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martes, 8 de septiembre de 2026

Dime de qué presumes y te diré de qué careces en Ceuta. Por Juan Torres López

El Gobierno no falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar

Hay dos clases de problemas en la vida de las personas y en la de las sociedades: los que tienen solución y los que no. Los primeros desaparecen si se encuentra la respuesta adecuada y se aplica con acierto. Los segundos no tienen remedio que los haga desaparecer, y empeñarse en buscárselo conduce a la frustración primero, y después a la parálisis. Con ellos no cabe resolver, sino evitarlos mientras se pueda, paliar el daño, frenarlos, retrasarlos, pasarlos a otro tiempo o a otras manos… y, sobre todo, cuidar en todos los sentidos a quien los padece, sea una persona, un territorio, un animal o un patrimonio que no queremos perder.

Mi tesis es que el problema de Ceuta (y Melilla) pertenece a esta segunda clase en el plano político, geoestratégico e incluso humanitario, al menos a corto y medio plazo, y las razones de que no tenga solución me parecen claras. Son dos territorios que pertenecen a España antes de que existiera el Marruecos actual, pero que este país reclama sin descanso porque esa reivindicación forma parte de su identidad nacional y del cemento de su monarquía. Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos (fronteras, comercio, migración, seguridad, energía…) y de los cuales uno es una autocracia que sabe usar esa imbricación como palanca sibilina para agredir y hacer chantaje, incluso permitiendo –por ejemplo– que miles de personas violen una frontera como munición, aun a costa de sus vidas. Hay una población autóctona, la ceutí y melillense, con intereses propios y legítimos para la que seguramente no hay más “solución” imaginable que mantener el statu quo del que depende su vida. Y, para colmo, en España hay una derecha ferozmente nacionalista que se proclama patriota pero que nunca arrima el hombro en favor de toda la patria, sino que sopla las brasas con tal de quemar al gobierno que no represente a lo que ella considera la suya, la “España de bien”. Y lo hace aunque así se deteriore la cohesión interna, se quiebre la imagen internacional del país o hasta se genere más riesgo de perder territorios de la patria que dice defender. Y el problema se complica, finalmente, aún más dadas las racionales sospechas de que quien realmente mueve los hilos en esa zona pueden ser los gobiernos de Estados Unidos e Israel, a quienes interesa que España y Europa se desestabilicen, y que han dado sobradas muestras de cinismo e inmoralidad.

Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos

Quizá la mejor forma de comprobar que el problema de Ceuta no tiene solución es ver lo que han hecho quienes más alto proclaman que sí la tiene, la derecha y la extrema derecha (en este caso, la misma cosa) que acusan al Gobierno de Pedro Sánchez de no defender a Ceuta y que reclaman mano dura contra Marruecos.

Son la derecha y la extrema derecha que no sólo no condenan el franquismo, sino que incluso lo reivindican, pero que olvidan que en noviembre de 1975 y ante la Marcha Verde (trescientas mil personas caminando), el régimen de Franco –el más militarista, beligerante y supuestamente patriótico que ha conocido España, armado hasta los dientes y sin parlamento, oposición ni tribunales que le ataran las manos– no defendió el Sáhara. Lo entregó en cuestión de días, lo mismo que había hecho antes, en 1969, cuando cedió Ifni a Marruecos. Es la misma derecha que, sin embargo, celebró como gesta nacional la recuperación de la Isla Perejil, un islote deshabitado del que en 2002 hubo que desalojar a un puñado de gendarmes que ni siquiera opusieron resistencia.

Esa es la medida exacta del patriotismo de la derecha española: epopeya cuando no hay nadie ni nada que defender, entrega o silencio cuando lo que está en juego es un territorio con población y futuro. Y es la misma derecha que hace gala de su atlantismo y sintonía con Washington pero que calla cuando es precisamente Estados Unidos quien tiene la llave para subir o bajar la temperatura de la frontera.

Ni siquiera tiene solución a día de hoy el problema humanitario: el acoger, atender, ordenar la llegada de miles de personas con decencia. Es lo que habría que hacer, pero también esa puerta está entornada.

