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lunes, 9 de febrero de 2026

_- GUERRA CIVIL. La fundación de Aznar ataca a la izquierda tras la suspensión del foro sobre la Guerra Civil: “Nada más nocivo que el intento de volver a 1936″


_- El expresidente José María Anzar en un acto el pasado octubre. Mateo Lanzuela/Europa Press via Getty Images.

FAES rechaza que la presencia del expresidente fuera una “justificación del boicot” a las jornadas organizadas por Pérez Reverte en Sevilla.

FAES, la fundación del expresidente José María Aznar, ha difundido este martes un editorial en el que acusa a la izquierda de intentar “volver a 1936″ tras la suspensión del foro sobre la Guerra Civil que debía celebrarse esta semana en la Fundación Cajasol de Sevilla (Andalucía), y que finalmente se realizarán del 5 al 9 de octubre. FAES afea que se usara la presencia de Aznar como una “justificación del boicot” a las jornadas. El texto, titulado No a la guerra, sostiene que no hay “nada más nocivo para la concordia que el intento de volver a 1936 para rescatar con fines partidistas” el “último naufragio colectivo, como si durante noventa años el frente se hubiese congelado y hoy pudiera presentarse a competidores democráticos como herederos directos de los bandos en guerra”.

El editorial se publica un día después de que el escritor Arturo Pérez-Reverte responsabilizara a la “extrema izquierda” de la suspensión de las jornadas 1936: La guerra que todos perdimos. “Hubo una amenaza expresa en redes sociales de gente de extrema izquierda y de Podemos”, manifestó, señalando en concreto a Pablo Iglesias, a quien invitará al ciclo para que “en lugar de enviar bots y oleadas de escracheadores" se presente a “debatir y a discutir de una manera civilizada”.

Los organizadores también recordaron la polémica que generó que el escritor David Uclés (Úbeda, 36 años) —autor del superventas La península de las casas vacías (Siruela), novela basada en la Guerra Civil, y flamante premio Nadal con La ciudad de las luces muertas— anunciara su renuncia a asistir a las jornadas, entre otras razones, porque no quería compartir cartel con Aznar y con el ex secretario general de Vox Iván Espinosa de los Monteros.

Desde FAES, rechazan que la presencia de Aznar fuera una “justificación del boicot por aquellos que entienden el intercambio libre de opiniones como provocación intolerable”. A su juicio, ello evidencia que “en la España de hoy el sectarismo tronado que revienta espacios de diálogo es fruto de una cosecha sembrada a conciencia”.

La fundación insiste en lo que llama “sectarismo”, cuyo origen atribuye a cuando “una izquierda hasta entonces ‘institucional’ decidió impugnar la Transición” y “se puso a dinamitar el principio de que la verdad histórica no se legisla, decretando una Historia Oficial que arrojar al adversario”. “Se quiso sustituir el trabajo de los historiadores confundiendo Parlamento y Comunidad académica, para que la política reescribiese la historia; cuando su verdadero cometido consiste en garantizar que los historiadores debatan con libertad la interpretación y el alcance de los hechos que estudian”, añade.

En la misma línea, FAES critica por, a su juicio, “justificar su política memorial apelando a una necesidad de justicia reparadora”. Insiste en que “mucho antes de 2007 –fecha de la primera ley de memoria histórica– ya se habían reparado muchas cosas", en referencia a “la reconciliación nacional”, a la ley de amnistía de 1977 y a la Constitución “de consenso” de 1978, al tiempo que destaca también la labor de Aznar en sus dos Gobiernos.

Así las cosas, la fundación sostiene que “la guerra no se olvidó” y manifiesta que “lo que desde la Transición se quiso ‘echar al olvido’ –en expresión de Santos Juliá– fueron los motivos de agravio que pudieran servir para ‘actualizar’ odios y rencores entre españoles". “Nadie opuso impedimento alguno –no cabe– para que los descendientes y familiares de los asesinados en los dos bandos durante la guerra y en los primeros años de la dictadura recuperasen los restos de sus familiares. Ni para que, en esa tarea, pudieran contar con el apoyo económico del Estado", agrega.

