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jueves, 1 de octubre de 2026

«Rescatar la figura de Freire nos da muchas señales para tratar de pensar el presente»

Fuentes: Rebelión


Paulo Freire habría cumplido 105 años el sábado pasado. Nacido el 19 de septiembre de 1921 en Recife (Brasil), el pedagogo y filósofo se convirtió en uno de los nombres más destacados del pensamiento educativo brasileño, con una obra que trascendió fronteras y concibió la educación como un instrumento para leer y transformar la realidad.

Declarado Patrono de la Educación Brasileña en 2012, Freire desarrolló una concepción pedagógica basada en el diálogo, la autonomía y la participación activa del alumnado en el proceso de aprendizaje. Su obra trascendió el debate sobre los métodos de alfabetización y abordó temas como la desigualdad, el colonialismo, la democracia, la cultura y la participación popular.

Más de dos décadas después de la muerte del pedagogo, el pensamiento freiriano sigue presente en escuelas, universidades y experiencias de Educación Popular tanto dentro como fuera de Brasil. Entre ellas se encuentran las iniciativas del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que cita a Paulo Freire como una de sus referencias pedagógicas en programas de alfabetización para jóvenes y adultos, y en capacitaciones impartidas en asentamientos y campamentos.

Como homenaje reproducimos una entrevista realizada a Silvio Schachter, periodista, ensayista e investigador de temáticas urbanas. Miembro del Consejo de redacción de Revista Herramienta y coautor del libro Tiempos violentos.

M.H.: Vamos a hablar de Paulo Reglus Neves Freire que nació un 19 de septiembre de 1921 en Recife, hace ciento cinco años, en la capital de Pernambuco, provincia brasileña de la región noroeste del país. Me propusiste hablar de esta figura de la Educación popular, ¿por qué?

S.S.: En primer lugar porque el nacimiento de Freire es un hecho para celebrar, es una suerte para la humanidad que hace ciento cinco años haya nacido por todo lo que ha dado. Tanto sus ideas como su praxis, porque lo que se rescata no son solo sus teorías y sus análisis sino la coherencia entre lo que decía y sus actos. Los ejercicios concretos que hizo para llevar adelante sus ideas.

Y además, Freire es un giro copernicano en la pedagogía de América Latina y el mundo. Es reconocido así en el mundo. Y no es sólo una figura que básicamente es un pedagogo y sus aportes principales han sido hacia la ciencia de la educación, es mucho más que eso. Rescatar la figura de Freire nos da muchas señales para tratar de pensar el presente.

Si hay algo que es característico en Freire es que nunca se consideró alguien que generaba una especie de manual de cómo hacer las cosas, sino que fue un disparador de ideas, de métodos de pensamientos, de análisis crítico, y él mismo reivindica su contemporaneidad diciendo “esto que pienso lo pienso en este momento”, a pesar de que hoy uno puede decir que ha trascendido a su tiempo y que se ha proyectado hacia el futuro, fue un hombre de su tiempo. No hay que olvidarse lo que estaba pasando en Brasil y en el mundo cuando desarrolla gran parte de su trabajo y escribe la Pedagogía del oprimido con el Cinema Novo de Nelson Pereira Dos Santos, de Glauber Rocha. Compañero del director brasileño Augusto Boal que creó el Teatro del Oprimido, momentos en que se desarrolla la Teoría de la dependencia de Theotonio Dos Santos o la Teología de la liberación de Helder Cámara, ese es el momento en Brasil pero también es un momento en el mundo.

En Argentina estaban el Teatro independiente, el Cine de liberación, el Grupo Octubre, los debates que se daban acá sobre la situación política, económica y social de América Latina, los Sacerdotes del Tercer mundo. Todo eso era el contexto en el cual Freire desarrolla su praxis, y él mismo se reconoce entre otras cosas como una especie de tributario de Franz Fanon, escritor de Los Condenados de la Tierra prologado por Jean Paul Sastre, libro que descubre en su exilio en Chile.

Freire decía que estaba terminando su libro Pedagogía del Oprimido y cuando leyó el libro de Fanon tuvo que cambiar varias cosas, tenía esa honestidad y esa transparencia de reconocer lo inacabado de todo porque él consideraba también la relación entre el educador y el educando en una dialéctica de aprendizaje mutuo.

