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lunes, 16 de febrero de 2026

La ultraderecha contra los medios públicos: «Es una forma de disciplinar a quien ponga en duda sus valores»

Fuentes: El diario


De Trump a Milei y Le Pen, la extrema derecha cuestiona la existencia de la prensa pública, a la que acusa de “ideologizada” y “woke”; los ultras visten de lucha contra el discurso hegemónico su ataque a la libertad y el derecho a la información

En un viaje del presidente de EEUU en el Air Force One, una periodista le pregunta sobre la designación de Antifa como organización terrorista. “¿De qué medio eres?”, inquiere él. NPR (National Public Radio), dice ella, tras lo cual Trump pregunta burlón a su secretaria de prensa: “¿Todavía están aquí?”. La periodista insiste en su pregunta sobre Antifa. Él sonríe: “¿Tienen algo que ver con tu medio?”.

El desprecio de Trump por el periodismo forma parte de su marca personal, pero no es una característica singular. La extrema derecha encuentra en los medios de comunicación en general –y los públicos en particular– un enemigo al que combatir con todas las estrategias posibles: desde el ataque y la descalificación verbal hasta los castigos económicos, de la censura ejercida a través de leyes y órganos de control a la apropiación de esos medios públicos para convertirlos en simples canales de difusión de su discurso.

“Por su apego a la tradición, a principios religiosos, al statu quo, los partidos de derechas se han colocado contra los ámbitos capaces de instalar la duda, el cuestionamiento y la crítica”, explica Micaela Cuesta, coordinadora del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos de la Universidad Nacional de San Martín (Argentina). Entre estos enemigos históricos –la intelectualidad, la ciencia, el arte– emerge la figura de los comunicadores, “la referencia más visible en la tarea de objetar injusticias, ofrecer alternativas y habilitar otros puntos de vista”, señala Cuesta.

No es casualidad que figuras como Javier Milei, Viktor Orbán, Giorgia Meloni, Marine Le Pen o el propio Santiago Abascal en España pongan a la prensa constantemente en la diana: “Atacarla supone, por un lado, deslegitimar a uno de los agentes clave en la democratización de los saberes y, por otro, disciplinar a todo aquel que ose disputar sentidos que pongan en riesgo sus valores”, resume la experta.

¿Y por qué poner el foco en los medios públicos? “Porque es una forma de sembrar la desorientación, la falta de referencias, el descreimiento en el valor epistémico de la opinión pública”, dice Cuesta. Y de reconocer la información como un derecho. “La ultraderecha, aliada hoy de un ecosistema tecnológico hipermediatizado, ofrece argumentos simples, chivos expiatorios, narrativas conspiranoicas…”, todo lo contrario de lo que representan los medios de comunicación entendidos como un servicio público.

La posición de la ultraderecha española encaja de lleno en esta estrategia de descrédito: por un lado, señalar el gasto que supone y cuestionar el servicio público; y por otro, las acusaciones de manipulaciones y sesgos. En la última comisión de RTVE en el Congreso, el diputado de Vox resumió así su plan si llegan al Gobierno: “Solo tendremos una duda, y es si entramos con motosierra o con lanzallamas”.

De hecho, si los ataques a la prensa vienen de lejos, lo que ha cambiado es la ferocidad de la agresión, que desoye las limitaciones y equilibrios del juego democrático. Además, las nuevas derechas radicales no solo operan –muy eficientemente– a nivel local, sino que tienen una proyección globalista, como muestra el reciente caso de la BBC, que ha sufrido la dimisión de sus dos líderes editoriales después de las críticas de la Casa Blanca a una información relacionada con el asalto al Capitolio y el papel de Donald Trump ese día.

Reino Unido: ataque a un referente periodístico

El de la BBC es un caso único por su alcance internacional y sus detalladas reglas sobre autonomía e imparcialidad: es el medio en que más confía el público en el Reino Unido y en Estados Unidos.

Su papel en la vida pública es tal que hasta las voces de la extrema derecha dependen de la radiotelevisión pública. Nigel Farage, el líder del partido de extrema derecha Reform, es uno de los políticos más entrevistados pese a su mínima representación parlamentaria, e incluso era tertuliano habitual de la cadena. Ahora Farage apoya los ataques de Trump y hace campaña contra el canon que pagan los televidentes a la BBC para su financiación.

