lunes, 12 de enero de 2026

El mundo vive una nueva era de impunidad 80 años después del juicio de Núremberg


De la guerra en Ucrania a Oriente Próximo o Sudán, la justicia internacional sufre su mayor crisis tras los avances de los años noventa

La sala número 600 del monumental Palacio de Justicia de Núremberg es desconcertante a primera vista. Es más pequeña de lo que el visitante se imagina al abrir la puerta. El mobiliario es distinto al que existía durante  el juicio a los líderes nazis al final de la II Guerra Mundial, hace 80 años.

Aquí siguieron celebrándose, hasta hace cinco años, juicios ordinarios, y la estancia conserva el aire anodino y funcional de un tribunal regional alemán. Es un lugar como a medio hacer, igual que la idea que nació en esta misma sala entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946.

En una época de guerras y matanzas impunes, desde Ucrania a Oriente Próximo y pasando por Sudán y otros puntos del planeta, el edificio de la justicia internacional que nació en Núremberg presenta grietas severas.

“Si las personas que han sufrido el horror en Ucrania, en Sudán, en Israel el 7 de octubre, y en Gaza, en Palestina, se preguntan a sí mismas lo que ha hecho por ellas el derecho internacional, responderán que no demasiado”, dice por teléfono el jurista y escritor Philippe Sands. Núremberg y lo que derivó de aquel juicio “no ha sido capaz de evitar horrores en nuestra época”, añade.

Pero Sands advierte que la idea de una justicia penal internacional es, en perspectiva histórica, muy reciente: “Es un sistema que se encuentra en su infancia”. Tiene recorrido.

Hace ocho décadas, en Núremberg, por primera vez los cargos más altos de un Estado se sentaron en el banquillo de un tribunal internacional. Eran 21 hombres asociados a los mayores crímenes del siglo XX. Estaban el líder nazi vivo de mayor rango, Hermann Göring (Hitler, Goebbels y Himmler se habían suicidado antes). El ministro y arquitecto Albert Speer. El jefe nazi Rudolf Hess. El diplomático Joachim von Ribbentrop. Hans Frank, jurista, gobernador en Polonia y perpetrador del Holocausto. Ideólogos como Alfred Rosenberg o Julius Streicher. Y militares como el general Keitel o el almirante Dönitz.

Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia organizaron el tribunal para juzgar unos crímenes “tan calculados, tan malignos y tan devastadores que la civilización no puede tolerar que se ignoren, porque no podrá sobrevivir si se repiten”. Son palabras, en su declaración inicial, del fiscal jefe estadounidense, Robert H. Jackson, quien añadió: “Que cuatro grandes naciones, eufóricas por la victoria y laceradas por la afrenta, refrenen su sed de venganza y sometan voluntariamente a sus enemigos cautivos al juicio de la ley, es uno de los tributos más significativos que el poder haya rendido jamás a la razón”.

Núremberg debía juzgar tres tipos de crímenes: contra la paz, de guerra y contra la humanidad. Terminó con tres absoluciones, siete condenas a cadena perpetua o a largos años de prisión y 13 condenas a muerte.

Así nació lo que Gurgen Petrossian, jurista en la Academia Internacional de los Principios de Núremberg, denomina la idea de Núremberg, y es la siguiente:. “Cuando una persona comete un crimen internacional ―se trate de genocidio, crímenes contra la humanidad, crimen de guerra o crímenes de agresión― esta persona debe asumir la responsabilidad. Y esto significa que, independientemente de quién, de cuándo y de dónde se haya cometido el crimen, el destino de estas personas está decidido: solo será cuestión de tiempo que acabe compareciendo ante un tribunal”.

Después de las condenas a los dirigentes nazis, se celebraron 12 juicios más en Núremberg hasta 1949. Un año antes, la ONU había adoptado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención para la prevención y la sanción del genocidio.

Después hubo juicios nacionales en Alemania, a partir de finales de los años cincuenta, que ayudaron a este país a afrontar por sí solo ―ya no por imposición de los vencedores― la responsabilidad en el asesinato de seis millones de judíos. Hubo procesos como el de Adolf Eichmann en Jerusalén en 1961 o el de Klaus Barbie en Lyon en 1987. Pero la idea de una justicia internacional entra en hibernación. Hasta los años noventa, con las matanzas en los Balcanes y en Ruanda, que llevaron a la creación del Tribunal Penal Internacional de La Haya y el de Arusha.

Fue la época dorada de la idea de Núremberg. “Fuimos muy optimistas”, apunta la historiadora francesa Annette Wieviorka, autora de Los juicios de Núremberg (Rialp, en castellano), en referencia a “este breve momento histórico entre la caída del Muro y el atentado contra las Torres Gemelas”. Por eso, añade, “las lecciones de Núremberg son difíciles de aplicar hoy”.

Philippe Sands ve el espíritu de Núremberg en el actual Tribunal Penal Internacional, en cuya gestación participó, y en la detención del dictador chileno Augusto Pinochet en Londres en 1998, argumento de su último libro argumento de su último libro, Calle Londres 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia (Anagrama). También en el incipiente Tribunal Especial para el Crimen de Agresión contra Ucrania, que retoma la acusación principal contra los líderes nazis, por crimen de agresión. “Sin Núremberg, todo habría sido muy distinto”, dice el jurista franco-británico.

Algunas disfunciones actuales de la justicia internacional pueden remontarse a los pecados originales de Núremberg. Fue un juicio, por ejemplo, organizado por las potencias vencedoras y sus líderes (y uno de ellos, Stalin, ya había perpetrado algunos de sus mayores crímenes). Este “desequilibrio” persiste.

Sands cita las guerras de Afganistán e Irak, a principios de este siglo, y el papel de Estados Unidos y el Reino Unido. O la imputación reciente del expresidente filipino, Rodrigo Duterte, el pasado marzo, por parte del Tribunal Penal Internacional, por crímenes contra la humanidad en su guerra contra el narcotráfico. Le suscita una reflexión: “Lo que sucede en el Caribe y el Pacífico, con 76 supuestos traficantes ejecutados sumariamente [por EE UU], ¿es compatible con el derecho internacional? ¿Es un crimen contra la humanidad?”

Más desequilibrios. Hay líderes buscados por el Tribunal Penal Internacional (TPI),  como el ruso Vladímir Putin o el israelí Benjamín Netanyahu. Pero parece complicado que acaben sentándose en el banquillo.

“Pinochet viajó a Londres en octubre de 1998 pensando que estaba totalmente seguro, así que nunca se sabe”, responde Sands. “Es improbable, pero lo que sabemos es que ellos reciben consejo sobre esta cuestión y no lo ignoran. Es mejor que nada”.

Ante la tentación del cinismo, de pensar que lo que empezó en Núremberg es papel mojado, recuerda el caso de juez Thomas Buergenthal, superviviente de Auschwitz, quien le decía hace unos años que ojalá en 1943 hubiese existido un Convenio contra el genocidio y un TPI. Probablemente, no habría detenido los crímenes, sostenía Buergenthal. “Pero nos habría dicho que no estábamos solos y que se sabía que se estaban cometiendo crímenes”, añadía. “Y nos habría dado esperanza. Esto es más que nada”.

En la sala 600 se evita entrar en casos concretos, pero Petrossian también tiene claro: “El derecho internacional siempre ha estado en crisis”. “Que políticamente la situación sea difícil”, añade, “no significa que jurídicamente haya dejado de existir, o que la idea de Núremberg haya desaparecido”.

domingo, 11 de enero de 2026

Mamdani y el futuro de la izquierda

Zohran Mamdani

La perplejidad de la izquierda a lo largo de los últimos años no tenía tanto que ver con la ausencia de éxitos electorales cuanto con el hecho de que gran parte de su electorado natural abrazara las propuestas de la extrema derecha. Ahí es donde duele. Y donde, más que nunca, estaba llamada a revolucionar su discurso.