En este sentido, FAES acusa en su editorial a “quienes impulsaron las nuevas políticas de memoria” de no tratar de “reparar derechos conculcados”, sino de “reparar el pasado” y “reescribirlo tal y como debiera haber sucedido en su imaginario”. A su juicio, ese “no es un propósito que debiera perseguir un gobernante responsable”. “Todavía peor es haberla querido comprometer por un bajo interés partidista: eso es literalmente imperdonable”, apunta.


LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS
2ª parte

Si uno lo analiza fríamente la cosa es demasiado simple. El ejército, garante de la integridad territorial del Estado y defensor, bajo juramento, de los ciudadanos que lo integran, decide que el gobierno, al que ha elegido libremente el pueblo, no es el que debería ser en función de su propio criterio y probablemente inducido por intereses arcanos. Bajo ese criterio, una parte importante de ese ejército, decide dar un golpe de Estado por la fuerza con la intención de tomar el poder e instaurar otro régimen de signo contrario más acorde a sus intereses, creencias y gustos. Al no conseguirlo, y viendo la oposición ciudadana a dicho golpe, decide que todo aquel que se oponga será detenido, encarcelado o fusilado sumariamente, sin acusación formal, ni cargos, ni juicio previo. Y ya de paso sacar al ejército afín a la calle e ir conquistando a cañonazos, plaza a plaza, todo el territorio nacional quitándose de en medio a todo el que se oponga.  Eso sí, buscando aliados afines dentro y fuera de las fronteras. Es decir, un ejército equipado y mantenido por los ciudadanos mediante sus impuestos, que en vez de protegerlos, que es su cometido, se dedica a encarcelarlos, hacerlos desaparecer o fusilarlos al alba, respondiendo a intereses particulares e ideológicos. En fin, resumido eso es lo que pasó. 

Pero déjenme decirles que un ejército así no lo integran soldados, sino principalmente suboficiales, oficiales, jefes y generales fanáticos, sicarios asesinos, que responden a apegos espurios, tendencias ideológicas conservadoras, e intereses oscuros que nada tienen que ver con la “Patria” y con su defensa. Son esos que dicen <<”Salvar a la patria”>> y que siempre lo hacen cuando nadie les ha pedido ayuda, excepto la oligarquía, la aristocracia, la nobleza, la banca, los latifundistas, los del clero, la burguesía, y los ilusos que creen que ese ejército, subvencionado por la derecha (Banca Marx, III Reich, fascismo italiano y compañía) les van a resolver sus problemas de habitabilidad, sustento, sanidad, educación y progreso.  En definitiva ese ejército sublevado es lo que era,  como quedó demostrado.

PERIODO 1939 - 1947
Los peores años de la dictadura fueron los ocho siguientes al finalizar la “Contienda”. Llamarla guerra es un eufemismo macabro para darle justificación al genocidio que se realizó en nuestro país ya que para que haya una guerra tiene que haber una declaración formal de la misma. En la guerra son combatientes y, a menudo, civiles colaterales; en el genocidio, los civiles son seleccionados por su identidad e ideología. La represión fue brutal dentro y fuera de nuestras fronteras. Se hicieron purgas meticulosas de ciudadano en ciudadano, barrio por barrio, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad. Nadie escapaba al control del régimen. Se estimulaba y premiaba a los ciudadanos que delataban a sus vecinos aunque fuera sin pruebas, ya se era culpable antes del juicio.  Juicios farsa sin garantías procesales ecuánimes y sin ni siquiera defensa. Había prisa por purgar y se hacían juicios sumarísimos de hasta 20 personas a la vez. Eso da una idea de qué tipo de justicia se impartía en aquellos años y siempre juzgados por la justicia militar. Ya saben el dicho <<La justica militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”>>