Nunca se consideró un académico con conocimientos cerrados que tenía que bajar verticalmente sobre la gente que lo seguía, sino que generaba esa sensación de estoy aprendiendo con ustedes permanentemente, con un espíritu muy abierto y muy autocrítico. En una nota que leí hace un tiempo algunas feministas le reclamaron que cuando escribió Pedagogía del Oprimido lo hizo con una lógica masculina y él reconoce que sí, y después cuando hizo Pedagogía de la Esperanza y estaba trabajando en su último libro que se llama Ecopedagogía incorpora mucho de eso. Es una personalidad para rescatar en su conjunto.

Muchas de las cosas que desarrolla como pensamiento crítico, de cuestionamientos a la institucionalidad de los saberes, a la negación de los saberes originales, que son muy propios de esta época de globalización porque él no vivió toda la tecnología que está puesta al servicio de los poderes de construcción del pensamiento hegemónico. Yo creo que hay mucho del pensamiento de Gramsci que él también reconocía.

M.H: Yo creo que sos una personalidad renacentista. Fíjate vos que citás a Gramsci, hablás de Educación Popular, de arquitectura, de política, estas abierto a una infinidad de saberes que se reflejan en estas entrevistas que hacemos y me hace recordar sinceramente a las personalidades renacentistas abiertas al conocimiento universal.

S.S: Muchas gracias. Vos sabés que Freire decía que “toda educación es de naturaleza política, y toda política es de naturaleza educativa” y él se autodefinía a sí mismo “primero yo soy sustantivamente político y adjetivamente pedagogo”. Él se definía como un hombre político y yo creo que un hombre político tiene que combatir la segmentación del pensamiento, la especialización que termina aislándote del conocimiento porque los que hegemonizan, los que construyen el sentido común conservador, los que construyen las formas de dominación intelectual, cultural, ideológica sí tienen información global. En todo caso los subalternos, los oprimidos, para usar un término de Freire, son los que reciben esos fragmentos y las posibilidades formativas y educativas en el ámbito de la academia, en el ámbito del ejercicio de las profesiones hay diferentes especialidades, y cuando se analizaba el Código urbanístico en la Ciudad de Buenos Aires, pude comprobar que los arquitectos no se interesan por el tema de la ciudad, simplemente por los objetos urbanos o sea el edificio. No importa dónde estén plantados, ni cuáles son las relaciones sociales en la ciudad, ni cómo se construye el espacio, etc.

Ese es un mal de esta época y creo que es necesario combatirlo y para eso hay que ser sensible y abierto a todas las fuentes culturales para poder formarse una opinión crítica emancipadora con más argumentos. Mucho de lo que hoy se ha desarrollado en el mundo como pensamiento crítico, como práctica crítica formativa contrahegemónica abreva en el pensamiento y en la acción de Freire. Empezando por la escuela del MST, la Florestán Fernandes, que fue fundada en 2005, pero ellos reconocen que toman mucho de las enseñanzas y del pensamiento de Freire. Vos hiciste un artículo muy lindo al respecto.

M.H: Sí, tengo varios escritos sobre Freire.

S.S: Sí y sobre todo de los Bachilleratos Populares que son una forma también de construcción alternativa, de alteridad frente a la educación institucional cada vez más formal, más vacía de contenido. Donde esta idea que Freire elaboró ya hace más de cincuenta años sobre lo que él llamaba la educación bancaria, educando al joven como un receptáculo vacío al cual hay que meterle cosas y no como un protagonista del fenómeno pedagógico colectivo. Eso se da mucho y lamentablemente no solo en la enseñanza privada sino también en la estatal.

M.H: Yo he tenido muchos debates con compañeros vinculados a la enseñanza pública porque a veces adoptan algunos aspectos formales de la pedagogía de Freire, se sientan en círculo y ese tipo de cosas. Y no es a eso a lo que hay que prestarle atención precisamente.

