domingo, 5 de julio de 2026
El hombre de las tres des Lo más llamativo es que no tenga que devolver hasta el último céntimo de lo robado. De ahí la ‘d’ de disfruta. Ahora puede el señor De Aldama disfrutar del dinero público pagándose unas divertidas y lujosas vacaciones
El descrédito de la justicia no procede de sus críticos sino de los motivos que generan las críticas. El pueblo no deja de creer en la justicia por lo que se dice de ella sino por lo que hacen quienes propician esos análisis, muchas veces irrebatibles. Resulta muy poco democrático decir que no se debe criticar a los jueces. ¿Son infalibles? ¿Son por naturaleza honestos? Más bien diría que lo democrático es criticar a los jueces. De manera rigurosa, claro está. ¿No se puede criticar al ejecutivo y al legislativo? ¿No se los critica de manera feroz? Incluidos los jueces que, por ejemplo, se manifestaron contra la ley de amnistía.
Se puede (y se debe) criticar que unos hechos se juzguen y otros de mayor gravedad se queden sin juzgar; se puede (y se debe) criticar el manejo de los tiempos, cuando hay prisa para iniciar el proceso de unos casos mientras otros se eternizan o avanzan al paso de las tortugas; se puede (y se debe) criticar que la instrucción de unos casos sea extremadamente rigurosa y en otros sea una ridícula chapuza; se puede (y se debe) criticar que las medidas cautelares sean duras para unos y blandas para otros; se puede (y se debe) criticar que unas sentencias estén construidas con pruebas fehacientes y rigurosamente redactadas y otras no tengan fundamento alguno; se puede (y se debe) criticar que la pena sea en unos casos máxima y en otros mucho más indulgente.
Y cuando en estas seis dimensiones la actuación de la justicia se produzca de forma casi automática en contra o a favor de los mismos cabe deducir que hay un sesgo inadmisible, una actuación parcial, una actitud deliberada de beneficiar a unos y de perjudicar a otros. Y es lo que está sucediendo con la justicia en nuestro país. Lo sabe muy bien la izquierda.
Víctor de Aldama es el hombre de las tres des. La primera de es la del verbo delinquir. De hecho él fue el número uno de la trama, aunque pretendió endosarle (sin prueba alguna) ese número a quien considera su enemigo número uno. Según sus palabras, Sánchez era el número 1, de él dependían jerárquicamente el 2 y el 3 (Ábalos y Koldo) y él asumía un modesto número 4, la pieza más débil de la trama. Y no era así. Claro que no era así. Él maniobraba a su antojo con la anuencia de Ábalos y Koldo. Y no ha aportado ni una sola prueba que acredite que Sánchez era el número 1. ¿Ha informado con veracidad o ha mentido en su beneficio? El señor Aldama salió de la cárcel para ofrecer pruebas pero, casualmente, de este importante organigrama él no aportó ninguna. Él se embolsó tres millones setecientos mil euros de la venta de las mascarillas, una importante comisión que se fraguó en un momento en el que la población sufría una pandemia devastadora.
No me olvido de los delitos de José Luis Ábalos y de Koldo García. Repruebo sin paliativos el abuso de confianza que supone en una democracia que los políticos elegidos por la ciudadanía para administrar sus bienes acaben dilapidándolos de forma torticera. Y lo que más me duele es que una vez aparecidas pruebas irrefutables no acaben reconociendo su deslealtad y pidiendo perdón.
La segunda ‘d’ del señor De Aldama es la del verbo delatar. Este ya declarado delincuente sale de la cárcel para colaborar con la justicia. Se libra de la cárcel muy indignado contra Pedro Sánchez porque le había llamado lo que realmente era: presunto delincuente. Y amenaza por activa y por pasiva con pruebas contundentes contra él. Pruebas que no han aparecido. Por eso la gran pretensión de Aldama no ha podido hacerse realidad. Pedro Sánchez sigue en la Moncloa, muy a su pesar. Bueno, a su pesar y al de algunos jueces que compartían y comparten su deseo. A.adie se le oculta que Víctor de Aldama ha realizado su tarea de colaborador con una proyección mediática activa y entusiasta. Ha concedido entrevistas, ha acudido a manifestaciones, ha buscado notoriedad y se ha convertido en un paladín de la oposición.
No sé en qué ha sido decisiva la colaboración del empresario con la justicia. Lo digo porque muchas de las pruebas que ha aportado ya estaban en poder de la UCO. Y otras que había anunciado a bombo y platillo no han aparecido y, en algunos casos, ha mentido de forma descarada como acabo de comentar al hablar del organigrama de la trama criminal.
