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domingo, 8 de octubre de 2023

Otto Lilienthal. Advances in Heavier-Than-Air-Flight. Avances en vuelos más pesados que el aire.

El pionero de la aviación Otto Lilienthal diseñó y construyó varios planeadores novedosos sin motor con los que pudo demostrar el concepto de vuelo más pesado que el aire. Después de su serie de experimentos muy publicitados, los ingenieros pudieron aprovechar sus hallazgos y métodos de investigación en un curso hacia el desarrollo del primer avión tripulado del mundo.
 
Nacido en Anklam, Pomerania, Alemania, el 23 de mayo de 1848, Lilienthal mostró un gran interés por el estudio de las aves cuando era niño y adolescente. En 1870 se graduó en ingeniería mecánica en la Real Academia Técnica de Berlín, hoy conocida como Universidad de Berlín. Al graduarse, se ofreció como voluntario para el servicio militar durante la Guerra Franco-Prusiana, que completó en 1871.

Mientras estudiaba en Berlín, Lilienthal inició sus primeros experimentos con el vuelo humano. Con su hermano Gustav, construyó su primer planeador de madera en 1867. Este modelo no tuvo éxito, pero continuó construyendo vehículos alados y perseveró en su estudio de la estructura de las alas de las aves y la aerodinámica del vuelo de las aves.

Lilienthal trabajó en Berlín como ingeniero de 1871 a 1883 mientras dedicaba su tiempo personal a la investigación de la aviación. Él y su hermano se convirtieron en miembros de la Sociedad Aeronáutica de Gran Bretaña en 1873, y Lilienthal dio su primera conferencia pública sobre la teoría del vuelo de las aves ese mismo año. Continuó realizando experimentos con alas artificiales y la forma en que respondían a la fuerza del aire y el viento. Mientras tanto, también comenzó a inventar y patentar dispositivos en diversos campos, incluida una máquina minera y bloques de construcción para niños. Obtendría unas 25 patentes a lo largo de su carrera, cuatro de las cuales estaban relacionadas con la aviación.

En 1883, Lilienthal abrió su propia fábrica en Berlín para fabricar calderas y máquinas de vapor. Allí inventó un diseño de motor pequeño más seguro basado en un sistema de calderas tubulares. Este invento le ayudaría a tener los medios económicos para poder dedicar más tiempo a la aviación. Publicó un libro sobre el vuelo de las aves en 1889, titulado “El vuelo de las aves como base de la aviación”, que sigue siendo un clásico en este campo hasta el día de hoy. El libro detalla varios tipos y estructuras de alas de aves, así como la aerodinámica del vuelo de las aves. También presenta las ideas de Lilienthal para aplicar sus hallazgos al vuelo humano. Su enfoque científico ayudó a sentar las bases para futuros estudios de la aviación y para el establecimiento del campo en general. Muchos científicos y entusiastas de la aviación de todo el mundo lo visitaron y consultaron durante las dos últimas décadas de su vida.

Lilienthal reanudó la construcción de modelos de planeadores en 1891. El modelo Derwitzer Glider que estrenó ese año empleaba varillas de sauce y tela de algodón. Pudo deslizarse 80 pies usando esta nave, lo que le obligó a cambiar el peso de su cuerpo para controlar su dirección.

Construyó una nave más sofisticada en 1892 que le permitió deslizarse 270 pies, seguida de un modelo con el que pudo deslizarse 1150 pies. Se le concedió una patente por este diseño de “aparato de vuelo convertible”. En 1893, construyó un modelo que usaba alas batiendo de manera similar a cómo volaría un pájaro. Ni este modelo ni su sucesor fueron efectivos.

En 1894, Lilienthal creó su diseño de mayor éxito, el Normal-Segelapparat o "Aparato de vuelo estándar". Recreó el oficio para personas en países de todo el mundo, incluidos Inglaterra, Irlanda, Rusia, Francia, Argentina y Estados Unidos.

Lilienthal había realizado más de 2.000 vuelos en planeador hasta su muerte en 1896 y había construido dieciocho modelos. Murió en un accidente de planeo que tuvo lugar el 9 de agosto de 1896. Según se informa, sus últimas palabras fueron: "Hay que hacer sacrificios".

viernes, 6 de diciembre de 2019

_- Ellacuría y el testimonio de la filosofía de vida.

_- Agustín Ortega Cabrera
Rebelión

Se ha dicho muy bien que se entiende mejor la obra de un autor, y con más razón tratándose de un filósofo, si se une a lo que fue su vida. En Ignacio Ellacuría, uno de los conocidos como jesuitas mártires de la UCA, al que rendimos memoria por el Día Mundial de la Filosofía en el 30 aniversario de su martirio, se da en forma luminosa esta unión de obra y vida. En este sentido, en nuestras actividades académicas y formativas, por esta semana de conmemoración del 30 aniversario del martirio de los queridos Ellacuría y jesuitas de la UCA, estuvimos presentando el libro “Ellacuría en las fronteras”, editado por la Universidad Jesuita Ibero de México. En dicha publicación soy coautor y hago un capitulo con el título: “Filosofía de la acción-formación social en el horizonte de la espiritualidad. Claves desde Ellacuría, Martín-Baró y los jesuitas mártires de la UCA”. Hicimos esta presentación en algunos centros universitarios de Lima, donde actualmente realizo mi misión en América Latina y soy profesor e investigador.

