miércoles, 16 de septiembre de 2026

Quiero que llegue septiembre

Descubrir nuevos conocimientos, explorar nuevas realidades, responderse a nuevas preguntas de las manos de apasionados e inteligentes profesores y al lado de compañeros intelectualmente inquietos tendría que ser un placer.
Todos los años, cuando llegan estas fechas, dedico un artículo a dar la bienvenida al nuevo curso escolar. Es un gran acontecimiento. Habituados a esta realidad no valoramos la importancia que tiene. Se trata de un acontecimiento impresionante. La maquinaria del sistema educativo, desde la educación infantil hasta la de adultos, pasando por la Universidad, se pone en marcha en todo el país movilizando una legión de alumnos y de profesores para iniciar un sinnúmero de experiencias de enseñanza y aprendizaje. Ya expliqué en este mismo espacio que la revista portuguesa A Página da Educaçâo, en la que escribo desde hace muchos años, está trabajando para que la Unesco declare la relación profesor/alumno patrimonio común de la humanidad.

Pues bien, esa relación salvífica se reactiva en cada institución del país, generando procesos de aprendizaje que mejoran a las personas y a la sociedad. Una relación no tan asimétrica, a mi juicio, como muchas veces se piensa. No es una relación en la que uno da y el otro recibe sino en la que los dos dan y los dos reciben. Siempre me he alegrado de haberle dado a mi primer libro un título que define, a mi juicio, la simetría de la relación: ‘Yo te educo, tú me educas’. Este libro se tradujo al portugués con el título. ‘Pedagogía da libertaçâo. Crónica sentimental de una experiencia’. Yo no lo hubiera cambiado si no hubiera insistido tanto el editor.

Hace unos años propuse en este mismo espacio que de la misma manera que celebramos la fiesta de Año Nuevo, deberíamos celebrar la fiesta de Curso Nuevo. Con más motivo. El Año Nuevo celebramos el paso de un año a otro, nada especial ya que nada trascendental sucede más que el paso del tiempo. El Curso Nuevo, por contra, pone en marcha millones de experiencias maravillosas de aprendizaje, millones de iniciativas y proyectos innovadores, millones de relaciones de amor, millones de ilusiones que son fuente de optimismo y esperanza para las personas y para la sociedad… Es en estos procesos donde mejora el mundo, donde se aprende a pensar (no qué pensar) donde se aprende a descifrar la realidad, donde se pasa de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica, como decía Paulo Freire, donde se fragua la paz, donde la solidaridad se acrisola, donde se aprende a convivir con quienes son diferentes, donde se entiende que los seres humanos tienen una dignidad esencial por el hecho de ser seres humanos…

Una legión de profesionales (docentes, directivos, orientadores, terapeutas, psicólogos, logopedas, inspectores, periodistas, consejeros, cargos ministeriales…) ponen sus saberes al servicio del desarrollo de este gigantesco proyecto nacional. Además, otra legión de personas (cocineros, señoras de la limpieza, conductores de autobuses escolares, conserjes, porteros, vigilantes…) colaboran de forma imprescindible para que toda la maquinaria funcione como un engranaje perfecto. Y, sobre todo, millones de escolares y de familias llegan a las instituciones educativas para participar activamente en ese proyecto salvador. En el año 2010 publiqué un libro en la Editorial Homo Sapiens titulado ‘Pasión por la escuela. Cartas a la comunidad educativa’. En él presenté 45 cartas a diversos tipos de alumnos y alumnas, de padres y madres de autoridades educativas, de otros agentes que colaboran con la escuela… Mi amigo Horacio Muros, director de una escuela argentina del Sosneado en la ciudad de San Rafael (Mendoza) de la que soy padrino pedagógico, llamó a su despacho a diversos destinatarios de mis cartas (un profesor novel, una docente que se jubila, un alumno desanimado, una madre inquieta, una señora de la limpieza…) para decirles que habían recibido una carta. Se la leía y les pedía su opinión sobre el contenido…

Los profesores y las profesoras tenemos una gran responsabilidad en ayudar a los alumnos y las alumnas a vivir esas experiencias con pasión. Y para ello es preciso que nosotros la vivamos. Creo que esta profesión no se puede desempeñar adecuadamente sin pasión. Hace algunos años una madre me escribió para decirme que estaba muy preocupada porque su hijo de diez años le había dicho algo inquietante:

Mamá, quiero ser viejo.

¿Por qué, hijo?

Porque no quiero ir a la escuela.

La madre me pedía alguna orientación o sugerencia sobre lo que podía hacer para solucionar el problema. Conversamos sobre el niño, sobre la escuela, sobre la historia escolar del niño y llegué a la conclusión de que el problema no estaba en el niño. Le sugerí a la madre que le cambiase de escuela. La madre siguió mi consejo. Pasaron algunas semanas y un viernes por la tarde la madre me llamó entusiasmada y me dijo:

Profesor, ¿sabe lo que me ha dicho mi hijo esta tarde?

No lo puedo imaginar.

Mamá, quiero que sea lunes.

El problema no estaba en el niño, el problema estaba en la escuela. En una escuela, con determinados maestros, el niño quería ser viejo para no ir a la escuela y en otra, con otros maestros, el niño quería que el día siguiente al viernes fuese lunes para ir a la escuela.

No quiero decir que el diagnóstico sea siempre el mismo. Habrá también, cómo no, problemas de actitud y de comportamiento de los alumnos y de las alumnas en aulas presididas por docentes comprometidos. Ahora bien, si nosotros, como profesionales, queremos hacerlo cada día mejor, tenemos que poner nuestras prácticas en tela de juicio todos los días.

Estaba cerrando el curso escolar pasado cuando, en pleno mes de julio, una vez finalizados los exámenes, mi hija Carla me dijo que deseaba que llegase el mes de septiembre. Me sorprendió, sí, pero también me alegró. Porque me vino a decir que le había gustado lo que había estudiado y aprendido durante el curso de Psicología y que le había alegrado comprobar que el esfuerzo realizado hubiese dado lugar a una cosecha de sobresalientes. Y, durante el verano, ha disfrutado de las vacaciones y no se las ha enturbiado el inexorable acercamiento del inicio de septiembre, cuyo séptimo día abre las puertas del nuevo curso universitario en Málaga.

Me gustaría que esta fuese la actitud habitual de los estudiantes. Porque aprender es apasionante. Porque descubrir nuevos conocimientos, explorar nuevas realidades, responderse a nuevas preguntas de las manos de apasionados e inteligentes profesores y al lado de compañeros intelectualmente inquietos tendría que ser un placer.

El ser humano está diseñado para explorar, para buscar, para aprender. El problema es que la enseñanza resulta muchas veces insufrible. Y lo es por muchos motivos: porque lo que se estudia tiene muy poco que ver con los intereses de los aprendices, porque los métodos de enseñanza son poco estimulantes, porque no despertamos en los aprendices la disposición emocional que es necesaria para que se produzca el aprendizaje. (Abro aquí un paréntesis para defender la importancia y la necesidad del esfuerzo. Lo que pasa es que el esfuerzo que se realiza por una causa que ilusiona, no es el mismo que el que se hace por una causa ingrata).

Un señor tenía un perro. El veterinario le había recetado unas dosis de aceite de bacalao. Todas las mañanas, el duelo se dirigía a la caseta del perro, le obligaba a salir por la fuerza, le arrastraba con la correa hacia una sala oscura, le metía por la fuerza la cabeza entre las piernas, le abría la boca por la fuerza y, con una cuchara, le introducía en la boca la dosis prescrita. Un día, mientras el dueño le sujetaba con fuerza para meterle en la boca la dosis con la cuchara, el perro se apartó bruscamente y el tarro que tenía el dueño sobre la rodilla, cayó al suelo y fue rodando hasta un extremo de la habitación. El perro se liberó del amo y fue corriendo a lamer el tarro. No es que no le gustase el aceite que le daba el amo, lo que no le gustaba era la forma con la que se lo daba.

Bienvenido el curso escolar. Mi enhorabuena y mi gratitud a todos los profesionales que dedican su vida a la tarea de la educación, una tarea intrínsecamente optimista porque parte de una tesis indiscutible: el ser humano puede aprender, el ser humano puede mejorar. La educabilidad se rompe en el momento que pensamos que el otro no puede aprender y que no podemos ayudarle a conseguirlo. Mi enhorabuena a ese ejército de salvación de la humanidad que es el profesorado. Dice Herbert Wells: «La historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe». Y nadie como el profesorado está del lado de la educación. Enseñar no es solo una forma de ganarse la vida; es sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros.

martes, 15 de septiembre de 2026

Un investigador cuestiona que el final de la Guerra Civil fuera en 1939: continuó fuera de las trincheras hasta 1945

Fuentes: Nova Ciencia


La Guerra Civil no terminó realmente en 1939 para quienes habían perdido la contienda. Para periodistas, escritores, caricaturistas y otros profesionales vinculados a las publicaciones republicanas, la llegada de la victoria franquista abrió una nueva etapa marcada por la persecución, los consejos de guerra y el intento de borrar del espacio público las voces que habían defendido a la República.

 


Esta es la tesis de partida de La colmena. La represión de periodistas y escritores (1939-1945), el nuevo libro del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, Juan A. Ríos Carratalá. La obra, coeditada por Renacimiento y la Universidad de Alicante, analiza un conjunto representativo de los consejos de guerra seguidos contra periodistas y escritores republicanos que fueron condenados por el supuesto delito de rebelión militar.

El volumen es el tercero de un proyecto mucho más amplio dedicado a reconstruir, caso por caso, la represión ejercida contra las letras republicanas durante los primeros años del franquismo.

Los escritores y periodistas también fueron perseguidos por sus palabras La investigación de Ríos Carratalá se adentra en los sumarios de los consejos de guerra para reconstruir qué ocurrió con quienes habían utilizado la libertad de expresión durante el periodo republicano.

Los documentos judiciales permiten observar cómo la represión no se limitó a quienes habían participado directamente en el conflicto armado. También alcanzó a profesionales de la prensa y de la cultura cuyas publicaciones, opiniones o actividad durante la República fueron utilizadas posteriormente para justificar su persecución.

“Los correspondientes sumarios muestran la voluntad de aniquilar al enemigo o buscar su muerte civil, así como el espanto de una farsa jurídica caracterizada por el cinismo y la mediocridad de unos vencedores ajenos a cualquier intento de reconciliación. La Ley de Memoria Democrática declaró estos consejos de guerra «ilegales e ilegítimos» y sus sentencias «radicalmente nulas»”, señala Ríos Carratalá.

La expresión “muerte civil” resulta especialmente significativa en este contexto. La represión no consistía únicamente en encarcelar o condenar a determinadas personas. También implicaba apartarlas de la vida pública, silenciar su obra y dificultar que sus nombres y sus textos permanecieran en la memoria colectiva.

Antonio Ríos Carratalá.


De la victoria militar a la persecución de las letras republicanas

El autor denomina este periodo “la Victoria”, un término que aparece en la documentación oficial de la época y que, según explica, puede resultar más preciso que el habitual concepto de “posguerra”.

La diferencia no es meramente terminológica. Su investigación parte de la idea de que, tras abril de 1939, la lógica represiva continuó desarrollándose bajo un estado de guerra vigente y con una mentalidad propia del conflicto. Ríos Carratalá sostiene que entre 1939 y 1945 se produjo una auténtica ofensiva contra las letras republicanas.

