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viernes, 28 de agosto de 2026

Hay que tener morro

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en la calle Larios con el trono de la Paloma

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en la calle Larios con el trono de la Paloma / Eduardo Nieto

La señora Ayuso se pasa el día acusando de corrupción al Gobierno y al entorno del presidente del Gobierno, pero no es capaz de mirarse a sí misma

La señora Ayuso tiene un truco. Un truco que consiste en mostrarse como la mejor o, quizás, como la única a pesar de que las evidencias muestren que sus políticas, actuaciones y manifestaciones sean, frecuentemente, deplorables. Al mismo tiempo, critica y descalifica por todo al presidente y al gobierno de su país. Y ha descubierto que eso le da votos.

Hay que ver cómo se vende, cómo le da la vuelta a la realidad, cómo consigue presentar como blanco aquello que es rabiosamente negro. Y cuando se trata de sus adversarios políticos, por contra, consigue hacer ver como negro lo que en realidad es de color blanco. Ahí están los buenos datos macroeconómicos de España, reconocidos internacionalmente, incluso por el propio Trump. Eso para ella también es negro. Es decir, que ella no hace nada mal y sus adversarios no hacen nada bien. Lo que va mal en Madrid es por culpa del Gobierno central y lo que va bien es fruto de su gestión. Es la que mejor maneja la ley del embudo.

Primer ejemplo. Después de tener a los bomberos sin sus dotaciones, después de pagarles una miseria, después de haberlos sumido en una huelga y después de haber tenido que pedir ayuda al Gobierno central para apagar los incendios de su comunidad, hace unas declaraciones en las que se presenta como la que más sabe (y hace) sobre cómo prevenir los incendios, la que más cerca está de las llamas y la que más siente el dolor y las pérdidas de las víctimas. Hasta vende un ático y otras cuatro propiedades de la comunidad para poder socorrer a las víctimas, a sabiendas de que lo percibido por esas ventas no puede destinarse a esos fines.

Segundo ejemplo. Ayuso acusa al presidente del Gobierno una y otra vez de levantar un muro cuando no hay nadie en el país que más y mejor marque las diferencias con sus adversarios, nadie que utilice eslóganes tramposos que descalifican a ‘los otros’ (Socialismo o libertad), nadie que insulte de manera más persistente y descarada. ¿Un muro? El muro invisible ya estaba levantado desde siempre en su interior. Lo manifiestan sus palabras y sus hechos. Cuando acusa al presidente de dividir a la población no dice que la división la tiene hecha ella desde el principio de los tiempos. La señora presidenta maneja como nadie el ‘nosotros’ o ‘ellos’. Ella vive feliz de una parte del muro. Es más, a ella le viene muy bien alardear de que está en esa otra parte.

Tercer ejemplo. Cuando salta el escándalo del señor González Amador, desde el atril de la presidencia de la Comunidad, la señora Ayuso sale a defender a «ese ciudadano particular» a quien persiguen todas las instituciones del Estado. ¿Por qué lo defiende ella si es un ciudadano particular? Se empecina de forma torticera en que se trata de dos simples multas y añade que es Hacienda quien le debe a él seiscientos mil euros. Otra vez el mismo mecanismo: él es quien defrauda y Ayuso dice que es la pobre víctima en que se ha convertido por ser su pareja.

Cuarto ejemplo. Se considera una patriota pero, si la señora Meloni reacciona de manera insolidaria e injusta con España a raíz de la avalancha de inmigrantes en la frontera con Marruecos en Ceuta, ella se apresura a criticar al presidente del gobierno porque responde con rapidez y eficacia al agravio de la presidenta del gobierno italiano. Y si el señor Trump nos aplica unos aranceles caprichosos o habla mal del presidente del país o de todos los españoles, ella se sitúa del lado del agresor. Cuando hay un litigio del Gobierno con otro país, ella se sitúa siempre contra el Gobierno. Viene el señor Milei a España y horas después de que criticase a Pedro Sánchez, ella le impone la medalla de la Comunidad de Madrid. También tenía pensado imponer esa medalla al señor Trump con ocasión del 250 aniversario de los Estados Unidos. Criticar al gobierno tiene premio.

Quinto ejemplo. La señora Ayuso se pasa el día acusando de corrupción al Gobierno y al entorno del presidente del Gobierno, pero no es capaz de mirarse a sí misma. No mira lo que ha tenido y tiene en su propia familia y en su propia casa. El que la justicia no haya condenado a su señor hermano, a mí no me demuestra nada. Decir que es lógico y bueno que se llevase una comisión de más de trescientos mil euros por la venta de mascarillas a mí no me parece justo. ¿Cuántos años tarda un trabajador en acumular esa cantidad sumando escuálidas mensualidades? El presidente de su partido fue defenestrado solo por preguntar qué es lo que había pasado. ¿Qué pensar de los beneficios que le reporta a su novio la relación con Quirón?

Sexto ejemplo. Cuando la señora Ayuso se ausenta de la conferencia de presidentes celebrada en Barcelona porque el lehendakari habla en euskera, ¿en qué lugar deja a sus compañeros y compañeras que presiden otras comunidades de su partido? ¿Son más torpes que ella?, ¿son más cobardes?, ¿son más estúpidos? Cuando el presidente Sánchez cita en La Moncloa a los presidentes autonómicos y ella, solo ella, no acude a la cita, ¿Qué piensa de sus compañeros y compañeras de partido?, ¿no tienen su clarividencia?. ¿no saben lo que les conviene a sus comunidades?, ¿no saben ejercer la crítica al gobierno de la nación?

