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jueves, 15 de agosto de 2019

_- De alemanes, nazis, judíos, sionistas

_- Luis E. Sabini Fernández. Rebelión

¿Por qué los alemanes han tenido que explicitar su posición y su relación respecto del nazismo? Indudablemente, porque el Tercer Reich ha perdido la 2ª G M (*). Como consecuencia, su población ha debido incluso soportar la sospecha generalizada de connivencia con el régimen nazi, en su momento indudablemente popular. Han sido incluso expuestos a teorías del tipo de las de Daniel Goldhagen sobre la impronta étnica en los comportamientos humanos (alemanes como “verdugos voluntarios” del nazismo).

Con el paso del tiempo y las peripecias, sobre todo las sufridas por los palestinos (pero no solamente), surge la pregunta de por qué los judíos no se ven precisados a definir su posición respecto de Israel. Porque Israel, que se iniciara como un golpe de mano, estilo pirata, aunque muy recubierto de amparos (por ejemplo, de las “Grandes Potencias” de la época), ha ido entrando en un vórtice de brutalización y violencia aun peor al de los momentos fundacionales. Y cada vez más impune.1

No se trata de hacer una comparación literal o exhaustiva entre Israel, bandera de la democracia occidental, y el Tercer Reich de triste memoria. Lo germano se considera nacional y lo judío es más ambivalente; puede ser religioso, idiomático o cultural, aunque con el Estado de Israel ha devenido cada vez más nacional.

Sin embargo, los judíos en general, y en particular los progresistas, llevan adelante su actividad social, política, intelectual, como si nada tuvieran que decir o que ver con lo que acontece en Israel.2

Lo cual, en términos puramente personales, es aceptable, pero considerado socialmente, pensando en vínculos de comunidad o de nacionalidad, incluso los tribunales, la responsabilidad es otra; rendir cuentas forma parte de cada uno, lo asuma o lo ignore. O haga como que lo ignora.

Si tal fue la situación con la realidad israelí, la de su surgimiento e implantación manu militari, la responsabilidad se acrecienta inconmensurablemente con la expansión del peso y el poder sionista en el mundo entero; pensemos en Sudán del Sur, Honduras, Colombia, Irak, Líbano, Siria, Irán, en el lado castigado del planeta, y en el Reino Unido y en general Europa y, fundamentalmente en EE.UU., el lado favorecido de ese mismo planeta…

La tesis presentada al principio es que los alemanes debieron, debían, incluso deben rendir cuentas porque perdieron la guerra mundial, porque salieron del círculo áulico de la humanidad y pasaron al de los que, precisamente, deben rendir cuentas.

A través de la consolidación del Estado de Israel como presunto estado soberano; algo no tan nítido si observamos el constructo político que llamamos Israel, que para algunos es “el portaaviones de EE.UU. en el Mediterráneo Oriental” (versión cada vez más obsoleta de la progresía occidental), para otros el quincuagésimo primer estado de la “Unión” con funciones particularmente directivas dentro de EE.UU., y para otros finalmente, parte de una entente que bien merece llamarse Triple por una configuración de poder combinado y mundial, entre elites del Reino Unido, Israel y EE.UU. (con sus City y Wall Street incluidas; no sabemos si Israel tiene un equivalente dentro de sus difusas fronteras; por internet no logramos captarlo).

La segunda y sobre todo, la tercera opción se perciben, por ejemplo, en la política de “Los 5 ojos” (que son 6) de la red Echelon.3

Como resultado de la 2ª G M, los judíos no necesitan rendir cuentas. Por suerte, existen judíos como los que mencionamos antes.4

Hay motivos para estos deslindes, estas tomas de posición. Porque nos encontramos en una situación más problemática, más ardua, que en otros momentos culturales pasados. Estamos cada vez más en el terreno de una policía del pensamiento.

Y eso, en sus dos variantes más conocidas; las dos con impronta israelí.

