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viernes, 9 de enero de 2026

_- Joseph E. Stiglitz y «la buena nueva» del desarrollo latinoamericano

_- Moneda de curso común en América Latina es la recepción mecánica y acrítica de algún académico o economista proveniente de Europa y, particularmente, de los Estados Unidos.

Gobernantes, funcionarios, asesores, consultores, activistas de ONG, empresarios, editores, audiencias masivas e, incluso, estudiantes y académicos universitarios suelen, no pocas veces, caer seducidos ante la perorata de algún vendedor de ilusiones que, desde el norte del mundo, pretende desvelar los misterios del subdesarrollo latinoamericano y de las paradojas políticas de la región.

No son pocos los nombres: Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Albert Noguera Fernández, Marco Aparicio Wilhelmi, José María Guijarro, Antoni Gutiérrez-Rubí, Alfredo Serrano Mancilla, Éric Toussaint, Henry Veltmeyer, François Houtart, Heinz Dieterich, Alex Salmond, Boaventura de Sousa Santos, entre otros de signo progresista e incluso radicados por largo tiempo en países latinoamericanos. Vinculados a otros espectros ideológicos destacan personajes como Jeffrey D. Sachs, Paul Krugman, Dani Rodrik, Ha-Joon Chang, Richard Layard, Mariana Mazzucato, Daniel Lacalle, Lawrence Summers, Juan Ramón Rallo, David McWilliams, Xavier Sala-i-Martin, Judith Butler, Yanis Varoufakis y, por supuesto, Joseph E. Stiglitz. Estos nombres evidencian una propensión al escapismo psicológico por parte de las élites políticas, empresariales y académicas latinoamericanas, así como una negación por parte de estos grupos sociales locales a pensar el desarrollo con cabeza propia.

Como activistas y propagandistas de ciertas ideas e ideologías relacionadas con los problemas públicos, sean estos económicos, políticos, educativos o propios de las relaciones internacionales, sus plataformas de difusión son también vastas: desde cátedras en universidades, foros académicos como congresos y simposios, editoriales que publican sus libros y testimonios, hasta conferencias magistrales ante audiencias variadas, programas de radio, cápsulas de podcast, mesas redondas y paneles de análisis en televisión o en las redes sociodigitales, columnas de opinión en diarios y revistas de divulgación, entre otros. Desde esos púlpitos construyen y difunden significaciones en torno al diseño y ejercicio de políticas públicas, los procesos de democratización en las sociedades nacionales, la comunicación política, los desafíos de la economía mundial, las contradicciones geopolíticas, los procesos de integración económica, el estado y futuro de los organismos internacionales, entre otros temas más.

Joseph Eugene Stiglitz es uno de esos peculiares economistas que gozan de amplias audiencias y lectores en prácticamente todo el mundo. Nacido en Gary, Indiana en 1943, académico de la Universidad de Columbia, Presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de los Estados Unidos durante el primer mandato de Bill Clinton, Primer Vicepresidente y Economista Jefe del Banco Mundial, y colaborador en el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Peculiar su pensamiento porque pese a desempeñar estos cargos en el establishment, al pertenecer a la academia de universidades estadounidenses ampliamente influyentes y a ser un representante –a través de la llamada economía de la información– de la corriente principal de la teoría económica convencional que se enseña en un sinfín de universidades, desliza ante sus lectores y audiencias una postura progresista y hasta crítica en torno a la gestión o no de la economía mundial. Difusor de una globalización con rostro humano o de un capitalismo progresista, e incluso de ideas como las de un Consenso Post-Washington, Stiglitz se presenta como un reivindicador de las tesis keynesianas y como una alternativa al monoteísmo de mercado que arraigó desde finales de los años ochenta bajo el imperativo friedmaniano de la libertad de elegir.

Con la noción de capitalismo progresista (https://shre.ink/odMB), Stiglitz aboga por posicionar el poder del mercado al servicio de los ciudadanos y de la mejora de sus ingresos. Retóricamente, el economista laureado con el Premio Nobel en el año 2001 introduce la noción de desigualdad acotada a la distribución del ingreso y de la riqueza, pero sin referir un mínimo análisis y cuestionamiento a la estructura asimétrica y polarizada del capitalismo y a sus relaciones de explotación que son el telón de fondo que originan esa desigualdad social e internacional. A lo sumo, respecto a la carrera desbocada por crear y acumular riqueza, habla del abuso del poder de mercado, de la captación de rentas o de las ventajas que brinda la posesión asimétrica o imperfecta de la información.