Séptimo ejemplo. El caso de las residencias es paradigmático. Uno de sus consejeros, Alberto Reyero Zubiri, escribió un libro incriminatorio que tituló ‘Morirán de forma indigna’. Los llamados protocolos de la vergüenza impidieron que los ancianos sin recursos fuesen derivados a los hospitales como pudieron hacer quienes tenían dinero para pagarlo. La cifra que se ha convertido en un estigma de su gobierno, 7.291, la interpela con dureza. Las víctimas claman cada día por la justicia. ¿Por qué no se investiga lo que pasó? Y ¿Qué dice sobre el caso la señora Ayuso? Pues dice que más bien pronto que tarde esos ancianos tendrían que morir.

Octavo ejemplo. El caso de la compra y de la venta de un ático por más de seis millones de euros en la calle Chamberí es tan rocambolesca que le irrita que le pregunten los periodistas por ellas. Les dice por lo que deben preguntar: por los incendios, por las víctimas de los incendios, por las daños causados por los incendios… ¡Cómo si no preguntasen por ello! Un ático que se compra, según dice, para celebrar reuniones a sabiendas de que las ordenanzas municipales dicen que no se puede utilizar para esos menesteres. Y que se vende con prisa cuando es descubierta en la mentira.

Noveno ejemplo. Ella se monta un viaje a México en plan diva, insulta a la presidenta del país que la acoge diciendo que México es un narco-estado, hace un homenaje en México a Hernán Cortés (persona non grata en México), se alía con los personajes más siniestros de la oposición mexicana y vuelve como una pobre víctima que tiene que interrumpir su programa de trabajo, que se siente en un peligro extremo, acusando al gobierno de su país de no brindarle la protección que merece y necesita. Y luego se esconde quién sabe dónde para hacer no se sabe qué. Quizás para disfrutar de unos días de vacaciones… ¡en un país tan peligroso! Ella, que alardea de transparencia, no ha dicho todavía quién o quiénes pagaron su viaje. Estoy en México. No quiero reproducir lo que muchos piensan de ese viaje.

Décimo ejemplo. El caso más sangrante es la condena del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Resulta que su señor novio, que defraudó más de 120.000 euros a la Hacienda pública, denuncia al fiscal general del Estado porque había filtrado los datos que ya conocía medio mundo. Y consigue tumbar al fiscal general del Estado en una sentencia indecente que le inhabilita porque él o alguien de su entorno había filtrado esos datos. Unos datos que seis periodistas acreditaron en el juicio conocer previamente. Aconsejo a mis lectores que lean el capítulo ‘Objetivo: abatir al fiscal general del Estado’ del libro que acaba de publicar Baltasar Garzón (Editorial Planeta, 2026) con el inquietante título de ‘La democracia amenazada’.

Hay un denominador común en estos ejemplos. Ella dice, siempre sin presentar datos, que Madrid está de moda, que el mundo mira a Madrid, que no hay un lugar con más libertad en el mundo desde que ella gobierna la comunidad. La realidad es otra: la sanidad y la educación pública ceden terreno a la privada, los ricos se hacen más ricos porque a ella no le gustan los impuestos, y ella se siente perseguida por el presidente del Gobierno, por todos los ministros y por todas las instituciones del Estado cuando la realidad es que ella fustiga, critica a insulta impunemente a quien se le antoja. Hay que tener morro.

Y ahora llega el colofón. Sus votantes, que serán como ella, analizarán todas estas actuaciones y muchas otras y, al considerarla, como ella dice, una pobre mujer perseguida por la maquinaria del Estado, con el presidente del Gobierno a la cabeza, irán y la votarán. Así nos va y así nos irá, si nadie lo remedia.

El Adarve.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Hay que cazarlos a todos

El diputado de Vox José María Figaredo utiliza términos como 'cazar' y 'pescar' para referirse a los migrantes, lo que genera un discurso de odio xenófobo y violento.

 Acabo de escuchar al diputado de Vox José María Figaredo que hay que cazar (o pescar) a todos los migrantes que han cruzado ilegalmente la frontera de España con Marruecos en Ceuta y devolverlos inmediatamente a su país.

El parlamentario ultraderechista utiliza los verbos cazar y pescar, sabiendo exactamente lo que dice. Cazar significa buscar, perseguir y atrapar animales para capturarlos o matarlos. Pescar es el acto de sacar o capturar del agua peces y otros animales acuáticos. Es decir, acabar con su vida. No solo asusta el mensaje. Hay que escuchar la entonación, la violencia y el desprecio con el que el joven diputado de Vox pronuncia esas palabras. ¿Qué tipo de dios se cree este personaje para decidir sobre la vida y la muerte de sus semejantes?, ¿de quién o de dónde emana su poder para aplicar una sentencia tan injusta y tan cruel sobre otros seres humanos?

Este es el tipo de opiniones que generan odio en el corazón de las personas. Considerar que algunos seres humanos son animales salvajes e invitar a cazarlos como si fueran fieras peligrosas convierte a quien esto dice en ese ser peligroso que tanto odia. Animal peligroso es el que plantea este tipo de ideas. El que envenena la convivencia con estas actitudes despreciables que responden a planteamientos nazis. El que siembra semillas de xenofobia que darán cosechas de discriminación, de persecución y de exclusión.

