Acabo de escuchar al diputado de Vox José María Figaredo que hay que cazar (o pescar) a todos los migrantes que han cruzado ilegalmente la frontera de España con Marruecos en Ceuta y devolverlos inmediatamente a su país.
El parlamentario ultraderechista utiliza los verbos cazar y pescar, sabiendo exactamente lo que dice. Cazar significa buscar, perseguir y atrapar animales para capturarlos o matarlos. Pescar es el acto de sacar o capturar del agua peces y otros animales acuáticos. Es decir, acabar con su vida. No solo asusta el mensaje. Hay que escuchar la entonación, la violencia y el desprecio con el que el joven diputado de Vox pronuncia esas palabras. ¿Qué tipo de dios se cree este personaje para decidir sobre la vida y la muerte de sus semejantes?, ¿de quién o de dónde emana su poder para aplicar una sentencia tan injusta y tan cruel sobre otros seres humanos?
Este es el tipo de opiniones que generan odio en el corazón de las personas. Considerar que algunos seres humanos son animales salvajes e invitar a cazarlos como si fueran fieras peligrosas convierte a quien esto dice en ese ser peligroso que tanto odia. Animal peligroso es el que plantea este tipo de ideas. El que envenena la convivencia con estas actitudes despreciables que responden a planteamientos nazis. El que siembra semillas de xenofobia que darán cosechas de discriminación, de persecución y de exclusión.
No hay ni una pizca de empatía en esas palabras. No hay capacidad de meterse dentro de la piel de personas desesperadas que abandonan su tierra, su familia, sus costumbres y se echan a la mar arriesgando la vida. De hecho, ciento cincuenta migrantes la han perdido en el mar.
No defiendo la inmigración ilegal, no comparto la actitud permisiva de Marruecos que conoce la convocatoria y desmantela los controles fronterizos para que ochenta mil personas lleguen a una población haciendo imposible la vida a los ceutíes. Ante esa situación anómala hay formas civilizadas de actuación y otras que son fruto de la irracionalidad y de la crueldad.
Esta es la forma que tiene Vox de afrontar el problema de la migración. Ni una pizca de solidaridad, de compasión, de piedad. Es más, en muchas ocasiones propaga el infundio de que los migrantes son delincuentes. Estos xenófobos parecen disponer de un detector que les permite saber que esos miles de migrantes que cruzan la frontera vienen a España con el claro propósito de delinquir. Es un planteamiento abiertamente nazi.
Esos planteamientos fomentan, de forma inexorable, actitudes xenófobas. Acaba de suceder en Benialí (Alicante). Tres jóvenes españoles de entre 16 y 17 años han agredido a dos chicas menores al grito de Viva Vox y Viva Franco. Las increparon llamándolas bolleras y mariconas. Claro, ellas no tienen derechos, ellas no pueden amar a quien quieran, ellas también pueden (y deben) ser cazadas por quienes tienen el poder de ser autóctonos y franquistas.
Amin Maalouf escribió hace años un libro muy interesante titulado “Identidades asesinas”. Sostiene Maalouf que, de la misma manera que se pedía que hiciéramos análisis de conciencia deberíamos hacer análisis de identidad. Lo dice porque la identidad de cada persona está formada por muchísimos rasgos componentes que denomina “genes del alma”. Esos genes son muchos, diversos, cambiantes. Y nos llevan a ser individuos únicos, irrepetibles, irreemplazables, complejos y dinámicos. El problema surge cuando uno de esos rasgos se convierte en preponderante y excluyente de otra persona que no lo tiene.
Una persona puede ser varón, blanco, europeo, español, andaluz, bético, profesor, agnóstico…Cuando uno de esos rasgos, en determinadas circunstancias, se vive de forma exacerbada, puede dar lugar a comportamientos violentos, sobre todo cuando el grupo de quienes pertenecen a él actúa de forma organizada. No responder a esa exigencia fanática hace que el individuo sea considerado como un traidor o un desnaturalizado.
Pensemos en el principio de “prioridad nazional” (la z no es una errata). El rasgo de identidad “ser español” se convierte en un arma arrojadiza contra los migrantes. Ellos no tienen derechos. Hay un “nosotros” y un “ellos”. Dice Maalouf que “la identidad es un falso amigo. Empieza reflejando una aspiración y de súbito se convierte en un instrumento de guerra”.