El Tribunal Supremo español dictó (casualmente días antes del problema) que a quienes son interceptados en el mar tratando de entrar a nado en Ceuta no se les puede aplicar el “rechazo en frontera” –es decir, la devolución sumaria en caliente–, sino el procedimiento ordinario de devolución, que lleva garantías individuales y necesita tiempo para hacerla efectiva, si se hace. Y aún más. ¿Cómo se frena una avalancha de casi tantos miles de personas como habitantes tiene Ceuta? ¿A tiros? ¿Ahogando a quien nada? No hay respuesta compatible con la decencia, y por eso ninguno de los que exigen firmeza ha formulado en voz alta solución alguna… salvo uno. La que dio el único dirigente de la derecha que se ha atrevido a concretar qué se debería hacer fue tan bárbara como esclarecedora: el diputado de Vox José María Figaredo propuso, sin metáfora y reiterándose al día siguiente sin retractarse, “cazar” a los inmigrantes “uno a uno” o “pescarlos”, y lo dijo acompañando sus palabras con onomatopeyas de disparo. Esa ha sido la única propuesta específica que la derecha ha logrado poner sobre la mesa.

Las salidas se cierran porque no se puede resolver en días, meses o pocos años el desnivel que empuja a la gente del África saqueada durante siglos hacia el norte. Porque se necesita a la inmigración, pero no se la quiere, y las patronales, los partidos y los gobiernos europeos (unos más que otros) están atrapados en esa contradicción. Porque no se aplaca con buenas palabras a un vecino que sabe usar la frontera como palanca de guerra híbrida y al que no le importa que mueran sus ciudadanos. Porque no se defiende un enclave como Ceuta con las bravuconadas de Aznar y sus acólitos, como demuestra la propia historia de la derecha que vocifera. Porque no se frena a decenas de miles de personas sin cruzar la línea de la barbarie y porque incluso la vía humanitaria tropieza con límites materiales que ningún discurso elimina.

Lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece

Lo único que queda entonces, cuando se han agotado todas las respuestas que podrían resolver el problema, es el cuidado. El pariente pobre de las respuestas a lo que no tiene solución.

Cuando no se puede resolver, ni domar, ni frenar sin barbarie, lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece. Y aquí es donde hay que decir, con dolor porque uno esperaba otra cosa, que el Gobierno ha fallado. No en lo imposible, pues nadie le puede exigir honradamente que resuelva lo que no tiene solución, sino precisamente en lo único que estaba en su mano, la celeridad a la hora de atender y el cuidado hacia la población ceutí y hacia la que entró irregularmente.

Es, sin duda, injusto decir que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha hecho nada en la gestión administrativa de la emergencia. Ha habido muchos recursos, protocolos, plazas, kits de higiene, ministras que visitaron el enclave, y hasta se aceleró el traslado a la Península de las niñas más vulnerables. Hubo, incluso, perspectiva de género en esa gestión. Y sin embargo todo ello pertenece a un mismo tipo de actuación, el de la administración, el del poder que ordena, coordina y paga. Pero ha faltado otra, la que no tiene que ver con “hacer”, sino con “estar”.

Porque una cosa es atender a las personas y otra muy distinta es estar con ellas. Un gobierno puede movilizar recursos, habilitar plazas y activar dispositivos de emergencia manteniendo una enorme distancia con las personas concretas que sufren y se sienten solas, porque el sistema puede funcionar a la perfección mientras la persona sigue estando sola. Pero eso se paga.

El poder y la gestión llegaron tarde, a remolque de la presión vecinal. El cuidado ha tenido en Ceuta rostro y sexo y no ha sido el del Gobierno. Mientras el Estado contaba plazas, decenas de mujeres y niñas que dormían a la intemperie entre cientos de hombres empezaron a denunciar acoso y agresiones sexuales, y quienes primero improvisaron espacios donde pudieran pasar la noche seguras no fueron los ministerios, sino los vecinos de El Príncipe y de Sidi Embarek, una organización como Save the Children y las propias mujeres migrantes organizándose para protegerse unas a otras. Es verdad que fueron ministras. Hubo visitas, sí, pero no fue el Gobierno quien cuidó, sino otra gente. Y esa gente pudo ver lo que a la administración se le escapaba, porque sólo se ve cuando se está cerca que el problema no era únicamente cuántas camas había, sino quién protegía a las mujeres durante la noche.

Hay, de nuevo desgraciadamente, un símbolo bien elocuente de la distancia con la que el Gobierno ha hecho frente al drama. La del propio presidente, Pedro Sánchez, que ciertamente visitó Ceuta el 31 de julio, al día siguiente de la avalancha, pero que se marchó de vacaciones a la jornada siguiente a Lanzarote. Desde allí llegó a presidir, a mediados de agosto y por videoconferencia desde la residencia de La Mareta, la reunión con sus ministros sobre Ceuta. Tiene todo el derecho a descansar, como él mismo ha reivindicado, pero esa no es la cuestión. No se trata de discutir si un gobernante tiene derecho o no a irse de vacaciones. La cuestión es el modo de gobernar que atiende la emergencia de personas concretas a través de una pantalla, desde lejos, sin pisar el suelo del dolor. Gobernar Ceuta por videoconferencia desde la playa, o –como han hecho otras ministras y ministros, desde Madrid– es, literalmente, hacer sin estar.