Su caída en las políticas identitarias, en eso que ya no hay quien le quite el calificativo de wokismo, se acabó demostrando poco eficaz. Quizá por su arrogancia hipermoralizadora y sus indudables sesgos inquisitoriales. Y porque, como decía John Gray, el problema del wokismo es ser “un tipo de hipercristianismo vacío de trascendencia y perdón”.

Cuando se actúa en política, uno no puede evitar dejarse llevar por convicciones morales. Pero un político no debe dar lecciones de moralidad, sino ser capaz de traducir su idea de la justicia a las lógicas del inclemente mundo de la política, tan cargado de contradicciones y dentro de un universo donde predomina el pluralismo de concepciones del bien.

La clamorosa victoria de Zohran Mamdani en Nueva York se explica precisamente por eso, porque supo ensamblar el ideario de la izquierda radical estadounidense a todo un conjunto de propuestas dirigidas a mejorar la vida cotidiana del ciudadano común; y dentro de estos, atendiendo a las necesidades de los más menesterosos. Con un añadido que no es baladí en estos tiempos que corren: enhebrando una estrategia de comunicación simple y libre de ampulosas declaraciones doctrinarias. La izquierda no como doctrina moralizante, sino como programa de acción sustentado sobre premisas claras, precisas y ajustadas al milímetro a los problemas específicos de los ciudadanos. El coste de la vida (affordability) como idea central: vivienda asequible, transporte y guarderías gratuitas, protección del pequeño negocio, cooperativismo, ecologismo urbano.. Todo ello sin renunciar, por cierto, a sus convicciones woke, pero sin presentarlas como dogma infalible.

Lo más relevante de su ideario es que se atreve a plantar cara a los presupuestos del neoliberalismo rampante; a saber, que carece de alternativa. En pleno núcleo central del mundo del dinero, reivindica un socialismo de base apoyado sobre algo así como un activismo de proximidad, destabuizando por el camino el potencial para un socialismo democrático. Y luego va y, encima, gana la elección. No es de extrañar que ahora mismo estén acudiendo a Nueva York representantes de todo un conjunto de partidos izquierdistas europeos para que les den la receta de su éxito. O que incluso alguien como Bannon, quien personaliza mejor que nadie a su antagonista, reconozca lo acertado de su estrategia comunicativa y advierte que los republicanos están ante un serio enemigo, sobre todo por su capacidad para movilizar a sectores hasta entonces renuentes a participar en política. Y acaba profetizando que “veremos un grupo nuevo de estos mamdanis en las grandes ciudades”.

Esto último es lo que constituye la gran incógnita ahora mismo, ¿puede tener un efecto multiplicador o acabará siendo un caso aislado ajustado a la peculiar situación objetiva de Nueva York? ¿Servirá de modelo para una estrategia política generalizada en el partido demócrata o, como con Bernie Sanders, quedará como un mero chispazo incapaz de prender una llama duradera?

No lo tiene fácil, desde luego: la alcaldía de la ciudad carece de los medios fiscales para poder financiar todas sus propuestas, aparte de que aún falta ver el contraataque de Trump. Pero, sea como sea, ha señalado un camino para la reconstrucción de una izquierda otrora mortecina. Y lo ha hecho de forma tan astuta y eficaz como elegante. Importan las ideas, pero también las cualidades de quien las representa.

sábado, 10 de enero de 2026

Italia investiga acusaciones de que turistas habrían pagado para disparar a civiles en Sarajevo durante la guerra de Bosnia

Un soldado francés de la ONU junto a un grupo de habitantes de Sarajevo que buscan refugio.

Fuente de la imagen,AP Photo/Jerome Delay

Pie de foto,Los civiles arriesgaban sus vidas al cruzar la avenida principal de Sarajevo durante la guerra de Bosnia.

    • Sarah Rainsford
    • Título del autor,Corresponsal para Europa del este y el sur

La Fiscalía de Milán abrió una investigación por las denuncias sobre ciudadanos italianos que presuntamente viajaron a Bosnia-Herzegovina en "safaris de francotiradores" durante la guerra a principios de la década de 1990.

Las denuncias alegan que italianos y personas de otras nacionalidades pagaron grandes sumas de dinero para disparar contra civiles en la ciudad sitiada de Sarajevo.

La denuncia fue presentada por el periodista y novelista Ezio Gavazzeni, quien describe una "cacería humana" llevada a cabo por "personas muy ricas", con una gran afición por las armas.

Gavanezzi asegura que "pagaban para poder matar a civiles indefensos" desde posiciones serbias en las colinas que rodean Sarajevo.

Según algunos informes, se cobraban tarifas diferentes por matar a hombres, mujeres o niños.

Más de 11.000 personas murieron durante el brutal asedio de cuatro años a Sarajevo.

Yugoslavia quedó devastada por la guerra y la ciudad fue rodeada por fuerzas serbias y sometida a constantes bombardeos y fuego de francotiradores.

A lo largo de los años han surgido varias acusaciones similares sobre supuestos "cazadores de personas" extranjeros.

Las pruebas reunidas por Gavazzeni, que incluyen el testimonio de un oficial de inteligencia militar bosnio, están siendo examinadas por el fiscal antiterrorista italiano Alessandro Gobbis.

Civiles de Sarajevo atraviesan una zona asediada por francotiradores en 1992.


Civiles de Sarajevo atraviesan una zona asediada por francotiradores en 1992.

Fuente de la imagen,Christophe Simon/AFP

Pie de foto,
Más de 11.000 civiles murieron en los tres años de asedio a Sarajevo.

"Le pusimos fin a esto"

El oficial reveló que sus colegas bosnios se enteraron de los supuestos safaris a finales de 1993 y comunicaron la información al Sismi, la inteligencia militar italiana, a principios de 1994.

La respuesta del Sismi llegó un par de meses después. Descubrieron que los turistas que participaban en los "safaris" volaban desde Trieste, ciudad fronteriza del norte de Italia, y luego viajaban a las colinas cercanas a Sarajevo.

"Le pusimos fin a esto y no habrá más safaris", le dijeron al oficial. En dos o tres meses, los viajes cesaron.

Ezio Gavazzeni, quien suele escribir sobre terrorismo y la mafia, leyó por primera vez sobre los viajes de francotiradores a Sarajevo hace tres décadas, cuando el periódico italiano Corriere della Sera publicó la noticia, aunque sin pruebas contundentes.

Retomó el tema tras ver "Sarajevo Safari", un documental de 2022 del director esloveno Miran Zupanic, que alega que los implicados en los asesinatos provenían de varios países, entre ellos Estados Unidos, Rusia e Italia.

Gavazzeni profundizó en la investigación y en febrero entregó a la Fiscalía sus hallazgos, que constaban de un expediente de 17 páginas, incluyendo un informe del exalcalde de Sarajevo, Benjamina Karic.

Pero la investigación en Bosnia parece haberse estancado.

Una mujer corre por las calles en el centro de Sarajevo, el 4 de agosto de 1993.


Una mujer corre por las calles en el centro de Sarajevo, el 4 de agosto de 1993.

Fuente de la imagen,Michael Evstafiev/AFP

Pie de foto,

Francotiradores disparaban contra civiles desde zonas controladas por los serbios de Bosnia con vistas a Sarajevo.

"Al menos un centenar"

En declaraciones al diario italiano La Repubblica, Gavazzeni alega que "muchos" participaron en esta práctica, "al menos un centenar" en total, y que los italianos pagaron "mucho dinero" por ello, hasta US$116.000 (alrededor de 100.000 euros).