El Partido Conservador no se ha atrevido a una propuesta tan explícita, pero ha empujado las críticas en la Cámara de los Comunes y dentro de la propia corporación pública por lo que llama sesgos de izquierdas en la cobertura de la guerra de Gaza, los derechos trans, la historia del colonialismo o las elecciones de Estados Unidos.
 
Los Estados Unidos y los recortes de Donald Trump

Son “monstruos”, son la “izquierda radical” que “tanto daño ha hecho” a Estados Unidos. Así hablaba el presidente de EEUU, Donald Trump, de la televisión y la radio públicas, PBS y NPR, al poco de regresar a la Casa Blanca. Y no solo eso. Además de los insultos, Trump llegó con un recorte de 1.100 millones de dólares que ha dejado a ambas empresas en mínimos y amenazando la existencia de 330 emisoras asociadas locales de PBS y 246 de NPR.

Además, Trump ha ordenado grandes recortes a Voice of America, la veterana emisora de radio, símbolo de la Segunda Guerra Mundial que se mantuvo durante la Guerra Fría para trasladar los mensajes de EEUU. En marzo, firmó un decreto que instaba a la Agencia de Estados Unidos para los Medios Globales a reducir sus “funciones legales y el personal asociado al mínimo indispensable por ley”. Un día después, Voice of America dejó de emitir por primera vez en 83 años y suspendió temporalmente a casi todos sus empleados a tiempo completo.

Milei, privatizaciones y las ‘fuerzas del cielo’

La motosierra de Javier Milei se activó contra la prensa pública ni bien llegó a la Casa Rosada. El primer mensaje fue contundente: cerrar la agencia pública de noticias argentina, Télam, fundada en 1945 y la más importante de América latina. Más de 300 despidos y un mantra: “La gente no odia lo suficiente a los periodistas”. Los comunicadores se han convertido en una fijación para el presidente. “Milei tiene una especie de ejército en el mundo digital a las órdenes de Santiago Caputo (una de las personas con más influencia en el mandatario). Hay una parte más orgánica dentro de la Casa de Gobierno, pero lo más fuerte es la parte inorgánica, lo que ellos llaman ‘las fuerzas del cielo’, que son diferentes tuiteros, un streaming que se llama Carajo y también el señalado como ‘documentalista’ de Milei, Santiago Oria, que se dedican a escrachar a ciertos periodistas”, explica María O’Donnell, conductora de uno de los programas de radio más escuchados y blanco frecuente de estas campañas de desprestigio, muchas veces alimentadas con vídeos falsos creados con IA.

En cuanto a la televisión y la radio públicas, su destino desde el principio fue la privatización, dificultada hasta ahora por la falta de mayorías de La Libertad Avanza en el Congreso, pero que puede tomar un nuevo impulso a partir de la victoria en las pasadas legislativas. Los trabajadores de estos entes públicos se quejan del congelamiento de sus salarios y de censura. A cambio, nutre con la publicidad oficial que tanto denostó en campaña a medios ultras como La Derecha Diario, del español Javier Negre. En septiembre el presidente se indignó con su entonces portavoz y hoy jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por permitir que se emitiera un programa sobre el derecho al aborto en el canal público. Adorni compaginaba su puesto con un programa de Youtube en el que se encargaba de desmentir supuestos bulos de la oposición.

Italia y su ‘Telemeloni’

Desde que la ultraderechista Giorgia Meloni asumió el poder en 2022, asociaciones periodísticas denuncian la creciente intromisión de su ejecutivo sobre la RAI, en una pugna para obtener mayor influencia ideológica sobre la radiotelevisión pública. ‘Telemeloni’ es el término que hoy usan muchos críticos para referirse a la cadena.

Este año Italia bajó tres puestos en el informe sobre libertad de prensa de Reporteros sin Fronteras, y la injerencia política sobre los medios públicos es una de las causas.

Periodistas de RAI hicieron un día de huelga tras cancelarse la retransmisión de un monólogo antifascista del escritor Antonio Scurati

El principal sindicato de periodistas del canal, Usigrai, ha acusado al Ejecutivo de usar la cadena como “megáfono” o correa de transmisión de las posturas del Gobierno. Y también de acallar voces críticas o incluso censurar contenidos por cuestiones ideológicas. En 2024, gran parte de periodistas de RAI hicieron un día de huelga tras cancelarse la retransmisión de un monólogo antifascista del escritor Antonio Scurati para el día de conmemoración de la liberación del fascismo.