No hay ni una pizca de empatía en esas palabras. No hay capacidad de meterse dentro de la piel de personas desesperadas que abandonan su tierra, su familia, sus costumbres y se echan a la mar arriesgando la vida. De hecho, ciento cincuenta migrantes la han perdido en el mar.

No defiendo la inmigración ilegal, no comparto la actitud permisiva de Marruecos que conoce la convocatoria y desmantela los controles fronterizos para que ochenta mil personas lleguen a una población haciendo imposible la vida a los ceutíes. Ante esa situación anómala hay formas civilizadas de actuación y otras que son fruto de la irracionalidad y de la crueldad.

Esta es la forma que tiene Vox de afrontar el problema de la migración. Ni una pizca de solidaridad, de compasión, de piedad. Es más, en muchas ocasiones propaga el infundio de que los migrantes son delincuentes. Estos xenófobos parecen disponer de un detector que les permite saber que esos miles de migrantes que cruzan la frontera vienen a España con el claro propósito de delinquir. Es un planteamiento abiertamente nazi.

Esos planteamientos fomentan, de forma inexorable, actitudes xenófobas. Acaba de suceder en Benialí (Alicante). Tres jóvenes españoles de entre 16 y 17 años han agredido a dos chicas menores al grito de Viva Vox y Viva Franco. Las increparon llamándolas bolleras y mariconas. Claro, ellas no tienen derechos, ellas no pueden amar a quien quieran, ellas también pueden (y deben) ser cazadas por quienes tienen el poder de ser autóctonos y franquistas.

Amin Maalouf escribió hace años un libro muy interesante titulado “Identidades asesinas”. Sostiene Maalouf que, de la misma manera que se pedía que hiciéramos análisis de conciencia deberíamos hacer análisis de identidad. Lo dice porque la identidad de cada persona está formada por muchísimos rasgos componentes que denomina “genes del alma”. Esos genes son muchos, diversos, cambiantes. Y nos llevan a ser individuos únicos, irrepetibles, irreemplazables, complejos y dinámicos. El problema surge cuando uno de esos rasgos se convierte en preponderante y excluyente de otra persona que no lo tiene.

Una persona puede ser varón, blanco, europeo, español, andaluz, bético, profesor, agnóstico…Cuando uno de esos rasgos, en determinadas circunstancias, se vive de forma exacerbada, puede dar lugar a comportamientos violentos, sobre todo cuando el grupo de quienes pertenecen a él actúa de forma organizada. No responder a esa exigencia fanática hace que el individuo sea considerado como un traidor o un desnaturalizado.

Pensemos en el principio de “prioridad nazional” (la z no es una errata). El rasgo de identidad “ser español” se convierte en un arma arrojadiza contra los migrantes. Ellos no tienen derechos. Hay un “nosotros” y un “ellos”. Dice Maalouf que “la identidad es un falso amigo. Empieza reflejando una aspiración y de súbito se convierte en un instrumento de guerra”.

Es lo que le ha pasado al señor Figaredo. El rasgo de su personalidad "ser español” le enfrenta al rasgo de “ser migrante”. Ese rasgo de la identidad se convierte en un arma. No le importa que la ley no permita devolver al país de origen a quien no se ha saltado una frontera, como les ha sucedido a quienes llegaron a España nadando. Al señor Figaredo no le importa la ley, le importa su odio, le importa la exaltación de sentirse español de primera clase. Si identidad se ha convertido en asesina.

Señor Figaredo, lo que necesitan estas personas es respeto, es consuelo, es ayuda. Porque muchas han sido engañadas por bulos que les han ofrecido lo que nadie les podía dar. Porque han arriesgado su vida por nada y porque algunos la han perdido. Porque están viviendo en condiciones infrahumanas: pasando sed y hambre, durmiendo en la calle, lavando la ropa en la playa, sin poder ducharse, sin poder hacer sus necesidades, sufriendo agresiones, pasando miedo…

Señor Figaredo, lo que necesitan esas personas es un poco de humanidad. Porque no solo es que no tengan presente (huyen de una situación miserable) sino que todo lo que han sufrido no les garantiza tener un futuro mejor. El fenómeno de la emigración no puede entenderse si no se tiene en cuenta que las personas que emigran no están haciendo un viaje de placer, están huyendo del hambre, de la guerra, de la miseria y de la desesperación. Padres que abandonan a la familia para enviar dinero a la familia, niños, niñas y jóvenes que dejan detrás s la familia y arriesgan la vida para encontrar un futuro. No huyen por capricho ni por diversión.

Lo que usted necesita es un buen baño de humanidad. ¿Se imagina usted en la misma situación por la que están atravesando estas personas? ¿Cómo le gustaría que le tratasen? Cuando los españoles nos hemos visto obligados a emigrar, ¿cómo hemos sido tratados? Le brindo este pensamiento: voy a tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí.

Lo que más me preocupa de sus declaraciones es que muchos niños y jóvenes le van a escuchar a usted y le van a dar la razón. Y van a considerar animales a unos seres humanos que sufren. Les van a considerar, como usted hace, como seres de segunda categoría, que no tienen derechos, que vienen a quitarnos lo que es nuestro.

Mientras escribo estas líneas veo imágenes desoladoras. Han pasado 14 días desde que se produjo la avalancha y resulta terrible ver las condiciones en las que están viviendo los miles de migrantes que todavía siguen en Ceuta. Sin comida, sin higiene, sin seguridad, sin sanidad, sin un techo bajo el que dormir.