S.S: Viste el debate que se generó si en la escuela tiene que hablarse de política o no. Parece una cosa del siglo XIX, de educación religiosa, de principios del siglo XX. Es increíble que todavía se discuta si la política puede estar en las aulas, porque la realidad es que las políticas están en las aulas, como decía también Freire: “el silencio es una manera de hacer política”; la desinformación es una manera de hacer política, los contenidos hegemónicos que se dan en la escuela, está claro el ejemplo que él siempre ponía: a los chicos se les enseñaba quién era Colón, cuándo llegó a América, de dónde vino, cómo consiguió los recursos pero no se les enseñaba quiénes eran los habitantes que estaban en esta tierra. Hay política, hay ideología.

M.H: Yo creo de todas maneras que los docentes públicos han introducido y avanzado sobre muchos temas, respecto de los temas ecológicos, los que hacen a la problemática de Derechos Humanos también, en eso han cumplido un rol.

S.S: Sí claro, hay docentes sensibles que se han formado en ese espíritu. Yo todavía recuerdo el incidente de la maestra que se peleó con un chico, el tema es más allá que ella defendía al gobierno y criticaba a Macri, el tema que había que discutir ahí es la forma del docente que tiene el saber y tiene una cierta cuota de poder y se le impone a los gritos, más allá que las ideas que tenga uno y otro las pueda compartir o no.

M.H: El conocimiento es una construcción colectiva.

S.S: Totalmente. Y sobre todo el tema principal no es una construcción de información enciclopédica sino generar sujetos críticos con voluntad emancipadora, con voluntad de cambiar la sociedad, de mejorar, de incorporarse, de ser protagónicos, eso es muy importante. Y la verdad es que uno ve en el mundo un conjunto de pedagogos importantes como McLaren, Giroux, Macedo, Torres que se declaran abiertamente discípulos del pensamiento de Freire. En todo el mundo no solamente en América Latina. Freire también estuvo en Guinea Bissau; Brasil siempre tuvo una relación muy particular con África.

Su relación con Pichon Riviere, con los discípulos de Riviere en Argentina. La importancia que tuvo su pensamiento en la conciencia negra en Sudáfrica muy a menudo asociado a Steve Biko. Sus ideas han tenido una proyección universal y se mantienen frescas. Lamentablemente gran parte de las cosas contra las cuales él peleaba como la opresión cultural y las formas educativas reaccionarias conservadoras se mantienen.

Sus ideas y su legado se mantienen, en todo caso ha cambiado el contexto, las formas de la globalización, los recursos tecnológicos, pero la esencia de la dominación, la esencia de la opresión y la esencia de ponerse del lado de los oprimidos para mirar a la sociedad esa alteridad que giró en la educación a partir de él me parece de una vigencia enorme.

Han salido algunos libros valiosos acá en la Argentina, un dossier editado por Muchos Mundos una recopilación hecha por Antonella Álvarez y Hernán Ouviña que la recomiendo se llama La Palabra y el Mundo conversaciones freireanas. La gente del colectivo Educadores del Sur sacó Semillas para otra Educación, para aquel que no conoce a fondo el pensamiento de Freire estos materiales son muy interesantes porque además interpelan desde la realidad de lo que nos está pasando hoy y cómo actuar frente a eso.

Hay una especie de reverberancia y de puente de lo que hablábamos al principio y Freire, esta idea de una sociedad que acata, que mira para arriba, una sociedad que es acrítica, mesiánica en muchos aspectos esperando la palabra de una salvadora o un salvador y no siendo protagonista de su destino, tiene mucho que ver con lo que Freire cuestionaba no solamente para la educación.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 11 de julio de 2021

_- La Educación Popular, Paulo Freire y la “muerte” de la dialéctica

_- La expresión Educación Popular circula desde hace algunos años en América Latina a través de libros, revistas y folletos. Aunque no existe un concepto universal al respecto, en general, la Educación Popular se define como una práctica social que trabaja, principalmente, en el ámbito del conocimiento, con intencionalidad, objetivos sociales, cuáles son los de contribuir a una sociedad nueva que responda a los intereses y aspiraciones de los sectores populares[1].

