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domingo, 29 de marzo de 2026

Miguel, Rafael y Gabriel, los ángeles venerados por tres religiones diferentes (y lo que revelan sobre el origen de los mensajeros divinos)

Fresco con dos ángeles

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Detalle de los frescos de Giovanni Battista della Rovere y Giovanni Mauro della Rovere de la bóveda de la Iglesia de San Damián en Piamonte, Italia

En la Biblia, los ángeles aparecen siempre que es necesario transmitir una comunicación divina a los humanos. En la tradición popular, cada persona tiene su propio ángel, que actúa como protector, como guardaespaldas personal. En el arte, pintores y escritores los han representado e incluido a menudo en sus obras.

Literalmente, la palabra "ángel" significa "mensajero". "Proviene del latín angelus, que a su vez deriva del griego ángelos y esta es la forma helénica utilizada para traducir [del Antiguo Testamento] el término hebreo malakh, que significa mensajero", le explica a BBC News Brasil el teólogo Kenner Terra, pastor de la Iglesia Bautista de Água Branca, doctor en estudios religiosos y autor del libro "Coraje para ser".

Terra añade que la figura se refiere a "alguien que transmite un mensaje": "En las antiguas tradiciones judía y cristiana, los ángeles son mensajeros y agentes celestiales al servicio de Dios", afirma.

En los textos que componen la Biblia, estos seres aparecen cumpliendo diversas funciones: participan en guerras, forman parte de ejércitos celestiales, protegen a individuos y pueblos, llevan mensajes divinos, cumplen los designios de Dios, organizan el cosmos y articulan las estaciones del año.

"Los ángeles son criaturas puramente espirituales, creadas por Dios, dotadas de inteligencia y libre albedrío, cuyo propósito es servir al Señor", dice el teólogo, escritor y sacerdote católico Alex Nogueira, autor del libro "Buenos días, mi Dios", y rector del Seminario de Teología Divino Mestre.

"Algunos ángeles también tienen la misión muy especial de ayudar a los humanos en el camino de la salvación. Son mensajeros de Dios y, aunque invisibles, están constantemente presentes desde el Antiguo Testamento hasta la misión de Cristo y la Iglesia", agrega.

"La figura de alguien que es anunciador y que muchas veces aparece como proveedor está presente en varias otras culturas religiosas", explica el investigador de textos sagrados Thiago Maerki, de la Sociedad de Hagiografía de Estados Unidos.

Cristianismo
En la tradición cristiana, diversos pensadores han buscado teorizar sobre los ángeles. Incluso existe una rama de la teología llamada angelología.

A finales del siglo V y principios del VI, un filósofo que se identificaba con el seudónimo de Dionisio el Areopagita —una referencia a un converso de Atenas mencionado en un texto bíblico por el apóstol Pablo— escribió obras que se convirtieron en pilares para la comprensión de estas criaturas.

En "La Anunciación", una de las obras más célebres de Leonardo da Vinci, se muestra al arcángel Gabriel revelando a María que será la madre de Jesús.


En "La Anunciación", una de las obras más célebres de Leonardo da Vinci, se muestra al arcángel Gabriel revelando a María que será la madre de Jesús.

Fuente de la imagen,Art Media/Print Collector/Getty Images


Pie de foto,
En "La Anunciación", una de las obras más célebres de Leonardo da Vinci, se muestra al arcángel Gabriel revelando a María que será la madre de Jesús.

"Fue uno de los pioneros en proponer un sistema, una jerarquía específica para los ángeles", afirma Maerki. "Su clasificación acabó convirtiéndose en la más conocida".

Dionisio buscó organizar la creencia y estableció una jerarquía divina para los ángeles. Según su pensamiento, habría nueve órdenes angélicas: en la cima estarían los serafines, seguidos de los querubines y los tronos; luego vendrían los dominios, las virtudes y las potestades; finalmente, los principados, los arcángeles y los ángeles.

Esta organización, señala, no se refería a una supuesta superioridad; todos gozarían de igual importancia. Esta jerarquía solo explicaba cuáles estarían más cerca de Dios.