Ahí está la diferencia entre administrar y cuidar, entre añadir una perspectiva de género a los papeles y cambiar la manera de ejercer el poder. Lo primero lo hizo el Gobierno; lo segundo no. Y ese ha sido el origen del grito que lanzaron los ceutíes (“Nos sentimos abandonados”) y que han repetido vecinos, comerciantes y hasta responsables políticos socialistas de la ciudad.

Que una parte de España tenga que decir en voz alta que se siente abandonada por España es, en sí mismo, el mayor de los reproches. No importa cuántos millones se liberen ni cuántos dispositivos se activen, porque es a ese sentimiento a lo que no se debió dar pie jamás. Un gobierno que cuida no evita sólo el daño material; evita, sobre todo, que los suyos (que somos todos) tengan que gritar que están solos. Y quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, la que sea, aunque sea falsa y cruel. El abandono es la puerta por la que entra la demagogia, y por ahí se ha colado la derecha.

Quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, aunque sea falsa y cruel

En toda esta tragedia, quien ha aparecido ante mucha gente como el que se pone del lado de Ceuta y de los demás españoles más o menos preocupados por lo que pasaba allí, ha sido la derecha, no el Gobierno. Es una solidaridad falsa, porque defiende a unos enfrentándolos a otros, porque propone cazar a los más vulnerables para tranquilizar a los demás y porque se basa en el mismo patriotismo de cartón-piedra que celebró la gesta de Perejil y calla ante los cadáveres del espigón. Pero si ocupa ese terreno es porque la izquierda lo dejó vacío.

Hay algo que la izquierda sigue olvidando. Hay muchos momentos, muchos más de los que solemos creer, en los que el consuelo, el apoyo, la compañía y la empatía son tan necesarios o más que la buena doctrina e incluso que la partida presupuestaria. Un poder que sólo sabe dar discursos, liberar fondos y redactar notas de prensa no sólo cuida mal; gestiona peor, porque se pierde justo lo que únicamente se conoce de cerca. Y la gente lo nota.

Un gobierno progresista no fracasa cuando es impotente ante un poder que lo desborda. De esa impotencia nadie está a salvo, y en Ceuta no había victoria posible para nadie. Fracasa –como está fracasando el Gobierno de Pedro Sánchez– cuando, no pudiendo resolver, renuncia además a lo único que sí estaba en su mano: estar al lado de la gente. No falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar.

Y la paradoja final es que todo eso que ha faltado tiene nombre. Esa presencia, ese hacerse cargo de la vida concreta de la gente, esa manera de ejercer el poder que no manda desde fuera, sino que sostiene desde dentro, no es un buenismo vago. Son, en su sentido más hondo, dos cosas que en este país no se paran de invocar, de las que se presume pero que, a la hora de la verdad, no se practican. Una se llama patriotismo, si por patriotismo no entendemos el culto a la tela de la bandera, sino la defensa de la vida, el bienestar, la seguridad y también el suelo donde vive la gente a la que uno se debe. La otra se llama feminismo, si por feminismo no entendemos la etiqueta, ni sólo la perspectiva de género añadida a un expediente administrativo, ni el recuento de cuántas ministras se sientan en el Consejo o de cuántos huecos se ocupan en las listas –eso es representación, que importa, pero es sólo la puerta–. De este Gobierno esperábamos algo más hondo, precisamente lo que el feminismo nos había hecho creer que podríamos esperar de su práctica: romper la vieja frontera que dejaba en el lado de lo público la razón, la autoridad y el mando, y confinaba en el de lo privado –donde a su vez se confinaba a las mujeres– el cuidado, la dependencia y la vulnerabilidad, como si no fueran también asuntos políticos. Esperábamos un modo de gobernar feminista que no se limitara a cambiar quién ejerce el poder, sino que transformara el cómo se ejerce, que sustituyera la lógica patriarcal de la jerarquía y el mando a distancia por la de la cercanía y el cuidado. De un cuidado de una clase precisa, porque no vale cualquiera: no el que decide desde arriba lo que a la gente le conviene –ese también es autoritario y paternalista–, sino el que escucha y reconoce a quien sufre, empezando por esas mujeres y esas niñas, como sujeto capaz de decidir sobre su propia vida y no como mero objeto al que proteger. Un poder que se mide, al final, en vida sostenida, en dolor aliviado y en autonomía devuelta.