Aunque a veces algunos enfoques limitan la Educación Popular a las aportaciones de Paulo Freire, existen numerosos casos de pensadores, dirigentes políticos y experiencias aisladas cuya intención fue colocar la educación al servicio de las clases populares. Desde la colonia se usó la expresión “educación popular” como instrucción elemental a las capas pobres y sectores dominados[2]. Para la Ilustración europea, y sus expresiones en Latinoamérica, la educación popular consistía en instruir a los pobres para convertirlos en ciudadanos. Pero, en este caso, el pueblo es destinatario pasivo de un discurso pedagógico construido por otros, pues la elite ilustrada lo percibe como “ignorante” e incapaz de gestar iniciativas autónomas.

Sin embargo, el pedagogo venezolano Simón Rodríguez y su discípulo Simón Bolívar desarrollan otra perspectiva. Ellos ven en la educación de las masas populares una condición para formar ciudadanos y una garantía para la democratización de las jóvenes repúblicas hispanoamericanas. Más adelante, otros dirigentes sociales y políticos revolucionarios y latinoamericanistas, como José Martí, realizaron contribuciones en el mismo sentido emancipador. En ambos casos, existe un fuerte sentimiento nacionalista.

Pero, por otro lado, desde una perspectiva crítica del capitalismo, también surgieron experiencias educativas que intentaron proponer alternativas a la pedagogía dominante. Anarquistas, socialistas y comunistas procuraron crear discursos pedagógicos ligados a la transformación social. De este modo, se fue conformando una tradición pedagógica latinoamericana progresista, ligada a la educación obrera y a la formación de cuadros políticos. Sin duda, la obra ¿Qué hacer?, de Lenin, la cual se convirtió en el modo universal de educación política de los partidos comunistas y similares, fue el texto guía de tales experiencias. El dirigente bolchevique ruso depositaba en el partido la dirección política y educativa de las clases explotadas. Probablemente, una posición más creativa y crítica fue la propuesta por el peruano José Carlos Mariátegui, quien planteó la necesidad de una pedagogía nacional, popular y latinoamericana que reivindicara lo indígena y lo cultural.

Al mismo tiempo, los movimientos populistas de las décadas de 1940 y 1950 procuraron darle a la educación un carácter nacionalista y democrático, exaltando las culturas populares autóctonas y la capacidad creativa del pueblo. José Domingo Perón en Argentina, Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA en el Perú, Lázaro Cárdenas en México y Jorge Eliécer Gaitán en Colombia, vieron en la educación y la cultura un espacio adecuado para el desarrollo de sus movimientos. No hay que olvidar, por ejemplo, que es durante un gobierno populista, el de João Goulart, cuando Paulo Freire inicia sus experiencias educativas en ámbito nacional en Brasil[3].

A partir del concepto de concientización (conscientização, en portugués), que ha sido creado por el filósofo brasileño Álvaro Vieira Pinto[4], Paulo Freire desarrolló su concepción de la educación liberadora.

Tras el golpe militar al presidente João Goulart en 1964 en Brasil, Freire emigra a Chile, donde puede sistematizar su experiencia y asesorar programas de alfabetización. Es en el exilio, donde escribe Pedagogía del Oprimido, libro publicado en 1970 que circularía por toda América Latina e influiría sobre miles de educadores en una década en la que amplias capas de la población asumían que su desarrollo implicaba cambios estructurales. La militancia cristiana de Freire y el carácter humanista de su pensamiento permitieron que su propuesta fuese acogida al interior de la Iglesia: primero el Movimiento de Educación de Base (MEB) de Brasil y posteriormente lo hace la Conferencia del Episcopado Latinoamericano reunida en 1968 en Medellín, Colombia. De este modo, los planteamientos de Freire son incorporados en lo que más tarde llegaría a ser la Teología de la Liberación.

El método de Freire y su amplia obra configuraron un rico universo de reflexiones acerca de la educación, de la pedagogía y la ética liberadoras. Para Paulo Freire, educar significa, por ejemplo, conocer críticamente la realidad, comprometerse con la utopía de transformarla, formar sujetos de dicho cambio y desarrollar el diálogo. Pero, aunque su método constituía una profunda crítica a las prácticas educativas tradicionales, él también empezó a revelar limitaciones y ambigüedades políticas. Los problemas se referían principalmente al desconocimiento del condicionamiento de la educación por la estructura social y económica, así como a los conflictos de clase. Como consecuencia, la idea de transformar la realidad quedaba convertida en un acto abstracto.