Por un lado, tenemos los desarrollos tecnológicos securitarios en los cuales Israel está a la vanguardia con intervenciones cada vez más sofisticadas para oír, ver, registrarlo… todo. Ya es mucho más que la pesadilla Echelon. Hay capacidad tecnológica para convertir, por ejemplo, todo celular, aun apagado, en micrófono y con alcance de muchos metros. Al lado de lo cual, los viejos sistemas de escucha telefónica resultan paleolíticos. El paisaje urbano, el interior de los vehículos de todo tipo, se van convirtiendo en escenarios de un teatro mundial, generalmente inconsciente, involuntario.5

Israel se ha especializado en la producción de tales dispositivos de omnicaptación.

Y al lado de esta tecnopolicía de vigilancia, arrecia otra policía del pensamiento… la de lo políticamente correcto.

Para su instauración, el sionismo ha desempeñado un papel primordial. Mediante la construcción de relatos como, por ejemplo, el de “Israel democrático” (tratándose de una sociedad racista y colonialista), o de los juicios de Nuremberg de 1946 como si hubiesen sido objetivos, o, por ejemplo, el culto a “El Holocausto”. Un historiador estadounidense, Norman Finkelstein, precisamente judío, por abordar esta última cuestión en su excelente La industria del holocausto (cuya tesis es que el suceso, así presentado, ‘tiene cierto parecido con la realidad, aunque remoto’), desde que puso en circulación el fruto de sus investigaciones ha sido despojado de sus cátedras universitarias en EE.UU. Finkelstein está sitiado laboralmente desde hace años mediante una conspiración de silencio.

Como resultado de esta guerra informacional, en la actualidad, ya tenemos leyes en países hipersensibles por sus antecedentes, como Francia o Alemania, que reputan antisemita cualquier crítica a Israel. Y consecuentemente, ya tenemos presos políticos por aplicación de tales leyes… seres humanos arrestados y encarcelados porque han planteado boicotear productos israelíes en tanto israelíes maltratan, hambrean y matan impunemente a palestinos. Boicotear, repare el lector, no dañarlos, no usar violencia.

Esa atroz asimetría contemporánea que resume tan bien Richard Falk al recordar los 15 años del Muro de 700 km. construido por los israelíes en 2004 dentro de los territorios bajo conquista: “fragmentando a las comunidades y vecindarios palestinos, dividiendo a los campesinos de sus tierras de cultivo, y constituyendo una recordatoria constante, ineludible, de la naturaleza de la opresión israelí.” 6

Si criticar a Israel deviene un acto antisemita, ¿adónde fue a parar el derecho a crítica o la libertad de cátedra, por ejemplo?

En la mayor parte de los países de Europa ahora la historia del sionismo, la del nazismo, la del judaísmo están escritas. Definitivamente. Inamovibles. Reinvestigar, otorgar otro ángulo, otra información, ha pasado a ser delictivo.

Es la sustitución lisa y llana del conocimiento histórico por la versión oficial. El sueño −estalinista para unos, bíblico para otros− encarnado como revelación.

De ese modo, toda crítica a Israel es antisemita, investigar sobre las muertes de judíos a manos de nazis está fijado de antemano (p. ej., en 6 millones y las correspondientes indemnizaciones. Y a todos los que duden, tengan alguna observación, algún reparo, se los ubica en el campo “antisemita” (término impreciso si los hay, por cuanto “semita” no es un pueblo siquiera, sino una familia idiomática).7

Obviamente, la policía de pensamiento no se aplica sólo a salvaguardar la imagen de Israel. Veamos otro ejemplo, tan distinto: una estrella del rugby australiano, étnicamente originario de ese continente, cristiano evangelista −Israel Folau− condenó recientemente en un mensaje de Instagram a “homosexuales, adúlteros, mentirosos, fornicadores” asegurando que les esperaba el infierno… y fue expulsado de la federación de rugby australiana y segregado socialmente.

Considero sus opiniones deleznables, pero condenarlo por ellas, es muchísimo más grave.