Es lo que le ha pasado al señor Figaredo. El rasgo de su personalidad "ser español” le enfrenta al rasgo de “ser migrante”. Ese rasgo de la identidad se convierte en un arma. No le importa que la ley no permita devolver al país de origen a quien no se ha saltado una frontera, como les ha sucedido a quienes llegaron a España nadando. Al señor Figaredo no le importa la ley, le importa su odio, le importa la exaltación de sentirse español de primera clase. Si identidad se ha convertido en asesina.
Señor Figaredo, lo que necesitan estas personas es respeto, es consuelo, es ayuda. Porque muchas han sido engañadas por bulos que les han ofrecido lo que nadie les podía dar. Porque han arriesgado su vida por nada y porque algunos la han perdido. Porque están viviendo en condiciones infrahumanas: pasando sed y hambre, durmiendo en la calle, lavando la ropa en la playa, sin poder ducharse, sin poder hacer sus necesidades, sufriendo agresiones, pasando miedo…
Señor Figaredo, lo que necesitan esas personas es un poco de humanidad. Porque no solo es que no tengan presente (huyen de una situación miserable) sino que todo lo que han sufrido no les garantiza tener un futuro mejor. El fenómeno de la emigración no puede entenderse si no se tiene en cuenta que las personas que emigran no están haciendo un viaje de placer, están huyendo del hambre, de la guerra, de la miseria y de la desesperación. Padres que abandonan a la familia para enviar dinero a la familia, niños, niñas y jóvenes que dejan detrás s la familia y arriesgan la vida para encontrar un futuro. No huyen por capricho ni por diversión.
Lo que usted necesita es un buen baño de humanidad. ¿Se imagina usted en la misma situación por la que están atravesando estas personas? ¿Cómo le gustaría que le tratasen? Cuando los españoles nos hemos visto obligados a emigrar, ¿cómo hemos sido tratados? Le brindo este pensamiento: voy a tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí.
Lo que más me preocupa de sus declaraciones es que muchos niños y jóvenes le van a escuchar a usted y le van a dar la razón. Y van a considerar animales a unos seres humanos que sufren. Les van a considerar, como usted hace, como seres de segunda categoría, que no tienen derechos, que vienen a quitarnos lo que es nuestro.
Mientras escribo estas líneas veo imágenes desoladoras. Han pasado 14 días desde que se produjo la avalancha y resulta terrible ver las condiciones en las que están viviendo los miles de migrantes que todavía siguen en Ceuta. Sin comida, sin higiene, sin seguridad, sin sanidad, sin un techo bajo el que dormir.
Algunas ONGs están brindando ayuda, muchos ciudadanos y ciudadanas de Ceuta, algunos voluntarios están ofreciendo comida y consuelo. No entiendo cómo la Unión Europea, el gobierno de España y el gobierno de Marruecos no se han volcado en garantizar a estas personas unas condiciones de vida mínimamente aceptables mientras se resuelve la crisis. También me duele el miedo y la inseguridad de los ceutíes.
Me preocupa el mundo que le estamos dejando a nuestros descendientes. Me preocupa que los votos mantengan a responsables políticos con las tesis del señor Figaredo. ¿A dónde vamos por este camino?, ¿qué mundo buscamos?
La clave de la convivencia reside en la interculturalidad. Y la escuela tiene que educar siguiendo sus postulados. A saber:
Hay muchas culturas y subculturas en esta sociedad.
Todas las culturas merecen reconocimiento y respeto, aunque no compartamos todas sus concepciones.
Se centra preferentemente en las relaciones igualitarias entre las culturas.
Es un valor el que haya culturas diversas que se relacionan entre sí.
Da respuesta a la diversidad y no permanecer de espaldas a ella.
Pone el énfasis más en las similitudes que en las diferencias.
Facilita y promueve procesos de intercambio, interacción y cooperación entre culturas.
Realiza una aproximación critica analizando y valorando las culturas, incluida la propia.
Contempla el proceso educativo no como elemento segregador sino aglutinador.
Todas personas, independientemente de su raza, género, religión o cultura tienen una dignidad esencial por el simple hecho de ser seres humanos.
Señor Figaredo, la educación y la política han de conducir a una convivencia pacífica, respetuosa y colaborativa en la que todos y todas tengamos cabida como seres humanos depositarios de una dignidad esencial. Sus declaraciones son indecentes, insolidarias y delictivas. El odio no puede cimentar la convivencia democrática.
