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lunes, 20 de abril de 2026

_- Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico: “El cerebro humano no busca recordar, sino entender” El investigador explora en su nuevo libro, ‘La máquina del olvido’, los entresijos de la memoria, cómo se construye el recuerdo y qué nos define como especie

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico

El investigador explora en su nuevo libro, ‘La máquina del olvido’, los entresijos de la memoria, cómo se construye el recuerdo y qué nos define como especie.

Hay un poema profundamente soldado en la memoria del neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga (Buenos Aires, 58 años). Son unos versos del escritor argentino Hilario Ascasubi que aprendió cuando tenía 12 años, mientras desayunaba una tostada y un chocolate en su casa antes de ir a clase: “Mi madre me quería matar porque no me lo había estudiado para el colegio… Y fue una situación de tanto estrés, porque me iban a poner un cero, que me lo aprendí y me quedó hasta hoy”, cuenta entre risas.

Los recuerdos son caprichosos, volátiles, maleables. Pero son nosotros, reivindica Quian Quiroga, que es coordinador del programa de investigación Mecanismos neuronales de la percepción y la memoria del Hospital del Mar Research Institut (IMIM): “Si a mí me reemplazan un brazo, voy a seguir siendo yo. Si me trasplantan el corazón, también. Pero si me trasplantasen el cerebro, no voy a ser yo, va a ser la otra persona con mi cuerpo. Claramente, la identidad viene ligada al cerebro, a los pensamientos y, en particular, a la memoria”.

De todo eso —y de Aristóteles, Borges, Maradona o de una falsa pelota naranja que habita en su recuerdo— escribe el neurocientífico en su nuevo libro, que llega a las librerías el 28 de enero: en La máquina del olvido (Ariel), Quian Quiroga explora los entresijos de la memoria, cómo se construye y hasta qué punto esa capacidad nos define como humanos.

El investigador sabe de lo que habla. Hace dos décadas, descubrió las llamadas neuronas de Jennifer Aniston, unas células nerviosas en el hipocampo que responden a conceptos específicos y a asociaciones, obviando detalles concretos. Este hallazgo, clave para cimentar la memoria, es también, a su juicio, una pieza fundamental para explicar lo que nos diferencia de otros animales o de la inteligencia artificial.

El investigador atiende a EL PAÍS en su despacho del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona, a los pies de la playa de la Barceloneta. “Es sorprendente lo poco que recordamos”, dirá una y otra vez.

Pregunta. ¿Más que memoria, somos máquinas de olvidar?

Respuesta. Sí, porque, a diferencia de otros animales, una característica esencial del pensamiento humano es el olvido. Lo que hacemos todo el tiempo es que seleccionamos información, la procesamos y dejamos de lado los detalles. Al hacer eso, te puedes enfocar en lo esencial y tener una capacidad de razonamiento mucho más avanzada. Hacer esa abstracción implica un olvido.

P. Dice en el libro que “traer al consciente un recuerdo inevitablemente implica cambiarlo”. ¿La memoria está en constante reconstrucción?
R. Cada vez que evocas un recuerdo lo estás cambiando. Y el cambio puede ser brutal. De una memoria, tal vez recuerdas ciertas cosas específicas y las vas consolidando más y más; y otras que no las recuerdas tanto, las vas dejando en el olvido. Y eso para mí es la paradoja filosófica, porque la memoria define la identidad, yo soy mis memorias; pero lo que define mi persona es algo tan volátil...

El cerebro es la máquina del olvido: olvidamos mucho y recordamos muy poco, solo lo que nos interesa"

P. Entonces, ¿recordamos o creemos recordar?
R. El proceso de recordar existe, no es una ilusión, pero el recuerdo es, en gran parte, una construcción y usas sentido común. Hay un montón de cosas que son inferencias inconscientes: infieres cosas e, inconscientemente, vas armando una historia usando el sentido común, pero no necesariamente recuerdas fehacientemente todo lo que pasó.

P. ¿Qué hace una memoria más rigurosa?
R. La clave está en el interés, y eso va ligado a la atención. El cerebro es la máquina del olvido: olvidamos mucho, recordamos muy poco, pero lo poco que recordamos es aquello que nos interesa, aquello a lo que le prestamos atención.

