jueves, 26 de febrero de 2026

¿Pagan suficientes impuestos los más ricos?


La defensa de la democracia hoy nos remite a la necesidad de restablecer la primacía del interés colectivo sobre el beneficio privado

“Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Así reza el artículo 128 de la Constitución española de 1978. Entre todos los equilibrios y dificultades que marcaron aquel proceso, este principio tan sencillo y tan potente a la vez pudo hacerse hueco en el texto constitucional. Que la riqueza, sin importar cuál sea su forma o su dueño, no pueda entrar en conflicto con el bien común de la sociedad ni ir en contra de los intereses colectivos de la comunidad.

Esta idea —que figura en todo el imaginario democrático, desde Platón y Rousseau al constitucionalismo social que produjo la movilización obrera— siempre ha levantado ampollas y resistencias por parte de los propietarios de esa riqueza, pero también de quienes han defendido un proyecto de orden social construido a partir de las desigualdades y jerarquías. Hoy, en pleno empuje de las ideas reaccionarias y conservadoras, es lógico que la limitación del derecho de propiedad al servicio del desarrollo económico, el bienestar y la seguridad de las mayorías suscite importantes resistencias. También lo es que quienes pretendemos defender la idea democrática de sus muchos enemigos y amenazas actuales insistamos en asentarla, profundizarla y mejorarla.

La propuesta es sencilla: gravar con un 2% adicional los patrimonios superiores a 100 millones de euros, que representan en torno al 0,001% de la población, no más de 500 personas en España. Según las estimaciones del Observatorio de Fiscalidad Internacional dirigido por Gabriel Zucman, autor intelectual de la propuesta, esta tasa permitiría recaudar hasta 5.200 millones de euros adicionales en nuestro país. Por poner esta cifra en su contexto, la asignación anual de la Administración General del Estado para financiar el sistema de la dependencia este año, que estamos en máximos históricos, es de 3.700 millones de euros.

Una vez implementada, esta medida no supondría una carga adicional, en términos proporcionales, sobre esos pocos centenares de compatriotas: sencillamente restablecería la progresividad del sistema fiscal, cerrando los agujeros por los que se escapan las grandes fortunas y poniendo fin a la situación vergonzante por la que las personas más ricas del país pagan proporcionalmente muchos menos impuestos que cualquier trabajadora o trabajador asalariado.

Con todo, la importancia de defender un sistema tributario más progresivo y una vigorosa redistribución de la riqueza trasciende los números y la balanza de cuentas. Con la recaudación estimada de la tasa Zucman bastaría para implementar los primeros tramos de una prestación universal por crianza para erradicar la pobreza infantil, pero la propuesta no responde a la búsqueda de financiación ad hoc para proyectos concretos ni al afán de incrementar la recaudación del Estado. El trasfondo, como decía, es puramente político.

La muestra más evidente de ello es lo que estamos viendo en la deriva que sigue Estados Unidos bajo el yugo de unas élites fundamentalistas, milicias parapoliciales descontroladas y una oligarquía de grandes fortunas vinculadas a algunas de las mayores multinacionales tecnológicas del planeta. La acumulación obscena de riqueza en unas pocas manos, que dominan a su vez los nuevos mecanismos de control social y los resortes de un poder político que busca deshacerse de cualquier límite jurídico e institucional, es ya la principal amenaza a nuestras democracias y a la libertad y seguridad de millones de personas.

Por eso, la defensa de la democracia hoy nos remite casi obligatoriamente a la necesidad de restablecer la primacía del interés colectivo sobre el beneficio privado; esto es: recuperar la prioridad del bien común sobre cualquier forma de privilegio de parte. Esa es la condición básica para defender una sociedad igualitaria, capaz de dirigir los recursos y la riqueza a la mejora de las condiciones de vida de las mayorías trabajadoras. Capaz de hacer que su riqueza sirva para preservar los servicios públicos y las redes de protección social que hacen esa igualdad posible, para reforzar y asentar la seguridad social sin la cual ningún volumen de gasto en defensa servirá para garantizar la tranquilidad y el bienestar de la gente común.

Cuando se plantean este tipo de propuestas, en unos países como en otros, un lugar común es azuzar el miedo al éxodo de los poderosos: si se aplicara una medida así, los ultrarricos se irían. Hay sobrada evidencia de que eso no es lo que sucede. De hecho, un estudio del Institute for Policy Studies and State Revenue Alliance, realizado con datos de los estados de Massachusetts y Washington, muestra que la movilidad real de los más ricos tras aplicar subidas de impuestos es mínima.

Las reticencias, por tanto, no son empíricas, sino puramente ideológicas. Sin ir más lejos, ya se aplicaban tipos marginales mucho más elevados sobre la renta de los más ricos en Estados Unidos con Eisenhower y Nixon. Si nos vamos a Europa continental, lo mismo ocurría en la Alemania de Erhardt o la Francia de De Gaulle. Todos ellos dirigentes conservadores. Hoy, sin embargo, nos dejamos arrastrar por una serie de influencers sin valores ni conciencia social, siguiendo ese supuesto espíritu del tiempo que hace que parezca más valioso el trabajo de un inversor en criptomonedas que el de una médica o una trabajadora social. La realidad es que nada ocurriría si todos esos inversores dejaran de trabajar por un día; pero nuestras sociedades probablemente colapsarían si tan solo por 24 horas las personas que se dedican a cuidar de los demás dejaran de acudir a sus puestos de trabajo.

No es cierto que el desarrollo económico de nuestras sociedades dependa de la acumulación obscena de riqueza en unas pocas manos. Como no lo era que el aumento del salario mínimo o la reforma laboral fueran a destruir empleo ni a hacernos perder competitividad. Hoy la evidencia es tozuda. Mejorar la posición del trabajo en las relaciones productivas, lejos de suponer una amenaza para la economía, se ha convertido en un factor esencial para el desarrollo económico de España, que precisamente por ello lleva años destacando sobre sus economías vecinas. Hoy, en un contexto de beneficios empresariales, pago de dividendos y cotizaciones bursátiles en máximos históricos, el desafío es hacer de la redistribución de la riqueza el vector que profundice ese desarrollo y haga nuestra sociedad más cohesionada, más próspera, y nuestra democracia más fuerte y más estable.

