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viernes, 11 de agosto de 2017

La formación de la clase obrera en Inglaterra. E. P Thompson. Un libro excepcional.

Publicado en 1963, La formación de la clase obrera en Inglaterra es probablemente la obra de historia social inglesa más imaginativa de posguerra. Sin duda se trata de uno de los libros de historia más influyentes del siglo XX, y está dotado de una extraordinaria calidad histórica y literaria. E.P. Thompson muestra como la clase obrera participó en su propia gestación y recrea la experiencia vital de personas que sufrieron una pérdida de estatus y libertad, fueron degradadas y aún así crearon una cultura y una conciencia política de gran vitalidad.

La obra estableció la agenda para la "nueva historia social" de las décadas de 1960 y 1970, influyendo sobre muchos historiadores y académicos de otras áreas.

Ya en el prefacio, Thompson anotaba las ideas que guiarían a varias generaciones de historiadores: la clase es una relación más que una estructura o una categoría; la clase trabajadora se forjó a sí misma; existía un potencial revolucionario en dicha clase; y, quizás lo más importante, que la responsabilidad de los historiadores era la de "rescatar" a la gente ordinaria del pasado, especialmente aquellos que habían sido derrotados, de la "enorme condescendencia de la posteridad".

Ver aquí.

lunes, 17 de octubre de 2016

LOS ZAPATOS MARRONES Y EL CLASISMO. No cabe duda de que el poder se empeña en perpetuarse, y las grandes familias son las que manejan el cotarro en todas partes.

Rosa Montero

Siempre
 he sido muy anglófila, aunque ahora el Brexit me lo está poniendo bastante difícil. Pero incluso en mis momentos de máximo amor a los británicos no dejaron de chirriarme dos rasgos negativos que me parece que tienen: el racismo y el clasismo. El primero, por desgracia, está en plena expansión tras la salida de la UE: las agresiones contra extranjeros, sobre todo polacos, se multiplican con progresión geométrica, y el país parece recular hacia un retrogradismo isleño y xenófobo. De seguir así, dentro de poco podrán volver a sacar un titular tan elocuente y tan famoso como aquel de The Daily Mail en los años treinta: “Niebla en el Canal, el continente aislado”. No hay como ensimismarse en la contemplación del propio ombligo para volverse tonto.

En cuanto al clasismo, lo extraordinario es que sigue manteniéndose firme a lo largo del tiempo, sin que el empuje igualitario de la democracia lo atempere. De todos es sabido que los ingleses catalogan tu clase social simplemente por tu forma de hablar. Da lo mismo que hayas estudiado una carrera universitaria, por ejemplo: de todas maneras saben que no te expresas como los ricos. Deberían ser todos lingüistas, con ese oído tan fabulosamente entrenando para los matices.

La Comisión de Movilidad Social de Reino Unido acaba de publicar un informe sobre el sector financiero que demuestra que la discriminación clasista es la norma en ese ambiente. El informe está lleno de ejemplos, pero sobre todo me espeluznó un detalle: si alguien va buscando un trabajo en la banca y lleva zapatos marrones, lo más seguro es que no consiga el puesto. ¿No es brutal? Ya puedes tener un currículo académico brillante, una mente lúcida, una personalidad adecuada. Si calzas zapatos marrones estás perdido, porque demuestran que eres de clase baja. Me imagino al de recursos humanos inclinándose subrepticiamente a mirarle los pies al ­candidato. Aunque no, seguro que lo hará con naturalidad, que le resultará fácil, que será una percepción de “clase” para la que han desarrollado afinadas antenas, igual que el oído para apreciar los acentos.