Oficialmente, la Iglesia Católica establece que el 29 de septiembre es la festividad de los arcángeles, que son tres: Gabriel, Miguel y Rafael. El 2 de octubre, a su vez, es la festividad de los Santos Ángeles de la Guarda.

"El término arcángel proviene del griego y significa 'ángel jefe' o 'jefe de los ángeles'", declaró a BBC News Brasil el escritor e investigador J. Alves, autor del libro "Los santos de cada día". Según él, los arcángeles serían aquellos "enviados por Dios para cumplir una misión en la historia de la salvación".

Según el Evangelio, es Gabriel, por ejemplo, quien se le aparece a María anunciándole su embarazo de Jesús.

Alves explica que, a lo largo de los siglos del cristianismo, los teólogos se dedicaron a explicar las funciones de ciertos ángeles.

Así, se estableció que Miguel era el "guardián del pueblo de Dios y guerrero contra el mal"; Gabriel, el "mensajero de la fuerza de Dios, quien anuncia los misterios de la encarnación"; y Rafael, el "médico y consolador, expresión de la misericordia divina".

Otras creencias
A pesar de ser una creencia muy fuerte en los cristianos, especialmente los católicos, los ángeles no son figuras nacidas en esta religión, y no son exclusivos de la fe de sus practicantes.

"La creencia en la existencia de ángeles es común, pero la dimensión litúrgica y devocional, como fiestas específicas, oraciones específicas e invocación a los arcángeles, es mucho más característica del catolicismo", dice Nogueira.

Pero comenzó mucho antes.
Representación de Ahura Mazda en Persépolis 

Representación de Ahura Mazda en Persépolis

Fuente de la imagen,Photo 12/Universal Images Group via Getty Images

 
Pie de foto,Según el zoroastrismo, Ahura Mazda creó el universo y el orden cósmico que él mismo mantiene

"La creencia en los ángeles es anterior al cristianismo. En el judaísmo antiguo, aparecen en visiones proféticas y fueron influenciados por la angelología persa tras el exilio babilónico", comenta Alves. "Las culturas mesopotámica y egipcia también hablaban de mensajeros y guardianes".

"La creencia en seres celestiales que sirven a los dioses o en una estructura jerárquica dentro del reino divino tiene paralelismos en otras culturas más allá del mundo bíblico", añade Terra.

"En la cultura persa, especialmente en el zoroastrismo, por ejemplo, no se habla exactamente de los ángeles como en el judaísmo y el cristianismo, pero sí encontramos seres espirituales intermediarios entre Ahura Mazda, el dios supremo, y los seres humanos, que también se clasifican en jerarquías", continúa.

"Esta tradición —agrega— influyó profundamente en la tradición bíblica y las creencias del judaísmo del Segundo Templo".

Es una opinión compartida por otros expertos.

"La creencia en mensajeros espirituales ya existía en las culturas antiguas", confirma Nogueira. "Los pueblos mesopotámicos, egipcios y persas hablaban de espíritus que actuaban como intermediarios entre lo divino y la humanidad".

El sacerdote considera, sin embargo, que "la fe católica" no derivaría "de estas tradiciones, sino de la revelación de Dios al pueblo de Israel, recogida en las Escrituras".

Alves, por su parte, dice: "La fe cristiana se nutre fundamentalmente del judaísmo, del que hereda elementos de la vasta tradición rabínica sobre ángeles y arcángeles".

"Los ángeles son anteriores a la Biblia y aparecen, por ejemplo, en Mesopotamia y Egipto. No tenían nombres de ángeles, pero tenían sus mismas funciones", explica el hagiólogo José Luis Lira, profesor de la Universidad Estatal de Vale do Acaraú y fundador de la Academia Brasileña de Hagiología.

En las llamadas tradiciones abrahámicas —es decir el conjunto de creencias que engloban el judaísmo, el cristianismo y el islam—, hay más similitudes que diferencias en el significado de estos seres místicos.

"En el islam, el arcángel Gabriel incluso se le apareció al profeta Mahoma", el fundador del islam, señala Lira.

