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martes, 15 de mayo de 2018

La historia de Paul Ryan: de farsante a fascista. El diputado republicano se labró su reputación únicamente por lo bien que aparentaba ser sensato en TV.




¿Por qué ha decidido Paul Ryan no presentarse a la reelección? ¿Cuáles serán las consecuencias? Vayan ustedes a saber, literalmente. Puedo hacer conjeturas basándome en lo que leo en los periódicos, pero todos pueden.

Por otra parte, sí tengo alguna idea de cómo llegó Ryan —que siempre ha sido un embaucador, y eso estaba a la vista de quien quisiera verlo— a presidente de la Cámara de Representantes. Y esa es una historia que dice muy poco a favor no solo del propio Ryan, ni siquiera solo de su partido, sino también a los autoproclamados centristas y a los medios informativos, que con su conducta impropia impulsaron su trayectoria. Es más, las fuerzas que llevaron a Ryan a una posición de poder son las mismas que han llevado Estados Unidos al borde de una crisis constitucional.

Respecto a Ryan: increíblemente, estoy viendo algunas noticias acerca de su salida que lo retratan como un gran experto político y un defensor de la austeridad fiscal que, por desgracia, fue incapaz de cumplir con su misión en la era Trump. Inconcebible.

Miren, el único principio rector de todo lo dicho y propuesto por Ryan era el de acomodar a los cómodos y afligir a los afligidos. ¿Puede alguien mencionar un solo ejemplo en el que su supuesta preocupación por el déficit lo llevase a imponer alguna carga a los ricos, en el que su supuesta compasión lo llevase a mejorar la vida de los pobres? Recuerden que votó contra la propuesta presentada por la comisión Simpson-Bowles sobre la deuda no por sus verdaderos fallos, sino porque supondría una subida de los impuestos y no lograría revocar la reforma sanitaria de Barack Obama.

Y sus propuestas de "reducción del déficit" siempre han sido fraudulentas. La pérdida de ingresos debida a los recortes fiscales siempre ha excedido a cualquier reducción de gasto explícita, de modo que la supuesta responsabilidad fiscal procedía por completo de los "asteriscos mágicos": ingresos adicionales a costa de tapar lagunas jurídicas no especificadas, y reducciones del gasto derivadas de recortar programas no especificados. Ya en 2010 dije que era un embustero, y nada de lo que ha hecho desde entonces ha puesto en duda ese juicio.

¿Y cómo consiguió entonces este notorio artista de la estafa una reputación de seriedad y de probidad fiscal? Básicamente, fue el beneficiario de la discriminación positiva ideológica. Incluso ahora, en esta era de Trump, hay un número considerable de líderes de opinión —en especial, aunque no únicamente, en los medios informativos— cuyas carreras y marcas profesionales se basan en la idea de que están por encima de las refriegas políticas. El afirmar que ambas partes tienen cierto grado de razón, que hay personas serias y honradas en la izquierda y la derecha, prácticamente define la identidad de esta gente.

Pero la realidad de la política estadounidense del siglo XXI es de polarización asimétrica en múltiples aspectos. Uno de ellos es el intelectual: si bien hay algunos pensadores conservadores que son serios y honrados, no tienen influencia en el Partido Republicano actual. ¿Qué puede hacer un centrista?

Con demasiada frecuencia, la respuesta ha implicado lo que podríamos denominar credulidad motivada. Los centristas que no lograban encontrar verdaderos ejemplos de conservadores honrados y serios prodigaban elogios a políticos que interpretaban ese papel en la televisión. Lo cierto es que a Paul Ryan no se le daba demasiado bien fingir; los verdaderos expertos fiscales ridiculizaban sus presupuestos de "carne misteriosa". Pero da igual: el relato exigía que el personaje interpretado por Ryan existiese, de modo que todos fingían que él era el ejemplo por excelencia.

Y permítanme decir que la misma falsa equidistancia que convirtió a Ryan en héroe fiscal influyó de manera crucial en la elección de Donald Trump. ¿Cómo pudo el candidato presidencial más corrupto de la historia estadounidense conseguir una victoria en el Colegio Electoral? Hubo muchos factores, cualquiera de los cuales podría haber cambiado las tornas en unas elecciones ajustadas. Pero las elecciones no habrían sido ajustadas si buena parte de los medios de comunicación no se hubiesen sumergido en una orgía de falsa equivalencia.

Lo que nos lleva a los congresistas republicanos, y a Ryan en concreto, en la era de Trump.

A algunos analistas parece sorprenderles que hombres que hablaban sin parar de probidad fiscal durante el mandato de Barack Obama apoyasen sin remordimientos en la era de Trump unas rebajas fiscales que dispararán el déficit. También parecen asombrados ante la aparente indiferencia de Ryan y sus acólitos por la corrupción de Trump y su desprecio por el Estado de derecho. ¿Qué les ha pasado a sus principios?

Naturalmente, la respuesta es que los principios que afirmaban defender nunca tuvieron nada que ver con sus verdaderos objetivos. En concreto, los republicanos no han abandonado sus preocupaciones por los déficits presupuestarios, porque los déficits nunca les han importado; solo fingían preocupación como una excusa para recortar los programas sociales.