¿Por qué unos zapatos marrones han de ser peores que los negros? ¿Quién decide cuál es la etiqueta, qué es lo óptimo y lo inaceptable, qué corbatas te convierten en uno de los nuestros y cuáles no? “Desde mi experiencia, [los estudiantes no privilegiados] no tienen un buen corte de pelo. Los trajes siempre les quedan demasiado grandes y no saben qué corbata llevar”, dice en el informe un empleado de banca. Y uno de los jóvenes que pidió un empleo y fue rechazado explica que quien le entrevistó le dijo: “Ha respondido muy bien y es usted claramente muy agudo, pero no se ajusta del todo a este banco. No está suficientemente pulido. A ver, ¿qué corbata lleva puesta? Es muy chillona”. Se trata, como se ve, de las contraseñas de una mafia, de una logia secreta. Pequeños signos, convenciones banales que les permiten reconocerse entre sí y seguir manteniendo el poder para siempre jamás.

Puede que Reino Unido sea uno de los países más clasistas y con menos movilidad social dentro del mundo industrializado. España, en comparación, es más igualitaria, y Estados Unidos se esfuerza por cultivar la meritocracia. Pero no cabe duda de que, de todas formas, el poder se empeña en perpetuarse, y las grandes familias son las que manejan el cotarro en todas partes.

Y lo peor es que ese rechazo social es muy importante y puede resultar devastador. El neurocientífico David Eagleman, en su ensayo Incógnito (sí, ya sé que cito mucho ese libro maravilloso), nos dice que los científicos llevan años buscando los genes que propician la esquizofrenia y que han encontrado algunos, pero que ninguno influye tanto como el color del pasaporte que uno tenga, porque, según estudios llevados a cabo en diversos países, “los grupos de inmigrantes que más se diferencian en cultura y apariencia de la población anfitriona son los que exhiben más riesgo”. O sea, el rechazo social perturba el funcionamiento normal de la dopamina y predispone a la psicosis. La salud de los poderosos frente a la enfermedad de los excluidos: también hay datos sobre eso, y son penosos.

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/los-zapatos-marrones-y-el-clasismo/

domingo, 31 de enero de 2016

Sufragistas y "suffragettes"

Me cuenta una amiga que fue a una gran librería del centro de Madrid a buscar un libro: El sufragismo, de Trevord Lloyd. La persona que la atendió no sabía de qué estaba hablando, hasta que un compañero acertó a identificar el tema: “¡Ah, sí, lo de la película!” Y es que en las últimas semanas se ha estrenado en España la película Suffragettes, traducida como ‘Sufragistas’. En ella se cuenta una parte de la historia de la lucha por el derecho al voto para las mujeres. Lo hace a través de la vida de una obrera de lavandería que va adquiriendo una toma de conciencia gradual en favor de la igualdad, con un duro coste para ella.

Se las llamaba despectivamente ‘sufragistas’ y la consigna que englobaba todo el movimiento era votes for women. Pero no eran iguales las sufragists que las suffragettes. Eran dos posiciones dentro del movimiento que reivindicaba el voto femenino, pero discrepaban en los métodos. Las sufragists, más moderadas, se agrupaban en el National Union of Women’s Suffrage Societies de Millicent Garret Fawcet, y las suffragettes en el Women´s Social and Political Union (WSPU) creado por Emmeline Pankhurst en 1903.

La película de Sarah Gavron refleja este último periodo: la historia de las suffragettes inglesas antes de la Primera Guerra Mundial. El movimiento se había radicalizado ante la falta de respuesta política a sus demandas y atrajo a sectores de la clase obrera. Como decía su líder, Emmeline Pankhurst, eran necesarios “hechos, no palabras”. La furia de las mujeres en la lucha por sus derechos se expresa tomando las calles con desfiles, interrumpiendo mítines, enfrentándose a la policía, distribuyendo propaganda. Pero fueron más allá. Recurrieron a la acción directa: rotura de escaparates, voladura de buzones de correo, sabotajes en las residencias de políticos, huelgas de hambre en las cárceles donde eran alimentadas a la fuerza con sondas, y liberadas para que se recuperasen y volverlas a detener. Incluso llegaron a la autoinmolación bajo las patas del caballo de Jorge V, como el caso de Emily Davison, para llamar la atención de la opinión pública sobre la manifiesta injusticia que vivían.