En 1992, el fallecido escritor y político nacionalista ruso Eduard Limonov fue grabado disparando ráfagas contra Sarajevo con una ametralladora pesada.

El líder serbobosnio Radovan Karadzic, quien posteriormente fue condenado por genocidio en un tribunal internacional de La Haya, le estaba mostrando posiciones en las laderas.

Sin embargo, Limonov no pagó por su "turismo de guerra". Estaba allí como admirador de Karadzic, a quien llamó el "Carnicero de Bosnia": "Los rusos deberíamos seguir su ejemplo", aseguró.

La noticia de que la Fiscalía de Milán abrió esta investigación se dio a conocer en julio, cuando el portal Il Giornale publicó que los italianos llegaban a las montañas en furgoneta, pagando sobornos exorbitantes para pasar los controles de seguridad, fingiendo estar en una misión humanitaria.

Tras un fin de semana de tiroteos en la zona de guerra, regresaban a sus casas para retomar sus vidas.

Gavazzeni describió sus acciones como la "indiferencia del mal".

Se dice que la Fiscalía y la policía identificaron a varios testigos, mientras intentan determinar quiénes podrían estar involucrados. 

Emma Thompson: la gran dama moderna del cine británico que se ha convertido en la inesperada reina de la Navidad

14 fotos
Actriz, guionista, activista e icono británico por excelencia, Thompson ha sumado este año un nuevo éxito a su celebrada trayectoria con la serie ‘El misterio de Cemetery Road’. A sus 66 años, también es uno de los grandes rostros del imaginario navideño 




1. De Shakespeare a la comedia romántica, del drama político al cine familiar, Emma Thompson puede presumir de una de las filmografías más completas y coherentes del último medio siglo. La actriz y guionista británica, de 66 años, celebrada desde sus inicios por su inteligencia, elegancia y calidez, sigue ampliando una trayectoria llena de hitos con su último éxito, 'El misterio de Cemetery Road', una serie policiaca que se alza como una de las mejores del año. A ello se suma su consolidación, casi involuntaria, como reina de estas fiestas gracias a títulos como 'Love Actually' o 'Last Christmas'. En la imagen, en 2019 durante la promoción de esa última película. ANGELA WEISS (AFP via Getty Images) 




2. Quizá no con la omnipresencia de Mariah Carey o Cristina Pedroche, pero Emma Thompson también se ha consolidado como uno de los rostros más reconocibles del cine navideño. 'Love Actually' y 'Last Christmas' regresan cada diciembre a las parrillas televisivas, ya como clásicos modernos del género. En la primera, Thompson protagoniza uno de los momentos más devastadores del filme, sentada en la cama y conteniendo las lágrimas al ritmo de Joni Mitchell. En 'Last Christmas', además de interpretar a la madre del personaje de Emilia Clarke, coescribe el guion y ejerce como productora. En 2022, publicó además un libro infantil ambientado en Navidad: 'Jim’s Spectacular Christmas'. Samir Hussein (Samir Hussein/WireImage) 
 

3. Nacida y criada en Londres en una familia de artistas e intelectuales —su madre, Phyllida Law, fue actriz; su padre, Eric Thompson, escritor y director—, estudió Literatura Inglesa en Cambridge. Se ha definido a sí misma como una joven introvertida y 'outsider', una paradoja teniendo en cuenta la atención mediática inherente a su oficio. Su destino cambió al unirse al grupo teatral Footlights, donde coincidió con Hugh Laurie o Stephen Fry. Especializados en 'sketches' de humor, Thompson llegó a pensar que su carrera estaría limitada a la comedia. Se equivocaba. En la imagen, en un programa televisivo de la BBC en 1982. Radio Times (Radio Times via Getty Images) 

4. Durante los años noventa se convirtió en una estrella global y en la primera —y hasta hoy única— persona en ganar un Oscar tanto como actriz como guionista. 'Regreso a Howard’s End' fue su carta de presentación en Hollywood, seguida por una racha de estrenos consecutivos imbatible que incluyó 'Los amigos de Peter', 'Mucho ruido y pocas nueces', 'Lo que queda del día' o 'En el nombre del padre'. Más tarde, 'Carrington' y 'Sentido y sensibilidad', escrita por ella misma en pleno proceso de divorcio, consolidaron un estatus que nunca ha perdido. A lo largo de las décadas ha sabido alternar el cine de prestigio con grandes producciones comerciales, conquistando a nuevas generaciones con sagas como 'Harry Potter' o 'La niñera mágica'. En la imagen, con su Oscar al mejor guion adaptado por 'Sentido y sensibilidad' en 1996. Steven D Starr (Corbis via Getty Images) 


5. En lo relativo a la alfombra roja, varias publicaciones especializadas la han señalado como la reina del 'menswear'. Emma Thompson apuesta con frecuencia por el traje sastre y rehúye cualquier tipo de rigidez, con una predilección clara por las zapatillas y las camisas 'oversize'. Su modista de referencia es su íntima amiga Stella McCartney, responsable también de este traje verde con el que acudió a recibir el título de Dama del Imperio Británico en 2018, combinado con unas Stan Smith blancas que resumían a la perfección su filosofía estética. WPA Pool (Getty Images) 

6. Tal es su aversión a los tacones —“¿Por qué los llevamos con el daño que hacen? No tiene ningún sentido, parad”, afirmó en una ocasión— que incluso decidió aparecer descalza sobre el escenario de los Globos de Oro de 2014 para entregar el premio a mejor guion. Con los 'stilettos' en una mano y un Martini en la otra, protagonizó uno de los momentos más recordados de la historia de los galardones. “Quiero que sepáis una cosa: ¿veis este color? Es mi sangre”, dijo entonces, en referencia a la icónica suela roja de los Louboutin. Larry Busacca/NBCUniversal (NBC) 

7. En su lucha contra el escrutinio constante al que se somete la apariencia de las mujeres, Thompson ha recordado en varias ocasiones un episodio vivido en su primera alfombra roja de los Oscar, en 1993. “Una periodista de moda, al pasar a mi lado, dijo: ‘Que Dios la bendiga, siempre parece desaliñada con todo lo que se pone’. ¡Y eso que me había esforzado! Desde entonces lo llevo como una medalla de honor”, contó al 'Daily Mail'. Aquel año se alzó con el Oscar a la mejor actriz por 'Regreso a Howard’s End'. Ron Galella, Ltd. (Ron Galella Collection via Getty) 


 8. A comienzos de los noventa, Emma Thompson formó junto a Kenneth Branagh la “pareja real” más emblemática del Reino Unido sin necesidad de tener la sangre azul. Ken y Em, como los bautizó la prensa, se conocieron rodando una miniserie para la BBC y durante años encarnaron una combinación perfecta de talento, popularidad e intelectualidad. En 1995 anunciaron su divorcio tras seis años de matrimonio. Aunque entonces se habló de agendas incompatibles, más tarde se supo que la ruptura estuvo marcada por una infidelidad de Branagh con Helena Bonham Carter durante el rodaje de 'Frankenstein'. “Ken me rompió el corazón”, declaró Thompson en 2018, explicando que para rodar la célebre escena de 'Love Actually' en la que su personaje descubre una traición se inspiró en su propia experiencia: “Sabía muy bien lo que se siente cuando descubres que el collar que tu marido ha comprado para Navidad no es para ti. No fue exactamente lo que me pasó a mí, pero todos hemos estado ahí”. Ron Galella (Ron Galella Collection via GETTY



