jueves, 4 de septiembre de 2025

5 herramientas sencillas que ayudan a lidiar con el duelo

Mujer sentada con la mano en el rostro, afligida por la pena, conversa con una terapeuta que toma nota de la conversación

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Existen una variedad de herramientas que ayudan a transitar el duelo.

Conozco el dolor de la pérdida íntimamente. Soy investigadora del duelo, profesora de trabajo social y viuda. Perdí a mi marido, Brent, en un accidente por ahogamiento cuando tenía 36 años. Estuvo desaparecido dos días antes de que encontraran su cuerpo.

Brent era psicólogo especializado en duelo, y ambos estábamos capacitados para apoyar a otros en su sufrimiento. Sin embargo, nada podía prepararme para mi propia pérdida.

La investigación y la experiencia personal me han demostrado que una pérdida profunda altera el sistema nervioso, provocando intensos cambios emocionales y desencadenando una cascada de síntomas físicos.

Este tipo de dolor puede hacer que los momentos cotidianos se vuelvan insoportables, por lo que aprender a gestionarlo es esencial para sobrevivir al duelo inicial.

Afortunadamente, existen herramientas basadas en la evidencia que ayudan a las personas a superar las fases más duras de la pérdida.

Por qué el duelo temprano resulta tan desconcertante
Perder a alguien fundamental en tu vida cotidiana desbarata las rutinas que antes te daban estabilidad.

Las pérdidas traumáticas, aquellas que se producen de forma repentina, violenta o aterradora, tienen un peso diferente: la angustia por cómo murió la persona, las preguntas sin respuesta y la conmoción de no haber tenido tiempo para prepararse o despedirse.

Las acciones cotidianas, como comer o acostarse, pueden poner de relieve la ausencia y desencadenar tanto el dolor como el temor.

Estos momentos revelan que el dolor es una experiencia que afecta a todo el ser. No solo afecta a nuestras emociones, sino también a nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, nuestras rutinas y nuestra sensación de seguridad en el mundo.

Mujer durmiendo acurrucada en un sofá Las acciones cotidianas, como comer o acostarse, pueden poner de relieve la ausencia. Emocionalmente, el dolor puede ser caótico. Las emociones oscilan de forma impredecible, pasando del sollozo a la indiferencia en un instante.

Los profesionales de la salud mental llaman a esto "desregulación emocional", que incluye sentirse desconectado de las emociones, reaccionar de forma insuficiente o excesiva, quedarse estancado en un estado emocional o tener dificultades para cambiar de perspectiva.

A nivel cognitivo, resulta imposible concentrarse y aumentan los lapsos de memoria. Incluso sabiendo que el ser querido ya no está, el cerebro lo busca, esperando su voz o su mensaje, una respuesta de apego natural que alimenta la incredulidad, el anhelo y el pánico.

Físicamente, el dolor inunda el cuerpo de hormonas del estrés, lo que provoca insomnio, fatiga, dolores, pesadez y opresión en el pecho.

Tras perder a un ser querido, los estudios sugieren un breve aumento del riesgo de mortalidad, a menudo debido a la tensión añadida en el corazón, el sistema inmunológico y la salud mental.

Espiritualmente y existencialmente, la pérdida puede sacudir tus creencias hasta lo más profundo y hacer que el mundo te parezca confuso, vacío y desprovisto de sentido.

Las investigaciones sobre el duelo confirman que estos síntomas intensos son típicos durante un tiempo, y se agravan tras una pérdida traumática.

Encontrar una nueva base de referencia
Con el tiempo, la mayoría de las personas comienzan a estabilizarse.

Sin embargo, después de una pérdida traumática, no es raro que esa sensación de caos persista durante meses o incluso años. Al principio, trátate como si te estuvieras recuperando de una cirugía mayor: descansa a menudo, muévete lentamente y protege tu energía.

Al comienzo es posible que solo seas capaz de realizar pequeñas tareas cotidianas, como lavarte los dientes o hacer la cama, que te recuerden que sigues aquí.

No pasa nada. En este momento, tu única tarea es sobrevivir, dando un paso tras otro.

Joven sentado en un mat de yoga, meditando.

Date tiempo para relajarte y descansar.
A medida que vuelvas a enfrentarte a las responsabilidades cotidianas, déjate espacio para descansar.

Después de la muerte de Brent, llevaba una esterilla al trabajo para tumbarme cuando el cansancio o la carga emocional se volvían insoportables. En aquel momento no lo consideraba una forma de gestionar el dolor, pero me ayudó a sobrevivir los días más difíciles.

Según los teóricos del duelo, una de las tareas más importantes en las primeras etapas es aprender a gestionar y soportar el dolor emocional. Las personas en duelo deben permitirse sentir el peso de la pérdida.

