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jueves, 10 de diciembre de 2020

El famoso experimento de David Rosenhan que revolucionó la psiquiatría y resultó estar basado en mentiras.

En 1973 el psicólogo estadounidense David Rosenhan publicó un artículo en la revista científica Science que sacudió los cimientos de la psiquiatría.

Su trabajo, titulado "Sobre estar cuerdo en sitios de locos", resumía las conclusiones de un experimento que realizó entre 1969 y 1972, y que se ha convertido en uno de los más famosos en la historia de la psiquiatría.

El experimento consistió en internar a personas sanas en psiquiátricos.

Rosenhan y otros sietes voluntarios, todos sin problemas mentales, se presentaron en las oficinas de admisión de distintos hospitales psiquiátricos en Estados Unidos.

Usando identidades falsas, reportaron tener el mismo síntoma: dijeron que escuchaban una voz que decía una de tres palabras: "golpe", "vacío" o "hueco".

Según escribió el profesor de la Universidad de Stanford en su famoso paper, eso fue suficiente para que todos fueran internados.

Su trabajo también contaba que a pesar de que todos se comportaron con total normalidad una vez que se los admitió, varios de ellos -incluyéndolo a él- fueron retenidos por varios días.

Rosenham tuvo una de las internaciones más largas: a pesar de que les dijo a sus médicos que ya se sentía mejor y que quería irse, lo retuvieron durante 52 días.

Rosenhan denunció que él y otros voluntarios fueron internados en psiquiátricos a pesar de que no sufrían ninguna enfermedad mental.

El psicólogo también denunció el maltrato y la negligencia que recibieron él y el resto de los voluntarios de parte del personal del psiquiátrico.

Aunque todos eventualmente fueron liberados, a ninguno se lo juzgó cuerdo.

Siete de los ocho falsos pacientes fueron diagnosticados con esquizofrenia.

Crisis
El experimento de Rosenhan y sus lapidarias conclusiones causaron un fuerte cuestionamiento de la psiquiatría.

En particular, se cuestionó la capacidad de la psiquiatría de realizar diagnósticos y de distinguir entre la locura y la cordura.

El trabajo de Rosenhan tuvo una fuerte influencia en la sociedad y un gran impacto cultural.

Dos años después de que publicara su artículo, Hollywood produjo uno de los films más famosos -y más críticos- sobre la vida en un psiquiátrico: One Flew Over the Cuckoo's Nest ("Atrapado sin salida" o "Alguien voló sobre el nido del cuco").

La película, protagonizada por Jack Nicholson como un delincuente que finge tener una enfermedad mental para cumplir su detención en un hospital psiquiátrico en vez de una cárcel, arrasó con los premios Oscar en 1976.

One Flew Over the Cuckoo's Nest ("Atrapado sin salida") es una devastadora crítica de las instituciones psiquiátricas.

El movimiento de la "antipsiquiatría" impulsado por el estudio de Rosenhan llevó al cierre de instituciones psiquiátricas y cambió el diagnóstico de la salud mental en EE.UU., llevando a que se compilara una nueva edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM-III, por sus siglas en inglés).

El psicólogo de la Universidad de Stanford se convirtió en una celebridad, y recibió un importante adelanto para escribir un libro que ampliara su investigación.

Sin embargo, curiosamente, nunca terminó ese proyecto potencialmente muy lucrativo.

"El gran farsante"
Casi medio siglo más tarde, una investigación realizada por una periodista estadounidense sugiere que el motivo por el cual Rosenhan nunca publicó ese libro es que el experimento original sobre el que estaba basado era una farsa.

Susannah Cahalan se interesó en el tema de la psiquiatría por un motivo muy personal: hace unos años fue internada en un hospital psiquiátrico tras ser diagnosticada con esquizofrenia, pero resultó que no padecía ese trastorno.

En realidad, sufría de una rara enfermedad autoinmune -un tipo inusual de encefalitis o inflamación del cerebro- y eso es lo que le daba los síntomas compatibles con la esquizofrenia.

La periodista de 35 años, que trabajó para el New York Post, escribió un libro sobre su experiencia, llamado Brain on Fire ("Cerebro en llamas").

Su interés por asuntos psiquiátricos la llevó a enterarse del famoso experimento de Rosenhan, que le interesó porque relataba algo similar a lo que había vivido ella.

Decidió investigar y escribir sobre el trabajo de Rosenhan.

El primer libro de Susannah Cahalan, "Brain on Fire", fue adaptado como película por Netflix en 2016.

En un principio quedó muy impresionada por el famoso artículo del psicólogo.

"Está muy bien escrito, es evocativo, es cautivante, está lleno de detalles reveladores sobre cómo es ser un paciente psiquiátrico, realmente no tuve una primera sensación de que algo estaba mal", le contó Cahalan al programa de radio BBC Inside Science.