9. La actriz no tardó en recomponerse. Tras pasar meses “deprimida y arrastrándose en camisón al ordenador” para escribir el guion de 'Sentido y sensibilidad', recuperó la ilusión durante el rodaje de la adaptación de Jane Austen. Allí se enamoró de su compañero de reparto Greg Wise, con quien se casó en 2003 y con quien comparte dos hijos: Gaia y Tindyebwa, un niño soldado que perdió a su familia durante el genocidio de Ruanda y al que adoptaron con 15 años. La responsable de propiciar aquel encuentro fue Kate Winslet, quien le aseguró a Wise que ambos estaban hechos el uno para el otro. En la imagen, la familia posando en 2018. WPA Pool (Getty Images) 


10.  En 2022, la londinense volvió a generar titulares tras el discurso que pronunció en la sala de prensa del Festival de Berlín, donde aseguró que “a las mujeres se nos ha lavado el cerebro toda la vida para que odiemos nuestros cuerpos”. La reflexión acompañaba al estreno de 'Buena suerte, Leo Grande', en la que interpretaba a una profesora jubilada que, tras enviudar, contrata a un trabajador sexual para explorar un deseo y una relación con su cuerpo que su matrimonio le había negado. Especial repercusión tuvo una escena —“lo más difícil que he hecho nunca”, según narró ella misma— en la que se mira desnuda frente al espejo, sin artificios ni retoques digitales. “Todo lo que nos rodea nos recuerda lo imperfectas que somos: todo está mal con nosotras y debemos mostrarnos de una determinada manera”, añadió Thompson, que ha reconocido haber perdido papeles por no estar lo suficientemente delgada. 



11. La crítica ha vuelto a rendirse ante su trabajo en 'El misterio de Cemetery Road' (Apple TV), donde interpreta a una investigadora privada que es reclamada por una vecina, encarnada por Ruth Wilson, para desentrañar una conspiración que arranca con la desaparición de una niña en un apacible barrio de Oxford. Según Laura Fernández en 'El País', Thompson está “brillante, soberbia, la mejor detective privada en décadas”. La serie ya prepara su segunda temporada. En la imagen, en los Bafta de 2023. Stephane Cardinale - Corbis (Corbis via Getty Images) 




12. Cambio climático, tráfico de personas, igualdad de género, MeToo… Más allá de la interpretación, Thompson se ha convertido en una de las voces más combativas y visibles del activismo dentro de la industria cinematográfica. Ha participado en dos expediciones al Ártico y ha financiado la creación de Activate Collective, una organización destinada a ayudar a mujeres de todo tipo de orígenes a acceder a la política. “Sabía que algún día tendría que ver a hombres poderosos incendiar el mundo… lo que no esperaba es que fueran tan perdedores”, afirmó recientemente, parafraseando a la escritora Rebecca Shaw. En la imagen en 2019 apoyando en Londres una protesta de Extinction Rebellion. TOLGA AKMEN (AFP via Getty Images) 




13. Hace unos meses compartió pantalla por primera vez con su hija Gaia, de 26 años, en el thriller 'Dead of Winter', donde interpreta una versión más joven del personaje de su madre. Gaia ha iniciado recientemente su carrera como actriz tras pasar varios años en tratamiento contra la anorexia, un trastorno que apareció en plena adolescencia y la dejó tan debilitada que apenas podía sentarse sin sentir dolor. Finalmente ingresó en un centro de rehabilitación y ha agradecido públicamente el apoyo de sus padres por “haberle salvado la vida”. Hoda Davaine (WireImage) 



14.  Thompson lució su condecoración de Dama del Imperio Británico en la coronación del rey Carlos III y la reina Camila en la abadía de Westminster en 2022. La intérprete apostó por un 'look' que equilibraba solemnidad y personalidad con un abrigo estampado de flores en tonos rojo y negro de Emilia Wickstead sobre un vestido negro hasta la rodilla y complementado con zapatos negros —esta vez sí— de tacón. WPA Pool (Getty Images) 

 Sobre la firma Carlos Megía 


viernes, 9 de enero de 2026

Joseph E. Stiglitz y «la buena nueva» del desarrollo latinoamericano

Moneda de curso común en América Latina es la recepción mecánica y acrítica de algún académico o economista proveniente de Europa y, particularmente, de los Estados Unidos.

Gobernantes, funcionarios, asesores, consultores, activistas de ONG, empresarios, editores, audiencias masivas e, incluso, estudiantes y académicos universitarios suelen, no pocas veces, caer seducidos ante la perorata de algún vendedor de ilusiones que, desde el norte del mundo, pretende desvelar los misterios del subdesarrollo latinoamericano y de las paradojas políticas de la región.

No son pocos los nombres: Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Albert Noguera Fernández, Marco Aparicio Wilhelmi, José María Guijarro, Antoni Gutiérrez-Rubí, Alfredo Serrano Mancilla, Éric Toussaint, Henry Veltmeyer, François Houtart, Heinz Dieterich, Alex Salmond, Boaventura de Sousa Santos, entre otros de signo progresista e incluso radicados por largo tiempo en países latinoamericanos. Vinculados a otros espectros ideológicos destacan personajes como Jeffrey D. Sachs, Paul Krugman, Dani Rodrik, Ha-Joon Chang, Richard Layard, Mariana Mazzucato, Daniel Lacalle, Lawrence Summers, Juan Ramón Rallo, David McWilliams, Xavier Sala-i-Martin, Judith Butler, Yanis Varoufakis y, por supuesto, Joseph E. Stiglitz. Estos nombres evidencian una propensión al escapismo psicológico por parte de las élites políticas, empresariales y académicas latinoamericanas, así como una negación por parte de estos grupos sociales locales a pensar el desarrollo con cabeza propia.

Como activistas y propagandistas de ciertas ideas e ideologías relacionadas con los problemas públicos, sean estos económicos, políticos, educativos o propios de las relaciones internacionales, sus plataformas de difusión son también vastas: desde cátedras en universidades, foros académicos como congresos y simposios, editoriales que publican sus libros y testimonios, hasta conferencias magistrales ante audiencias variadas, programas de radio, cápsulas de podcast, mesas redondas y paneles de análisis en televisión o en las redes sociodigitales, columnas de opinión en diarios y revistas de divulgación, entre otros. Desde esos púlpitos construyen y difunden significaciones en torno al diseño y ejercicio de políticas públicas, los procesos de democratización en las sociedades nacionales, la comunicación política, los desafíos de la economía mundial, las contradicciones geopolíticas, los procesos de integración económica, el estado y futuro de los organismos internacionales, entre otros temas más.

Joseph Eugene Stiglitz es uno de esos peculiares economistas que gozan de amplias audiencias y lectores en prácticamente todo el mundo. Nacido en Gary, Indiana en 1943, académico de la Universidad de Columbia, Presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de los Estados Unidos durante el primer mandato de Bill Clinton, Primer Vicepresidente y Economista Jefe del Banco Mundial, y colaborador en el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Peculiar su pensamiento porque pese a desempeñar estos cargos en el establishment, al pertenecer a la academia de universidades estadounidenses ampliamente influyentes y a ser un representante –a través de la llamada economía de la información– de la corriente principal de la teoría económica convencional que se enseña en un sinfín de universidades, desliza ante sus lectores y audiencias una postura progresista y hasta crítica en torno a la gestión o no de la economía mundial. Difusor de una globalización con rostro humano o de un capitalismo progresista, e incluso de ideas como las de un Consenso Post-Washington, Stiglitz se presenta como un reivindicador de las tesis keynesianas y como una alternativa al monoteísmo de mercado que arraigó desde finales de los años ochenta bajo el imperativo friedmaniano de la libertad de elegir.

