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martes, 8 de septiembre de 2026

Dime de qué presumes y te diré de qué careces en Ceuta. Por Juan Torres López

El Gobierno no falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar

Hay dos clases de problemas en la vida de las personas y en la de las sociedades: los que tienen solución y los que no. Los primeros desaparecen si se encuentra la respuesta adecuada y se aplica con acierto. Los segundos no tienen remedio que los haga desaparecer, y empeñarse en buscárselo conduce a la frustración primero, y después a la parálisis. Con ellos no cabe resolver, sino evitarlos mientras se pueda, paliar el daño, frenarlos, retrasarlos, pasarlos a otro tiempo o a otras manos… y, sobre todo, cuidar en todos los sentidos a quien los padece, sea una persona, un territorio, un animal o un patrimonio que no queremos perder.

Mi tesis es que el problema de Ceuta (y Melilla) pertenece a esta segunda clase en el plano político, geoestratégico e incluso humanitario, al menos a corto y medio plazo, y las razones de que no tenga solución me parecen claras. Son dos territorios que pertenecen a España antes de que existiera el Marruecos actual, pero que este país reclama sin descanso porque esa reivindicación forma parte de su identidad nacional y del cemento de su monarquía. Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos (fronteras, comercio, migración, seguridad, energía…) y de los cuales uno es una autocracia que sabe usar esa imbricación como palanca sibilina para agredir y hacer chantaje, incluso permitiendo –por ejemplo– que miles de personas violen una frontera como munición, aun a costa de sus vidas. Hay una población autóctona, la ceutí y melillense, con intereses propios y legítimos para la que seguramente no hay más “solución” imaginable que mantener el statu quo del que depende su vida. Y, para colmo, en España hay una derecha ferozmente nacionalista que se proclama patriota pero que nunca arrima el hombro en favor de toda la patria, sino que sopla las brasas con tal de quemar al gobierno que no represente a lo que ella considera la suya, la “España de bien”. Y lo hace aunque así se deteriore la cohesión interna, se quiebre la imagen internacional del país o hasta se genere más riesgo de perder territorios de la patria que dice defender. Y el problema se complica, finalmente, aún más dadas las racionales sospechas de que quien realmente mueve los hilos en esa zona pueden ser los gobiernos de Estados Unidos e Israel, a quienes interesa que España y Europa se desestabilicen, y que han dado sobradas muestras de cinismo e inmoralidad.

Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos

Quizá la mejor forma de comprobar que el problema de Ceuta no tiene solución es ver lo que han hecho quienes más alto proclaman que sí la tiene, la derecha y la extrema derecha (en este caso, la misma cosa) que acusan al Gobierno de Pedro Sánchez de no defender a Ceuta y que reclaman mano dura contra Marruecos.

Son la derecha y la extrema derecha que no sólo no condenan el franquismo, sino que incluso lo reivindican, pero que olvidan que en noviembre de 1975 y ante la Marcha Verde (trescientas mil personas caminando), el régimen de Franco –el más militarista, beligerante y supuestamente patriótico que ha conocido España, armado hasta los dientes y sin parlamento, oposición ni tribunales que le ataran las manos– no defendió el Sáhara. Lo entregó en cuestión de días, lo mismo que había hecho antes, en 1969, cuando cedió Ifni a Marruecos. Es la misma derecha que, sin embargo, celebró como gesta nacional la recuperación de la Isla Perejil, un islote deshabitado del que en 2002 hubo que desalojar a un puñado de gendarmes que ni siquiera opusieron resistencia.

Esa es la medida exacta del patriotismo de la derecha española: epopeya cuando no hay nadie ni nada que defender, entrega o silencio cuando lo que está en juego es un territorio con población y futuro. Y es la misma derecha que hace gala de su atlantismo y sintonía con Washington pero que calla cuando es precisamente Estados Unidos quien tiene la llave para subir o bajar la temperatura de la frontera.

Ni siquiera tiene solución a día de hoy el problema humanitario: el acoger, atender, ordenar la llegada de miles de personas con decencia. Es lo que habría que hacer, pero también esa puerta está entornada.

El Tribunal Supremo español dictó (casualmente días antes del problema) que a quienes son interceptados en el mar tratando de entrar a nado en Ceuta no se les puede aplicar el “rechazo en frontera” –es decir, la devolución sumaria en caliente–, sino el procedimiento ordinario de devolución, que lleva garantías individuales y necesita tiempo para hacerla efectiva, si se hace. Y aún más. ¿Cómo se frena una avalancha de casi tantos miles de personas como habitantes tiene Ceuta? ¿A tiros? ¿Ahogando a quien nada? No hay respuesta compatible con la decencia, y por eso ninguno de los que exigen firmeza ha formulado en voz alta solución alguna… salvo uno. La que dio el único dirigente de la derecha que se ha atrevido a concretar qué se debería hacer fue tan bárbara como esclarecedora: el diputado de Vox José María Figaredo propuso, sin metáfora y reiterándose al día siguiente sin retractarse, “cazar” a los inmigrantes “uno a uno” o “pescarlos”, y lo dijo acompañando sus palabras con onomatopeyas de disparo. Esa ha sido la única propuesta específica que la derecha ha logrado poner sobre la mesa.

Las salidas se cierran porque no se puede resolver en días, meses o pocos años el desnivel que empuja a la gente del África saqueada durante siglos hacia el norte. Porque se necesita a la inmigración, pero no se la quiere, y las patronales, los partidos y los gobiernos europeos (unos más que otros) están atrapados en esa contradicción. Porque no se aplaca con buenas palabras a un vecino que sabe usar la frontera como palanca de guerra híbrida y al que no le importa que mueran sus ciudadanos. Porque no se defiende un enclave como Ceuta con las bravuconadas de Aznar y sus acólitos, como demuestra la propia historia de la derecha que vocifera. Porque no se frena a decenas de miles de personas sin cruzar la línea de la barbarie y porque incluso la vía humanitaria tropieza con límites materiales que ningún discurso elimina.

Lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece

Lo único que queda entonces, cuando se han agotado todas las respuestas que podrían resolver el problema, es el cuidado. El pariente pobre de las respuestas a lo que no tiene solución.

Cuando no se puede resolver, ni domar, ni frenar sin barbarie, lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece. Y aquí es donde hay que decir, con dolor porque uno esperaba otra cosa, que el Gobierno ha fallado. No en lo imposible, pues nadie le puede exigir honradamente que resuelva lo que no tiene solución, sino precisamente en lo único que estaba en su mano, la celeridad a la hora de atender y el cuidado hacia la población ceutí y hacia la que entró irregularmente.

Es, sin duda, injusto decir que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha hecho nada en la gestión administrativa de la emergencia. Ha habido muchos recursos, protocolos, plazas, kits de higiene, ministras que visitaron el enclave, y hasta se aceleró el traslado a la Península de las niñas más vulnerables. Hubo, incluso, perspectiva de género en esa gestión. Y sin embargo todo ello pertenece a un mismo tipo de actuación, el de la administración, el del poder que ordena, coordina y paga. Pero ha faltado otra, la que no tiene que ver con “hacer”, sino con “estar”.

Porque una cosa es atender a las personas y otra muy distinta es estar con ellas. Un gobierno puede movilizar recursos, habilitar plazas y activar dispositivos de emergencia manteniendo una enorme distancia con las personas concretas que sufren y se sienten solas, porque el sistema puede funcionar a la perfección mientras la persona sigue estando sola. Pero eso se paga.

El poder y la gestión llegaron tarde, a remolque de la presión vecinal. El cuidado ha tenido en Ceuta rostro y sexo y no ha sido el del Gobierno. Mientras el Estado contaba plazas, decenas de mujeres y niñas que dormían a la intemperie entre cientos de hombres empezaron a denunciar acoso y agresiones sexuales, y quienes primero improvisaron espacios donde pudieran pasar la noche seguras no fueron los ministerios, sino los vecinos de El Príncipe y de Sidi Embarek, una organización como Save the Children y las propias mujeres migrantes organizándose para protegerse unas a otras. Es verdad que fueron ministras. Hubo visitas, sí, pero no fue el Gobierno quien cuidó, sino otra gente. Y esa gente pudo ver lo que a la administración se le escapaba, porque sólo se ve cuando se está cerca que el problema no era únicamente cuántas camas había, sino quién protegía a las mujeres durante la noche.

Hay, de nuevo desgraciadamente, un símbolo bien elocuente de la distancia con la que el Gobierno ha hecho frente al drama. La del propio presidente, Pedro Sánchez, que ciertamente visitó Ceuta el 31 de julio, al día siguiente de la avalancha, pero que se marchó de vacaciones a la jornada siguiente a Lanzarote. Desde allí llegó a presidir, a mediados de agosto y por videoconferencia desde la residencia de La Mareta, la reunión con sus ministros sobre Ceuta. Tiene todo el derecho a descansar, como él mismo ha reivindicado, pero esa no es la cuestión. No se trata de discutir si un gobernante tiene derecho o no a irse de vacaciones. La cuestión es el modo de gobernar que atiende la emergencia de personas concretas a través de una pantalla, desde lejos, sin pisar el suelo del dolor. Gobernar Ceuta por videoconferencia desde la playa, o –como han hecho otras ministras y ministros, desde Madrid– es, literalmente, hacer sin estar.

Ahí está la diferencia entre administrar y cuidar, entre añadir una perspectiva de género a los papeles y cambiar la manera de ejercer el poder. Lo primero lo hizo el Gobierno; lo segundo no. Y ese ha sido el origen del grito que lanzaron los ceutíes (“Nos sentimos abandonados”) y que han repetido vecinos, comerciantes y hasta responsables políticos socialistas de la ciudad.

Que una parte de España tenga que decir en voz alta que se siente abandonada por España es, en sí mismo, el mayor de los reproches. No importa cuántos millones se liberen ni cuántos dispositivos se activen, porque es a ese sentimiento a lo que no se debió dar pie jamás. Un gobierno que cuida no evita sólo el daño material; evita, sobre todo, que los suyos (que somos todos) tengan que gritar que están solos. Y quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, la que sea, aunque sea falsa y cruel. El abandono es la puerta por la que entra la demagogia, y por ahí se ha colado la derecha.

Quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, aunque sea falsa y cruel

En toda esta tragedia, quien ha aparecido ante mucha gente como el que se pone del lado de Ceuta y de los demás españoles más o menos preocupados por lo que pasaba allí, ha sido la derecha, no el Gobierno. Es una solidaridad falsa, porque defiende a unos enfrentándolos a otros, porque propone cazar a los más vulnerables para tranquilizar a los demás y porque se basa en el mismo patriotismo de cartón-piedra que celebró la gesta de Perejil y calla ante los cadáveres del espigón. Pero si ocupa ese terreno es porque la izquierda lo dejó vacío.

Hay algo que la izquierda sigue olvidando. Hay muchos momentos, muchos más de los que solemos creer, en los que el consuelo, el apoyo, la compañía y la empatía son tan necesarios o más que la buena doctrina e incluso que la partida presupuestaria. Un poder que sólo sabe dar discursos, liberar fondos y redactar notas de prensa no sólo cuida mal; gestiona peor, porque se pierde justo lo que únicamente se conoce de cerca. Y la gente lo nota.

Un gobierno progresista no fracasa cuando es impotente ante un poder que lo desborda. De esa impotencia nadie está a salvo, y en Ceuta no había victoria posible para nadie. Fracasa –como está fracasando el Gobierno de Pedro Sánchez– cuando, no pudiendo resolver, renuncia además a lo único que sí estaba en su mano: estar al lado de la gente. No falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar.

Y la paradoja final es que todo eso que ha faltado tiene nombre. Esa presencia, ese hacerse cargo de la vida concreta de la gente, esa manera de ejercer el poder que no manda desde fuera, sino que sostiene desde dentro, no es un buenismo vago. Son, en su sentido más hondo, dos cosas que en este país no se paran de invocar, de las que se presume pero que, a la hora de la verdad, no se practican. Una se llama patriotismo, si por patriotismo no entendemos el culto a la tela de la bandera, sino la defensa de la vida, el bienestar, la seguridad y también el suelo donde vive la gente a la que uno se debe. La otra se llama feminismo, si por feminismo no entendemos la etiqueta, ni sólo la perspectiva de género añadida a un expediente administrativo, ni el recuento de cuántas ministras se sientan en el Consejo o de cuántos huecos se ocupan en las listas –eso es representación, que importa, pero es sólo la puerta–. De este Gobierno esperábamos algo más hondo, precisamente lo que el feminismo nos había hecho creer que podríamos esperar de su práctica: romper la vieja frontera que dejaba en el lado de lo público la razón, la autoridad y el mando, y confinaba en el de lo privado –donde a su vez se confinaba a las mujeres– el cuidado, la dependencia y la vulnerabilidad, como si no fueran también asuntos políticos. Esperábamos un modo de gobernar feminista que no se limitara a cambiar quién ejerce el poder, sino que transformara el cómo se ejerce, que sustituyera la lógica patriarcal de la jerarquía y el mando a distancia por la de la cercanía y el cuidado. De un cuidado de una clase precisa, porque no vale cualquiera: no el que decide desde arriba lo que a la gente le conviene –ese también es autoritario y paternalista–, sino el que escucha y reconoce a quien sufre, empezando por esas mujeres y esas niñas, como sujeto capaz de decidir sobre su propia vida y no como mero objeto al que proteger. Un poder que se mide, al final, en vida sostenida, en dolor aliviado y en autonomía devuelta.

Eso es lo que debería avergonzar a unos y a otros. Aunque, desde luego, no de la misma manera ni en la misma medida, porque igualar aquí las dos faltas sería la más cómoda de las mentiras. La derecha hace gala de patriotismo, pero lo que ha hecho no es defender la españolidad de Ceuta sino convertirla en un misil contra el Gobierno. Su única propuesta concreta ha sido cazar a los más débiles. El error del Gobierno, por el contrario, no es el del cínico que finge una virtud que no siente, sino el de quien traiciona una que dice tener y podía haber ejercido. A la derecha hay que reprocharle lo que hace; al Gobierno, con más dolor, lo que pudo hacer y no hizo.

Y si con este segundo se es más severo no es porque sea peor –a mi juicio no lo es–, sino porque de él se esperaba otra cosa y porque su fallo lo vamos a pagar muy caro y quizá pronto. Ceuta enseña algo muy claro: cuando un problema no tiene solución, lo más importante que cabe hacer es cuidar y no producir abandono, y haber descuidado ese cuidado y haber hecho que la población ceutí e incluso la del resto de España se sienta abandonada, lo que al principio de estas líneas parecía lo más pequeño de todo, es precisamente lo que dio la llave, ha dejado el campo libre y está haciendo fuerte a la extrema derecha.

Juan Torres López es economista y catedrático jubilado de Economía Aplicada.

Fuente: 

lunes, 7 de septiembre de 2026

¿A dónde va Marruecos?

¿A dónde va Marruecos? Nadie puede responder esta pregunta. Ni siquiera el rey Mohammed VI. Reconoció oficialmente los límites de un modelo que, en 1999, aseguró la transición del régimen del fallecido Hassan II, su padre, al suyo (1). “El deber de claridad y objetividad requiere matizar [el] equilibrio positivo, en la medida en que el progreso y los logros ya alcanzados lamentablemente aún no han tenido suficientes repercusiones en la sociedad en su conjunto Repitió al soberano nuevamente en la víspera de la Fiesta del Trono, en julio de 2019 (2).

Este modelo es el de una monarquía todopoderosa que promueve una economía ultraliberal a través de organismos públicos para la realización de proyectos espectaculares: línea de ferrocarril de alta velocidad (LGV) Casablanca-Tánger, zona económica y Port Tanger Med industrial, teatro Mohammed-VI en Casablanca, nuevas autopistas, etc. Proyectos importantes que, por supuesto, son atractivos a nivel internacional, y que han permitido al rey pasar el hito de veinte años de reinado sin la prensa, incluyendo Francés, empaña su imagen. Desde París o el centro de Rabat, el país todavía parece ser este águila giratoria (¡libre de petróleo!) En la cima de la economía africana y se integra fácilmente en las cadenas de valor mundiales, por ejemplo, convertirse en un productor de peso pesado en los sectores automotriz y aeronáutico (3).

Pero, en Marruecos, las ilusiones se evaporan como las capas freáticas bajo el doble pinchazo del turismo de masas, que sin duda será muy penalizado por la epidemia de Covid-19 y la agricultura intensiva (lea "La sequía agrava las dificultades del Reino "). A raíz del discurso del palacio, la teoría de la escorrentía ha dado lugar a críticas autorizadas de una distribución insuficiente de la riqueza. En sus últimos informes, el Tribunal de Cuentas, el Banco Al-Maghrib (el banco central) y el Consejo Económico, Social y Ambiental (CESE) han alertado sobre los problemas estructurales del país.

Aparentemente, todo está bien: se espera un crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) del 3.5% en 2020 (4), índice de precios al consumidor bajo control (+ 0.6%), tasa de desempleo en 9.2 % en 2019 (9.8% en 2018) (5). A finales de octubre, frente a una audiencia de representantes internacionales (Alemania, Suiza, Banco Mundial, etc.), el primer ministro Saadeddine El-Othmani planteó todas las sonrisas frente a una magnífica pastelería decorada con un número: "53", como Place du Marruecos en el Doing Business - o índice de "facilidad para hacer negocios" - 2020, establecido cada año por el Banco Mundial. El reino ha crecido allí en siete filas (6).

Sin embargo, solo una minoría tiene la suerte de recibir un pedazo del pastel. Marruecos de Mohammed VI cambia de forma tan pronto como hablamos de los índices que cuentan: recopilación de todos los factores que revelan el estado de una sociedad, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) establecido por el Programa de Naciones Unidos para el Desarrollo (PNUD) no miente: en 2019 (7), el país ocupó el puesto 121 en la categoría de "desarrollo humano promedio", muy por detrás de Argelia (82) y Túnez (91) , ambos incluidos en la sección "alto desarrollo humano". Lo que molesta a la élite marroquí, que, alabando los méritos del reino, a menudo insiste en las situaciones de conflicto entre sus vecinos.

Este 121 ° lugar refleja una realidad muy cruda. "Hay un 10% de ciudadanos en situaciones de extrema pobreza total", explica Taïeb Aisse, especialista en desarrollo territorial, que colabora con el gobierno actual, dominado por el Partido de Justicia y Desarrollo (PJD, referencial islámico) . "Es decir, no tienen nada. Sin ingresos Es muy peligroso ! Además de esta indigencia absoluta, la clase media también sufre la abismal brecha entre lo que llamamos aquí el "escaparate" y el país real.

El país se ha quedado atrás en educación
Este escaparate es claramente visible cuando se viaja por el norte del país. La estación Casa-Voyageurs es tan brillante como las de Rabat o Tánger. Pero, a través de las ventanas del TGV, tres cuartos lleno, que gira a 314 kilómetros por hora a lo largo del océano, se puede ver, desde los primeros minutos, vastas extensiones de arcilla parcialmente salpicadas de viviendas de chapa, bloques de hormigón u hormigón. Las autoridades han vaciado barrios marginales emblemáticos, como el de Sidi Moumen, una bolsa de pobreza a las puertas de Casablanca, que albergó a los terroristas que cometieron los ataques de 2003. Poco a poco, los habitantes fueron reubicados en otros lugares, en grandes complejos, docenas de '' edificios idénticos con un máximo de cinco pisos. Sin infraestructura ni transporte, estas ciudades construidas apresuradamente recuerdan las elecciones de Francia durante los años 1950-1960, de los cuales sus suburbios nunca se recuperaron. Aquí no reducimos la pobreza: la alejamos de los centros urbanos y de los visitantes extranjeros.