El mes pasado estalló una bomba en el coche del periodista de investigación Sigfrido Ranucci. El director del programa Report, de la RAI, llevaba tiempo denunciando intentos de deslegitimación con duras críticas públicas, querellas judiciales o la reducción de tiempo de emisión de uno de los pocos espacios que indaga sobre corrupción, mafia o escándalos que implican al poder político.

Francia: la tele pública en la diana

En Francia, una información publicada por un medio de extrema derecha llamado L’Incorrect ha servido de disparador para una nueva campaña del entramado mediático del millonario Vincent Bolloré contra la radio y la televisión pública, a las que tacha de “ideologizadas” y “woke”.

En concreto, se trataba de un vídeo en el que se veía a los periodistas de opinión Thomas Legrand y Patrick Cohen, colaboradores habituales en France TV y en la matinal de la radio France Inter, en un restaurante comiendo con dirigentes del Partido Socialista. El periódico JDD, la radio Europe 1 y, sobre todo, la cadena de televisión CNEWS llenaron horas de antena y publicaron decenas de artículos. El presentador estrella de CNEWS, Pascal Praud, reivindicó las críticas como parte de una “batalla cultural”.

Marine Le Pen y su partido aprovecharon para reiterar su propuesta de desmantelar el ente público: “Su privatización permitiría a los franceses ahorrar 4.000 millones de euros al año”, lanzó la líder de Agrupación Nacional.

Su principal aliado en la Asamblea, Éric Ciotti, ha impulsado una comisión de investigación parlamentaria “sobre la neutralidad, el funcionamiento y la financiación del sector audiovisual público”, que comenzará en los próximos días.

Alemania: Alice contra el cánon

Los medios públicos también han sido uno de los blancos de la ultraderechista Alternativa para Alemania, a la que los sondeos de intención de voto sitúan ahora como primera fuerza. Algunos de sus dirigentes utilizan el término Staatsfunk (radiodifusión estatal) para sugerir que son órganos de propaganda del gobierno y los partidos tradicionales.

La líder ultra Alice Weidel ha acusado a las televisiones ARD y ZDF de sesgo contra su partido. “Son campañas mediáticas con dinero de los contribuyentes alemanes contra AfD”, afirmó tras los malos resultados en las elecciones en Brandeburgo, el año pasado. Lo dijo, irónicamente, en una entrevista con ARD.

Pero los ataques no se ciñen al plano discursivo. Una de las propuestas centrales del partido ultra es la eliminación del canon (que se conoce como Rundfunkbeitrag) que debe pagar cada vivienda para financiar el servicio público de radiotelevisión –actualmente de 18,36 euros al mes–. “Este aparato, estrechamente vinculado a los partidos establecidos en términos estructurales, personales y financieros, utiliza este poder de forma selectiva para influir en la opinión pública, llegando incluso a la manipulación (…) Debe reformarse profundamente, racionalizarse y desideologizarse”, reza el programa.

Polonia: la herencia ultra que no se borra

Los medios públicos se convirtieron en uno de los primeros objetivos del partido polaco Ley y Justicia (PiS) nada más llegar al poder. En 2016 se aprobó una ley que otorgó al Gobierno el control sobre la radio y la televisión públicas, y se creó el Consejo Nacional de Medios (RMN), que se sumó al ya existente organismo regulador de los medios (Consejo Nacional de Radiodifusión, KRRiT), que a su vez se llenó de fieles al partido ultraconservador.

La televisión pública TVP tradicionalmente se había inclinado hacia el partido en el poder, pero el PiS fue mucho más allá. Los informativos actuaron como altavoces del Gobierno, en ocasiones de manera descarada. Años después, un presentador llegó a disculparse con las personas LGTBI por el papel “vergonzoso” del canal en la difusión de “palabras de odio” contra el colectivo.

La huella del control ultra era tal que en 2023 el primer ministro liberal Donald Tusk puso en marcha una –también criticada– “limpieza”. Y acaba de presentar un proyecto de ley para “garantizar la despolitización de los medios públicos”. Pero la realidad es que, dos años después del cambio de Gobierno, el KRRiT continúa alineado con el ultraderechista PiS.