Tras la Primera Guerra Mundial (1918) conseguirán el derecho al voto para las mujeres mayores de 30 años. Emmeline Pankhurst murió el 14 de junio de 1928. El 2 de julio de ese mismo año se extendió el voto a todas las mujeres mayores de 21 años. Por unos días no pudo ver la plena consecución del objetivo por el que tanto había peleado y que su coraje y obstinación deja como legado. Fue una importante victoria en la lucha por la igualdad de derechos y se simbolizó en el voto, que suponía el reconocimiento jurídico y político, y la posibilidad de cambiar las leyes.

La lucha venía de lejos y, sin embargo, es poco conocida. Puedo constatar que apenas se aborda en los institutos: unas líneas en los libros de texto de 4º de ESO y poco más en 1º de bachillerato de sociales y humanidades, y con suerte una foto de época. Sin embargo las mujeres estuvieron muchas veces en los movimientos revolucionarios y sus conquistas lograron importantes cambios en la sociedad.

En centros donde trabajamos la igualdad, nos empeñamos en explicarla. Por ejemplo, cómo las pescaderas del mercado de Les Halles en París con su marcha sobre Versalles de octubre de 1789, cambiaron el curso de la revolución francesa, pero no la notaron en sus vidas y derechos. Hablamos de Olimpia de Gouges y su ‘Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana’ que fue rechazada y ella, finalmente, guillotinada. De Mary Wollstonecraft y sus ‘Reivindicaciones de los derechos de la mujer’, donde defendía que la mujer era un ser humano con raciocinio igual que el hombre y quería cambiar el sistema educativo, su papel en el matrimonio y defendía su autodeterminación.

Analizamos que la revolución industrial originó grandes cambios en la estructura familiar y en las costumbres. Mujeres y niños eran el nuevo proletariado con pésimas condiciones laborales, interminables horarios, hacinamiento en los barrios obreros. Y en la casa, las mujeres doblaban su jornada de trabajo. Las mujeres de la burguesía estaban consideradas un objeto decorativo, símbolo del status del marido. Las mujeres no tenían salida: las jóvenes proletarias engrosaban las filas de la explotación y de la prostitución; las burguesas no podían acceder a sus aspiraciones de formación y trabajo, ya que la ley les vetaba el acceso. El movimiento feminista en el siglo XIX surge por la unión de ambos colectivos y con dos focos principales: Gran Bretaña y Estados Unidos.

Recorremos los diferentes países. En Gran Bretaña, a mediados del XIX las mujeres consiguen el acceso a la enseñanza secundaria y la ley del divorcio, pero sólo para el hombre en casos de adulterio de la mujer; al contrario solo se permitía a la mujer si había violación o bestialidad. Son apoyadas por algunos intelectuales como John Stuart Mill, pero la Cámara de los Comunes rechaza la petición del voto.

En EE.UU. la organización de mujeres surge por las favorables condiciones. Colaboran en la guerra de la Independencia, son pioneras en el avance hacia las tierras del oeste, son muy activas en campañas de regeneración moral y en el movimiento antiesclavista. La Declaración de Sentimientos de Seneca Falls (1848) critica la subordinación de la mujer y reivindica el voto. Se conquista por primera vez este derecho en el estado de Wyoming en 1869. Tardará en llegar la enmienda nº 19 (1918) que lo generaliza.

En Francia, el Código Civil napoleónico trataba a la mujer como menor de edad. Tendrán que pasar varias revoluciones para que cuaje un movimiento feminista con unas características singulares: preocupación por los temas sociales y anticlericalismo. Pero tendrá que llegar el final de la Segunda Guerra Mundial para conquistarse el voto de la mujer (1944). Tanto en Francia como en Alemania defenderán la unidad del socialismo y feminismo líderes como Flora Tristán, Clara Zetkin o August Bebel. En Rusia tuvo que llegar la revolución para conseguirlo. Y en España es la Segunda República quien lo aprueba en 1931, gracias al empuje de Clara Campoamor y otras mujeres y hombres que lo defendieron como una cuestión clave de justicia, igualdad y modernización.