¿Cómo dibujar un horizonte real para la democracia en un mundo de ascensos ultras, crisis climáticas constantes, disputas geopolíticas y asaltos al orden multilateral? Empecemos por lo evidente: que ese desarrollo económico se note en el día a día de la gente trabajadora. Lo que está en juego es demostrar que el Estado social funciona, que es capaz de defender los intereses de la gente común, de asegurar condiciones mínimas de bienestar, libertad y seguridad que no dependan de dónde se ha nacido, del apellido que se lleve o del patrimonio familiar con que se cuente.

Eso sigue siendo lo esencial de la idea democrática: una sociedad que garantiza derechos universales de ciudadanía, servicios públicos de calidad y un sistema fiscal justo para financiarlos. Y eso pasa por impedir que unos pocos posean tanto como millones de ciudadanos y por asegurar que cada cual contribuya a lo que es de todos según le corresponda.

Pablo Bustinduy es ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. 

miércoles, 25 de febrero de 2026

S. N. Bose, el físico que inspiró la palabra bosón y que junto a Einstein predijo el quinto estado de la materia


Satyendranath Bose mirando una foto de Albert Einstein.

Fuente de la imagen,American Institute of Physics

Pie de foto,Aunque colaboraron y se conocieron, Bose y Einstein no se tomaron fotos juntos. Aquí Bose mirando una foto de Einstein en 1953.

"Respetado señor", empezaba diciendo una carta que recibió un día de junio de 1924 el para entonces ya premio Nobel y muy célebre Albert Einstein.

La misiva provenía de la Universidad de Daca, una ciudad que formaba parte de la India británica, así que estaba en la periferia colonial, lejos del centro científico del mundo en el que todo el conocimiento establecido se estaba revolucionando.

"Me he atrevido a enviarle el artículo adjunto para su lectura y opinión. Estoy deseoso de saber qué piensa al respecto. Si considera que el trabajo merece ser publicado, le agradecería que gestionara su publicación en Zeitschrift für Physik".

 La alemana Zeitschrift für Physik (Revista de Física) era una de las publicaciones más importantes del mundo en física teórica y experimental de aquel entonces.

¿Quién era el autor de esa carta y qué lo había animado a formular una solicitud semejante? Revista de Física reconocía como "un completo desconocido" para Einstein, pero señalaba: "No siento ninguna vacilación en hacerle tal solicitud, pues todos somos discípulos suyos".

No obstante, revelaba que no era la primera vez que le escribía: "No sé si aún recuerda que alguien desde Calcuta le pidió permiso para traducir sus trabajos sobre la relatividad al inglés. Usted accedió a esa petición. El libro fue publicado. Yo fui quien tradujo su trabajo".

Y firmaba: "Atentamente, S. N. Bose".

Adjunto iba un artículo que el autor ya había enviado a la prestigiosa publicación de la Real Sociedad británica Philosophical Magazine, pero que pasaron por alto.

Afortunadamente no se dio por vencido: se requirió el genio y la perspicacia de Einstein para apreciar la importancia de dicho trabajo.

El físico y matemático Satyendra Nath Bose había encontrado la solución a un problema que ni siquiera Einstein había podido resolver.

En cuestión de ocho días, el maestro de la relatividad ya había traducido el artículo al alemán y lo había enviado para su publicación a la revista Zeitschrift für Physik, acompañado de una nota en la que lo calificaba como "un avance importante" y anticipaba que él mismo ampliaría esas ideas revolucionarias.

A Bose, le escribió una postal confirmándole que su trabajo era "un importante paso adelante", y agregando: "Me complace mucho".

Ese paso adelante se fue haciendo cada vez más enorme.

Foto de Bose

Foto de Bose

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose fue uno de los primeros científicos que comprendió el significado y la importancia de las teorías de la relatividad de Albert Einstein.

De la breve pero significativa colaboración entre Einstein y Bose brotaron conocimientos pioneros en la ciencia cuántica que siguen transformando el mundo.

Pero a pesar de haber contribuido a cambiar el rostro de la ciencia del siglo XX y, además, haber trabajado con Marie Curie, inspirado al poeta Tagore y frecuentado a grandes científicos y artistas, el físico indio es poco conocido.

Y es un gusto conocerlo.

110 sobre 100

Bose nació el primer día del año 1894 en Calcuta, en el seno de una familia vinculada al Renacimiento bengalí, un movimiento que impulsaba la educación moderna y la renovación cultural en la India colonial.

Desde muy temprano brilló por su intelecto.

Entre las varias historias que circulan sobre su genio -algunas reales y otras quizá adornadas-, se cuenta que un profesor de su escuela, impresionado por uno de sus trabajos, le otorgó una calificación de 110 sobre 100.

El maestro estaba convencido de que su estudiante llegaría a ser un matemático brillante.

Bose, siempre curioso por todo tipo de creación intelectual y artística, efectivamente acabó inclinándose por las matemáticas como su camino profesional.

Y, así como a su amigo, compañero de estudios y futuro astrofísico Meghnad Saha, le fascinaba la física teórica, especialmente la nueva teoría cuántica que los físicos alemanes estaban explorando.

Tras graduarse y convertirse en profesores en la Universidad de Calcuta, Bose y Saha se lanzaron a una tarea inusual: traducir al inglés los trabajos originales de Einstein y Hermann Minkowski sobre relatividad, algo que no se había hecho en ningún lugar antes.

¿Recuerdas que en su carta a Einstein Bose mencionó que ya le había escrito antes?

Pues esta fue la razón: para no violar los derechos de autor del gran físico, le solicitó un permiso especial.

Einstein se lo otorgó gustosamente y el libro The Principle of Relativity, publicado en 1920, fue la primera colección en inglés de esos artículos fundamentales.

Más que una simple traducción, fue un puente hacia el conocimiento global, un gesto que facilitó la difusión de ideas revolucionarias en una época en que las noticias científicas tardaban mucho en cruzar fronteras.

Foto de la boda coloreada

Foto de la boda coloreada

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose se casó en 1914 con Ushabati Ghosh cuando ella tenía 11 años y él 20, en un matrimonio arreglado. Tuvieron 9 hijos, de los cuales 7 sobrevivieron más allá de la infancia.

Sin embargo, fue cuando Bose se mudó de Calcuta a la Universidad de Dakar que realmente hizo historia, con ese artículo titulado "La ley de Planck y la hipótesis cuántica de la luz" que le envió a Einstein.

Fue como una llave que abrió la puerta a conocimientos.