El Arcángel Miguel expulsó a los ángeles rebeldes del Paraíso tras una gran batalla celestial, tal como se describe en el libro del Apocalipsis


El Arcángel Miguel expulsó a los ángeles rebeldes del Paraíso tras una gran batalla celestial, tal como se describe en el libro del Apocalipsis

Fuente de la imagen,Mauro Magliani / Electa / Mondadori Portfolio via Getty Images


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En el libro del Apocalipsis se narra una guerra celestial donde el arcángel Miguel expulsa a los ángeles rebeldes del paraíso, representado aquí por Giambattista Tiepolo.

Nogueira explica que, en el judaísmo, a menudo se los considera "siervos y mensajeros de Dios". En el cristianismo "también participan en el misterio de la salvación en Cristo". Y en el islam, "desempeñan funciones similares, como Gabriel, quien transmitió la revelación a Mahoma".

"Los ángeles juegan un papel importante en otras religiones no cristianas, como el judaísmo y el islam", confirma el teólogo Jônatas de Mattos Leal, doctor por la Universidad Andrews, en Michigan, Estados Unidos, y rector del Seminario Teológico Adventista Latinoamericano.

Leal explica, por ejemplo, que el islam menciona cuatro arcángeles: Izrail, Mikail, Israfil y Jibrail, este último equivalente a Gabriel. También señala que "la idea de seres celestiales que actúan como intermediarios" aparece, más allá del zoroastrismo, en las antiguas mitologías babilónica, romana y griega.

Tradición popular
Si las teologías y las diversas religiones institucionales han intentado sistematizar y estandarizar las funciones y roles de los ángeles, las tradiciones populares han intentado transformar la figura en un simpático todoterreno: de guardaespaldas personal a ayudante para todo.

"La religiosidad popular a menudo traduce ideas basadas en necesidades y prácticas cotidianas", comenta Terra.

"La creencia en los ángeles guardianes, por ejemplo, tiene sus raíces en el Evangelio de Mateo, donde Jesús dice que los niños pequeños tienen ángeles que contemplan el rostro del Padre. Este es el texto principal que defiende la idea de los ángeles de la guarda".

Dibujo de Tomás de Aquino

Dibujo de Tomás de Aquino

Fuente de la imagen,Getty Images


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Pensadores cristianos antiguos como Tomás de Aquino "defendieron la existencia de ángeles que cuidan de cada persona de un modo particular", señala Terra.

Terra señala que pensadores cristianos antiguos, como Gregorio de Nisa (330-394), Basilio de Cesarea (330-379) y Tomás de Aquino (1225-1274), "también defendieron la existencia de ángeles que cuidan de cada persona de un modo particular".

Nogueira afirma que la devoción al ángel guardián es el mejor ejemplo de la presencia de la figura en los círculos populares.

"La Iglesia enseña que cada persona tiene un ángel designado por Dios para protegerla y guiarla. Esto dio origen a oraciones sencillas, muy difundidas entre los niños, pero también a la confianza diaria de los fieles en su protección", explica.

En la cultura popular, han surgido expresiones y analogías para transmitir lo sagrado. La famosa discusión medieval sobre "cuántos ángeles caben en la punta de una aguja" no era, de hecho, una cuestión literal, sino una forma filosófica de reflexionar sobre la naturaleza incorpórea de los ángeles, reflexiona el sacerdote.

Otras tradiciones, como representarlos con alas o con formas infantiles —como "angelitos"— reflejan tanto influencias artísticas como la imaginación popular que buscaba hacer visible lo invisible.

El teólogo Leal enfatiza que "la Biblia no menciona explícitamente la idea de que cada persona tenga un ángel guardián".

"Sin embargo, hay varias ocasiones en que las personas son liberadas personalmente mediante la intervención de los ángeles guardianes", reflexiona. "La intervención personal de los ángeles, en el Nuevo Testamento, está implícita" en varios pasajes.

"Bíblicamente hablando, la posibilidad de que cada persona tenga un ángel guardián está abierta, aunque no está establecido", concluye.

"Los angelitos aparecen en las imágenes de la virgen María e incluso los bebés recién nacidos que han muerto o que mueren en el vientre de su madre a menudo se consideran un ángel que fue directo al cielo", comenta el hagiólogo Lira.

Alves añade que el abrazo a los ángeles en la religión popular era un fenómeno que se daba "con gran afecto". "La devoción al ángel guardián se remonta a la Edad Media", afirma el investigador, destacando que en 1608 se instauró oficialmente una fiesta litúrgica dedicada a esta figura, en octubre.