Pero no hubo sólo cientos de miles de desaparecidos forzosos entre hombres y mujeres, también estaba la desaparición forzada infantil. Niños robados a sus padres y familias para reasignarlos a familias adeptas al régimen franquista. En esos “secuestros” tuvo mucho que ver la Sacrosanta Iglesia Católica que colaboró con el régimen franquista para salvar a esas “criaturitas” de caer en las garras del diabólico comunismo, y que dicha práctica trascendió hasta la década de los 70-80. Acuérdense del caso de Sor María. Y ya que hablamos de la curia católica alineada con el régimen, también habría que hablar del papel que jugó la Iglesia durante y después de la guerra. Los casos flagrantes de delación a ciudadanos trasgrediendo el secreto de confesión. El cobro de sustanciosas “Dádivas”, en metálico o en propiedades por emitir informes de buena conducta cristiana para exonerar a presos, incluso se daban casos de exigencia de “Favores de cama” a las mujeres e hijas de los encarcelados. Nunca existió en el bando vencedor el sentimiento de reconciliación, ese que ahora tanto reivindican: lo que se quería era una cruel venganza; y cuanto más larga, mejor.

Y los golpistas se hartaron de venganza hasta empalagarse. Tan es así que tras de la “Contienda”, que no guerra, extendieron sus tentáculos incluso más allá de nuestras fronteras. A los republicanos huidos se les persiguió incluso fuera de España. Tras cruzar la frontera de los pirineos, huyendo de la represión franquista, los putos “Gabachos” les hicieron un recibimiento hostil y recluyeron en campos de “refugiados” a más de 550 mil españoles en condiciones infrahumanas. Campos que no eran campos, sino arenales vallados con alambre de espino en playas batidas por el viento, las olas y la humedad. Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès, Gurs, etc. Sin el menor tipo de consideración y de auxilio por parte de las autoridades francesas y pasando hambre, frio, enfermedades, plagas, etc.  muchos murieron en aquellos campos, algunos tuvieron  posibilidades y emigraron a América, se calcula que unos 50 mil. Otros (300 mil) viendo la falta de colaboración y la mala disposición de los gabachos, decidieron regresar a España con las consecuencias que ello podía reportar. Imaginen en qué condiciones estaban para preferir enfrentarse a una larga condena e incluso a la muerte. Por último cerca de 200 mil optaron por quedarse y subsistir buscando labores y trabajos en régimen de semiesclavitud, trabajando por poco más que el cobijo y la comida. Francia, la tierra de la “Grandeur” que se envanecía de ser la cuna de la <<”Liberté, Égalité, Fraternité”>>  no era más que un espejismo, un trampantojo, un bluf. Al final no eran mejores que los franquistas. Eran xenófobos, clasistas, ecpáticos e insolidarios. Pero no estaban lejos de sentir en sus propias carnes lo mismo que les pasó a los refugiados españoles.

Si para franceses las cosas se pusieron mal, imaginen como se pusieron para los españoles que se quedaron en el país galo. Seis meses después, el 1 de septiembre de 1939, al amigo austriaco de Franco, aquel del bigotito ridículo, le da por invadir Polonia y el 10 de mayo de 1940 los nazis atacan a Francia. En poco más de un mes, el 14 de junio, entran en Paris sin pegar un tiro.  El 22 de ese mismo mes firman el armisticio y se crea el conocido como “Gobierno de Vichy”, (Pronazi) a cuyo frente estaba el colaboracionista Mariscal Philippe Pétain ¿A dónde fue la “Grandeur française”, ese “Chauvinisme” tan francés? Con ese gobierno “Títere” a los españoles se les puso el tema “Muy crudo”. Los campos de refugiados pasaron a ser campos de concentración. El trabajo en semiesclavitud se convirtió en trabajo forzado, es decir en esclavitud a secas. 