El Adarve.
El parlamentario ultraderechista utiliza los verbos cazar y pescar, sabiendo exactamente lo que dice. Cazar significa buscar, perseguir y atrapar animales para capturarlos o matarlos. Pescar es el acto de sacar o capturar del agua peces y otros animales acuáticos. Es decir, acabar con su vida. No solo asusta el mensaje. Hay que escuchar la entonación, la violencia y el desprecio con el que el joven diputado de Vox pronuncia esas palabras. ¿Qué tipo de dios se cree este personaje para decidir sobre la vida y la muerte de sus semejantes?, ¿de quién o de dónde emana su poder para aplicar una sentencia tan injusta y tan cruel sobre otros seres humanos?
Este es el tipo de opiniones que generan odio en el corazón de las personas. Considerar que algunos seres humanos son animales salvajes e invitar a cazarlos como si fueran fieras peligrosas convierte a quien esto dice en ese ser peligroso que tanto odia. Animal peligroso es el que plantea este tipo de ideas. El que envenena la convivencia con estas actitudes despreciables que responden a planteamientos nazis. El que siembra semillas de xenofobia que darán cosechas de discriminación, de persecución y de exclusión.
No hay ni una pizca de empatía en esas palabras. No hay capacidad de meterse dentro de la piel de personas desesperadas que abandonan su tierra, su familia, sus costumbres y se echan a la mar arriesgando la vida. De hecho, ciento cincuenta migrantes la han perdido en el mar.
No defiendo la inmigración ilegal, no comparto la actitud permisiva de Marruecos que conoce la convocatoria y desmantela los controles fronterizos para que ochenta mil personas lleguen a una población haciendo imposible la vida a los ceutíes. Ante esa situación anómala hay formas civilizadas de actuación y otras que son fruto de la irracionalidad y de la crueldad.
Esta es la forma que tiene Vox de afrontar el problema de la migración. Ni una pizca de solidaridad, de compasión, de piedad. Es más, en muchas ocasiones propaga el infundio de que los migrantes son delincuentes. Estos xenófobos parecen disponer de un detector que les permite saber que esos miles de migrantes que cruzan la frontera vienen a España con el claro propósito de delinquir. Es un planteamiento abiertamente nazi.
Esos planteamientos fomentan, de forma inexorable, actitudes xenófobas. Acaba de suceder en Benialí (Alicante). Tres jóvenes españoles de entre 16 y 17 años han agredido a dos chicas menores al grito de Viva Vox y Viva Franco. Las increparon llamándolas bolleras y mariconas. Claro, ellas no tienen derechos, ellas no pueden amar a quien quieran, ellas también pueden (y deben) ser cazadas por quienes tienen el poder de ser autóctonos y franquistas.
Amin Maalouf escribió hace años un libro muy interesante titulado “Identidades asesinas”. Sostiene Maalouf que, de la misma manera que se pedía que hiciéramos análisis de conciencia deberíamos hacer análisis de identidad. Lo dice porque la identidad de cada persona está formada por muchísimos rasgos componentes que denomina “genes del alma”. Esos genes son muchos, diversos, cambiantes. Y nos llevan a ser individuos únicos, irrepetibles, irreemplazables, complejos y dinámicos. El problema surge cuando uno de esos rasgos se convierte en preponderante y excluyente de otra persona que no lo tiene.
Una persona puede ser varón, blanco, europeo, español, andaluz, bético, profesor, agnóstico…Cuando uno de esos rasgos, en determinadas circunstancias, se vive de forma exacerbada, puede dar lugar a comportamientos violentos, sobre todo cuando el grupo de quienes pertenecen a él actúa de forma organizada. No responder a esa exigencia fanática hace que el individuo sea considerado como un traidor o un desnaturalizado.
Pensemos en el principio de “prioridad nazional” (la z no es una errata). El rasgo de identidad “ser español” se convierte en un arma arrojadiza contra los migrantes. Ellos no tienen derechos. Hay un “nosotros” y un “ellos”. Dice Maalouf que “la identidad es un falso amigo. Empieza reflejando una aspiración y de súbito se convierte en un instrumento de guerra”.