Pero controlar el dolor no consiste solo en quedarse con el dolor. También significa saber cuándo alejarse sin caer en la evasión, lo que puede provocar pánico, entumecimiento y agotamiento. Como solía decir Brent: "El objetivo es abrazarlo y dejarlo". Tomarse descansos intencionados mediante distracciones o descanso puede permitir volver al duelo sin que este te consuma. También implica calmarte cuando te golpean las oleadas de dolor. ¿Qué hacer? Aquí compartimos cinco herramientas sencillas que no borrarán el dolor, pero pueden ofrecer un alivio rápido para las heridas abiertas y los altibajos del duelo inicial. 1. Un toque suave para aliviar la soledad Coloca una mano sobre el pecho, el estómago o suavemente sobre la mejilla, dondequiera que instintivamente pongas la mano cuando sientas dolor. Inhala lentamente. Al exhalar, di en voz baja o en tu mente: "Esto duele". Luego, "Estoy aquí" o "No estoy solo en esto". Permanece así durante uno o dos minutos, o todo el tiempo que te resulte cómodo. Por qué ayuda: El duelo a menudo te deja hambriento de contacto físico, anhelando la conexión física. El tocarse a uno mismo para relajarse, una práctica de autocompasión, activa el nervio vago, que ayuda a regular el ritmo cardíaco, la respiración y la respuesta calmante del cuerpo después del estrés. Este gesto ofrece calidez y estabilidad, reduciendo el aislamiento del dolor emocional 2. Montarse sobre la ola Cuando el dolor se apodere de ti, programa un temporizador de dos a cinco minutos. Permanece con la emoción. Respira. Obsérvala sin juzgarla. Si es demasiado, distráete brevemente, por ejemplo, contando hacia atrás, luego vuelve a la sensación y observa cómo puede haber cambiado. Por qué ayuda: Las emociones surgen como olas. Esta habilidad te ayuda a estar presente durante los arrebatos emocionales sin entrar en pánico, y te ayuda a aprender que estos arrebatos alcanzan su punto máximo y pasan sin destruirte. Se basa en la Terapia Dialéctica Conductual (TDC), un tratamiento basado en la evidencia para personas que experimentan una intensa desregulación emocional. Mujer abrazando a su perroFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,Acariciar a tu mascota puede indicarle seguridad a tu sistema nervioso. 3. Relajarse con texturas suaves Envuélvete en una manta suave. Sostén un peluche. O acaricia el pelaje de tu mascota. Concéntrate en la textura de dos a cinco minutos. Respira lentamente. Por qué ayuda: La suavidad le indica seguridad a tu sistema nervioso. Brinda consuelo cuando el dolor es demasiado intenso para expresarlo con palabras. 4. Bajarle la temperatura al agobio Los terapeutas suelen enseñar un conjunto de herramientas de TDC ( llamadas TIPP, por sus siglas en inglés, en español sería TERR) para ayudar a las personas a manejar la sobrecarga emocional durante crisis como el duelo. Estas siglas representan: Temperatura: utiliza el frío, como sostener hielo o aplicar agua fría en la cara, para provocar una respuesta calmante. Ejercicio intenso: realiza movimientos breves y rápidos para liberar la tensión. Respiración rítmica: respira lentamente y de forma controlada para reducir la excitación. Inhala lentamente durante dos o cuatro segundos y luego exhala durante cuatro o seis segundos. Relajación muscular progresiva: tensa y relaja grupos musculares individuales para aliviar el estrés. Por qué ayuda: Durante el duelo, el sistema nervioso puede oscilar entre estados de alta excitación, como el pánico y las palpitaciones, y estados de baja excitación, como el entumecimiento y la tristeza. Las respuestas individuales varían, pero la exposición al frío puede ayudar a calmar el corazón acelerado en momentos de agobio, mientras que la respiración rítmica o la relajación muscular alivian el entumecimiento y la tristeza. Mujer con un vaso lleno de hielo en primer planoFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,Utiliza el frío para calmarte. 5. Califica tu dolor Califica tu dolor del 1 al 10. Luego pregúntate: "¿Por qué es un 7 y no un 10?" O "¿Cuándo fue un poco mejor?" Anota lo que te ayudó. Por qué ayuda: Detectar incluso un ligero alivio genera esperanza. Te recuerda que el dolor no es constante y que los pequeños momentos de alivio son reales y significativos. Incluso con estas herramientas, seguirá habiendo momentos que se sienten insoportables, en los que el futuro parece inalcanzable y oscuro. En esos momentos, recuérdate a ti mismo que no tienes que seguir adelante ahora. Este simple recordatorio me ayudó en los momentos en que sentía pánico total, cuando no podía ver cómo sobreviviría a la siguiente hora, y mucho menos al futuro.

Dite a ti mismo: solo sobrevive este momento. Luego, el siguiente.

Apóyate en amigos, consejeros o líneas telefónicas de ayuda. Si el profundo dolor emocional sigue abrumándote, busca ayuda profesional.

Con apoyo y cuidados, empezarás a adaptarte a este mundo cambiado.

Con el tiempo, el dolor puede suavizarse, aunque nunca desaparezca por completo, y es posible que poco a poco reconstruyas una vida moldeada por el dolor, el amor y el valor para seguir adelante.

*Liza Barros-Lane, profesora adjunta de Trabajo Social, Universidad de Houston-Downtown, Estados Unidos. 


miércoles, 3 de septiembre de 2025

Sopa bullabesa

Elaboración Para la sopa: 

1. Prepara una cazuela bien grande. Vierte en ella las espinas de los pescados junto con las cabezas de los langostinos, y añade 1l de agua hirviendo. Cocina el caldo durante 40 minutos a fuego bajo. Una vez cocinado cuélalo. 

2. Mientras tanto, en una sartén con un chorrito de aceite, dora los ajos previamente laminados. 

3. En la misma sartén, rehoga la cebolla cortada en brunoise , dejala cocinar completamente y luego incorpora el tomate en dados. 

4. Deja cocinar el sofrito, añade las hebras de azafrán, el laurel y el caldo de pescado elaborado anteriormente. 

5. Deja cocinar unos 10 minutos y tritura el caldo junto a las verduras. Debe quedar una sopa espesa. 

6. Cuela el caldo y devuélvelo a la cazuela. 

7. Añade los pescados con un poco de sal y deja cocinar todo junto unos 6 minutos. Cuando queden un par de minutos añade los langostinos

8. Mientras dora en el horno las rebanadas de pan para que queden tostadas y crujientes. 

Para la salsa Rouille: 

1. Coloca los ajos pelados en un vaso batidor junto el pimiento, el azafrán, la sal, las yemas de huevo y el aceite. Tritura a velocidad baja hasta formar una salsa cremosa como una mahonesa. 

Presentación: 

Sirve cada ración de sopa de pescado decorada con un par de langostinos. Acompáñala con unas rebanadas de pan tostado junto con la salsa Rouille. 

Sopa bullabesa Consejos y trucos 
🔸 Si no tienes demasiado tiempo puedes usar un caldo comercial
🔸 Se pueden añadir mejillones y almejas a la sopa. 

 Consideraciones 
🔹 No apto para veganos 
🔹 Contiene gluten 
🔹 No contiene lactosa 
🔹 No contiene frutos secos

 

martes, 2 de septiembre de 2025

_- Novedades en el frente de la II Guerra Mundial


Tropas estadounidenses en la playa de Omaha durante el desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944.

Dejando atrás la vieja historia militar, el 80º aniversario del gran conflicto armado del siglo XX reaviva nuevas lecturas de un acontecimiento ampliamente estudiado del que aún quedan hechos desconocidos, ocultados o deformados por desvelar.

¿Se puede decir algo nuevo sobre la II Guerra Mundial? La respuesta es que sí. Con motivo del 80º aniversario del final de la contienda, han aparecido este 2025 una serie de libros que revelan hechos desconocidos, ocultados o deformados, que dejan definitivamente atrás la vieja historia militar. Se abre paso una mirada divulgativa, cercana al documental, pero también al análisis y la reflexión, tanto para el público general como el especializado. El episodio histórico sobre el que más se ha escrito hasta hoy se ha convertido en un campo en constante renovación. Hace tiempo que la guerra se estudia desde las relaciones internacionales, la economía o la superioridad tecnológica. Un enfoque múltiple marcado, a pesar de todo, por las circunstancias del presente. De poner el foco en la propaganda y la división ideológica de la Guerra Fría se ha pasado, por ejemplo, al extremismo como factor determinante en nuestros días. Una guerra larga que se conoce mucho más y mejor desde que se abrieron los archivos soviéticos, pero que, sobre todo, la invasión de Ucrania ha puesto nuevamente de relieve. La importancia de la Unión Soviética ha cambiado la visión del conflicto, pero, a pesar de la evolución y de los avances, no hay una explicación consensuada para un acontecimiento global que se sigue contando en clave nacional. Réplica o continuación de la primera, la II Guerra Mundial es todavía un gran relato fundacional. Merece la pena destacar, por lo tanto, aquellos estudios que no responden a lectura interesada del mundo actual, fomentando la distorsión y la conspiración en lugar de la propia historia. Aquellos que, a través del manejo de fuentes de archivos, de la actualización bibliográfica y temática, son capaces de realizar un análisis global del acontecimiento por excelencia del siglo XX. Obras de conjunto como la de Olivier Wieviorka, Historia total de la Segunda Guerra Mundial (Crítica), que recogen años de cambios interpretativos que han terminado por pulverizar muchos mitos particulares, como el de la neutralidad española que tanto tiempo ha servido para nadar y guardar la ropa.