Pétain mandó a Madrid, al palacio del Pardo, la lista de republicanos en sus campos de concentración con objeto de que Franco extraditara a aquellos españoles retenidos. Franco hizo una lista con los que le interesó y del resto, la inmensa mayoría, dijo <<”Estos no son españoles, hagan con ellos lo que quieran”>> Así que el gabacho colaboracionista se los entregó al “amiguito” de Franco, ya saben, aquel del bigotito ridículo, y este los terminó llevando al campo de concentración austriaco de Mauthausen-Gusen. Los nazis les pusieron en el uniforme de preso un triangulo invertido azul que significaba “Apátrida” con una ese mayúscula en el centro que significaba en alemán (Spanier). Allí fueron 7.533 españoles de los cuales sobrevivieron aproximadamente 2.000. También hubo españoles en otros campos de concentración como Dachau, Buchenwald, Ravensbrück (mujeres) y Sachsenhausen,  todos ellos en Alemania. 

Al resto se les dieron dos alternativas. Unirse a las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) o enrolarse en el ejército o en la Legión Extranjera Francesa. Algunos escaparon y se unieron a la resistencia francesa en la lucha contra los nazis. Cuando acabó la II Guerra Mundial en el 45 muchos españoles en el exilió habían pasado 9 años de calamidad en calamidad. No fue mejor el destino de los que no pudieron huir o que se quedaron. El régimen franquista estigmatizó a cualquiera que tuviera la más mínima relación con “Los rojos”. Esposas, hijos, padres, hermanos, y demás familia serían señalados y marginados de aquella sociedad nacional-catolicista en donde no se les daba tregua, ni cobijo, ni perdón. Una sociedad fanatizada y sometida por la superstición religiosa y el miedo a un régimen represor, asesino y vengativo. LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS 3ª parte En el 47 se cerró el último campo de concentración en Miranda de Ebro. Por un lado la Europa libre miraba de reojo lo que estaba pasando en España. Churchill criticaba con la boca pequeña a la dictadura española pero no veía con malos ojos que hubiera un régimen fascista. Eso era mejor a tener un sistema social-comunista en forma de república en la otra punta de Europa más allá del telón de acero. Por eso no apoyaron a la oposición antifranquista porque mayoritariamente era el Partido Comunista el mejor organizado y el único que mantenía una estructura capaz de iniciar una contraofensiva contra el franquismo como ocurrió en la invasión del valle de Arán en octubre del 44. Sin ningún apoyo por parte de los aliados, principalmente Francia (de nuevo abandonados por los gabachos) y Reino Unido aquella aventura duró escasamente una semana. Tampoco Moscú le puso muchas ganas a aquella especie de reconquista contra la dictadura. Y, de nuevo, los españoles, tanto los exiliados y represaliados quedamos compuestos y sin novia. Nos quedaban 40 años de represión, de totalitarismo, de injusticias, de miedo, de prepotencia y de ninguneo. PERIODO 1947 – 1975 Esos 28 años fueron la época más gris y anodina de la sociedad española. El pueblo no opinaba, o mejor dicho, no se le consultaba. En 1953 se instala la base Morón de la Frontera en la provincia de Sevilla; un acuerdo con los Yankees que se extiende 2 años después a la base de Rota en la provincia de Cádiz. Torrejón de Ardoz en Madrid y la base de Zaragoza. ¿Qué obtenía España de todo este despliegue militar? España obtenía ayuda económica y fin del aislamiento. El presidente Eisenhower de la “Democracia por antonomasia”, los EE. UU, blanqueaba la dictadura franquista con su visita a España en 1959. Los yankees tenían lo que querían y el régimen franquista recibía un espaldarazo importante a nivel internacional ¿Y qué pasaba con los españoles de a pie? Depende de en qué lado estuvieras. Los adeptos al