Su crítica al modelo económico imperante desde los años ochenta del siglo XX se centra en la desregulación de los mercados bancario/financieros, al papel errático de organismos como el Fondo Monetario Internacional, así como en el creciente poder de mercado concentrado por las grandes corporaciones y los oligopolios. En general, se opone a la ideología fundada en un mercado sin restricciones o regulaciones; de ahí que aboga con ingenuidad para que se adopten leyes antimonopolio, los agentes financieros y los bancos rindan cuentas y que “los mercados, en general, se pongan al servicio de la sociedad”. De ahí que sea posible argumentar, muy a contracorriente de la postura de Stiglitz (https://shre.ink/odev), que el capitalismo progresista sí es un oxímoron.

Además de criticar la noción de libertad y elección individual difundidas por libertarios como Friedrich August von Hayek y Milton Friedman, Stiglitz cuestiona las políticas que restringen el poder del Estado. En suma, Stiglitz, a lo largo de su obra e incursiones públicas, aboga por una mayor acción colectiva para afianzar la gobernanza de la economía global a partir de la coordinación entre el Estado y el mercado. Sin embargo, la noción de libertad del nacido en Indiana no se extiende al campo laboral y a las relaciones de producción, las ignora totalmente.

Poco distan estas posturas de muchas otras que desde una raigambre teórica profunda se estudian en lo más fecundo y fértil de las ciencias sociales latinoamericanas y de su pensamiento crítico. Múltiples economistas abogan por la reivindicación de tesis de corte neokeynesiano para retomar la senda del crecimiento económico sobre bases duraderas. Sin embargo, no pocos gobiernos y empresarios de la región ignoran estas posturas y las hacen pasar como desapercibidas.

Las simpatías políticas de Stiglitz son evidentes: proclive a las administraciones demócratas de los Estados Unidos y a las élites globalistas que impusieron hace cuarenta años el mismo modelo económico rentista y concentrador de la riqueza que el Premio Nobel critica. Por el contrario, son evidentes sus antipatías respecto al nacionalismo populista encabezado por Donald J. Trump (https://shre.ink/odSd). Sus simpatías también se extienden a varios de los llamados gobiernos progresistas instaurados en América Latina durante distintos ciclos políticos desde 1999, sin reconocer el propio Stiglitz las contradicciones de estas élites políticas y de sus modelos económicos fundamentados en la reprimarización de las economías, en la exportación de commodities y en la perpetuación de las condiciones de desigualdad a lo largo y ancho de la región. El último gesto respecto a estas élites políticas latinoamericanas lo evidenció Stiglitz en su abierto respaldo al grupo Democracia Siempre, que reúne a los mandatarios de Chile, Brasil, Colombia, Uruguay, España, entre otros de la Unión Europea (https://shre.ink/odqO), en aras de formar de un frente contra lo que se denomina como la ultraderecha.

La cortedad de miras en la perspectiva de Joseph Stiglitz respecto a América Latina es directamente proporcional a la miopía de la corriente teórica a la cual pertenece. Sin dotarse del suficiente trabajo empírico y sin el conocimiento profundo de las realidades y diversidades latinoamericanas, se torna incapaz de comprender las estructuras profundas del subdesarrollo latinoamericano y la misma construcción histórica de los Estados y sus instituciones, la estructura de clases sociales y la correlación de fuerzas en la región. Con amplia seguridad, los datos de que dispone para sus análisis son solo aquellos provenientes de las bases estadísticas de organismos internacionales. De ahí que sus recomendaciones de política económica sean, por decir lo menos, superficiales y apenas cosméticas para el grado que alcanzan las contradicciones del capitalismo en América Latina y los flagelos sociales que acelera su patrón de acumulación rentista, neoextractivista, maquilador y primario/exportador.

Stiglitz se erige en una especie de gurú que esboza apreciaciones y pronósticos sobre la situación de la economía mundial. Y ello le trajo no pocos equívocos y diferencias en América Latina, como cuando habló de un “milagro económico argentino” tras la recuperación económica del país luego de la pandemia del Covid-19, omitiendo especialmente el tema de la inflación galopante y la caída de las reservas internacionales, así como el incremento de la pobreza y de la informalidad laboral en el país austral (https://shre.ink/odAB). En efecto, la economía argentina se recuperó hacia el 2022, pero como resultado de actividades y sectores económicos que estuvieron confinados durante la crisis epidemiológica global. Entonces, los comentarios errados de Stiglitz son más atribuibles a una simpatía por gobiernos y economistas apegados a una ideología progresista que por contar con las bases empíricas para sustentarlos.