El propio título del libro, La colmena, alude a ese universo de periodistas y escritores que fueron sometidos a procesos judiciales y cuyas trayectorias quedaron condicionadas por la represión.

El catedrático resume así el periodo estudiado: “fue una etapa en la que las armas franquistas procuraron la erradicación de las letras republicanas, condenadas a perder la historia tras haber sido vencidas en la guerra”.

La investigación plantea, por tanto, que la derrota militar de la República no significó el final de la lucha por controlar la palabra, la memoria y la cultura.

Los consejos de guerra como herramienta de represión

Uno de los aspectos centrales del trabajo es el análisis de los consejos de guerra. Ríos Carratalá examina directamente los sumarios para reconstruir cómo se desarrollaron los procesos y qué argumentos se utilizaron para condenar a sus protagonistas.

La investigación se apoya así en documentación judicial de la época, lo que permite acercarse a la represión desde los propios expedientes en los que quedaron registrados los casos.

El proyecto incluye no solo a escritores y periodistas. También aparecen caricaturistas y cineastas que colaboraron en publicaciones periódicas durante la República, ampliando el retrato de quienes formaron parte del mundo cultural y periodístico perseguido tras la victoria franquista.

En total, la investigación que está desarrollando Ríos Carratalá se acerca ya a las 1.500 páginas, con el propósito de estudiar individualmente los sumarios protagonizados por estos profesionales.

El parte del 1 de abril de 1939, bajo la lupa

Uno de los elementos que el autor cuestiona es la propia idea de que la guerra había terminado completamente el 1 de abril de 1939. Según explica, el famoso parte que anunció oficialmente el final de la Guerra Civil constituye precisamente uno de los documentos que deben ser revisados desde la investigación histórica.

“Al iniciar el proyecto ignoraba su alcance en el marco de la amplia bibliografía sobre la represión franquista durante la Victoria. El término, presente en la documentación oficial de la época, tal vez debiera sustituir al de la posguerra porque esta actividad represiva se produjo bajo un estado de guerra vigente y con mentalidad propia de la misma. De hecho, el parte del 1 de abril de 1939 es uno de los primeros bulos del franquismo y, como tal, digno de un desmontaje mediante la tarea de investigación”.

Desde esta perspectiva, el final oficial de la guerra y el final de la violencia política no serían la misma cosa. La investigación pone el foco precisamente en esos años en los que el nuevo régimen utilizó los mecanismos de la justicia militar para perseguir a parte de quienes habían formado parte de la vida cultural y periodística republicana.

Una investigación en cuatro libros

La colmena continúa una investigación que Ríos Carratalá comenzó a desarrollar hace años y que terminará formando una tetralogía. El proyecto arrancó con Las armas contra las letras, publicado en 2023, después de Perder la guerra y la historia, de 2025. El cuarto y último volumen, Final de trayecto, ya está redactado y tiene prevista su publicación en 2027.

La nueva obra se suma además a otros trabajos del catedrático sobre la represión franquista ejercida contra las letras republicanas, entre ellos Nos vemos en Chicote, de 2015, y Los consejos de guerra de Miguel Hernández, publicado en 2022.

Con La colmena, el investigador vuelve a los documentos para reconstruir unas historias individuales que permiten observar desde dentro cómo la represión política alcanzó también a quienes habían hecho de la escritura, el periodismo o la creación cultural su forma de expresión.

El resultado es una investigación que no aborda únicamente qué ocurrió cuando terminó la Guerra Civil, sino una pregunta más incómoda: qué sucedió con las palabras de quienes habían perdido la guerra cuando comenzó la Victoria. 

Fuente: 

lunes, 14 de septiembre de 2026

La lección de las secuoyas

Bosque de secuoyas.

Bosque de secuoyas

No es la profundidad de la raíz aislada de una secuoya lo que la mantiene viva y firme sino la proximidad, la cercanía, la imbricación con otras raíces 

 Hace algunos años visité en Cabezón de la Sal (Cantabria) el Monumento Natural de las Secuoyas del Monte de las Navas, protegido desde 2003. Hay en él más de 800 secuoyas rojas de California (Sequoia sempervirens) Algunas alcanzan más de 40 metros. Se plantaron en 1940, inicialmente con finalidad maderera, pero nunca llegaron a talarse. La corteza rojiza de las secuoyas contrasta mucho con el verde y la humedad del paisaje cántabro. Fue impresionante pasear a la sombra de aquellos elevados y afilados árboles que apuntaban como flechas al cielo. Una belleza sobrecogedora.

Hay algo paradójico en este lugar: un bosque nacido de una política forestal de la España de la posguerra, vinculada a la autarquía y a la necesidad de producir maderera, terminó convirtiéndose décadas después en un espacio natural protegido y en uno de los paisajes más singulares de Cantabria. La sensación es casi la de encontrarse dentro de una catedral formada por árboles. Cuando uno entra en el bosque se produce un efecto particular: los troncos son altísimos, rectos y muy juntos y las copas quedan tan arriba que, desde el suelo, cuesta incluso verlas.

Lo que no sabía entonces (y que hace unos días me explicó mi querido amigo argentino Horacio Muros) es que las secuoyas, incluso las más altas del mundo, viven en una fragilidad que casi nadie imagina. Hyperion, el gigante de California, con sus 116,07 metros de altura, parece invencible, pero su raíz no es muy profunda: apenas unos escasísimos metros bajo tierra. No se sostiene por la fuerza individual sino por un fenómeno sabio y silencioso. Las secuoyas permanecen en pie porque se buscan entre ellas. Sus raíces, aunque cortas, se extienden hacia los costados y se entrelazan con las de las secuoyas vecinas. No se hunden de forma aislada, se abrazan. Se conectan. Se afirman unas a otras en una red que no se ve pero que sostiene bosques enteros.

Cuando el viento sopla fuerte, no es la raíz de una sola secuoya la que resiste, es la trama completa. Cada árbol sostiene a otro que también está intentando no caer. Cada gigante se apoya en otro gigante. Y en ese gesto mínimo, imperceptible desde la superficie, construyen una forma de resistencia que desafía durante siglos tormentas y vendavales.

No es la profundidad de la raíz aislada de una secuoya lo que la mantiene viva y firme sino la proximidad, la cercanía, la imbricación con otras raíces que multiplican su fuerza. Es la manera en que se buscan bajo la tierra, en que se entrelazan sin ruido y ostentación, en la que se vuelven columnas unas para otras. Y ahí aparece una verdad que la naturaleza repite sin cansarse: incluso lo más grande, incluso lo más fuerte, necesita del apoyo, del soporte, de la fuerza de otro para poder mantenerse y sobrevivir. Incluso los gigantes necesitan la red.

Voy a trasladar la lección de las secuoyas a tres ámbitos humanos. El primero es la política. ¿Cómo es posible que gobierno y oposición no entiendan que la actividad política es sólida y fructífera cuando se sustenta en la búsqueda compartida del bien de la ciudadanía? Cuesta comprender el comportamiento de la oposición que no dio un paso en la pandemia para que pudiéramos salir de aquel infierno. Ni una votación a favor de medidas urgentes y necesarias en las que nos jugábamos la supervivencia. En otros países no fue así. Recuerdo ahora vívidamente el caso de Portugal, cuando el jefe de la oposición le dijo en el parlamento al jefe de gobierno que contase con ellos incondicionalmente para salir de la crisis. Y lo hicieron. Lo mismo digo del Gobierno cuando no negocia (a veces ni informa) con la oposición las líneas maestras de la política exterior, por ejemplo. O cuando no pide el apoyo para oponerse a la imposición americana de aranceles que dañan la economía española. Y así sucesivamente.

Es lo que ha pasado también en la crisis de Ceuta: la oposición no ha ayudado a resolver un gravísimo problema que mantiene a miles de inmigrantes malviviendo en las calles y a los habitantes de la ciudad afligidos y atemorizados, sino que ha insultado, agredido, bloqueado, judicializado el caso, queriendo sacar rédito electoral ante las evidentes deficiencias de la respuesta gubernamental a la crisis. Por eso es imposible llegar a ningún pacto sobre política educativa, inmigratoria o social. Ahí están la derecha y la ultraderecha votando una y otra vez en contra de leyes que solo tienen la finalidad de ayudar a la ciudadanía a vivir mejor (subida del salario mínimo interprofesional, subida de las pensiones, control del precio de los alquileres…). Esa actitud insolidaria, cainita, está llevando la vida política a una polarización que convierte las sesiones parlamentarias en campos de batalla y no en foros de debate que buscan lo mejor para la ciudadanía.

El segundo ámbito es la convivencia ciudadana. La polarización que crece sin cesar en el ámbito político, se traslada a la convivencia cotidiana. Nos sentimos adversarios más que conciudadanos. Pareciera que no tenemos nada en común más que las diferencias. Los otros son los malos, los indeseables, los estúpidos, los egoístas, los equivocados. No nos sentimos aliados sino enemigos, no nos sentimos colegas sino extraños. Algunos abrazan el principio de ‘prioridad nazional’ como un buen modo de organizar la convivencia cuando lo cierto es que la destruye en su misma raíz.

Ahí estamos, considerando a los diferentes como elementos extraños que tenemos que eliminar, abatir y excluir. Por eso hay actitudes racistas, homófobas, xenófobas, machistas… que envenenan la convivencia, que nos hacen débiles y nos convierten en seres torpes y miserables. El termómetro moral de una sociedad, a mi juicio, es la forma en la que trata a los más vulnerables.

Seremos una sociedad fuerte y segura si, como las secuoyas, nos unimos a los otros, si actuamos de forma solidaria y compasiva. Acabo de ver en la televisión española una historia hermosa, una historia de esas que nos salvan, que nos hace mejores, que nos hace fuertes como sociedad. Un hombre de 80, viudo, llamado César, había vivido los últimos años solo, después de perder a su esposa. Su perro Curro, de cinco años, era su única compañía, su único consuelo. La enfermedad le impidió seguir cuidándolo y se presentó en un programa de televisión que entrega perros para su adopción. Se vio obligado a lo más difícil que un ser humano puede hacer. Pidió perdón a su perro por no poder seguir cuidándolo. No lo dio porque no lo amara sino justamente por lo contrario. La familia de acogida, al ver las lágrimas de César tomó una decisión sorprendente. Le dijo que él también iba a formar parte de esa familia, no necesitaba despedirse de su perro, lo podría ver cuantas veces quisiera. Eligieron abrir la familia para aliviar el dolor de un anciano solitario.

Existe la bondad en el mundo, esa bondad que se conmueve del dolor de los otros y trata de aliviarlo. Esa bondad es la que nos salva, la que nos nos hace fuertes como especie. El odio nos destruye, nos debilita, nos empobrece moralmente, nos hace peores y convierte la convivencia en un infierno.

El tercer ámbito es el educativo. En algunas escuelas existe el peligro de que cada uno vaya a lo suyo, como si lo suyo no fuera lo de todos, como si no tuviéramos nada en común, nada que compartir. Este hecho empobrece la acción, debilita la eficacia, imposibilita el logro. No hay niño que se resista a diez profesores que estén de acuerdo. Pero no se consigue lo pretendido en la institución si lo que construye uno lo destruye otro.

