. La torre negra (1975) – P. D. James

La escritora británica P.D. James (junto con otra genia, Ruth Rendell) heredó el manto de Agatha Christie como la reina de la novela tradicional sobre misteriosos asesinatos.

Sus libros que siguen al inspector Adam Dalgliesh son realmente su obra cumbre, y "La torre negra" (1975) es un gran ejemplo del carácter tan particular de la serie.

Con un tono más sombrío que otras novelas de Dalgliesh -ya que el protagonista se está recuperando de una leucemia-, "La torre negra" lo sigue mientras su convalecencia se ve interrumpida por una serie de muertes cada vez más sospechosas en una residencia de cuidados ubicada en un área rural.

Inicialmente considerada algo lenta por los críticos -con Newgate Callendar de The New York Times sugiriendo que el libro era "pesado" y que "pondría a prueba la paciencia de la mayoría de los lectores"-, con el tiempo "La torre negra" destaca perfectamente el enfoque distintivo de James como novelista de crimen, privilegiando el detalle meticuloso, la caracterización precisa y la atmósfera melancólica por encima de los fuegos artificiales y los sobresaltos llamativos.

9. La huella (1972) – Joseph L. Mankiewicz

Adaptada por Anthony Shaffer a partir de su propia obra teatral, "La huella" (1972), dirigida por Mankiewicz, es quizá la propuesta más autoconsciente de esta lista, pues sus personajes se mueven con soltura entre los clichés y recursos típicos del género de misterio.

La historia enfrenta al novelista de misterio Andrew (Laurence Olivier) con Milo (Michael Caine), el amante de su esposa, en un retorcido juego de poder donde ambos simulan crímenes para manipularse mutuamente.

La película superó incluso el éxito de la obra teatral, obteniendo cuatro nominaciones al Oscar, entre ellas una para Olivier y otra para Caine.

Aunque se apoya en las potentes interpretaciones de sus protagonistas, "La huella" confirma a Shaffer en plena forma: sus ingeniosos giros y su desenlace implacable son absolutamente inolvidables.

Un hombre sostiene un revólver apuntando al pecho de otro. Ambos visten traje. El primero, de mayor edad y con cabello canoso, lleva un traje de cuadros negros y amarillos con camisa blanca. El segundo viste un traje negro, camisa blanca y luce un lazo verde en el cuello.Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Las potentes actuaciones de Laurence Olivier y Michael Caine impulsan la trama llena de giros inesperados de "La huella".

10. Ten piedad (2001) – Fred Vargas

Vargas (cuyo nombre real es Frédérique Audoin-Rouzeau) es una de las grandes escritoras de novela negra contemporánea. Continúa la tradición francesa perfeccionada por Georges Simenon y Boileau-Narcejac en la que se combinan misterios de asesinato con una estética cercana al gótico.

Su serie protagonizada por el caótico comisario Adamsberg retrata a menudo un París inquietante, más próximo a El jorobado de Notre Dame de Victor Hugo o El fantasma de la ópera de Gaston Leroux que a la típica novela policial moderna.

En esta historia, un pregonero del distrito 14 es contratado por alguien misterioso para recitar mensajes crípticos sobre el regreso de la peste.

Cuando empiezan a aparecer símbolos de la plaga en las puertas y muertes que parecen causadas por picaduras de pulgas infectadas que ennegrecen la piel, Adamsberg se enfrenta a una investigación especialmente oscura en un relato sombrío pero absorbente. 

¿Pagan suficientes impuestos los más ricos?


La defensa de la democracia hoy nos remite a la necesidad de restablecer la primacía del interés colectivo sobre el beneficio privado

“Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Así reza el artículo 128 de la Constitución española de 1978. Entre todos los equilibrios y dificultades que marcaron aquel proceso, este principio tan sencillo y tan potente a la vez pudo hacerse hueco en el texto constitucional. Que la riqueza, sin importar cuál sea su forma o su dueño, no pueda entrar en conflicto con el bien común de la sociedad ni ir en contra de los intereses colectivos de la comunidad.

Esta idea —que figura en todo el imaginario democrático, desde Platón y Rousseau al constitucionalismo social que produjo la movilización obrera— siempre ha levantado ampollas y resistencias por parte de los propietarios de esa riqueza, pero también de quienes han defendido un proyecto de orden social construido a partir de las desigualdades y jerarquías. Hoy, en pleno empuje de las ideas reaccionarias y conservadoras, es lógico que la limitación del derecho de propiedad al servicio del desarrollo económico, el bienestar y la seguridad de las mayorías suscite importantes resistencias. También lo es que quienes pretendemos defender la idea democrática de sus muchos enemigos y amenazas actuales insistamos en asentarla, profundizarla y mejorarla.

La propuesta es sencilla: gravar con un 2% adicional los patrimonios superiores a 100 millones de euros, que representan en torno al 0,001% de la población, no más de 500 personas en España. Según las estimaciones del Observatorio de Fiscalidad Internacional dirigido por Gabriel Zucman, autor intelectual de la propuesta, esta tasa permitiría recaudar hasta 5.200 millones de euros adicionales en nuestro país. Por poner esta cifra en su contexto, la asignación anual de la Administración General del Estado para financiar el sistema de la dependencia este año, que estamos en máximos históricos, es de 3.700 millones de euros.

Una vez implementada, esta medida no supondría una carga adicional, en términos proporcionales, sobre esos pocos centenares de compatriotas: sencillamente restablecería la progresividad del sistema fiscal, cerrando los agujeros por los que se escapan las grandes fortunas y poniendo fin a la situación vergonzante por la que las personas más ricas del país pagan proporcionalmente muchos menos impuestos que cualquier trabajadora o trabajador asalariado.

Con todo, la importancia de defender un sistema tributario más progresivo y una vigorosa redistribución de la riqueza trasciende los números y la balanza de cuentas. Con la recaudación estimada de la tasa Zucman bastaría para implementar los primeros tramos de una prestación universal por crianza para erradicar la pobreza infantil, pero la propuesta no responde a la búsqueda de financiación ad hoc para proyectos concretos ni al afán de incrementar la recaudación del Estado. El trasfondo, como decía, es puramente político.

La muestra más evidente de ello es lo que estamos viendo en la deriva que sigue Estados Unidos bajo el yugo de unas élites fundamentalistas, milicias parapoliciales descontroladas y una oligarquía de grandes fortunas vinculadas a algunas de las mayores multinacionales tecnológicas del planeta. La acumulación obscena de riqueza en unas pocas manos, que dominan a su vez los nuevos mecanismos de control social y los resortes de un poder político que busca deshacerse de cualquier límite jurídico e institucional, es ya la principal amenaza a nuestras democracias y a la libertad y seguridad de millones de personas.