Lo grave es que muchas veces no sabemos el origen de los derechos que disfrutamos. La película pone al alcance del gran público el conocimiento de una lucha por la emancipación de la mujer y ese es su gran valor, más allá de su calidad cinematográfica. También nos recuerda que muchas veces la ley y la justicia no van de la mano y que hace falta mucho coraje para enfrentarse a ello. Que nada nos ha sido dado de forma graciable, que los derechos fundamentales se conquistan y que el coste suele ser duro.

Las sociedades democráticas modernas tienen mucho que agradecer a aquellas mujeres. Y muchas cosas que aprender de ellas para no perdernos entre lo que esencial y lo secundario. Después de la conquista del sufragio femenino vinieron nuevas conquistas en el mundo desarrollado: el acceso a los estudios superiores y al trabajo, la liberación sexual y el control de la natalidad (anticonceptivos y el derecho al aborto), el divorcio, la emancipación de las cargas del hogar, las escuelas infantiles, la conciliación entre la vida laboral y familiar… Todos ellos son pasos orientados hacia la igualdad y la autodeterminación de la mujer.

Pero la lucha no ha acabado y no hay que bajar la guardia. Porque hay que universalizar los avances en un mundo donde existen grandes áreas que siguen esclavizando, maltratando y discriminando a las mujeres. Porque todavía queda mucho terreno por conquistar en materia de libertad, igualdad y respeto. Y porque la crisis económica y determinados modelos en relación con la crianza de los hijos −no necesariamente patriarcales−, vuelven a meter a la mujer en casa, lo que puede suponer un retroceso en su liberación, porque no es fácil de conjugar la emancipación y la condición de madre.

Sacudirse todos los yugos y en todo el mundo exige la continuidad de la lucha. Eliminar las inercias de una sociedad, patriarcal, machista y discriminatoria no pueden ser fruto de un día ni obra solamente de las mujeres. Merece la pena, y mucho, invertir nuestro esfuerzo en los valores de igualdad de derechos entre mujeres y hombres, y en la dignidad del ser humano. Bendito el día en el que todas las personas podamos proclamar sin ningún género de duda: “Yo también soy feminista”.
En mi opinión: Debería formar parte del curríulo
Fuente: http://www.cuartopoder.es/laespumaylamarea/2016/01/18/sufragistas-y-suffragettes/1268
Y esta es la rueda de prensa que tanta manipulación ha tenido. Es importante acudir a las fuentes.
Cuarto Poder

viernes, 30 de octubre de 2015

Lucha de clases en la Inglaterra victoriana. Marc-Alexis Côté, director del nuevo 'Assassin's creed', defiende la ambición artística del ocio electrónico para generar debate cultural.

Del mando de la consola al parlamento francés. En 2014, por estas mismas fechas, lo inaudito sucedía. Jean-Luc Mélenchon, líder de la izquierda francesa, cargaba contra un videojuego, Assassin's creed unity, por su retrato de la figura de Robespierre y descripción de la Revolución Francesa como un baño de sangre. "La denigración de la gran Revolución es un juego sucio que busca instigar sentimientos apátridas y profundizar en el declinar de los franceses", declaraba el político a Le figaro. La respuesta de Ubisoft, la compañía (para más inri) francesa responsable del juego, fue un tibio: "Assassin's creed no es una lección de historia".

Un año después, Marc Alexis-Cotê (Quebec, 1980), director al frente de Assassin's creed syndicate —noveno capítulo de esta saga que debuta ahora en las tiendas para Xbox One y PlayStation 4 y que ha vendido más de 73 millones de videojuegos—, no tiene problema en enmendar esa blanda respuesta. "Es algo bueno. Estoy seguro de que muchos franceses revisaron la historia de la revolución y la figura de Robespierre a raíz de esta controversia. Genera debate y agitación y eso tiene mucho que ver con la eterna cuestión de si los videojuegos son o no un arte. Que un videojuego cree polémica histórica, prueba la madurez del medio".