Y a quienes se preguntan por qué Ryan nunca se ha posicionado contra la corrupción trumpiana, por qué nunca se ha mostrado preocupado por las tendencias autoritarias de Trump, ¿qué les hizo pensar que se posicionaría? Insisto, si nos fijamos en las acciones de Ryan, no el personaje que interpretaba ante públicos crédulos, veremos que nunca se ha mostrado dispuesto a sacrificar nada de lo que quiere —ni un ápice— en nombre de sus supuestos principios. ¿Por qué iba a esperar nadie que arriesgase el pescuezo por defender el estado de derecho?

Y ahora Ryan se va. Que tanta gloria lleve como paz deja. Pero guárdense las celebraciones: aunque no era mejor que el resto de su partido, tampoco era peor. Es posible que su sucesor como presidente muestre más categoría que él, pero solo si dicho sucesor es, bueno, demócrata.

https://elpais.com/economia/2018/04/13/actualidad/1523626617_507047.html#comentarios

lunes, 28 de diciembre de 2015

¿Por qué arrasó el Partido Popular en el Senado?

El Partido Popular consiguió en las pasadas elecciones generales al Senado de España 124 de los 208 senadores electos, es decir, una abrumadora mayoría que representó el 60% del total.

¿Cuál fue la razón de la abultada victoria del PP en el Senado sobre el resto de formaciones desde un punto de vista metodológico?
El sistema de recuento y asignación de escaños empleado.

Mientras que para la asignación de escaños al Congreso se emplea un sistema proporcional basado en el método D’Hondt, para el Senado se aplica un sistema mayoritario.

¿Y qué es un sistema mayoritario?
Un sistema por el cual se ordenan de mayor a menor las listas de candidatos más votados en cada una de las circunscripciones provinciales, asignándose cada escaño a cada uno de los cuatro -cifra indicada en la Constitución- candidatos más votados.

Así, todo candidato que no consigue situarse en una circunscripción provincial en, al menos, la cuarta posición de su correspondiente lista ordenada de mayor a menor número de votos obtenidos, en ningún caso puede acceder al Senado, con independencia del número de votos obtenidos.

Hay otro factor que es necesario comentar. Cada formación puede proponer un máximo de tres candidatos al Senado por circunscripción provincial. Por consiguiente, y dado que cada provincia otorga cuatro senadores -por lo indicado en la propia Constitución- la representación política del Senado está garantizada para al menos dos partidos políticos.

Ahora bien, otorgar la posibilidad de elegir a tres senadores de un mismo partido por provincia supone, tal y como sucede en la práctica, multiplicar por tres la representación del partido que vaya a recibir más votos al Senado, además de una más que notable restricción respecto a que en la Cámara Alta pueda existir representación de tres o más partidos distintos.

Por consiguiente, el sistema de representación electoral empleado en el Senado favorece en un grado crucial el bipartidismo e incluso el unipartidismo, tal y como se puede observar en el gráfico inicial -no debe olvidarse en este sentido que la diferencia de escaños apreciada en dicho gráfico entre PP y PSOE en realidad responde a las respectivas cifras de votos efectivamente recibidas: 19.790.221 de votos a senadores del PP por 15.087.957 de votos a senadores del PSOE-.

Veámoslo con un ejemplo concreto relativo a las últimas elecciones generales.
En la circunscripción de Almería, los 311.059 votos emitidos al Congreso se repartieron en 117.407 al PP, 89.022 al PSOE, 44.320 a Ciudadanos y 39.482 a Podemos, entre las formaciones que obtuvieron escaños, materializándose en 2, 2, 1 y 1 escaños, por el mismo orden, de tal manera que cuatro partidos distintos obtuvieron representación.

Sin embargo, en la misma circunscripción de Almería se emitieron 307.147 votos al Senado, correspondiendo a los senadores del PP: Luis Rogelio Rodríguez Comendador Pérez, Eugenio Jesús Gonzálvez García y María Isabel Sánchez Torregrosa, los tres primeros escaños al haber obtenido el mayor número de votos -114.217, 108.552 y 108.315 respectivamente- perteneciendo asimismo el cuarto escaño del Senado para esta circunscripción a Juan Carlos Pérez Navas del PSOE, tras haberse situado en la cuarta posición con 88.723 votos.

De este modo, Rosa María Pintos Muñoz (PSOE), José Berruezo Padilla (PSOE), Jesús Vicente Soler (Ciudadanos) o Mónica Fernández Amador (Podemos) no obtuvieron escaño, al haber obtenido 83.586, 80.629, 37.205 ó 36.935 votos, respectivamente, en la quinta, sexta, séptima y octava posición de la lista, por el mismo orden.

La razón metodológica por la que el Partido Popular arrasó en las pasadas elecciones al Senado es clara; responde al empleo de un sistema de asignación de escaños mediante el cual un destino homogéneo del voto tanto hacia el Congreso como el Senado favorece la reducción en esta última Cámara de la representación parlamentaria obtenida en el Congreso hasta el punto de conseguir una distribución claramente bipartidista en el Senado, donde el partido más votado -aunque solo sea por un voto de diferencia- se asegura con cierta facilidad una mayoría máxima- y próxima- al 75% (tres de cada cuatro).
Fuente: http://www.elcaptor.com/2015/12/por-que-arraso-partido-popular-senado.html