La policía del pensamiento, vieja pesadilla de antiutopistas, está deviniendo realidad y el motor actitudinal para este ahogo de la libertad de pensamiento es llevado adelante a través de la sobresaturación de información y entretenimiento y la configuración de las mentalidades.

Calvino (Jean Calvin) aspiraba a conocer todos los pasos de sus conciudadanos, desde que se levantaban hasta que se acostaban. Para sujetarlos bíblicamente a la virtud. Su ciudad, Ginebra, contaba entonces –siglo XVI−con unos 23 mil habitantes.

La aspiración de ‘una policía de la virtud’. Hoy esa pesadilla se va concretando sobre miles de millones de seres humanos.

Notas
*. PD.:
Considero que no solo fue por perder la II GM, la causa de ese trato, sino que hubo más, como fue por la forma de realizar la guerra que llevó a cabo Alemania, con los nazis y su maquinaria de muerte a la cabeza. Fue, sobre todo, en la URSS, aunque no sólo, la guerra de aniquilación y exterminio, una invasión sin previa declaración de guerra, y sin ruptura previa del pacto de no agresión, como exige el Derecho Internacional, pacto que tanta crítica había supuesto para la URSS por la acusación de aliarse con los nazis (Pacto de no agresión Ribbentrop-Molotov,1939 unos días antes del comienzo de la guerra) y sin respeto a leyes de Ginebra, ni normas humanitarias de guerra ninguna. Se mataban a los prisioneros rendidos, si eran oficiales más rápido y expeditivo. Se mataron a pueblos enteros, mujeres, ancianos y niños incluidos. Se bombardeaba indiscriminadamente a la población civil, con el objetivo de sembrar el terror y paralizarlas. Y si los detenidos eran sindicalistas o miembros de partidos de izquierda, judíos o gitanos, eran aún métodos más crueles, a ellos los torturaban, los llevaban a campos de exterminio, los mataban a palizas, los ahorcaban en público para ejemplo...

Se realizaban crueles represalias sobre la población civil si ocurrían atentados contra alemanes. Se utilizaron millones de personas, hombres y mujeres como mano de obra esclava, con represalias, a la menor sospecha de indisciplina, boicot o resistencia, crueles y de asesinatos por ahorcamiento público, se mal alimentaban y sometían a horarios extenuantes y agotadores de más de 60 horas semanales a todos ellos. La fábrica de automóviles Wolsvagen, como ejemplo, creada en base a la confiscación de las propiedades y riquezas de los sindicatos alemanes por Hitler y entregada a "amigos" llegó a sobrepasar el 80% de trabajadores esclavos. Y lo peor, los responsables de esos crímenes nunca fueron juzgados.

Además, los anglo-americanos con sus bombardeos masivos de ciudades de noche y día, en las que prácticamente solo quedaban ancianos, mujeres y niños, trataron siempre de justificarlo por lo que llamaban "apoyo masivo de la población a Hitler y sus ideas", lo que sólo en parte fue verdad. Los bombardeos de ese tipo contra objetivos civiles, nunca pueden ser admitido dentro del Derecho de guerra y están condenados por los acuerdos de Ginebra. Siempre serán un ejemplo de crimen contra la humanidad y los derechos humanos.

A todo el pueblo alemán se le trató cruelmente como enemigo después de la guerra. Conforme pasó el tiempo y empujados por las circunstancias de la época y el que la gente se marchaba al este, aunque fuera para comer comida de rancho, lo que se ha ocultado, dada la miseria de la parte occidental, la política occidental dió un giro hacia Alemania al final del 47. A partir de ahí se buscó la colaboración de las antiguas autoridades, que en cuanto a los militantes de antiguos sindicatos socialdemócratas fue muy positivo, para reorganizar el país. En lo que concierne a la colaboración con la antigua gestapo y SS, fue muy lamentable, aunque la justificaran por la experiencia en la lucha contra la izquierda no socialista, dentro de los parámetros de la guerra fría. El enemigo pasó a ser todo lo que oliera a URSS o comunista... aunque con ello se sacrificara la verdad, la justicia y los derechos humanos. Un claro ejemplo de los expuesto es que, sobre el papel, se declaró ilegal a los grupos nazis y de extrema derecha junto al Partido Comunista alemán, pero la realidad es que se expulsó a todo funcionario afiliado al Partido y la instituciones de llenaron de antiguos nazis ocultos bajo capa de demócratas.