Se abre paso una mirada divulgativa, cercana al documental, pero también al análisis y la reflexión La escritura de todas las guerras comienza por su final. Un lugar ocupado en el imaginario occidental por el desembarco de Normandía. Max Hastings nos devuelve allí en Overlord, el Día D y la batalla de Normandía (La Esfera de los Libros); un clásico traducido recientemente, con datos y formato renovados, como el número de efectivos desplegados sobre un terreno reproducido digitalmente. Una historia narrativa, muy visual, que se anticipó a su tiempo no solo en los aspectos formales. Fue de los primeros en reconocer que el desembarco nacía de la necesidad de responder al avance soviético. El 22 de junio de 1944 comenzó Bagratión, su operación homóloga en el este, que, sin embargo, ha ocupado muchas menos páginas de agradecimientos en la derrota del Eje. Hastings fue pionero en interpretar muchos de los silencios de los oficiales norteamericanos, como las bajas, el miedo y la desconexión de sus distintos ejércitos ante la enorme resistencia mostrada por los alemanes.

La aviación, el arma que decantó el conflicto en el oeste, mostró serias dudas sobre la viabilidad del desembarco, como demuestra Donald Miller en Los amos del aire (Desperta Ferro). Una historia de la Octava Fuerza Aérea norteamericana en la que explica cómo su gran logro fue golpear el corazón logístico e industrial de la Alemania nazi, al mismo tiempo que su capacidad para sostener el conflicto en distintos escenarios fuera de Europa. Una minuciosa reconstrucción basada en la documentación de los grandes archivos y museos de la guerra que no paran de adquirir y restaurar material de todo tipo, desde las claves y operaciones secretas del alto mando hasta el álbum de fotos y la correspondencia de miles de soldados de a pie. Un libro que indaga en muchos aspectos insólitos de la única guerra de bombarderos que se ha librado hasta hoy pero también se adentra en muchos vacíos incómodos, como la primera y última vez que se proyectó bombardear Auschwitz. A pesar de su extensión sobre la retaguardia y las ciudades enemigas, este tipo de operaciones sobre los campos nunca se aprobaron y fueron condenadas al olvido. Un auténtico despliegue de fuentes cotejadas con los archivos alemanes, donde también se ha podido seguir el rastro de sus protagonistas.

Prisioneros alemanes marchan por las calles de Moscú. En 1944, 57.600 soldados fueron apresados en los frentes de Bielorrusia. Sovfoto / Universal Images / Getty Images

Porque, a medida que se configuraba este escenario de guerra total, la vieja Europa desaparecía como potencia militar. La táctica alemana de la guerra relámpago, blitzkrieg, se activó, desde el principio, mucho más allá de la ocupación de Francia y del desfile triunfal en París. El primer enfrentamiento, verdadero, tras la invasión de Polonia y la declaración de guerra, se produjo en el mar del Norte. Antonio Muñoz Lorente, en Noruega, 1940 (Salamina), disecciona una batalla que no se redujo a la interrupción de la ruta de suministros británicos, particularmente del hierro, sino que fue un auténtico “trampolín estratégico” para la guerra aeronaval que quería librar Alemania en el Atlántico. Una gran apuesta en la que la Kriegsmarine se mostraría mucho más preparada para la guerra moderna que sus competidores, infringiendo un serio revés a los británicos, derrotados también en Dunkerque. Un desequilibrio en la concepción de la guerra que fue determinante en la marcha de la política británica y, sobre todo, en la alemana, que, como explica este trabajo de detalle y de síntesis, adquirió una enorme ventaja al ocupar 1.000 kilómetros de litoral noruego con tan solo una operación.

Aquello era solo el principio. Mucho antes de su estallido, el Estado Mayor británico sabía que iban a una guerra larga, devastadora, de más de cuatro años en los que los dos primeros tendrían que estar a la defensiva. Una guerra que pondría en jaque todo su imperio colonial y en la que, muy probablemente, necesitarían no solo a Estados Unidos, sino también a los soviéticos. Tim Bouverie, en Allies at War. The Politics of Defeating Hitler (The Bodley Head), parte de esa complejidad, estratégica y militar, para explicar cómo se forjaron las tensas relaciones entre los aliados. Un profundo estudio de historia internacional, apoyado en fuentes militares y, sobre todo, diplomáticas, que revela por qué la guerra sigue siendo fundamental para comprender nuestro mundo. Uno de esos puntos ciegos, no resueltos por los aliados, fue, precisamente, España. La obra se inserta en la renovación historiográfica que amplía el foco de la participación española en la guerra, desde sus propios planes de entrada a las posibles respuestas de los dos bandos a corto y medio plazo. Por un lado, mantiene la profunda vinculación de Franco con el Eje, desde su apoyo inicial en el golpe hasta su inmersión definitiva en la órbita alemana, concluida ya la Guerra Civil; una influencia que, por otro lado, no solo fue contrarrestada por los británicos. La novedad en su explicación sobre por qué España no entró finalmente en la guerra mundial, fruto del impresionante material de distintos archivos que ha consultado, va mucho más allá de la versión fijada por la Embajada inglesa o el Foreign Office. Nos lleva a las disputas entre norteamericanos, británicos y soviéticos en la conducción del conflicto, sobre todo pensando en el día después de la guerra. Y en concreto, al estatus que debía ocupar Francia y sus colonias en el norte de África, junto al Marruecos y el Tánger español. Una problemática cambiante que, como ya mostrara Richard Evans, comienza a vislumbrarse a tenor del giro en las relaciones germano-soviéticas antes de que termine la Guerra Civil y que acelera los planes de los británicos y franceses para que la contienda termine cuanto antes; una prisa que, pese a lo que comúnmente se cree, actuaría en contra de cualquier posibilidad de resistencia republicana.

