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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Victoria de Afd Análisis i Lo que ocurre cuando se deja crecer a la bestia. Cerrar los ojos ante el racismo y los discursos del odio tiene consecuencias

Manifestación en Nueva York el 6 de octubre de 1933 contra el fascismo y el nazismo.
Bettmann (Bettmann Archiv

En la novela 22/11/63, Stephen King juega con la posibilidad de que alguien viaje en el tiempo para impedir el asesinato del presidente John F. Kennedy en Dallas y así cambiar la historia. Pero la llagada de los grandes totalitarismos fascistas al poder en la Europa de los años trinta- Primero Mussolini en Italia, luego Hitler en Alemania, y finalmente Francisco Franco en España, que no hubiese ganado la guerra Civil sin la ayuda de los otros tiranos- no se hubiese podido evitar con una sola acción. Fue un proceso complejo, en el que se mezclaron la violencia con la ceguera política de aquellos que creyeron que los monstruos podrían ser controlados. Las grandes potencias democráticas occidentales no supieron ver lo que se les venía encima.

El historiador británico Frank McDonough está reconstruyendo la historia del nazismo a través de una serie de libros bajo el título genérico de The Hitler Year. El último volumen está dedicado al Holocausto y las fechas en las que se enmarca la destrucción de los judíos de Europa son especialmente significativas 1933-1945. La Shoah no empezó con al II Guerra Mundial, ni con la decisión de Hitler de ordenar el exterminio, ni con las cámaras de gas ni los fusilamientos masivos en la antigua URSS. El Holocausto empezó cuando los nazis, nada más llegar al poder, aprobaron las primeras leyes antisemitas desde la emancipación de los judíos en Alemania en 1871.

Resulta especialmente incómodo leer lo que ocurrió entonces en el resto del mundo: los grandes periódicos estadounidenses - McDonough cita a The New York Times, el Chicago Times, El Atlanta Constitution y The Washington Post- publicaron 455 artículos y editoriales "sobre la persecución de los judíos en Alemania con informaciones que ofrecían descripciones muy gráficas de la violencia física que sufrían", El 27 de marzo de 1933 - Hitler llegó al poder el 30 de enero - tuvo lugar un mitin para condenar la violencia nazi que reunió a 20.000 personas en el Madison Square Garden de Nueva York dentro de auditorio y a 35.000 en los alrededores. Estas manifestaciones pidieron el boicot de los productos alemanes. En abril, se convocaron marchas en todo Estados Unidos que reunieron a casi un millón de personas. El boicot no se produjo y Alemania siguió siendo tratada como un país más.

Las protestas fueron recibidas con indignación por la cúpula nazi. Hitler calificó las manifestaciones de "propaganda" y Goebbels aseguró que era una prueba más de que los judíos controlaban los medios de comunicación. Básicamente ninguna de las grandes potencias hizo nada pese a que la bestia de la represión iba creciendo en Alemania y los judíos -y todos aquellos que se oponían a los nazis- eran destruidos.

El Gran Dictador, la gran película de Charles Chaplin, una sátira del nazismo considerada actualmente una obra maestra sobre los totalitarismos, provocó un profundo malestar en Hollywood. Los estudios tenían miedo de que el filme que ridiculizaba a Hitler y denunciaba la persecución de los judíos les cerrase el mercado alemán, Por no hablar de la participación en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, una gran operación de propaganda nazi.

La ignominia alcanzó cotas difícilmente superables cuando numerosos países se reunieron, en junio de 1938, en la conferencia de Evian para hacer frente al problema de los refugiados judíos, que todavía podían huir de Alemania. Los delegados de 32 países cerraron las puertas a decenas de miles de personas que hubiesen podido salvar sus vidas.

Es imposible saber que hubiese ocurrido si las democracias llegan a adoptar otra actitud, si no hubiesen mirado hacia otro lado y pensado que se podía llegar a algún tipo de acuerdo con el mal absoluto. Los años treinta del siglo XX están, afortunadamente, muy lejos (aunque la arrolladora victoria del partido ultra AfD) En Sajonia-Anhalt arrastra ecos del pasado, pero hay situaciones no solo en Europa, que recuerdan a lo ocurrido entonces; la estigmatización de pueblos y religiones, la violencia desatada contra población civil indefensa sin consecuencias, los discursos de odio y la deshumanización del otro, la manipulación del pasado, el ensañamiento con los débiles y los refugiados... El racismo y el supremacismo no deberían admitir compromisos. La historia nos enseña claramente que, cuando se deja crecer a la bestia, acabas por destruirlo todo.

Guillermo Altares, El País, 8 de septiembre de 2026.