Algunas ONGs están brindando ayuda, muchos ciudadanos y ciudadanas de Ceuta, algunos voluntarios están ofreciendo comida y consuelo. No entiendo cómo la Unión Europea, el gobierno de España y el gobierno de Marruecos no se han volcado en garantizar a estas personas unas condiciones de vida mínimamente aceptables mientras se resuelve la crisis. También me duele el miedo y la inseguridad de los ceutíes.

Me preocupa el mundo que le estamos dejando a nuestros descendientes. Me preocupa que los votos mantengan a responsables políticos con las tesis del señor Figaredo. ¿A dónde vamos por este camino?, ¿qué mundo buscamos?

La clave de la convivencia reside en la interculturalidad. Y la escuela tiene que educar siguiendo sus postulados. A saber:

Hay muchas culturas y subculturas en esta sociedad.

Todas las culturas merecen reconocimiento y respeto, aunque no compartamos todas sus concepciones.

Se centra preferentemente en las relaciones igualitarias entre las culturas.

Es un valor el que haya culturas diversas que se relacionan entre sí.

Da respuesta a la diversidad y no permanecer de espaldas a ella.

Pone el énfasis más en las similitudes que en las diferencias.

Facilita y promueve procesos de intercambio, interacción y cooperación entre culturas.

Realiza una aproximación critica analizando y valorando las culturas, incluida la propia.

Contempla el proceso educativo no como elemento segregador sino aglutinador.

Todas personas, independientemente de su raza, género, religión o cultura tienen una dignidad esencial por el simple hecho de ser seres humanos.

Señor Figaredo, la educación y la política han de conducir a una convivencia pacífica, respetuosa y colaborativa en la que todos y todas tengamos cabida como seres humanos depositarios de una dignidad esencial. Sus declaraciones son indecentes, insolidarias y delictivas. El odio no puede cimentar la convivencia democrática.

El Adarve.

domingo, 5 de julio de 2026

El hombre de las tres des. Lo más llamativo es que no tenga que devolver hasta el último céntimo de lo robado. De ahí la ‘d’ de disfruta. Ahora puede el señor De Aldama disfrutar del dinero público pagándose unas divertidas y lujosas vacaciones

El descrédito de la justicia no procede de sus críticos sino de los motivos que generan las críticas. El pueblo no deja de creer en la justicia por lo que se dice de ella sino por lo que hacen quienes propician esos análisis, muchas veces irrebatibles. Resulta muy poco democrático decir que no se debe criticar a los jueces. ¿Son infalibles? ¿Son por naturaleza honestos? Más bien diría que lo democrático es criticar a los jueces. De manera rigurosa, claro está. ¿No se puede criticar al ejecutivo y al legislativo? ¿No se los critica de manera feroz? Incluidos los jueces que, por ejemplo, se manifestaron contra la ley de amnistía.

Se puede (y se debe) criticar que unos hechos se juzguen y otros de mayor gravedad se queden sin juzgar; se puede (y se debe) criticar el manejo de los tiempos, cuando hay prisa para iniciar el proceso de unos casos mientras otros se eternizan o avanzan al paso de las tortugas; se puede (y se debe) criticar que la instrucción de unos casos sea extremadamente rigurosa y en otros sea una ridícula chapuza; se puede (y se debe) criticar que las medidas cautelares sean duras para unos y blandas para otros; se puede (y se debe) criticar que unas sentencias estén construidas con pruebas fehacientes y rigurosamente redactadas y otras no tengan fundamento alguno; se puede (y se debe) criticar que la pena sea en unos casos máxima y en otros mucho más indulgente.

Y cuando en estas seis dimensiones la actuación de la justicia se produzca de forma casi automática en contra o a favor de los mismos cabe deducir que hay un sesgo inadmisible, una actuación parcial, una actitud deliberada de beneficiar a unos y de perjudicar a otros. Y es lo que está sucediendo con la justicia en nuestro país. Lo sabe muy bien la izquierda.

Víctor de Aldama es el hombre de las tres des. La primera de es la del verbo delinquir. De hecho él fue el número uno de la trama, aunque pretendió endosarle (sin prueba alguna) ese número a quien considera su enemigo número uno. Según sus palabras, Sánchez era el número 1, de él dependían jerárquicamente el 2 y el 3 (Ábalos y Koldo) y él asumía un modesto número 4, la pieza más débil de la trama. Y no era así. Claro que no era así. Él maniobraba a su antojo con la anuencia de Ábalos y Koldo. Y no ha aportado ni una sola prueba que acredite que Sánchez era el número 1. ¿Ha informado con veracidad o ha mentido en su beneficio? El señor Aldama salió de la cárcel para ofrecer pruebas pero, casualmente, de este importante organigrama él no aportó ninguna. Él se embolsó tres millones setecientos mil euros de la venta de las mascarillas, una importante comisión que se fraguó en un momento en el que la población sufría una pandemia devastadora.

No me olvido de los delitos de José Luis Ábalos y de Koldo García. Repruebo sin paliativos el abuso de confianza que supone en una democracia que los políticos elegidos por la ciudadanía para administrar sus bienes acaben dilapidándolos de forma torticera. Y lo que más me duele es que una vez aparecidas pruebas irrefutables no acaben reconociendo su deslealtad y pidiendo perdón.