Terminado el año pasado, el paseo marítimo de Tánger, que corre a lo largo de la playa, ha borrado los viejos bares, ahuyentó a los espectadores alcohólicos y a varios traficantes de drogas. Por la noche, las murallas iluminadas que bordean la medina ofrecen una vista única de la Bahía de Gibraltar. Pero las preocupaciones de la población están en otra parte. "Marruecos, es simple: no hay nada que hacer, la molestia está en todas partes, incluso para eliminar cualquier documento administrativo ... Te tratamos como un insecto", suspira la Sra. Samira T., de 30 años, maestra en Un colegio público en la ciudad. Su experiencia personal ilustra el atraso del país en uno de los campos tomados en cuenta por el PNUD para su clasificación: la educación.

"Enseñé durante cuatro años en un ambiente difícil, en Fnideq, una ciudad muy conservadora de la que salieron muchos de los hombres que se unieron a la Organización del Estado Islámico. Cuando me transferí a Tánger, pensé que mi vida diaria mejoraría. Pero no, al contrario: fue el verdadero comienzo del infierno. Dieciocho meses de depresión tratados con ansiolíticos, de los cuales la joven apenas se está recuperando. "Sin embargo, el barrio no es particularmente pobre. Casi todos los estudiantes tienen tabletas. Pero las condiciones de enseñanza son insoportables ", explica el que se prepara ese día para dar una clase de francés a una clase de ... ¡cuarenta y nueve estudiantes! Y esto por 520 euros al mes. "Crecí en una aldea remota, desprovista de todo. Pero al menos, con la escuela pública, tuvimos la oportunidad de sobrevivir. Hoy, el nivel es muy bajo. "

Las familias que pueden hacerlo recurren a escuelas privadas, a niveles tan dispares como los del público. Esta situación crítica se destaca en numerosos informes, marroquíes e internacionales. Un estudio en la Revista Internacional de Educación de Sèvres considera "una reforma radical y vital que permitirá que el sistema educativo marroquí progrese y cumpla sus misiones (8)". En diciembre de 2017, cuando acababa de ser nombrado jefe de gobierno, El-Othmani habló de una medida de choque: el fin de la educación superior gratuita. Una elección que el CESE no valida. "Hacemos que la gente pague dos veces: primero con impuestos, luego al presionarlos para que se vuelvan privados", comenta su presidente, el Sr. Ahmed Reda Chami, un ex ejecutivo de Microsoft que fue ministro de industria de 2007 a 2012. Sin embargo, el Primer Ministro defiende esta medida, así como su historial. "Hemos reducido en gran medida el número de estudiantes por clase. Tenemos más o menos cuarenta años, ahora. Cuarenta y nueve estudiantes es la excepción, nos asegura. En términos más generales, hemos reducido la pobreza a la mitad desde 2004. ¡Marruecos está avanzando! La señora T. sueña con irse del país. En los próximos dos años, espera, residirá en Canadá, donde habrá "recuperado [su] dignidad".

Segundo criterio, también tomado en cuenta en el ranking del IDH: salud. "En Marruecos, es simple: se debe crear un sistema de salud completo", lamenta Othmane Boumaalif. A los 38 años, este médico general pertenece a la generación de militantes del llamado movimiento "20 de febrero", que apareció en 2011 a raíz de las revueltas populares en Túnez y Egipto. Preside un Anfass democrático ("respiraciones" en árabe), una asociación que regularmente produce notas sobre la economía y la sociedad. "El problema es estructural: no tenemos la primera línea, el médico tratante que examina y luego dirige al paciente de acuerdo con su patología". En Marruecos, el paciente acude al médico, si obtiene una cita antes de los seis meses, o al centro hospitalario de la universidad [CHU], cuando existe, o al dispensario ... Es un caos total, y las personas a menudo recurren a la automedicación. ¿Qué piensa de los nuevos establecimientos construidos en asociación con los Estados del Golfo? “Estamos construyendo un puñado de hospitales de exhibición muy bien equipados. ¡Pero nadie puede pagarlos! Además, Marruecos sigue siendo un gigantesco desierto médico, especialmente porque muchos de nuestros practicantes emigran a Alemania, donde ahora se reconoce su diploma. "

¿Cómo explicar esta discrepancia entre datos macroeconómicos bastante halagadores, infraestructuras llamativas y enormes deficiencias en los servicios básicos del gobierno? "Tenemos que relacionar el sistema político con los problemas de la economía", explica el economista Najib Akesbi, que acaba de retirarse de la escuela agrícola en Rabat. Cuando el sistema político decide favorecer un programa de carreteras mientras que los caminos rurales, las vías para conectar una aldea con otra faltan en todas partes, estas son opciones que no pueden ser viables. La muy costosa sección Fez-Oujda, por lo tanto, solo funciona al 10% de su capacidad. Las opciones de inversión son irrelevantes para las necesidades de la población. "

La falta de recursos, por lo tanto, no es la primera causa de desequilibrios económicos. "Tenemos una buena tasa de inversión (32%), pero no genera suficiente crecimiento ni suficientes empleos", continúa el economista. Por qué ? Hace diez años, un punto de crecimiento representaba 35,000 empleos. Hoy es menos de 10,000. Los grandes proyectos emplean a personas solo por un tiempo limitado. Además, el 70% de la inversión está compuesta por fondos públicos. Este es el primer fracaso del "modelo de desarrollo marroquí". "

Durante cincuenta años, una de las opciones estratégicas del régimen ha sido apostar todo en la economía de mercado y en el sector privado, en gran medida subsidiado por el estado, con la idea de que sería autosuficiente y se convertiría en el inversor principal. Esta apuesta es un claro fracaso. Además de invertir poco, el sector privado paga solo el 10% de la población activa (1,2 millones de personas de 12, para una población total de 36,6 millones de personas). Otro fenómeno notable es el de los trabajadores fantasmas. Entre estos 12 millones de personas que trabajan, 2 millones se identifican como tales, pero no se les paga. Particularmente en esta categoría se encuentran los trabajadores agrícolas empleados en la granja familiar o los jóvenes que trabajan en la industria artesanal.

"No logramos alcanzar la tasa de crecimiento del 6 al 7% que esperábamos", dijo Chami. Ahora necesitamos un crecimiento más sostenible, lo que beneficia a más personas. Hemos invertido demasiado en hardware [infraestructura] y no lo suficiente en software [aquí en el sentido de valor agregado]. Atractivo al principio, esta metáfora encuentra rápidamente sus límites, cuando la mayoría de los servicios carecen en el sur. ¿No sería mejor construir un tren para Agadir, uno de los principales centros turísticos costeros del país y un importante relevo a más áreas del sur, en lugar de endeudarse por un TGV cuando ya existía una línea entre Casablanca y Tánger?

Una controvertida línea de TGV
La pregunta avergonzó al primer ministro, que es originario de Souss, una región en el suroeste de Marruecos: "Cuando llegué al puesto de jefe de gobierno, la decisión ya estaba tomada", explica. Entonces no es mi culpa. Yo digo: "Mantengamos el TGV e intentemos construir el tren para Agadir". Muchos de sus conciudadanos no están de acuerdo. Para Akesbi, "el TGV es un desastre para el país". El economista recuerda que inicialmente, para que el LGV sea rentable, el precio de las entradas debería haber estado entre 80 y 120 euros; demasiado para la clase media marroquí. Por lo tanto, el estado ha bajado artificialmente el precio y cuesta menos de 25 euros ir de Casablanca a Tánger. "La Oficina Nacional de Ferrocarriles [ONCF] paga la diferencia y por lo tanto empeora su déficit, que el contribuyente tendrá que rescatar. Lo que no pagamos cuando compramos el boleto, lo pagaremos con nuestros impuestos ”, dice Akesbi.

En Jemaa-el-Fna (9), emblemático del templo del turismo que se ha convertido en Marrakech, un gran cartel celebra al rey: "Veinte años de logros" y "desarrollo económico". Pero, a menos de trescientos kilómetros de distancia, las aceras maltratadas de Agadir (400,000 habitantes) nos recuerdan que este "desarrollo" no beneficia a todos. Las paredes rezumadas y amarillentas de la estación de autobuses, en comparación con la magnificencia de la estación de tren de Marrakech, cuestionan las opciones económicas del régimen. Una sucesión de edificios en ruinas, el centro de la ciudad se está desmoronando. Signo de la lámpara de araña de antaño, la ciudad tiene no menos de tres palacios; pero el soberano, que prefiere el norte del país y el extranjero, rara vez los honra con una visita (10).

Economía de alquiler y varios monopolios.
Víctima de las elecciones inequitativas del poder, Agadir ahora es castigada, condenada al subdesarrollo. "En el pasado, no estábamos lejos de Marrakech. Hoy es otro mundo. "A los 37 años, este gerente de espacio publicitario, que sin embargo cuenta entre sus clientes con la cadena de comida rápida McDonald's, vio caer su facturación de 100,000 a 40,000 euros entre 2012 y 2019". empresas, mientras que Agadir ahora representa el 4% de la cuota de mercado publicitario, frente al 12% de Marrakech? »Un maestro de escuela retirado, el Sr. Mohammed Jaouhair, divide su tiempo entre Agadir y Sidi Ifni, a una hora y media por carretera desde la pista sur. "El otro día, en el" desangrado ", me picó un escorpión, nos cuenta mostrando la fotografía del artrópodo negro, tomada con su teléfono. Como no hay UHC allí, y no podía esperar una cita con el médico, fui a la clínica. ¡Me dijeron que no tenían nada para mí! Pasé veinticuatro horas acostado, ansioso, esperando que pasara ", explica este miembro de la red Akal (" tierra "en bereber), que está luchando por el rec

Nacimiento de la comunidad amazigh en el sur del país.

A principios de noviembre, Mohammed VI, sin embargo, pidió una "reflexión seria" sobre el establecimiento de un enlace ferroviario entre Marrakech y Agadir (11). Pero las dificultades de Marruecos no se derivan únicamente de las elecciones cuestionables del palacio; También son estructurales, inherentes a la economía de la renta y a varios monopolios que ya existían durante la era colonial francesa, y que la monarquía ha perpetuado. "Este es el otro lado del fracaso de la apuesta de economía de mercado", dice Akesbi. El alquiler, es decir, una remuneración sin trabajo o valor agregado, actividad económica gangrena. Tome el transporte de pasajeros: ¿quiere iniciar un negocio en este sector? No puedes Para esto, es necesario tener una autorización, es decir, una autorización política. Se le da no porque su proyecto sea viable, sino porque está en la corte. Los recursos naturales también están sujetos a alquiler. En la industria, el 40% de las empresas dicen que están en un sector oligopolístico o duolista. Agua embotellada, bosques, canteras de arena, minerales, pero también bancos, combustibles ... Ningún sector escapa hoy a esta ley de aprobación.