Con la noción de capitalismo progresista (https://shre.ink/odMB), Stiglitz aboga por posicionar el poder del mercado al servicio de los ciudadanos y de la mejora de sus ingresos. Retóricamente, el economista laureado con el Premio Nobel en el año 2001 introduce la noción de desigualdad acotada a la distribución del ingreso y de la riqueza, pero sin referir un mínimo análisis y cuestionamiento a la estructura asimétrica y polarizada del capitalismo y a sus relaciones de explotación que son el telón de fondo que originan esa desigualdad social e internacional. A lo sumo, respecto a la carrera desbocada por crear y acumular riqueza, habla del abuso del poder de mercado, de la captación de rentas o de las ventajas que brinda la posesión asimétrica o imperfecta de la información.

Su crítica al modelo económico imperante desde los años ochenta del siglo XX se centra en la desregulación de los mercados bancario/financieros, al papel errático de organismos como el Fondo Monetario Internacional, así como en el creciente poder de mercado concentrado por las grandes corporaciones y los oligopolios. En general, se opone a la ideología fundada en un mercado sin restricciones o regulaciones; de ahí que aboga con ingenuidad para que se adopten leyes antimonopolio, los agentes financieros y los bancos rindan cuentas y que “los mercados, en general, se pongan al servicio de la sociedad”. De ahí que sea posible argumentar, muy a contracorriente de la postura de Stiglitz (https://shre.ink/odev), que el capitalismo progresista sí es un oxímoron.

Además de criticar la noción de libertad y elección individual difundidas por libertarios como Friedrich August von Hayek y Milton Friedman, Stiglitz cuestiona las políticas que restringen el poder del Estado. En suma, Stiglitz, a lo largo de su obra e incursiones públicas, aboga por una mayor acción colectiva para afianzar la gobernanza de la economía global a partir de la coordinación entre el Estado y el mercado. Sin embargo, la noción de libertad del nacido en Indiana no se extiende al campo laboral y a las relaciones de producción, las ignora totalmente.

Poco distan estas posturas de muchas otras que desde una raigambre teórica profunda se estudian en lo más fecundo y fértil de las ciencias sociales latinoamericanas y de su pensamiento crítico. Múltiples economistas abogan por la reivindicación de tesis de corte neokeynesiano para retomar la senda del crecimiento económico sobre bases duraderas. Sin embargo, no pocos gobiernos y empresarios de la región ignoran estas posturas y las hacen pasar como desapercibidas.

Las simpatías políticas de Stiglitz son evidentes: proclive a las administraciones demócratas de los Estados Unidos y a las élites globalistas que impusieron hace cuarenta años el mismo modelo económico rentista y concentrador de la riqueza que el Premio Nobel critica. Por el contrario, son evidentes sus antipatías respecto al nacionalismo populista encabezado por Donald J. Trump (https://shre.ink/odSd). Sus simpatías también se extienden a varios de los llamados gobiernos progresistas instaurados en América Latina durante distintos ciclos políticos desde 1999, sin reconocer el propio Stiglitz las contradicciones de estas élites políticas y de sus modelos económicos fundamentados en la reprimarización de las economías, en la exportación de commodities y en la perpetuación de las condiciones de desigualdad a lo largo y ancho de la región. El último gesto respecto a estas élites políticas latinoamericanas lo evidenció Stiglitz en su abierto respaldo al grupo Democracia Siempre, que reúne a los mandatarios de Chile, Brasil, Colombia, Uruguay, España, entre otros de la Unión Europea (https://shre.ink/odqO), en aras de formar de un frente contra lo que se denomina como la ultraderecha.

La cortedad de miras en la perspectiva de Joseph Stiglitz respecto a América Latina es directamente proporcional a la miopía de la corriente teórica a la cual pertenece. Sin dotarse del suficiente trabajo empírico y sin el conocimiento profundo de las realidades y diversidades latinoamericanas, se torna incapaz de comprender las estructuras profundas del subdesarrollo latinoamericano y la misma construcción histórica de los Estados y sus instituciones, la estructura de clases sociales y la correlación de fuerzas en la región. Con amplia seguridad, los datos de que dispone para sus análisis son solo aquellos provenientes de las bases estadísticas de organismos internacionales. De ahí que sus recomendaciones de política económica sean, por decir lo menos, superficiales y apenas cosméticas para el grado que alcanzan las contradicciones del capitalismo en América Latina y los flagelos sociales que acelera su patrón de acumulación rentista, neoextractivista, maquilador y primario/exportador.

Stiglitz se erige en una especie de gurú que esboza apreciaciones y pronósticos sobre la situación de la economía mundial. Y ello le trajo no pocos equívocos y diferencias en América Latina, como cuando habló de un “milagro económico argentino” tras la recuperación económica del país luego de la pandemia del Covid-19, omitiendo especialmente el tema de la inflación galopante y la caída de las reservas internacionales, así como el incremento de la pobreza y de la informalidad laboral en el país austral (https://shre.ink/odAB). En efecto, la economía argentina se recuperó hacia el 2022, pero como resultado de actividades y sectores económicos que estuvieron confinados durante la crisis epidemiológica global. Entonces, los comentarios errados de Stiglitz son más atribuibles a una simpatía por gobiernos y economistas apegados a una ideología progresista que por contar con las bases empíricas para sustentarlos.

Cabe puntualizar que lo anterior evidencia una postración de las élites latinoamericanas ante un sinfín de propagandistas que desde distintas partes del norte del mundo desfilan por los auditorios, salas de conferencias, salones de capacitación de funcionarios nacionales y aulas de universidades. Evidencia también el extravío para pensar el desarrollo con cabeza propia y a partir de la recuperación del pensamiento social, económico y filosófico de raigambre latinoamericana. Lo cual no supone ignorar las posturas teórico/ideológicas de los gurús visitantes, sino dialogar con ellos de manera multidireccional, crítica y creativa, sin caer en la tentación de incorporar de manera mecánica sus posturas no pocas veces infundadas, descontextualizadas y apegadas a realidades distintas y distantes de las latinoamericanas.

Isaac Enríquez Pérez. Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro «La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos»

Twitter: @isaacepunam

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jueves, 8 de enero de 2026

La fascinante historia del ajo (y cuáles son sus propiedades medicinales)