P. Los animales también tienen memoria: un perro sabe volver a casa, reconocen al dueño. ¿Qué distingue a nuestra memoria?
R. Lo que yo propongo es que la memoria del humano funciona distinto a la de otras especies. Empiezo por un argumento de sentido común: la memoria te determina el pensamiento, yo pienso en base a cómo recuerdo las cosas; y creo que la clave del pensamiento humano es que es mucho más abstracto que el de cualquier otro animal. Un mono o una rata recuerda las cosas tal cual pasaron; nosotros recordamos más conceptos, dejamos de lado detalles y eso nos permite hacer asociaciones mucho más avanzadas. El ejemplo que doy es que la gran genialidad de Newton no fue escribir un día la fórmula de la gravedad, sino darse cuenta de que la manzana que cae responde al mismo fenómeno que la luna que gira alrededor de la Tierra. Pero para hacer esa comparación necesitas realmente abstraer, no puedes estar pensando si la manzana es roja o verde. Tienes que dejar de lado un montón de detalles y ahí viene la genialidad.

   

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientifico, fotografiado en el patio del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona. GIANLUCA BATTISTA

P. ¿Y la clave de todo está en cómo construyes la memoria?
R. El cerebro humano no es tan distinto del cerebro de un chimpancé. Es más grande, pero hay animales que tiene el cerebro más grande que el humano y no son más inteligentes. Yo creo que no es que el cerebro sea distinto, sino que funciona distinto. Y no creo que sea coincidencia que yo en humanos encuentre neuronas respondiendo a conceptos y no a detalles, mientras que en otros animales siempre encuentran neuronas respondiendo detalles y no a conceptos.

P. ¿Las neuronas de concepto, las famosas neuronas de Jennifer Aniston, no se han encontrado en otras especies?
R. No. Y eso me cierra todo: somos nosotros los únicos que hasta ahora tenemos estas neuronas que representan conceptos, abstracciones, lo cual implica olvidos. Eso me permite una capacidad de inteligencia muy superior a la que pueda tener otro animal. Y me puedo estar equivocando, no es un consenso científico, pero lo que yo digo es que estas neuronas son exclusivas del ser humano y que son una base de nuestra inteligencia.

P. Usted rechaza que se asocie la capacidad memorística a la inteligencia.
R. Eso es un error garrafal que está metido en todos lados. El cerebro humano no busca recordar, busca entender. O sea, lo que nos distingue a nosotros no es nuestra capacidad de memoria, sino nuestra capacidad de entendimiento. Un ejemplo: yo no me olvido nunca de que la batalla de Chacabuco de Argentina contra los españoles fue en 1817. Y no es porque tenga una regla nemotécnica, sino porque me acuerdo de que es un año después de la Declaración de Independencia. Lo que hago es poner una fecha en contexto y ya está, no se me va nunca más. Lo decía Aristóteles: la manera más fuerte que tienes de recordar algo es hacer asociaciones. Generas ese telar de la memoria y te queda bien firme. Si tienes hechos aislados, se te pierden.

Cada vez que evocas un recuerdo lo estás cambiando; y el cambio puede ser brutal”

P. ¿Cómo seleccionamos lo que recordamos?
R. Hay cosas que las repetiste tantas veces, que te quedaron automatizadas. Y luego, por la emoción, que está muy claro que es un factor que modifica qué tan profundos son los recuerdos.

P. ¿Por qué no nos acordamos de nada de nuestra primera infancia?
R. Se llama amnesia de la infancia. Y eso es porque el hipocampo, que es un área cerebral clave para la memoria, todavía no se ha desarrollado.

P. Coquetea todo el rato con la idea de qué nos hace humanos: la memoria, el lenguaje, el sentido común, esas inferencias inconscientes… ¿Qué nos hace humanos?
R. Es la misma idea desde distintos ángulos. ¿Qué nos separa de un animal? La capacidad de abstracción. Y eso es porque tenemos neuronas de concepto, lenguaje, entendemos... ¿Qué te separa de un ordenador? Que tiene memoria perfecta, pero no entiende; nosotros olvidamos un montón, pero entendemos.

P. Al principio del libro advierte de que se plantearán varios interrogantes que pueden quedar sin respuesta. ¿Qué no sabe la neurociencia?
R. ⁠La pregunta que todavía es incontestable es qué le falta a un algoritmo, a una inteligencia artificial, para despertar y ser consciente.

viernes, 20 de noviembre de 2020

Polarización política: cómo el cerebro de los progresistas y de los conservadores procesa la misma información de forma distinta

     En muchos países alrededor del mundo se vive una intensa polarización política.