Pero, en todo caso, Paulo Freire se ha convertido en un clásico del pensamiento educativo latinoamericano, teniendo una influencia significativa en los debates pedagógicos internacionales. Su idea de la educación bancaria, que encuentra un paralelismo con las ideas del pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi, se refiere a la concepción de educación como un proceso en lo que el educador deposita contenidos en la mente del estudiante. En lugar de observar la educación como un proceso de comunicación y diálogo consciente y con discernimiento, la educación bancaria contempla al educando como un sujeto pasivo e ignorante, que ha de aprender por medio de la memorización y repetición de los contenidos que se le inculcan.

Los relevantes aportes de Paulo Freire jugaron un rol fundamental en el desarrollo de la Educación Popular. Por otro lado, el discurso fundacional de la Educación Popular tuvo como característica central su identificación con el método dialéctico de conocimiento. Debido a la influencia del materialismo histórico, en general, se asumió que el método de la Educación Popular era el dialéctico, entendido como un conjunto de principios metodológicos que se suponía garantizaban la eficacia de las acciones educativas[5]. El principal de ellos es su relación con la praxis histórica concreta. Realizar análisis concretos de situaciones concretas. Pero hoy en día este principio ha sido ampliamente ignorado o sólo superficialmente repetido (en tono meramente formal), incluso en el contexto del legado del propio Freire. Es decir, estamos asistiendo a una especie de “muerte” de la dialéctica en la Educación Popular. La forma en que se ha abordado el pensamiento de Paulo Freire en los últimos tiempos y la manera en que se ha celebrado el centenario de su nacimiento demuestran la asfixia del pensamiento dialéctico.

Los seminarios realizados sobre su obra y los enfoques desarrollados sobre su pensamiento han sido puramente laudatorios, acercándose casi de una adoración mesiánica. No hay problematización analítica. Se ignoran las fuentes teóricas que él tuvo como referencia para construir su obra y no se analizan sus aportaciones frente a las nuevas coyunturas del siglo XXI. Lo que se hace es simplemente repetir los lugares comunes de su pensamiento, así como algunos enfoques de las décadas de 1960 y 1970. Además, hay apropiaciones populistas de sus ideas y su uso de manera arribista como forma de autopromoción personal. Estos son hechos incompatibles con el ejercicio de la crítica de la razón dialéctica. Además, tales hechos son perjudiciales para el necesario debate que se ha desarrollado en varios países de América Latina sobre la refundamentación de la Educación Popular.

El debate sobre la refundamentación de la Educación Popular está asociado a múltiples factores, como el agotamiento de los referentes discursivos con respecto a la pluralización de las prácticas y actores de la Educación Popular, la crisis del socialismo real y la atracción ejercida por nuevos planteamientos teóricos provenientes de las ciencias sociales. En cuanto al contenido de la refundamentación, se ha señalado algunos desplazamientos de los componentes del discurso fundacional de la Educación Popular. Por ejemplo:

i) de una lectura clasista ortodoxa de la sociedad, a la incorporación de otras perspectivas y categorías analíticas;
ii) de una lectura revolucionaria de “toma del poder” como única vía del cambio, a la ampliación del sentido de lo político a todas las esferas de la vida social, la reivindicación de la democracia como forma de gobierno y defensa de lo público;
iii) de una mirada económica y política de los sujetos sociales a una mirada integral de los mismos;
iv) de un énfasis en la toma de conciencia al enriquecimiento de la subjetividad individual y colectiva en todas sus dimensiones (intelectual, emocional, corporal, etc.); y,
v) del uso instrumental de las técnicas participativas a la reivindicación de lo pedagógico de la Educación Popular, la incorporación de aportes de otras corrientes teóricas y el interés por el diálogo de saberes[6].