Aviones de las fuerzas armadas estadounidenses sobrevuelan Cannes, Francia, en 1940. Hulton-Deutsch Collection / CORBIS / Getty Images

La España espiada. Redes de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial (Cátedra), coordinada por Emilio Grandío y Carlos Píriz, muestra cómo confluyeron en nuestro país todas las redes de espionaje mundiales, así como sus planes económicos de inserción en sus distintas áreas de influencia. Una obra que desgrana las “operaciones silenciosas” que las potencias en liza, como también las neutrales o no beligerantes, desarrollaron por toda la península Ibérica durante el conflicto. Proceso en el que España jugó un destacado papel que condicionó la propia supervivencia de la dictadura. Al término de la contienda, España fue condenada por Naciones Unidas, como otros tantos países que colaboraron con el Eje. Un aspecto que todavía encierra varias dimensiones sin resolver. Los españoles fueron deportados a los campos del Tercer Reich y los judíos con nacionalidad española, los sefarditas de Francia, Grecia y Países Bajos sufrieron el Holocausto. Los republicanos españoles, por su parte, fueron víctimas de la persecución dentro y fuera de España, pero también fueron combatientes de la II Guerra Mundial. Sobre esta última faceta hay cada vez más y mejores estudios. El más destacado es el de Séan Scullion, Españoles contra el nazismo. Republicanos en el Ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial (Espasa). Publicado originalmente como Churchill’s Spaniards (los españoles de Churchill), saca del olvido a los más de 1.000 soldados que cruzaron los Pirineos en la retirada de Cataluña y terminaron “al servicio de Su Majestad”. Un libro que combina a la perfección el manejo de los archivos y la estructura de las distintas unidades militares en las que se dispersaron los españoles; de Malta al Pacífico, de la campaña de África a la siempre aplazada batalla por la liberación de España. Y se nutre de aspectos personales muy valiosos, como la correspondencia o el material fotográfico que guardaron las familias en el exilio durante décadas. A diferencia de otros muchos trabajos que los recogen a modo de anexo, sirven aquí para retomar el hilo invisible entre la historia y la memoria familiar.

El libro de Laurence Rees recoge la inquietante normalidad con la que se planificaron y ejecutaron todo tipo de daños, violaciones y crímenes masivos contra la población civil

La participación española en la resistencia y liberación de Francia, mucho más conocida, aparece bajo distintos formatos, como muestra otro fenómeno que está detrás del auge y del interés por el tema: las recreaciones históricas. En De un infierno a otro (Atticus), Liz Cowley y Donough O’Brien narran la conocida como “batalla de La Madeleine”, en la que una unidad de maquis, compuesta por españoles y franceses, es capaz de retener a toda una columna de élite alemana destinada a frenar el desembarco de Normandía. Momento al que vuelve Fernando Castillo para dar forma a un ensayo sobre las imágenes finales de las dos guerras, la civil y la mundial, en El último vuelo. Fugitivos de la República y la colaboración (1939-1945) (Renacimiento). Un libro de llamadas, de vasos comunicantes entre las icónicas huidas que marcaron un desigual y fatal desenlace. De los aeródromos de Alicante en los que salió el Gobierno de Negrín y los miembros del Partido Comunista en abril de 1939, a la llegada a España, justo seis años después, de algunos de los principales líderes y criminales de guerra más destacados de la Europa nazi. En el otro extremo estaba la suerte de los marinos mercantes republicanos. Tras sortear el bloqueo de la no intervención, mediada la Guerra Civil, consiguieron llegaron al mar Negro para transportar armamento. José Vicente García Santamaria y Juan Carlos Sánchez Illán narran en Marinos republicanos en los campos de concentración soviéticos (Catarata) cómo, meses antes de que esta concluyera, fueron despojados de sus buques y retenidos en los puertos soviéticos. Solo unos pocos pasaron a trabajar en la industria pesada. La mayoría fue deportada al Gulag, sin ningún tipo de proceso ni condena alguna. Vivieron y murieron en Odesa, donde coincidieron con los prisioneros de la División Azul, y regresaron a España a mediados de los años cincuenta. En torno a las responsabilidades después de la guerra, el libro de Laurence Rees Los verdugos y las victimas (Crítica) recoge la inquietante normalidad con la que se planificaron y ejecutaron, en áreas muy alejadas y distintas del conflicto, todo tipo de daños, violaciones y crímenes masivos contra la población civil. El legado de una guerra que, por terrible que parezca, no ha dejado de perfeccionarse.

lunes, 1 de septiembre de 2025

La última revolución obrera de Europa occidental

Fuentes: Rebelión / Mundo Obrero [Imagen: Revolucionarios hechos prisioneros por soldados de la Guardia de Asalto y la Guardia Civil. Créditos: Koncern Ilustrowany Kurier Codzienny - Archiwum Ilustracji (ilustración: 1-E-6707)



Reseña de 1934: involución y revolución en la Segunda República (AKAL, 2024), de Eduardo González Calleja

¿Qué fue lo que pasó en España en 1934?

"1934: Involución y revolución en la Segunda República". Autor: Eduardo González Calleja. Editorial AKAL, 2024 

De acuerdo con Eduardo González Calleja, autor del libro 1934: involución y revolución en la Segunda República (AKAL, 2024), la sociedad española de ese tiempo presenció, en algunos casos como partícipes, la preparación y posterior movilización de la clase trabajadora española; no obstante, esa movilización no se manifestó de la misma forma en todo el territorio español, ya que en Asturias, Madrid, Cataluña los hechos tuvieron un cariz diferente al resto de España. Efectivamente, según el catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, en ese momento en España asistimos a cuatro expresiones del malestar social frente a la derechización del gobierno republicano de Lerroux, cada vez más próximo a la formación política de Gil Robles, que incorporó a tres de sus ministros al gobierno en octubre de 1934. En este contexto posterior a las elecciones de noviembre de 1933 los socialistas, principalmente bajo el liderato de Largo Caballero, asumieron que había llegado el momento de preparar la revolución como un acto defensivo contra un gobierno que pretendía alterar la esencia del régimen republicano. Así, a lo largo de un intenso año, el PSOE y la UGT se prepararon para la “conquista revolucionaria del poder para implantar la dictadura del proletariado”, en palabras del dirigente juvenil Segundo Serrano Poncela; esta preparación, sin embargo, lejos de llevarse en secreto era de conocimiento público… y el gobierno más o menos estaba al tanto de los preparativos revolucionarios, incluyendo la formación de milicias socialistas, que llegaron a desfilar públicamente, igual que las milicias japistas -de extrema derecha-. Asimismo, a lo largo de ese período, se promovieron diferentes huelgas, como la huelga de la construcción en febrero de 1934, pensadas como paros políticos, y la huelga general campesina del verano de 1934, que tuvo un amplio seguimiento -sobre todo en el sur peninsular- y que debe ser considerada como ‘el primer gran conflicto agrario organizado por los socialistas y la primera acción reivindicativa de masas planteada a escala nacional durante la República’.