régimen tenían buenos empleos, bien fuera en la administración o en empresas cercanas al poder. La masa “amorfa”, sumisa y obediente, cumplía con su labor de trabajar de sol a sol para “levantar” España y los domingos a santificar las fiestas y a dar hijos a la patria. Pero los disidentes, fichados y permanentemente vigilados, obtenían los peores trabajos, los más duros y menos remunerados. Cuando se acercaban efemérides como el 1º de mayo, el 14 de abril o se preparaba alguna huelga (Prohibidas) eran detenidos en previsión de altercados. Y según el humor con el que estuviera el “Gris” de turno, salían de la comisaría con algún ojo a la “funerala” o alguna costilla fisurada. El único quebradero de cabeza que tuvo el régimen fue la banda terrorista ETA que comenzó su andadura en 1959. La vida fue fluyendo. Llegó el tiempo de la emigración. Aquí sólo tenían trabajo bien remunerado los acólitos al régimen. El resto subsistía con interminables horas extras, otros trabajos adicionales, o chapuzas en fin de semana. Se vivía para trabajar. Se vivía de alquiler, a veces había familias que vivían alquilados en un cuarto y tenían derecho a cocina. Comprar un piso era el principal cometido de la familia y al que dedicaban una parte importante de sus escasos recursos. Las jornadas semanales eran de lunes a sábado y el domingo se libraba. Después llegó el sábado inglés, es decir solo por la mañana. No hubo vacaciones hasta muy entrados los 60-70. Tener una nevera, una lavadora o una televisión era un lujo que no todos podían permitirse y no hablemos de tener un utilitario. Así que más de dos millones de españolitos cruzaron la frontera y se fueron a buscase la vida a otros países. Vuelta a la vida de privaciones para poder mandar todo el dinero posible a la familia. Ese fue el gran motor de desarrollo en la España de los 60-70. Aquellas remesas de dinero hicieron que la economía fluyera y el consumo aumentara. El esfuerzo abnegado de aquellos emigrantes dio un serio espaldarazo al país, sin él hubiéramos tardado décadas en salir de aquella anodina vida se subsistencia monótona y entristecida. Los del régimen vivían en la arcadia feliz y ellos nunca quisieron que aquello cambiara ¿Para qué? Si para ellos todo funcionaba a las mil maravillas. ¿Con Franco se vivía mejor? Quien afirma semejante estupidez, o es un imbécil integral o era un “Estómago agradecido”. Cuando la flebitis se llevo por delante a “Patascortas” en 1975, todos pensamos que tocaba coger el tren de la libertad, que aquella pesadilla se había acabado y que la democracia en toda su plenitud formaría parte de nuestras vidas. El anhelo de todo eso durante 40 años nos había vuelto unos ilusos, unos crédulos. Nada más lejos de la realidad. Éramos como náufragos sumergidos mucho tiempo y que necesitaban desesperadamente una bocanada de aire, y cuando llegamos a la superficie el aire estaba lleno de humo. Había que tomar una decisión: ahogarnos en el agua o respirar aquel humo que nos haría toser y respirar con mucha dificultad. Es obvio que por supervivencia preferimos tragarnos el humo, pero con la esperanza de que con el tiempo se disiparía. A día de hoy 16/02/2026 el aire sigue contaminado, no tanto como entonces, pero sigue corrompido, todavía apesta a franquismo. LA GUERRA QUE SUFRIMOS TODOS Quizá la fase que mejor define lo que paso sea esta. Y no la dijo Pérez-Reverte, sino David Uclés. La mal llamada guerra la perdieron todos aquellos que defendían la legalidad y que se enfrentaron a los militares golpistas. Militares que habían jurado por su honor servir fielmente a la II República. Entre ellos el propio Franco. Dar un golpe de Estado es el delito más grave que puede cometer un militar: traicionar la patria a la que ha jurado lealtad, renunciando así al honor como valor moral. Por