No hay que olvidar que la vida, el ser humano, la naturaleza, son dinámicos, inacabados, constituidos-constituyéndose; se mueven, interactúan, influyen y son influidos. De ahí que el pensamiento analítico no puede dejarse aplastar por los límites de lo que ya está producido. El razonamiento dialéctico no puede someterse a las condiciones formales de una teoría, ya que, simultáneamente, debe cuestionarlas. Por ello, no se trata de enmarcarse en una teoría, pero abrirse a las posibilidades de cuestionamiento para llevar a cabo nuevos desarrollos sobre ella. Si no es así, la dialéctica se queda asfixiada, y la propia teoría se vuelve residual. Esta es una lección que el legado de Paulo Freire debería tener en cuenta en el año de su centenario.

Notas
[1] Al respecto, ver el trabajo de Jorge Osorio: “Perspectivas de la acción educativa en los noventa”, en: Alfabetizar para la democracia, Santiago de Chile: CEAAL, 1990.

[2] Ver Adriana Puigross, “Discursos y tendencias de la Educación Popular en América Latina”, en Revista Tarea, n° 3. Lima: Asociación de Publicaciones Educativas, 1987.

 [3] Al respecto, ver el libro de Afonso Torres Camilo: Educación Popular – Trayectoria y actualidad, Caracas: Universidad Bolivariana de Venezuela, 2011.

 [4] Ver una de las principales obras de Álvaro Vieira Pinto: Educação e realidade nacional, 2 vols., Rio de Janeiro: ISEB, 1960.

 [5] Véase al respecto Afonso Torres Camilo, op. cit.

 [6] Ibidem.

Ivonaldo Leite es profesor en la Universidad Federal de Paraíba, Brasil.

domingo, 15 de septiembre de 2019

87 libros en Rebelion.org Rebelión amplía la recopilación de las obras completas de Marta Harnecker (actualizado hasta 2015)

Desde el 3 de julio de 2009, dentro de un apartado especial abierto en la sección Libros Libres, Rebelión ha publicado todos los libros escritos por Marta Harnecker, desde el clásico

"Los conceptos elementales del materialismo histórico"

(publicado en 1969 y que ya alcanza las 67 ediciones con Siglo XXI) hasta sus últimos trabajos. Este especial —en homenaje al 40 aniversario de su primer libro— incluía 82 títulos que sumaban más de 11.000 páginas. Luego se han publicado 7 libros más.

En esta bibliografía, los títulos esta vez se han ordenados desde el más reciente al más antiguo. Cada título va seguido de una breve explicación de su contenido, datos editoriales y revisiones o ampliaciones sufridas. En algunos libros, ha habido reediciones que han implicado alteraciones del texto original o se ha agregado algún material. Esto se explica en la nota que acompaña a cada título. Para su ubicación en la bibliografía se ha usado como criterio la fecha de su primera edición.

Y como Marta Harnecker ha incursionado en los últimos años en el terreno de los audiovisuales pedagógicos, hemos incluido al final de esta bibliografía los links de estos materiales.

86. Sobre la explotación capitalista (36 páginas) AÑO 2012 Cuaderno de Educación Popular Nueva Serie No 2,
Publicado en

http://www.rebelion.org/docs/153035.pdf

En este cuaderno retoma en forma más pedagógica el Cuaderno.Nº 2 de la serie: Cuadernos de Educación Popular: ¿Qué es el socialismo?, escritos por Marta Harnecker con la colaboración de Gabriela Uribe. En el se explica en una forma sencilla pero rigurosa el origen de la explotación capitalista: la producción de la plusvalía. Empieza por analizar el proceso de producción mercantil simple, para luego pasar al proceso de producción capitalista. Parte de las apariencias para ir descubriendo cuál es la explicación de fondo del problema. Comienza, por tanto, desde los precios para llegar a entender de donde surge verdaderamente el valor de las mercancías. Después de haber examinado en forma detenida el concepto de valor y trabajo socialmente necesario, pasa a definir la plusvalía, partiendo de un análisis del valor de la fuerza de trabajo. Luego, para poder distinguir entre plusvalía absoluta y relativa, define los conceptos de capital constante y capital variable.Publicado por MEPLA, La Habana, Cuba.2012 y por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Venezuela, 2012.