En algunas escuelas hay mucho ‘mi’ y poco ‘nuestro’. Mi proyecto, mi objetivo, mi clase, mis alumnos, mi problema… Y no nuestro problema, nuestro proyecto, nuestro objetivo, nuestra escuela. Este planteamiento no solo malogra el éxito sino que empobrece las relaciones. Porque esas actitudes individualistas anulan el diálogo, rompen la comunicación y bloquean la ayuda mutua. Juntos podremos mejorar nuestras prácticas docentes y hacerlas más eficaces y también mejorar la convivencia: escucharnos, comprendernos, ayudarnos, fortalecernos, felicitarnos, querernos.

En su obra póstuma ‘Ciudadela’, publicada en 1948 a base de notas y escritos, Antoine Saint Exupéry nos explica de otra forma la lección de las secuoyas. La «ciudadela» es una metáfora de la sociedad y del alma humana. Saint-Exupéry defiende que los seres humanos se unen y se vuelven hermanos cuando trabajan y luchan juntos por un objetivo común (construir la torre). Es una obra que nos habla de la construcción de lo común. La construcción de una sociedad más habitable, más hermosa, más solidaria, más feliz. Permíteme, querido lector, querida lectora brindarte un pensamiento que me ha acompañado desde hace muchos años: que tu sociedad sea mejor porque tú vives en ella.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Altas capacidades: los alumnos que el sistema no sabe ver.

Un niño resuelve problemas matemáticos avanzados en una pizarra.Imgorthand (Getty Images
La identificación puede tardar años y no siempre se traduce en una respuesta educativa adecuada. Las niñas, los alumnos con bajo rendimiento y estudiantes de entornos desfavorecidos son los que tienen más posibilidades de quedar fuera.

“Estoy impresionado. Es la primera vez que hago un chiste y no tengo que explicarlo. Y encima tú no te has enfadado”. El psicólogo Pedro Fernández recuerda la frase de aquel niño de 13 años casi como una pequeña victoria. Estaba en uno de sus talleres con un grupo de jóvenes con altas capacidades y acababa de hacer un juego de palabras que el chico entendió al instante, lo que provocó las risas de todos.

La anécdota, en apariencia insignificante, es importante porque da una pista sobre lo que significa tener altas capacidades y sobre uno de los problemas que pueden aparecer cuando no encuentran una respuesta adecuada en el aula. No se trata necesariamente de niños que sepan más que los demás, que saquen mejores notas o destaquen constantemente, ni existe una especie de retrato robot que permita reconocerlos a simple vista.

“No es una checklist que uno tenga que cumplir y que, si coincide con 15 puntos, entonces sea superdotado, pero si cumple con 14, entonces no. Esto no es tan fácil”, explica Marta Tourón, doctora en Educación y especialista en altas capacidades de la UNIR. Hay alumnos que aprenden con mucha rapidez, establecen asociaciones con facilidad, manejan un vocabulario avanzado o muestran una curiosidad especialmente intensa. Otros destacan por la profundidad de sus preguntas, por su capacidad de abstracción, por la forma de relacionar ideas o incluso por un sentido del humor que exige captar conexiones que otros no perciben. Pero ninguno de esos rasgos, por sí solo, permite determinar que un alumno tenga altas capacidades.

En España, 67.832 alumnos estaban identificados oficialmente como alumnado con altas capacidades en el curso 2024-2025, según los últimos datos del Ministerio de Educación. Representan el 0,82% del alumnado no universitario. Una cifra que, sin embargo, solo contabiliza a quienes han sido identificados por el sistema. Las estimaciones europeas varían mucho según cómo se defina la alta capacidad y cómo se mida, y algunas sitúan entre el 2% y el 15% la proporción de población escolar que podría encajar en esa categoría.

El problema aparece cuando esa forma particular de aprender choca con la respuesta que encuentra en la escuela. “Ahí es donde se produce un desajuste entre lo que ellos pueden aprender o cómo lo pueden aprender, a qué velocidad y con qué profundidad, y cómo el sistema educativo les está enseñando, les está permitiendo relacionarse”, explica Tourón.

Un alumno puede haber comprendido una explicación cuando el resto todavía está asimilándola; puede querer profundizar en una cuestión cuando la clase tiene que seguir adelante; hacer preguntas para las que no encuentra respuesta o desconectar cuando una tarea deja de suponerle un reto. Lo que para él (o ella) puede ser una necesidad de aprender de otra manera, para el aula puede parecer simplemente que ya ha terminado, que se aburre o que está distraído.

¿Cómo se identifican las altas capacidades?
Como no existe un perfil único que permita reconocer a un alumno con altas capacidades, el proceso suele empezar por detectar los indicios. Una familia puede advertir que su hijo aprende especialmente rápido, que hace preguntas poco habituales o que se interesa durante meses por un determinado tema. Un profesor puede percibir algo parecido en clase. Pero esas pistas, por sí solas, no bastan.

Para ordenar esas primeras sospechas existen cuestionarios de detección que pueden completar tanto las familias como los docentes. No diagnostican al alumno, pero ayudan a valorar si los rasgos que se están observando justifican dar el siguiente paso y realizar una evaluación profesional. Y ese proceso es bastante más complejo que pasar un test de inteligencia.

“No hay un punto de corte mágico que determine quién es y quién no es”, explica Marta Tourón. Los profesionales utilizan distintas pruebas y recogen información de varias fuentes —la familia, el centro educativo y el propio estudiante— para construir un perfil. La capacidad intelectual es importante, pero una sola puntuación no basta. “El CI [cociente intelectual] es algo variable y dependiente del instrumento que estoy utilizando”, señala.

Pero hay otro problema: muchas veces nadie empieza ese proceso hasta que aparece una dificultad. La familia reclama una evaluación, un profesor sospecha que algo no encaja o el alumno empieza a mostrar problemas en el aula. Tourón defiende justamente lo contrario: “Los procesos de identificación no pueden ser realizados cuando se detecta una problemática o cuando la familia lo demanda o cuando un profesor lo sospecha porque entonces estamos identificando a cuenta”. La evaluación, sostiene, debería realizarse de forma sistemática y por los equipos de orientación de los centros educativos, siempre que estos estén “bien formados” y “bien capacitados” para hacerla, algo que muchas veces no sucede. Y cuando eso no ocurre, hay alumnos que sencillamente pasan desapercibidos.

A veces el descubrimiento llega mucho después. En consulta, Tourón cuenta que no es infrecuente reconstruir la historia de un adolescente que llega con problemas de desajuste emocional, social o académico y descubrir entonces que tenía altas capacidades que nunca fueron identificadas o que no habían recibido respuesta. Puede ocurrir, sostiene, que un alumno llegue a la adolescencia o incluso a la edad adulta sin haber sido consciente de ello en ningún momento.

Una niña lee un libro en el suelo de su cocina. MoMo Productions (Getty Images)


 
Una niña lee un libro en el suelo de su cocina.Una niña lee un libro en el suelo de su cocina.

Tras la identificación, viene lo difícil

En cualquier caso, confirmar que un alumno tiene altas capacidades no resuelve, por sí solo, el problema: tan solo cambia la pregunta. Ya no se trata de saber qué tiene, sino de qué necesita y qué va a hacer el colegio con esa información.

¿Qué necesita un alumno que ya domina lo que se está explicando en clase? A veces, sencillamente, ir más allá: profundizar en un tema, enfrentarse a problemas más complejos o trabajar contenidos que supongan un reto. Alicia Rodríguez Díaz-Concha, presidenta y fundadora de la Asociación Española de Superdotados y con Talento (AEST), propone ejemplos mucho más sencillos de lo que puede significar ese enriquecimiento en el aula. Si un alumno ya domina las operaciones, en lugar de hacerle repetir ejercicios se le puede plantear una suma en la que falten números y tenga que averiguar cuáles son; o pedirle que, al terminar un tema, prepare un cuadro que después pueda compartir con el resto de la clase.

En otros casos puede tener sentido adelantar curso. No se trata de ponerle más ejercicios ni de mantenerlo permanentemente ocupado, sino de que lo que ocurre en el aula esté a la altura de lo que ya sabe y de lo que es capaz de aprender. Y no es solo una cuestión de intuición pedagógica: los estudios encuentran mejoras académicas con programas de enriquecimiento y con la aceleración, sin que esta última haya mostrado los problemas sociales que tradicionalmente se le han atribuido.

Hay alumnos para los que una explicación no termina donde el adulto había previsto. Fernández recuerda el caso de un niño de cinco años con el que estaban trabajando inteligencia emocional y habilidades sociales. Como introducción, estaban explicando que en esas cuestiones intervienen también factores biológicos y psicológicos. El niño se quedó con uno de ellos: ¿qué era exactamente lo biológico? La pregunta llevó al cerebro y al sistema nervioso y, al día siguiente, acabaron con un cerebro delante, explicando sus partes. “Para ti son detalles y a ellos les llama la atención y tienes que profundizar”. Eso sí, el entorno no siempre acompaña, y muchas veces se intenta que sea el niño quien se adapte al entorno, en lugar de adaptar el entorno a sus necesidades.

El problema es que esa curiosidad también puede apagarse cuando el niño no encuentra ese espacio para ir más allá: “La primera señal suele ser esa pérdida de curiosidad o de interés”, añade Fernández. Hay niños que se pasan meses fascinados por los dinosaurios, el universo o Egipto y que, poco a poco, dejan de interesarse por aquello que antes les entusiasmaba. “Cuando ya empiezan a no manifestar interés por cosas o ya no tienen esa alegría con la que abordan ciertas actividades, es un síntoma inequívoco de que algo no va bien”.

Lo que está en juego no es solo cuánto aprende, sino también cómo se encuentra. “La persona que está bien atendida, que está acompañada, generalmente siente bienestar, es comprensiva, se encuentra bien, se va desarrollando de una manera integral”, apunta Fernández. Cuando esa atención no llega, puede aparecer desde el desinterés hasta problemas de mayor gravedad.

Cuando el sistema no responde
Todos los expertos consultados para el presente reportaje coinciden en que la identificación debería abrir la puerta a una respuesta educativa. Pero cuando esa puerta no se abre, son las familias las que empiezan a buscar otra entrada: una evaluación privada, una asociación, una reclamación administrativa o, en último término, los tribunales.

Rodríguez asegura que algunas familias esperan años para conseguir una valoración dentro del sistema y terminan recurriendo a profesionales privados. Pero tampoco ahí termina necesariamente el problema: “Se tarda como tres años en que te valoren, y cuando eso sucede el alumno ya está hecho polvo. No admiten las valoraciones privadas de psicólogos clínicos expertos en altas capacidades”, afirma. Rodríguez sostiene además que hay numerosas sentencias en las que los tribunales han terminado reconociendo esos informes. Para las familias, esgrime, el camino puede convertirse “en todo un viacrucis administrativo: orientación, inspección, jefe de inspección y hasta el defensor del pueblo”.

El recorrido tampoco es idéntico en toda España. Aunque las altas capacidades están reconocidas en la legislación educativa estatal, un estudio comparativo publicado en 2025 en la Revista Española de Educación Comparada, editada por la UNED, encontró diferencias entre las comunidades autónomas en los requisitos y en la aplicación de medidas como el enriquecimiento curricular o la flexibilización de la escolarización. Eso puede hacer que una familia tenga que volver a acreditar una necesidad que ya había sido reconocida en otro territorio.

Es lo que, según relata Vanessa, le ha ocurrido a su hijo. El menor fue reconocido oficialmente como alumno con altas capacidades en Andalucía después de un proceso que duró tres cursos. Pero entonces la familia se trasladó a Madrid por motivos personales y, según cuenta la madre, allí les comunicaron que el reconocimiento andaluz no era suficiente y que debía ser evaluado de nuevo.