Llegado el momento de la insurrección, que lo que se había estado preparando para realizar en todo el territorio español, no todos los territorios habían preparado el movimiento insurreccional del mismo modo, algo que a parte de mostrar una realidad que difería mucho de lo proyectado, provocó que lo que tuvo lugar en octubre de 1934 fueron como mínimo cuatro hechos diferentes.

En Asturias, sobre todo en las cuencas mineras de los ríos Caudal y Nalón (concejos de Mieres, Langreo…), el nivel de organización de la clase trabajadora, elevó el movimiento insurreccional a la condición de revolución social, llegando a ser proclamada la ‘comuna asturiana’ entre el 4 y el 18 de octubre, cuando fue violentamente reprimida por las tropas gubernamentales, lo que hace de la revolución asturiana la última revolución obrera de Europa.

En Madrid, el lugar supuestamente mejor organizado, la insurrección fracasó debido a los errores, escaramuzas, defecciones y derrotas que tuvieron lugar en la decisiva noche del 4 al 5 de octubre, lo que redujo el movimiento revolucionario en Madrid a un paro absoluto en la ciudad de Madrid el día 5 que se fue desconvocando -entre otras razones porque la derecha supo movilizar a sus bases para emplear a esquiroles que reventasen la huelga-, hasta que el día 13, aunque los últimos días tuvo menor intensidad, se desconvocó.

En Cataluña, por su parte, se asistió a tres procesos paralelos, que se correspondían con dinámicas políticas y sociales muy distintas; en este sentido, en el octubre catalán se produjo una ‘revolución multifacética’ en la que convivieron una lucha por la proclamación de un Estat Catalá ‘confederable’, de una República catalana que guardase las esencias de la República española a la deriva… y una revolución de carácter social.

En el resto de España lo que se vivó fue una huelga general política dirigida a forzar un cambio de gobierno, aunque a su vez tuvo un impacto desigual, ya que no tuvo la misma intensidad en Tenerife o en Soria (por citar dos ejemplos donde la huelga tuvo una escasa repercusión) que en Bilbao o en Eibar (por citar dos ejemplos de lo contrario).

Esos fueron los hechos y así nos los presenta el historiador Eduardo González Calleja en su libro, en el que también analiza los aprendizajes que la derecha -sobre todo los cedistas, la Falange joseantoniana y los monárquicos-, obtiene de estos acontecimientos. Ahora bien, dejando a parte el interés que el tema pueda tener como objeto de análisis historiográfico, lo cierto es que los hechos que tuvieron lugar ese año siguen estando de actualidad. Ahí está la intervención de Ramón Tamames -a la sazón candidato del ultraderechista VOX, no el diputado comunista-, durante la moción de censura al Gobierno de Pedro Sánchez el 21 de marzo de 2023, en la que dijo, literalmente y entre aplausos de la bancada derechista, lo siguiente: “La principal, la revolución de octubre de 1934, con más de mil muertos por la represión en gran medida o casi totalmente, por decirlo así, pero, como dice Raymond Carr, el hispanista, en realidad, 1934 fue el comienzo de la Guerra Civil”. Así pues, 90 años después, aquellos sucesos siguen estando de actualidad…, en la medida en que son objeto de manipulación histórica, cuya expresión más exquisita es la que realizó Ramón Tamames en sede parlamentaria.

Precisamente para acabar con las mentiras impuestas por la historiografía franquista y que sigue siendo fuente de inspiración para la derecha, Eduardo González Calleja sostiene, como principal conclusión del libro a efectos de desmitificación del pasado, que ‘tras la conmoción revolucionaria de octubre y la amenaza golpista de noviembre, el régimen republicano recuperó en 1935 una precaria normalidad que permitió el mantenimiento de la actividad institucional (incluida la parlamentaria) sin grandes sobresaltos hasta comienzos de 1936’; en este sentido, si en el año largo que media entre octubre de 1934 y julio de 1936, a pesar de la fractura cada vez mayor entre la derecha y la izquierda y de la asimilización de la violencia por las diferentes organizaciones políticas, el hecho de que las instituciones funcionasen con normalidad, la actividad parlamentaria no se viese interrumpida, las organizaciones obreras siguiesen manteniendo abiertas sus sedes y la prensa obrera siguiese publicándose…, es una prueba irrefutable de que el sistema funcionó, por lo que no es correcto buscar en los acontecimientos de 1934 ‘los primeros disparos de la guerra civil’, como sostiene el ex-grapo Pío Moa -ahora reconvertido a historiador franquista- y toda la historiografía de derechas, hasta llegar a Alejandro Nieto y Ramón Tamames.

Hay muchas razones para leer este libro, en el cual el autor ofrece una lúcida interpretación de todo el proceso (las alianzas y las divisiones, la esperanza y la decepción, la acción y la reacción…), pero quizás la más importante es que destroza los mitos y las manipulaciones de la derecha.

Fuente: 

domingo, 31 de agosto de 2025

_- Recetas que puedes hacer con una lata de bonito o atún. En bocadillos, ensaladas, patés, o como remate de cremas y otros platos, con estos pescados en conserva puedes apañar una comida o una cena

 _- Sabéis que en la redacción de El Comidista somos grandes admiradores de las conservas en general y de las conservas de pescado en particular. Especialmente en este punto del verano, cuando vas muy justito de energía porque de las vacaciones ya ni te acuerdas y además te da galbana encender un fogón, una buena conserva de pescado te apaña muchas comidas/cenas si la sabes acompañar o reelaborar con salero. En nuestro país tenemos una conserva que de tan ubicua y habitual ya no nos llama la atención: las latas de bonito/atún son un tesoro al que vamos a aprender a sacar todo el partido en este artículo.

Atún/bonito y bonito/atún, ¿en qué se diferencian?

Como cuentan los conserveros, tanto el bonito del norte (Thunnus alalunga) como el atún claro (Thunnus albacares y Thunnus obesus) que encontramos habitualmente en conserva en los lineales de los supermercados pertenecen a la familia de los túnidos, sin embargo, existen diferencias significativas entre ambos. El bonito del norte es el más apreciado gracias a su excelente sabor, finura y color claro (y tradición, porque es local). El atún claro tiene un color más rojizo y su textura no es tan fina, pero también tiene un sabor muy rico. Ambas especies se diferencian asimismo en el tamaño, siendo el bonito del norte más pequeño, en torno a los 15 kilos como máximo, mientras que el atún claro es más grandote, llegando a un máximo de 50 kilogramos.