tanto, además de golpistas, fueron unos traidores y de paso afloró su verdadera personalidad de sádicos y vengativos asesinos, empezando por Franco y siguiendo por Mola, Queipo de Llano, Yagüe, Dávila, Varela, y otros más. Según el catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Castilla-La Mancha, Miguel Ángel Rodríguez Arias, <<” España es la única democracia que no ha realizado ninguna investigación sobre el terrorismo de Estado una vez acabada la dictadura”>> y así nos va. La clave es la represión brutal tras la contienda. Entre 1939 y 1946 al menos hubo 50 mil ejecuciones documentadas. A eso añádanle cerca de 30 mil niños robados. Los desaparecidos se estiman en entre 114 y 130 mil y todavía hay un gran número de fosas comunes sin exhumar. Hasta la primera ley de memoria histórica nadie se preocupo por ellas. Al régimen no le interesaba que se hablara de aquello. Se puso todo el esmero en ocultarlo. Era un tema tabú. Con seguridad sabían que aquello podría tener consecuencias graves pues se habían realizado entre 1945-46 en Núremberg los juicios contra las elites nazis y de los 23 acusados por crímenes contra la humanidad, todos fueron declarados culpables excepto uno. De ellos 13 fueron condenados a muerte, 3 a prisión perpetua, 3 se suicidaron antes, 2 fueron condenados a 20 años, uno a 10 años y otro ingresó en un manicomio de por vida. Visto aquello, el “cuñadísimo” de Franco, Serrano Suñer, se encargó personalmente de destruir todos los archivos referentes a todas las atrocidades que cometieron durante la contienda y en la larga posguerra. Algunas cosas se saben por archivos que se incautaron a los alemanes al final de la guerra. La conclusión es que ellos sabían perfectamente que habían cometido flagrantes delitos por eso no querían bajo ningún concepto abrir el baúl de los recuerdos y menos que se exhumaran fosas comunes que evidenciaran las atrocidades allí cometidas. “LA TRANSACCIÓN DEL 78” “Patascortas” ya se encargó de dejar a los suyos amparados bajo el paraguas de la “Transacción”. La jugada fue el “Enroque”. Mover al rey detrás de la torre fortificada. Es decir, el rey se protegía de un referéndum sobre el tipo de Estado y la torre fortificada (Por el ejército) protegía al rey de dicho referéndum. Nombrar a Suarez presidente de gobierno fue una estrategia urdida por el “Demérito” y el “Sanedrín” franquista que seguía en su puesto. Suarez provenía de la Falange Española de las JONS y era Ministro-Secretario general del Movimiento en el gobierno del “Orejas” Carlos Arias Navarro. Había que “Vestir la mona” para que no se le viera el rabo. Recuerden la confesión del ya difunto Adolfo Suarez en la entrevista con la periodista Victoria Prego en 1995 cuando reconoció que no se consultó sobre Monarquía o República porque sabían que iban a perder. Todavía hay por ahí seres unineuronales que afirman convencidos de que fue el “Demérito” quien “Trajo la democracia” ¡Joder, que país! No sólo no se realizó es plebiscito sobre Monarquita o República, sino que además, los “Padres putativos” de la Constitución, casi todos provenientes del régimen franquista, incluso con ministerios, en un alarde de cinismo absoluto y con mucho “recochineo” redactaron esto: Art1º-Apdo.2: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado" Un pueblo soberano amordazado y condenado al ostracismo político. Esto me recuerda la novela del excelente escritor Alejandro Dumas titulada ”El hombre de la máscara de hierro” y que fue llevada a la gran pantalla en 1998 con grandes actores, entre ellos DiCaprio, Malkovich, Irons, Depardieu, etc. Probablemente la hayan visto y algunos habrán leído la novela. Ya saben de qué va; de la apropiación de la corona por parte de un usurpador ilegítimo… a buen entendedor, pocas palabras bastan. Continuará...