Alexis-Cotê no tiene problema en hundir sus manos en los asuntos más turbios de la historia. La época que le ha tocado retratar en esta nueva entrega es la victoriana. Imagen que se mueve entre los tópicos de los carruajes, la belleza arquitectónica, las fiestas suntuosas, pero también el nacimiento de la Revolución Industrial, la figura de Karl Marx o la explotación infantil. "Bueno, hay que reconocer que había leyes contra ella", apunta el diseñador. "Los niños solo podían trabajar 10 horas como máximo al día [sonríe con ironía]. Para nosotros es clave retratar la época victoriana como una época de contrastes. Y reflejar especialmente el conflicto entre clases. Por eso la figura de Marx y sus ideas como germen del socialismo jugarán un papel importante".
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/23/actualidad/1445575776_453162.html?rel=cx_articulo#cxrecs_s

sábado, 8 de febrero de 2014

Ayer noche vi la película Amazing Grace, basada en la historia de William Wilberforce el parlamentario antiesclavista inglés.


En 1797, William Wilberforce, el gran defensor de la abolición británica de la esclavitud, se toma unas vacaciones debido a su salud, mientras está más enfermo de corazón a causa de su frustración. Sin embargo, gracias el encuentro con la encantadora Barbara Spooner, Wilberforce conoce a un alma gemela para compartir la historia de su lucha. Con pocos aliados, como su mentor, John Newton, un capitán de barco de esclavos que se hizo sacerdote arrepentido por lo que vió escribió el gran himno "Amazing Grace", el Primer William Pitt, y Olaudah Equiano, el antiguo esclavo erudito convertido en escritor, Wilberforce lucha infructuosamente contra la indiferencia pública y la oposición adinerada decidido a mantener sus explotaciones segura. Sin embargo, Wilberforce encuentra inspiración en el nuevo amor que rejuveneció la lucha con nuevas ideas que conducirían a una gran victoria para la justicia social, el fin del comercio de esclavos en el Imperio Británico.

Wilberforce fue un miembro, profundamente religioso, del parlamento Inglés y reformador social que fue muy influyente en la abolición de la trata de esclavos y, finalmente, la esclavitud en el Imperio Británico.

William Wilberforce nació el 24 de agosto 1759 en Hull, hijo de un rico comerciante. Estudió en la Universidad de Cambridge, donde comenzó una amistad duradera con el futuro primer ministro, William Pitt el Joven. En 1780, Wilberforce se convirtió en miembro del parlamento por Hull, y después representó al condado de Yorkshire. Su estilo de vida disoluto cambió por completo cuando se convirtió en un cristiano evangélico, y en 1790 se unió a un grupo conocido como el secta de Clapham. Su fe cristiana lo llevó a interesarse en la reforma social, en particular la mejora de las condiciones de las fábricas en Gran Bretaña.

El abolicionista Thomas Clarkson tuvo una enorme influencia en Wilberforce. Él y los demás estaban haciendo campaña para poner fin al comercio de buques británicos que transportaban esclavos negros de África, en pésimas condiciones, a las Indias Occidentales como mercancías que se compran y se venden. Wilberforce fue persuadido para presionar a favor de la abolición de la trata de esclavos y durante 18 años presentó con regularidad proposiciones de leyes de los movimientos contra la esclavitud en el parlamento. La campaña fue apoyada por muchos miembros de la secta de Clapham y otros abolicionistas que difundieron el conocimiento público de su causa con folletos, libros, manifestaciones y peticiones. En 1807, el comercio de esclavos fue finalmente abolido, pero esto no liberó a los que ya eran esclavos. No fue hasta 1833 que se aprobó una ley que dió la libertad a todos los esclavos en el Imperio Británico .