Hungría: compra medios y controlarás la información

Los 15 años en el poder del primer ministro ultranacionalista Viktor Orbán han transformado el panorama mediático húngaro: según Reporteros Sin Fronteras, gracias a maniobras políticas y económicas, y a la compra por parte de oligarcas con vínculos con el partido gobernante Fidesz, este controla el 80% de los medios. Así puede “moldear el discurso” y ejercer “presión sobre los medios no alineados con el Gobierno”, dice en su último informe el Instituto Reuters.

Poco después de que Fidesz llegara al poder en 2010, aprobó una legislación que recayó en un nuevo organismo de control: el Consejo de Medios, nombrado por un Parlamento de mayoría ultra. Se fusionaron todos los medios públicos en una sola corporación, con numerosos despidos –incluidas purgas de periodistas críticos–.

El resultado es una auténtica maquinaria propagandística gubernamental. Por ejemplo, antes de la victoria del Fidesz en las elecciones de 2018, periodistas de MTVA contaron cómo la cadena se centró en noticias negativas e incluso mentiras sobre refugiados e inmigrantes, vinculándolos con la delincuencia y el terrorismo, en línea con la retórica xenófoba del Gobierno.

Autor@s:

Natalia Chientaroli / Icíar Gutiérrez / Andrés Gil / María Ramírez / Amado Herrero / Joan Mas Autonell

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viernes, 28 de junio de 2024

¿Es el fascismo en Italia realmente algo del pasado como afirma la primera ministra Giorgia Meloni?

Marcha de extrema derecha en Milán en octubre de 2023.

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Pie de foto,Marcha de extrema derecha en Milán en octubre de 2023.

En formación militar se alinean 1.000 hombres. La mayoría van vestidos de negro, algunos con tatuajes en el cuero cabelludo afeitado, en el lugar de Milán donde Sergio Ramelli, un estudiante de extrema derecha, fue asesinado hace casi 50 años por antifascistas.

Un líder llama la atención a su batallón de leales. Grita "camerata" o "hermano de armas" y el nombre de Ramelli, como si pasara lista. Y entonces alzan los brazos derechos rígidos con las palmas hacia abajo.

Es el saludo fascista en el corazón de la segunda ciudad de Italia, y la multitud responde en nombre del muerto con un rugido: "¡Presente! ¡Presente! ¡Presente!".

Estamos en 2024, pero la escena tiene los ecos aterradores de hace un siglo. Aunque puede parecer extraordinario para alguien de fuera –y para mí fue asombroso verlo de cerca–, es algo común en Italia, donde cada año se llevan a cabo conmemoraciones de este tipo.

El actual gobierno de Italia está dirigido por el partido Hermanos de Italia, que tiene raíces en el fascismo de posguerra. Su líder, la primera ministra Giorgia Meloni, ha dicho que su movimiento ha cambiado completamente y está claro que su política no es la del pueblo haciendo el saludo fascista en Milán.

Pero algunos temen que ella y su partido no se hayan alejado lo suficiente de sus orígenes políticos y que lo que antes se consideraba extremo se esté volviendo normal y cotidiano.

Meloni en el cierre de campaña de las elecciones europeas
Meloni en el cierre de campaña de las elecciones europeas

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Pie de foto,
Meloni se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo político más importante de Italia en octubre de 2022. 

"El fascismo no murió" 

"El fascismo no murió en 1945: fue derrotado militarmente, pero siguió viviendo en la mente de muchos italianos", afirma Paolo Berizzi, periodista del diario italiano La Repubblica.

Berizzi ha vivido bajo protección policial las 24 horas del día durante los últimos cinco años, tras recibir amenazas de grupos extremistas. "Italia nunca se ha reconciliado con su pasado", afirma.

Ha transcurrido más de un siglo desde que el dictador fascista Benito Mussolini, apodado Il Duce, o El Líder, llegara al poder. Su régimen totalitario estuvo marcado por una brutal represión de todos los opositores, campos de concentración e invasiones en el extranjero.

Las leyes antisemitas persiguieron a los judíos y, después de que Mussolini se aliara con Hitler, miles de personas fueron enviadas a morir en Alemania durante el Holocausto. Italia capituló ante los Aliados, se sumió en una guerra civil y Il Duce finalmente fue capturado y asesinado.

La Constitución del país de posguerra prohibió el partido fascista de Mussolini, pero se permitió que el movimiento continuara bajo diferentes formas.