Es lo que le ha pasado al señor Figaredo. El rasgo de su personalidad "ser español” le enfrenta al rasgo de “ser migrante”. Ese rasgo de la identidad se convierte en un arma. No le importa que la ley no permita devolver al país de origen a quien no se ha saltado una frontera, como les ha sucedido a quienes llegaron a España nadando. Al señor Figaredo no le importa la ley, le importa su odio, le importa la exaltación de sentirse español de primera clase. Si identidad se ha convertido en asesina.
Señor Figaredo, lo que necesitan estas personas es respeto, es consuelo, es ayuda. Porque muchas han sido engañadas por bulos que les han ofrecido lo que nadie les podía dar. Porque han arriesgado su vida por nada y porque algunos la han perdido. Porque están viviendo en condiciones infrahumanas: pasando sed y hambre, durmiendo en la calle, lavando la ropa en la playa, sin poder ducharse, sin poder hacer sus necesidades, sufriendo agresiones, pasando miedo…
Señor Figaredo, lo que necesitan esas personas es un poco de humanidad. Porque no solo es que no tengan presente (huyen de una situación miserable) sino que todo lo que han sufrido no les garantiza tener un futuro mejor. El fenómeno de la emigración no puede entenderse si no se tiene en cuenta que las personas que emigran no están haciendo un viaje de placer, están huyendo del hambre, de la guerra, de la miseria y de la desesperación. Padres que abandonan a la familia para enviar dinero a la familia, niños, niñas y jóvenes que dejan detrás s la familia y arriesgan la vida para encontrar un futuro. No huyen por capricho ni por diversión.
Lo que usted necesita es un buen baño de humanidad. ¿Se imagina usted en la misma situación por la que están atravesando estas personas? ¿Cómo le gustaría que le tratasen? Cuando los españoles nos hemos visto obligados a emigrar, ¿cómo hemos sido tratados? Le brindo este pensamiento: voy a tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí.
Lo que más me preocupa de sus declaraciones es que muchos niños y jóvenes le van a escuchar a usted y le van a dar la razón. Y van a considerar animales a unos seres humanos que sufren. Les van a considerar, como usted hace, como seres de segunda categoría, que no tienen derechos, que vienen a quitarnos lo que es nuestro.
Mientras escribo estas líneas veo imágenes desoladoras. Han pasado 14 días desde que se produjo la avalancha y resulta terrible ver las condiciones en las que están viviendo los miles de migrantes que todavía siguen en Ceuta. Sin comida, sin higiene, sin seguridad, sin sanidad, sin un techo bajo el que dormir.
Algunas ONGs están brindando ayuda, muchos ciudadanos y ciudadanas de Ceuta, algunos voluntarios están ofreciendo comida y consuelo. No entiendo cómo la Unión Europea, el gobierno de España y el gobierno de Marruecos no se han volcado en garantizar a estas personas unas condiciones de vida mínimamente aceptables mientras se resuelve la crisis. También me duele el miedo y la inseguridad de los ceutíes.
Me preocupa el mundo que le estamos dejando a nuestros descendientes. Me preocupa que los votos mantengan a responsables políticos con las tesis del señor Figaredo. ¿A dónde vamos por este camino?, ¿qué mundo buscamos?
La clave de la convivencia reside en la interculturalidad. Y la escuela tiene que educar siguiendo sus postulados. A saber:
Hay muchas culturas y subculturas en esta sociedad.
Todas las culturas merecen reconocimiento y respeto, aunque no compartamos todas sus concepciones.
Se centra preferentemente en las relaciones igualitarias entre las culturas.
Es un valor el que haya culturas diversas que se relacionan entre sí.
Da respuesta a la diversidad y no permanecer de espaldas a ella.
Pone el énfasis más en las similitudes que en las diferencias.
Facilita y promueve procesos de intercambio, interacción y cooperación entre culturas.
Realiza una aproximación critica analizando y valorando las culturas, incluida la propia.
Contempla el proceso educativo no como elemento segregador sino aglutinador.
Todas personas, independientemente de su raza, género, religión o cultura tienen una dignidad esencial por el simple hecho de ser seres humanos.
Señor Figaredo, la educación y la política han de conducir a una convivencia pacífica, respetuosa y colaborativa en la que todos y todas tengamos cabida como seres humanos depositarios de una dignidad esencial. Sus declaraciones son indecentes, insolidarias y delictivas. El odio no puede cimentar la convivencia democrática.
El Adarve.