En paralelo y gracias a Einstein, Bose obtuvo una licencia de investigación para viajar a Europa y trabajar con los mejores laboratorios e investigadores de la época.

El gracioso encuentro con Marie Curie

Bose llegó a París en octubre de 1924 y rápidamente se introdujo en los círculos científicos, asistiendo a conferencias y charlas de figuras como los físicos Paul Langevin y Louis de Broglie.

Interesado en aprender técnicas experimentales de radioactividad, Langevin le proporcionó una carta de presentación para conocer a Marie Curie en el Radium Institute.

Bose relató que, tras saludarlo "con cariño", ella le dijo: "Sin duda tendrás la oportunidad de trabajar conmigo, pero no ahora mismo, sino dentro de tres o cuatro meses. Primero tienes que aprender el idioma; de lo contrario, te resultará difícil desenvolverte en el laboratorio".

"Me dijo que debía conocer a una hermosa francesa de la que debía aprender. Así que buscamos por París a esa mujer tan guapa. La verdad es que yo sabía francés: sabía leer y escribir, pero no pude decírselo a madame Curie porque hablaba sin parar".

A Bose todo el episodio le pareció humorístico y, mientras esperaba la oportunidad de integrarse formalmente en el laboratorio de Curie, aprovechó su estancia en París para trabajar con otros investigadores y familiarizarse con técnicas punteras de la física experimental.

Entre ellos se encontraba la física francesa Jacqueline Zadoc-Kahn Eisenmann, con quien entabló una profunda amistad.

La correspondencia entre ambos retrata los vibrantes intercambios intelectuales de la física cuántica de la época, como ilustra esta carta que Bose le escribió ya desde Berlín, en 1925:

«Mi dulce Jacqueline, tu rápida respuesta me dio alegría, pero mezclada con ella hay una sensación de tristeza: me hace pensar en lo poco que te vi el último día.

»Parece que todo el mundo en Berlín está muy entusiasmado con la evolución de la física.

»El día 1 y el 28 del mes pasado, [Werner] Heisenberg habló en el coloquio sobre su teoría. Todo el mundo está muy desconcertado, y muy pronto habrá una discusión sobre los trabajos de [Erwin] Schrödinger.

»Einstein parece muy entusiasmado con ello. El otro día, al volver del coloquio en tren, lo encontramos saltando al mismo compartimento en el que estábamos nosotros, y enseguida empezó a hablar con pasión sobre lo que acabábamos de oír.

»Todos guardabamos silencio, mientras él hablaba casi todo el tiempo, sin advertir el interés y la fascinación que despertaba en los demás pasajeros»
.

De vuelta en casa


Foto con 3 hombres y una mujer

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Cuentan que Niels Bohr (izq.) dictó una "iluminadora" conferencia en Calcuta, se atascó en un problema y le pidió ayuda a Bose (2do. der.), quien lo resolvió en cuestión de un minuto.

Cualquier físico que visitara Berlín en los años 20 debió sentirse un poco como un músico que visitaba Liverpool en los años 60, comentó la física y escritora de ciencia Sharon Ann Holgate en el retrato radial de Bose de la BBC The Indian Particle Man.

Algunas de las mentes más brillantes de principios del siglo XX estaban ahí discutiendo sobre los entresijos de la extraña nueva teoría cuántica que parecía casi demasiado extraña para comprender.

"Nunca en tu vida tendrás la oportunidad de conocer a hombres tan grandes de la ciencia", señaló Bose.

Pero India y su familia lo esperaban.

A su regreso, Bose se consolidó como una figura central de la física del país, combinando docencia, investigación y liderazgo institucional, e influyendo en generaciones de científicos.

Algo que defendió con firmeza fue la importancia de la enseñanza de la ciencia en las lenguas nativas de India, en lugar del inglés.

Según contó a la BBC su nieto, Falguni Sarkar, Bose admiraba a países como Israel y Japón por haber logrado crear una cultura científica sólida y contribuciones de primer nivel basadas en el uso de los idiomas propios.

La idea, sin embargo, encontró mucha resistencia. El físico indio Partha Ghose, discípulo de Bose, recordó que un día le preguntó por qué insistía tanto en esa cuestión, y que recibió una respuesta "muy convincente".

"No pienso en personas como tú, que se dedican a la ciencia -le dijo Bose-. Pienso en el indio medio: ¿por qué tendría que aprender un idioma extranjero para poder comprender las cosas básicas que ocurren en la ciencia?".

Bose tocando el esraj ante un público de varios hombres

Bose tocando el esraj ante un público de varios hombres

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose era conocido por su afinidad por la música y las artes, y sabía tocar el esraj con gran habilidad, además de interesarse profundamente por la literatura y otras expresiones culturales.

Su actividad no se limitó a la ciencia: fue también un intelectual humanista, profundamente interesado por la música -en particular la música clásica india-, la literatura y el arte, y participó activamente en los círculos culturales de su tiempo, convencido de que la creatividad científica formaba parte de un impulso creativo más amplio.

Pero volvamos a la creatividad científica de Bose y Einstein, y a ese artículo.

La brillantez de Bose

A finales del siglo XIX, los físicos se enfrentaban a un problema aparentemente sencillo: cómo emite luz un objeto caliente. Más exactamente, cuánta luz emite en cada color según su temperatura. Si se calienta un metal, ¿cuánta luz roja produce?, ¿cuánta azul?, ¿cómo cambia ese reparto al aumentar la temperatura?

La física clásica intentó responder usando las leyes conocidas del electromagnetismo y la termodinámica… y fracasó estrepitosamente.

Sus ecuaciones predecían que un cuerpo debería emitir una cantidad infinita de radiación ultravioleta, algo que claramente no ocurría. A ese absurdo teórico se lo bautizó, con cierta ironía, como la catástrofe ultravioleta.

El problema era profundo: no se trataba de un error experimental, sino de una contradicción interna de la teoría. Las mismas leyes que describían con éxito el mundo cotidiano conducían aquí a un sinsentido matemático.

Entender cómo emite luz un cuerpo caliente no era un detalle técnico menor, sino una señal de que algo fundamental fallaba en la forma misma de concebir la energía y la radiación.

Resolverlo exigía cambiar las reglas del juego.

Cartas escritas por Satyendra Nath Bose (izquierda) y Albert Einstein (derecha) sobre las estadísticas de Bose.

Cartas escritas por Satyendra Nath Bose (izquierda) y Albert Einstein (derecha) sobre las estadísticas de Bose.