Eso es lo que debería avergonzar a unos y a otros. Aunque, desde luego, no de la misma manera ni en la misma medida, porque igualar aquí las dos faltas sería la más cómoda de las mentiras. La derecha hace gala de patriotismo, pero lo que ha hecho no es defender la españolidad de Ceuta sino convertirla en un misil contra el Gobierno. Su única propuesta concreta ha sido cazar a los más débiles. El error del Gobierno, por el contrario, no es el del cínico que finge una virtud que no siente, sino el de quien traiciona una que dice tener y podía haber ejercido. A la derecha hay que reprocharle lo que hace; al Gobierno, con más dolor, lo que pudo hacer y no hizo.

Y si con este segundo se es más severo no es porque sea peor –a mi juicio no lo es–, sino porque de él se esperaba otra cosa y porque su fallo lo vamos a pagar muy caro y quizá pronto. Ceuta enseña algo muy claro: cuando un problema no tiene solución, lo más importante que cabe hacer es cuidar y no producir abandono, y haber descuidado ese cuidado y haber hecho que la población ceutí e incluso la del resto de España se sienta abandonada, lo que al principio de estas líneas parecía lo más pequeño de todo, es precisamente lo que dio la llave, ha dejado el campo libre y está haciendo fuerte a la extrema derecha.

Juan Torres López es economista y catedrático jubilado de Economía Aplicada.

Fuente: 

domingo, 2 de agosto de 2026

_- Pedro Sánchez denuncia "una violación de la integridad territorial de España" y culpa a las mafias que trafican con personas de la crisis en Ceuta

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, durante una comparecencia en La Moncloa

_- Como un "ataque" y una "violación a la integridad territorial" de España calificó el presidente del gobierno de ese país, Pedro Sánchez, la crisis migratoria que se desató este jueves en Ceuta, donde cruzaron cerca de 50.000 migrantes desde Marruecos.

El mandatario calificó el hecho que afecta a la ciudad autónoma, perteneciente a España, como "inédita" y responsabilizó a las "mafias que trafican con seres humanos" de la "avalancha" de personas que ingresaron al enclave de manera irregular.

Las autoridades españolas reportaron la muerte de al menos 57 personas en el cruce de la frontera del Tarajal, considerada una de las más sensibles del mundo.

"¿Qué es lo que ha sucedido? Bueno, lo que ha sucedido es una violación de la integridad territorial de España, de las fronteras de una ciudad española como es la ciudad de Ceuta", afirmó Sánchez tras visitar la zona y reunirse con fuerzas de seguridad del Estado.

El mandatario afirmó que la crisis es una respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo de su país, instancia que dictaminó que los migrantes que llegan a los dos enclaves españoles del norte de África —Ceuta y Melilla— por mar no pueden ser repatriados de forma sumaria.

"En las interlocuciones que hemos tenido con las autoridades marroquíes, lo que subyace es la lectura interesada que las mafias que trafican con seres humanos han hecho de una sentencia del Tribunal Supremo..., mediante la cual se dice que no tiene encaje en las repatriaciones en frontera de personas que entren por nuestro espacio a nado, por el mar, por considerar que no existe una frontera física, como sí existe cuando se atraviesa una frontera terrestre", dijo Sánchez.

"Esta es la situación; parece que esta lectura de la sentencia ha corrido como la pólvora durante estas últimas horas... y ha producido una avalancha de las características y dimensiones que vimos ayer", añadió.

El mandatario informó que "el gobierno de España va a utilizar todos los resortes del Estado" para garantizar la seguridad de los ciudadanos ceutís, a la vez que agradeció la colaboración del gobierno de Marruecos.

España ya ordenó desplegar boyas en la zona para generar una barrera de contención en la vía marítima.

Sánchez recalcó que todos los esfuerzos están ahora concentrados en repatriar a quienes han ingresado de manera irregular al enclave español.

Migrantes llegan a Ceuta. 

Migrantes llegan a Ceuta.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Ceuta y Melilla, dos ciudades que pertenecen a España desde hace más de 500 años, son reivindicadas como propias por Marruecos. 

Críticas al gobierno

El líder de la Moncloa enfrenta duras críticas por la forma en que ha conducido la política migratoria y, a su vez, las relaciones diplomáticas con el país africano.