Cabe puntualizar que lo anterior evidencia una postración de las élites latinoamericanas ante un sinfín de propagandistas que desde distintas partes del norte del mundo desfilan por los auditorios, salas de conferencias, salones de capacitación de funcionarios nacionales y aulas de universidades. Evidencia también el extravío para pensar el desarrollo con cabeza propia y a partir de la recuperación del pensamiento social, económico y filosófico de raigambre latinoamericana. Lo cual no supone ignorar las posturas teórico/ideológicas de los gurús visitantes, sino dialogar con ellos de manera multidireccional, crítica y creativa, sin caer en la tentación de incorporar de manera mecánica sus posturas no pocas veces infundadas, descontextualizadas y apegadas a realidades distintas y distantes de las latinoamericanas.

Isaac Enríquez Pérez. Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro «La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos»

Twitter: @isaacepunam

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 13 de julio de 2017

Introducción al pensamiento crítico de François Houtart. Nuevo libro sobre su aporte a la teología de la liberación

La Teología de la Liberación no se interesa tanto en la existencia de Dios –si Dios existe o no. Se interesa en saber dónde está Dios, es decir, en la lucha de la liberación de los pueblos. (...) Actualmente este tipo de Teología es más necesaria que nunca, frente a la globalización del capital." Con esa asertiva, uno de los teólogos más destacados de la Teología de la Liberación, el belga François Houtart, sitúa de qué manera esa orientación libertadora del cristianismo fortalece el diálogo con las demandas de las poblaciones oprimidas en todo el globo y cómo la religión y la doctrina social pueden caminar articuladas.

Este mensaje resume la vida del sociólogo y sacerdote François Houtart, que se apagó el pasado 6 de junio de 2017 en Quito (Ecuador) a los 92 años.

Houtart deja una huella indeleble en múltiples campos del saber y del quehacer eco-humano: ciencias sociales, sociología de la religión, ciencia política, ecología, movimientos sociales, etcétera. Fue pionero en los estudios de sociología de la religión que cultivó a través de numerosas publicaciones y que enseñó durante más de tres décadas en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), fundando el Centro Tricontinental CETRI en 1976. Allí se formaron varias generaciones de políticos, teólogos, científicos sociales, politólogos, economistas y activistas sociales, que aprendieron, bajo su magisterio, a interpretar críticamente la realidad social y a transformarla luchando contra los mecanismos opresores que operan en ella.

El teólogo español Juan José Tamayo subraya que “sus análisis críticos del capitalismo y su interpretación ética de las religiones contribuyeron a dar soporte sociológico y dimensión económico-política a la teología de la liberación, muchos de cuyos cultivadores lo consideran su maestro. La ética es, para él, la teología primera; las ciencias sociales, la palabra primera; la revolución, inherente al cristianismo; la praxis de liberación, concreción del amor cristiano; la utopía, la meta hacia la que caminar” (1).

Homenaje al maestro François

En ocasión de la celebración del funeral (2) de François Houtart en programa el próximo miércoles 28 de junio de 2017, h. 6.00PM en Notre-Dame de Stockel (Bélgica), yo he pensado de publicar un libro en homenaje a Houtart, maestro con el cual he personalmente compartido investigaciones y amistad.

El libro se titula: “Construyendo puentes entre la teología y la emancipación de los pueblos. Introducción al pensamiento crítico de François Houtart”, Observatorio SELVAS Edición, 2017, pág. 110.

Esta publicación tiene el objetivo de presentar una introducción al pensamiento crítico de Houtart con relación a la teología y a la emancipación de los pueblos.

En este libro se analizan algunos importantes aportes de Houtart en la perspectiva de “la iglesia de los pobres” impulsada por el Papa Francisco, la histórica beatificación de Monseñor Oscar Romero, obispo y mártir de San Salvador, temas enfocados en el segundo capítulo.

En el tercer capítulo se recupera un artículo publicado en 1984 que documenta el ataque a la teología de la liberación por parte de Mons. López Trujillo - Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM.