Fuente de la imagen,S. N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Esa carta que le escribió Bose (izquierda, en inglés) a Einstein, y la respuesta que este mandó (derecha, en alemán).

En 1900, el físico alemán Max Planck resolvió el enigma proponiendo algo radical para la época: la energía no se intercambiaba de manera continua, sino en pequeños "paquetes" o cuantos, cuyo tamaño dependía de la frecuencia de la radiación.

Su fórmula describía con precisión cómo emiten luz los objetos según su temperatura.

Lo verdaderamente profundo no fue solo que funcionara, sino lo que implicaba: la energía estaba cuantizada. Esa ruptura con la física clásica abrió la puerta justamente a la física cuántica.

Unos años más tarde, Einstein llevó la idea un paso más allá y la aplicó directamente a la luz, proponiendo que la propia radiación viajaba en cuantos -los fotones- para explicar fenómenos que la teoría clásica no podía.

Aun así, la nueva física avanzaba sobre cimientos conceptuales todavía inestables. La ley de Planck funcionaba a la perfección, pero su justificación teórica seguía siendo insatisfactoria, apoyada en supuestos heredados de la física clásica que resultaban cada vez más frágiles.

Fue ahí donde Bose cambió radicalmente el enfoque.
 
Trató la luz no como una onda continua, sino como un conjunto de cuantos indistinguibles, y contó sus posibles distribuciones sin recurrir a los artificios conceptuales de la física clásica.

El resultado fue tan simple como contundente: la ley de Planck emergía de manera natural, sin parches ni contradicciones.

Con ello, Bose no solo aclaró el fundamento de una de las fórmulas más importantes de la física moderna, sino que mostró que la hipótesis de los cuantos de luz no era un recurso provisional, sino una pieza central de una nueva forma de entender la naturaleza.

La genialidad de Einstein

Una red coloreada de vórtices similares a tornados dentro de un condensado de Bose-Einstein giratorio de átomos de rubidio.

Una red coloreada de vórtices similares a tornados dentro de un condensado de Bose-Einstein giratorio de átomos de rubidio.

Fuente de la imagen,NIST


Pie de foto,

Condensados de Bose-Einstein como el de la imagen, se forman en ultraalto vacío a temperaturas de tan solo unas pocas centésimas de milmillonésima de grado sobre el cero absoluto.

Einstein lo comprendió de inmediato.
Vio que Bose no había hecho un truco matemático, sino que había descubierto una nueva manera de contar, una forma inédita de describir sistemas formados por partículas indistinguibles.

Y aquí vino el giro sorprendente.
Einstein se preguntó: si esta forma de contar funciona para la luz, ¿qué ocurre si se aplica a la materia?

Al hacerlo, predijo algo completamente inesperado: que a temperaturas extremadamente bajas una gran cantidad de partículas podía colapsar en un mismo estado cuántico, comportándose como un único objeto macroscópico.

Así nació, al menos sobre el papel, el condensado de Bose-Einstein, conocido popularmente como el quinto estado de la materia.

Pasaron casi siete décadas antes de que los científicos confirmaran experimentalmente la predicción de Einstein.

Hoy, las ideas de Bose y Einstein sustentan tecnologías de vanguardia: desde computadoras cuánticas hasta imanes superconductores utilizados en resonancias magnéticas y los grandes aceleradores de partículas del CERN.

Incluso las matemáticas de la superconductividad inspiraron las ideas que llevaron a descubrir la partícula de Higgs y su papel en la estructura del universo.

Aunque muchos de los descubrimientos inspirados en este marco teórico obtuvieron Premios Nobel, el propio Bose no recibió tal galardón. Su legado, sin embargo, permanece inmortal en la física.

Su apellido dio origen al nombre de los bosones, una de las dos grandes familias de partículas fundamentales, formado a partir de "Bose" y el sufijo griego "-on", habitual en la nomenclatura subatómica.

En palabras del eminente físico y biógrafo de Einstein, Abraham Pais (1982): "El artículo de Bose es el cuarto y último de los artículos revolucionarios de la antigua teoría cuántica; los otros tres son de Planck, Einstein y Bohr".

¡Nada menos que la crema y nata de la física que transformó nuestro mundo! 

Cómo tomar un jugo de naranja al día puede ayudar al corazón

Mujer de perfil bebiendo un jugo de naranja

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Muchas personas suelen beberlo como parte del desayuno

Aunque llevamos ya algunos años escuchando que es preferible desayunar fruta que jugo de naranja, porque esta bebida solo aporta azúcares libres que aumentan el riesgo de obesidad, no faltan estudios que le encuentran virtudes interesantes.

En concreto, una investigación reciente ha demostrado que el consumo regular de jugo de naranja puede influir en la actividad de miles de genes dentro de nuestras células inmunitarias.

Muchos de estos genes ayudan a controlar la presión arterial, calmar la inflamación y regular la forma en que el cuerpo procesa el azúcar, lo que contribuye a mejorar la salud cardíaca a largo plazo.

Los investigadores realizaron un seguimiento a adultos que bebieron 500 ml de jugo de naranja pasteurizado puro cada día durante dos meses. Después de 60 días, muchos genes asociados con la inflamación y la hipertensión arterial se habían vuelto menos activos.

Entre ellos, NAMPT, IL6, IL1B y NLRP3, que suelen ponerse en marcha cuando el cuerpo está sometido a estrés.

Otro gen conocido como SGK1, que afecta a la capacidad de los riñones para retener sodio (sal), también redujo su actividad.

Estos cambios coinciden con hallazgos previos que indican que beber jugo de naranja a diario puede reducir la presión arterial en adultos jóvenes.

El jugo reduce la inflamación y relaja los vasos sanguíneos

El hallazgo ofrece una posible explicación a por qué el jugo de naranja se ha relacionado con una mejor salud cardíaca en varios ensayos.

El nuevo trabajo muestra que, a la vez que eleva el azúcar en sangre, esta bebida cítrica desencadena pequeños cambios en los sistemas reguladores del cuerpo que reducen la inflamación y ayudan a relajar los vasos sanguíneos.

Tiene sentido si pensamos que los compuestos naturales de las naranjas, en particular la hesperidina, un flavonoide cítrico conocido por sus efectos antioxidantes y antiinflamatorios, pueden influir en los procesos relacionados con la hipertensión arterial, el equilibrio del colesterol y la forma en que el cuerpo procesa el azúcar.