La oposición afirma que su gestión ha generado, precisamente, terreno fértil para que crisis como las de Ceuta tengan lugar.

El Partido Popular (PP), la principal agrupación opositora, calificó el hecho como una verdadera "invasión" y exigió que se reforme la ley de extranjería de manera inmediata "para garantizar que la figura del rechazo en frontera aplique también a las entradas por vía marítima".

Parlamentarios del partido han citado a Sánchez a comparecer ante un pleno extraordinario del Congreso para pedirle explicaciones.

El mandatario también ha recibido críticas desde Europa.

"Situación alarmante en la frontera española", dijo el presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber. "Son consecuencia directa del efecto llamada que supone la regularización masiva", recalcó el conservador alemán.

En Ceuta, Sánchez defendió su política migratoria y recalcó que la crisis actual "rompe con una dinámica de reducción de flujos irregulares" durante su administración.

Pedro Sánchez en Ceuta. Fuente de la imagen,Reuters Pie de foto,

Las autoridades españolas ya han reportado la muerte de al menos 57 personas en el cruce de la frontera del Tarajal, una de las más sensibles del mundo.

España ya ordenó desplegar boyas en la zona para generar una barrera de contención en la vía marítima.

Sánchez recalcó que todos los esfuerzos están ahora concentrados en repatriar a quienes han ingresado de manera irregular al enclave español.

Migrantes llegan a Ceuta. 

Ceuta y Melilla, dos ciudades que pertenecen a España desde hace más de 500 años, son reivindicadas como propias por Marruecos. Críticas al gobierno

El líder de la Moncloa enfrenta duras críticas por la forma en que ha conducido la política migratoria y, a su vez, las relaciones diplomáticas con el país africano.

La oposición afirma que su gestión ha generado, precisamente, terreno fértil para que crisis como las de Ceuta tengan lugar.

El Partido Popular (PP), la principal agrupación opositora, calificó el hecho como una verdadera "invasión" y exigió que se reforme la ley de extranjería de manera inmediata "para garantizar que la figura del rechazo en frontera aplique también a las entradas por vía marítima".

Parlamentarios del partido han citado a Sánchez a comparecer ante un pleno extraordinario del Congreso para pedirle explicaciones.

El mandatario también ha recibido críticas desde Europa.

"Situación alarmante en la frontera española", dijo el presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber. "Son consecuencia directa del efecto llamada que supone la regularización masiva", recalcó el conservador alemán.

En Ceuta, Sánchez defendió su política migratoria y recalcó que la crisis actual "rompe con una dinámica de reducción de flujos irregulares" durante su administración.

Pedro Sánchez en Ceuta.


Pedro Sánchez en Ceuta.

Fuente de la imagen,Reuters

Pie de foto,Las autoridades españolas ya han reportado la muerte de al menos 57 (+200 según últimos datos) personas en el cruce de la frontera del Tarajal, una de las más sensibles del mundo.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Unicef: “España no ha entendido que un niño primero es un niño y luego un inmigrante o refugiado”

InfoLibre

Sara Collantes, experta en políticas de infancia de Unicef Comité Español, denuncia situaciones como la de los jóvenes que intentan saltar la valla de Ceuta y Melilla y son devueltos sin comprobar si son menores. También preocupan los casos de niños y adolescentes que, solos o junto a sus familias, son encerrados en los Centros de Internamiento de Extranjeros.

La experta en políticas de infancia de Unicef Comité Español, Sara Collantes, opina que en España “no se ha entendido bien que un niño primero es un niño y luego, un inmigrante o un refugiado" y esa es la razón por la que teniendo ya cierta tradición tanto en flujos migratorios como en acogida de menores que llegan sin adultos que se hagan cargo de ellos, se siguen repitiendo deficiencias que tienen un impacto directo sobre la protección y el interés superior de estos niños.

“En España los dos sistemas, el de protección a la infancia y el de extranjería y asilo, tienen que darse la mano y aliarse lo suficiente como para otorgar esa doble protección a los niños migrantes o refugiados, que tienen por eso una doble vulnerabilidad. Hay un margen importantísimo para conseguir blindar esa protección en España”, afirma en una entrevista con Europa Press.