"Fue cuando rastreé su libro no publicado y comencé a sumergirme en sus recuerdos que empecé a darme cuenta de que había inconsistencias entre lo que publicó en su paper y lo que escribió en este libro inédito".

"Luego hallé los registros médicos de David Rosenhan y fue entonces que empezaron a verse los problemas", reveló.

El "pseudopaciente" borrado
Cahalan trató de rastrear a los siete "pseudopacientes" que habían participado del experimento junto con Rosenhan, quien falleció en 2012.

Dice que fue como "perseguir fantasmas". Ni siquiera contratando a un detective privado logró dar con ellos.

Finalmente, tras años de búsqueda, halló a uno: Bill Underwood, quien en la época del experimento era un estudiante de posgrado en Stanford, donde Rosenhan enseñaba en el Departamento de Psicología.

Underwood le relató una experiencia similar a la que había descrito Rosenhan.

Rosenhan no incluyó en su estudio la experiencia de un noveno paciente falso: Harry Lando, quien describió su internación como "positiva".

Sin embargo, Cahalan descubrió que hubo un noveno "pseudopaciente" que participó del experimento, pero no fue incluido en los resultados finales.

Harry Lando también había sido un estudiante de posgrado en Stanford, reclutado por Rosenhan para su famoso trabajo.

Al igual que el resto de los voluntarios fue internado, diagnosticado erróneamente con esquizofrenia, y pasó 19 días en un hospital psiquiátrico en San Francisco.

Pero cuando Cahalan logró dar con él, descubrió que su experiencia había sido muy diferente a la del resto.

Lejos de criticar su hospitalización, Lando lo describió como una experiencia positiva.

"Él había estado profundamente deprimido cuando era estudiante, su matrimonio iba mal, vivía lejos del campus y no tenía amigos", cuenta Cahalan.

"Mientras que David Rosenhan describió un inframundo de abuso y abandono, Harry Lando describió su experiencia como casi mágica", afirma.

"Salió de su hospitalización de 19 días como una persona transformada".

¿Qué nos hace realmente felices en la vida?: algunas lecciones de Harvard tras 76 años buscando las respuestas "Harry Lando cree que su caso no fue incluido porque no se ajustaba a la teoría de David Rosenhan de que las instituciones psiquiátricas son lugares dañinos que deberían ser cerrados", dice la autora.

En su libro, The Great Pretender ("El gran farsante"), también cuestiona si realmente existieron todos los otros voluntarios que presuntamente participaron del experimento.

Mentiras y omisiones
Cahalan cuenta además en su obra que descubrió que el propio Rosenhan omitió detalles importantes sobre su hospitalización.

La periodista halló las notas que escribió el psiquiatra Frank Bartlett -el hombre que decidió internar a Rosenhan- sobre la primera entrevista que tuvieron.

Allí revela que Rosenhan no solo reportó tener alucinaciones auditivas (las palabras "golpe", "vacío", "hueco"), tal como escribió en su artículo.
También le dijo a Bartlett que era sensible a las ondas de radio y que podía escuchar lo que la gente pensaba.
Pero lo más grave, cuenta Cahalan, es que además afirmó que tenía tendencias suicidas.
Eso, dice la autora, justifica la decisión de internarlo.

"El doctor Bartlett no fue un mal médico que tomó una mala decisión (...) Fue un buen médico que hizo lo mejor que se podía hacer dada la información que recibió", afirma Cahalan.

La tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (DSM-III), publicado en 1980, surgió como consecuencia del trabajo de Ronsehan.

A pesar de sus críticas a Rosenhan y su defectuoso experimento, la periodista considera que tuvo un impacto positivo en la medicina de la época, ya que ayudó a mejorar el diagnóstico de enfermedades mentales a través de la tercera edición del DSM.

"Ese manual logró aunar los diagnósticos en un texto confiable, que los médicos podían utilizar para tildar diversos síntomas que podrían llevar a un diagnóstico, para que alguien en Arkansas tuviera el mismo diagnóstico que alguien en Pensilvania", le dijo a la BBC.

"El trabajo de David Rosenhan le dio un impulso a ese abordaje tipo lista de verificación, para hacerlo parte de la corriente dominante en la psiquiatría".



sábado, 2 de enero de 2016

Descubre si tienes riesgo de dislexia en 15 minutos. Un juego para detectar esta dificultad para leer y escribir, creado por una lingüista española, es finalista en un premio internacional de un millón de dólares.

En los últimos tiempos han proliferado en las redes sociales los chistes sobre la dislexia. La lingüista española Luz Rello, disléxica e investigadora de esta dificultad para leer y escribir, recuerda uno de ellos en inglés: I have sexdaily, I mean dyslexia (tengo sexo a diario, digo dislexia). Sonríe con la broma sobre el tópico baile de letras de los disléxicos, pero Rello, actualmente en la Universidad Carnegie Mellon de EE UU, sabe que el asunto no tiene ninguna gracia. “Alrededor del 10% de la población tiene dislexia. Hay 600.000 niños escolarizados con dislexia en España y no lo saben. Ese es el problema”, subraya.