La respuesta varió en función del tamaño corporal: las personas con más peso tendían a mostrar mayores cambios en los genes implicados en el metabolismo de las grasas, mientras que los voluntarios más delgados mostraban efectos más fuertes sobre la inflamación.

Una revisión sistemática de ensayos controlados en la que participaron 639 personas de 15 estudios descubrió que el consumo regular de jugo de naranja reducía la resistencia a la insulina y los niveles de colesterol en sangre. La resistencia a la insulina es una característica clave de la prediabetes, y el colesterol alto es un factor de riesgo establecido para las enfermedades cardíacas.

Otro análisis centrado en adultos con sobrepeso y obesidad encontró pequeñas reducciones en la presión arterial sistólica y aumentos en las lipoproteínas de alta densidad (HDL), a menudo denominadas colesterol bueno, tras varias semanas de consumo diario de jugo de naranja.

Persona preparando un jugo de naranja.

Persona preparando un jugo de naranja.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,<
Prepararlo es muy sencillo.
Aunque estos cambios son modestos, incluso las mejoras leves en la presión arterial y el colesterol pueden marcar una diferencia significativa si se mantienen durante años.

A esto se le suma que, según una revisión reciente, el jugo de naranja influye en las vías relacionadas con el uso de energía, la comunicación entre las células y la inflamación. También puede afectar a la microbiota intestinal, que cada vez se considera más importante para la salud cardíaca.

Si nos decantamos por jugo de naranja sanguina, basta consumirlo durante un mes para que aumente el número de bacterias intestinales que producen ácidos grasos de cadena corta. Estos compuestos ayudan a mantener una presión arterial saludable y a reducir la inflamación.

Las personas con síndrome metabólico son las que más pueden salir ganando. Una investigacion con 68 participantes obesos demostró que el consumo diario de jugo de naranja mejoraba el funcionamiento del revestimiento de los vasos sanguíneos (función endotelial), esto es, la capacidad de los vasos sanguíneos para relajarse y dilatarse.

Y eso se asocia directamente con un menor riesgo de ataques cardíacos.

Algunos estudios contradictorios

Otro estudio, realizado con 129 trabajadores de una fábrica de jugo de naranja en Brasil, reveló concentraciones sanguíneas más bajas de apolipoproteína B, o apo-B, un marcador que refleja el número de partículas portadoras de colesterol relacionadas con el riesgo de sufrir un infarto.

Mujer leyendo la etiqueta de un jugo de naranja en un supermercado. Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,Si no quieres prepararlo, puedes comprarlo envasado. Sin embargo, un análisis más amplio de las concentraciones de grasas en sangre reveló que, aunque los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL) –colesterol malo– suelen descender, otras mediciones lipídicas, como los triglicéridos y el HDL, no varían significativamente.

En cualquier caso, parece que beber jugo de naranja no solo aporta azúcar: aunque la fruta entera sigue siendo la mejor opción debido a su fibra, un vaso diario de jugo de naranja puro podría tener efectos beneficiosos para la salud que se acumulan con el tiempo.

Estos incluyen aliviar la inflamación, favorecer un flujo sanguíneo más saludable y mejorar varios marcadores sanguíneos relacionados con la salud cardíaca a largo plazo.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original.

*David C. Gaze es profesor de Patología Química de la Universidad de Westminster, en Reino Unido.


martes, 24 de febrero de 2026

Agatha Christie y el miedo al comunismo



«La novela policíaca», afirmaba Bertolt Brecht, «al igual que el mundo mismo, la gobiernan los ingleses». 

Bueno, tenía razón en lo primero, pero los novelistas policíacos británicos de los años 20 y 30 —el periodo bautizado como Edad de Oro de la novela policíaca por John Strachey, compañero comunista de Brecht— podrían haber discrepado sobre quién gobernaba realmente el mundo. Sospechaban que había otro orden del día completamente distinto. «El oro bolchevique está entrando en este país con el propósito específico de provocar una revolución», afirma el señor Carter, un alto cargo de los servicios de seguridad en The Secret Adversary [El adversario secreto, también traducido como El misterioso señor Brown] (1922), de Agatha Christie.

Christie, fallecida hace cincuenta este mes, es reconocida internacionalmente como la Reina del Crimen. De hecho, está reconocida legalmente como tal: la frase ha sido registrada como marca comercial por sus herederos, y cualquiera que se anuncie con ese título probablemente reciba una carta de cese y desistimiento («sorprendentemente lamentable», dijo Val McDermid, cuando recibió la advertencia en 2022). Es la escritora de ficción más vendida del mundo (se estima que ha vendido entre dos mil y cuatro mil millones de libros) y una de las más adaptadas: prácticamente todas sus 66 novelas policíacas han llegado a la pantalla, al teatro o a la radio. La adaptación de Netflix de The Seven Dials Mystery [El misterio de las siete esferas] es sólo la última. Tradicionalmente, estas adaptaciones eran asuntos cordiales. Más recientemente, han intentado ser atrevidas, pero pocas han aprovechado el contenido político de los libros originales, en particular los de su juventud. Lo cual es una lástima, aunque solo sea porque, en una época en la que las teorías conspirativas vuelven a ser tristemente comunes, sería bueno recordar lo frecuentes —y lo erróneas— que eran hace un siglo.

En The Secret Adversary (1922), su segunda novela, una encantadora pareja de aficionados, Tommy y Tuppence, frustra una conspiración internacional para acabar con la civilización occidental. La novela se escribió en una época de agitación económica. En 1921 se produjo una grave recesión —«uno de los peores años de depresión desde la Revolución Industrial», según escribió The Economist— acompañada de una ola de huelgas: se perdió más del doble de días laborables por acciones sindicales que en cualquier año anterior. Más alarmante aún era el temor a que los exmilitares desempleados se inspirasen en las revoluciones de Rusia e Irlanda. Mientras tanto, los liberales se estaban viendo suplantados por el ascenso aparentemente inexorable del Partido Laborista.

En la historia de Christie, el Sr. Carter explica que, por desastroso que pudiera ser un gobierno laborista, ellos no eran el verdadero problema. Ni siquiera los comunistas. Hay alguien más atrás, en las sombras. «Los bolcheviques están detrás de los disturbios laboristas, pero este hombre está detrás de los bolcheviques». Nadie conoce su identidad. «Pero una cosa es segura: es el maestro criminal de esta época».