Involucrado en múltiples actividades, incluido el sector bancario altamente remunerativo, ansioso por preservar las apariencias mientras mantiene su control sobre la economía (12), el rey ahora promueve la idea de un "nuevo modelo de desarrollo". El proyecto pretende sobre todo ser "filosófico", explica el Primer Ministro. Pero todavía ? Los contornos aún no están bien definidos, aunque, en diciembre de 2019, Mohammed VI nombró a treinta y cinco personalidades miembros de una comisión responsable de entregar un informe el próximo junio. ¿Esta reflexión conducirá a facturas? "Seguramente", elude al Primer Ministro. ¿Invertir en qué sector? El misterio permanece. "Servicios públicos", espera por su parte el Sr. Chami.

Pero aún es necesario poder financiarlos. La dotación de seguridad sigue siendo considerable: 77 mil millones de dirhams (7,32 mil millones de euros). ¡Esto es solo un poco menos que el primer elemento de la ley de finanzas de 2020, es decir, el servicio de la deuda, que alcanzó los 96.500 millones de dirhams (9.1700 millones de euros) (13)! Además, Marruecos sigue enredado en un sistema fiscal "injusto e ineficaz", según las conclusiones de la conferencia fiscal celebrada en mayo de 2019. Hasta ahora, el reino siempre se ha negado a llevar a cabo una reforma en esta área.

Clima nocivo y represión contra el "hirak"
"Hablar sobre nuevos desarrollos sin reformar el modo de gobierno es una pérdida de tiempo", dijo Boumaalif. Debemos avanzar hacia un nuevo pacto social, una monarquía parlamentaria. El asunto de la gobernanza es asunto del pueblo marroquí. El palacio permanece sordo a este discurso. Para hacer frente a este triple impasse, político, económico y social, parece por el contrario sentirse tentado por una solución de estilo argelino, que combina la cooptación y la represión. El caso del periodista Hajar Raissouni, arrestado por "aborto ilegal" y "sexo fuera del matrimonio", sentenciado a un año de prisión antes de obtener el perdón real, causó revuelo en el extranjero. Destaca el clima nocivo dentro del reino, que pesa principalmente sobre los militantes del hirak ("movimiento popular") del Rif (14). Desde que comenzaron las protestas en 2017, varios cientos de manifestantes han sido condenados, algunos a veinte años de prisión. A finales de 2019, cincuenta y cinco seguían detenidos. Varios de ellos comenzaron una huelga de hambre a principios de febrero para protestar por sus condiciones de detención.

" Y por qué ? ¡Por pedir agua, electricidad, servicios públicos, sin violencia! Suspira la Sra. Amina Khalid, coordinadora de ayuda familiar para prisioneros de Hirak. “Me recuerda a los años de Hassan II. La represión es una vez más una política estatal en Marruecos ", lamenta esta hija de activistas de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP). Señales de creciente impaciencia entre la población, miles de personas marcharon el 23 de febrero en las calles de Casablanca para denunciar la disminución del poder adquisitivo, el alcance de la corrupción y la degradación de los derechos humanos. "El marroquí se ha conmovido tanto que ya no cree en nada", suspira la Sra. Khalid. Simplemente no queda esperanza; esperamos. Quizás el ejemplo del Hirak libanés nos inspire. "

Marruecos se busca a sí mismo en una atmósfera que recuerda los últimos años del régimen de Zine El-Abidine Ben Ali, cuando Túnez vivía bajo el control de Trabelsi, los suegros del presidente. ¿Se acerca el final de una era? El comportamiento del propio rey cuestiona. No estuvo presente en septiembre de 2019 en el funeral de Jacques Chirac, un gran amigo de su padre, ni en octubre en Sochi para la cumbre Rusia-África, donde había delegado a su jefe de gobierno. Además de los efectos del anuncio, ¿qué piensa él, rodeado por este gabinete real cuyo personal llegaría a dos mil personas? ¿Su discreción anuncia grandes cambios por venir? "Todos los que le dirán que el rey es el pegamento del país son aquellos que aún tienen algo que perder en el sistema actual", dice el periodista Omar Radi, atento espectador de un Marruecos con un futuro cada vez más incierto. .

Pierre Puchot
Periodista.

(1) Lea Kader Abderrahim y Zakya Daoud, "¿Realmente cambia Marruecos? ", Le Monde diplomatique, febrero de 2000.

(2) "Fiesta del Trono: discurso integral del Rey Mohammed VI", Atlas Info, 29 de julio de 2019.

(3) Cf. Jean-Pierre Séréni, "La economía de Marruecos. "Bien, pero debe (mucho) hacerlo mejor", Oriente XXI, 24 de febrero de 2020.

(4) La Vie éco, Casablanca, 28 de enero de 2020.

(5) Agence Ecofin, Genève-Yaoundé, 22 de febrero de 2020.

(6) Doing Business, 24 de octubre de 2019.

(7) "Informe sobre Desarrollo Humano 2019", PNUD, diciembre de 2019.

(8) Rahma Bourqia, "Repensar y refundar la escuela en Marruecos: la Visión Estratégica 2015-2030", Revista Internacional de Educación de Sèvres, n ° 71, abril de 2016.

(9) Lea Juan Goytisolo, "Jemaa-el-Fna, patrimonio oral de la humanidad", Le Monde diplomatique, junio de 1997.

(10) Cf. Ignacio Cembrero, "Mohammed VI, el desconcertante ausentismo del rey de Marruecos", Oriente XXI, 23 de octubre de 2017.

(11) "Mohammed VI anuncia el proyecto para una línea de ferrocarril Marrakech-Agadir", Bladi.net, 7 de noviembre de 2019.

(12) Lea Pierre Daum, "Marruecos petrificado por su rey", Le Monde diplomatique, octubre de 2016.

(13) Mohammed Benmoussa, "Lectura sociopolítica y económica de la ley de finanzas 2020", Le Desk, 27 de octubre de 2019.

(14) Lea Aboubakr Jamaï, "En Marruecos, el Rif desafía al rey", Le Monde diplomatique, julio de 2017.

domingo, 16 de agosto de 2026

_- "¡No, Marruecos no!": el dilema de qué hacer con los niños no acompañados que llegaron a Ceuta y que España no sabe a quién devolver

Dos niños acostados en una calle. El de la izquierda descansa sobre el pecho del otro, que viste una camiseta del F.C. Barcelona.

_- Centenares de niños marroquíes se encuentran en las calles de Ceuta a la espera de recibir atención.

Sucede pocas horas después de la irrupción de decenas de miles de personas procedentes de Marruecos en Ceuta, ciudad española en el norte de África.

Mientras agentes y militares españoles se afanan por conducir a la multitud de extranjeros a la frontera para que regresen al lado marroquí, un niño se cuelga del cuello de uno de los uniformados y suplica entre llantos que le dejen quedarse.

"No, Marruecos no", dice entre lágrimas en su idioma.

Unas mujeres intervienen y traducen sus palabras.

Hasta que finalmente se pronuncia un oficial superior.

"No se puede ir si no está acompañado", les dice a sus subordinados, y lo conduce hacia unas dependencias cercanas de la Guardia Civil (cuerpo que forma parte de las fuerzas de seguridad de ámbito nacional en España).

La escena resume uno de los desafíos que supone para España la última crisis migratoria en su frontera sur.

El pasado 30 de julio, unas 72.000 personas procedentes de Marruecos entraron ilegalmente en Ceuta, a nado o escalando montes.

Si bien la gran mayoría regresó a Marruecos en menos de 48 horas, centenares de menores permanecen en una ciudad cuyo centro de acogida ha quedado totalmente colapsado.

Las leyes españolas impiden la deportación de los menores extranjeros no acompañados si no hay garantías para su seguridad y desarrollo en el país de origen.

Los menores que siguen en Ceuta deambulan y duermen en sus calles, y comen de la solidaridad de vecinos y cooperantes a la espera de la respuesta de las autoridades locales, una situación que el presidente de la ciudad autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, y organizaciones de apoyo a la infancia han calificado de "emergencia humanitaria".

Personal de la Cruz Roja está parado frente a insumos en bolsas que serán repartidos entre muchas otras personas que esperan en fila en una playa de Ceuta. Se ven también furgones de policía y personal de ayuda.

Las autoridades de Ceuta hablaron de "emergencia humanitaria" ante la llegada a la ciudad de miles de personas en solo unos días. Tanto el gobierno español como el marroquí han expresado su intención de devolver a los niños a sus familias en Marruecos.

Pero los expertos y los precedentes indican que en muchos casos eso no es posible por los requisitos legales y la falta de colaboración entre estados, o porque los menores no tienen un entorno seguro y apropiado al que regresar en su país.

Con varios de sus socios europeos, con Italia a la cabeza, cuestionando la política migratoria del presidente socialista Pedro Sánchez, y varias de sus regiones reacias a acoger a los niños de Ceuta, qué hacer con estos menores se ha convertido en un gran dilema para España.

Quiénes son los menores de Ceuta y en qué situación están

Hasta el martes, las autoridades españolas tenían identificados a 1.527 menores extranjeros en Ceuta.

Pero las ONG que trabajan en el terreno alertan de que hay más en las calles de la ciudad.

"Nadie sabe cuántos son porque nadie los ha contado y muchos esperan cada día en largas filas ante la Comisaría de Policía a que se les identifique y poder iniciar el trámite de acceso al sistema de acogida", le dice a BBC Mundo desde Ceuta Jennifer Zuppiroli, especialista en migraciones de la ONG de apoyo a la infancia Save the Children.