Por eso, la defensa de la democracia hoy nos remite casi obligatoriamente a la necesidad de restablecer la primacía del interés colectivo sobre el beneficio privado; esto es: recuperar la prioridad del bien común sobre cualquier forma de privilegio de parte. Esa es la condición básica para defender una sociedad igualitaria, capaz de dirigir los recursos y la riqueza a la mejora de las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras. Capaz de hacer que su riqueza sirva para preservar los servicios públicos y las redes de protección social que hacen esa igualdad posible, para reforzar y asentar la seguridad social sin la cual ningún volumen de gasto en defensa servirá para garantizar la tranquilidad y el bienestar de la gente común.

Cuando se plantean este tipo de propuestas, en unos países como en otros, un lugar común es azuzar el miedo al éxodo de los poderosos: si se aplicara una medida así, los ultrarricos se irían. Hay sobrada evidencia de que eso no es lo que sucede. De hecho, un estudio del Institute for Policy Studies and State Revenue Alliance, realizado con datos de los estados de Massachusetts y Washington, muestra que la movilidad real de los más ricos tras aplicar subidas de impuestos es mínima.

Las reticencias, por tanto, no son empíricas, sino puramente ideológicas. Sin ir más lejos, ya se aplicaban tipos marginales mucho más elevados sobre la renta de los más ricos en Estados Unidos con Eisenhower y Nixon. Si nos vamos a Europa continental, lo mismo ocurría en la Alemania de Erhardt o la Francia de De Gaulle. Todos ellos dirigentes conservadores. Hoy, sin embargo, nos dejamos arrastrar por una serie de influencers sin valores ni conciencia social, siguiendo ese supuesto espíritu del tiempo que hace que parezca más valioso el trabajo de un inversor en criptomonedas que el de una médica o una trabajadora social. La realidad es que nada ocurriría si todos esos inversores dejaran de trabajar por un día; pero nuestras sociedades probablemente colapsarían si tan solo por 24 horas las personas que se dedican a cuidar de los demás dejaran de acudir a sus puestos de trabajo.

No es cierto que el desarrollo económico de nuestras sociedades dependa de la acumulación obscena de riqueza en unas pocas manos. Como no lo era que el aumento del salario mínimo o la reforma laboral fueran a destruir empleo ni a hacernos perder competitividad. Hoy la evidencia es tozuda. Mejorar la posición del trabajo en las relaciones productivas, lejos de suponer una amenaza para la economía, se ha convertido en un factor esencial para el desarrollo económico de España, que precisamente por ello lleva años destacando sobre sus economías vecinas. Hoy, en un contexto de beneficios empresariales, pago de dividendos y cotizaciones bursátiles en máximos históricos, el desafío es hacer de la redistribución de la riqueza el vector que profundice ese desarrollo y haga nuestra sociedad más cohesionada, más próspera, y nuestra democracia más fuerte y más estable.

¿Cómo dibujar un horizonte real para la democracia en un mundo de ascensos ultras, crisis climáticas constantes, disputas geopolíticas y asaltos al orden multilateral? Empecemos por lo evidente: que ese desarrollo económico se note en el día a día de la gente trabajadora. Lo que está en juego es demostrar que el Estado social funciona, que es capaz de defender los intereses de la gente común, de asegurar condiciones mínimas de bienestar, libertad y seguridad que no dependan de dónde se ha nacido, del apellido que se lleve o del patrimonio familiar con que se cuente.

Eso sigue siendo lo esencial de la idea democrática: una sociedad que garantiza derechos universales de ciudadanía, servicios públicos de calidad y un sistema fiscal justo para financiarlos. Y eso pasa por impedir que unos pocos posean tanto como millones de ciudadanos y por asegurar que cada cual contribuya a lo que es de todos según le corresponda.

Pablo Bustinduy es ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. 

miércoles, 25 de febrero de 2026

S. N. Bose, el físico que inspiró la palabra bosón y que junto a Einstein predijo el quinto estado de la materia


Satyendranath Bose mirando una foto de Albert Einstein.

Fuente de la imagen,American Institute of Physics

Pie de foto,Aunque colaboraron y se conocieron, Bose y Einstein no se tomaron fotos juntos. Aquí Bose mirando una foto de Einstein en 1953.

"Respetado señor", empezaba diciendo una carta que recibió un día de junio de 1924 el para entonces ya premio Nobel y muy célebre Albert Einstein.

La misiva provenía de la Universidad de Daca, una ciudad que formaba parte de la India británica, así que estaba en la periferia colonial, lejos del centro científico del mundo en el que todo el conocimiento establecido se estaba revolucionando.

"Me he atrevido a enviarle el artículo adjunto para su lectura y opinión. Estoy deseoso de saber qué piensa al respecto. Si considera que el trabajo merece ser publicado, le agradecería que gestionara su publicación en Zeitschrift für Physik".

 La alemana Zeitschrift für Physik (Revista de Física) era una de las publicaciones más importantes del mundo en física teórica y experimental de aquel entonces.

¿Quién era el autor de esa carta y qué lo había animado a formular una solicitud semejante? Revista de Física reconocía como "un completo desconocido" para Einstein, pero señalaba: "No siento ninguna vacilación en hacerle tal solicitud, pues todos somos discípulos suyos".

No obstante, revelaba que no era la primera vez que le escribía: "No sé si aún recuerda que alguien desde Calcuta le pidió permiso para traducir sus trabajos sobre la relatividad al inglés. Usted accedió a esa petición. El libro fue publicado. Yo fui quien tradujo su trabajo".

Y firmaba: "Atentamente, S. N. Bose".

Adjunto iba un artículo que el autor ya había enviado a la prestigiosa publicación de la Real Sociedad británica Philosophical Magazine, pero que pasaron por alto.

Afortunadamente no se dio por vencido: se requirió el genio y la perspicacia de Einstein para apreciar la importancia de dicho trabajo.

El físico y matemático Satyendra Nath Bose había encontrado la solución a un problema que ni siquiera Einstein había podido resolver.

En cuestión de ocho días, el maestro de la relatividad ya había traducido el artículo al alemán y lo había enviado para su publicación a la revista Zeitschrift für Physik, acompañado de una nota en la que lo calificaba como "un avance importante" y anticipaba que él mismo ampliaría esas ideas revolucionarias.

A Bose, le escribió una postal confirmándole que su trabajo era "un importante paso adelante", y agregando: "Me complace mucho".

Ese paso adelante se fue haciendo cada vez más enorme.

Foto de Bose

Foto de Bose

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose fue uno de los primeros científicos que comprendió el significado y la importancia de las teorías de la relatividad de Albert Einstein.