Se refiere a situaciones como la de jóvenes que intentan saltar la valla de Ceuta o la de Melilla y son entregados de vuelta a las autoridades marroquíes sin que nadie haya comprobado si eran menores de edad; a la de los niños refugiados que se ven privados del derecho a estar con toda su familia porque los requisitos para la reagrupación familiar dejan fuera a los hermanos mayores de 18 o a los que habiendo entrado en territorio español, malviven en las calles de una ciudad autónoma.

“Nos preocupan mucho las devoluciones automáticas y pedimos su fin así como que se garantice que se identifica correctamente a los niños que intentan acceder por la valla. España, como frontera terrestre con África, tiene el reto de crear un mecanismo de identificación rápida de los menores de edad que intentan acceder a Europa porque si ésta no se lleva a cabo, no se pueden poner en marcha los mecanismos de protección previstos en las leyes y así, estaríamos vulnerando la Convención de los Derechos del Niño, afirma.

Contra las devoluciones automáticas en la valla
Insiste en este sentido en que si los adultos han de tener garantías en un proceso de devolución, en el caso de los niños estas se multiplican, pues han de tener un tutor, un representante legal, que se disponga del tiempo necesario para poder determinar su interés del menor y que se haga mediante personal cualificado capaz de hacer entrevistas en condiciones con los niños. “Nos parece casi imposible que en procedimientos tan sucintos como las devoluciones automáticas se puedan abordar todas estas garantías”, señala.

Según afirma, en UNICEF son “conscientes de que hay un número importante de menores de edad en Marruecos con intención de acceder a territorio español” y de la existencia de ONG que denuncian que algunos de quienes saltan la valla efectivamente lo son. Por eso, piden que se cumpla "de forma estricta" y se paralicen esas prácticas porque “no permiten desplegar el marco de protección que contempla la ley”.

Misma preocupación tiene la agencia de la ONU para la Infancia en lo que respecta a los menores que viajan solos y a quienes no se identifica como potenciales refugiados porque “hay muy poca proactividad”. Collantes recuerda que las cifras de solicitudes de asilo de niños en España “no cuadran”, con 25 casos frente a los 95.000 que se cursaron en la UE el año pasado, siendo frontera sur y teniendo más de 3.000 niños extranjeros tutelados por las comunidades autónomas.

“No se escucha a los niños, ni a los que vienen solos ni a lo que vienen en familia, que son tratados en el paquete familiar, lo que provoca que no podamos hacer identificación de casos que se dan y que no vemos, ya no sólo de trata de seres humanos o reclutamiento forzoso, sino necesidades que se dan dentro de las propias familias y que nos pasan completamente desapercibidas”, lamenta.

Niños en la calle de Melilla
Algunos de esos niños que llegan solos acaban en las calles de Melilla, lo que no escapa tampoco a UNICEF. Collantes lo relaciona con el cambio legislativo en el que se introdujo que si un menor abandona un centro de protección durante seis meses, la administración cesa la tutela. A juicio de la Agencia de la ONU, esta situación no debería darse, como tampoco pierden la responsabilidad los padres de un hijo que por circunstancias, se va de casa y acaba en una situación de absoluta desprotección y vulnerabilidad social “como la que se está viendo en Melilla”.

“Pedimos que se intensifique el trabajo a pie de calle con estos niños, hay que acompañarles. Somos conscientes de que algo se está haciendo y que se dan los primeros esfuerzos y el propio Defensor del Pueblo lo ha valorado, pero creemos que hay margen para seguir reforzando este trabajo y conseguir un objetivo fundamental: la integración plena de estos niños en nuestra sociedad y no esperar a que cumplan la mayoría de edad para tomar otras decisiones con ellos”, añade.

Niños que acaban en los CIE
Se refiere en la misma línea a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), donde según un informe del Servicio Jesuíta a Migrantes con datos del Ministerio del Interior, estuvieron encerrados 19 menores el año pasado porque no se les había identificado como tales. “Es muy grave. Creemos realmente que la apreciación de la edad debe basarse primero en la documentación que lleva el menor, en línea con las sentencias del Tribunal Supremo, y recurrir exclusivamente como último recurso y sólo con objeto de protección a las pruebas de determinación de la edad”, asegura.

UNICEF defiende que si el caso no está claro, se debe aplicar el beneficio de la duda para conseguir el tratamiento más garantista “y eso significa evitar el internamiento y poner en marcha otras medidas ya previstas como las comparecencias periódicas o un sistema de supervisión”. “Hay que evitar el internamiento, también de niños con sus familias, porque tiene efectos muy duraderos y físicos e incluso de somatización que deben ser evitados a toda costa”, añade.