Y voy a la tercera de. Es la inicial del verbo disfrutar. La jugada le ha salido perfecta. Le han condenado a cuatro años y medio de cárcel de los cuales no tendrá que cumplir ni un solo día. Más le vale. Porque dentro de la cárcel a quien fuera se le llama colaborador de la justicia se le califica de chivato desleal.
Dice que le ha encantado la sentencia. Cómo no. Ábalos y Koldo consideran la suya exagerada. No solo ellos, muchos pensamos en la dureza excesiva de esos 24 años de Ábalos y 19 de Koldo, sus compañeros. Por terrorismo de Estado condenaron a Barrionuevo con 10 años de prisión. ¿Qué le ha parecido al señor Aldama la sentencia de sus compañeros y otrora amigos?
Lo más llamativo, a mi juicio, es que no tenga que devolver hasta el último céntimo de lo robado. De ahí la d de disfruta. Ahora puede el señor Aldama disfrutar del dinero público pagándose unas divertidas y lujosas vacaciones.
Le ha parecido tan atractiva la dinámica delatora por la que optó que no se cansa de instar a otros posibles delatores a que sigan su camino. Está llamando a la puerta de Leire Díez y de Julio Martínez para que tiren de la manta. De lo que no me cabe la menor duda es de que no le impulsa al hacerlo el amor a la justicia o el amor al pueblo sino el posible perjuicio que le podrán causar a su enemigo. Si le importase el pueblo no le habría esquilmado y ahora le hubiera devuelto todo lo robado. Allá él con su conciencia. Ser un informante no le quita una letra a su condición de maleante y de delincuente.
La magnitud de la recompensa es un aliciente magnífico para captar delatores. Pensar que Ábalos, Koldo y Aldama eran compañeros de trama y comparar la suerte final que han tenido lleva a sorpresa y asombro. 24 (o 19) años de cárcel frente a plena libertad disfrutando del dinero.
No es fácil discernir qué sentimientos le llevan al delincuente a convertirse en un colaborador/delator. ¿Es la generosidad o es el egoísmo? ¿Es el arrepentimiento o es el interés? Creo que si se hubiera arrepentido el ladrón, devolvería hasta el último céntimo, aunque no se lo exigieran. Pero no lo hará. Solo devolverá lo exigido. Por eso me inclino a pensar que se trata de una reacción al lema de ‘sálvese el que pueda’. Primero traicionó a los ciudadanos y luego traicionó a sus colegas.
Podemos imaginar a este individuo en una playa paradisíaca a gastos pagados con el dinero robado mientras se ríe de sus amigos reclusos que quizás vieron hinchada su sentencia gracias a un regalito informativo de su colega.
No sé hasta qué punto la democracia se enriquece y se fortalece con el comportamiento de estos personajes. Primero delinquen, luego delatan y finalmente disfrutan. Mientras tanto, los compañeros de faena son castigados, encarcelados y maldecidos. Cuesta ver a Aldama empoderado y convertido en el faro moral de la derecha española.
Alguien le ha pretendido comparar con los arrepentidos de la mafia. Pues anda, que no hay diferencia. Muchos han acabado convertidos en cenizas por la reacción de sus exjefes y excompañeros. El señor Aldama presume de que mucha gente le da las gracias y le felicita por lo que ha hecho (por lo que ha hecho delatando, claro). No nos dice que a esos que le felicitan por las delaciones les ha robado parte del dinero para poder vivir en adelante a sus anchas. No tiene el menor embozo en decir que la sentencia le ha parecido estupenda (la suya, por supuesto). No le importa un bledo que sus colegas de trapicheo estén entre rejas durante dos décadas con una sentencia exagerada. Sobre ese tema no opina. Entiende muy bien lo que es la equidad. Los malos a la cárcel y los buenos de vacaciones pagadas. Se siente orgulloso de lo que hace y nada dice de lo que debería avergonzarse.
Al señor Aldama le gustan los micrófonos. Hace unos días concedió una entrevista a Carlos Franganillo y Ángeles Blanco en la que declaró su satisfacción por la sentencia del Tribunal Supremo en lo que a él respecta y en la que animó a José Luis Ábalos a tirar de la manta. Amenaza con presentar pruebas, se hace pasar por un honesto colaborador de la justicia, pero nada dice de su arrepentimiento ni, por supuesto, de la devolución de todo lo robado. El señor Aldama quiere que se haga justicia para todos los demás. Para él quiere indulgencia, benevolencia y perdón. Y, si de paso, consigue que castiguen a algunos inocentes a quienes odia fervientemente, mejor que mejor. Menudo pájaro.
El Adarve, Miguel Ángel Santos Guerra
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