Los sabios nos cuentan que el bonito del norte pasa el invierno en el Atlántico, cerca de las islas Azores y Canarias, pero se acerca al mar Cantábrico de junio a septiembre, donde se captura en lo que se conoce como la costera del bonito. Se pesca habitualmente con caña, con un método muy selectivo que evita que se capturen otras especies. Por el contrario, las especies que se envasan con el nombre de atún claro (Thunnus albacares y Thunnus obesus) habitan en aguas tropicales de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico. Se capturan habitualmente con redes de cerco, localizando el banco de peces y cercándolo con una red flotante de gran tamaño. Estos métodos evitan daños al fondo marino.

Las conservas de atún y bonito que encontramos en los comercios se centran habitualmente en dos piezas del animal: los lomos y la ventresca. El lomo es una pieza magra y carnosa, sin demasiada grasa: es la conserva clásica de bonito y atún que todos sin duda conocemos e identificamos con este animal. La ventresca corresponde al vientre del pez y es un corte muy apreciado por su grasa, sabor y jugosidad; resulta una conserva más cara que la de los lomos porque además es más escasa.

Una porra antequerana que con bonito está buenísimaUna porra antequerana que con bonito está buenísima

Método de conserva: al natural, en aceite y en escabeche

El atún o bonito que compramos en conserva ya viene cocinado y se conserva mediante tres métodos, en general:

  1. En la denominada conserva al natural el pescado va acompañado únicamente de agua y sal, y/o los jugos soltados en la cocción. Es el método que conserva más puro el sabor del pescado, como es lógico.
  2. El atún/bonito en conserva de aceite se ha cocinado en el aceite, que puede ser de oliva o girasol. Aunque en general se valora más la conserva en aceite de oliva por sus cualidades organolépticas y nutricionales, no perdamos de vista que el aceite de girasol, al ser más insípido, también deja que luzca más el sabor del pescado.
  3. La conserva en escabeche implica que el pescado se ha cocinado en un líquido de escabeche, una mezcla de vinagre, aceite y sal; hay que tener en cuenta que este es el método que más modifica el sabor del pescado.
Con atún te montas estas barquetasCon atún te montas estas barquetas

Ideas para usar tu lata de bonito/atún claro

El bonito o atún en lata lleva tantos años formando parte de los menús caseros que difícilmente habrá alguien que no lo haya comido de alguna manera en su casa, aunque solo sea como parte de la famosísima pasta con atún, de la que ya hablamos en este artículo.

Es imprescindible en muchas ensaladas clásicas del verano, tanto en aceite como en escabeche o al natural, desde una ensalada mixta de toda la vida con su tomate, su lechuga y su huevo duro, a la ensaladilla rusa. Un clásico que, si no quieres pasar tiempo en la cocina, puedes preparar con patata envasada –aunque cocer unas patatas no es tan trabajoso, alma de cántaro– y mayonesa de bote, que las hay buenas; a poco que te lo curres te quedará estupenda. No te olvides de la clásica ensalada niçoise o de la popular ensalada de arroz.

En nuestro artículo sobre platos fáciles para hacer con un bote de pimientos en conserva te damos una idea de ensalada de pimientos rojos con caballa que es perfectamente aplicable a cualquier conserva de bonito o atún. Como idea rápida que se elabora con conservas, no solo de pescado –con la agilidad que ello supone–, y que corresponde a la foto del artículo, confita en una sartén con dos cucharadas de aceite de oliva un frasco de pimientos del piquillo en tiras, escurridos de su líquido, a fuego muy suave por lo menos cinco minutos, meneando la sartén de vez en cuando para que formen su pilpil; puedes sofreír previamente unos ajitos laminados, si te gusta. Pásalos a un plato o fuente, y dales tiempo a que se enfríen. Cubre con trozos de lomos de bonito o de ventresca en aceite, acompaña con aceitunas negras y ya tienes un platazo delicioso que se hace en un momento y para el que necesitas una energía mínima. Ah, y se puede mojar pan en el juguillo que queda después de devorarlo, mezcla del pilpil de los piquillos y de las esencias del bonito o atún.

Receta ensalada nizardaColores a la francesa

En algunas sopas frías del sur también puede hacer el atún o bonito su aparición estelar, como es el caso de la porra antequerana o del zoque malagueño. También puedes convertir un gazpacho vulgaris en uno sopeao, que triunfa como plato de cuchara fácil, completo y fresquito (si no ves claro lo del melón, no se lo pongas, que no sea eso lo que te frena de probar esta delicia). Una placentera forma de añadir proteína a tu ración de verduras veraniegas.

¿Sabes cuál es una de mis recetas de fondo de armario cocinil cuando no tengo ganas de ? Una tortilla de bonito en aceite: para dos personas, bate tres o cuatro huevos, sala a tu gusto y añádeles una lata de bonito o atún en aceite, escurrido de su líquido de conserva. Cuaja la tortilla en una sartén amplia, que quede algo jugosa, dale un buen golpe de pimienta recién molida y tendrás un bocado delicioso en poco tiempo y con un esfuerzo escasísimo. Que puedes incluso hacer lo que se llama tortilla vaga, cuajándola solamente por una cara, sin darle vuelta. Acompaña con una ensaladita o una sopa fría, y un pan de categoría, y tendrás un plato bastante completo en tiempo récord para esas cenas calurosas del verano.

¿Te parece bien lo del huevo pero no te gusta el atún caliente? Tira de huevos rellenos, partiendo de la base atún-yema-mayonesa puedes llevarlos hasta donde te apetezca. Un poco de salsa picante o cayena, pepinillos o piparras, anchoas picadas, pimiento, pepino o cebolleta, aceitunas troceadas o en olivada: las posibilidades son casi infinitas y todas deliciosas.

¿Que eres más de guarrindongadas para untar? Hazte un paté de bonito para gastar a lo largo de varios días, desmigando menudamente el contenido escurrido de una lata de bonito/atún claro en aceite, con un par de yemas de huevo duro y mantequilla ablandada a tu gusto. Sazona con algo de sal, pimienta y perejil picadito, y listo. Para mojar pan; nunca mejor dicho, o convertirlo rápidamente en una salsa para pasta o arroz.