Collanes incide en que “hay margen de mejora ya sea a nivel de inclusión como de protección”. “Creo que todos los actores nos tenemos que encaminar en ese sentido porque los niños migrantes están entre los más vulnerables del mundo y por supuesto de España, y porque no hay que olvidar un niño es ante todo un niño, por encima de cualquier estatus migratorio que en el fondo lo que hace es pervertir esa categoría de niño, que es la categoría por excelencia como casi todos los Estados del mundo han consensuado firmando la Convención de la ONU al respecto”, afirma.

Fuente: http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/09/18/ni_refugiados_inmigrantes_los_ninos_son_solo_ninos_54969_1012.html

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El pesado cargamento de las "mujeres mula" en Melilla

Todos los días, miles de mujeres deben llevar pesados cargamentos de mercancías para sobrevivir en el enclave español de Melilla.
Ellas son conocidas como las mujeres mulas. Todos los días llevan sobre sus espaldas pesadas cargas entre la frontera de España y Marruecos en el norte de África.

Melilla es un importante punto de entrada de mercancía y si las mujeres pueden llevarlas sin ningún tipo de ayuda, entonces no pagan impuestos.
Muy temprano una polvareda rodea la valla de seis metros que separa a Melilla de Marruecos debido a la frenética actividad de quienes preparan las mercancías para cruzar la frontera.
Hay miles de personas y el ruido es ensordecedor, una cacofonía de motores y gritos. En esas bolsas enormes llevan ropa de segunda mano, telas, artículos para el hogar y de higiene personal, todo destinado al mercado marroquí y mucho más allá.
Mujeres mula en Melilla, norte de África Este pesado trabajo es el único sustento que tienen estas mujeres cabezas de hogar para sobrevivir.
Los paquetes están por todos lados, envueltos en tela de saco y atados con cintas y cuerdas. Bajo ellos, ocultas por una carga que las dobla en tamaño, las mujeres "cargadoras".
Esta actividad comercial tiene lugar a diario en el barrio Chino, un cruce fronterizo sólo para peatones. Mientras una mujer pueda físicamente acarrear la carga, se clasifica como equipaje personal, así que Marruecos lo deja entrar sin impuestos.
Las mujeres tienen el derecho a visitar Melilla porque viven en la provincia marroquí de Nador, pero no pueden residir en el territorio español.
clic clic
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De Nador a Melilla
Latifa se forma en una de las ruidosas filas que forman cientos de mujeres. Pone en el suelo su carga, 60 kilogramos de ropa usada. Por transportarlos va a recibir US$4.
Lleva en este trabajo 24 años, pero no es algo que disfrute.
"Tengo una familia que alimentar", explica. "Tengo cuatro hijos y no tengo marido para que me ayude, me divorcié de él porque me pegaba".
En cuanto la fila se mueve hacia adelante, ella desaparece en el mar de las mercaderías.
Son muchas las cargadoras divorciadas, madres solteras que tienen que hacerse cargo de su familia como Latifa.
(Mapa de Melilla, enclave de España en Marruecos)
Para mujeres como ella, la vida es difícil en la tradicional sociedad marroquí. Muchas veces, el de cargadoras es el único trabajo que consiguen. Algunas hacen hasta tres o cuatro viajes al día, desde el barrio Chino a Marruecos, con hasta 80 kilos a sus espaldas.

Con la vida a cuestas
Lo que ganan depende de lo que puedan cargar. Además, muchas se quejan de que tienen que sobornar a los guardias marroquíes.
En Melilla hay un debate público acerca de si se debería seguir permitiendo que esta actividad comercial continúe tal como está.
"Estas son mujeres que arriesgan su vida, nos han tocado muertes a consecuencia de la dureza física del trabajo. Se hace en condiciones de semiesclavitud", dice Emilio Guerra, del partido Unión Progreso y Democracia.
"Lo que nos gustaría es que trabajen bajo condiciones que no sean tan precarias", agrega.
Guerra considera que Melilla debe cambiar su modelo económico y ser menos dependiente del comercio, en lo que no está de acuerdo Jose María López, asesor en negocios del gobierno local.
"Hay consecuencias muy positivas en la actividad comercial. Para algunas porteadoras es la única posibilidad de ganarse la vida. Por supuesto que es un trabajo muy duro, pero algunas ganan más de la media de los trabajadores marroquíes", afirma.