Ahora está en Secundaria y Vanessa teme que la historia se repita. Sostiene que, mientras no sea reconocido en Madrid, su hijo no está recibiendo las adaptaciones educativas que debería tener y tampoco puede acceder a determinadas ayudas. Ahora se teme que les hagan perder tres años de nuevo mientras su hijo sigue avanzando por el sistema sin que reciba la ayuda que necesita.

Los que siguen sin ser vistos
Hay alumnos que pueden pasar por el sistema sin activar nunca las alarmas que deberían conducir a una identificación. Algunos no encajan en la imagen que profesores y familias tienen de un niño con altas capacidades, mientras que otros pasan desapercibidos precisamente porque han aprendido a no destacar.

Las niñas son uno de los perfiles que pueden quedar más fácilmente fuera de la identificación. También los alumnos con bajo rendimiento, los estudiantes de entornos socioeconómicamente desfavorecidos o quienes proceden de contextos lingüísticos y culturales diversos. En el caso de las niñas, además, el desequilibrio aumenta con la edad: si en los primeros años la proporción entre chicos y chicas identificados puede acercarse al 50-50, al final de Primaria algunos estudios sitúan la relación en torno a 65-35 o incluso 70-30. Tourón señala que en España el porcentaje de evaluaciones de chicos es claramente superior al de chicas.

¿Qué ocurre por el camino? Las niñas pueden resultar menos visibles porque tienden a adaptarse más al entorno y conceden mayor importancia a la aceptación del profesorado y del grupo de iguales. “Muchas prefieren difuminar sus características y no destacar que desarrollarse y mostrarlas”, explica Fernández. En cambio, cuando un niño tiene dificultades para encajar en el aula, puede manifestarlas mediante conductas disruptivas que hacen que orientadores o familias busquen qué está ocurriendo y, en ese proceso, aparezcan las altas capacidades.

Tener altas capacidades tampoco implica necesariamente sacar buenas notas. El rendimiento escolar depende de algo más que de la capacidad para aprender y, cuando un alumno deja de encontrar retos en el aula, puede desconectarse, perder interés o acabar rindiendo por debajo de lo que podría. Fernández conoce casos de alumnos cuyo talento apenas aparece en las calificaciones y que, sin embargo, muestran fuera del colegio una capacidad extraordinaria para la música, la escritura, el dibujo o el aprendizaje autónomo.

Hay además alumnos en los que la alta capacidad convive con otra dificultad y que resultan todavía más difíciles de identificar. Es la llamada doble excepcionalidad: una persona puede tener altas capacidades y, al mismo tiempo, dislexia, TDAH, autismo u otra condición. En esos casos, una característica puede ocultar a la otra. “El trastorno tapa a la alta capacidad y los recursos que da la alta capacidad a veces ayudan con el trastorno”, explica Fernández.

El resultado puede ser un alumno que no responde al estereotipo de quien aprende deprisa, saca buenas notas y participa activamente en clase. Puede ser el que se distrae, el que no termina las tareas, el que parece desinteresado o incluso el que hace todo lo posible por no llamar la atención.

La desigualdad económica añade otra capa al problema. Cuando la identificación no se produce en el colegio, las familias con más recursos tienen más posibilidades de buscar una valoración por su cuenta, acudir a especialistas o insistir ante el sistema. Pero la brecha puede empezar incluso antes. Un estudio publicado en 2019 en Harvard Educational Review, a partir de datos representativos de Estados Unidos, encontró que alrededor del 13% de los alumnos del nivel socioeconómico más alto recibía servicios para alumnado con altas capacidades, frente al 2% de los del nivel más bajo. La diferencia se mantenía incluso al comparar alumnos con niveles de rendimiento académico similares y entre estudiantes del mismo centro.

El estudio no permite trasladar esas cifras directamente a España, pero sí muestra que el rendimiento no es el único factor que determina quién acaba siendo identificado y accede a estos programas. Y ahí la desigualdad económica vuelve a aparecer: cuando la escuela no detecta una capacidad, no todas las familias tienen las mismas posibilidades de buscarla por su cuenta. Para algunos alumnos, el problema será que necesitan una respuesta distinta; para otros, que nadie llegue siquiera a darse cuenta de que la necesitan.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Mao, la modernización y el «Viejo tonto»

Fuentes: Rebelión


El 9 de septiembre de 1976, hace ahora cincuenta años, moría Mao Zedong. Su muerte cerraba una etapa decisiva de la historia contemporánea de China, pero no clausuraba su influencia. Medio siglo después, Mao continúa presente en la memoria política y simbólica del país, aunque la China actual sea, en muchos aspectos, profundamente diferente de aquella que él gobernó. Una de las razones de esta persistencia es que, más allá de las enormes contradicciones y tragedias del maoísmo, en su pensamiento político ya estaba presente una determinada concepción de la transformación de China: la modernización como una tarea histórica de largo aliento, que exigía una voluntad colectiva capaz de afrontar obstáculos aparentemente insuperables.

Hay una parábola que permite aproximarse a esa idea con particular nitidez: la del Viejo tonto que mueve las montañas (Yugong yishan), procedente de la tradición clásica china. Según el relato, un anciano decide retirar dos enormes montañas que dificultan el paso delante de su casa. Ante las burlas de quienes consideran absurda la empresa, responde que, aunque él no consiga terminarla, continuarán sus hijos, sus nietos y las generaciones posteriores. La montaña, por tanto, acabará desapareciendo.

Mao recuperó esta parábola en momentos decisivos. En 1945, poco antes de la victoria comunista, la utilizó para expresar una idea que trascendería el contexto revolucionario inmediato: las grandes transformaciones históricas exigen perseverancia, organización y confianza en la capacidad humana para modificar una realidad aparentemente inmóvil. No era solamente una metáfora sobre la revolución. Era también una determinada filosofía de la acción histórica.

Aquí podemos encontrar una de las conexiones más sugerentes con la modernización china posterior. La China que emerge de la revolución de 1949 heredaba un país extraordinariamente atrasado, fragmentado y debilitado tras décadas de guerras, intervención extranjera y convulsión política. La recuperación de la soberanía era inseparable de la recuperación de la capacidad para transformar el país. Modernizar China no podía ser, desde aquella perspectiva, una operación limitada a la economía pues implicaba reconstruir el Estado, transformar la sociedad, elevar la educación, desarrollar la ciencia y la industria y recuperar una posición internacional acorde con su dimensión histórica.

El problema es que la voluntad transformadora del maoísmo acabó errando en varias ocasiones. El Gran Salto Adelante constituye probablemente el ejemplo más dramático. La convicción de que la voluntad política podía superar los límites económicos y materiales condujo a una movilización cuyos costes humanos y económicos fueron enormes. La Revolución Cultural llevó todavía más lejos esa lógica al considerar que la propia sociedad podía ser remodelada mediante una movilización ideológica permanente, incluso contra las instituciones, el conocimiento especializado y buena parte de la propia tradición cultural china.

La paradoja es significativa. La misma cultura política que podía proporcionar una extraordinaria capacidad de perseverancia podía alimentar también una peligrosa confianza en la omnipotencia de la voluntad política. El Viejo tonto podía representar la paciencia de las generaciones, pero también podía ser interpretado como una invitación a ignorar los límites de la realidad.

Después de la muerte de Mao, la modernización china experimentaría una profunda rectificación. Deng Xiaoping no abandonó la idea de la transformación del país, pero modificó radicalmente sus instrumentos. La prioridad pasó de la lucha de clases al desarrollo económico; de la movilización ideológica a la experimentación; de la ruptura con la tradición a la recuperación de elementos útiles del pasado; y de la voluntad de transformar inmediatamente la sociedad a la construcción gradual de las capacidades materiales necesarias para hacerlo.

En cierto sentido, el Viejo tonto regresaba, pero con una lectura diferente. La montaña ya no tenía necesariamente que ser derribada de una vez: podía ser rodeada, perforada, atravesada o removida poco a poco. La modernización china posterior a 1978 fue, en buena medida, un aprendizaje sobre cómo convertir la voluntad transformadora en un proceso más pragmático, experimental y acumulativo.

Esto ayuda también a comprender la continuidad existente entre etapas políticas que a veces se presentan como radicalmente contrapuestas. Mao, Deng y Xi representan modelos muy diferentes de ejercicio del poder y distintas fases de la modernización, pero comparten la convicción de que China debe recuperar, mediante una acción deliberada y sostenida, su capacidad de desarrollo y su posición en el mundo. La diferencia fundamental reside, en buena medida, en la respuesta a una misma pregunta: ¿Cómo se mueve la montaña?

El denguismo confió especialmente en el crecimiento, la apertura y la experimentación. A partir de los años noventa, la integración económica internacional se convirtió en una poderosa palanca de transformación. Con Xi Jinping reaparece con fuerza la dimensión estratégica y nacional de la modernización. La innovación tecnológica, la seguridad económica, la reducción de las vulnerabilidades externas, la revitalización rural, la prosperidad común o la construcción de un país fuerte forman parte de un proyecto que vuelve a subrayar la necesidad de una dirección política capaz de mantener el rumbo durante décadas.

Por eso resulta interesante contemplar los cincuenta años de la muerte de Mao no simplemente como una efeméride sobre el pasado, sino como una ocasión para preguntarnos qué permanece de aquella concepción de la transformación. La China tecnológica de las inteligencias artificiales, los vehículos eléctricos, los trenes de alta velocidad o la exploración espacial parece muy alejada del país rural y empobrecido de 1949. Y, sin embargo, detrás de esa extraordinaria transformación existe una cultura política que concede enorme importancia a la planificación, a la continuidad histórica, a la movilización de recursos y a la capacidad de perseguir objetivos durante largos periodos.

También existen, naturalmente, importantes zozobras. La historia china del último siglo demuestra que la voluntad de modernizar puede producir avances extraordinarios, pero también costes inmensos cuando carece de contrapesos, de información fiable o de capacidad para corregir los errores. Esa es quizá una de las grandes lecciones que separan la experiencia maoísta de la posterior pues no basta con saber adónde se quiere llegar; hay que saber medir el camino, reconocer los obstáculos y rectificar cuando sea necesario.

El Viejo tonto, finalmente, no es tanto el símbolo de un hombre que consigue mover una montaña como el de una sociedad que acepta que determinadas empresas históricas no se completan en una sola generación. La modernización china puede leerse así como una sucesión de generaciones que reciben una tarea, la modifican, la corrigen y la transmiten a la siguiente.

La revolución liderada por Mao pretendía cambiar China en una generación; la modernización descubrió que cambiar China era, en realidad, una tarea de generaciones. Y la parábola del Viejo tonto, mucho más antigua que el maoísmo, continúa ofreciendo una imagen poderosa de esa larga marcha que no aporta la certeza de que la montaña desaparecerá mañana, sino la convicción de que merece la pena empezar a moverla hoy.

Mao aporta muy tempranamente la idea de la transformación como empresa histórica intergeneracional, pero el maoísmo incurre en la tentación de acelerar artificialmente ese proceso; Deng introduce la paciencia, la experimentación y el pragmatismo, mientras que Xi recupera una visión más estratégica y deliberada de la modernización. 