De la breve pero significativa colaboración entre Einstein y Bose brotaron conocimientos pioneros en la ciencia cuántica que siguen transformando el mundo.

Pero a pesar de haber contribuido a cambiar el rostro de la ciencia del siglo XX y, además, haber trabajado con Marie Curie, inspirado al poeta Tagore y frecuentado a grandes científicos y artistas, el físico indio es poco conocido.

Y es un gusto conocerlo.

110 sobre 100

Bose nació el primer día del año 1894 en Calcuta, en el seno de una familia vinculada al Renacimiento bengalí, un movimiento que impulsaba la educación moderna y la renovación cultural en la India colonial.

Desde muy temprano brilló por su intelecto.

Entre las varias historias que circulan sobre su genio -algunas reales y otras quizá adornadas-, se cuenta que un profesor de su escuela, impresionado por uno de sus trabajos, le otorgó una calificación de 110 sobre 100.

El maestro estaba convencido de que su estudiante llegaría a ser un matemático brillante.

Bose, siempre curioso por todo tipo de creación intelectual y artística, efectivamente acabó inclinándose por las matemáticas como su camino profesional.

Y, así como a su amigo, compañero de estudios y futuro astrofísico Meghnad Saha, le fascinaba la física teórica, especialmente la nueva teoría cuántica que los físicos alemanes estaban explorando.

Tras graduarse y convertirse en profesores en la Universidad de Calcuta, Bose y Saha se lanzaron a una tarea inusual: traducir al inglés los trabajos originales de Einstein y Hermann Minkowski sobre relatividad, algo que no se había hecho en ningún lugar antes.

¿Recuerdas que en su carta a Einstein Bose mencionó que ya le había escrito antes?

Pues esta fue la razón: para no violar los derechos de autor del gran físico, le solicitó un permiso especial.

Einstein se lo otorgó gustosamente y el libro The Principle of Relativity, publicado en 1920, fue la primera colección en inglés de esos artículos fundamentales.

Más que una simple traducción, fue un puente hacia el conocimiento global, un gesto que facilitó la difusión de ideas revolucionarias en una época en que las noticias científicas tardaban mucho en cruzar fronteras.

Foto de la boda coloreada

Foto de la boda coloreada

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose se casó en 1914 con Ushabati Ghosh cuando ella tenía 11 años y él 20, en un matrimonio arreglado. Tuvieron 9 hijos, de los cuales 7 sobrevivieron más allá de la infancia.

Sin embargo, fue cuando Bose se mudó de Calcuta a la Universidad de Dakar que realmente hizo historia, con ese artículo titulado "La ley de Planck y la hipótesis cuántica de la luz" que le envió a Einstein.

Fue como una llave que abrió la puerta a conocimientos.

En paralelo y gracias a Einstein, Bose obtuvo una licencia de investigación para viajar a Europa y trabajar con los mejores laboratorios e investigadores de la época.

El gracioso encuentro con Marie Curie

Bose llegó a París en octubre de 1924 y rápidamente se introdujo en los círculos científicos, asistiendo a conferencias y charlas de figuras como los físicos Paul Langevin y Louis de Broglie.

Interesado en aprender técnicas experimentales de radioactividad, Langevin le proporcionó una carta de presentación para conocer a Marie Curie en el Radium Institute.

Bose relató que, tras saludarlo "con cariño", ella le dijo: "Sin duda tendrás la oportunidad de trabajar conmigo, pero no ahora mismo, sino dentro de tres o cuatro meses. Primero tienes que aprender el idioma; de lo contrario, te resultará difícil desenvolverte en el laboratorio".

"Me dijo que debía conocer a una hermosa francesa de la que debía aprender. Así que buscamos por París a esa mujer tan guapa. La verdad es que yo sabía francés: sabía leer y escribir, pero no pude decírselo a madame Curie porque hablaba sin parar".

A Bose todo el episodio le pareció humorístico y, mientras esperaba la oportunidad de integrarse formalmente en el laboratorio de Curie, aprovechó su estancia en París para trabajar con otros investigadores y familiarizarse con técnicas punteras de la física experimental.

Entre ellos se encontraba la física francesa Jacqueline Zadoc-Kahn Eisenmann, con quien entabló una profunda amistad.

La correspondencia entre ambos retrata los vibrantes intercambios intelectuales de la física cuántica de la época, como ilustra esta carta que Bose le escribió ya desde Berlín, en 1925:

«Mi dulce Jacqueline, tu rápida respuesta me dio alegría, pero mezclada con ella hay una sensación de tristeza: me hace pensar en lo poco que te vi el último día.

»Parece que todo el mundo en Berlín está muy entusiasmado con la evolución de la física.

»El día 1 y el 28 del mes pasado, [Werner] Heisenberg habló en el coloquio sobre su teoría. Todo el mundo está muy desconcertado, y muy pronto habrá una discusión sobre los trabajos de [Erwin] Schrödinger.

»Einstein parece muy entusiasmado con ello. El otro día, al volver del coloquio en tren, lo encontramos saltando al mismo compartimento en el que estábamos nosotros, y enseguida empezó a hablar con pasión sobre lo que acabábamos de oír.

»Todos guardabamos silencio, mientras él hablaba casi todo el tiempo, sin advertir el interés y la fascinación que despertaba en los demás pasajeros»
.

De vuelta en casa


Foto con 3 hombres y una mujer

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Cuentan que Niels Bohr (izq.) dictó una "iluminadora" conferencia en Calcuta, se atascó en un problema y le pidió ayuda a Bose (2do. der.), quien lo resolvió en cuestión de un minuto.

Cualquier físico que visitara Berlín en los años 20 debió sentirse un poco como un músico que visitaba Liverpool en los años 60, comentó la física y escritora de ciencia Sharon Ann Holgate en el retrato radial de Bose de la BBC The Indian Particle Man.

Algunas de las mentes más brillantes de principios del siglo XX estaban ahí discutiendo sobre los entresijos de la extraña nueva teoría cuántica que parecía casi demasiado extraña para comprender.

"Nunca en tu vida tendrás la oportunidad de conocer a hombres tan grandes de la ciencia", señaló Bose.

Pero India y su familia lo esperaban.

A su regreso, Bose se consolidó como una figura central de la física del país, combinando docencia, investigación y liderazgo institucional, e influyendo en generaciones de científicos.

Algo que defendió con firmeza fue la importancia de la enseñanza de la ciencia en las lenguas nativas de India, en lugar del inglés.