Se analiza la “opción preferencial por los pobres” con relación al balance del pontificado de Juan Pablo II.

En el cuarto capítulo se recuperan algunas notas biográficas escritas por el mismo Houtart con relación a la Juventud Obrera Católica JOC. Yo sigo el proceso continental de la JOC en Latinoamérica desde su congreso en Asunción del 2001; en este libro se encuentra una carta abierta de 2012, escrita por Rodolfo Romero Garcete y Pedro Parra Gaona (ex presidentes nacionales de JOC-Paraguay) a la Presidencia de la Conferencia Episcopal Paraguay CEP, que demuestra cuanto sea actual el mensaje de la JOC y el aporte de Houtart. El quinto capítulo concentra su atención en Camilo Torres que fue muy cercano de François, durante los años que éste permaneció en Europa, adelantando sus estudios de Sociología. Fue su profesor y amigo personal.

La fuerza de la fe cristiana para la liberación de los pueblos

En el espléndido libro El alma en la tierra. Memorias de François Houtart, publicado por el Instituto Cubano del Libro, Carlos Tablada resume en dos ideas-fuerza la trayectoria del sacerdote belga que se vivía como latinoamericano: lealtad a su fe y al ideal de justicia social. Con ellas vivió hasta el último momento.

A François la fe cristiana lo orientó en la búsqueda de las causas de la injusticia y del análisis de los mecanismos de apropiación de las riquezas del mundo por una minoría.

Houtart estuvo fuertemente ligado al movimiento de la Teología de la Liberación, siendo considerado uno de sus más radicales exponentes, incluso vinculándose a la Revolución Sandinista; por eso, fue parte de las controversias que, entre 1980 y 1990, provocaron la condena y sanción de la Santa Sede contra esa vertiente cristiana de pensamiento al servicio de los pueblos.

El antropólogo jesuita boliviano Xavier Albó subraya que “Durante el Concilio Vaticano II (1962-1965), Houtart participó activamente como experto. Sus ideas están por ejemplo en la Introducción de la Gaudium et Spes. Desarrolló un estilo muy abierto en el diálogo interreligioso en el ámbito mundial. Estuvo desde su fundación en la revista Concilium de la universidad de Nigmegen (Holanda), entonces católica. Es por todo ello que François Houtart fue uno de los primeros europeos de la teología de la liberación, antes y después que Gustavo Gutiérrez consagrara ese nombre” (3).

En febrero de 2016 vino a Colombia para los actos académicos y políticos con ocasión del 50 aniversario de la muerte del padre Camilo Torres. Al entregarme el libro El bien común de la humanidad, escribió esta dedicatoria que me honra: “A Cristiano, en muy cordial recuerdo de la reflexión y de la acción cristiana, con el Papa Francisco que abra tantos nuevos espacios”.

En la lectio magistralis que Houtart (acompañado por Lilia Solano) ha hecho en febrero de 2016 en la Universidad Pedagógica de Colombia sobre Camilo Torres– gracias a la invitación del profesor Alfonso Torres, destaca que “El sueño de Camilo de una unidad popular tiene bases en la realidad. Lo que falta es el desarrollo de una perspectiva común para la construcción de un nuevo paradigma, y para definir a nivel colombiano lo que es el Bien Común de la Humanidad contribuyendo así a su construcción global”.

Al final de esta conferencia se acerca a François un joven seminarista que se había escapado del Seminario Diocesano por escucharlo aquella tarde de lluvia, porque “en seminario no permiten leer los libros de Houtart”. A este joven seminarista de 20 años he pensado para elaborar este libro de introducción al pensamiento crítico de Houtart entre teología y emancipación de los pueblos…

En aquella ocasión François explica que “la Iglesia católica como institución ha estado muy ausente de todo el proceso de paz hasta ahora en Colombia. Y esta es la oportunidad de retomar, reencontrar, un papel profético, en el que anuncie los valores fundamentales del reino de Dios: la justicia, la paz y el amor, de manera concreta y no abstracta. Tal vez con la inspiración del papa Francisco pueda cambiar y mejorar en un país como Colombia”.