Xulio Ríos acaba de publicar  China, la modernización permanente (Txalaparta, 2026)

viernes, 11 de septiembre de 2026

Netanyahu demandará a Haaretz por publicar un informe que afirma que ignoró la advertencia de los Emiratos Árabes Unidos antes del 7 de octubre

La oficina del primer ministro calificó el informe de «siniestra conspiración» al servicio de la oposición de cara a las elecciones de octubre.

La oficina del primer ministro israelí informó el 9 de septiembre que Netanyahu ha dado instrucciones a sus abogados para que presenten una demanda por difamación contra Haaretz y el periodista Shlomi Eldar por la información publicada por el periódico según la cual los Emiratos Árabes Unidos le advirtieron del inminente ataque de Hamás.

La oficina calificó el informe de totalmente inventado y declaró al Jerusalem Post que Netanyahu no tuvo ningún contacto con los Emiratos Árabes Unidos entre principios de septiembre de 2023 y el 7 de octubre de 2023.

Afirmó haber revisado su registro de llamadas y los registros de visitas de su oficina durante ese período y no haber encontrado rastro de ningún representante emiratí.

La oficina también describió la publicación como parte de una «siniestra conspiración» sincronizada con la campaña electoral de las fuerzas de izquierda, y culpó del atentado del 7 de octubre al exjefe del Shin Bet, Ronen Bar, y al exjefe del Estado Mayor del Ejército, Herzi Halevi, quienes, según afirmó, habían visto indicios del ataque con horas de antelación y no alertaron a Netanyahu.

El artículo de Haaretz ha tenido consecuencias políticas inmediatas para Netanyahu, y los líderes de la oposición israelí han declarado que Netanyahu no es apto para ocupar el cargo.

Gadi Eisenkot, el excomandante militar que ahora lidera el desafío a Netanyahu de cara a las elecciones del 27 de octubre, escribió en X que el primer ministro había recibido decenas de advertencias antes del 7 de octubre de 2023 y las había ignorado todas, y desestimó sus explicaciones —entre ellas que no lo despertaron lo suficientemente temprano la mañana del ataque— calificándolas de patéticas.

El ex primer ministro Naftali Bennett, que también se presenta a las elecciones, afirmó que Netanyahu tiene una responsabilidad personal y directa por las muertes del 7 de octubre y que no puede permanecer en el cargo ni un minuto más.

La investigación de Haaretz, publicada el 8 de septiembre, alegaba que el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed (MbZ), telefoneó a Netanyahu desde Abu Dabi aproximadamente una semana y media antes de la operación de Hamás del 7 de octubre, y dedicó 45 minutos a advertirle de que Yahya Sinwar, el difunto líder de Hamás, estaba preparando una importante operación contra Israel, que MbZ temía que desestabilizara la región y socavara los Acuerdos de Abraham.

Según se informa, Sinwar le había dicho a un alto funcionario de Fatah -que actuaba como intermediario entre Hamás y el Shin Bet- que advirtiera a Israel en septiembre de 2023 que esperara un «zilzal» o terremoto, y más tarde «la madre de todas las sorpresas».

El mensaje le llegó a MbZ a través de un asesor palestino que había abandonado Gaza para ir a Abu Dabi años antes, pero que mantenía estrechos vínculos dentro de la Franja, y que concluyó que el mensaje de Sinwar significaba guerra.

Fuente: 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Arquímedes y su tumba



Arquímedes pidió que grabaran en su tumba una esfera dentro de un cilindro, y no una de sus máquinas de guerra: sabía cuál era su verdadero logro. Arquímedes nació en Siracusa, colonia griega en la isla de Sicilia,  hacia 287 a.C. y murió en 212 a.C. Demostró que la esfera inscrita en un cilindro tiene dos tercios de su volumen y de su superficie, un resultado que consideró su obra maestra. 

Cicerón cuenta que en el año 75 a.C., siendo cuestor en Sicilia, encontró la tumba olvidada entre zarzas gracias a ese grabado. Su método se adelantó siglos. 

Con polígonos de 96 lados acotó el número pi entre 3,1408 y 3,1429. 

En El Arenario inventó una notación para números gigantes y estimó cuántos granos de arena cabrían en el universo. 

En El Método, texto perdido y recuperado en 1906 en un palimpsesto de Constantinopla, usa el equilibrio de pesos para hallar áreas y volúmenes, rozando el cálculo integral. 

También fundó la hidrostática y la teoría de la palanca, y se le atribuye el tornillo para elevar agua. 

Según Plutarco, murió a manos de un soldado romano mientras trabajaba en unas figuras. 

El general Marcelo, cuentan, lamentó su muerte.


Estatua de bronce de Arquímedes ubicada en el observatorio Archenhold en Berlín.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

_- Victoria de Afd en Alemania. Análisis. Lo que ocurre cuando se deja crecer a la bestia. Cerrar los ojos ante el racismo y los discursos del odio tiene consecuencias


_- Manifestación en Nueva York el 6 de octubre de 1933 contra el fascismo y el nazismo.
Bettmann (Bettmann Archiv

En la novela 22/11/63, Stephen King juega con la posibilidad de que alguien viaje en el tiempo para impedir el asesinato del presidente John F. Kennedy en Dallas y así cambiar la historia. Pero la llagada de los grandes totalitarismos fascistas al poder en la Europa de los años trinta- Primero Mussolini en Italia, luego Hitler en Alemania, y finalmente Francisco Franco en España, que no hubiese ganado la guerra Civil sin la ayuda de los otros tiranos- no se hubiese podido evitar con una sola acción. Fue un proceso complejo, en el que se mezclaron la violencia con la ceguera política de aquellos que creyeron que los monstruos podrían ser controlados. Las grandes potencias democráticas occidentales no supieron ver lo que se les venía encima.

El historiador británico Frank McDonough está reconstruyendo la historia del nazismo a través de una serie de libros bajo el título genérico de The Hitler Year. El último volumen está dedicado al Holocausto y las fechas en las que se enmarca la destrucción de los judíos de Europa son especialmente significativas 1933-1945. La Shoah no empezó con al II Guerra Mundial, ni con la decisión de Hitler de ordenar el exterminio, ni con las cámaras de gas ni los fusilamientos masivos en la antigua URSS. El Holocausto empezó cuando los nazis, nada más llegar al poder, aprobaron las primeras leyes antisemitas desde la emancipación de los judíos en Alemania en 1871.

Resulta especialmente incómodo leer lo que ocurrió entonces en el resto del mundo: los grandes periódicos estadounidenses - McDonough cita a The New York Times, el Chicago Times, El Atlanta Constitution y The Washington Post- publicaron 455 artículos y editoriales "sobre la persecución de los judíos en Alemania con informaciones que ofrecían descripciones muy gráficas de la violencia física que sufrían", El 27 de marzo de 1933 - Hitler llegó al poder el 30 de enero - tuvo lugar un mitin para condenar la violencia nazi que reunió a 20.000 personas en el Madison Square Garden de Nueva York dentro de auditorio y a 35.000 en los alrededores. Estas manifestaciones pidieron el boicot de los productos alemanes. En abril, se convocaron marchas en todo Estados Unidos que reunieron a casi un millón de personas. El boicot no se produjo y Alemania siguió siendo tratada como un país más.

Las protestas fueron recibidas con indignación por la cúpula nazi. Hitler calificó las manifestaciones de "propaganda" y Goebbels aseguró que era una prueba más de que los judíos controlaban los medios de comunicación. Básicamente ninguna de las grandes potencias hizo nada pese a que la bestia de la represión iba creciendo en Alemania y los judíos -y todos aquellos que se oponían a los nazis- eran destruidos.

El Gran Dictador, la gran película de Charles Chaplin, una sátira del nazismo considerada actualmente una obra maestra sobre los totalitarismos, provocó un profundo malestar en Hollywood. Los estudios tenían miedo de que el filme que ridiculizaba a Hitler y denunciaba la persecución de los judíos les cerrase el mercado alemán, Por no hablar de la participación en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, una gran operación de propaganda nazi.

La ignominia alcanzó cotas difícilmente superables cuando numerosos países se reunieron, en junio de 1938, en la conferencia de Evian para hacer frente al problema de los refugiados judíos, que todavía podían huir de Alemania. Los delegados de 32 países cerraron las puertas a decenas de miles de personas que hubiesen podido salvar sus vidas.

Es imposible saber que hubiese ocurrido si las democracias llegan a adoptar otra actitud, si no hubiesen mirado hacia otro lado y pensado que se podía llegar a algún tipo de acuerdo con el mal absoluto. Los años treinta del siglo XX están, afortunadamente, muy lejos (aunque la arrolladora victoria del partido ultra AfD) En Sajonia-Anhalt arrastra ecos del pasado, pero hay situaciones no solo en Europa, que recuerdan a lo ocurrido entonces; la estigmatización de pueblos y religiones, la violencia desatada contra población civil indefensa sin consecuencias, los discursos de odio y la deshumanización del otro, la manipulación del pasado, el ensañamiento con los débiles y los refugiados... El racismo y el supremacismo no deberían admitir compromisos. La historia nos enseña claramente que, cuando se deja crecer a la bestia, acabas por destruirlo todo.

Guillermo Altares, El País, 8 de septiembre de 2026.

martes, 8 de septiembre de 2026

Dime de qué presumes y te diré de qué careces en Ceuta. Por Juan Torres López

El Gobierno no falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar

Hay dos clases de problemas en la vida de las personas y en la de las sociedades: los que tienen solución y los que no. Los primeros desaparecen si se encuentra la respuesta adecuada y se aplica con acierto. Los segundos no tienen remedio que los haga desaparecer, y empeñarse en buscárselo conduce a la frustración primero, y después a la parálisis. Con ellos no cabe resolver, sino evitarlos mientras se pueda, paliar el daño, frenarlos, retrasarlos, pasarlos a otro tiempo o a otras manos… y, sobre todo, cuidar en todos los sentidos a quien los padece, sea una persona, un territorio, un animal o un patrimonio que no queremos perder.

Mi tesis es que el problema de Ceuta (y Melilla) pertenece a esta segunda clase en el plano político, geoestratégico e incluso humanitario, al menos a corto y medio plazo, y las razones de que no tenga solución me parecen claras. Son dos territorios que pertenecen a España antes de que existiera el Marruecos actual, pero que este país reclama sin descanso porque esa reivindicación forma parte de su identidad nacional y del cemento de su monarquía. Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos (fronteras, comercio, migración, seguridad, energía…) y de los cuales uno es una autocracia que sabe usar esa imbricación como palanca sibilina para agredir y hacer chantaje, incluso permitiendo –por ejemplo– que miles de personas violen una frontera como munición, aun a costa de sus vidas. Hay una población autóctona, la ceutí y melillense, con intereses propios y legítimos para la que seguramente no hay más “solución” imaginable que mantener el statu quo del que depende su vida. Y, para colmo, en España hay una derecha ferozmente nacionalista que se proclama patriota pero que nunca arrima el hombro en favor de toda la patria, sino que sopla las brasas con tal de quemar al gobierno que no represente a lo que ella considera la suya, la “España de bien”. Y lo hace aunque así se deteriore la cohesión interna, se quiebre la imagen internacional del país o hasta se genere más riesgo de perder territorios de la patria que dice defender. Y el problema se complica, finalmente, aún más dadas las racionales sospechas de que quien realmente mueve los hilos en esa zona pueden ser los gobiernos de Estados Unidos e Israel, a quienes interesa que España y Europa se desestabilicen, y que han dado sobradas muestras de cinismo e inmoralidad.

Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos

Quizá la mejor forma de comprobar que el problema de Ceuta no tiene solución es ver lo que han hecho quienes más alto proclaman que sí la tiene, la derecha y la extrema derecha (en este caso, la misma cosa) que acusan al Gobierno de Pedro Sánchez de no defender a Ceuta y que reclaman mano dura contra Marruecos.

Son la derecha y la extrema derecha que no sólo no condenan el franquismo, sino que incluso lo reivindican, pero que olvidan que en noviembre de 1975 y ante la Marcha Verde (trescientas mil personas caminando), el régimen de Franco –el más militarista, beligerante y supuestamente patriótico que ha conocido España, armado hasta los dientes y sin parlamento, oposición ni tribunales que le ataran las manos– no defendió el Sáhara. Lo entregó en cuestión de días, lo mismo que había hecho antes, en 1969, cuando cedió Ifni a Marruecos. Es la misma derecha que, sin embargo, celebró como gesta nacional la recuperación de la Isla Perejil, un islote deshabitado del que en 2002 hubo que desalojar a un puñado de gendarmes que ni siquiera opusieron resistencia.

Esa es la medida exacta del patriotismo de la derecha española: epopeya cuando no hay nadie ni nada que defender, entrega o silencio cuando lo que está en juego es un territorio con población y futuro. Y es la misma derecha que hace gala de su atlantismo y sintonía con Washington pero que calla cuando es precisamente Estados Unidos quien tiene la llave para subir o bajar la temperatura de la frontera.

Ni siquiera tiene solución a día de hoy el problema humanitario: el acoger, atender, ordenar la llegada de miles de personas con decencia. Es lo que habría que hacer, pero también esa puerta está entornada.

El Tribunal Supremo español dictó (casualmente días antes del problema) que a quienes son interceptados en el mar tratando de entrar a nado en Ceuta no se les puede aplicar el “rechazo en frontera” –es decir, la devolución sumaria en caliente–, sino el procedimiento ordinario de devolución, que lleva garantías individuales y necesita tiempo para hacerla efectiva, si se hace. Y aún más. ¿Cómo se frena una avalancha de casi tantos miles de personas como habitantes tiene Ceuta? ¿A tiros? ¿Ahogando a quien nada? No hay respuesta compatible con la decencia, y por eso ninguno de los que exigen firmeza ha formulado en voz alta solución alguna… salvo uno. La que dio el único dirigente de la derecha que se ha atrevido a concretar qué se debería hacer fue tan bárbara como esclarecedora: el diputado de Vox José María Figaredo propuso, sin metáfora y reiterándose al día siguiente sin retractarse, “cazar” a los inmigrantes “uno a uno” o “pescarlos”, y lo dijo acompañando sus palabras con onomatopeyas de disparo. Esa ha sido la única propuesta específica que la derecha ha logrado poner sobre la mesa.

Las salidas se cierran porque no se puede resolver en días, meses o pocos años el desnivel que empuja a la gente del África saqueada durante siglos hacia el norte. Porque se necesita a la inmigración, pero no se la quiere, y las patronales, los partidos y los gobiernos europeos (unos más que otros) están atrapados en esa contradicción. Porque no se aplaca con buenas palabras a un vecino que sabe usar la frontera como palanca de guerra híbrida y al que no le importa que mueran sus ciudadanos. Porque no se defiende un enclave como Ceuta con las bravuconadas de Aznar y sus acólitos, como demuestra la propia historia de la derecha que vocifera. Porque no se frena a decenas de miles de personas sin cruzar la línea de la barbarie y porque incluso la vía humanitaria tropieza con límites materiales que ningún discurso elimina.

Lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece

Lo único que queda entonces, cuando se han agotado todas las respuestas que podrían resolver el problema, es el cuidado. El pariente pobre de las respuestas a lo que no tiene solución.

Cuando no se puede resolver, ni domar, ni frenar sin barbarie, lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece. Y aquí es donde hay que decir, con dolor porque uno esperaba otra cosa, que el Gobierno ha fallado. No en lo imposible, pues nadie le puede exigir honradamente que resuelva lo que no tiene solución, sino precisamente en lo único que estaba en su mano, la celeridad a la hora de atender y el cuidado hacia la población ceutí y hacia la que entró irregularmente.

Es, sin duda, injusto decir que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha hecho nada en la gestión administrativa de la emergencia. Ha habido muchos recursos, protocolos, plazas, kits de higiene, ministras que visitaron el enclave, y hasta se aceleró el traslado a la Península de las niñas más vulnerables. Hubo, incluso, perspectiva de género en esa gestión. Y sin embargo todo ello pertenece a un mismo tipo de actuación, el de la administración, el del poder que ordena, coordina y paga. Pero ha faltado otra, la que no tiene que ver con “hacer”, sino con “estar”.

Porque una cosa es atender a las personas y otra muy distinta es estar con ellas. Un gobierno puede movilizar recursos, habilitar plazas y activar dispositivos de emergencia manteniendo una enorme distancia con las personas concretas que sufren y se sienten solas, porque el sistema puede funcionar a la perfección mientras la persona sigue estando sola. Pero eso se paga.

El poder y la gestión llegaron tarde, a remolque de la presión vecinal. El cuidado ha tenido en Ceuta rostro y sexo y no ha sido el del Gobierno. Mientras el Estado contaba plazas, decenas de mujeres y niñas que dormían a la intemperie entre cientos de hombres empezaron a denunciar acoso y agresiones sexuales, y quienes primero improvisaron espacios donde pudieran pasar la noche seguras no fueron los ministerios, sino los vecinos de El Príncipe y de Sidi Embarek, una organización como Save the Children y las propias mujeres migrantes organizándose para protegerse unas a otras. Es verdad que fueron ministras. Hubo visitas, sí, pero no fue el Gobierno quien cuidó, sino otra gente. Y esa gente pudo ver lo que a la administración se le escapaba, porque sólo se ve cuando se está cerca que el problema no era únicamente cuántas camas había, sino quién protegía a las mujeres durante la noche.

Hay, de nuevo desgraciadamente, un símbolo bien elocuente de la distancia con la que el Gobierno ha hecho frente al drama. La del propio presidente, Pedro Sánchez, que ciertamente visitó Ceuta el 31 de julio, al día siguiente de la avalancha, pero que se marchó de vacaciones a la jornada siguiente a Lanzarote. Desde allí llegó a presidir, a mediados de agosto y por videoconferencia desde la residencia de La Mareta, la reunión con sus ministros sobre Ceuta. Tiene todo el derecho a descansar, como él mismo ha reivindicado, pero esa no es la cuestión. No se trata de discutir si un gobernante tiene derecho o no a irse de vacaciones. La cuestión es el modo de gobernar que atiende la emergencia de personas concretas a través de una pantalla, desde lejos, sin pisar el suelo del dolor. Gobernar Ceuta por videoconferencia desde la playa, o –como han hecho otras ministras y ministros, desde Madrid– es, literalmente, hacer sin estar.

Ahí está la diferencia entre administrar y cuidar, entre añadir una perspectiva de género a los papeles y cambiar la manera de ejercer el poder. Lo primero lo hizo el Gobierno; lo segundo no. Y ese ha sido el origen del grito que lanzaron los ceutíes (“Nos sentimos abandonados”) y que han repetido vecinos, comerciantes y hasta responsables políticos socialistas de la ciudad.

Que una parte de España tenga que decir en voz alta que se siente abandonada por España es, en sí mismo, el mayor de los reproches. No importa cuántos millones se liberen ni cuántos dispositivos se activen, porque es a ese sentimiento a lo que no se debió dar pie jamás. Un gobierno que cuida no evita sólo el daño material; evita, sobre todo, que los suyos (que somos todos) tengan que gritar que están solos. Y quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, la que sea, aunque sea falsa y cruel. El abandono es la puerta por la que entra la demagogia, y por ahí se ha colado la derecha.

Quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, aunque sea falsa y cruel

En toda esta tragedia, quien ha aparecido ante mucha gente como el que se pone del lado de Ceuta y de los demás españoles más o menos preocupados por lo que pasaba allí, ha sido la derecha, no el Gobierno. Es una solidaridad falsa, porque defiende a unos enfrentándolos a otros, porque propone cazar a los más vulnerables para tranquilizar a los demás y porque se basa en el mismo patriotismo de cartón-piedra que celebró la gesta de Perejil y calla ante los cadáveres del espigón. Pero si ocupa ese terreno es porque la izquierda lo dejó vacío.

Hay algo que la izquierda sigue olvidando. Hay muchos momentos, muchos más de los que solemos creer, en los que el consuelo, el apoyo, la compañía y la empatía son tan necesarios o más que la buena doctrina e incluso que la partida presupuestaria. Un poder que sólo sabe dar discursos, liberar fondos y redactar notas de prensa no sólo cuida mal; gestiona peor, porque se pierde justo lo que únicamente se conoce de cerca. Y la gente lo nota.

Un gobierno progresista no fracasa cuando es impotente ante un poder que lo desborda. De esa impotencia nadie está a salvo, y en Ceuta no había victoria posible para nadie. Fracasa –como está fracasando el Gobierno de Pedro Sánchez– cuando, no pudiendo resolver, renuncia además a lo único que sí estaba en su mano: estar al lado de la gente. No falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar.

Y la paradoja final es que todo eso que ha faltado tiene nombre. Esa presencia, ese hacerse cargo de la vida concreta de la gente, esa manera de ejercer el poder que no manda desde fuera, sino que sostiene desde dentro, no es un buenismo vago. Son, en su sentido más hondo, dos cosas que en este país no se paran de invocar, de las que se presume pero que, a la hora de la verdad, no se practican. Una se llama patriotismo, si por patriotismo no entendemos el culto a la tela de la bandera, sino la defensa de la vida, el bienestar, la seguridad y también el suelo donde vive la gente a la que uno se debe. La otra se llama feminismo, si por feminismo no entendemos la etiqueta, ni sólo la perspectiva de género añadida a un expediente administrativo, ni el recuento de cuántas ministras se sientan en el Consejo o de cuántos huecos se ocupan en las listas –eso es representación, que importa, pero es sólo la puerta–. De este Gobierno esperábamos algo más hondo, precisamente lo que el feminismo nos había hecho creer que podríamos esperar de su práctica: romper la vieja frontera que dejaba en el lado de lo público la razón, la autoridad y el mando, y confinaba en el de lo privado –donde a su vez se confinaba a las mujeres– el cuidado, la dependencia y la vulnerabilidad, como si no fueran también asuntos políticos. Esperábamos un modo de gobernar feminista que no se limitara a cambiar quién ejerce el poder, sino que transformara el cómo se ejerce, que sustituyera la lógica patriarcal de la jerarquía y el mando a distancia por la de la cercanía y el cuidado. De un cuidado de una clase precisa, porque no vale cualquiera: no el que decide desde arriba lo que a la gente le conviene –ese también es autoritario y paternalista–, sino el que escucha y reconoce a quien sufre, empezando por esas mujeres y esas niñas, como sujeto capaz de decidir sobre su propia vida y no como mero objeto al que proteger. Un poder que se mide, al final, en vida sostenida, en dolor aliviado y en autonomía devuelta.