De manera similar, en The Big Four [Los cuatro grandes] (1927), Hércules Poirot lucha contra la conspiración que se esconde detrás de «los disturbios mundiales, los problemas laborales que acosan a todas las naciones y las revoluciones que estallan en algunas». Su alcance es global. «En Rusia, como sabes, había muchos indicios de que Lenin y Trotsky no eran más que marionetas cuyas acciones dictaba otra mente». Tal como dice Poirot: «Su objetivo es dominar el mundo».

Esto era algo característico de la ficción popular de la época. El héroe de suspense más importante de los años veinte era Bulldog Drummond, que luchaba contra su supervillano enemigo en una serie de novelas, obras de teatro y películas de Sapper (seudónimo de H. C. McNeile). Una vez más, hay una organización internacional que controla la política de izquierdas en Gran Bretaña. «Desde la guerra, vosotros, reptiles venenosos, habéis estado trabajando para provocar disturbios internos en este país», le dice Drummond a un diputado laborista en The Black Gang [La banda negra] (1922). «Ni uno de cada diez de entre vosotros cree en lo que predica: vuestra fuerza motriz es el dinero y vuestro propio progreso».

La idea de que el Partido Laborista era un compañero de viaje era algo común. Dorothy L. Sayers, otra escritora considerada reina del crimen, presentó en Clouds of Witness [Nube de testigos] (1926) el Club Soviético de Londres, donde hay mucho entusiasmo por la presencia del líder laborista, que «va a pronunciar un discurso sobre la conversión del Ejército y la Marina al comunismo».

Quizás este tema recurrente pueda verse como un intento de comprender la escala y el horror, por lo demás incomprensibles, de la Primera Guerra Mundial y su impacto social. Cuando las cosas habían ido tan mal, era necesario creer que podía haber una causa subyacente al descontento. «Detrás de todas las creencias del mundo, el cristianismo, el budismo, el Islam y el resto, se esconde una antigua adoración al diablo», argumenta el carismático villano de The Three Hostages [Tres rehenes] (1924), de John Buchan. Ahora que «la guerra había resquebrajado la fachada en todas partes, lo auténtico estaba saliendo a la luz», sobre todo en el auge del comunismo. Su intención es explotar el desorden moral para hacerse con el poder.

Fantasioso, por supuesto, incluso risible. Pero la idea de una mano oculta que manipula la política tuvo su impacto, preparando el terreno a los sucesos de la vida real. La caída del primer gobierno laborista en 1924 se desencadenó por las acusaciones sobre la influencia ejercida por el Partido Comunista de Gran Bretaña. En la campaña electoral posterior, el Daily Mail presentó las pruebas: una carta supuestamente enviada por Grigori Zinóviev, jefe ruso de la Internacional Comunista, en la que ordenaba al PCGB «agitar a las masas del proletariado británico». Se alegó que existía una clara cadena de mando. «Moscú da órdenes a los comunistas británicos», escribía el Mail, «y los comunistas británicos, a su vez, dan órdenes al gobierno socialista, que las obedece dócil y humildemente».

Era algo totalmente falso —y la carta misma de Zinóviev era una falsificación—, pero la sospecha de que existía algún tipo de influencia bolchevique ya estaba bien arraigada. La acusación de lealtad a una potencia extranjera era precisamente algo sobre lo que habían advertido las novelas de suspense de Agatha Christie y Sapper, y sus numerosos lectores reconocieron el peligro. El resultado fue que los votantes liberales desertaron en masa hacia los conservadores, decididos a mantener fuera a los socialistas, de modo que, aunque el Partido Laborista aumentó su porcentaje de votos, su número de diputados disminuyó. Se aprendió la lección y, cuando se produjo la huelga general de 1926, el Congreso de Sindicatos (TUC) se apresuró a negar cualquier influencia externa, comunicando a la prensa que un cheque enviado desde Moscú, «por varios miles de libras», se había devuelto sin cobrar.

A partir de entonces, la atención prestada a la subversión comunista se desvaneció un poco, fusionándose con una sospecha mucho más antigua en torno a Rusia. La novela A Man Lay Dead [Un hombre muerto] (1934), de Ngaio Marsh, presentaba una hermandad secreta rusa «de asombrosa antigüedad» que, en la época de Pedro el Grande, «practicaba diversos ritos indecentes y horribles, basados en una especie de monacato invertido». Más recientemente, se había convertido en una organización política prosoviética, aunque conservaba su afición por «las representaciones eróticas y las mutilaciones».

En The Devil Rides Out [La novia del diablo] (1934), Dennis Wheatley fue más allá e identificó al verdadero cerebro que había provocado la guerra. «El monje Rasputín era el genio malvado detrás de todo», explica nuestro héroe. «Era el mayor mago negro que el mundo había conocido a lo largo de los siglos. Fue él quien encontró una de las puertas por las que dejar salir a los cuatro jinetes para que se deleitaran en la sangre y la destrucción».

Sin embargo, en términos más generales, los detectives y los héroes de las novelas de suspense centraron su atención en otros temas. Tras el crac de Wall Street en 1929 y la consiguiente Depresión, se puso de moda en la novela negra la figura del financiero indiferente y el empresario rapaz. Estos parecían amenazas más acuciantes para el bienestar de la nación. La literatura popular era popular precisamente porque reflejaba los miedos y las preocupaciones de sus lectores.

En The Smart Detective [“Un detective listo”] (1933), de Leslie Charteris, Simon Templar (alias el Santo) recibe la visita de una mujer que trabaja para «Oppenheim, el dueño de los talleres clandestinos». Ella describe el sistema: «Trabajo con otras cincuenta chicas en un ático del East End. Trabajamos diez horas al día, seis días a la semana, cosiendo. Si eres hábil y rápida, puedes hacer dos piezas al día. Te pagan un chelín por pieza». Oppenheim, por el contrario, acaba de comprar una colección de esmeraldas por un cuarto de millón de libras. «Es una de esas cosas por las que a veces te dan ganas de hacerte comunista». Se pueden encontrar variaciones sobre este tema en obras como Death of a Banker [“Muerte de un banquero”] (1934), de Arthur Wynne; Death of the Board [“La muerte de la Junta”] (1937), de John Rhodes; There’s Trouble Brewing [“Está difícil destilarlo”] (1937), de Nicholas Blake, y Murder Pays No Dividends [“El asesinato no reparte dividendos”] (1938), de Gathorne Cookson.