España en el norte de África
Ceuta y Melilla, zonas de Europa en el norte de África, forman parte de España desde hace 500 años. Madrid dice que los enclaves urbanos son parte integral del país. Estos limitan con Marruecos, que a través de sus líderes afirma que es una posesión de origen colonial y reclama soberanía sobre ellos.
Los enclaves están protegidos con mallas, con el propósito de detener la inmigración ilegal. Pero Ceuta y Melilla continúan siendo un escalón para llegar a España.
El turismo es un importante generador de recursos con las mercancías libres de impuestos que atraen a miles de visitantes. Y los beneficios que da el comercio a otros miles de marroquíes y sus familias –los que venden la mercancía en sus tiendas o las exportan a países más al sur– son enormes.
López estima que este comercio informal supone más de US$400 millones para Melilla, a lo que se refiere como ingreso "atípico". Otros lo llaman "contrabando" que creen que mueve hasta el doble.

De vuelta al barrio Chino, el ambiente se torna medio histérico, las puertas de la frontera cierran a mediodía, así que empieza a crecer la presión para ir a Marruecos y volver para la próxima consigna.

"Está un poco tranquilo hoy", comenta Arturo Ortega, guardia civil (policía militarizada) encargado de mantener el orden y evitar las avalanchas humanas.
"Si vinieras todos los días, empezarías a pensar que esto es normal, pero no lo es".
No muy lejos, Hasna se apoya en una barrera, sin carga en sus espaldas. Frente a ella, un grupo de hombres jóvenes están cargados hasta el tope.

"Están ocupando nuestro lugar", se queja. Tradicionalmente quienes cargaban eran mujeres, ahora tienen la competencia de jóvenes desempleados, y Hasna tiene problemas para atravesar la multitud y tomar su paquete.
Tiene un hijo y un marido enfermo, está embarazada de seis meses, pero toma su carga sin miramientos. Nada la detiene.
"Si hago un viaje hoy, me van a pagar 5 ó 6 euros (US$6,8 o US$8,2)", dice. "Si pudiera encontrar otro trabajo, limpiando casas o cocinando, no haría esto. Pero de momento, no tengo otra opción".
clic
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"Lo odio, pero lo necesito. "Portadora en Melilla María es una de las "mujeres mula". Ella tiene cáncer de seno y una pierna lastimada.
También mirando a los hombres está María, que llama la atención porque tiene que apoyarse en una muleta.
No es usual en las cargadoras, pero María habla algo de español y explica que se lesionó la pierna al caerse mientras hacía fila. También tiene cáncer de mama.
Llevaba toda la mañana en el barrio Chino, pero cuando vio el caos y del desorden se dio cuenta de que no se sentía en condiciones de trabajar. Regresará a su casa sin haber hecho nada de dinero.
Ella vive justo al otro lado de la frontera con Melilla, en Beni Enzar. Su casa tiene dos habitaciones y las comparte con sus tres hijas. No tiene agua corriente, pero el vecino le permite recoger agua de su grifo.
María estuvo casada y trabajó como camarera, pero hace cuatro años su vida comenzó a desmoronarse. Después de que le diagnosticaran el cáncer, su marido la dejó. Ya estaba embarazada de su hija menor.
"El médico dijo que iba a perder al bebé con el tratamiento, pero nació viva, así que la llamé Malak, que significa ángel".
Mientras habla, sus dos hijas mayores escuchan. Ninguna va a la escuela, se quedan en casa cuidando de su hermana mientras su madre va al barrio Chino. Se preocupan por ella.
"Esta no es la primera vez que se lesiona la pierna. El doctor le dijo que ella no debe cargar nada pesado", dice Ikram, una de las hijas de María. "Ella solo trabaja en eso para que nosotras podamos comer".
A María la atormenta la idea de que sus hijas también acaben como cargadoras. "Sería mejor para ellas que se casaran, este trabajo es peligroso y no hay dignidad en él. Lo odio, pero lo necesito".
Y luego Sanaa, de 13 años, pone una pequeña patineta en la mesa. María sonríe. Eso la ayudará a llevar con más facilidad la carga de mañana.

Ceuta y Melilla,
Zonas de Europa en el norte de África, forman parte de España desde hace 500 años. Madrid dice que los enclaves urbanos son parte integral del país. Estos limitan con Marruecos, que a través de sus líderes afirma que es una posesión de origen colonial y reclama soberanía sobre ellos.
Los enclaves están protegidos con mallas, con el propósito de detener la inmigración ilegal. Pero Ceuta y Melilla continúan siendo un escalón para llegar a España.
El turismo es un importante generador de recursos con las mercancías libres de impuestos que atraen a miles de visitantes. Fuente: BBC.
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