La segunda ‘d’ del señor De Aldama es la del verbo delatar. Este ya declarado delincuente sale de la cárcel para colaborar con la justicia. Se libra de la cárcel muy indignado contra Pedro Sánchez porque le había llamado lo que realmente era: presunto delincuente. Y amenaza por activa y por pasiva con pruebas contundentes contra él. Pruebas que no han aparecido. Por eso la gran pretensión de Aldama no ha podido hacerse realidad. Pedro Sánchez sigue en la Moncloa, muy a su pesar. Bueno, a su pesar y al de algunos jueces que compartían y comparten su deseo. A.adie se le oculta que Víctor de Aldama ha realizado su tarea de colaborador con una proyección mediática activa y entusiasta. Ha concedido entrevistas, ha acudido a manifestaciones, ha buscado notoriedad y se ha convertido en un paladín de la oposición.

No sé en qué ha sido decisiva la colaboración del empresario con la justicia. Lo digo porque muchas de las pruebas que ha aportado ya estaban en poder de la UCO. Y otras que había anunciado a bombo y platillo no han aparecido y, en algunos casos, ha mentido de forma descarada como acabo de comentar al hablar del organigrama de la trama criminal.

Y voy a la tercera de. Es la inicial del verbo disfrutar. La jugada le ha salido perfecta. Le han condenado a cuatro años y medio de cárcel de los cuales no tendrá que cumplir ni un solo día. Más le vale. Porque dentro de la cárcel a quien fuera se le llama colaborador de la justicia se le califica de chivato desleal.

Dice que le ha encantado la sentencia. Cómo no. Ábalos y Koldo consideran la suya exagerada. No solo ellos, muchos pensamos en la dureza excesiva de esos 24 años de Ábalos y 19 de Koldo, sus compañeros. Por terrorismo de Estado condenaron a Barrionuevo con 10 años de prisión. ¿Qué le ha parecido al señor Aldama la sentencia de sus compañeros y otrora amigos?

Lo más llamativo, a mi juicio, es que no tenga que devolver hasta el último céntimo de lo robado. De ahí la d de disfruta. Ahora puede el señor Aldama disfrutar del dinero público pagándose unas divertidas y lujosas vacaciones.

Le ha parecido tan atractiva la dinámica delatora por la que optó que no se cansa de instar a otros posibles delatores a que sigan su camino. Está llamando a la puerta de Leire Díez y de Julio Martínez para que tiren de la manta. De lo que no me cabe la menor duda es de que no le impulsa al hacerlo el amor a la justicia o el amor al pueblo sino el posible perjuicio que le podrán causar a su enemigo. Si le importase el pueblo no le habría esquilmado y ahora le hubiera devuelto todo lo robado. Allá él con su conciencia. Ser un informante no le quita una letra a su condición de maleante y de delincuente.

La magnitud de la recompensa es un aliciente magnífico para captar delatores. Pensar que Ábalos, Koldo y Aldama eran compañeros de trama y comparar la suerte final que han tenido lleva a sorpresa y asombro. 24 (o 19) años de cárcel frente a plena libertad disfrutando del dinero.

No es fácil discernir qué sentimientos le llevan al delincuente a convertirse en un colaborador/delator. ¿Es la generosidad o es el egoísmo? ¿Es el arrepentimiento o es el interés? Creo que si se hubiera arrepentido el ladrón, devolvería hasta el último céntimo, aunque no se lo exigieran. Pero no lo hará. Solo devolverá lo exigido. Por eso me inclino a pensar que se trata de una reacción al lema de ‘sálvese el que pueda’. Primero traicionó a los ciudadanos y luego traicionó a sus colegas.

Podemos imaginar a este individuo en una playa paradisíaca a gastos pagados con el dinero robado mientras se ríe de sus amigos reclusos que quizás vieron hinchada su sentencia gracias a un regalito informativo de su colega.

No sé hasta qué punto la democracia se enriquece y se fortalece con el comportamiento de estos personajes. Primero delinquen, luego delatan y finalmente disfrutan. Mientras tanto, los compañeros de faena son castigados, encarcelados y maldecidos. Cuesta ver a Aldama empoderado y convertido en el faro moral de la derecha española.

Alguien le ha pretendido comparar con los arrepentidos de la mafia. Pues anda, que no hay diferencia. Muchos han acabado convertidos en cenizas por la reacción de sus exjefes y excompañeros. El señor Aldama presume de que mucha gente le da las gracias y le felicita por lo que ha hecho (por lo que ha hecho delatando, claro). No nos dice que a esos que le felicitan por las delaciones les ha robado parte del dinero para poder vivir en adelante a sus anchas. No tiene el menor embozo en decir que la sentencia le ha parecido estupenda (la suya, por supuesto). No le importa un bledo que sus colegas de trapicheo estén entre rejas durante dos décadas con una sentencia exagerada. Sobre ese tema no opina. Entiende muy bien lo que es la equidad. Los malos a la cárcel y los buenos de vacaciones pagadas. Se siente orgulloso de lo que hace y nada dice de lo que debería avergonzarse.

Al señor Aldama le gustan los micrófonos. Hace unos días concedió una entrevista a Carlos Franganillo y Ángeles Blanco en la que declaró su satisfacción por la sentencia del Tribunal Supremo en lo que a él respecta y en la que animó a José Luis Ábalos a tirar de la manta. Amenaza con presentar pruebas, se hace pasar por un honesto colaborador de la justicia, pero nada dice de su arrepentimiento ni, por supuesto, de la devolución de todo lo robado. El señor Aldama quiere que se haga justicia para todos los demás. Para él quiere indulgencia, benevolencia y perdón. Y, si de paso, consigue que castiguen a algunos inocentes a quienes odia fervientemente, mejor que mejor. Menudo pájaro.