Y en One, Two, Buckle My Shoe [La muerte visita al dentista] (1940), de Agatha Christie, en la que Alistair Blunt es el director de «la mayor entidad bancaria de Inglaterra». De él depende la estabilidad económica que ha mantenido al país libre en una época de dictadores. Es, según otro personaje, «la respuesta a sus Hitlers, Mussolinis y todos los demás», y Blunt tiende a estar de acuerdo: «He hecho algo por Inglaterra, señor Poirot. La he mantenido firme y solvente. Está libre de dictadores, del fascismo y del comunismo».

Pero esta es la Reina del Crimen en su madurez, y el mensaje es más sutil que en las primeras novelas de suspense conspirativas. Por muy sólida que sea su economía, Blunt es un asesino e intenta convencer a Poirot de que no se le puede hacer responsable. Si le detienen, afirma, «muchos malditos idiotas intentarían muchos experimentos muy costosos. Y eso sería el fin de la estabilidad, del sentido común, de la solvencia. De hecho, de esta Inglaterra nuestra tal y como la conocemos».

El destino del país está en juego, y le corresponde a Poirot reafirmar el principio esencial que sustenta a Christie y a la mayor parte de la Edad de Oro. «No me preocupan las naciones, monsieur», dice con severidad. «Me preocupan las vidas de los individuos particulares que tienen derecho a que no se les quite la vida». En última instancia, por supuesto, es esa humanidad, el valor del individuo, lo que ha garantizado la continua popularidad de Christie.

Alwyn Turner crítico cultural e historiador social británico, es profesor de la Universidad de Chichester. Como divulgador ha escrito sobre cine, moda, novela popular, rock & roll, política o bandas militares. Su libro más reciente es “The Last Post: Music, Remembrance and the Great War

Fuente: Unherd, 29 de enero de 2026 Temática: Cultura Literatura Traducción:Lucas Antón 

"Bebés vikingos": por qué el esperma danés domina el mercado de las donaciones

Un grupo de bebés en pañales gateando de derecha a izquierda, todos mirando algo fuera de cámara a la izquierda.


Hay hombres que están teniendo una gran cantidad de hijos por medio de la donación de esperma.

La BBC informó recientemente de un hombre cuyo esperma contenía una mutación genética que aumenta drásticamente el riesgo de cáncer en algunos de sus hijos.

Uno de los aspectos más sorprendentes de la investigación fue que el esperma del hombre se envió a 14 países y produjo al menos 197 hijos.

Esta revelación representa una visión poco común de la magnitud de la industria de la donación de esperma.

Este procedimiento permite a las mujeres ser madres cuando de otra manera no sería posible: si su pareja es infértil, tienen una relación del mismo sexo o crían solas a sus hijos.

Satisfacer esa necesidad se ha convertido en un gran negocio. Se estima que el mercado en Europa tendrá un valor de más de US$2.700 millones para 2033, siendo Dinamarca un importante exportador de esperma.

Entonces, ¿por qué algunos donantes de esperma engendran tantos hijos? ¿Qué hizo tan popular al esperma danés, o al llamado "esperma vikingo", y es necesario frenar la industria?

La calidad del esperma

Si eres hombre y estás leyendo esto, lamentamos informarte que la calidad de tu esperma probablemente no sea lo suficientemente buena como para ser donante: menos de cinco de cada 100 voluntarios lo consiguen.

Primero, debes producir suficientes espermatozoides en una muestra (es decir, tu recuento espermático). Luego, debes pasar controles sobre su movilidad y su forma o morfología.

También se analiza el esperma para garantizar que sobreviva a la congelación y el almacenamiento en un banco de esperma.

Podrías ser perfectamente fértil, tener seis hijos y aun así no ser apropiado para donar.

Representación gráfica de espermatozoides en rosa brillante sobre un fondo oscuro

Representación gráfica de espermatozoides en rosa brillante sobre un fondo oscuro

Fuente de la imagen,Getty Images


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Menos de cinco de cada 100 voluntarios logran donar esperma debido a que la calidad no es suficientemente buena.

Las normas varían alrededor del mundo, pero en Reino Unido también se requiere ser relativamente joven (entre 18 y 45 años), no padecer infecciones como el VIH ni la gonorrea, ni ser portador de mutaciones que puedan causar enfermedades genéticas como la fibrosis quística, la atrofia muscular espinal y la anemia de células falciformes.

En general, esto significa que el número de personas que finalmente se convierten en donantes de esperma es reducido. En Reino Unido, la mitad del esperma se importa.

Pero la biología implica que un pequeño número de donantes puede generar una gran cantidad de hijos.

Basta con un espermatozoide para fecundar un óvulo, pero hay decenas de millones de espermatozoides en cada eyaculación.

Los hombres acuden a la clínica una o dos veces por semana mientras donan, lo que puede durar meses.

Sarah Norcross, directora de la organización benéfica Progress Educational Trust, dedicada a la fertilidad y la genómica, afirmó que la escasez de esperma donado lo convierte en un bien preciado y que los bancos de esperma y las clínicas de fertilidad están maximizando el uso de los donantes disponibles para satisfacer la demanda.

Algunos espermatozoides son más populares

Profesor Allan Pacey

Profesor Allan Pacey

Fuente de la imagen,Allan Pacey


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Donar esperma es un proceso similar a la cruda realidad de las aplicaciones de citas, dice el profesor Allan Pacey 

De este pequeño grupo de donantes, el esperma de algunos hombres es simplemente más popular que el de otros.

Los donantes no se eligen al azar. Es un proceso similar a la cruda realidad de las apps de citas, donde algunos hombres consiguen muchas más parejas que otros.

Dependiendo del banco de esperma, puedes explorar fotos, escuchar su voz, descubrir a qué se dedican (¿ingeniero o artista?) y consultar su altura, peso y más.

"Si se llaman Sven, son rubios, miden 1,93 m, son atletas, tocan el violín y hablan siete idiomas, sabes que eso es mucho más atractivo que un donante como yo", dice el profesor Allan Pacey, experto en fertilidad masculina quien dirigía un banco de esperma en Sheffield, Inglaterra.

"En última instancia, la gente desliza el dedo a la izquierda y a la derecha cuando se trata de encontrar un donante compatible".

Cómo el esperma vikingo se apoderó del mundo

Dinamarca alberga algunos de los bancos de esperma más grandes del mundo y se ha ganado la reputación de producir "bebés vikingos".