El Movimiento Sociale Italiano, o MSI, fue creado por los partidarios del dictador con el objetivo de revivir el fascismo y luchar contra el comunismo. Los funcionarios del régimen de Mussolini aceptaron puestos de trabajo en instituciones estatales y ningún italiano fue llevado ante tribunales de crímenes de guerra.

Italia
Una reforma en la Constitución de 1952, llamada Ley Scelba, prohibió los grupos con objetivos antidemocráticos o que glorificaran los principios o a los líderes del fascismo o utilizaran la violencia. Pero rara vez se ha invocado.

En Alemania, la ley es clara: hacer el saludo fascista se castiga con hasta tres años de prisión. En Italia, sin embargo, corresponde a los jueces decidir si el gesto es un delito penal: un área gris que en la práctica significa que se sigue usando.

Hombres vestidos de negro en formación militar.
Pie de foto,La procesión con antorchas es organizada en Milán por formaciones de extrema derecha. 

Los Hermanos de Italia de Meloni 

Durante décadas, los políticos neofascistas fueron en gran medida marginados. Pero la decisión del entonces primer ministro Silvio Berlusconi de incorporarlos a su coalición en 1994 marcó el comienzo de su creciente legitimación en la opinión pública.

La primera ministra Georgia Meloni, cuya vida política comenzó en el ala juvenil del MSI y fue el líder nacional del movimiento sucesor, elogió una vez a Mussolini como "un buen político", añadiendo que "todo lo que hizo, lo hizo por Italia". En 2008, Berlusconi la nombró ministra de gobierno.

Su partido, Hermanos de Italia, lleva el mismo logo de la llama de tres colores adoptado por los grupos neofascistas después de la guerra, pero ella ha ido alejando progresivamente a su movimiento de la extrema derecha.

Su retórica contra la "sustitución étnica" de italianos por inmigrantes y un supuesto "lobby LGBT" se ha suavizado desde su elección como primera ministra en 2022. Ahora utiliza un lenguaje más alineado con la derecha europea dominante, que habla de proteger las fronteras e impulsar la tasa de natalidad de Italia.

También abandonó sus críticas a la eurozona, ha establecido relaciones estrechas con líderes desde Washington hasta Bruselas y ha sido franca en su apoyo a Ucrania después de su invasión por parte de Rusia. Pero sus críticos dicen que todavía hace un guiño a sus raíces políticas.

Y eso, creen algunos, hace menos probable que apoye una ofensiva contra los grupos extremistas.

Adolf Hitler y Benito Mussolini en una fotografía en blanco y negro.
Adolf Hitler y Benito Mussolini en una fotografía en blanco y negro.

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Pie de foto,
Adolf Hitler y Benito Mussolini fueron aliados durante la Segunda Guerra Mundial y son las caras del fascismo en Europa.

Muchos sienten que la Ley Scelba debería haberse aplicado en 2021, después de que la sede del principal sindicato de Italia, CGIL, fuera atacada violentamente durante una protesta contra las restricciones de la pandemia de covid por una multitud que incluía a miembros de Forza Nuova, un partido marginal de extrema derecha.

Los manifestantes rompieron ventanas e intentaron entrar por la fuerza en el edificio en una medida que recuerda a la época de Mussolini, cuando los sindicatos eran atacados por turbas con camisas negras.A la derecha de Meloni
Forza Nuova, que existe desde hace más de un cuarto de siglo, está mucho más a la derecha que el partido de la señora Meloni y aboga por un cese total de la inmigración y la salida de Italia de la OTAN y la UE. Sus miembros hablan con afecto de Vladimir Putin.

El partido nunca ha conseguido suficientes votos como para tener diputados al Parlamento, pero su visibilidad en las protestas y las acciones de sus miembros, incluida la violencia contra los inmigrantes, lo convierten junto con otros grupos extremistas en una espina clavada en la política italiana.

En un funeral reciente, el ataúd de un miembro del partido estaba envuelto en una bandera con la esvástica. El cumpleaños de otro funcionario se celebró con una tarta decorada con una esvástica y el lema nazi "Sieg Heil" (saludo a la victoria).

El secretario del partido de derechas italiano Forza Nuova, Roberto Fiore, encabezó durante la pandemia una protesta en Roma que acabó en enfrentamientos con la policía.