Según contó a la BBC su nieto, Falguni Sarkar, Bose admiraba a países como Israel y Japón por haber logrado crear una cultura científica sólida y contribuciones de primer nivel basadas en el uso de los idiomas propios.

La idea, sin embargo, encontró mucha resistencia. El físico indio Partha Ghose, discípulo de Bose, recordó que un día le preguntó por qué insistía tanto en esa cuestión, y que recibió una respuesta "muy convincente".

"No pienso en personas como tú, que se dedican a la ciencia -le dijo Bose-. Pienso en el indio medio: ¿por qué tendría que aprender un idioma extranjero para poder comprender las cosas básicas que ocurren en la ciencia?".

Bose tocando el esraj ante un público de varios hombres

Bose tocando el esraj ante un público de varios hombres

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose era conocido por su afinidad por la música y las artes, y sabía tocar el esraj con gran habilidad, además de interesarse profundamente por la literatura y otras expresiones culturales.

Su actividad no se limitó a la ciencia: fue también un intelectual humanista, profundamente interesado por la música -en particular la música clásica india-, la literatura y el arte, y participó activamente en los círculos culturales de su tiempo, convencido de que la creatividad científica formaba parte de un impulso creativo más amplio.

Pero volvamos a la creatividad científica de Bose y Einstein, y a ese artículo.

La brillantez de Bose

A finales del siglo XIX, los físicos se enfrentaban a un problema aparentemente sencillo: cómo emite luz un objeto caliente. Más exactamente, cuánta luz emite en cada color según su temperatura. Si se calienta un metal, ¿cuánta luz roja produce?, ¿cuánta azul?, ¿cómo cambia ese reparto al aumentar la temperatura?

La física clásica intentó responder usando las leyes conocidas del electromagnetismo y la termodinámica… y fracasó estrepitosamente.

Sus ecuaciones predecían que un cuerpo debería emitir una cantidad infinita de radiación ultravioleta, algo que claramente no ocurría. A ese absurdo teórico se lo bautizó, con cierta ironía, como la catástrofe ultravioleta.

El problema era profundo: no se trataba de un error experimental, sino de una contradicción interna de la teoría. Las mismas leyes que describían con éxito el mundo cotidiano conducían aquí a un sinsentido matemático.

Entender cómo emite luz un cuerpo caliente no era un detalle técnico menor, sino una señal de que algo fundamental fallaba en la forma misma de concebir la energía y la radiación.

Resolverlo exigía cambiar las reglas del juego.

Cartas escritas por Satyendra Nath Bose (izquierda) y Albert Einstein (derecha) sobre las estadísticas de Bose.

Cartas escritas por Satyendra Nath Bose (izquierda) y Albert Einstein (derecha) sobre las estadísticas de Bose.

Fuente de la imagen,S. N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Esa carta que le escribió Bose (izquierda, en inglés) a Einstein, y la respuesta que este mandó (derecha, en alemán).

En 1900, el físico alemán Max Planck resolvió el enigma proponiendo algo radical para la época: la energía no se intercambiaba de manera continua, sino en pequeños "paquetes" o cuantos, cuyo tamaño dependía de la frecuencia de la radiación.

Su fórmula describía con precisión cómo emiten luz los objetos según su temperatura.

Lo verdaderamente profundo no fue solo que funcionara, sino lo que implicaba: la energía estaba cuantizada. Esa ruptura con la física clásica abrió la puerta justamente a la física cuántica.

Unos años más tarde, Einstein llevó la idea un paso más allá y la aplicó directamente a la luz, proponiendo que la propia radiación viajaba en cuantos -los fotones- para explicar fenómenos que la teoría clásica no podía.

Aun así, la nueva física avanzaba sobre cimientos conceptuales todavía inestables. La ley de Planck funcionaba a la perfección, pero su justificación teórica seguía siendo insatisfactoria, apoyada en supuestos heredados de la física clásica que resultaban cada vez más frágiles.

Fue ahí donde Bose cambió radicalmente el enfoque.
 
Trató la luz no como una onda continua, sino como un conjunto de cuantos indistinguibles, y contó sus posibles distribuciones sin recurrir a los artificios conceptuales de la física clásica.

El resultado fue tan simple como contundente: la ley de Planck emergía de manera natural, sin parches ni contradicciones.

Con ello, Bose no solo aclaró el fundamento de una de las fórmulas más importantes de la física moderna, sino que mostró que la hipótesis de los cuantos de luz no era un recurso provisional, sino una pieza central de una nueva forma de entender la naturaleza.

La genialidad de Einstein

Una red coloreada de vórtices similares a tornados dentro de un condensado de Bose-Einstein giratorio de átomos de rubidio.

Una red coloreada de vórtices similares a tornados dentro de un condensado de Bose-Einstein giratorio de átomos de rubidio.

Fuente de la imagen,NIST


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Condensados de Bose-Einstein como el de la imagen, se forman en ultraalto vacío a temperaturas de tan solo unas pocas centésimas de milmillonésima de grado sobre el cero absoluto.

Einstein lo comprendió de inmediato.
Vio que Bose no había hecho un truco matemático, sino que había descubierto una nueva manera de contar, una forma inédita de describir sistemas formados por partículas indistinguibles.

Y aquí vino el giro sorprendente.
Einstein se preguntó: si esta forma de contar funciona para la luz, ¿qué ocurre si se aplica a la materia?

Al hacerlo, predijo algo completamente inesperado: que a temperaturas extremadamente bajas una gran cantidad de partículas podía colapsar en un mismo estado cuántico, comportándose como un único objeto macroscópico.

Así nació, al menos sobre el papel, el condensado de Bose-Einstein, conocido popularmente como el quinto estado de la materia.

Pasaron casi siete décadas antes de que los científicos confirmaran experimentalmente la predicción de Einstein.

Hoy, las ideas de Bose y Einstein sustentan tecnologías de vanguardia: desde computadoras cuánticas hasta imanes superconductores utilizados en resonancias magnéticas y los grandes aceleradores de partículas del CERN.

Incluso las matemáticas de la superconductividad inspiraron las ideas que llevaron a descubrir la partícula de Higgs y su papel en la estructura del universo.

Aunque muchos de los descubrimientos inspirados en este marco teórico obtuvieron Premios Nobel, el propio Bose no recibió tal galardón. Su legado, sin embargo, permanece inmortal en la física.

Su apellido dio origen al nombre de los bosones, una de las dos grandes familias de partículas fundamentales, formado a partir de "Bose" y el sufijo griego "-on", habitual en la nomenclatura subatómica.

En palabras del eminente físico y biógrafo de Einstein, Abraham Pais (1982): "El artículo de Bose es el cuarto y último de los artículos revolucionarios de la antigua teoría cuántica; los otros tres son de Planck, Einstein y Bohr".