El Adarve, Miguel Ángel Santos Guerra

lunes, 14 de febrero de 2022

_- No dejéis que los niños vayan a él

_- Alejandro Palomas es un escritor catalán, licenciado en filosofía inglesa por la Universidad de Barcelona, master en Poesía por el New College de San Francisco y traductor en varias editoriales. Ha escrito numerosos libros: “Un país con tu nombre”, “El tiempo que nos une”, “El alma del mundo”… y así hasta 71.También es autor de la trilogía “Una madre”, “Un perro” y “Un amor”, la última de las cuales le valió el premio Nadal en 2018. Tiene ahora 55 años.

Hace unos días, ha agitado la conciencia de la sociedad al desvelar un secreto que ha estado minando su paz interior desde que tenía 8 años. Cuenta Alejandro que un hermano de La Salle, abusó sexualmente de él de forma reiterada y brutal. He oído declaraciones desgarradoras en las que cuenta, con llamativos detalles, los indecentes comportamientos de su educador. Cuesta llamar educador a una persona que se comporta así. Cuesta llamar profesor a un maltratador, a un abusador.

Cuenta Alejandro cómo un día, cuando debía subir al cuarto del religioso, sintió tal reacción de repulsa que los pies le llevaron a la salida del Colegio y luego, después del viaje de tren, en una carrera desesperada, a su casa. No podía dejar de llorar. La madre, que estaba planchando, al verle llorar sin consuelo, le preguntó por el motivo del llanto. Con tanta insistencia que el niño acabó confesando:

El hermano L. me hace cosas y me hace mucho daño… No tardó la madre en entender cuáles eran las cosas que le hacía el religioso. Los abusos se habían producido en el coche, en cuarto del profesor, en la enfermería del campamento… Una y otra vez.

Acudió el padre de Alejandro (que era miembro del AMPA y amigo del profesor L.) al Colegio y allí le pidieron discreción y le aseguraron que no se volverían a repetir los hechos. Es decir, antepusieron la salvaguarda de la imagen del Colegio a la justicia y a la defensa de la dignidad de la víctima. Y dejaron al religioso seguir instalado en una vergonzosa impunidad y en plena libertad para seguir repitiendo sus actuaciones con otras víctimas. Alejandro cuenta que el religioso comenzó, después de la queja del padre, comenzó a ignorarle, aunque hubo un nuevo intento de agresión sexual en los vestuarios, que resultó frustrado porque llegaron otras personas.

Le han preguntado a Alejandro si tenía conocimiento de otros casos como el suyo en el Colegio. Y, con honestidad que le honra, responde que no tenía noticias sobre ello.

Estremece pensar en el dolor de este niño. Y en la vida que ha tenido después. Durante muchos años, según dice, ha estado en terapia para superar el trauma. “Yo me veo como alguien solo. Soy impar y siempre lo seré. No me fío de nadie, ni de mi mejor amigo. No puedo… Vivo en una campana de cristal. Cuando voy a abrazar a un amigo, toco cristal. Después toco al amigo, pero primero, cristal. No sé explicarlo de otra forma”, concluye.

Los hechos tienen unos agravantes demoledores. El primero es la condición religiosa y educativa de quien le destruye para propiciarse unos placeres fugaces y obscenos. La mano que golpea es la que tenía que proteger. La persona que condena es la que tenia que salvar. Abusa de ese niño quien le echa encima pecados mortales que, supuestamente, le conducirán de cabeza al infierno. Es un educador el que destruye todos los cánones del respeto y la dignidad. La antítesis del proceso educativo.

El segundo agravante es que los hechos tienen lugar en el marco de una institución educativa. A la escuela se va para aprender, para convivir, para ser feliz. Pero Alejandro encuentra en esa institución una trampa mortal. Más le valiera no haber acudido nunca a ella.

El tercer agravante es la reiteración de los hechos, ya que no se trata de un abuso aislado. Se trata de un plan elaborado, de la elección cuidadosa de una víctima. Dice Alejandro, en declaraciones al periódico El País: “Desde febrero de 1975 hasta las Navidades de 1976, sufrí abusos por parte del hermano L., del Colegio de La Salle de Premià de Mar (Barcelona)”. La inicial L. es el apellido del acusado, por el que se le conocía popularmente en el colegio. La institución explica que siguió en ese mismo colegio hasta hace algunos años, aunque no aclara hasta cuándo. Ahora tiene 91 años y está retirado en una residencia para religiosos en Cambrils (Tarragona).

Un cuarto agravante es la edad de la víctima que hace que la vulnerabilidad no pueda ser mayor. A esa edad tan plástica esos abusos dejan una huella que, como se ha visto en el caso de Alejandro, permanecen casi medio siglo después. Y durarán toda la vida. Dice Alejandro: “Soy una persona mermada. A los 8 años me convertí en un superviviente”

“El hermano L., además de estar a cargo de la sección de deportes, era profesor de lengua en el Colegio de La Salle de Premià. Era muy querido y muy popular, el típico al que se acercaban todos los niños”, describe Palomas, que llegó al colegio con seis años, cuando su familia se mudó de Barcelona a Vilassar de Mar, a 25 kilómetros de la capital catalana.