Arte y cultura
La figura se convirtió en una constante en las producciones artísticas, apareciendo en lienzos y frescos e integrando narrativas literarias. "Existe una tradición muy arraigada en la iconografía y la pintura de representar al ángel siempre rodeado de luz y con alas", señala Maerki.

"La figura del ángel guardián está presente. El arte cristiano difundió ampliamente su imagen, moldeando el imaginario popular", explica Alves.

"Los ángeles también entraron en el lenguaje común, en expresiones como 'salvado por un ángel' y 'parece un ángel', y en anécdotas, como la expresión 'sexo de los ángeles', que se burla de las discusiones bizantinas sobre su naturaleza espiritual". 

sábado, 13 de abril de 2019

El sexo de los ángeles [Minicuento - Texto completo.]

Mario Benedetti
Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas, se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor, quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.

Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.

Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.

Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: “Semilla”, Ángela, para atizarlo, responde: “Surco”. El dice: “Alud” y ella, tiernamente: “Abismo”.

Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.

Ángel dice: “Madero”. Y Ángela: “Caverna”.

Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un Ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.

Él dice: “Manantial”. Y ella: “Cuenca”.

Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.

Ángel dice: “Estoque”, y Ángela, radiante: “Herida”. El dice: “Tañido”, y ella: “Rebato”.

Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.

FIN

" Elvira Sastre: "El olvido de un amor no tiene tiempo"

lunes, 19 de septiembre de 2011

Contra la soledad

...Hace unas semanas publiqué en estas mismas páginas un artículo sobre los ángeles que a veces veo cuando voy a pasear por el parque del Retiro: esos niños en sillas de ruedas y esos adultos que siguen siendo niños; seres puros, luminosos, felices; verdaderos ángeles, esto es, los únicos ángeles en cuya existencia creo. Y a raíz del artículo se ha producido una carambola bellísima: me han escrito varios padres de ángeles, mandando fotos de sus niños, explicando sus historias. Todas las aportaciones han sido hermosas, pero hay una que me ha dejado especialmente tocada; es de la madre de un niño con el síndrome de Sanfilippo, cosa que ni siquiera sabía que existiera y que al parecer es conocido como el alzhéimer infantil. Por desgracia he perdido la carta y no tengo el nombre de la madre ni de su hijo, pero recuerdo bien lo que decía. Los críos afectados por este síndrome crecen normales hasta los tres o cuatro años, y después empieza una vertiginosa degeneración neurológica: pérdida de movilidad, agresividad, trastornos de sueño, demencia y una muerte temprana en la adolescencia. Este trayecto aterrador lo contaba esa mujer con entereza admirable, con sobrecogedora y hermosa sabiduría. Y añadía que su hijo tenía cinco años, que era un niño feliz y adorable y que lo estaba disfrutando cada hora, cada segundo. Pero también pedía que se hablara de la enfermedad, que la tuvieran en cuenta, que por favor estudiaran su cura aunque hubiera pocos afectados por el mal. Ya digo, la sensación de estar solos y abandonados es lo peor. Cuando la vida te golpea con sus rayos negros, la ayuda del entorno puede ser la salvación.

Esto queda muy claro en un libro fascinante que han editado en España hace unos pocos meses: Un amigo como Henry, de la escocesa Nuala Gardner (KNS Ediciones). Es la historia de un chico, Dale, con autismo grave. Dale nació en 1988, cuando se sabía mucho menos del síndrome (algunos hasta sostenían que las culpables eran las madres por su frialdad emocional). El libro de Nuala es un relato espeluznante de su épica lucha contra la enfermedad; de la falta de apoyo, de la incomprensión; de la imposibilidad material de sacar adelante a un niño así en soledad, hasta el punto de que Nuala pensó en suicidarse. Y lo más maravilloso es que la ayuda salvadora vino, en efecto, del exterior, pero no de una persona, sino de un perro. De un golden retriever sabio y estoico llamado Henry que resultó esencial para poder conectar con el angustiado Dale: incluso consiguieron establecer comunicación verbal con el niño gracias a fingir que era Henry quien hablaba. Hoy se sabe que, en efecto, los animales tienen un formidable efecto terapéutico en el autismo y otras dolencias, y están empezando a ser utilizados de manera más o menos habitual (por cierto, el 10% de las ventas de este libro va a parar a la ONG española PAAT, que adiestra Perros de Asistencia y Animales de Terapia). Y es que la vida puede ser feroz y aterradora, pero también tiene estos pequeños milagros. Rosa Montero en El País Semanal de 18-09-2011. (Foto de Rosa con el iPhon, Jimena y E. Yago en la playa de Baiona)