domingo, 2 de julio de 2017

_- Un libro corrige a Pérez-Reverte y su versión "neutral" de la guerra civil para jóvenes.

_«¡Las historias de la guerra suenan tan distintas según
quién las cuenta! Los libros hablan siempre de batallas, de
fuerzas, de armas, de ayuda internacional, de frentes y de todas
esas cosas. Están escritos por los que dirigieron la guerra
o por otros que toman como fuentes los papeles de los que
dirigieron la guerra.
Pero luego hablas con los que la vivieron como soldados
o con los que la sufrieron sin combatir y te cuentan cosas que
parecen tratar de otro tema: es como si la guerra que cuentan
unos y la que cuentan otros fueran guerras distintas».

Severino Pallaruelo, Papeles de la guerra1



-¿Qué fue la llamada guerra civil? Nuestra historia contada a los jóvenes es una réplica a la obra publicada por Arturo Pérez-Reverte que dibuja una guerra entre "hermanos"

- Carlos Fernández y Silvia Casado copian el mismo formato de novela gráfica para rebatir las verdades que "silencia" el novelista con un relato de "víctimas y verdugos"

Arturo Pérez-Reverte vende en La guerra civil contada a los jóvenes una versión, según él, "objetiva" de la historia reciente de España. La guerra española, como un enfrentamiento entre "hermanos". Pero este relato equidistante chirría, según la historiadora Silvia Casado Arenas y el filósofo Carlos Fernández Liria, que han replicado al escritor con su propio libro también en formato cómic: ¿Qué fue la guerra civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes. Porque sí hubo "víctimas y verdugos".

Los autores de la obra replicante explican que Reverte, con su "visión neutral", ahonda en la idea del "todos fueron iguales", "silencia muchas verdades" y peca de falsa "equidistancia".

Y como "es importante no perder la batalla cultural de la memoria histórica", Silvia Casado y Carlos Fernández han editado un libro "idéntico en su forma editorial" al de Reverte pero más completo y crudo en el contenido. ¿Qué fue la guerra civil? (Akal, 2017) tiene la "clara intención", sostienen, de reivindicar con otra memoria colectiva y corregir el "peligroso" escenario dibujado por La guerra civil contada a los jóvenes (Alfaguara, 2015).

Reverte dice que escribe "sin clichés partidarios ni etiquetas fáciles" sobre la "espantosa" guerra que enfrentó "al hermano contra el hermano", según introduce en el prólogo del libro. Con él, asegura querer "evitar que tan desoladora tragedia vuelva a repetirse nunca".

Sin embargo, los autores de la réplica señalan que en realidad está "descontextualizando históricamente las causas políticas", como si la guerra civil fuera "un fenómeno natural inevitable", apunta Casado. "Ser equidistante cuando se trata de víctimas y de verdugos, consiste en identificar a las primeras y señalar a los segundos", remata Fernández.

Cómo narrar los acontecimientos es la diferencia radical entre ambos libros. Las causas del golpe de Estado, los actores que lo ejecutan, la represión y el ejercicio del terror... o la llegada de la democracia, una "decisión personal" del rey Juan Carlos, según Arturo Pérez-Reverte. Con formato calcado de novela gráfica, la obra del novelista está ilustrada por Fernando Vicente y la réplica, por David Ouro.

Este medio ha intentado, sin éxito, obtener declaraciones de Pérez-Reverte sobre la polémica en torno a su libro y la obra que le responde. Analizamos las diferencias entre ambos libros en cinco claves.

Actores y causas del golpe de Estado
Pérez-Reverte describe en su libro un escenario reinado por desórdenes públicos e inestabilidad política, un caldo del que salen soluciones "extremistas" basadas en modelos enfrentados: "la Italia fascista o la Alemania nazi" y "la Rusia comunista". España, abocada a una "confrontación inevitable", vive una sublevación "para instaurar una dictadura militar", pero "las cosas se complicaron por la resistencia".

Carlos Fernández y Silvia Casado difieren en el enfoque. El "problema de fondo" era el "poder electoral" ganado por las "clases populares más pobres". Una situación que las "élites" afrontan apoyando "a grupos sociales violentos" de corte nazi y fascista con el objetivo de finiquitar la democracia. Señalan que Franco, además, tuvo "grandes patrocinadores", Hitler y Mussolini, y mecenas como Juan March.