Según Zuppiroli, "la mayoría duerme en la calle y la única comida que reciben es la que les dan algunos vecinos u ONG".

Un grupo de niños y jóvenes hacen fila sentados en mitad de una calle de Ceuta. 

Los menores extranjeros hacen fila frente a una Comisaría de Policía de Ceuta para ser identificados e iniciar su acceso a los servicios de acogida.

Unos pocos tienen el techo que les han prestado algunas asociaciones vecinales, pero la mayoría pasan día y noche en las calles y playas ceutíes.

"Hay muchas niñas y están en peligro; esto es una emergencia", enfatiza Zuppiroli.

Señala que la mayoría son marroquíes, pero también ha encontrado menores de países africanos tan lejanos como Sudán.

"Muchos nos cuentan que huyen de familias maltratadoras, y hemos encontrado niñas que huyen de matrimonios forzosos y de abusos sexuales", cuenta Zuppiroli.

Medios españoles recogen testimonios de menores que expresan sus deseos de quedarse en España y labrarse un futuro para poder ayudar a sus familias.

Y es que muchos menores marroquíes no ven futuro en su país de origen, donde, si bien la economía está en crecimiento, uno de cada cuatro graduados universitarios está desempleado y un 25% de los jóvenes entre 15 y 24 años ni estudia ni trabaja, según el Consejo Económico, Social y Medioambiental de Marruecos, un organismo consultivo del Estado marroquí.

Un grupo de personas sentadas en el suelo al aire libre. A su alrededor un grupo militares españoles de pie los vigila. Entre las personas sentadas, un niño se gira y eleva la mirada hacia uno de los militares. 

Los menores deberían ser albergados en el centro de acogida local, pero en él no quedan plazas disponibles.

A los que llegaron a su ciudad en la última crisis, los ceutíes los ven estos días corretear por las calles o jugar descalzos al fútbol entre las naves industriales junto a las que muchos se han instalado.

Las promesas de una acogida favorable en España que les llegaron a través de las redes sociales están lejos de la realidad que se han encontrado hasta ahora.

El procedimiento estándar debería ser alojarlos en el centro local de acogida, pero su capacidad (alrededor de 30 plazas) no es suficiente.

La ministra española de Juventud e Infancia, Sira Rego, dijo que "ha habido una situación de desborde que ya se está controlando. Es verdad que hay muchos niños y niñas y el procedimiento lleva su tracto".

Qué piensa hacer el gobierno español con los niños de Ceuta

Tres soldados y un agente de la Guardia Civil acompañan a un menor con una camiseta roja y pantalones cortos. Están todos de espaldas. Ceuta, 1 de agosto de 2026Fuente de la imagen,Reuters

Madrid y Rabat han mostrado públicamente su voluntad de que los menores sean devueltos a Marruecos.

Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes del gobierno español, indicó: "Estamos trabajando con el gobierno marroquí para que podamos lograr que todos los menores que están en Ceuta puedan reagruparse con sus familias en Marruecos".

El ministro de Justicia marroquí, Abdelatif Uahbi, señaló en una entrevista que su país "mantiene su determinación de recuperar a sus niños y menores que se encuentran en España, incluidos aquellos que han entrado recientemente en la ciudad de Ceuta".

Y el principal partido de la oposición en España, el conservador Partido Popular (PP), coincide con el gobierno español en que la prioridad es repatriar a los menores a Marruecos.

Pero no es tan sencillo.

Por qué devolverlos a su país es tan difícil

Los convenios internacionales de protección de la infancia a los que España se ha adherido y las propias leyes españolas exigen un procedimiento garantista e individualizado para cada menor, donde prime su interés superior y en el que organismos como la Fiscalía deben tomar parte para garantizar su desarrollo y bienestar.

Y todo eso lleva tiempo.

Además, es frecuente que, ante la falta de garantías en sus países de origen, los menores se queden en España.

Las devoluciones colectivas están totalmente prohibidas, como dejó claro el Tribunal Supremo español cuando declaró ilegal la devolución de un grupo de ocho menores marroquíes que cruzaron a Ceuta en 2021, un precedente que deberá tenerse en cuenta ahora.

La ley exige también que se acredite de manera fehaciente la identidad del menor, lo que con frecuencia requiere largos trámites de colaboración consular que muchas veces no se completan.

Un grupo de personas, entre ellas varios niños, se reúnen junto a un edificio industrial en Ceuta. 

El gobierno de Ceuta y ONG que trabajan en la zona describen la situación como de "emergencia humanitaria".

Las autoridades españolas tienen también, según las propias leyes de su país, la obligación de realizar un estudio socioeconómico y de seguridad para comprobar que el retorno no va a exponer al menor a situaciones de desamparo, riesgo o vulnerabilidad extrema.

El menor cuenta con derecho a la asistencia jurídica durante el proceso y a que las resoluciones se le notifiquen en un idioma que le resulte comprensible.

Su voz debe ser además escuchada y tenida en cuenta, también si expresa su deseo de no regresar a su país.

Una vez completado el estudio, el retorno solo puede realizarse si se ha localizado a su familia y se acredita que la reagrupación familiar es viable y segura, o si las autoridades del país de origen garantizan su entrega a un centro de protección de menores adecuado en su territorio.

Zuppiroli señala que en la práctica la repatriación resulta muchas veces imposible porque las autoridades españolas no obtienen la colaboración de las de Marruecos u otros países de origen.

"Lo complicado es asegurarse de que su familia está allí para acogerle cuando vuelva. Hay que buscar a la familia en Marruecos, avisarles, y se requiere que el niño esté conforme con regresar y la familia lo acepte", explica la representante de Save the Children.

"En los casos de niños marroquíes es muy difícil conseguir información sobre la familia del lado marroquí", añade la experta.

En los días posteriores a la última crisis en Ceuta, un portavoz de Rabat citado por la agencia Efe dijo que su país recibiría a los menores no acompañados marroquíes si España levantaba "los obstáculos judiciales y administrativos que impiden hacerlo".

Desde Save the Children recuerdan que "esas restricciones son realmente un marco de protección a la infancia, por lo que España no puede levantarlo; lo que hay que hacer es agilizar los procedimientos, no suprimirlos".

BBC Mundo solicitó información al Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí y a la Embajada de Marruecos en Madrid, pero no obtuvo respuesta.

La conflictiva alternativa a la repatriación

A la espera de que se logre la devolución de los menores a sus familias en Marruecos, el gobierno de Pedro Sánchez prevé que sean repartidos por otros lugares de España, para así aliviar la saturación en Ceuta.

La ministra Rego dijo: "Se trata de conectar con la familia y, lógicamente, coordinarse con Marruecos para poder proceder a la reagrupación familiar. Y luego, aquellos cuyo retorno no sea posible, se integrarán en el sistema de acogida de nuestro país con todas las garantías".

El gobierno español prevé comenzar el traslado "gradual" de los menores a comunidades autónomas con plazas disponibles, pero se ha encontrado con los obstáculos que plantean las coaliciones que las gobiernan.

No es la primera vez que sucede.

Un niño en traje de baño camina de la mano de un soldado español protegido con casco y mascarilla con el mar y una bahía rocosa a sus espaldas. Bajo el cielo soleado, en segundo plano se distingue a otro uniformado español. 

No es la primera vez que decenas de personas procedentes de Marruecos intentan alcanzar Ceuta a nado. En esta imagen de 2021, un soldado español auxilia a un niño extranjero que acaba de llegar nadando a Ceuta.

Dado que los centros de acogida de las Islas Canarias, Ceuta y Melilla se encuentran habitualmente desbordados por la presión migratoria, el gobierno de Sánchez impulsó cambios legales para obligar a recibir y atender a los menores a las comunidades que hasta entonces se habían negado.

El Partido Popular suavizó su postura inicial y ahora se muestra abierto a un reparto de los menores de Ceuta "justo, bien dotado y planificado", en cumplimiento de la ley.

Pero el ultraderechista Vox, que gobierna en coalición con el PP en varias comunidades, insiste en su rechazo a aceptar niños extranjeros y cuestiona que realmente se trate de menores.

Queda por ver cuál será la actitud de este partido una vez llegue el momento de acogerlos.

Mirar hacia delante

El gobierno español suspendió recientemente los permisos de todos sus militares en Ceuta en medio de rumores y comentarios en redes sociales que hablan de otro próximo intento de irrupción masiva en la ciudad.

Rut Bermejo, investigadora de migraciones en el Real Instituto Elcano, un centro español de análisis internacional, le dice a BBC Mundo que "las llegadas de menores extranjeros no acompañados a España se están multiplicando".

"No podemos pensar que esto vaya a cambiar mucho, por lo que no hay otra opción que mejorar el sistema de acogida", añade.

Pese a que varios países europeos parecen inclinarse más por políticas de restricción que por la acogida, Bermejo recuerda que "España está creciendo y alcanzando cifras récord de afiliación a la Seguridad Social gracias a los trabajadores extranjeros".

Para ella, "todos estos menores son una inversión de futuro en un país que necesita más niños y no podemos dejar de respetar sus derechos humanos".

Sin embargo, la convergencia de factores legales, políticos, sociales y humanos convierte la búsqueda de una solución equilibrada en un desafío complejo para el futuro de estos menores. 

sábado, 1 de agosto de 2026

_- 4 claves para entender la nueva crisis migratoria en Ceuta, uno de los enclaves españoles en África

Un grupo de personas, entre ellas dos menores de edad, reaccionan cubriéndose la boca en el lugar de los enfrentamientos cerca de Fnideq, en la frontera entre Marruecos y España, el 31 de julio de 2026.

_- Decenas de personas han fallecido al intentar llegar al enclave español de Ceuta.

Miles de migrantes han cruzado en los últimos días desde Marruecos hacia el enclave español de Ceuta, en el norte de África, desatando fuertes reacciones tanto en España como en la Unión Europea y elevando aún más las tensiones diplomáticas entre Madrid y Rabat.

Según estimaciones de las autoridades españolas, cerca de 50.000 personas lograron acceder al territorio ya sea por vía terrestre o marítima. Este viernes se informó de que más de 48.000 han regresado ya.