1 Algo que también había pasado con el nazismo; una política reactiva, beligerante y agresiva, que fue acentuando sus rasgos hasta llegar a persecuciones y castigos atroces contra sus enemigos y víctimas.

2 Con la excepción, claro está, de los judíos que se han desmarcado del proyecto sionista, a menudo con riesgo de sus posiciones y hasta de su vida.

3 Fundada en 1948 por EE.UU., RU, Canadá, Australia y Nueva Zelandia, fue ampliada por única vez en 2004… con Israel.

4 Apenas como ejemplos: Marek Edelman, el bundista, sobreviviente polaco en los ’40 que se negó a aceptar una invitación de Israel, como “héroe judío” en los ‘50. O los miles de haredíes de Neturei Karta. Los investigadores e historiadores como Ilan Pappe, David Comedi, Gilad Atzmon y tantos otros que han roto con Israel y su geopolítica mundial, que con acierto ha definido el historiador Miguel Ibarlucía como “fascismo exitoso” (tesis doctoral).

5 En Argentina, Chacho Álvarez denunció esa técnica a fines de los ’80 o principios de los ‘90.

6 “Remembering the World Court Advisory Opinion on Israel’s Separation Wall After 15 Years, News; Analysis, Palestine, 12 jul. 2019.

7 Aunque en los últimos 20 años, la Academia de la Lengua Española se ha avenido a restringir el significado del término al de “contrario” o “ enemigo” de lo judío.

Blog del autor: https://revistafuturos.noblogs.org/

viernes, 8 de julio de 2016

¿QUÉ HAY DETRÁS DEL TÉRMINO DE MODA? Creatividad: el gran timo cultural del siglo XXI. La palabra se ha convertido en un fetiche consumista, adorado por las grandes corporaciones.

Uno de los mejores artículos culturales publicados este año se titula 'Hay una madre en Barcelona que no tiene un hijo artista'. Lo escribió Álvaro Colomer y explica la presentación del proyecto TheCreativeNet en la antigua fábrica de cerveza Damm en Barcelona. La impulsora y maestra de ceremonias era Bibiana Ballbé, periodista especializada en cultura chic, hipster y cool. El objetivo es trazar un “mapa de la creatividad” en la ciudad condal, una especie de directorio de emprendedores por debajo de cuarenta años, que a su vez también pueden apostar por sus artistas emergentes preferidos. ¿Suena chulo, verdad? Veamos que hay debajo del proyecto.

No llegar a fin de mes
Durante la presentación, la periodista “se mostró eufórica ante un público plagado de rostros lampiños, gorras de béisbol y vaqueros rasgados a la altura de la rodilla”. Solo se recogió un reproche a la iniciativa, por parte del grupo de rock Seward, que a pesar de haber sido seleccionados veían las costuras al invento: “Al final esto es una cadena de favores que no refleja lo que ocurre realmente en la cultura. La gente que monta estas cosas llega a fin de mes hablando de nosotros, pero nosotros no llegamos a fin de mes hablando de nosotros mismos”, denunciaba un miembro del grupo.

¿Conclusión? Distinguir entre gente “creativa” y “no creativa” puede ocultar más de lo que muestra. Sobre todo la precariedad que asola al sector cultural desde el batacazo económico de 2008. En realidad, muy pocos artistas y promotores viven de su trabajo. Hoy ganan las marcas y algunos mediadores, mientras que ha desaparecido la clase media de los músicos, escritores y otras profesiones del sector, esos que no ganan millones, pero solían tener para vivir. Todos hablan de creatividad, pocos de desigualdad.