La dislexia —que suele pasar desapercibida tanto para los padres, como para los profesores, como para los propios afectados— es una máquina trituradora de niños. “Se quedan por el camino pensando que son tontos y no valen”, lamenta Rello. El 40% del abandono escolar está relacionado con dificultades del lenguaje. Y la dislexia, cuyo origen está en el cerebro, es la más frecuente. Los disléxicos poseen una inteligencia normal o superior a la media, pero son como ciegos para las palabras, igual que un daltónico no puede ver determinados colores. Si no se detecta su problema, el sistema educativo les pasa por encima: para aprender hay que leer y para demostrar lo aprendido hay que escribir. Otros disléxicos, como el estadounidense Steve Jobs, cofundador de Apple, sí logran el éxito profesional.

Rello cree que tiene una solución al problema. Junto a su equipo, ha desarrollado Dytective, una aplicación que mezcla juegos lingüísticos con inteligencia artificial, para detectar dificultades de lectura y escritura. “Tiene un 86% de precisión”, afirma la lingüista, primera persona española en recibir el premio Joven Investigador Europeo de la organización Euroscience, en 2013, y también nombrada Innovadora Social del Año menor de 35 años en España por el MIT Technology Review, en 2014, por sus anteriores investigaciones sobre la dislexia.



La eficacia de Dytective se ha evaluado con más de 5.000 participantes en 71 colegios de España, Chile y Colombia. La aplicación, calcula Rello, estará totalmente lista en abril de 2016, aunque ya cosecha éxitos. El juego es finalista en el premio  el premio AI & Robotic Award for Good,  un galardón otorgado por Emiratos Árabes Unidos y dotado con un millón de dólares. “La Consejería de Educación de Murcia quiere implantar Dytective en cuanto esté disponible. Son 250.000 niños escolarizados”, adelanta la lingüista.

“En la mayoría de los casos la dislexia, con un poco de atención y que te enseñen a leer y a escribir más pausadamente, se puede superar sin ningún problema. Yo tengo un doctorado. Pero tienes que saberlo. La idea es encontrar algo que te diga, antes de que surja el problema, si tienes riesgo de tener dislexia o no. Y esto es lo que hemos hecho en Carnegie Mellon”, explica Rello. La investigadora ya ha puesto a disposición de la comunidad educativa otras herramientas contra la dislexia, como  Piruletras, una aplicación para mejorar la escritura que va por las 30.000 descargas. En niños de 9 a 11 años, el número de errores se reduce un 42% tras cuatro semanas jugando. Rello pide que los centros educativos “no den tanta importancia a las faltas de ortografía” cometidas por las personas con dislexia.

El juego Dytective, de apenas 15 minutos, analiza 200 variables, desde el movimiento del ratón a su aceleración, pasando por el número de errores y el tiempo de reacción. Gracias al cotejo con una base de datos de miles de niños diagnosticados, un algoritmo de aprendizaje automático alerta de posibles dificultades de lenguaje y escritura, antes de que el niño entre en la trituradora del fracaso escolar.

“Ahora mismo un diagnóstico de dislexia te cuesta de 150 a 1.000 euros. Hay muy pocas personas que se pueden permitir esto. La idea es democratizar el acceso a la detección y a la intervención de la dislexia. Dytective tendrá un precio mínimo sostenible de unos pocos euros”, sostiene Rello, que ha llegado a un acuerdo con la Universidad Carnegie Mellon para explotar la patente sin ánimo de lucro, a través de la organización Change Dyslexia, fundada por la propia lingüista.

En el núcleo del equipo dirigido por Rello figuran  Miguel Ballesteros, experto en aprendizaje automático de la Universidad Pompeu Fabra; Abdullah Aliespecialista en diseño de interacción en la Universidad de Maryland, Condado de Baltimore; y Jeff Bigham, investigador de la accesibilidad de la web en la Universidad Carnegie Mellon.

A largo plazo, el objetivo de Rello es, aplicando la misma metodología, detectar las fortalezas del aprendizaje, en lugar de las dificultades. “Con los datos que vamos a recoger intentaremos dar al mundo una herramienta para detectar los talentos en potencia”, apunta. Como en el microcuento del artista francés Alejandro Jodorowsky:

—Maestro, tengo un problema con mi hijo: me trajo las notas del colegio, una alta calificación en dibujo y una pésima calificación en matemáticas.

—¿Qué harás?
—¡Lo pondré de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de matemáticas!
—Necio, ponlo de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de dibujo. Desarrolla su talento. Todos servimos para algo, pero no todos servimos para lo mismo.

http://elpais.com/elpais/2015/12/30/ciencia/1451479191_791338.html?rel=epr