Al respecto Houtart expresa su profunda esperanza en el Papa Francisco: “Pienso que hasta ahora ha hecho cosas impresionantes. Entre ellas esa encíclica Laudato Sí que debe ser estudiada a fondo. El Papa muestra a veces sorprendente voluntad de cambio de estructuras: en el campo de la organización eclesiástica y, lo que es extremadamente importante, en materia de las finanzas. Es un camino trascendente y muy peligroso porque despierta resistencias inmensas. También en materia de orientaciones que chocan con la tradición, como acogimiento a los homosexuales, sacramentos a los divorciados, la consulta a la Iglesia sobre la vida familiar, etc. El Papa quisiera imponer un comportamiento sencillo, ajeno a la suntuosidad y al boato, cercano a la gente corriente.

No podemos decir que el Papa Francisco adhiera a la Teología de la Liberación. Es un hombre abierto, que abre espacios y va lejos, siempre dentro de la doctrina social de la Iglesia, acercándose a una condena clara al capitalismo depredador” (5).

Una anécdota de papa Francisco con relación a Mons. López Trujillo

Hay que hacer justicia frente a los gravísimos ataques de Mons. López Trujillo durante su Presidencia del CELAM.

Treinta y cinco años después del asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero (23 marzo de 2015), el Vaticano reconoció que hubo una campaña para denigrar al religioso centroamericano, cuya beatificación estuvo bloqueada en la época de Juan Pablo II y reivindicada en la nueva era de Francisco, que lo considera un modelo para América Latina. “López Trujillo temía que la beatificación de Romero se transformara en la canonización de la Teología de la Liberación”, recordó Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio, el movimiento católico que apoyó y financió la causa de Romero.

Los enemigos de la canonización del prelado centroamericano arremetieron aún antes de que la causa fuera abierta formalmente y lo criticaban por su cercanía al teólogo jesuita Jon Sobrino, censurado por años por el Vaticano como uno de los grandes exponentes de la Teología de la Liberación, quien sobrevivió a la matanza perpetrada en 1989 por militares salvadoreños contra seis compañeros jesuitas (6).

Al respecto Houtart analiza que “En los años 30 hubo en El Salvador una represión cruenta. En los años 50, en nombre de sus convicciones religiosas, la Juventud Obrera Cristiana (JOC) ayudó a los jóvenes de los medios populares a resistir. En los años 60 y 70 los diferentes movimientos emancipadores en el mundo se opusieron a las dictaduras militares que preparaban la era neoliberal. En toda América central, en particular en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, nacieron movimientos de liberación inspirados por la revolución cubana y sus conquistas sociales. Las comunidades eclesiales de base, fruto de la inspiración del Concilio Vaticano II, hicieron el lazo entre la fe de los pueblos y el proyecto de emancipación social. La teología de la liberación colocaba a Dios en el seno mismo de la historia dando de nuevo sentido a la evangelización para realizar concretamente los valores del reino de Dios: justicia e igualdad en la condición humana, amor, paz, no violencia activa y lucha contra el sistema de muerte que era el resultado de la lógica económica dominante.

Todo esto se inscribía en el contexto más amplio de la guerra fría y la lucha contra el comunismo, lo cual había hecho que los poderes occidentales se aliaran con los gobiernos de derecha de sudamérica y que ignoraran las exacciones que hacían en el nombre de la defensa de los valores occidentales. Una parte importante de la jerarquía católica participaba en este proceso, desde los arzobispados locales hasta las altas autoridades romanas”.(7)

Monseñor Jesús Delgado, secretario personal de Mons. Romero, durante una conferencia de prensa en Vaticano en marzo de 2015 con relación al lanzamiento en italiano de un libro con las cartas inéditas de Romero entre 1977 y 1980 con el título “La iglesia no puede callar” relató cómo durante la reunión de Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe celebrada en la localidad brasileña de Aparecida en 2007 fue preguntando a todos los cardenales presentes si pensaban que Romero subiría a los altares.

Delgado desveló como el entonces arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Bergoglio, le confesó que él si fuera papa beatificaría a Romero.

"Llegué donde Bergoglio y le dije: señor cardenal, ¿usted piensa que monseñor Romero será beatificado? y señalé con respeto al cardenal López Trujillo".

Bergoglio, dijo, continuó: "Si yo hubiese llegado a ser papa, lo primero que hubiera hecho sería enviar a López Trujillo a San Salvador a beatificar a monseñor Romero"(8).

Es una anécdota muy significativa que ha recordado también el famoso teólogo jesuita argentino Juan Carlos Scannone, principal autor de la "Teología del pueblo", durante su conferencia en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá en febrero de 2016.