Otros esfuerzos de Wilberforce para "renovar la sociedad" incluyeron la organización de la Sociedad para la Supresión del Vicio en 1802. Trabajó con la reformadora, Hannah More, en la Asociación para la mejor observancia del domingo. Su objetivo era proporcionar a todos los niños una educación regular en la lectura, la higiene personal y la religión. Él participó activamente con la Sociedad Real para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales. También jugó un papel decisivo en el fomento de los misioneros cristianos para la India .

Wilberforce se retiró de la política en 1825 y murió a los 74 años el 29 de julio de 1833, poco después de que la ley de liberación de los esclavos en el imperio británico fuera aprobada por la Cámara de los Comunes. Fue enterrado junto a su amigo Pitt en la Abadía de Westminster. Fuente: BBC

La esclavitud en España fue abolida en el territorio peninsular en 1837, pero continuó en las colonias españolas hasta finales del s. XIX (en Puerto Rico hasta 1873 y en Cuba hasta 1880).

viernes, 27 de diciembre de 2013

Alan Turing. Una hazaña bélica entre números. El descifrado de los códigos nazis fue vital para ganar la II Guerra Mundial

Alan Turing y un puñado de científicos,
que podrían estar sacados de la serie The big bang theory, reunidos en Betchely Park, un conjunto de edificios en torno a una mansión histórica situado en la campiña de las afueras de Londres, fueron fundamentales para ganar la II Guerra Mundial. Alguna de las técnicas que utilizaron para descifrar los códigos de la máquina Enigma, que los nazis usaban para las comunicaciones cifradas con sus submarinos en el Atlántico Norte, se han mantenido secretas hasta tiempos muy recientes. Conocer las intenciones de los submarinos alemanes era crucial para lograr la victoria porque, con Europa ocupada los nazis casi en su totalidad, los suministros llegaban desde América. Alan Turing, rehabilitado este martes por el Reino Unido tras haber sido condenado por homosexual hace 60 años, fue fundamental en este proceso.

La historia ficción es una ciencia tan entretenida como absurda.
Es imposible prever qué hubiese ocurrido si no se llega a romper el código nazi. Harry Hinsley, un veterano de Betchley Park y el historiador oficial de los servicios de inteligencia británicos, relató a la BBC que la II Guerra Mundial se hubiese prologado durante dos años más y que, incluso, su resultado hubiese sido incierto. Antony Beevor, uno de los grandes historiadores del conflicto, en cambio, relató en una entrevista con este diario con motivo de la publicación de su monumental La segunda Guerra Mundial (Editorial Pasado y Presente), que Bletchley Park no fue tan importante en el gigantesco conflicto. “Jugó un papel crucial en la Batalla del Atlántico, pero su influencia en otros aspectos de la guerra ha sido muchas veces exagerada”, aseguró. “Las innovaciones tecnológicas en general sí jugaron un papel fundamental en la victoria de los aliados. Los británicos eran muy buenos en algunos aspectos —el radar, el primer ordenador utilizado para los análisis criptográficos—, pero los estadounidenses mostraron una inventiva enorme.

Aprendieron y se adaptaron muy rápidamente.
Por ejemplo, comenzaron el conflicto con aviones muy anticuados con respecto a los Zero japoneses, pero rápidamente los mejoraron y fueron capaces de producir, uno tras otro, aparatos muy sofisticados”. La gigantesca injusticia cometida con Turing no fue la única de la inteligencia de la II Guerra Mundial. En el Pacífico, los estadounidenses utilizaron un código para sus comunicaciones tan sencillo como indescifrable: el idioma de los indios navajo, los famosos Code Talkers. En parte porque el código nunca fue descifrado —se utilizó también en la Guerra de Corea entre 1950 y 1953—, pero, sobre todo, porque eran indios su papel en el conflicto continuó siendo secreto y, por lo tanto ignorado durante décadas. Solo recibieron la medalla del honor del Congreso el pasado 20 de noviembre. Un poco antes que le llegó el perdón a Turing.

Fuente: El País.