El fundador de Forza Nuova, Roberto Fiore, me dice que el partido atacó a la CGIL porque el sindicato había respaldado los certificados de vacunación obligatorios para todos los trabajadores durante la pandemia. "Todos nos consideraban verdaderos luchadores por la libertad, no fascistas que atacaban a un sindicato", afirma.

Le pregunto directamente: "¿Es usted fascista?".

"Si me preguntaran así, probablemente diría que sí", responde, "pero tengo que completar el término y decir que soy un revolucionario. Italia no tiene la inteligencia y el coraje para decir, bueno, está bien, el fascismo era bueno en esto y aquello y tal vez no bueno en otras cosas... Acepto que no rechazo el término fascismo". 

La presencia de Mussolini 

A lo largo de nuestra entrevista, presiono a Fiore sobre la naturaleza criminal del régimen de Mussolini. Niega que haya sido violento y afirma que los campos de internamiento fascistas eran "cosas que suceden en la guerra".

Continúa diciendo que Ucrania debería ser parte de Rusia. Cuando le digo que su partido sería prohibido en países como Alemania, dice: "La libertad es libertad".

En la sede local de Forza Nuova en la ciudad norteña de Verona, las paredes están cubiertas con símbolos racistas y extremistas, desde la bandera confederada de Estados Unidos hasta las de las autoproclamadas Repúblicas Populares prorrusas de Donetsk y Luhansk, junto con pañuelos que llevan las palabras "El poder blanco" y "Somos fascistas: un llamado a las armas".

El líder adjunto del partido, Luca Castellini, me muestra con orgullo un calendario de Mussolini que, según él, es el calendario más vendido en Italia.

El calendario de Mussolini de 2023
En Italia, una de cada cinco personas cree que "Mussolini fue un gran líder que solo cometió algunos errores", según una encuesta del centro estadístico Eurispes de enero de 2020.

También dirige a los Ultras de Verona, fanáticos incondicionales del fútbol. Los estadios italianos han sido durante mucho tiempo caldo de cultivo para el extremismo político. Cuando el club Hellas Verona ascendió hace seis años, Castellini fue filmado gritando jubilosamente a sus seguidores que la persona que había pagado por su éxito y les había regalado la victoria tenía un nombre: "¡Adolf Hitler!".

Los aficionados aplaudieron y comenzaron a cantar: "Somos un equipo fantástico con la forma de una esvástica. ¡Qué bueno ser entrenado por Rudolf Hess!", el segundo de Hitler. Castellini fue expulsado del estadio tras afirmar que un jugador negro nunca podría ser "verdaderamente italiano". 

  "Dios, patria, familia"  

Cuando le pregunto sobre todo esto, dice que felizmente repetiría el mismo canto de Hitler, porque se dictaminó que no fue un crimen. “¿Cómo se sentiría si fuera un descendiente de judíos italianos deportados al Holocausto?”, le pregunto.

“No lo sé, pero las guerras siempre han existido y siempre ha habido muertes", responde. "No es mi problema."

El partido de Meloni se ha distanciado de Forza Nuova. La primera ministra condenó el saqueo del edificio sindical y los dirigentes de Forza Nuova la critican abiertamente por algunas de sus posiciones, incluido su firme apoyo a Ucrania.

Y antes de las elecciones, trató de tranquilizar a sus críticos publicando un mensaje en vídeo en el que decía que la derecha italiana había “consignado el fascismo a la historia” y condenaba enérgicamente la supresión de la democracia y las “ignominiosas leyes antijudías”.

Sin embargo, Meloni no ha renegado por completo de su herencia: todavía utiliza el eslogan de la época fascista "Dios, patria, familia", por ejemplo.

"Hermanos de Italia no es un partido fascista, pero es un heredero ideológico de la tradición posfascista", afirma el periodista Paolo Berizzi. Los grupos extremistas se sienten legitimados por esto, añade Berizzi.

El club de fútbol Hellas Verona celebrando
Los estadios italianos son caldo de cultivo para el extremismo político.

Antes de las elecciones del Parlamento Europeo, los Hermanos de Italia encabezaban las encuestas. Como se esperaba, ellos y otros derechista europeos ganaron terreno, lo que puede consolidar el dominio político de Meloni en su país y su posición como una figura que inspira a otros políticos de derecha y extrema derecha que aspiran a liderar sus propios países.