Conclusión

Concluyendo, François Houtart nos deja un legado de cómo vivir la fe cristiana en un mundo dividido entre pocos multimillonarios y multitud de miserables, y de lo que significa ser discípulo de Jesús en este convulso inicio del siglo XXI.

Al mismo tiempo François expresa su sintonía con Francisco: no ha habido en la historia otro Papa que haya hecho tantas críticas y tan profundas al capitalismo como Papa Francisco.

Eso de convocar tres encuentros mundiales con movimientos sociales no lo hizo ningún otro Papa y ninguna Conferencia Episcopal. Creo que su defensa de los pobres y los refugiados, la consigna de las tres ‘T’ (trabajo, techo y tierra), refleja también la contribución de François Houtart a la Iglesia y a la sociedad moderna.

LIBRO

Construyendo puentes entre la teología y la emancipación de los pueblos.

Introducción al pensamiento crítico de François Houtart.

Autor: Cristiano Morsolin. Edición: Centre Tricontinental CETRI y Observatorio SELVAS, Bogotá: 2017, pág. 110.

Descargar online el libro:

http://www.cetri.be/IMG/pdf/libro_houtart_morsolin__junio_2017.pdf

Notas:

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/12/actualidad/1497298356_260827.html

Une cérémonie religieuse sera célébrée le mercredi 28 juin 2017 à 18h en l’église Notre-Dame de Stockel, 1150 Woluwe-Saint-Pierre, Belgique. Pour adresser vos condoléances à la famille de François: condoleances.chanoine.houtart@gmail.com http://www.cetri.be/Ceremonie-des-funerailles-de?lang=fr

Xavier Albó .Filemón Escobar y François Houtart. La Razón. La Paz: 18 de junio de 2017

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Filemon-Escobar-Francois-Houtart_0_2729727044.html

http://www.puntofinal.cl/832/houtart832.php

http://www.prensalibre.com/internacional/vaticano-reconoce-que-se-intento-denigrar-a-romero

http://www.jornada.unam.mx/2015/05/17/opinion/022a1mun

http://www.terra.com.co/noticias/mundo/europa/exsecretario-de-romero-la-oposicion-social-y-politica-freno-la-beatificacion,786b21cdcf45b410VgnCLD200000b1bf46d0RCRD.html

Cristiano Morsolin, investigador y trabajador social italiano radicado en Latinoamérica. Desde 2001 trabaja en proyectos de cooperación internacional en Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia y Brasil. Co-fundador del Observatorio sobre Latinoamérica SELVAS de Milán. Actualmente colabora con la Universidade Estadual de Maringa (Brasil) y el Centre Tricontinental CETRI (Bélgica). Autor de varios libros, analiza la relación entre derechos humanos, movimientos sociales y políticas emancipadoras.

Blog: https://diversidadenmovimiento.wordpress.com/

lunes, 12 de junio de 2017

François Houtart, extraordinario ser humano


Gustavo Pérez Ramírez

Inmenso el dolor por la muerte de este gran ser humano que fue François Houtart, la madrugada del 6 de junio. Fue sorpresivo, pues si bien ya había cumplido 92 años, su gran energía, fortaleza física y moral e infatigable laboriosidad, que lo caracterizaron, auguraban que superaría los cien años, recorriendo el mundo al servicio de las grandes causas humanitarias, como lo venía haciendo.

La Fundación Pueblo Indio, donde residía, ha informado que la víspera “cenó como de costumbre y se fue a dormir... claro que en su habitación siguió trabajando... no sabemos hasta qué hora... porque hasta las once de la noche aún recibimos sus emails. Al amanecer, se ha levantado para ir a la ducha y las fuerzas le faltaron... Se sentó en su sillón relax y con su mano en el corazón se durmió plácidamente, sin ruido, muy calladito. Y con infarto masivo... a las siete y media de la mañana... se despertó en Dios.”

Deja un gran vacío, que alivia la fe en el Ser Supremo, al que François consagró su vida en el ministerio sacerdotal. Resuenan en mi mente sus propias palabras sobre el sentido cristiano de la muerte, pronunciadas en la misa de difuntos que presidió hace poco en la Fundación Pueblo Indio por la muerte de uno de sus sobrinos.