Tal como muestra uno de conocedores, A. González, es “la forma socrática de filosofar y de ser filósofo, la primera clave para aproximarnos a la obra de Ignacio Ellacuría. Parafraseando a Zubiri, podríamos trazar un paralelo con Sócrates diciendo que lo característico de la labor intelectual de Ellacuría no consiste tanto en haber puesto la praxis histórica de liberación en el centro de sus reflexiones filosóficas, sino en haber hecho de la filosofía un elemento constitutivo de una existencia dedicada a la liberación”. De forma similar a otros pensadores y filósofos, además del propio Sócrates como E. Mounier y S. Weil e incluso ese maestro que fue L. Milani, Ellacuría aprehendió el pensamiento en unidad inseparable con la acción, con la praxis y compromiso solidario por la justicia con los pobres, oprimidos y víctimas de la historia. Una filosofía al servicio de la vida y promoción liberadora e integral de las personas, los pueblos y los excluidos frente a la violencia estructural del mal, desigualdad e injusticia social (global), la violencia represora y personal; con un compromiso claro por el dialogo, la reconciliación, la no violencia, la paz, la libertad e igualdad.

Es esa inteligencia social e histórica desde una filosofía honrada con lo real, empleando las mediaciones socio-analíticas como son las ciencias sociales, que se hace cargo de la realidad analizándola críticamente en sus posibilidades, capacidades y estructuras con sus poderes o dominaciones; que carga con la realidad en esa inteligencia ética de la compasión, asumiendo solidariamente el sufrimiento de los pueblos crucificado que son siempre el signo de los tiempos, en una hermenéutica histórica de la realidad "passionis". Y se encarga de la realidad, con la inteligencia que se hace praxis liberadora de los pueblos crucificados para bajarlos de la cruz, en la opción por los pobres como sujetos de su liberación integral.

En esta línea, sigue afirmando González, que “Ellacuría mostró con su vida (y - ¿por qué no decirlo? - también con su muerte) que la función social de la filosofía no es primeramente una función académica, y mucho menos una función legitimadora de uno u otro poder, sino -al menos como posibilidad- una función liberadora. Y que esta función liberadora no consiste en primera línea en la trasmisión de una determinada filosofía, de una determinada tradición o de unos determinados conocimientos filosóficos, sino, como también fue el caso de Sócrates, en una tarea mayéutica y crítica…, en un sentido más cercano a la expresión original griega maieúomai (ayudar en el parto, desatar). Pues se trata de acompañar filosóficamente la difícil hora histórica de los pueblos del Tercer Mundo, situándose parcialmente del lado de quienes tratan de impedir que triunfe la muerte y del lado de la nueva vida que, a pesar de todas las dificultades, pugna por nacer”.

Ellacuría comprende el para qué de la filosofía en su función liberadora, a la búsqueda del verdadero ser y sentido en la realidad promoviendo la vida, la libertad y la justicia liberadora con los pobres con una tarea "desideologizadora" de lo real. Se trata de buscar la verdad que es aprisionada por la injusticia (Rm 1, 18), desenmascarando a los ídolos de muerte que niegan la vida de los pueblos y de los pobres. Liberarnos de las idolatrías de la riqueza-ser rico, del capital, poder y la violencia estructural para que las mayorías populares (empobrecidas) tengan ser, vida y vida en abundancia (Jn 10, 10); frente a la nada, el no ser, que padecen los pueblos crucificados. La realidad estructural con su dinamismo, en su unidad de naturaleza e historia, de inter-relaciones de los seres humanos con el mundo, se convierte en praxis social e histórica. Empleando el método de "historización" de las claves filosóficas, como es la justicia con los derechos humanos en la opción por los pobres, para que sean verificados en la realidad histórica. De esta forma, se desvela la mentira ideológica que niega la vida y la liberación integral de la humanidad.

En oposición a esos falsos dioses de la civilización del capital y de la riqueza, para revertir la historia y lanzarla en otra dirección, Ellacu contrapone la civilización del trabajo y la pobreza. Esto es, la dignidad de las personas trabajadoras y la humanización del mundo social e histórico, con una economía al servicio de la vida y las necesidades de los pueblos, que nos libera del lucro y del beneficio-capital como motor de la historia. Y ello en la civilización de la pobreza, con la solidaridad compartida como sentido de la historia en lo real desde esos “pobres con espíritu”. La existencia solidaria de compartir la vida, los bienes y la lucha por la justicia con los pobres que nos libera de las esclavitudes del tener, poseer e ídolo de la riqueza-ser rico.

Tal como afirma Ellacuría, es “una filosofía hecha desde los pobres y oprimidos, en favor de su liberación integral y de una liberación universal que, en su autonomía, puede ponerse en el mismo camino por el que marcha el trabajo en favor del reino de Dios, tal como se prefigura en el Jesús histórico”. Para Ellacuría la historia tiene sentido en “forma utópica y esperanzadamente: creer y tener ánimos para intentar con todos los pobres y oprimidos del mundo revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección”. La realidad histórica, en su dinamismo estructural, está abierta a la trascendencia y esperanza, al Dios trascendente en lo real e histórico. El sentido de la utopía profética y la esperanza en “ese futuro siempre mayor, más allá de los futuros histórico, donde se avizora el Dios salvador, el Dios liberador” (Ellacuría).

Agustín Ortega Cabrera (España), misionero canario laico, es Trabajador Social y Doctor en Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología ULPGC). Asimismo ha realizado los Estudios de Filosofía, Teología y Moral, Doctor en Humanidades y Teología (UM). Profesor e investigador en diversas universidades e instituciones universitarias y educativas latinoamericanas. Autor de distintas publicaciones, libros y artículos.