¡Nada menos que la crema y nata de la física que transformó nuestro mundo! 

Cómo tomar un jugo de naranja al día puede ayudar al corazón

Mujer de perfil bebiendo un jugo de naranja

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Muchas personas suelen beberlo como parte del desayuno

Aunque llevamos ya algunos años escuchando que es preferible desayunar fruta que jugo de naranja, porque esta bebida solo aporta azúcares libres que aumentan el riesgo de obesidad, no faltan estudios que le encuentran virtudes interesantes.

En concreto, una investigación reciente ha demostrado que el consumo regular de jugo de naranja puede influir en la actividad de miles de genes dentro de nuestras células inmunitarias.

Muchos de estos genes ayudan a controlar la presión arterial, calmar la inflamación y regular la forma en que el cuerpo procesa el azúcar, lo que contribuye a mejorar la salud cardíaca a largo plazo.

Los investigadores realizaron un seguimiento a adultos que bebieron 500 ml de jugo de naranja pasteurizado puro cada día durante dos meses. Después de 60 días, muchos genes asociados con la inflamación y la hipertensión arterial se habían vuelto menos activos.

Entre ellos, NAMPT, IL6, IL1B y NLRP3, que suelen ponerse en marcha cuando el cuerpo está sometido a estrés.

Otro gen conocido como SGK1, que afecta a la capacidad de los riñones para retener sodio (sal), también redujo su actividad.

Estos cambios coinciden con hallazgos previos que indican que beber jugo de naranja a diario puede reducir la presión arterial en adultos jóvenes.

El jugo reduce la inflamación y relaja los vasos sanguíneos

El hallazgo ofrece una posible explicación a por qué el jugo de naranja se ha relacionado con una mejor salud cardíaca en varios ensayos.

El nuevo trabajo muestra que, a la vez que eleva el azúcar en sangre, esta bebida cítrica desencadena pequeños cambios en los sistemas reguladores del cuerpo que reducen la inflamación y ayudan a relajar los vasos sanguíneos.

Tiene sentido si pensamos que los compuestos naturales de las naranjas, en particular la hesperidina, un flavonoide cítrico conocido por sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios, pueden influir en los procesos relacionados con la hipertensión arterial, el equilibrio del colesterol y la forma en que el cuerpo procesa el azúcar.

La respuesta varió en función del tamaño corporal: las personas con más peso tendían a mostrar mayores cambios en los genes implicados en el metabolismo de las grasas, mientras que los voluntarios más delgados mostraban efectos más fuertes sobre la inflamación.

Una revisión sistemática de ensayos controlados en la que participaron 639 personas de 15 estudios descubrió que el consumo regular de jugo de naranja reducía la resistencia a la insulina y los niveles de colesterol en sangre. La resistencia a la insulina es una característica clave de la prediabetes, y el colesterol alto es un factor de riesgo establecido para las enfermedades cardíacas.

Otro análisis centrado en adultos con sobrepeso y obesidad encontró pequeñas reducciones en la presión arterial sistólica y aumentos en las lipoproteínas de alta densidad (HDL), a menudo denominadas colesterol bueno, tras varias semanas de consumo diario de jugo de naranja.

Persona preparando un jugo de naranja.

Persona preparando un jugo de naranja.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,<
Prepararlo es muy sencillo.
Aunque estos cambios son modestos, incluso las mejoras leves en la presión arterial y el colesterol pueden marcar una diferencia significativa si se mantienen durante años.

A esto se le suma que, según una revisión reciente, el jugo de naranja influye en las vías relacionadas con el uso de energía, la comunicación entre las células y la inflamación. También puede afectar a la microbiota intestinal, que cada vez se considera más importante para la salud cardíaca.

Si nos decantamos por jugo de naranja sanguina, basta consumirlo durante un mes para que aumente el número de bacterias intestinales que producen ácidos grasos de cadena corta. Estos compuestos ayudan a mantener una presión arterial saludable y a reducir la inflamación.

Las personas con síndrome metabólico son las que más pueden salir ganando. Una investigacion con 68 participantes obesos demostró que el consumo diario de jugo de naranja mejoraba el funcionamiento del revestimiento de los vasos sanguíneos (función endotelial), esto es, la capacidad de los vasos sanguíneos para relajarse y dilatarse.

Y eso se asocia directamente con un menor riesgo de ataques cardíacos.

Algunos estudios contradictorios

Otro estudio, realizado con 129 trabajadores de una fábrica de jugo de naranja en Brasil, reveló concentraciones sanguíneas más bajas de apolipoproteína B, o apo-B, un marcador que refleja el número de partículas portadoras de colesterol relacionadas con el riesgo de sufrir un infarto.

Mujer leyendo la etiqueta de un jugo de naranja en un supermercado. Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,Si no quieres prepararlo, puedes comprarlo envasado. Sin embargo, un análisis más amplio de las concentraciones de grasas en sangre reveló que, aunque los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL) –colesterol malo– suelen descender, otras mediciones lipídicas, como los triglicéridos y el HDL, no varían significativamente.

En cualquier caso, parece que beber jugo de naranja no solo aporta azúcar: aunque la fruta entera sigue siendo la mejor opción debido a su fibra, un vaso diario de jugo de naranja puro podría tener efectos beneficiosos para la salud que se acumulan con el tiempo.

Estos incluyen aliviar la inflamación, favorecer un flujo sanguíneo más saludable y mejorar varios marcadores sanguíneos relacionados con la salud cardíaca a largo plazo.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original.

*David C. Gaze es profesor de Patología Química de la Universidad de Westminster, en Reino Unido.


martes, 24 de febrero de 2026

Agatha Christie y el miedo al comunismo



«La novela policíaca», afirmaba Bertolt Brecht, «al igual que el mundo mismo, la gobiernan los ingleses». 

Bueno, tenía razón en lo primero, pero los novelistas policíacos británicos de los años 20 y 30 —el periodo bautizado como Edad de Oro de la novela policíaca por John Strachey, compañero comunista de Brecht— podrían haber discrepado sobre quién gobernaba realmente el mundo. Sospechaban que había otro orden del día completamente distinto. «El oro bolchevique está entrando en este país con el propósito específico de provocar una revolución», afirma el señor Carter, un alto cargo de los servicios de seguridad en The Secret Adversary [El adversario secreto, también traducido como El misterioso señor Brown] (1922), de Agatha Christie.