Videos e imágenes que muestran a miles de personas nadando hacia la ciudad se hicieron virales el jueves, mientras que, de acuerdo con la prensa local, los cruces continuaron durante la noche.

Las autoridades han confirmado la muerte de al menos 57 personas al intentar alcanzar el territorio de Ceuta, que ha estado bajo control español desde hace siglos.

Tras un reciente aumento de los intentos de cruce, las autoridades locales habían solicitado ayuda al gobierno central en Madrid, que desplegó sus fuerzas armadas para reforzar la seguridad en Ceuta y en su ciudad hermana de Melilla, otro encalve español en África.

Según las autoridades, al menos 7.000 de las personas que entraron irregularmente en el territorio en las últimas 24 horas son menores de edad.

En esta nota te explicamos en cuatro claves lo esencial de esta nueva crisis migratoria.

1. ¿Cuál es la situación en la frontera?
Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas que pertenecen a España desde hace más de cinco siglos. Desde que Marruecos obtuvo su independencia en 1956, Rabat las ha reivindicado como parte de su territorio.

El derecho internacional no las considera colonias y la Organización de Naciones Unidas (ONU) no las incluye en su lista de territorios pendientes de descolonización, lo que en la práctica respalda su estatus como parte de España.

Ambos enclaves constituyen las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África y están protegidos por sistemas de doble vallado, además de una elevada presencia policial y militar.

Cientos de personas que cruzaron la frontera se congregan alrededor de una estructura que fue incendiada en el enclave español de Ceuta, en el norte de África.

Decenas de miles de migrantes cruzaron durante la noche del 31 de julio desde Marruecos hacia el enclave español de Ceuta, en el norte de África. 


Cientos de personas que cruzaron la frontera se congregan alrededor de una estructura que fue incendiada en el enclave español de Ceuta, en el norte de África.

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Pie de foto,


Tras la entrada de los migrantes desde Marruecos, el gobierno español ha desplegado efectivos del Ejército de Tierra en Ceuta para reforzar la seguridad.

Según las autoridades, en la ciudad de Melilla también se registraron entre 300 y 400 cruces durante la noche del jueves.

Videos grabados ese mismo día muestran a una avalancha de personas corriendo por la playa del Tarajal, en Ceuta, y sus alrededores. La mayoría parecían ser hombres jóvenes.

Desde hace años, ambas ciudades se han convertido en uno de los principales puntos de entrada a Europa para muchos migrantes africanos que buscan mejores oportunidades económicas y una mayor calidad de vida.

La situación es especialmente delicada en Ceuta, cuya población ronda los 83.600 habitantes, según las últimas cifras oficiales, por lo que la llegada de hasta 50.000 personas supone un impacto significativo.

Los medios locales reportaron que en las calles de Ceuta persiste el caos desde el jueves.

"Nadie sale a la calle. Tienen miedo", le dijo al medio español ABC un guardia de seguridad de un hospital muy próximo a la frontera.

"Esto de ahora es más fuerte y agresivo que lo que habíamos vivido antes", añadió.

2. ¿Cómo ha reaccionado España?
Tras el despliegue de tropas militares y apoyo naval adicional, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se desplazó este viernes a Ceuta.

Desde el enclave español, calificó lo sucedido el jueves como un "ataque, una violación de la integridad territorial de España".

Asimismo, culpó a las mafias de "engañar a muchos jóvenes" y anunció el despliegue de boyas para crear una barrera de contención.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, caminan cerca de la valla fronteriza de Tarajal, que separa el enclave español de Ceuta, en el norte de África. 


El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, caminan cerca de la valla fronteriza de Tarajal, que separa el enclave español de Ceuta, en el norte de África.

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Pie de foto,

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, caminan cerca de la valla fronteriza de Tarajal, que separa el enclave español de Ceuta, en el norte de África.

Por su parte, el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, advirtió el jueves sobre la gravedad de la crisis migratoria y aseguró que la situación ha alcanzado un nivel de "absoluta emergencia humanitaria y social".

Vivas solicitó al gobierno central en Madrid la declaración de "emergencia nacional" ante el repunte de llegadas desde África. Sin embargo, el Ejecutivo español sostiene que no puede activar esa figura porque, según la normativa estatal de protección civil, los flujos migratorios no están contemplados como un riesgo dentro del Sistema Nacional de Protección Civil ni existen planes específicos para su gestión.

Sánchez ha insistido en varias ocasiones en que su administración está trabajando para gestionar la crisis.

Durante su visita a Ceuta, aseguró que su gobierno utilizará "todos los recursos del Estado" para garantizar la seguridad de la ciudad autónoma.

Su respuesta también ha generado críticas desde la oposición.

El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, le acusó de actuar con "debilidad", mientras que el portavoz de Esquerra Republicana (ERC) en el Congreso, Gabriel Rufián, responsabilizó a Marruecos y acusó a Rabat de "chantajear" a España y a Europa.

Por su parte, el líder de Vox, Santiago Abascal, calificó la crisis migratoria como una "invasión".

3. ¿Por qué pasa ahora?
En España, algunos han atribuido el reciente repunte de cruces a una sentencia del Tribunal Supremo que, hace tres semanas, dictaminó que los migrantes interceptados en el mar cuando intentan llegar a Ceuta o Melilla no pueden ser devueltos de forma inmediata a Marruecos.

Este jueves, el Ministerio del Interior acusó a las redes de tráfico de personas de estar "instrumentalizando" esa resolución judicial para "fomentar el flujo de inmigrantes indocumentados" hacia Ceuta.

Además, anunció un acuerdo con Marruecos para reforzar la coordinación entre ambos países y agilizar el retorno de quienes hayan entrado de forma irregular "lo antes posible".

El presidente Donald Trump en 2025.

El presidente Donald Trump en 2025.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,

El gobierno del presidente estadounidense Donald Trump atribuyó la crisis a las "políticas globalistas de extrema izquierda" de España. 

La ciudad, con 85.000 habitantes, ha sido un punto de fricción en importantes crisis diplomáticas entre Madrid y Rabat en los últimos años.

En mayo de 2021, el gobierno marroquí retiró sus controles fronterizos y permitió que unas 8.000 personas procedentes de Marruecos y de países del África subsahariana entraran en Ceuta en apenas dos días.

La medida fue interpretada ampliamente como una represalia de Marruecos por la decisión de España de permitir que un líder independentista del disputado territorio del Sáhara Occidental recibiera tratamiento médico en un hospital español.

Las tensiones solo se rebajaron y el control fronterizo se restableció después de que el presidente del gobierno español modificara la histórica postura de su país sobre el Sáhara Occidental y se reuniera al año siguiente con el rey de Marruecos, Mohamed VI.

4. ¿Qué dice Marruecos?
La embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, afirmó el jueves que la situación no era la querida por el reino de Marruecos y pidió a los ciudadanos marroquíes que cruzaron hacia la ciudad autónoma que regresaran a su país.

"El gobierno de Marruecos pide y quiere que estos conciudadanos que han atravesado la frontera vuelvan a nuestro país", aseguró durante un acto celebrado en Madrid con motivo del XXVII aniversario de la entronización del rey Mohamed VI.

"No es algo que nos complazca; queremos siempre una inmigración ordenada y segura para todos", añadió.

Este viernes, España y Marruecos reforzaron la valla fronteriza del enclave español y parecían haber frenado en gran medida los cruces masivos.

Las autoridades españolas afirmaron que miles de migrantes habían regresado voluntariamente a Marruecos, aunque la situación en Ceuta continúa siendo delicada ante el gran número de cruces y el desafío humanitario que representa para el pequeño territorio. 


sábado, 20 de julio de 2024

Arena en los ojos’, una investigación necesaria sobre el colonialismo español en Marruecos y el Sáhara Occidental. El libro de Laura Casielles es para quienes creen que la colonización española en el norte de África fue “menos mala” o que “colonias-colonias” no hubo. Pero también es para quienes ya saben que esto no es cierto.

Laura Casielles 'Arena en los ojos'
Cuerpos de soldados españoles en el monte Arruit de Marruecos durante el desastre de Anual, julio de 1921.
Hay libros muy buenos. Y luego están los libros muy buenos y necesarios. Laura Casielles acaba de publicar en Libros del K.O. uno de ellos: Arena en los ojos. Atentos al subtítulo: Memoria y silencio de la colonización española de Marruecos y el Sáhara Occidental.

La autora ya había empezado a reflexionar sobre estos temas en otros trabajos, como el libro de poesía Las señales que hacemos en los mapas (Libros de la Herida, 2019) y la docuweb Provincia 53. Arena en los ojos va más allá: se trata de un ambicioso y cuidadoso ensayo que recoge 15 años de investigación, lecturas y viajes (Larache, Sidi Ifni, El Aaiún...) en torno a esta historia de la que sabemos poco: la de las colonias españolas en estas dos partes de África (fenómenos distintos, pero interconectados). Casielles practica una poética de la “cebolla viva”: atenta a las muchísimas capas implicadas, salta del siglo XIX al XX y al XXI, de contorsión en contorsión. Con un estilo riguroso, claro y poético, y hasta con retranca, el poso que deja es de maravilla (por lo tremendo de su esfuerzo y su logro) y de desconcierto (¿cómo es que no estamos hablando de todo esto?).

La clave puede resumirse: la historia colonial de España en estos territorios, a lo largo del último siglo y medio, a medida que fue ocurriendo, fue ocultándose o tergiversándose. Y aquí estamos, año 2024: ni hemos reconocido los daños ni los hemos reparado. Y seguimos desconociéndonos: no entender la colonialidad de España en Marruecos y el Sáhara Occidental es no entender ni la Guerra Civil ni la dictadura ni la transición. Ni hoy.