Dos personas con opiniones políticas diferentes ven el mismo video, pero sus cerebros lo procesan de maneras completamente distintas. ¿Por qué?

En tiempos de extrema polarización, los investigadores comienzan a desentrañar lo que sucede en la cabeza de personas que se encuentran en polos opuestos del espectro político, qué les hace responder de manera diferente al consumo de la misma información.

Esta investigación también abre nuevos campos para los propios científicos. ¿Cómo utilizar el conocimiento sobre el cerebro para concienciar a las personas acerca de sus propios prejuicios políticos? ¿Qué tipo de mensaje puede ayudar a suavizar la polarización y a fomentar el diálogo?

Pero primero, veamos los hallazgos publicados este mes en Proceedings of the National Academy of Sciences, la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Una respuesta neuronal diferente
Investigadores de la Universidad de California en Berkeley, la Universidad de Stanford y la Universidad Johns Hopkins escanearon los cerebros de 38 adultos de mediana edad, algunos inclinados hacia la izquierda del espectro político y otros hacia la derecha, mientras veían docenas de videos (con noticias, discursos o anuncios políticos) sobre las medidas migratorias que se están discutiendo en EE.UU.

Entre los temas abordados se encuentran la construcción del muro en la frontera con México, una de las banderas del gobierno del presidente Donald Trump, y el programa conocido como DACA (las siglas en inglés de Deferred Action for Childhood Arrivals), creado en 2012 por Barack Obama para temporalmente asentar a migrantes indocumentados que habían llegado al país cuando aún eran niños y el cual sufrió varios reveses durante el mandato de Trump.

Los investigadores dividieron a los participantes del estudio en función de sus puntos de vista sobre estas políticas migratorias: en términos generales, los liberales tienden a oponerse al muro fronterizo y apoyar DACA. Los conservadores tienden a ir en la dirección opuesta.

"A pesar de ver el mismo video, (liberales y conservadores) tuvieron una respuesta neuronal diferente", explica a BBC News Brasil el investigador de la Universidad de Berkeley Yuan Chang Leong, autor del estudio.

Leong explica que, en la práctica, las mediciones de la actividad cerebral al ser observadas a través de un examen de imágenes de resonancia magnética funcional, subieron o bajaron a medida que se presentaron los videos.

Aunque no se observó un patrón sistemático, en general, cuando la actividad cerebral aumentó más entre los conservadores, se incrementó menos entre los liberales, lo que indica respuestas cerebrales opuestas entre las personas de los dos espectros políticos.

Para decirlo gráficamente: si imaginamos la actividad cerebral de cada persona como una línea que sube y baja, estas oscilaciones ocurren en diferentes momentos para conservadores y liberales, de forma coherente, aunque no estandarizada.

Esta diferencia se observó en la corteza prefrontal dorsomedial, una región del cerebro que procesa e interpreta narrativas.

Y el punto más alto de estas diferencias neuronales ocurrió durante momentos de los videos que mostraban mensajes más emocionales, de carácter moral o que citaban riesgos y amenazas tradicionalmente relacionados con las discusiones sobre inmigración, "contenidos que tienden a tener interpretaciones divergentes entre conservadores y liberales", apunta el estudio.

El papel del lenguaje
Leong señala que su investigación está lejos de pintar el cuadro completo de la polarización: es solo una "fotografía", hasta ahora sin precedentes, de este fenómeno cerebral.

El lenguaje relacionado con amenazas, problemas morales o emocionales despertó una respuesta neuronal más fuerte.

Pero las conclusiones del estudio están en línea con descubrimientos recientes de otras áreas de la psicología, sociología y neurociencia sobre el comportamiento general de las personas frente a noticias, videos o discusiones sobre temas políticos acalorados: que las personas interpretan la información de acuerdo con su sesgo político y la utilizan para defender o reforzar creencias anteriores.

"Cuanto más se suscribe a la interpretación (conservadora), más procesa los videos como lo haría un conservador, y más defenderá estas políticas", y viceversa, explica Leong.

Los próximos pasos para Leong y sus colegas consisten en investigar si la misma polarización neuronal se repite con otros temas controvertidos en Estados Unidos como, por ejemplo, el control de armas.