Christie, fallecida hace cincuenta este mes, es reconocida internacionalmente como la Reina del Crimen. De hecho, está reconocida legalmente como tal: la frase ha sido registrada como marca comercial por sus herederos, y cualquiera que se anuncie con ese título probablemente reciba una carta de cese y desistimiento («sorprendentemente lamentable», dijo Val McDermid, cuando recibió la advertencia en 2022). Es la escritora de ficción más vendida del mundo (se estima que ha vendido entre dos mil y cuatro mil millones de libros) y una de las más adaptadas: prácticamente todas sus 66 novelas policíacas han llegado a la pantalla, al teatro o a la radio. La adaptación de Netflix de The Seven Dials Mystery [El misterio de las siete esferas] es sólo la última. Tradicionalmente, estas adaptaciones eran asuntos cordiales. Más recientemente, han intentado ser atrevidas, pero pocas han aprovechado el contenido político de los libros originales, en particular los de su juventud. Lo cual es una lástima, aunque solo sea porque, en una época en la que las teorías conspirativas vuelven a ser tristemente comunes, sería bueno recordar lo frecuentes —y lo erróneas— que eran hace un siglo.

En The Secret Adversary (1922), su segunda novela, una encantadora pareja de aficionados, Tommy y Tuppence, frustra una conspiración internacional para acabar con la civilización occidental. La novela se escribió en una época de agitación económica. En 1921 se produjo una grave recesión —«uno de los peores años de depresión desde la Revolución Industrial», según escribió The Economist— acompañada de una ola de huelgas: se perdió más del doble de días laborables por acciones sindicales que en cualquier año anterior. Más alarmante aún era el temor a que los exmilitares desempleados se inspirasen en las revoluciones de Rusia e Irlanda. Mientras tanto, los liberales se estaban viendo suplantados por el ascenso aparentemente inexorable del Partido Laborista.

En la historia de Christie, el Sr. Carter explica que, por desastroso que pudiera ser un gobierno laborista, ellos no eran el verdadero problema. Ni siquiera los comunistas. Hay alguien más atrás, en las sombras. «Los bolcheviques están detrás de los disturbios laboristas, pero este hombre está detrás de los bolcheviques». Nadie conoce su identidad. «Pero una cosa es segura: es el maestro criminal de esta época».

De manera similar, en The Big Four [Los cuatro grandes] (1927), Hércules Poirot lucha contra la conspiración que se esconde detrás de «los disturbios mundiales, los problemas laborales que acosan a todas las naciones y las revoluciones que estallan en algunas». Su alcance es global. «En Rusia, como sabes, había muchos indicios de que Lenin y Trotsky no eran más que marionetas cuyas acciones dictaba otra mente». Tal como dice Poirot: «Su objetivo es dominar el mundo».

Esto era algo característico de la ficción popular de la época. El héroe de suspense más importante de los años veinte era Bulldog Drummond, que luchaba contra su supervillano enemigo en una serie de novelas, obras de teatro y películas de Sapper (seudónimo de H. C. McNeile). Una vez más, hay una organización internacional que controla la política de izquierdas en Gran Bretaña. «Desde la guerra, vosotros, reptiles venenosos, habéis estado trabajando para provocar disturbios internos en este país», le dice Drummond a un diputado laborista en The Black Gang [La banda negra] (1922). «Ni uno de cada diez de entre vosotros cree en lo que predica: vuestra fuerza motriz es el dinero y vuestro propio progreso».

La idea de que el Partido Laborista era un compañero de viaje era algo común. Dorothy L. Sayers, otra escritora considerada reina del crimen, presentó en Clouds of Witness [Nube de testigos] (1926) el Club Soviético de Londres, donde hay mucho entusiasmo por la presencia del líder laborista, que «va a pronunciar un discurso sobre la conversión del Ejército y la Marina al comunismo».

Quizás este tema recurrente pueda verse como un intento de comprender la escala y el horror, por lo demás incomprensibles, de la Primera Guerra Mundial y su impacto social. Cuando las cosas habían ido tan mal, era necesario creer que podía haber una causa subyacente al descontento. «Detrás de todas las creencias del mundo, el cristianismo, el budismo, el Islam y el resto, se esconde una antigua adoración al diablo», argumenta el carismático villano de The Three Hostages [Tres rehenes] (1924), de John Buchan. Ahora que «la guerra había resquebrajado la fachada en todas partes, lo auténtico estaba saliendo a la luz», sobre todo en el auge del comunismo. Su intención es explotar el desorden moral para hacerse con el poder.

Fantasioso, por supuesto, incluso risible. Pero la idea de una mano oculta que manipula la política tuvo su impacto, preparando el terreno a los sucesos de la vida real. La caída del primer gobierno laborista en 1924 se desencadenó por las acusaciones sobre la influencia ejercida por el Partido Comunista de Gran Bretaña. En la campaña electoral posterior, el Daily Mail presentó las pruebas: una carta supuestamente enviada por Grigori Zinóviev, jefe ruso de la Internacional Comunista, en la que ordenaba al PCGB «agitar a las masas del proletariado británico». Se alegó que existía una clara cadena de mando. «Moscú da órdenes a los comunistas británicos», escribía el Mail, «y los comunistas británicos, a su vez, dan órdenes al gobierno socialista, que las obedece dócil y humildemente».

Era algo totalmente falso —y la carta misma de Zinóviev era una falsificación—, pero la sospecha de que existía algún tipo de influencia bolchevique ya estaba bien arraigada. La acusación de lealtad a una potencia extranjera era precisamente algo sobre lo que habían advertido las novelas de suspense de Agatha Christie y Sapper, y sus numerosos lectores reconocieron el peligro. El resultado fue que los votantes liberales desertaron en masa hacia los conservadores, decididos a mantener fuera a los socialistas, de modo que, aunque el Partido Laborista aumentó su porcentaje de votos, su número de diputados disminuyó. Se aprendió la lección y, cuando se produjo la huelga general de 1926, el Congreso de Sindicatos (TUC) se apresuró a negar cualquier influencia externa, comunicando a la prensa que un cheque enviado desde Moscú, «por varios miles de libras», se había devuelto sin cobrar.

A partir de entonces, la atención prestada a la subversión comunista se desvaneció un poco, fusionándose con una sospecha mucho más antigua en torno a Rusia. La novela A Man Lay Dead [Un hombre muerto] (1934), de Ngaio Marsh, presentaba una hermandad secreta rusa «de asombrosa antigüedad» que, en la época de Pedro el Grande, «practicaba diversos ritos indecentes y horribles, basados en una especie de monacato invertido». Más recientemente, se había convertido en una organización política prosoviética, aunque conservaba su afición por «las representaciones eróticas y las mutilaciones».