Más que un amigo, fue para mí un hermano y consejero. Tuve el privilegio de conocerlo en octubre de 1954, cuando, con otro entrañable amigo, Camilo Torres Restrepo, nos inscribimos en la Universidad Católica de Lovaina, donde François preparaba su doctorado en Ciencias Políticas y Sociales. Él guió nuestros primeros pasos por la vida académica, amén de relacionarnos con el contexto social y los principales movimientos sociales: sindicalismo cristiano, Juventud Obrera Católica, el Boerenbond o movimiento campesino. Lo hizo hasta que viajó a Chicago a especializarse en Sociología, pero nos fuimos reencontrando a través de los años hasta su llegada al Ecuador.

Terminado mi doctorado, de regreso en Colombia, François me vinculó a su trabajo en América Latina, cuando se iniciaba como uno de los expertos del Concilio Vaticano II, 1962-1965. Había recibido del obispo progresista brasileño, Dom Hélder Câmara, presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, CELAM, el encargo de hacer una amplia investigación sociológica sobre la situación de la iglesia en América Latina, en su calidad de secretario general de la Federación Internacional de Institutos de investigaciones socio-religiosas, FERES. François me vinculó, nombrándome Secretario para América Latina. Se generaron 43 publicaciones, cuya síntesis preparó para distribución a los Padres Conciliares.

Nuestros contactos siguieron intermitentes a partir de 1972, aunque con encuentros frecuentes hasta nuestro reencuentro en Quito en 2003, cuando conformamos un grupo de Pensamiento Alternativo, con reuniones quincenales, siempre que François estaba de regreso de sus frecuentes viajes por el mundo.

Su legado
El fiel ejercicio del sacerdocio a luz de la Teología de la Liberación y su empeño en la Justicia Social y el Bien Común, constituyen el núcleo del legado profético de François Houtart.

Su legado es plurifacético. Destaco unos pocos tópicos, dándole prioridad a sus investigaciones sobre un nuevo paradigma civilizatorio sobre el Bien Común de la Humanidad, que elaboró a petición del Presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, 2009; su pensamiento sobre la Agricultura Campesina; y en general sobre las luchas por la Justicia Social. Además, dejó más de 70 libros y numerosos artículos en periódicos y revistas.

Habría que añadir muchas más reflexiones sobre su coherencia de vida, su proverbial amabilidad, disponibilidad y generosidad, no sólo para ayudar al necesitado, sino con su tiempo, atendiendo consultas de todo el mundo.

Asimismo, su modestia, su paciencia, su firme y constante defensa de los derechos humanos, y toda la sabiduría que aportó por donde fue pasando para la emancipación y desarrollo de los pueblos con una crítica objetiva siempre aportando alternativas, firme en su opción por los pobres, particularmente por los indígenas y campesinos.

Con tres fundaciones internacionales, la del Centro Tricontinental, en 1976 en Lovaina, la del Foro Social Mundial de Porto Alegre 2001 y la de revista Alternatives du Sud.

François ha dejado una riquísima fuente de reflexión alternativa a escala mundial.

Su libro Sociología de la Religión, que escribió para el curso de Sociología que dictó en Lovaina, es otro de sus legados principales. Fue tan exitoso, que pudo darlo aún en Cuba, invitado por el Comité de la Revolución.

Parte de su legado queda en el Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), en Quito, donde fue investigador y profesor, particularmente con la Cátedra “Francois Houtart”, y en la Universidad Central, donde fue docente de la Maestría de Sociología Política.

Acababa de regresar de su último viaje, a Venezuela, cuyas reflexiones sobre la situación del país dejó consignadas en su artículo "La Venezuela de hoy y mañana", que El Telégrafo le publicó el 28 de mayo pasado. Entiendo que viajó por invitación de la comunidad luterana en Venezuela, para un encuentro ecuménico con motivo de las conmemoraciones este año, del Quinto Centenario de la Reforma Protestante con Martin Lutero.

Y hasta la víspera de su muerte, estuvo sirviendo al prójimo. Había organizado un conversatorio para denunciar el genocidio de los Tamiles en Sri Lanka, como lo venía haciendo desde tiempo atrás, esta vez, para pedir que el gobierno ecuatoriano, como presidente de turno del Grupo de los 77, plantée una investigación internacional sobre el genocidio del siglo XXI.

La memoria de tan ilustre sacerdote sociólogo y politólogo será venerada por miles de sus seguidores en todos los continentes. Me siento muy honrado de haberlo conocido, colaborado con él y haberlo tenido como guía y maestro.