Creatividad como sucedáneo de la política
El libro perfecto para entender el proceso es 'Paradojas de lo cool' (La Vorágine, 2016), escrito por Alberto Santamaría, doctor en Filosofía por la universidad de Salamanca. Se trata de un texto breve, claro y brillante, que explica cómo la cultura sirve para recubrir la lógica capitalismo con una capa de azúcar. Cortamos y pegamos un fragmento: “¿Es casual que en plena crisis económica importantes instituciones pongan sobre la mesa programas para fomentar la creatividad? ¿Alguien puede creerse que esta relación entre creatividad, crisis y neoliberalismo es neutral y bondadosa? ¿Por qué sonreímos amablemente cuando alguien pronuncia la palabra creatividad? ¿Por qué no pensar que podría ser una palabra incómoda políticamente?”.

Santamaría pone el ejemplo de la Fundación Botín, que en uno de sus informes señala “la falta de creatividad” como el principal problema social. No la desigualdad, ni los recortes, ni el cuarenta y cinco por ciento de paro juvenil, sino la falta de creatividad. En el fondo, al estilo del ideario thatcherista, late de la idea de que la gente pobre o precaria está en esa situación por no ser suficientemente creativos. “La creatividad, tal y como la entienden las grandes instituciones y el gobierno, simplemente es una forma de construir modelos ajenos a la política. ¿No sería necesario acabar de una vez por todas con esta creatividad? ¿No sería misión del artista llevar a cabo esa destrucción?”, se pregunta el filósofo. Presupuesto secreto

Otro iniciativa emblemática es The Creator’s Project, fundada por Vice, el grupo mediático de estética rompedora, donde han invertido grandes corporaciones como Walt Disney, A&E, Hearst Company y Rupert Murdoch, magnate televisivo conocido por su afinidad a Reagan y Thatcher. The Creator’s Project, financiado por el gigante informático Intel, se lanzó en 2010 con fiestas en Nueva York, Londres, Sao Paulo, Seúl y Pekín. Se trata de una serie de eventos y una web donde se recogen proyectos innovadores y se anima a colaborar a artistas y expertos en tecnología. El presupuesto del proyecto es “secreto”, según la web Zdnet, no se vayan a enterar los artistas del dinero que realmente se mueve.

“El objetivo es conseguir retorno para la marca, crear contenido que nos acerque a los consumidores, especialmente en plataformas como Facebook, Youtube o nuestra propia revista digital, “IQ”. Queremos crear mayor afinidad entre el público y la marca”, comentaba hace dos años Rebecca Brown, directora de comunicación de Intel, en una entrevista con la web Fast To Create. ¿Moraleja? Invertir en experiencias artísticas proporciona una aura de autenticidad superior a la que dan las vallas publicitarias y los espots televisivos. La pasada primavera, The Creator’s Project anunció una colaboración con Toyota. ¿Qué tiene de malo que las grandes marcas financien a creadores emergentes? Como en el caso de los antiguos mecenas, se establecen unos límites invisibles. El arte solía romper tabúes, cuestionar a los poderosos y expandir la percepción de la realidad, pero ahora parece centrado en hacer más atractivo el consumismo. Lo dijo mejor que nadie el ensayista Thomas Frank: “las élites adoran las revoluciones que se limitan a cambios estéticos”. ¿Es hora de empezar a desconfiar de quien nos vende creatividad?

http://www.elconfidencial.com/cultura/2016-07-05/creatividad-desigualdad-paradojas-de-lo-cool_1226078/

Leer más: Creatividad: el gran timo cultural del siglo XXI.
Noticias de Cultura http://goo.gl/rt3a5I

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La maldad en los cuentos infantiles sirve de pedagogía

Mientras los niños saben reconocer el bien y el mal, y diferenciarlo, a través de los cuentos, los adultos parecen haber entrado en una infantilización con libros muy populares que no interpelan al lector en sus matices, sino que juzgan lo ya juzgado y señalan lo ya conocido como algo negativo, sin aportar nada al debate intelectual o moral. En parte, se debe a la alteración genética del virus de lo políticamente correcto.