En The Devil Rides Out [La novia del diablo] (1934), Dennis Wheatley fue más allá e identificó al verdadero cerebro que había provocado la guerra. «El monje Rasputín era el genio malvado detrás de todo», explica nuestro héroe. «Era el mayor mago negro que el mundo había conocido a lo largo de los siglos. Fue él quien encontró una de las puertas por las que dejar salir a los cuatro jinetes para que se deleitaran en la sangre y la destrucción».

Sin embargo, en términos más generales, los detectives y los héroes de las novelas de suspense centraron su atención en otros temas. Tras el crac de Wall Street en 1929 y la consiguiente Depresión, se puso de moda en la novela negra la figura del financiero indiferente y el empresario rapaz. Estos parecían amenazas más acuciantes para el bienestar de la nación. La literatura popular era popular precisamente porque reflejaba los miedos y las preocupaciones de sus lectores.

En The Smart Detective [“Un detective listo”] (1933), de Leslie Charteris, Simon Templar (alias el Santo) recibe la visita de una mujer que trabaja para «Oppenheim, el dueño de los talleres clandestinos». Ella describe el sistema: «Trabajo con otras cincuenta chicas en un ático del East End. Trabajamos diez horas al día, seis días a la semana, cosiendo. Si eres hábil y rápida, puedes hacer dos piezas al día. Te pagan un chelín por pieza». Oppenheim, por el contrario, acaba de comprar una colección de esmeraldas por un cuarto de millón de libras. «Es una de esas cosas por las que a veces te dan ganas de hacerte comunista». Se pueden encontrar variaciones sobre este tema en obras como Death of a Banker [“Muerte de un banquero”] (1934), de Arthur Wynne; Death of the Board [“La muerte de la Junta”] (1937), de John Rhodes; There’s Trouble Brewing [“Está difícil destilarlo”] (1937), de Nicholas Blake, y Murder Pays No Dividends [“El asesinato no reparte dividendos”] (1938), de Gathorne Cookson.

Y en One, Two, Buckle My Shoe [La muerte visita al dentista] (1940), de Agatha Christie, en la que Alistair Blunt es el director de «la mayor entidad bancaria de Inglaterra». De él depende la estabilidad económica que ha mantenido al país libre en una época de dictadores. Es, según otro personaje, «la respuesta a sus Hitlers, Mussolinis y todos los demás», y Blunt tiende a estar de acuerdo: «He hecho algo por Inglaterra, señor Poirot. La he mantenido firme y solvente. Está libre de dictadores, del fascismo y del comunismo».

Pero esta es la Reina del Crimen en su madurez, y el mensaje es más sutil que en las primeras novelas de suspense conspirativas. Por muy sólida que sea su economía, Blunt es un asesino e intenta convencer a Poirot de que no se le puede hacer responsable. Si le detienen, afirma, «muchos malditos idiotas intentarían muchos experimentos muy costosos. Y eso sería el fin de la estabilidad, del sentido común, de la solvencia. De hecho, de esta Inglaterra nuestra tal y como la conocemos».

El destino del país está en juego, y le corresponde a Poirot reafirmar el principio esencial que sustenta a Christie y a la mayor parte de la Edad de Oro. «No me preocupan las naciones, monsieur», dice con severidad. «Me preocupan las vidas de los individuos particulares que tienen derecho a que no se les quite la vida». En última instancia, por supuesto, es esa humanidad, el valor del individuo, lo que ha garantizado la continua popularidad de Christie.

Alwyn Turner crítico cultural e historiador social británico, es profesor de la Universidad de Chichester. Como divulgador ha escrito sobre cine, moda, novela popular, rock & roll, política o bandas militares. Su libro más reciente es “The Last Post: Music, Remembrance and the Great War

Fuente: Unherd, 29 de enero de 2026 Temática: Cultura Literatura Traducción:Lucas Antón 

"Bebés vikingos": por qué el esperma danés domina el mercado de las donaciones

Un grupo de bebés en pañales gateando de derecha a izquierda, todos mirando algo fuera de cámara a la izquierda.


Hay hombres que están teniendo una gran cantidad de hijos por medio de la donación de esperma.

La BBC informó recientemente de un hombre cuyo esperma contenía una mutación genética que aumenta drásticamente el riesgo de cáncer en algunos de sus hijos.

Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación fue que el esperma del hombre se envió a 14 países y produjo al menos 197 hijos.

Esta revelación representa una visión poco común de la magnitud de la industria de la donación de esperma.

Este procedimiento permite a las mujeres ser madres cuando de otra manera no sería posible: si su pareja es infértil, tienen una relación del mismo sexo o crían solas a sus hijos.

Satisfacer esa necesidad se ha convertido en un gran negocio. Se estima que el mercado en Europa tendrá un valor de más de US$2.700 millones para 2033, siendo Dinamarca un importante exportador de esperma.

Entonces, ¿por qué algunos donantes de esperma engendran tantos hijos? ¿Qué hizo tan popular al esperma danés, o al llamado "esperma vikingo", y es necesario frenar la industria?

La calidad del esperma

Si eres hombre y estás leyendo esto, lamentamos informarte que la calidad de tu esperma probablemente no sea lo suficientemente buena como para ser donante: menos de cinco de cada 100 voluntarios lo consiguen.

Primero, debes producir suficientes espermatozoides en una muestra (es decir, tu recuento espermático). Luego, debes pasar controles sobre su movilidad y su forma o morfología.

También se analiza el esperma para garantizar que sobreviva a la congelación y el almacenamiento en un banco de esperma.

Podrías ser perfectamente fértil, tener seis hijos y aun así no ser apropiado para donar.

Representación gráfica de espermatozoides en rosa brillante sobre un fondo oscuro

Representación gráfica de espermatozoides en rosa brillante sobre un fondo oscuro

Fuente de la imagen,Getty Images


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Menos de cinco de cada 100 voluntarios logran donar esperma debido a que la calidad no es suficientemente buena.

Las normas varían alrededor del mundo, pero en Reino Unido también se requiere ser relativamente joven (entre 18 y 45 años), no padecer infecciones como el VIH ni la gonorrea, ni ser portador de mutaciones que puedan causar enfermedades genéticas como la fibrosis quística, la atrofia muscular espinal y la anemia de células falciformes.

En general, esto significa que el número de personas que finalmente se convierten en donantes de esperma es reducido. En Reino Unido, la mitad del esperma se importa.

Pero la biología implica que un pequeño número de donantes puede generar una gran cantidad de hijos.

Basta con un espermatozoide para fecundar un óvulo, pero hay decenas de millones de espermatozoides en cada eyaculación.

Los hombres acuden a la clínica una o dos veces por semana mientras donan, lo que puede durar meses.