Eso es lo que debería avergonzar a unos y a otros. Aunque, desde luego, no de la misma manera ni en la misma medida, porque igualar aquí las dos faltas sería la más cómoda de las mentiras. La derecha hace gala de patriotismo, pero lo que ha hecho no es defender la españolidad de Ceuta sino convertirla en un misil contra el Gobierno. Su única propuesta concreta ha sido cazar a los más débiles. El error del Gobierno, por el contrario, no es el del cínico que finge una virtud que no siente, sino el de quien traiciona una que dice tener y podía haber ejercido. A la derecha hay que reprocharle lo que hace; al Gobierno, con más dolor, lo que pudo hacer y no hizo.

Y si con este segundo se es más severo no es porque sea peor –a mi juicio no lo es–, sino porque de él se esperaba otra cosa y porque su fallo lo vamos a pagar muy caro y quizá pronto. Ceuta enseña algo muy claro: cuando un problema no tiene solución, lo más importante que cabe hacer es cuidar y no producir abandono, y haber descuidado ese cuidado y haber hecho que la población ceutí e incluso la del resto de España se sienta abandonada, lo que al principio de estas líneas parecía lo más pequeño de todo, es precisamente lo que dio la llave, ha dejado el campo libre y está haciendo fuerte a la extrema derecha.

Juan Torres López es economista y catedrático jubilado de Economía Aplicada.

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lunes, 7 de septiembre de 2026

¿A dónde va Marruecos?

¿A dónde va Marruecos? Nadie puede responder esta pregunta. Ni siquiera el rey Mohammed VI. Reconoció oficialmente los límites de un modelo que, en 1999, aseguró la transición del régimen del fallecido Hassan II, su padre, al suyo (1). “El deber de claridad y objetividad requiere matizar [el] equilibrio positivo, en la medida en que el progreso y los logros ya alcanzados lamentablemente aún no han tenido suficientes repercusiones en la sociedad en su conjunto Repitió al soberano nuevamente en la víspera de la Fiesta del Trono, en julio de 2019 (2).

Este modelo es el de una monarquía todopoderosa que promueve una economía ultraliberal a través de organismos públicos para la realización de proyectos espectaculares: línea de ferrocarril de alta velocidad (LGV) Casablanca-Tánger, zona económica y Port Tanger Med industrial, teatro Mohammed-VI en Casablanca, nuevas autopistas, etc. Proyectos importantes que, por supuesto, son atractivos a nivel internacional, y que han permitido al rey pasar el hito de veinte años de reinado sin la prensa, incluyendo Francés, empaña su imagen. Desde París o el centro de Rabat, el país todavía parece ser este águila giratoria (¡libre de petróleo!) En la cima de la economía africana y se integra fácilmente en las cadenas de valor mundiales, por ejemplo, convertirse en un productor de peso pesado en los sectores automotriz y aeronáutico (3).

Pero, en Marruecos, las ilusiones se evaporan como las capas freáticas bajo el doble pinchazo del turismo de masas, que sin duda será muy penalizado por la epidemia de Covid-19 y la agricultura intensiva (lea "La sequía agrava las dificultades del Reino "). A raíz del discurso del palacio, la teoría de la escorrentía ha dado lugar a críticas autorizadas de una distribución insuficiente de la riqueza. En sus últimos informes, el Tribunal de Cuentas, el Banco Al-Maghrib (el banco central) y el Consejo Económico, Social y Ambiental (CESE) han alertado sobre los problemas estructurales del país.

Aparentemente, todo está bien: se espera un crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) del 3.5% en 2020 (4), índice de precios al consumidor bajo control (+ 0.6%), tasa de desempleo en 9.2 % en 2019 (9.8% en 2018) (5). A finales de octubre, frente a una audiencia de representantes internacionales (Alemania, Suiza, Banco Mundial, etc.), el primer ministro Saadeddine El-Othmani planteó todas las sonrisas frente a una magnífica pastelería decorada con un número: "53", como Place du Marruecos en el Doing Business - o índice de "facilidad para hacer negocios" - 2020, establecido cada año por el Banco Mundial. El reino ha crecido allí en siete filas (6).

Sin embargo, solo una minoría tiene la suerte de recibir un pedazo del pastel. Marruecos de Mohammed VI cambia de forma tan pronto como hablamos de los índices que cuentan: recopilación de todos los factores que revelan el estado de una sociedad, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) establecido por el Programa de Naciones Unidos para el Desarrollo (PNUD) no miente: en 2019 (7), el país ocupó el puesto 121 en la categoría de "desarrollo humano promedio", muy por detrás de Argelia (82) y Túnez (91) , ambos incluidos en la sección "alto desarrollo humano". Lo que molesta a la élite marroquí, que, alabando los méritos del reino, a menudo insiste en las situaciones de conflicto entre sus vecinos.

Este 121 ° lugar refleja una realidad muy cruda. "Hay un 10% de ciudadanos en situaciones de extrema pobreza total", explica Taïeb Aisse, especialista en desarrollo territorial, que colabora con el gobierno actual, dominado por el Partido de Justicia y Desarrollo (PJD, referencial islámico) . "Es decir, no tienen nada. Sin ingresos Es muy peligroso ! Además de esta indigencia absoluta, la clase media también sufre la abismal brecha entre lo que llamamos aquí el "escaparate" y el país real.

El país se ha quedado atrás en educación
Este escaparate es claramente visible cuando se viaja por el norte del país. La estación Casa-Voyageurs es tan brillante como las de Rabat o Tánger. Pero, a través de las ventanas del TGV, tres cuartos lleno, que gira a 314 kilómetros por hora a lo largo del océano, se puede ver, desde los primeros minutos, vastas extensiones de arcilla parcialmente salpicadas de viviendas de chapa, bloques de hormigón u hormigón. Las autoridades han vaciado barrios marginales emblemáticos, como el de Sidi Moumen, una bolsa de pobreza a las puertas de Casablanca, que albergó a los terroristas que cometieron los ataques de 2003. Poco a poco, los habitantes fueron reubicados en otros lugares, en grandes complejos, docenas de '' edificios idénticos con un máximo de cinco pisos. Sin infraestructura ni transporte, estas ciudades construidas apresuradamente recuerdan las elecciones de Francia durante los años 1950-1960, de los cuales sus suburbios nunca se recuperaron. Aquí no reducimos la pobreza: la alejamos de los centros urbanos y de los visitantes extranjeros.

Terminado el año pasado, el paseo marítimo de Tánger, que corre a lo largo de la playa, ha borrado los viejos bares, ahuyentó a los espectadores alcohólicos y a varios traficantes de drogas. Por la noche, las murallas iluminadas que bordean la medina ofrecen una vista única de la Bahía de Gibraltar. Pero las preocupaciones de la población están en otra parte. "Marruecos, es simple: no hay nada que hacer, la molestia está en todas partes, incluso para eliminar cualquier documento administrativo ... Te tratamos como un insecto", suspira la Sra. Samira T., de 30 años, maestra en Un colegio público en la ciudad. Su experiencia personal ilustra el atraso del país en uno de los campos tomados en cuenta por el PNUD para su clasificación: la educación.

"Enseñé durante cuatro años en un ambiente difícil, en Fnideq, una ciudad muy conservadora de la que salieron muchos de los hombres que se unieron a la Organización del Estado Islámico. Cuando me transferí a Tánger, pensé que mi vida diaria mejoraría. Pero no, al contrario: fue el verdadero comienzo del infierno. Dieciocho meses de depresión tratados con ansiolíticos, de los cuales la joven apenas se está recuperando. "Sin embargo, el barrio no es particularmente pobre. Casi todos los estudiantes tienen tabletas. Pero las condiciones de enseñanza son insoportables ", explica el que se prepara ese día para dar una clase de francés a una clase de ... ¡cuarenta y nueve estudiantes! Y esto por 520 euros al mes. "Crecí en una aldea remota, desprovista de todo. Pero al menos, con la escuela pública, tuvimos la oportunidad de sobrevivir. Hoy, el nivel es muy bajo. "

Las familias que pueden hacerlo recurren a escuelas privadas, a niveles tan dispares como los del público. Esta situación crítica se destaca en numerosos informes, marroquíes e internacionales. Un estudio en la Revista Internacional de Educación de Sèvres considera "una reforma radical y vital que permitirá que el sistema educativo marroquí progrese y cumpla sus misiones (8)". En diciembre de 2017, cuando acababa de ser nombrado jefe de gobierno, El-Othmani habló de una medida de choque: el fin de la educación superior gratuita. Una elección que el CESE no valida. "Hacemos que la gente pague dos veces: primero con impuestos, luego al presionarlos para que se vuelvan privados", comenta su presidente, el Sr. Ahmed Reda Chami, un ex ejecutivo de Microsoft que fue ministro de industria de 2007 a 2012. Sin embargo, el Primer Ministro defiende esta medida, así como su historial. "Hemos reducido en gran medida el número de estudiantes por clase. Tenemos más o menos cuarenta años, ahora. Cuarenta y nueve estudiantes es la excepción, nos asegura. En términos más generales, hemos reducido la pobreza a la mitad desde 2004. ¡Marruecos está avanzando! La señora T. sueña con irse del país. En los próximos dos años, espera, residirá en Canadá, donde habrá "recuperado [su] dignidad".

Segundo criterio, también tomado en cuenta en el ranking del IDH: salud. "En Marruecos, es simple: se debe crear un sistema de salud completo", lamenta Othmane Boumaalif. A los 38 años, este médico general pertenece a la generación de militantes del llamado movimiento "20 de febrero", que apareció en 2011 a raíz de las revueltas populares en Túnez y Egipto. Preside un Anfass democrático ("respiraciones" en árabe), una asociación que regularmente produce notas sobre la economía y la sociedad. "El problema es estructural: no tenemos la primera línea, el médico tratante que examina y luego dirige al paciente de acuerdo con su patología". En Marruecos, el paciente acude al médico, si obtiene una cita antes de los seis meses, o al centro hospitalario de la universidad [CHU], cuando existe, o al dispensario ... Es un caos total, y las personas a menudo recurren a la automedicación. ¿Qué piensa de los nuevos establecimientos construidos en asociación con los Estados del Golfo? “Estamos construyendo un puñado de hospitales de exhibición muy bien equipados. ¡Pero nadie puede pagarlos! Además, Marruecos sigue siendo un gigantesco desierto médico, especialmente porque muchos de nuestros practicantes emigran a Alemania, donde ahora se reconoce su diploma. "

¿Cómo explicar esta discrepancia entre datos macroeconómicos bastante halagadores, infraestructuras llamativas y enormes deficiencias en los servicios básicos del gobierno? "Tenemos que relacionar el sistema político con los problemas de la economía", explica el economista Najib Akesbi, que acaba de retirarse de la escuela agrícola en Rabat. Cuando el sistema político decide favorecer un programa de carreteras mientras que los caminos rurales, las vías para conectar una aldea con otra faltan en todas partes, estas son opciones que no pueden ser viables. La muy costosa sección Fez-Oujda, por lo tanto, solo funciona al 10% de su capacidad. Las opciones de inversión son irrelevantes para las necesidades de la población. "

La falta de recursos, por lo tanto, no es la primera causa de desequilibrios económicos. "Tenemos una buena tasa de inversión (32%), pero no genera suficiente crecimiento ni suficientes empleos", continúa el economista. Por qué ? Hace diez años, un punto de crecimiento representaba 35,000 empleos. Hoy es menos de 10,000. Los grandes proyectos emplean a personas solo por un tiempo limitado. Además, el 70% de la inversión está compuesta por fondos públicos. Este es el primer fracaso del "modelo de desarrollo marroquí". "

Durante cincuenta años, una de las opciones estratégicas del régimen ha sido apostar todo en la economía de mercado y en el sector privado, en gran medida subsidiado por el estado, con la idea de que sería autosuficiente y se convertiría en el inversor principal. Esta apuesta es un claro fracaso. Además de invertir poco, el sector privado paga solo el 10% de la población activa (1,2 millones de personas de 12, para una población total de 36,6 millones de personas). Otro fenómeno notable es el de los trabajadores fantasmas. Entre estos 12 millones de personas que trabajan, 2 millones se identifican como tales, pero no se les paga. Particularmente en esta categoría se encuentran los trabajadores agrícolas empleados en la granja familiar o los jóvenes que trabajan en la industria artesanal.