El ajo ha sido preciado durante miles de años, no sólo por su intenso e inconfundible sabor, sino también por sus propiedades medicinales. Conocido por sus efectos antimicrobianos y antivirales, el ajo ha sido desde hace mucho un producto esencial tanto en las cocinas como con los remedios tradicionales. Originalmente oriundo de Asia Central, el ajo se extendió a Europa y Estados Unidos con las poblaciones migrantes. Hoy día, China es el mayor productor mundial de ajo. El programa Food Chain del Servicio Mundial de la BBC exploró la rica historia del ajo, su significado cultural, y planteó un interrogante: ¿es el ajo realmente beneficioso para nosotros? Imprescindible en la cocina Un cuchillo de carnicero con un mango negro puesto al lado de tres cabezas de ajo y un pollo crudo sobre una tabla Fuente de la imagen,AFP via Getty Images Pie de foto,Hoy en día el ajo se consume ampliamente a través de países y culturas. El ajo es esencial en innumerables cocinas. El chef danés Poul Erik Jenson, que enseña a estudiantes de EE.UU., Australia, Reino Unido y Asia en su Escuela de Gastronomía Francesa en el noroccidente de Francia, asegura que nunca ha conocido a un estudiante que no esté familiarizado con el ajo. Piensa que el ajo eleva dramáticamente la comida y se pregunta qué sería de la cocina francesa sin éste. "No creo que ellos [los franceses] pudieran imaginar un plato salado sin ajo", afirma. "Desde los caldos hasta las sopas, y en platos de verduras o carnes, definitivamente hay un diente de ajo en alguna parte. Es inimaginable no usarlo". Sin embargo, cuando se estaba criando en una región rural de Dinamarca a comienzos de la década de 1970, el ajo era virtualmente desconocido. Recuerda que el ajo se destacaba por su olor fuerte, pero luego los trabajadores turcos empezaron a migrar a Dinamarca, haciendo que la preparación de comidas con ajo fuera una experiencia más común. Jenson también se acostumbró al ajo a través de las pizzas italianas, y actualmente se beneficia además de este como un remedio de invierno. "Mi pareja y yo bebemos una taza de caldo en la mañana con una cabeza entera de ajo exprimida en cada taza", afirma. "No hemos tenido un solo resfriado o gripe grave, y estoy seguro que es gracias al ajo". Una larga travesía Un hombre con un guante negro sostiene dos cabezas de ajo en su mano derecha Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,Poblaciones migrantes llevaron el ajo a sitios nuevos durante el siglo XX. El significado cultural y espiritual del ajo abarca milenios. Los antiguos griegos dejaban ajos en el cruce de caminos como ofrendas a Hécate, la diosa de hechizos y protectora de los hogares. En Egipto, se encontró ajo en la tumba del famoso faraón Tutankamón, que se creía que lo protegería en el más allá. En el folclore chino y filipino, hay leyendas de personas usando ajo para ahuyentar vampiros. "La receta más vieja del mundo es un guiso mesopotámico, de unos 3.500 años de antigüedad, y contiene dos dientes de ajo", comenta Robin Cherry, autora del libro "Ajo: una biografía comestible". "La mención más antigua [de ajo] también es de hace unos 3.500 años. Se llama el papiro de Ebers, y tenía muchas menciones de cómo usar el ajo para curarlo todo desde el malestar hasta los parásitos y problemas cardíacos o respiratorios", expresa. Cherry señala que el antiguo galeno y filósofo griego Hipócrates usó ajo en una variedad de tratamientos médicos. Además, destacados pensadores y escritores como Aristóteles y Aristófanes también se refirieron a las propiedades medicinales del ajo. De comida de esclavos a platos de la realeza Una gran pizza redonda con salsa de tomate, ajo fresco, chiles, queso y aceite de olivaFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,El ajo es integral en muchos de nuestros platos favoritos como la pizza. El ajo fue ampliamente popular en la antigua Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma, China e India. Los soldados romanos creían que el ajo les infundía valor y fuerza, y lo propagaron a través de Europa durante sus conquistas. Aunque el ajo se usó tanto como alimento y como medicamento, en una época su uso culinario estuvo limitado a las clases bajas. "Realmente era un alimento para la gente pobre", continúa Robin Cherry. "Se suponía que daba fuerza a personas como los esclavos que construían las pirámides en Egipto, o a los marineros romanos. Era barato, podía ocultar el mal sabor de la comida rancia. Así que se veía como algo que sólo los pobres comían". La reputación del ajo empezó a cambiar durante el Renacimiento, un período crucial en la historia europea entre los siglos XIV y XVI, caracterizado por el resurgimiento de la enseñanza clásica, y un florecimiento de las artes y las ciencias. "Enrique IV de Francia fue bautizado con ajo y comió mucho de éste, y eso lo volvió popular", cuenta Cherry, añadiendo que el ajo también ganó popularidad en la Inglaterra victoriana en el siglo XIX. El ajo llegó a Estados Unidos mucho más tarde, en los 50 y 60 del siglo pasado, llevado por los migrantes. Eso ayudó a revertir estereotipos negativos. "De hecho, el ajo se usaba en un sentido muy despectivo contra judíos, italianos y coreanos. Se les llamaba comedores de ajo, y eso tenía una connotación negativa", señala Robin Cherry. Ajo como medicina Botellas amarillas y verdes que contienen aceite de ajo y cápsulas con extracto de ajo en un estante Fuente de la imagen,AFP via Getty Images Pie de foto,El ajo se usa por sus propiedades medicinales. Actualmente, hay unas 600 variedades de ajo en todo el mundo. Unos, como los de Uzbekistán, en Asia Central, y Georgia, en el Cáucaso, solo recientemente acaban de estar disponibles globalmente. Más allá de su destacado papel en las cocinas modernas, se usa comúnmente para tratar o reducir los síntomas del resfriado. Pruebas clínicas han explorado sus efectos sobre la presión arterial, el colesterol, y hasta el cáncer, pero los resultados han sido mixtos. Un pequeño estudio en Irán encontró que ajo con jugo de limón ayudó a reducir el colesterol y la presión arterial en seis meses. Sin embargo, un estudio mayor realizado en la Universidad de Stanford, en EE.UU., con 200 individuos saludables durante seis meses no encontró reducciones significativas de colesterol. Un montón de cabezas de ajoFuente de la imagen,Press Association Pie de foto,Consumir ajo con el estómago vacío puede producir malestar gastrointestinal, ventosidades y cambios en a flora intestinal. Un estudio de 2014 realizado en la Universidad de Sídney, en Australia, confirmó las fuertes propiedades antimicrobianas, antivirales y antimicóticas del ajo. "El ajo contiene niveles altos de potasio, fósforo, cinc y azufre, y cantidades moderadas de magnesio, manganeso y hierro. Es como un vegetal milagroso", asegura Bahee Van de Bor, portavoz del la Asociación Dietética Británica y una dietista pediátrica. "Posee unos encantadores compuestos que contienen azufre llamados alicinas. Es rico en fibras prebióticas, que les caen muy bien a los intestinos, así que es fabuloso para nuestra salud digestiva. También tiene unas propiedades antimicrobianas", dice, complementando que la fibra del ajo ayuda a nutrir las bacterias digestivas y puede ayudar contra el estreñimiento y la hinchazón. Consumir uno o dos dientes de ajo crudo al día se considera sano para adultos. Sin embargo, según un artículo publicado en la revista clínica American Family Physician, el exceso de consumo, especialmente con un estómago vacío, puede causar molestias gastrointestinales, ventosidades y cambios en la flora intestinal.

miércoles, 7 de enero de 2026

Industria de la desinformación Atlas Network: la desinformación como arma neoliberal