El sándwich de atún nunca fallaEl sándwich de atún nunca falla

En lo que atañe a tostas o bocadillos, las posibilidades son infinitas, desde encerrar el bonito acompañado por unas hojas de lechuga, un buen tomate de temporada, huevo duro y un pringue de mayonesa para un bocadillo “vegetal” –sí, ya sabemos a lo que se suele llamar vegetal en la hostelería de este país–, hasta una buena escalivada casera o precocinada (las hay dignas en los comercios) coronada por el pescadito en cuestión entre dos panes, pasando por la combinación de atún, piparras y aceitunas con una pizca de mayonesa en el pan, como si de una gilda emparedada se tratara. Deja volar tu imaginación: ya tienes todos los mimbres para celebrar la versatilidad de esa bestia de los mares que es el bonito o atún.

https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2025-08-22/recetas-que-puedes-hacer-con-una-lata-de-bonito-o-atun.html

sábado, 30 de agosto de 2025

PROFESORADO. Coral Regí, educadora: “Tenemos que ser más exigentes en la selección del profesorado”

Coral Regi
La experta en transformación educativa considera necesarios cambios en la formación, la incorporación a los centros y la carrera profesional de los docentes

Coral Regí estudió Biología, se hizo profesora, dirigió durante décadas la escuela concertada Virolai de Barcelona, ha formado parte de diversas instituciones, como el Consejo Escolar de Cataluña, y está considerada como una de las mayores expertas españolas en transformación educativa y reforma del profesorado. A los 68 años sigue implicada en numerosos proyectos en torno al mundo de la enseñanza, como Futurs de l’Educació o la Fundación Nueva Educación, de Chile, motivo por el cual la entrevista le coge asesorando colegios en este país latinoamericano, y responde por teléfono. Casi una de cada cuatro plazas de profesores de secundaria convocadas en España en junio quedó desierta. Pero más que ese porcentaje, a Regí le preocupa que el país no sea capaz de formar, seleccionar, y atraer a los perfiles más idóneos para ser educadores, que es como se define a sí misma.

Pregunta. ¿En qué dirección deben cambiar las oposiciones?
Respuesta. Deberíamos ser más exigentes en la selección. El acceso tiene que servir para que el docente demuestre tres cosas. Que tiene claro cómo es el perfil del alumno y el fin social de educación; que cuenta con recursos pedagógicos, porque su función es que los alumnos aprendan, no que él explique muy bien y, evidentemente, que conozca su materia. Y hemos de intentar que las personas que accedan a la función docente tengan claro que su perfil es de educador, no de profesor de una asignatura. Es un cambio de rol. Hay centros y profesores que tienen prácticas muy buenas para acoger y hacer un seguimiento de los alumnos, y están consiguiendo no tener fracaso escolar. Y eso debería ser lo habitual.

P. ¿Cómo debería ser la incorporación del profesorado a los centros educativos?
R. La mejor manera es con un sistema del estilo del programa Sensei que se ha probado en Cataluña, y que ahora ha quedado muy disminuido al acabarse la financiación europea con la que contaba. El programa localizó centros con buenas prácticas, con buenos profesionales, y puso a los profesores que acababan de ganar la oposición al lado de ellos durante un curso escolar, para que aprendieran en un modelo de inmersión. Claramente, debemos ir por ahí. Esa fase de prácticas, además, debería formar parte del proceso de selección del nuevo profesorado.

P. ¿Quiere decir que la evaluación de esas prácticas sea decisiva para el acceso y no más bien un trámite, como ahora?
R. Sí. Muchas veces los mismos educadores, los profesores que estamos en los centros, hacemos un magro servicio a nuestra profesión. Y eso empieza con los alumnos que hacen prácticas de magisterio en los centros de Infantil y Primaria. Tenemos un buenismo de decir: ‘Pobrecito, venga, va’. Y se aprueban las prácticas de la carrera a personas que no tienen el perfil de educador. Los profesionales tendríamos que ser muy exigentes en eso, porque son personas que van a estar educando a niños y niñas.

P. También considera necesario cambiar la formación que reciben en la universidad. ¿En qué sentido?
R. Lo primero es aumentar los niveles de exigencia para el acceso a Magisterio, incluyendo los exámenes para entrar como los que existen en Baleares y Cataluña, porque necesitamos los mejores maestros. Muchas veces los problemas que surgen en Secundaria derivan de una mala praxis, aunque se haya hecho con buena voluntad, en Infantil y Primaria. Respecto al profesorado de secundaria, yo creo que de una vez por todas debemos ir a algo más parecido a una carrera de educador que a una especialización posterior. Debemos ir a una formación más específica de profesional.

P. ¿Se refiere a una carrera universitaria específica de profesorado de Secundaria?
R. Sí, como la hay en muchos países. Hoy, la complejidad de nuestras aulas, y no digo que sea negativa, porque es positiva y una fuente de oportunidades, y el hecho de que todos y cada uno de los alumnos que tenemos en la clase merecen y necesitan lo mejor, requiere que tengamos unos profesionales que realmente funcionen.

P. Para atraer a los mejores perfiles, usted también considera necesario implantar una carrera profesional que implique mejoras salariales basadas en evaluaciones periódicas.
R. Hoy, el sueldo de un profesor cuando se incorpora a la carrera docente es bueno. El problema es que no hay un seguimiento de ese profesor a lo largo de los años que permita que vaya aumentando. Los sistemas que hay ahora, basados por ejemplo en la realización de cursos de formación, son un trámite. Ir a una carrera docente que efectivamente priorizara las buenas prácticas, con una evaluación real y coherente, vinculada al proyecto de centro, nos ayudaría mucho a tener buenos profesionales.

viernes, 29 de agosto de 2025

Restaurantes. La taberna gaditana de Romero: “No vendo un pescado de 10 euros a 30, lo vendo a 15. Gano menos, pero fidelizo al cliente”

Rafael Romero y su yerno, Raúl Morales, regentan una sencilla casa de comidas a un paso de la playa de la Victoria, en Cádiz

A la puerta llega la ligera brisa marina y salina del Atlántico. Más allá de la muralla histórica de Cádiz, en segunda línea del paseo marítimo, frente a la inmensa playa de la Victoria y junto al Hospital Puerta del Mar, se esconde una pequeña taberna de barrio. No hay carteles luminosos ni pretensiones; aquí se viene a comer bien y sin florituras. Se llama La Taberna de Romero y, desde que abrió en 2018, es territorio de parroquianos fieles.

Rafael Romero, su fundador, conoce la hostelería como quien conoce las mareas: ha navegado en aguas tranquilas y ha sobrevivido a tormentas. Su padre regentó en los años ochenta una taberna con su apellido en pleno centro gaditano. Él mismo levantó restaurantes, llenó mesas, vivió la gloria del oficio… y también sus naufragios. La crisis de 2008 lo arrasó todo. Por entonces servía 350 menús diarios en un local de la Zona Franca, con 25 empleados. “Empezaron a caer las empresas y se lo llevó todo por delante. Me quedé sin nada. La casa se la llevó el banco. No quiero recordarlo, pero aquello fue tremendo”, cuenta con la mirada hundida un instante.

Pero el mar siempre trae algo de vuelta. Tras un tiempo de búsqueda, y después de abrir en otra ubicación, encontró el lugar definitivo: un local que había sido pub y bar, pequeño, algo resguardado de la vista del mar, con apenas cinco mesas bajas y cuatro altas, manteles de cuadros y paredes cubiertas con fotografías familiares. Tiene capacidad para 35 comensales por turno y poco más.

Rafael Romero, tras la barra de La Taberna de Romero, con capacidad para 35 comensales.