La "espantosa" guerra civil
Cuenta Reverte que la "tragedia española" fue un campo de "experimentación"para los regímenes enfrentados luego en la Segunda Guerra Mundial. Nazis y fascistas "tomaron partido por las tropas rebeldes". El escritor subraya la intervención soviética "confiando en que una victoria republicana acabaría convirtiendo a España en un país comunista".

Según la réplica editorial, el "relativo fracaso" del golpe de Estado dio paso a la guerra civil. Alemania e Italia acuden "rápidamente" a asistir a los golpistas, coinciden, pero la República acusó la no intervención de los gobiernos occidentales democráticos y la tardía ayuda de la URSS. Aún con la participación de las Brigadas Internacionales, "los dos bandos no estuvieron en pie de igualdad en ningún momento".

Represión, "caos" y terror
Los dos libros coinciden en el "sangriento" inicio de la guerra. España queda cubierta de luto, con paradigmas como Paracuellos del Jarama o las miles de fosas comunes del franquismo. La guerra civil contada a los jóvenes de Reverte subraya las "terribles represalias" rebeldes, como la masacre de Badajoz o el bombardeo nazi de Gernika, y también las "innumerables atrocidades" en zona republicana, caso de las "matanzas" de religiosos.

La diferencia está en un dato crucial: la represión golpista era un plan organizado y en zona gubernamental fue fruto de "grupos incontrolados", como incide la respuesta al cómic del escritor murciano. Los golpistas dejan en cunetas al menos el triple de desaparecidos forzados. La República logró dominar el "caos" mientras los militares fascistas "impusieron el terror" asesinando "a miles de civiles", como también explica Francisco Espinosa en La Columna de la Muerte. Llamaban al "exterminio", dicen Casado y Fernández, que transcriben como muestra fragmentos de discursos y declaraciones de Mola, Franco, Yagüe y Queipo.

Una "férrea" dictadura
La guerra no acabó con la victoria franquista. España vivió una represión "despiadada y sistemática" y el exilio era la única salida para los derrotados y "expuestos a las represalias de los vencedores", cuenta el escritor. Era una "férrea dictadura" dispuesta a aplastar "cualquier resto de libertad y democracia". Pero el régimen, dice más tarde, "se fue suavizando" sin perder nunca su "carácter autoritario".

La guerra duró "40 años más", toda la dictadura, insisten la historiadora y el filósofo. Y el combate, dicen, continuó también para los vencidos: muchos siguieron luchando contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial o luego en la lucha antifranquista que perseguía recobrar las libertades perdidas. La "persecución y castigo" de la dictadura de Franco dejó cifras como los 50.000 ejecutados tras la guerra civil, el centenar de campos de concentración con "medio millón" de presos esclavos o los 30.000 niños robados.

¿La democracia del rey Juan Carlos?
"España se convirtió en una monarquía parlamentaria por decisión personal del rey Juan Carlos". La frase de Arturo Pérez-Reverte es tajante. Franco designó a su "sucesor" y éste "liquidó el régimen franquista", legalizó los partidos políticos y reconcilió la nación. "Devolvió a España la democracia". De un plumazo, según el novelista.

Disienten de esta versión los autores del libro que corrige a Reverte. "Franco había dejado las cosas bien atadas a través de la monarquía", escriben. El príncipe Juan Carlos de Borbón "juró los principios del Movimiento franquista" y el futuro rey "expresó su fidelidad al Caudillo, comprometiéndose a continuar su obra".

El "régimen de terror" y el "adoctrinamiento ideológico" del franquismo tiende sus tentáculos marcando "profundamente a varias generaciones de españoles", refieren Silvia Casado y Carlos Fernández. La "versión revisionista de la guerra civil" es un claro ejemplo en manos de historiadores "neutrales" que crean "una falsa simetría" dibujando "dos bandos", fascista y comunista, que fueron "supuestamente todos culpables". Es la equidistancia que "silencia verdades".

Fuente: http://www.eldiario.es/cultura/libros/guerra-civil-dibujo-Perez-Reverte_0_651985579.HTML