La organización, fundada en 1981, cuenta con 589 ‘think tanks’ en 103 países que financian el odio y los bulos de la extrema derecha. El objetivo: proteger los privilegios de los dueños del capital El pasado 10 de octubre, el Comité Noruego decidió otorgar el Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado. En pleno ascenso global de las extremas derechas, uno de los galardones con mayor prestigio a nivel planetario, que teóricamente reconoce a personas que luchan por los derechos humanos y la democracia, ha recaído en una figura de referencia dentro de la monstruosa industria de la desinformación que promueve los nuevos fascismos. Venezuela, el país de la opositora Machado, es uno de los juguetes predilectos de la internacional reaccionaria a la hora de intoxicar la conversación pública. Actores de uno y otro lado del Atlántico manosean la política venezolana para adaptarla a sus narrativas. En España, por ejemplo, fue clave en la guerra sucia contra Podemos: desde la fabricación de bulos a nivel mediático hasta la construcción de casos judiciales falsos, incluyendo la extorsión a personas relacionadas con instituciones del país latinoamericano. El papel de la flamante Nobel de la Paz en la política de injerencia de EEUU sobre Caracas conduce a uno de los mayores núcleos irradiadores de financiación, ideas y músculo de la industria de la desinformación: Atlas Network. A la cabeza de la colonización neoliberal Fundada en 1981 por Antony Fisher, observar la evolución de Atlas Network hasta convertirse en el gigante transnacional que es a día de hoy y entender su influencia en la ofensiva antidemocrática supone desvelar la última de las capas tras la que se ocultan quienes alimentan a los Trump, Orbán, Abascal o Ayuso. En el fondo, “la verdad”, “la patria”, “la familia” o, por antonomasia, “la libertad” que dicen defender estos personajes políticos no son más que significantes vacíos con los que los grandes dueños del capital que financian a Atlas Network justifican las barbaridades cometidas en defensa de sus crecientes privilegios. Fisher, que había fundado en los cincuenta en Londres el Institute of Economic Affairs (IEA), fue una figura clave en la instauración en Reino Unido de la ideología neoliberal. Con la victoria de Margaret Thatcher en 1979, el neoliberalismo pasó de corriente de pensamiento económico a cosmovisión hegemónica por la vía de la imposición dogmática. “No hay alternativa”, llegaría a decir la entonces primera ministra británica. Era el tiempo del “fin de la historia”; con el capitalismo en su último estadio, emancipado ya del control estatal, se había llegado a la casilla final, y a partir de ahí solo quedaba contemplar cómo el mercado iba absorbiéndolo todo. Era lo deseable, nuestro destino como sociedad humana. Fisher fue una figura clave en la instauración en Reino Unido de la ideología neoliberal Atlas Network nace, en ese contexto, con un objetivo muy marcado: inocular la doctrina neoliberal no como un tipo de organización socioeconómica –entre otras igual de válidas–, sino como una racionalidad en sí misma, capaz de moldear la forma en la que las personas perciben e interpretan el mundo. Lograrlo exigía despolitizar conceptos como el libre mercado, la privatización o la desregulación, desligar su significado de ciertos intereses muy concretos y presentarlos, en cambio, como verdades irrefutables. El instrumento elegido para tal propósito fue lo que los investigadores Marie-Laure Djelic y Reza Mousavi llaman “think tank neoliberal”. Con la ayuda de los padres del neoliberalismo, Friedrich von Hayek y Milton Friedman –fundadores de la Mont Pelerin Society, clave en el germen de Atlas Network, y cabezas visibles de las escuelas austríaca y de Chicago–, así como de Thatcher y de generosas donaciones privadas, Atlas Network –llamada en un primer momento Atlas Economic Research Foundation– echó a andar en San Francisco, con un presupuesto anual que rondaba los 150.000 dólares para actuar como impulsor de think tanks neoliberales en todo el mundo. La llegada de Ronald Reagan al gobierno en enero de aquel 1981, así como la participación de enormes fundaciones ultraconservadoras estadounidenses como Heritage en la puesta en marcha de Atlas, hacían de EEUU el lugar perfecto para su establecimiento. Al fin y al cabo, se trata de la cuna del imperialismo capitalista. En 2023, y según el reporte anual de la propia organización, Atlas Network contaba ya con un presupuesto de 28 millones de dólares y su red de think tanks sumaba 589 entidades en 103 países diferentes. Los métodos utilizados por estas instituciones de adoctrinamiento van desde la organización de eventos, en los que la red se refuerza y expande, hasta la creación de centros educativos para inocular la ideología ultraliberal a las generaciones más jóvenes, pasando por estrategias más heterodoxas como la formación de los Cuerpos Internacionales de la Libertad de Atlas en 2003, cuya tarea consiste en rastrear el mundo en busca de candidatos a líderes de laboratorios de ideas. Simplificando, el objetivo siempre ha sido verter doctrina neoliberal desde el máximo número de lugares posibles, haciéndola pasar por expertise independiente o incluso por hipótesis de aspecto científico, gracias a los esfuerzos depositados en el ámbito académico. Atlas Network – EEUU, dupla golpista Los orígenes políticos de la mencionada María Corina Machado son perfectos para entender la dinámica de retroalimentación entre Atlas Network y los EEUU, y cómo impactan los tentáculos de la red de think tanks en aquellos lugares que pretenden salir del radio de acción imperialista estadounidense. La década de los 2000 comenzó en Venezuela con la reelección de Hugo Chávez. En su itinerario político, de corte socialista, destacaba la intención de terminar con la fuga de capitales que, procedentes de la vasta riqueza del territorio nacional, beneficiaban más a corporaciones privadas extranjeras que a la propia sociedad venezolana. Una de las empresas con mayor presencia en este sangrado colonial era la petrolera Exxon, radicada en EEUU y con un papel destacado en la financiación de Atlas Network. Es ahí donde la rueda empieza a girar. El Gobierno de Chávez pretendía no solo reducir los beneficios de uno de los financiadores de Atlas, sino impugnar con sus acciones el consenso neoliberal. Para la operación de desestabilización, la red contaba con Cedice, un think tank venezolano enlistado en las filas de Atlas Network. Bien regado de financiación estadounidense a través del Fondo Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés), Cedice encabezó iniciativas de todo tipo en oposición a Chávez, e incluso Rocío Guijarro, su presidenta, firmó el decreto con el que pretendía consolidarse el golpe de Estado de abril de 2002. El nombre de María Corina Machado aparece entre los asistentes a la juramentación de la junta de gobierno del 12 de abril de 2002, fruto del golpe. Acudió en calidad de miembro de Cedice, pero pronto empezaría a destacar por sí misma. Documento de asistentes a la juramentación de la junta de gobierno celebrada tras el golpe de Estado contra Chávez de 2002. Al final se puede ver la firma de María Corina Machado. Documento de asistentes a la juramentación de la junta de gobierno celebrada tras el golpe de Estado contra Chávez de 2002. Al final se puede ver la firma de María Corina Machado. En julio de ese mismo año fundó la asociación civil Súmate, cuya actividad antichavista obtuvo desde el principio el respaldo estadounidense, también a través de la NED. Un documento de la propia agencia demuestra que Súmate recibió al menos 53.400 dólares directamente de la NED en el año 2003. Lista de organizaciones que recibieron financiación de la NED para el año 2003, en la que se encuentra Súmate. Lista de organizaciones que recibieron financiación de la NED para el año 2003, en la que se encuentra Súmate. Desde ese momento, Machado es una figura importante dentro del descomunal entramado de Atlas Network. Su nombre aparece en prácticamente cualquier campaña de desinformación destinada a desestabilizar la situación política en Venezuela: a cambio, Atlas la ha promocionado con fervor en sus eventos y publicaciones. La relación es explícita e innegable: en 2014, Machado agradeció directamente a Atlas Network su “apoyo e inspiración”; más recientemente, el 10 de octubre de 2025, la cuenta oficial de Atlas Network en X celebró el fallo del Nobel de la Paz y destacó la “larga relación profesional con Machado, que dio un discurso en la Freedom Dinner anual de la organización en 2009”. Atlas Network en la industria de la desinformación Desde el principio, la desinformación ha jugado un papel central en la actividad de Atlas Network. Para una organización tan íntimamente relacionada con las grandes corporaciones de combustibles fósiles, las décadas de los ochenta y noventa fueron un período convulso, dada la consolidación del movimiento ecologista. Además de