Rafael Romero, tras la barra de La Taberna de Romero, con capacidad para 35 comensales. Fernando Ruso

Aquí Romero ejerce de anfitrión, corta jamón ibérico a destajo y atiende la sala. En este viaje, le acompaña su yerno, Raúl Morales, en cocina, que sostiene una carta de corte tradicional. El calamar relleno de sus bigotes, jamón y huevo duro (22 euros) es casi una insignia. El San Jacobo de presa de bellota (22 euros) compite en popularidad, aunque esa misma pieza se sirve también a la plancha (22 euros), al vino Tío Pepe (23 euros) o en albóndigas con salsa (15 euros).

Cada mañana, el producto fresco cruza la puerta: doradas, urtas y pescados de caña de la Bahía; acedías, salmonetes y boquerones de la lonja de Conil; langostinos de Sanlúcar; gambas y coquinas de Huelva. Entre los entrantes, el tomate —a temperatura ambiente, como debe ser— llega aliñado con atún (10 euros); las almejas se preparan a la marinera o con vino fino de Jerez (23 euros); las alcachofas de tallo se cubren con lascas de jamón ibérico cortadas al momento (18 euros); y los huevos fritos con patatas caseras (de las de verdad) y jamón (13 euros) saben a casa. No faltan las tortillitas de camarones (2,50 euros, la unidad), el choco de trasmallo frito o a la plancha (17 euros) ni las puntillitas de Sanlúcar (19 euros). Las frituras se hacen con aceite de girasol que se cambia cada día, y todo lo que sale de cocina se prepara al instante, salvo los guisos, que reposan para que sus sabores se asienten

Por encargo elaboran arroces: de marisco (17 euros por persona), con cocochas y gambas (22 euros), negro (17 euros) o con carabineros (26 euros). La carta de vinos es breve, de corte clásico y con precios comedidos. “No puedo vender una botella que me cuesta 18 euros a 42. La pongo a 29. Como tampoco vendo un pescado de 10 euros a 30; lo vendo a 15. Gano menos, pero fidelizo al cliente. La calidad está por encima de todo”, afirma Romero. Su filosofía es sencilla: “Solo queremos hacerlo bien y llevar un sueldo a casa”.

A sus 67 años, no contempla la jubilación: “Aquí atiendo mi ego personal, me realizo. ¿Qué voy a hacer si me retiro, pasear por la playa?”. Afuera, sigue llegando la brisa. Adentro, se escucha el rumor de conversaciones cotidianas.

Rafael Romero, de 67 años, en el mostrador del restaurante que abrió en 2018.
 

Rafael Romero, de 67 años, en el mostrador del restaurante que abrió en 2018. Fernando Ruso

Bar La Taberna de Romero
Dirección: Uruguay, 1, Cádiz
Teléfono: 663 51 76 46
Horario: lunes, cerrado; de domingo a jueves, de 13 a 17 horas; viernes y sábados, de 13 a 17 horas, y de 20:30 a 23 horas. Web: no tiene 

jueves, 28 de agosto de 2025

¿Sabe usted quién tiró la bomba atómica en Japón?

Fuentes: Rebelión


No se sabe si por miedo o temor a las constantes y agresivas amenazas que lanza el convicto presidente estadounidense Donald Trump, algunas personas y medios de comunicación hegemónicos cuando hablan sobre las genocidas bombas atómicas lanzada en 1945 contra Hiroshima el 6 de agosto y Nagasaki el 9 de agosto, no mientan a Estados Unidos como el autor de semejante hecho de lesa humanidad.

Resulta que en las ceremonias de 2025, tanto el primer ministro japonés Shigeru Ishiba como los alcaldes de Hiroshima y Nagasaki, evitaron referirse a Estados Unidos como autor directo de los ataques atómicos, con saldo de más de 220 000 muertos.

Ante políticos locales, embajadores y representantes de 120 países y regiones, Ishiba, evadió señalar al autor del ataque nuclear que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial, pese a que muchos analistas aseguran que no hacía falta porque Japón ya estaba derrotado y solo fue para amedrentar a la entonces Unión Soviética.

“Hace 80 años, en Hiroshima explotó una bomba atómica, se perdieron, según se considera, más de 100 000 vidas valiosas, y trajo días terribles para los supervivientes”, dijo Ishiba.

Mientras tanto, el alcalde de esa ciudad, Mazumi Matsui, hizo énfasis en las experiencias de quienes sobrevivieron a ese evento, denominados hibakushas, pero el sanguinario agresor fue ignorado. Los hibakushas recibieron el Premio Nóbel de la Paz en 2024.

Al igual que varios medios de prensa hegemónicos, Matsui se refirió a «una tendencia acelerada hacia el fortalecimiento militar del mundo», con el trasfondo de la «invasión» rusa a Ucrania y la guerra en Oriente Medio.

Claro que Moscú lanzó la Operación Militar Especial para evitar el cerco que ha ido creando la OTAN alrededor de su país y para detener a las fuerzas fascistas ucranianas que cuentan con todo el apoyo de Washington y de países de occidente que desean destruir a Rusia.

También sobre Oriente Medio evitaron nombrar el genocidio que comete desde hace casi dos años el régimen sionista de Israel contra los indefensos pobladores palestinos que ha causado más de 60 000 muertos y cientos de miles de heridos y hoy están bajos las acciones de morir por hambre e inanición. Muy significativo fue el embajador israelí en Japón estuvo presente en la celebración.

Como en 2024, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres evitó mencionar a Estados Unidos al hablar del horror causado por el bombardeo atómico contra la ciudad de Nagasaki, ocurrido tres días después del de Hiroshima.

Una misiva de Guterres, leída en la ceremonia por la vicesecretaria general de la ONU y alta representante para asuntos de desarme, Idizumi Nakamitzu, dejó a Washington sin la responsabilidad de usar el arma atómica contra civiles.

Aunque el secretario general de la ONU advirtió que «las mismas armas que causaron tanta devastación en Hiroshima y Nagasaki son nuevamente tratadas como herramientas de coerción».

Esa última declaración fue como una indirecta a Trump que este mes dijo que había ordenado el desplazamiento de dos submarinos nucleares luego de una disputa por Internet con el expresidente ruso Dmitri Medvedev.

Los hechos ocurridos en los últimos tiempos auguran que se quieren cambiar, por la fuerza y la prepotencia imperial, los sucesos históricos. Solo tres ejemplos: Estados Unidos derrotó a la Alemania nazi y no la Unión Soviética; el Golfo de México debe llamarse Golfo de América; las bombas contra Hiroshima y Nagasaki no fueron Made in USA.

¿Habrá que enseñarle al señor Trump los verdaderos hechos históricos y él podrá comprenderlos? Será difícil pero hay que insistir.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.