Porque a cualquiera que le interese el mundo, la construcción de las identidades nacionales, este país o el presente, el tema le ha de sonar. Pero lo cierto es que casi nadie nos lo ha contado con un mínimo de profundidad: ni en la escuela, ni en la universidad, ni en los medios, ni en el congreso. Por eso a muchos se nos mezcla todo: que si el Tratado de Wad-Ras, que si militares africanistas, que si Cabo Juby, que si (¡salto al 2022!) masacre en la valla de Melilla, que si nueva Ley de Memoria Histórica (¡impulsada por un gobierno progresista!) que sigue con el borrado, que si Pedro Sánchez alineándose con Marruecos y abandonando otra vez a los saharauis... ¿Hay alguna manera de entender este gran lío como parte de una misma lógica? Sí y no. Arena en los ojos es un ensayo brillante que junta lo que debe juntarse y separa lo que debe separarse. Y se atreve a hurgar en lo turbio, lo incómodo, lo que rompe las dicotomías (derechas-izquierdas, malos-buenos). A dar algunas respuestas y seguir preguntando.

Casielles va multiplicando los interrogantes: “¿Qué pintaban las “tropas moras” en el golpe de Estado de Franco?”, “¿Por qué Marruecos no reivindica como héroe a Abdelkrim?”, “¿Por qué no hubo mestizaje entre la población local y los colonos?”

Antes de leerlo, tenía la esperanza de solucionar dos grandes dudas que me martilleaban desde hace años. Primera: ¿qué hacía mi iaio haciendo la mili en Tetuán? (Tienen que imaginar a un alcarreño de a pie más, muy humilde, muy joven.) Dos años en los que, según me contó, no hizo “na’ más que estarme allí”, esperar (¿El desierto de los tártaros?)... y aprender a contar hasta diez en árabe. Segunda: el dictador Franco quiso imponer una ideología ultracatólica, manchada de sueños imperiales, reminiscentes de la “reconquista” (tamizada por el fascismo): ¿qué pintaban las “tropas moras” en su golpe de Estado? ¿Y su amistad con tantos países musulmanes? ¿No se supone que eran sus herejísimos enemigos? Casielles empieza a ahondar en estos interrogantes y los va multiplicando.

Les dejo algunos: ¿cuál fue el papel del discurso de la “hermandad” hispano-marroquí en las diferentes empresas colonizadoras —las conservadoras, las ¿progresistas?—? ¿Por qué Marruecos no reivindica como héroe a Abdelkrim? ¿Cómo es que la última conquista colonial de España se consumó... durante la Segunda República? ¿Cómo es que Franco fue uno de los militares que aconsejó a la Segunda República reprimir la revolución de Asturias... recurriendo a la rabia de esos mismos soldados rifeños a los que España había combatido —y traumatizado— en la Guerra del Rif? ¿Por qué todavía hoy hay rifeños que sienten nostalgia del protectorado español y de su “lengua madrastra”, el castellano? ¿Cómo es que aún hay marroquíes, ex-soldados pobrísimos que combatieron contra la Segunda República y a los que Franco les prometió todo y no les dio nada, que cobran una pensión mensual... de seis euros? ¿Cómo es que algunos incluso recibieron —¡y mantienen!— Medallas por el Sufrimiento de la Patria (Casielles: “¿la patria de quién?”)? ¿Y qué hay del sultanato, y las élites locales? ¿Y Francia? ¿Puede una mujer nómada ser adoctrinada por la Sección Femenina franquista y luego darle la vuelta a sus argumentos y aprovecharse de ellos? ¿Por qué no hubo mestizaje entre la población local y los colonos? ¿Y Tánger? ¿Y los fosfatos en el Sáhara Occidental? ¿Cómo es que, mientras la mayor parte de África en los años sesenta empezaba a descolonizarse, España hizo como que sus colonias eran... nada más que provincias, “tan españolas como Cuenca o Albacete”? ¿Cómo se vive siendo saharaui no habiendo visto su mar?

Necesitamos otros marcos teóricos: el postcolonial anglosajón o francés no nos encaja. Y necesitamos, como hace Casielles, conversar. Su viaje (literal y de conocimiento) lo hace en compañía: se apoya en otros historiadores (María Rosa de Maradiaga, Carlos Cañete, Miguel Cardina, de quien toma el concepto de las “memorias cruzadas”), otros escritores (Manuel Chaves Nogales, Bahia Mahmud Awad, Mohamed El Morabet), amigas, testigos: gente que cuenta y que pregunta más.

Este es un libro para quienes creen que la colonización española en esta parte del mundo fue “menos mala” o que “colonias-colonias” no hubo. Pero también es un libro para quienes ya saben que esto no es cierto. Porque sí, no es cierto, pero queda mucha tela que cortar. Léanlo para los detalles, el estupor.

Arena en los ojos comienza con una alegoría literal, de esas que de vez en cuando caen del cielo: hace unos meses, allá por marzo, la calima “invadió” Madrid (y los telediarios). No se veía nada, la arena del Sáhara se colaba hasta en las rendijas de las puertas, formaba pequeñas dunas. Habla Casielles: ¿será que esa arena del sur habrá viajado, Magreb arriba, hasta nuestras casas para obligarnos a mirar, a no olvidar?
Portada de 'Arena en los ojos', de Laura Casielles.

Arena en los ojos

Laura Casielles
Libros del K. O., 2024
408 páginas. 23,90 euros

lunes, 2 de enero de 2017

Suicidios a lo bonzo en Marruecos contra las humillaciones del Estado. Al menos 15 marroquíes se han prendido fuego solo este año en protesta por el trato de la Administración.

Después de que el vendedor tunecino Mohamed Bouazizi se suicidó en diciembre de 2010 prendiéndose fuego y desencadenara con su muerte la primavera árabe, en Marruecos se han registrado más de 30 casos de personas que se han quemado a lo bonzo. La mayoría de estos suicidas se quitaron la vida en un espacio público, en señal de protesta ante una supuesta injusticia infringida por la Administración. No hay cifras oficiales sobre el fenómeno, pero el sitio digital Le Desk ha contabilizado que en total, al menos 15 personas se han quemado a lo bonzo este año en Marruecos.

Tan solo en los cuatro primeros meses de este año Le Desk enumeraba nueve casos de suicidios con fuego, con lo que se superaba en dos los registrados en 2011, el año de la primavera árabe. Y desde abril hasta ahora este diario ha contado más de seis casos, de los cuales al menos cuatro terminaron en muerte. Sus datos indican que se han producido hasta 29 inmolaciones desde 2011 hasta abril de 2016. Y asumía que la cifra quedaba muy por debajo de la realidad, ya que solo estudiaba los hechos reflejados en la prensa electrónica, donde casi nunca se publican las tragedias que acontecen en los lugares más aislados.

El presidente de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), Ahmed El Haij, sostiene que la mayoría de ellos se suicidaron para protestar contra la humillación de la hogra, término que en el árabe dialectal marroquí designa las vejaciones que inflige la Administración hacia el ciudadano corriente. Los gritos contra la hogra se extendieron por todo el país en noviembre a raíz de la muerte del vendedor de pescado Mouhcine Fikri, quien murió triturado en un camión de la basura en Alhucemas cuando intentaba impedir que se destruyera la media tonelada de pez espada que le habían confiscado.

Pero antes de aquella muerte ya se produjo otro caso sonado. El 9 de abril un funcionario de Kenitra, a 40 kilómetros de Rabat, le confiscó el puesto de pequeños dulces para niños a la vendedora ambulante Mi Fatiha (Madre Fatiha) y le arrebató también el pañuelo de la cabeza. Los dulces costaban dos céntimos de euro y el valor de su mercancía no superaba los tres euros. Fatiha se prendió fuego delante de la oficina del funcionario que le quitó el puesto y el pañuelo. Desde el edificio municipal alguien grabó de forma impasible la agonía de la vendedora que gritaba y se revolvía en el suelo. Dos días después, Fatiha moría en un hospital de Casablanca diciéndole a su hija: “Me han humillado”. Su muerte provocó manifestaciones en Kenitra y la destitución de un funcionario.

El 3 de junio un imam fue atendido con heridas de tercer grado después de quemarse en Sidi Kacem tras ser despedido de su puesto por las autoridades religiosas. Pocas semanas después, una nueva tragedia conmocionaba al país. Jadiya Essouid, una marroquí de 17 años, había sido asaltada por ocho hombres en Nzalet el Adam, un pueblo pequeño al norte de Marrakech. La violaron y grabaron la escena en vídeo. Ella los denunció, pero durante el juicio uno de los violadores la amenazó con difundir el vídeo si no retiraba la denuncia. Sus agresores salieron en libertad condicional y Jadiya se quemó en plena calle el 29 de julio. Murió dos días después. La autopsia reveló que estaba embarazada.

El goteo trágico continuó. El 4 de septiembre dos jóvenes se prendieron fuego delante del domicilio del ministro de la Función Pública, Mohamed Moubdii, en Fkih Bensaleh. El 15 de septiembre, una mujer de 56 años sucumbió a sus heridas después de una semana hospitalizada, tras quemarse ante el tribunal de primera instancia de Larache. El 2 de noviembre, un hombre de 50 años, padre de cuatro hijos y sin empleo, se suicidó con fuego ante la prefectura de El Aaiún. Dos días después, otro hombre intentó también quitarse así la vida en una gasolinera de la misma ciudad. El 14 de noviembre, se prendió fuego un parado de 25 años en Berkane y murió dos días después. El 29 de noviembre falleció un empleado del Instituto Especializado de Cine y Audiovisual, en Rabat, de unos 60 años, quien se quemó en el edificio del instituto en protesta por su despido.

En este listado no se incluye el caso del marroquí que se prendió fuego el 7 de diciembre delante de la embajada de Marruecos en Madrid para protestar por su situación en España ni otros intentos frustrados que apenas se destacaron en la prensa en árabe.

La politóloga Mounia Chaïbi-Bennani y directora de la obra colectiva “Resistencia y protestas en las sociedades musulmanas”, explica que las víctimas suelen ser personas aisladas sin recursos sociales para organizar una protesta o manifestación. “Este aumento de inmolaciones puede estar influido por el suicidio de Bouazizi, en Túnez, que desató la primavera árabe. Pero no basta una inmolación con fuego para provocar una revolución. Detrás de la muerte y esas revueltas siempre hay muchos otros elementos”.