“Yo era un niño, dice Alejandro, que lo somatizaba todo. Cuando estaba angustiado en el colegio, que era casi siempre, se me infectaban las amígdalas y tenía unas fiebres brutales. Llamaban a mi familia y me llevaban a casa en coche. ¿Y quién me llevaba? El hermano L.”, recuerda Palomas, que en aquel entonces cursaba 4º de EGB. Durante aquellos trayectos, asegura que el religioso abusaba de él de forma humillante. Me pregunto cómo entregaba al niño a sus padres después de lo que había pasado.

Hay una cuestión que me ha parecido especialmente cruel. Después de consumar sus abusos, le decía: “¿Te das cuenta de lo que me has obligado a hacer?”. Pienso que esa culpabilización era un retorcimiento moral de extremada crueldad. Dice al respecto Alejandro: ”Yo, que no entendía nada, me preguntaba, primero, qué había hecho él, y segundo, qué estaba haciendo yo”.

Me pregunto cómo puede vivir un religioso con esos comportamientos tan opuestos a sus convicciones. Cómo conciliar el sueño, asistir a misa, confesarse una y otra vez, hablar a otros sobre la castidad y el respeto a la dignidad de la persona.

Ha guardado ese secreto toda la vida. Y ahora lo ha contado con toda la crudeza que los hechos exigen. “Pensé que hacía falta una cara con un nombre conocido y una historia que contar”. Para él, la pregunta que suelen escuchar las víctimas, “¿por qué ahora?”, no está bien planteada. La cuestión, afirma, es: “¿por qué no hasta ahora?”. También ha contribuido a hacer estas declaraciones el hecho de haber fallecido su madre. Y haber conocido que la Institución de La Salle no aceptaba de buen grado la investigación sobre los abusos. Dice que fue decisiva la lectura del informe de El País sobre “los abusos en la congregación religiosa de La Salle”.

¿Qué hacer? En primer lugar, resulta imprescindible que las personas que han vivido este horror levanten su voz y denuncien los hechos. No por venganza. Por justicia. Y porque el silencio tiene como efecto inevitable una invitación a que se repetían los hechos impunemente.

En segundo lugar, la Iglesia y las instituciones educativas que de ella dependen tienen que colaborar con la justicia para esclarecer los hechos y, en caso de que se confirme la culpabilidad de alguno de sus miembros, pedir perdón a las víctimas y compensarlas debidamente.

En tercer lugar, la Iglesia tiene que velar para que los profesionales que se dedican a la educación sean personas equilibradas, psicológicamente sanas y, por supuesto, honestas.

A las demás víctimas de abusos sexuales, Alejandro les diría, después de envolverlas en un largo abrazo: “No eres culpable”. Él sintió culpa durante mucho tiempo.

Me ha parecido bien que el presidente del Gobierno haya querido entrevistarse con Alejandro Palomas. Podemos imaginarnos el dolor de las víctimas pero el contacto directo con ellas nos permite vivirlo en otra dimensión. Por otra parte, la víctima, en este caso, se siente escuchada y apoyada. Y pide que lo que prometa el Presidente se haga realidad sin demora.

Para todos aquellos que, desde el seno de la Iglesia, atacan la ideología de género, pienso en el hecho de que estos abusos solo se conocen en religiosos varones. No he conocido en mi vida el caso de una sola religiosa que haya abusado de niños o niñas a su cargo en instituciones educativas. ¿Podrían explicarme por qué?

https://mas.laopiniondemalaga.es/blog/eladarve/2022/02/05/no-dejeis-que-los-ninos-vayan-a-el/

martes, 11 de enero de 2022

Las vacas no dan leche

Es propio de los niños protestar porque la tarta que se han comido ya no siga allí. Los adolescentes creen que alguien les pondrá la tarta delante sin hacer el menor esfuerzo para conseguirla. No solo esperan que aparezca como por arte de magia, sino que lo exigen con vehemencia, como si fuera un derecho. El adulto sabe que tiene que trabajar por conseguir la tarta y que, si la come, desaparecerá de su mesa.

Me preocupa la actitud de algunos jóvenes que han convertido su vida en una plataforma de exigencia y de demandas apremiantes. Quiero esto y lo quiero ya. La frase se repite con machacona insistentica: tengo derecho, tengo derecho, tengo derecho… Claro que tenemos derechos. Y hay que exigirlos.

Pero hay quien vive como si no hubiera obligaciones, como si no hubiera que hacer esfuerzos para conseguir las cosas, como si por “la cara bonita”, todo lo que se necesita debería entregárselo la vida de forma gratuita y sin demora alguna.

Hace poco he leído, en uno de los whatsapps anónimos que te llegan en aluvión, una sencilla y simpática anécdota que me llamó la atención por el título: Las vacas no dan leche. Esta es la historia.

Un campesino, que tenía una importante vaquería, acostumbraba a decirles a sus hijos cuando eran pequeños:

– Al cumplir los 12 años os contaré el secreto de la vida.

Los niños estaban intrigados. ¿Cuál será ese gran secreto? ¿Por qué no lo podemos conocer ya si es tan importante? ¿Quién más lo conoce? ¿Y qué pasa cuando no se sabe ese secreto?

Cuando el mayor cumplió los 12 años, le preguntó ansiosamente a su padre cuál era el secreto de la vida. El padre le respondió que se lo iba a decir, pero que no debía revelárselo a sus hermanos.

– El secreto de la vida es este: Las vacas no dan leche.

– ¿Qué dices, padre?, preguntó incrédulo el muchacho. ¿Cómo que no dan leche? Pues entonces, ¿Qué dan?