lunes, 11 de julio de 2011

Los ángeles del parque del Retiro

...En los últimos meses me he hecho asidua del parque del Retiro de Madrid. ¡Y qué lugar increíble es ese parque! Es un mundo en sí mismo, un universo entero en miniatura... He visto de todo, en fin. Incluso ángeles...
Pobres ángeles: están en franca decadencia. La palabra misma suena fatal; suena cursi y fofa, suena a chiflado con alucinaciones metafísicas o a esa apestosa moda de los querubines de purpurina. Pero el caso es que los ángeles existen. Me refiero a los inocentes; a los seres puros. A cierto tipo de discapacitados. A los aquejados por el síndrome de Down, por ejemplo, siempre luminosos; o a quienes sufren precisamente el síndrome de Angelman ("hombre ángel"), que es una grave y rara enfermedad neurogenética. Los afectados padecen retraso, dificultades motrices, no llegan a aprender a hablar y, según dice la Wikipedia, "muestran un estado aparente permanente de alegría, con risas y sonrisas en todo momento". Un regocijo mudo. Así de extrañas son las maneras que escoge el dolor para manifestarse. O quizá la felicidad, ¿quién sabe? Puede que, en efecto, vivan en una sublime bienaventuranza.
En estos últimos meses me han rozado dos veces los ángeles en el Retiro. En ambas ocasiones sucedió en torno a las nueve de la mañana, cuando el parque está recién regado y casi se diría que recién pintado. En el primer encuentro caminaba delante de mí y lo vi de espaldas; era un niño muy pequeño, como mucho tres años, aunque quizá tuviera más y su dolencia le achicara. Iba sentado en una silla de ruedas minúscula, la silla de ruedas más primorosa y diminuta que he visto jamás; el niño estiraba su brazo derecho hacia arriba y casi colgaba de la mano de un hombre joven alto y fuerte, quizá el padre, y era este joven quien impulsaba al crío al llevarlo agarrado. Paseaban los dos plácidamente por la avenida arbolada, la manita en el puño, toda esa enorme indefensión y esa absoluta confianza, y de cuando en cuando el niño levantaba la cara y miraba al hombre con la expresión más radiante y dichosa que jamás he visto. Era una sonrisa que detenía el mundo.
Al otro me lo he encontrado varias veces. También está en silla de ruedas, pero es un hombre muy mayor. Cuando hace bueno, un cuidador lo lleva a determinada zona del Retiro y lo deja aparcado junto a un banco. He pasado junto a él varias veces, siempre por detrás, no le he visto la cara; tampoco le vi nunca ni moverse ni hablar. Desplomado sobre sí mismo, parecía un anciano medio muerto. Pero un día, cuando crucé por su lugar habitual, lo encontré casualmente solo, sin su cuidador. Se hallaba de espaldas, como siempre, en mitad de una pradera que las hojas de los árboles moteaban de sol; pero en esta ocasión estaba erguido muy derecho en su silla y con el brazo
izquierdo totalmente extendido en el aire, y alrededor de él, revoloteando y en el suelo, había por lo menos un centenar de gorriones que acudían a comer de su mano. Un inesperado golpe de vida.
Los ángeles son, tradicionalmente, espíritus intermediarios entre este mundo y el celestial. Yo soy agnóstica y no creo en el cielo, pero estos dos centauros en sus sillas de ruedas me mostraron un destello de la eternidad. Por eso he sabido que son ángeles. No creo que hubiera humanos de este tipo en los barracones de la mili. Aunque quizá sí; una nunca sabe por dónde puede irrumpir la belleza. ROSA MONTERO. El País, 10/07/2011
(Acuarelas:  y otros Nápoles)