Exxon, el imperio empresarial de los hermanos Koch –la segunda familia más rica de EEUU y otro de los financiadores más cercanos a Atlas Network– contaba con enormes inversiones en proyectos que estaban siendo cuestionados por su impacto ambiental. Y no eran las únicas corporaciones que alimentaban las cuentas de la red de think tanks. Desde el principio, la desinformación ha jugado un papel central en la actividad de Atlas Network Contaba con apenas unos años en funcionamiento, pero Atlas Network logró en aquel momento establecerse como núcleo de un conjunto de organizaciones dedicadas a expandir el negacionismo climático por todo el mundo. El medio de investigación DeSmog califica este entramado como un “complejo industrial anticiencia”. Atlas Network estaba poniendo en pie una suerte de protoindustria de la desinformación. Es posible encontrar casos de mentiras difundidas a nivel planetario años antes de que existiesen plataformas como Twitter, con la red Atlas involucrada. Seguramente el más paradigmático es el de las armas de destrucción masiva en Irak. Durante la comisión de investigación sobre el 11-S, una de las personas que lanzó la teoría que relacionaba dicho atentado con Irak fue Laurie Mylroie, perteneciente al think tank AEI de Atlas Network. A partir de ahí, numerosos miembros de AEI como Lynne Cheney, John Bolton o Michael Ledeen se sumaron a una campaña de desinformación que recorrería el mundo y terminaría resultando en la invasión de Irak. George Bush llegó a declarar: “Admiro mucho al AEI (…) Después de todo, con frecuencia me han prestado a su mejor gente”. La revolución que supusieron las redes sociales no hizo más que ofrecer una infinidad de posibilidades nuevas, y abundan los ejemplos contemporáneos que muestran cómo Atlas Network ha integrado en sus actividades antidemocráticas el potencial de las nuevas tecnologías de la comunicación. En noviembre de 2021, apenas unos días antes de las elecciones generales en Nicaragua, las tres redes con mayor impacto en la opinión pública –Instagram, Facebook y Twitter– suspendieron cientos de cuentas de medios de comunicación, periodistas y activistas destacados de la izquierda sandinista. La explicación –al menos para Instagram y Facebook– se expuso en un informe de la empresa matriz Meta encabezado por Ben Nimmo, en el que se acusaba sin pruebas a esos perfiles de ser falsos. Igual que María Corina Machado y prácticamente cualquier líder de estas campañas de guerra sucia, Nimmo aúna en su figura la influencia de la Administración de los EEUU y de Atlas Network. Fue jefe de investigaciones en Graphika, iniciativa financiada por el Departamento de Defensa estadounidense, y forma parte de Atlantic Council, think tank neoliberal que, solo entre los años 2022 y 2023, donó 537.750 dólares a Atlas Network. En la Unión Europea, la influencia de Atlas Network es también descomunal. Una investigación del Observatoire des multinationales ilustra hasta qué punto se ha infiltrado este enjambre de organizaciones en los lugares desde los que se diseñan las políticas públicas que rigen el mundo. ECIPE, uno de los más de medio millar de think tanks que conforman el entramado, actúa en Europa como instrumento de perpetuación del orden neoliberal, criticando con dureza cualquier iniciativa que impugne mínimamente la desregulación en favor de valores como la igualdad o la redistribución. A pesar de su marcado sesgo ideológico, Politico, medio de referencia en la esfera de toma de decisiones de la UE, se hace eco habitualmente de sus narrativas, presentándolas como procedentes de una fuente “independiente”. Más grave aún es que el propio Parlamento Europeo considere que las corrientes de opinión surgidas de ECIPE son “expertise independiente”, como afirma el mismo artículo. Epicenter, otra de las organizaciones de Atlas en Europa, publica un ránking de lo que denomina “Estados niñera” destinado a denunciar restricciones de las libertades de la ciudadanía. En esta clasificación se penalizan las regulaciones sobre el alcohol o el tabaco, un criterio que deja bien claro lo que estos think tanks entienden por “libertad”: la posibilidad de extraer beneficios económicos sin límites, incluso cuando está en riesgo la salud pública. De nuevo, se trata del entramado Atlas Network desinformando al servicio de los dueños del gran capital, que se niegan a renunciar a una ínfima parte de sus privilegios en pos de un mundo menos desigual. Lo demuestra un dato: Phillip Morris, la mayor corporación de tabaco del mundo, está ligada a Atlas desde los primeros pasos de la red; René Scull, exvicepresidente de la empresa, estuvo en el consejo de Atlas Network, y hay documentada una donación de casi medio millón de dólares por parte de Philip Morris en 1995. En 2023, Epicenter se jactó de haber alcanzado a 250 millones de personas gracias a que sus informaciones fueron mencionadas más de 300 veces en medios de comunicación europeos. Epicenter se jactó de haber alcanzado a 250 millones de personas En resumidas cuentas, Atlas Network tiene hoy la capacidad de imponer prácticamente cualquier narrativa en la agenda política, e incluso de dar forma a ese terreno intangible pero moldeable en el que se disputa el grueso de la batalla cultural conocido como “sentido común”. La sombra de Atlas Network en España En el Estado español es Vox quien mejor encarna la ofensiva reaccionaria que las élites neoliberales han puesto en marcha como mecanismo defensivo ante el resquebrajamiento del sistema capitalista, y a estas alturas no debería sorprender a nadie encontrar la huella de Atlas Network en el camino del partido ultra. Las conexiones se pueden hallar incluso antes de su entrada oficial en el panorama político. El germen de Vox se fraguó en la Fundación DENAES, creada y presidida por Santiago Abascal –donde compartía espacio con Javier Ortega-Smith o Iván Espinosa de los Monteros– hasta 2014. Durante aquellos años, Esperanza Aguirre mantuvo al hoy líder de Vox generosamente regado de financiación; por ejemplo, la Comunidad de Madrid le otorgó casi 300.000€ entre 2008 y 2012. Aquí, el vínculo con Atlas es doble: Aguirre formó parte del patronato de FAES, además de tener relación con la Fundación Civismo, ambas pertenecientes a la red de think tanks de Atlas Network. FAES, fundada por un José María Aznar íntimamente ligado con la red Atlas, contribuyó enormemente al lanzamiento de Vox. De entre sus filas salió quien llegaría a presidir Vox en sus primeros pasos, Alejo Vidal-Quadras. También de FAES procedía Rafael Bardají, responsable del exitoso giro de Vox en los últimos años hacia las estrategias desinformadoras diseñadas por Steve Bannon que hoy han “llenado de mierda” el ámbito político español. Una de las principales armas del partido es la Fundación Disenso, creada en 2020 y dirigida por Jorge Martín Frías, vinculado a la propia FAES y fundador de la Red Floridablanca, incluida en la lista de think tanks de Atlas Network. Y hay más: en Disenso trabajó también, como responsable de Relaciones Internacionales, el director de la antes mencionada Fundación Civismo, Juan Ángel Soto. La puesta en marcha –con Disenso como organización pantalla– del portal La Gaceta de la Iberosfera, fuente constante de bulos y discursos de odio, sitúa la estrategia de Vox muy en línea con la dinámica de Atlas Network en todo el mundo. Del binomio Vox-Disenso surge también el Foro Madrid, una cumbre internacional de las extremas derechas cuyo documento fundacional, la Carta de Madrid, atestigua con una claridad escalofriante la existencia de una red organizada que conforma el núcleo de la ofensiva fascista. Entre sus firmas se encuentra la de Alejandro Chafuen, exCEO y expresidente de Atlas Network; Roger Noriega, enlace del gobierno de EEUU con la industria de la desinformación; y golpistas profesionales como María Corina Machado o el boliviano Arturo Murillo. Para dar una idea más concreta de la capacidad de influencia de Atlas Network en la población española, basta con observar la relación entre el Instituto Atlántico de Gobierno, otra organización fundada por Aznar y perteneciente a la red Atlas, y la Universidad Francisco de Vitoria, propiedad de los Legionarios de Cristo. El convenio de colaboración que las une ejemplifica el éxito de la iniciativa puesta en marcha por Antony Fisher allá por 1981: más de 20.000 jóvenes –según datos de la propia Universidad– serán expuestos durante este curso a la doctrina neoliberal revestida de conocimiento académico. Comunicadores como Vicente Vallés, peón de la industria de la desinformación y presentador del informativo más visto en España, suelen ser invitados por el Instituto Atlántico a visitar al alumnado de la universidad ligada al fundador mexicano de los Legionarios, el pederasta en serie Marcial Maciel. Fuente: https://ctxt.es/es/20251101/Politica/50805/Diego-Delgado-Julian-Macias-Atlas-Network-industria-de-la-desinformacion-Vox-extrema-derecha-think-tanks-EEUU.htm