Esa es una de las conclusiones destacadas por escritores y expertos tan distintos como Victoria Cirlot, Justo Navarro, Félix de Azúa o Marta Fernández en las Conversaciones de Formentor, celebradas este año bajo el lema La novela más mala del mundo. Maldad, perfidia y espanto en la historia de la literatura. Veinticinco autores y críticos literarios debatieron sobre este asunto durante el fin de semana en el cónclave organizado por la Fundación Santillana. La cita mallorquina arrancó el viernes con la entrega del Premio Formentor a Ricardo Piglia. La distinción la recogió Carlota Pedersen, nieta del escritor, enfermo en Argentina, en un acto que supuso también un homenaje al autor.

Por violentos que sean
Los escritores reivindicaron el papel de los cuentos tradicionales infantiles, por muy violentos que resulten, donde se aprecia la lucha del bien y del mal de manera arquetípica, dice Navarro. Los niños “tienen que ponerle cara al mal y esos relatos cumplen una función legislativa: enseñan acciones que tienen castigo o recompensa. Tienen un valor pedagógico y de persuasión sobre los valores dignos de ser asumidos”. Lamenta Navarro el desdén que, a veces, se hace de dicha función. “Los cuentos infantiles son como la ley, aunque evolucionan y se adaptan”.

Ese dualismo entre el bien y el mal ayuda a comprender, desde pequeños, las dos caras de la vida, asegura Cirlot, experta en la cultura y literatura medievales y en el simbolismo. “Todo está en la estructura de la mente. Cada cultura da una explicación al mal y las maldades y la entienden a su manera. En el cerebro están los fenómenos arquetipales”, añade. “No hay que esconderle a los niños esas historias, cuyas atrocidades las pensamos así los adultos. Ellos tienen claro que están en el mundo de la fantasía. El símbolo acoge toda la maldad y toda la bondad. No es excluyente. El mito no es moral”.

Más allá de ese territorio va Félix de Azúa. El narrador y experto en arte opina que “a los niños hay que educarlos en la maldad y el mal” (?). En esa educación, aclara, hay que hacerles ver que ese comportamiento malvado es producto de la “estupidez, cobardía, falta de recursos y debilidad extrema en una persona”. Ello forma parte del proceso de aprendizaje, según Marta Fernández: “Hay que enseñar el mal, para ver dónde está y reconocerlo”.

A diferencia de los niños, los adultos han abandonado la educación moral, lamenta De Azúa. Es “una arrogancia moral, sobre todo de los políticos, pero debido en parte a que la gente se ha desentendido del tema y ha delegado esa función a ellos, que señalan y etiquetan lo que es bueno y es malo”.

Parte de ese enmascaramiento se aprecia en la literatura más popular, que juega con el cliché y no dialoga con el lector, advierte Justo Navarro. Para el poeta y narrador, muchos libros incluyen juicios ya dictados y evitan los del lector: “La literatura debe plantear, también, cuestiones morales, éticas; si los personajes lo han hecho bien o no, y donde el juez, de existir, debe ser el lector y no el escritor. Un buen libro hace preguntas”.

Cirlot tercia que “la ficción permite explorar la conducta humana. No se trata de plantar verdades inamovibles”. El ser humano se horroriza ante la maldad porque “en el fondo hay una duda sobre la creación. Todo sale de que la gente cree que el mundo es una prisión. Es la pulsión destructora la que crea la gran revuelta”. Frente a esa pulsión, recuerda que la filósofa Simone Weil decía: “No hay que destruir, sino descrear”.
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/27/actualidad/1443376461_498871.html?rel=lom

El cuento conecta con los más pequeños: Aquí.
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