Sarah Norcross, directora de la organización benéfica Progress Educational Trust, dedicada a la fertilidad y la genómica, afirmó que la escasez de esperma donado lo convierte en un bien preciado y que los bancos de esperma y las clínicas de fertilidad están maximizando el uso de los donantes disponibles para satisfacer la demanda.

Algunos espermatozoides son más populares

Profesor Allan Pacey

Profesor Allan Pacey

Fuente de la imagen,Allan Pacey


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Donar esperma es un proceso similar a la cruda realidad de las aplicaciones de citas, dice el profesor Allan Pacey 

De este pequeño grupo de donantes, el esperma de algunos hombres es simplemente más popular que el de otros.

Los donantes no se eligen al azar. Es un proceso similar a la cruda realidad de las apps de citas, donde algunos hombres consiguen muchas más parejas que otros.

Dependiendo del banco de esperma, puedes explorar fotos, escuchar su voz, descubrir a qué se dedican (¿ingeniero o artista?) y consultar su altura, peso y más.

"Si se llaman Sven, son rubios, miden 1,93 m, son atletas, tocan el violín y hablan siete idiomas, sabes que eso es mucho más atractivo que un donante como yo", dice el profesor Allan Pacey, experto en fertilidad masculina quien dirigía un banco de esperma en Sheffield, Inglaterra.

"En última instancia, la gente desliza el dedo a la izquierda y a la derecha cuando se trata de encontrar un donante compatible".

Cómo el esperma vikingo se apoderó del mundo

Dinamarca alberga algunos de los bancos de esperma más grandes del mundo y se ha ganado la reputación de producir "bebés vikingos".

Ole Schou, de 71 años, fundador del banco de esperma Cryos International, donde un solo vial de 0,5 ml de esperma cuesta entre US$117 (100 €) y más de US$1.175 (1000 €), afirma que la cultura en torno a la donación de esperma en Dinamarca es muy diferente a la de otros países.

"La población es como una gran familia", afirma. "Hay menos tabúes sobre estos temas y somos una población altruista; muchos donantes de esperma también donan sangre".

Ole Schou fundador de Cryos International 

Ole Schou fundador de Cryos International

Fuente de la imagen,Cryos International


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Ole Schou fundó Cryos International en 1987

Y eso, según Schou, ha permitido al país convertirse en "uno de los pocos exportadores de esperma".

Pero argumenta que el esperma danés también es popular debido a la genética.

Como le explicó a la BBC los genes daneses de "ojos azules y cabello rubio" son rasgos recesivos, lo que significa que deben provenir de ambos progenitores para aparecer en un hijo.

Como resultado, los rasgos de la madre, como el cabello oscuro, "podrían ser dominantes en el hijo resultante", explica Schou.

Afirma que la demanda de esperma de donantes proviene principalmente de "mujeres solteras, con un alto nivel educativo, de unos 30 años que se han centrado en sus carreras y han dejado la planificación familiar para muy tarde". Actualmente, representan el 60% de las solicitudes.

Esperma que cruza fronteras

Un aspecto de la investigación sobre donantes de esperma publicada a principios de diciembre fue cómo se recolectó el esperma de un hombre en el Banco Europeo de Esperma en Dinamarca y luego se envió a 67 clínicas de fertilidad en 14 países.

Los países tienen sus propias normas sobre cuántas veces se puede utilizar el esperma de un hombre.

A veces se vincula a un número total de hijos, otras se limita a un número determinado de madres (para que cada familia pueda tener tantos hijos emparentados como desee).

El argumento original en torno a estos límites era evitar que medio hermanos que desconocían su parentesco se conocieran, formaran relaciones y tuvieran hijos.

Pero nada impide que se utilice el esperma del mismo donante en Italia y España, y luego en los Países Bajos y Bélgica, siempre que se cumplan las normas de cada país.

Esto crea circunstancias en las que un donante de esperma puede engendrar legalmente un gran número de hijos. Aunque el hombre a menudo desconoce este hecho.

"Muchos receptores, y también donantes, desconocen que el esperma de un solo donante puede utilizarse legalmente en muchos países diferentes; este hecho debería explicarse mejor", afirma Sarah Norcross, quien argumenta que sería "sensato" reducir el número de hijos que un donante puede tener.

Muestras de esperma en un tanque del que sale humo de hielo seco.

Muestras de esperma en un tanque del que sale humo de hielo seco.

Fuente de la imagen,Getty


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El esperma se congela hasta que las familias lo necesiten.

En respuesta a la investigación sobre el donante de esperma que transmitió un gen que provocó cáncer en algunos de los 197 hijos que engendró, las autoridades belgas solicitaron a la Comisión Europea que establezca un registro europeo de donantes de esperma para supervisar el esperma que viaja a través de las fronteras.

El viceprimer ministro Frank Vandenbroucke afirmó que la industria era como el "salvaje oeste" y que "la misión inicial de ofrecer a las personas la posibilidad de formar una familia ha dado paso a un verdadero negocio de la fertilidad".

La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología también propuso un límite de 50 familias por donante en toda la UE.

Este sistema permitiría que el esperma de un donante produjera más de 100 hijos si las familias deseaban dos o más bebés cada una.

Se ha expresado preocupación por el impacto en los niños concebidos mediante donación de esperma.

Algunos estarán contentos, otros pueden sentirse profundamente angustiados por el doble descubrimiento de haber sido creados con esperma de donante y ser uno de cientos de medio hermanos.

Lo mismo ocurre con los donantes, quienes a menudo desconocen la amplia distribución de su esperma.

Estos riesgos se ven amplificados por la fácil disponibilidad de pruebas de ascendencia de ADN y las redes sociales, donde las personas pueden buscar a sus hijos, hermanos o al donante.

En Reino Unido ya no existe el anonimato para los donantes de esperma y hay un proceso oficial mediante el cual los niños conocen la identidad de su padre biológico.

Ole Schou, de Cryos, argumenta que más restricciones a la donación de esperma simplemente llevarían a las familias a recurrir al mercado privado, totalmente desregulado.

El doctor John Appleby, especialista en ética médica de la Universidad de Lancaster, afirmó que las implicaciones de un uso tan amplio del esperma representan un vasto campo minado ético.

Explicó que existen cuestiones relacionadas con la identidad, la privacidad, el consentimiento, la dignidad y más, lo que lo convierte en un "ejercicio de equilibrio" entre necesidades contrapuestas.

El experto afirmó que la industria de la fertilidad tiene la "responsabilidad de controlar el número de veces que se utiliza un donante", pero acordar una normativa global sería sin duda "muy difícil".

Añadió que un registro mundial de donantes de esperma, que se ha sugerido, conlleva sus propios "desafíos éticos y legales".