Los científicos también investigarán cuál es el papel del lenguaje en estos procesos que ocurren en el cerebro: en qué medida la elección de palabras y frases en una historia, un video o una publicación puede, por ejemplo, reforzar o no las respuestas neuronales que evidencian polarización.

Descubrir eso sería hallar el "santo grial", bromea Leong.

"Sería increíble saber qué mensajes alejan o unen a las personas, pero aún no lo hemos logrado. Lo que tenemos es una 'muestra': las palabras que más se destacan en el análisis (neuronal) son las que predicen mensajes de peligro o amenaza para el estilo de vida", explica.

"Reencuadre moral"
Además de la neurociencia, uno de los coautores del estudio, el profesor de psicología Rob Willer, también estudia este tema desde el punto de vista de la psicología social.

Hablar sobre el cambio climático en términos de amenaza no parece ser una fórmula que sirva para persuadir a las personas de pensamiento conservador.

Willer, quien dirige el Laboratorio de Polarización y Cambio Social de la Universidad de Stanford, investiga una teoría que él llama "reencuadre moral".

Se trata de desarrollar una línea argumental basada en los valores morales, no de quienes discuten, sino de quienes recibirán el mensaje, ya sea un demócrata liberal o un republicano conservador.

"Los liberales en los Estados Unidos tienden a respaldar los valores morales de cuidado y protección de las personas ante los peligros, además de la igualdad y la justicia, más que los conservadores. (...) Los conservadores valoran la lealtad al grupo y el patriotismo, además del respeto por las autoridades -legítimas- y respeto por las tradiciones. También valoran la pureza, la santidad moral y religiosa más que los liberales ", dijo Willer en una entrevista en el sitio web del proyecto We Are Not Divided.

Entonces, si desea convencer a un conservador de que se preocupe más por el cambio climático, tendrá poco éxito argumentando con un mensaje de protección contra sus peligros, indica la investigación de Willer.

"Puede ser más eficiente argumentar en términos de patriotismo, la necesidad de proteger al país y ayudarlo a mantener una posición de liderazgo internacional", apuntó Willer.

"Se puede argumentar en términos de tradiciones y respeto por la tierra del país, en términos de pureza y la necesidad de no contaminar nuestros hábitats sagrados. Estos argumentos tienden a encontrar mayor eco entre los conservadores porque se ajustan a sus valores morales", agregó.

En un artículo científico sobre el "reencuadre moral" publicado en 2019, Willer y su coautor, Matthew Feinberg, argumentan que, además de ayudar a las personas a buscar el consenso, la estrategia puede "reducir la animosidad que los individuos sienten por los demás (en el contexto) de una división política significativa".

"Si bien la gente probablemente usaría el reencuadre moral con el propósito estratégico de convencer a los rivales, el uso efectivo requiere desarrollar una comprensión clara de lo que la otra parte valora y cree", señalaron.

Por qué los datos duros pueden no ser suficientes para convencer

De vuelta al estudio sobre la polarización en el cerebro, Leong cree que aporta dos lecciones: una para quienes consumen información y otra para quienes la producen.

El uso de datos duros para mostrar a las personas puntos de vista distintos a los suyos pueden no ser suficientes para lograr ese objetivo.

"Espero que, a medida que las personas se den cuenta de este sesgo (neuronal), sean capaces de dar un paso atrás e intentar verlo desde otra perspectiva y reflexionar sobre su propio sesgo de manera objetiva. Esto no es fácil, es algo con lo que todos tenemos que lidiar haciendo un esfuerzo ", dice.

La segunda enseñanza es para las personas que escriben sobre política, desde periodistas hasta políticos.

"La forma en que formula el mensaje marca una diferencia. Las palabras que elige marcan una diferencia. Nuestro estudio muestra que las creencias políticas influyen en la forma en que un grupo recibe y procesa nueva información", continúa Leong.

"Presentar los hechos y más información no es necesariamente la estrategia más eficiente para cerrar la brecha. Si la idea es tratar de reducir la polarización, necesitamos entender cómo las personas que no comparten nuestros valores están recibiendo estos mensajes (...) Soy un neurocientífico, entiendo cómo funciona el cerebro. Los psicólogos tendrán una comprensión más sofisticada sobre esto. Pero lo que puedo decir es que si le muestras lo mismo a dos personas, no lo procesarán de la misma manera, así que piensa sobre cómo llegar a ambos lados", concluye.