Chaïbi-Bennani cree que aunque las manifestaciones que se produjeron en Marruecos a raíz de la primavera árabe si bien no consiguieron cambiar el régimen político, sí lograron tejer una red de protestas que está latente en la sociedad y que puede ser efectiva en cualquier momento. “Eso se puso de manifiesto en las protestas de Alhucema, a raíz de la muerte del vendedor ambulante de pescado”, añade Chaïbi Bennani.“El régimen marroquí ha conseguido debilitar a los partidos políticos, pero no ha debilitado los movimientos que se mueven al margen de la política institucional”.

Solo cuando la injusticia es muy flagrante, como en el caso de la joven violada o la vendedora a la que le quitaron el puesto y el pañuelo, la gente sale a la calle y la Administración toma medidas. Mientras tanto, estos suicidios se siguen tratando, por la prensa y la Administración, como sucesos aislados y no como un problema social.

EL REY TAMBIÉN DENUNCIÓ LOS ABUSOS DE AUTORIDAD
FRANCISCO PEREGIL

La hogra, el sentimiento de indefensión ante las injusticias de las autoridades, se vuelve a veces tan evidente en Marruecos que el propio rey Mohamed VI denunció en su discurso de apertura del Parlamento el 14 de octubre la negligencia y el abuso de autoridad de algunos funcionarios que no terminan de entender cuál es su deber. El rey aludió a los ciudadanos que recurren a él en medio de cualquier acto oficial en la calle para hacerle llegar sus quejas o peticiones. De hecho, en junio un marroquí fue condenado a un año de cárcel por arrojarse sobre el descapotable en marcha del monarca en un barrio de Rabat.

“¿Pero es que los ciudadanos me pedirían intervenir si la Administración cumpliera con su deber?”, preguntaba el rey en su discurso. “Ellos recurren a mí porque se encuentran frente a puertas cerradas o porque la Administración actúa con negligencia o incluso para quejarse de una injusticia que han sufrido”.

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/12/20/actualidad/1482193796_926096.html

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El pesado cargamento de las "mujeres mula" en Melilla

Todos los días, miles de mujeres deben llevar pesados cargamentos de mercancías para sobrevivir en el enclave español de Melilla.
Ellas son conocidas como las mujeres mulas. Todos los días llevan sobre sus espaldas pesadas cargas entre la frontera de España y Marruecos en el norte de África.

Melilla es un importante punto de entrada de mercancía y si las mujeres pueden llevarlas sin ningún tipo de ayuda, entonces no pagan impuestos.
Muy temprano una polvareda rodea la valla de seis metros que separa a Melilla de Marruecos debido a la frenética actividad de quienes preparan las mercancías para cruzar la frontera.
Hay miles de personas y el ruido es ensordecedor, una cacofonía de motores y gritos. En esas bolsas enormes llevan ropa de segunda mano, telas, artículos para el hogar y de higiene personal, todo destinado al mercado marroquí y mucho más allá.
Mujeres mula en Melilla, norte de África Este pesado trabajo es el único sustento que tienen estas mujeres cabezas de hogar para sobrevivir.
Los paquetes están por todos lados, envueltos en tela de saco y atados con cintas y cuerdas. Bajo ellos, ocultas por una carga que las dobla en tamaño, las mujeres "cargadoras".
Esta actividad comercial tiene lugar a diario en el barrio Chino, un cruce fronterizo sólo para peatones. Mientras una mujer pueda físicamente acarrear la carga, se clasifica como equipaje personal, así que Marruecos lo deja entrar sin impuestos.
Las mujeres tienen el derecho a visitar Melilla porque viven en la provincia marroquí de Nador, pero no pueden residir en el territorio español.
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De Nador a Melilla
Latifa se forma en una de las ruidosas filas que forman cientos de mujeres. Pone en el suelo su carga, 60 kilogramos de ropa usada. Por transportarlos va a recibir US$4.
Lleva en este trabajo 24 años, pero no es algo que disfrute.
"Tengo una familia que alimentar", explica. "Tengo cuatro hijos y no tengo marido para que me ayude, me divorcié de él porque me pegaba".
En cuanto la fila se mueve hacia adelante, ella desaparece en el mar de las mercaderías.
Son muchas las cargadoras divorciadas, madres solteras que tienen que hacerse cargo de su familia como Latifa.
(Mapa de Melilla, enclave de España en Marruecos)
Para mujeres como ella, la vida es difícil en la tradicional sociedad marroquí. Muchas veces, el de cargadoras es el único trabajo que consiguen. Algunas hacen hasta tres o cuatro viajes al día, desde el barrio Chino a Marruecos, con hasta 80 kilos a sus espaldas.

Con la vida a cuestas
Lo que ganan depende de lo que puedan cargar. Además, muchas se quejan de que tienen que sobornar a los guardias marroquíes.
En Melilla hay un debate público acerca de si se debería seguir permitiendo que esta actividad comercial continúe tal como está.
"Estas son mujeres que arriesgan su vida, nos han tocado muertes a consecuencia de la dureza física del trabajo. Se hace en condiciones de semiesclavitud", dice Emilio Guerra, del partido Unión Progreso y Democracia.
"Lo que nos gustaría es que trabajen bajo condiciones que no sean tan precarias", agrega.
Guerra considera que Melilla debe cambiar su modelo económico y ser menos dependiente del comercio, en lo que no está de acuerdo Jose María López, asesor en negocios del gobierno local.
"Hay consecuencias muy positivas en la actividad comercial. Para algunas porteadoras es la única posibilidad de ganarse la vida. Por supuesto que es un trabajo muy duro, pero algunas ganan más de la media de los trabajadores marroquíes", afirma.

España en el norte de África
Ceuta y Melilla, zonas de Europa en el norte de África, forman parte de España desde hace 500 años. Madrid dice que los enclaves urbanos son parte integral del país. Estos limitan con Marruecos, que a través de sus líderes afirma que es una posesión de origen colonial y reclama soberanía sobre ellos.
Los enclaves están protegidos con mallas, con el propósito de detener la inmigración ilegal. Pero Ceuta y Melilla continúan siendo un escalón para llegar a España.
El turismo es un importante generador de recursos con las mercancías libres de impuestos que atraen a miles de visitantes. Y los beneficios que da el comercio a otros miles de marroquíes y sus familias –los que venden la mercancía en sus tiendas o las exportan a países más al sur– son enormes.
López estima que este comercio informal supone más de US$400 millones para Melilla, a lo que se refiere como ingreso "atípico". Otros lo llaman "contrabando" que creen que mueve hasta el doble.

De vuelta al barrio Chino, el ambiente se torna medio histérico, las puertas de la frontera cierran a mediodía, así que empieza a crecer la presión para ir a Marruecos y volver para la próxima consigna.

"Está un poco tranquilo hoy", comenta Arturo Ortega, guardia civil (policía militarizada) encargado de mantener el orden y evitar las avalanchas humanas.
"Si vinieras todos los días, empezarías a pensar que esto es normal, pero no lo es".
No muy lejos, Hasna se apoya en una barrera, sin carga en sus espaldas. Frente a ella, un grupo de hombres jóvenes están cargados hasta el tope.

"Están ocupando nuestro lugar", se queja. Tradicionalmente quienes cargaban eran mujeres, ahora tienen la competencia de jóvenes desempleados, y Hasna tiene problemas para atravesar la multitud y tomar su paquete.
Tiene un hijo y un marido enfermo, está embarazada de seis meses, pero toma su carga sin miramientos. Nada la detiene.
"Si hago un viaje hoy, me van a pagar 5 ó 6 euros (US$6,8 o US$8,2)", dice. "Si pudiera encontrar otro trabajo, limpiando casas o cocinando, no haría esto. Pero de momento, no tengo otra opción".
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"Lo odio, pero lo necesito. "Portadora en Melilla María es una de las "mujeres mula". Ella tiene cáncer de seno y una pierna lastimada.
También mirando a los hombres está María, que llama la atención porque tiene que apoyarse en una muleta.
No es usual en las cargadoras, pero María habla algo de español y explica que se lesionó la pierna al caerse mientras hacía fila. También tiene cáncer de mama.
Llevaba toda la mañana en el barrio Chino, pero cuando vio el caos y del desorden se dio cuenta de que no se sentía en condiciones de trabajar. Regresará a su casa sin haber hecho nada de dinero.
Ella vive justo al otro lado de la frontera con Melilla, en Beni Enzar. Su casa tiene dos habitaciones y las comparte con sus tres hijas. No tiene agua corriente, pero el vecino le permite recoger agua de su grifo.
María estuvo casada y trabajó como camarera, pero hace cuatro años su vida comenzó a desmoronarse. Después de que le diagnosticaran el cáncer, su marido la dejó. Ya estaba embarazada de su hija menor.
"El médico dijo que iba a perder al bebé con el tratamiento, pero nació viva, así que la llamé Malak, que significa ángel".
Mientras habla, sus dos hijas mayores escuchan. Ninguna va a la escuela, se quedan en casa cuidando de su hermana mientras su madre va al barrio Chino. Se preocupan por ella.
"Esta no es la primera vez que se lesiona la pierna. El doctor le dijo que ella no debe cargar nada pesado", dice Ikram, una de las hijas de María. "Ella solo trabaja en eso para que nosotras podamos comer".
A María la atormenta la idea de que sus hijas también acaben como cargadoras. "Sería mejor para ellas que se casaran, este trabajo es peligroso y no hay dignidad en él. Lo odio, pero lo necesito".
Y luego Sanaa, de 13 años, pone una pequeña patineta en la mesa. María sonríe. Eso la ayudará a llevar con más facilidad la carga de mañana.

Ceuta y Melilla,
Zonas de Europa en el norte de África, forman parte de España desde hace 500 años. Madrid dice que los enclaves urbanos son parte integral del país. Estos limitan con Marruecos, que a través de sus líderes afirma que es una posesión de origen colonial y reclama soberanía sobre ellos.
Los enclaves están protegidos con mallas, con el propósito de detener la inmigración ilegal. Pero Ceuta y Melilla continúan siendo un escalón para llegar a España.
El turismo es un importante generador de recursos con las mercancías libres de impuestos que atraen a miles de visitantes. Fuente: BBC.
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