– Tal cual lo escuchas, hijo: Las vacas no dan leche, hay que ordeñarlas. Tienes que levantarte a las 4 de la mañana, ir al campo, caminar por el corral lleno de excrementos, ponerles un brazado de cebada y de millo, coger el sacho y raspar el estiércol hasta dejar limpio el alpende, luego atar la cola y la pata de las vacas, sentarte en el banquito, colocar el balde y hacer los movimientos adecuados para ordeñar al animal hasta sacarle toda la leche, si no, no hay leche. Ese es el secreto de la vida, las vacas no dan leche. O las ordeñas o no tienes leche.

Hay una generación que piensa que las vacas DAN leche a todas horas y que esta cae en el cartón que sale del supermercado. Que las cosas son automáticas y gratis: deseo, pido, y obtengo. O ni siquiera pido. Hay quien piensa que las vacas dan la leche. Que las cosas son automáticas y gratuitas. No, la vida no es cuestión de desear, pedir y obtener. Las cosas que uno recibe son el resultado del esfuerzo que uno hace. La felicidad es el resultado del esfuerzo. La ausencia de esfuerzo genera frustración. Es bueno compartir con los hijos, desde pequeños, este secreto de la vida. Para que no crean que el gobierno, o sus padres, o los dioses, por sus lindas caritas van a darles todo cual vaca lechera. No. Las vacas no dan leche. Hay que trabajar por ella.

Además de lo dicho, es preciso alimentar a las vacas, cuidarlas, protegerlas de las inclemencias del tiempo, curarlas cuando están enfermas, cepillarlas para que estén limpias…

A mediados del siglo XX, el compositor español Fernando García Morcillo compuso una canción que todos conocemos y que se titula “Tengo una vaca lechera”. El estribillo se ha hecho muy popular: “Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera, me da leche merengada, ay que vaca tan salada, tolón, tolón”. Aquí añadimos al regalo gratuito, un complemento singular: no es que la vaca de leche, es que, además, da leche merengada. Nos encontramos con un error un error más grave. Porque para tener leche merengada hay que hervir la leche con azúcar, canela y corteza de limón y, una vez enfriado en el congelador, hay que añadir claras de huevo batidas a punto de nieve. Así que la vaca no da leche y, menos, leche merengada. Hay que currárselo.

La canción “Señora vaca” enuncia más donativos generosos de la vaca, pero silenciando todo lo que tenemos que hacer para disponer de ellos: “Señora vaca, señora vaca/ yo le doy gracias por todo lo que nos da/ nos da la leche, el dulce de leche/ y la manteca que siempre le pongo al pan./ También el queso que es tan sano, y un yogour para mi hermano/ señora vaca, usted sabe trabajar”.

Tenemos que esforzarnos para conseguir lo que queremos. Lo mismo digo de los logros sociales. Los trabajadores estamos forzados a defender nuestros derechos laborales, de lo contrario nos quedaremos sin ellos. Y no basta que uno los pida o los defienda. Es preciso que haya unidad y perseverancia para alcanzar lo que se pretende. Un héroe no consigue o mantiene los derechos de forma aislada, aunque arriesgue la vida. Solo la suma de los esfuerzos de todos es eficaz. Recuerdo la película “La ley del silencio”, de Elia Kazan. En un duro conflicto de los trabajadores del puerto de Nueva York soluciona el problema la actitud heroica de un héroe, que interpreta el actor Marlon Brando. Elia Kazan era un director que denunciaba a sus compañeros en la caza de brujas. No iba a filmar una película rica en contenidos sociales. Hace una película tramposa. Presenta a los trabajadores como personas insolidarias, cobardes, miedosas. Nos ofrece una solución falsa.

Nuestros jóvenes no saben valorar algunas veces el esfuerzo que tienen que realizar sus padres para que ellos puedan vivir mientas estudian e, incluso, después de estudiar, ya que no es fácil encontrar trabajo. El porcentaje de paro juvenil en España, roza el cuarenta por ciento, un porcentaje insoportable y vergonzoso.

Decía Sófocles que el éxito depende del esfuerzo. Y el esfuerzo está en nuestras manos, no en las manos de los demás. “Las personas se hacen más fuertes, dice Sidney J. Phillips, al darse cuenta de que la mano ayudante que necesitan está al final de su propio brazo”.

Se necesita esfuerzo perseverante para tener éxito en el estudio, para encontrar un trabajo, para hacer próspero un negocio, para mantener el cuerpo sano, para cultivar las amistades, para superar un fracaso, para alcanzar las metas. No suele llegar el éxito con solo pedirlo, envuelto en papel de regalo. La naturaleza ofrece comida a los pájaros para que alimenten a sus crías, pero no se la echa en el nido.

No se trata de esforzarse por esforzarse. Se trata, a mi juicio, de que el esfuerzo esté bien orientado hacia fines saludables, hacia la consecución de objetivos posibles y exigentes. Quiero decir que no es igual estar motivado para hacer el esfuerzo que ser obligado de manera violenta e irracional a realizarlo. En el interesante libro de Daniel Kahneman “Pensar rápido, pensar despacio acabo de leer: “El placer que encontrábamos en trabajar juntos nos hizo excepcionalmente pacientes; es mucho más fácil esforzarse por encontrar la perfección cuando nunca se está aburrido”.

El presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt pronunció esta frase lapidaria: “¡Suda y te salvarás!”. Te salvarás de la molicie, de la pereza, del aburrimiento, de la inacción, de la abulia, de la irresponsabilidad y del fracaso. Porque, como decía Gandhi: “Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado; un esfuerzo total es una victoria completa”.