"No logramos alcanzar la tasa de crecimiento del 6 al 7% que esperábamos", dijo Chami. Ahora necesitamos un crecimiento más sostenible, lo que beneficia a más personas. Hemos invertido demasiado en hardware [infraestructura] y no lo suficiente en software [aquí en el sentido de valor agregado]. Atractivo al principio, esta metáfora encuentra rápidamente sus límites, cuando la mayoría de los servicios carecen en el sur. ¿No sería mejor construir un tren para Agadir, uno de los principales centros turísticos costeros del país y un importante relevo a más áreas del sur, en lugar de endeudarse por un TGV cuando ya existía una línea entre Casablanca y Tánger?

Una controvertida línea de TGV
La pregunta avergonzó al primer ministro, que es originario de Souss, una región en el suroeste de Marruecos: "Cuando llegué al puesto de jefe de gobierno, la decisión ya estaba tomada", explica. Entonces no es mi culpa. Yo digo: "Mantengamos el TGV e intentemos construir el tren para Agadir". Muchos de sus conciudadanos no están de acuerdo. Para Akesbi, "el TGV es un desastre para el país". El economista recuerda que inicialmente, para que el LGV sea rentable, el precio de las entradas debería haber estado entre 80 y 120 euros; demasiado para la clase media marroquí. Por lo tanto, el estado ha bajado artificialmente el precio y cuesta menos de 25 euros ir de Casablanca a Tánger. "La Oficina Nacional de Ferrocarriles [ONCF] paga la diferencia y por lo tanto empeora su déficit, que el contribuyente tendrá que rescatar. Lo que no pagamos cuando compramos el boleto, lo pagaremos con nuestros impuestos ”, dice Akesbi.

En Jemaa-el-Fna (9), emblemático del templo del turismo que se ha convertido en Marrakech, un gran cartel celebra al rey: "Veinte años de logros" y "desarrollo económico". Pero, a menos de trescientos kilómetros de distancia, las aceras maltratadas de Agadir (400,000 habitantes) nos recuerdan que este "desarrollo" no beneficia a todos. Las paredes rezumadas y amarillentas de la estación de autobuses, en comparación con la magnificencia de la estación de tren de Marrakech, cuestionan las opciones económicas del régimen. Una sucesión de edificios en ruinas, el centro de la ciudad se está desmoronando. Signo de la lámpara de araña de antaño, la ciudad tiene no menos de tres palacios; pero el soberano, que prefiere el norte del país y el extranjero, rara vez los honra con una visita (10).

Economía de alquiler y varios monopolios.
Víctima de las elecciones inequitativas del poder, Agadir ahora es castigada, condenada al subdesarrollo. "En el pasado, no estábamos lejos de Marrakech. Hoy es otro mundo. "A los 37 años, este gerente de espacio publicitario, que sin embargo cuenta entre sus clientes con la cadena de comida rápida McDonald's, vio caer su facturación de 100,000 a 40,000 euros entre 2012 y 2019". empresas, mientras que Agadir ahora representa el 4% de la cuota de mercado publicitario, frente al 12% de Marrakech? »Un maestro de escuela retirado, el Sr. Mohammed Jaouhair, divide su tiempo entre Agadir y Sidi Ifni, a una hora y media por carretera desde la pista sur. "El otro día, en el" desangrado ", me picó un escorpión, nos cuenta mostrando la fotografía del artrópodo negro, tomada con su teléfono. Como no hay UHC allí, y no podía esperar una cita con el médico, fui a la clínica. ¡Me dijeron que no tenían nada para mí! Pasé veinticuatro horas acostado, ansioso, esperando que pasara ", explica este miembro de la red Akal (" tierra "en bereber), que está luchando por el rec

Nacimiento de la comunidad amazigh en el sur del país.

A principios de noviembre, Mohammed VI, sin embargo, pidió una "reflexión seria" sobre el establecimiento de un enlace ferroviario entre Marrakech y Agadir (11). Pero las dificultades de Marruecos no se derivan únicamente de las elecciones cuestionables del palacio; También son estructurales, inherentes a la economía de la renta y a varios monopolios que ya existían durante la era colonial francesa, y que la monarquía ha perpetuado. "Este es el otro lado del fracaso de la apuesta de economía de mercado", dice Akesbi. El alquiler, es decir, una remuneración sin trabajo o valor agregado, actividad económica gangrena. Tome el transporte de pasajeros: ¿quiere iniciar un negocio en este sector? No puedes Para esto, es necesario tener una autorización, es decir, una autorización política. Se le da no porque su proyecto sea viable, sino porque está en la corte. Los recursos naturales también están sujetos a alquiler. En la industria, el 40% de las empresas dicen que están en un sector oligopolístico o duolista. Agua embotellada, bosques, canteras de arena, minerales, pero también bancos, combustibles ... Ningún sector escapa hoy a esta ley de aprobación.

Involucrado en múltiples actividades, incluido el sector bancario altamente remunerativo, ansioso por preservar las apariencias mientras mantiene su control sobre la economía (12), el rey ahora promueve la idea de un "nuevo modelo de desarrollo". El proyecto pretende sobre todo ser "filosófico", explica el Primer Ministro. Pero todavía ? Los contornos aún no están bien definidos, aunque, en diciembre de 2019, Mohammed VI nombró a treinta y cinco personalidades miembros de una comisión responsable de entregar un informe el próximo junio. ¿Esta reflexión conducirá a facturas? "Seguramente", elude al Primer Ministro. ¿Invertir en qué sector? El misterio permanece. "Servicios públicos", espera por su parte el Sr. Chami.

Pero aún es necesario poder financiarlos. La dotación de seguridad sigue siendo considerable: 77 mil millones de dirhams (7,32 mil millones de euros). ¡Esto es solo un poco menos que el primer elemento de la ley de finanzas de 2020, es decir, el servicio de la deuda, que alcanzó los 96.500 millones de dirhams (9.1700 millones de euros) (13)! Además, Marruecos sigue enredado en un sistema fiscal "injusto e ineficaz", según las conclusiones de la conferencia fiscal celebrada en mayo de 2019. Hasta ahora, el reino siempre se ha negado a llevar a cabo una reforma en esta área.

Clima nocivo y represión contra el "hirak"
"Hablar sobre nuevos desarrollos sin reformar el modo de gobierno es una pérdida de tiempo", dijo Boumaalif. Debemos avanzar hacia un nuevo pacto social, una monarquía parlamentaria. El asunto de la gobernanza es asunto del pueblo marroquí. El palacio permanece sordo a este discurso. Para hacer frente a este triple impasse, político, económico y social, parece por el contrario sentirse tentado por una solución de estilo argelino, que combina la cooptación y la represión. El caso del periodista Hajar Raissouni, arrestado por "aborto ilegal" y "sexo fuera del matrimonio", sentenciado a un año de prisión antes de obtener el perdón real, causó revuelo en el extranjero. Destaca el clima nocivo dentro del reino, que pesa principalmente sobre los militantes del hirak ("movimiento popular") del Rif (14). Desde que comenzaron las protestas en 2017, varios cientos de manifestantes han sido condenados, algunos a veinte años de prisión. A finales de 2019, cincuenta y cinco seguían detenidos. Varios de ellos comenzaron una huelga de hambre a principios de febrero para protestar por sus condiciones de detención.

" Y por qué ? ¡Por pedir agua, electricidad, servicios públicos, sin violencia! Suspira la Sra. Amina Khalid, coordinadora de ayuda familiar para prisioneros de Hirak. “Me recuerda a los años de Hassan II. La represión es una vez más una política estatal en Marruecos ", lamenta esta hija de activistas de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP). Señales de creciente impaciencia entre la población, miles de personas marcharon el 23 de febrero en las calles de Casablanca para denunciar la disminución del poder adquisitivo, el alcance de la corrupción y la degradación de los derechos humanos. "El marroquí se ha conmovido tanto que ya no cree en nada", suspira la Sra. Khalid. Simplemente no queda esperanza; esperamos. Quizás el ejemplo del Hirak libanés nos inspire. "

Marruecos se busca a sí mismo en una atmósfera que recuerda los últimos años del régimen de Zine El-Abidine Ben Ali, cuando Túnez vivía bajo el control de Trabelsi, los suegros del presidente. ¿Se acerca el final de una era? El comportamiento del propio rey cuestiona. No estuvo presente en septiembre de 2019 en el funeral de Jacques Chirac, un gran amigo de su padre, ni en octubre en Sochi para la cumbre Rusia-África, donde había delegado a su jefe de gobierno. Además de los efectos del anuncio, ¿qué piensa él, rodeado por este gabinete real cuyo personal llegaría a dos mil personas? ¿Su discreción anuncia grandes cambios por venir? "Todos los que le dirán que el rey es el pegamento del país son aquellos que aún tienen algo que perder en el sistema actual", dice el periodista Omar Radi, atento espectador de un Marruecos con un futuro cada vez más incierto. .

Pierre Puchot
Periodista.

(1) Lea Kader Abderrahim y Zakya Daoud, "¿Realmente cambia Marruecos? ", Le Monde diplomatique, febrero de 2000.

(2) "Fiesta del Trono: discurso integral del Rey Mohammed VI", Atlas Info, 29 de julio de 2019.

(3) Cf. Jean-Pierre Séréni, "La economía de Marruecos. "Bien, pero debe (mucho) hacerlo mejor", Oriente XXI, 24 de febrero de 2020.

(4) La Vie éco, Casablanca, 28 de enero de 2020.

(5) Agence Ecofin, Genève-Yaoundé, 22 de febrero de 2020.

(6) Doing Business, 24 de octubre de 2019.

(7) "Informe sobre Desarrollo Humano 2019", PNUD, diciembre de 2019.

(8) Rahma Bourqia, "Repensar y refundar la escuela en Marruecos: la Visión Estratégica 2015-2030", Revista Internacional de Educación de Sèvres, n ° 71, abril de 2016.

(9) Lea Juan Goytisolo, "Jemaa-el-Fna, patrimonio oral de la humanidad", Le Monde diplomatique, junio de 1997.

(10) Cf. Ignacio Cembrero, "Mohammed VI, el desconcertante ausentismo del rey de Marruecos", Oriente XXI, 23 de octubre de 2017.

(11) "Mohammed VI anuncia el proyecto para una línea de ferrocarril Marrakech-Agadir", Bladi.net, 7 de noviembre de 2019.

(12) Lea Pierre Daum, "Marruecos petrificado por su rey", Le Monde diplomatique, octubre de 2016.

(13) Mohammed Benmoussa, "Lectura sociopolítica y económica de la ley de finanzas 2020", Le Desk, 27 de octubre de 2019.

(14) Lea Aboubakr Jamaï, "En Marruecos, el Rif desafía al rey", Le Monde diplomatique, julio de 2017.