Sus críticos señalan que ella nunca se ha llamado directamente "antifascista". Pero Nicola Procaccini, miembro del Parlamento Europeo de Hermanos de Italia y uno de los aliados políticos más antiguos de Meloni, insiste en que hay una buena razón para ello.

"Ser antifascista durante el fascismo fue un acto muy valiente, por la libertad y la democracia. Pero ser antifascista durante la democracia a veces ha significado violencia y que muchos jóvenes estudiantes fueran asesinados", dice, refiriéndose a los enfrentamientos, a menudo sangrientos, entre grupos extremistas y los asesinatos cometidos en las décadas de posguerra en Italia.

Procaccini insiste en que Meloni siempre ha condenado el fascismo, pero critica lo que él llama "una obsesión" con el término, que, según él, es usado por la izquierda para alarmar a los votantes antes de las elecciones.

Eso es algo que niegan enérgicamente los opositores en lugares como Bolonia, históricamente el corazón del antifascismo.

En las paredes del ayuntamiento están las fotografías en blanco y negro y los nombres de quienes murieron defendiendo Bolonia del fascismo durante la guerra civil de 1943-45.

Al lado hay otro monumento a las 85 víctimas del peor ataque terrorista de Italia: el atentado con bomba en 1980 en la estación de tren de Bolonia por parte de neofascistas.

Emily Clancy dice que es "increíble" que todavía se hagan saludos fascistas en las manifestaciones

Emily Clancy, teniente de alcalde de Bolonia, cree que no estamos abordando la gravedad de estos episodios como deberíamos.

Emily Clancy, teniente de alcalde de esa ciudad, dice que la lucha contra el fascismo sigue siendo profundamente relevante hoy. "La extrema derecha, no sólo en Italia, sino también en todo el mundo, intenta encontrar un chivo expiatorio para las dificultades de la gente, atacando al extranjero o al migrante", afirma.

Hay similitudes con los primeros días del fascismo, dice, señalando "ataques contra la libertad de prensa, la libertad de la comunidad LGBT y la libertad de las mujeres de determinar lo que pueden hacer con sus propios cuerpos".

Le pregunto si ella y su partido están perdiendo frente a la extrema derecha, que está avanzando en todo el mundo. "Creo que es una lucha, no hemos perdido, pero definitivamente tenemos que unirnos y no acostumbrarnos a lo que está sucediendo", responde.

Crimen de apología del fascismo 

¿Y qué pasa con los saludos fascistas que todavía se ven con tanta regularidad en las manifestaciones? "Es increíble que esto suceda", añade, "y que lo que debería verse como un crimen de apología del fascismo sea minimizado como algo nostálgico o un homenaje. No estamos abordando la gravedad de estos episodios como deberíamos".

Sin embargo, el eurodiputado Nicola Procaccini considera que prohibir el gesto sería una "locura" y añade que no es un llamado a reintroducir el fascismo, sino un gesto histórico derivado de la antigua Roma, aunque fue adoptado más tarde por los fascistas. "Vivimos en una cultura de cancelación que no compartimos".

Y así los símbolos siguen vivos, al igual que la creencia entre algunos de que es necesario reescribir la narrativa establecida.

En Predappio, lugar de nacimiento de Benito Mussolini, cada año se celebra una especie de peregrinación en el aniversario de su muerte, en la que los participantes con boinas militares y rosas rojas visitan su tumba.

Susanna Cortinovis, una de las participantes, elogia a Mussolini por introducir los pagos de la seguridad social y de la maternidad. "Si me dices que ser madre, cristiana y pagar mis impuestos significa que soy fascista, entonces sí, soy fascista", dice. "Y saludo a mi manera romana a mi único jefe de Estado".

Muchos países tienen sus nostálgicos, sus revisionistas, sus teóricos de la conspiración, e Italia no es una excepción. El número de devotos de Il Duce es quizás reducido. Pero hay un cruce entre los propagandistas de Mussolini y los neofascistas modernos.

En una sociedad que todavía tolera tales ideas, imágenes y creencias, la pregunta es hasta qué punto esto se está normalizando todo esto, en un momento en el que los partidos de derecha en otras partes de Europa miran a Italia como ejemplo.

"Los fascistas siempre han tenido un deseo de venganza", afirma el periodista Paolo Berizzi. "Y dicen: 'Muy bien, volvemos al poder, no estamos muertos, no hemos desaparecido'. Persiguen una revancha en la historia".