Ole Schou, de 71 años, fundador del banco de esperma Cryos International, donde un solo vial de 0,5 ml de esperma cuesta entre US$117 (100 €) y más de US$1.175 (1000 €), afirma que la cultura en torno a la donación de esperma en Dinamarca es muy diferente a la de otros países.

"La población es como una gran familia", afirma. "Hay menos tabúes sobre estos temas y somos una población altruista; muchos donantes de esperma también donan sangre".

Ole Schou fundador de Cryos International 

Ole Schou fundador de Cryos International

Fuente de la imagen,Cryos International


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Ole Schou fundó Cryos International en 1987

Y eso, según Schou, ha permitido al país convertirse en "uno de los pocos exportadores de esperma".

Pero argumenta que el esperma danés también es popular debido a la genética.

Como le explicó a la BBC los genes daneses de "ojos azules y cabello rubio" son rasgos recesivos, lo que significa que deben provenir de ambos progenitores para aparecer en un hijo.

Como resultado, los rasgos de la madre, como el cabello oscuro, "podrían ser dominantes en el hijo resultante", explica Schou.

Afirma que la demanda de esperma de donantes proviene principalmente de "mujeres solteras, con un alto nivel educativo, de unos 30 años que se han centrado en sus carreras y han dejado la planificación familiar para muy tarde". Actualmente, representan el 60% de las solicitudes.

Esperma que cruza fronteras

Un aspecto de la investigación sobre donantes de esperma publicada a principios de diciembre fue cómo se recolectó el esperma de un hombre en el Banco Europeo de Esperma en Dinamarca y luego se envió a 67 clínicas de fertilidad en 14 países.

Los países tienen sus propias normas sobre cuántas veces se puede utilizar el esperma de un hombre.

A veces se vincula a un número total de hijos, otras se limita a un número determinado de madres (para que cada familia pueda tener tantos hijos emparentados como desee).

El argumento original en torno a estos límites era evitar que medio hermanos que desconocían su parentesco se conocieran, formaran relaciones y tuvieran hijos.

Pero nada impide que se utilice el esperma del mismo donante en Italia y España, y luego en los Países Bajos y Bélgica, siempre que se cumplan las normas de cada país.

Esto crea circunstancias en las que un donante de esperma puede engendrar legalmente un gran número de hijos. Aunque el hombre a menudo desconoce este hecho.

"Muchos receptores, y también donantes, desconocen que el esperma de un solo donante puede utilizarse legalmente en muchos países diferentes; este hecho debería explicarse mejor", afirma Sarah Norcross, quien argumenta que sería "sensato" reducir el número de hijos que un donante puede tener.

Muestras de esperma en un tanque del que sale humo de hielo seco.

Muestras de esperma en un tanque del que sale humo de hielo seco.

Fuente de la imagen,Getty


Pie de foto,

El esperma se congela hasta que las familias lo necesiten.

En respuesta a la investigación sobre el donante de esperma que transmitió un gen que provocó cáncer en algunos de los 197 hijos que engendró, las autoridades belgas solicitaron a la Comisión Europea que establezca un registro europeo de donantes de esperma para supervisar el esperma que viaja a través de las fronteras.

El viceprimer ministro Frank Vandenbroucke afirmó que la industria era como el "salvaje oeste" y que "la misión inicial de ofrecer a las personas la posibilidad de formar una familia ha dado paso a un verdadero negocio de la fertilidad".

La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología también propuso un límite de 50 familias por donante en toda la UE.

Este sistema permitiría que el esperma de un donante produjera más de 100 hijos si las familias deseaban dos o más bebés cada una.

Se ha expresado preocupación por el impacto en los niños concebidos mediante donación de esperma.

Algunos estarán contentos, otros pueden sentirse profundamente angustiados por el doble descubrimiento de haber sido creados con esperma de donante y ser uno de cientos de medio hermanos.

Lo mismo ocurre con los donantes, quienes a menudo desconocen la amplia distribución de su esperma.

Estos riesgos se ven amplificados por la fácil disponibilidad de pruebas de ascendencia de ADN y las redes sociales, donde las personas pueden buscar a sus hijos, hermanos o al donante.

En Reino Unido ya no existe el anonimato para los donantes de esperma y hay un proceso oficial mediante el cual los niños conocen la identidad de su padre biológico.

Ole Schou, de Cryos, argumenta que más restricciones a la donación de esperma simplemente llevarían a las familias a recurrir al mercado privado, totalmente desregulado.

El doctor John Appleby, especialista en ética médica de la Universidad de Lancaster, afirmó que las implicaciones de un uso tan amplio del esperma representan un vasto campo minado ético.

Explicó que existen cuestiones relacionadas con la identidad, la privacidad, el consentimiento, la dignidad y más, lo que lo convierte en un "ejercicio de equilibrio" entre necesidades contrapuestas.

El experto afirmó que la industria de la fertilidad tiene la "responsabilidad de controlar el número de veces que se utiliza un donante", pero acordar una normativa global sería sin duda "muy difícil".

Añadió que un registro mundial de donantes de esperma, que se ha sugerido, conlleva sus propios "desafíos éticos y legales". 

lunes, 23 de febrero de 2026

Febrero de 1936. Victoria del Frente Popular. ¿Qué alianzas para combatir a las derechas?

G. Buster, Daniel Raventós, Miguel Salas

Se cumplen 90 años de la victoria electoral del Frente Popular de Izquierdas (Front d’Esquerres en Catalunya y País Valencià) el 16 de febrero de 1936. Contra las expectativas, la coalición de las izquierdas republicanas y obreras derrotó a las derechas y sus amenazas autoritarias. La alegría se desbordó por las calles y sin esperar a la formación de las Cortes y el gobierno algunas manifestaciones se concentraron ante las prisiones y liberaron a los presos políticos. Más de 15.000 personas (otras fuentes hablan de 30.000) estaban encarceladas tras la insurrección de octubre de 1934 en Asturias y la rebelión catalana del mismo mes. Miles de obreros y campesinos habían sido despedidos por luchar por sus reivindicaciones. La Generalitat catalana había sido suspendida y su gobierno encarcelado. Igual que el dirigente de la izquierda republicana, Manuel Azaña y el presidente del PSOE y secretario general de la UGT, Largo Caballero. Acababa el llamado bienio negro (1933-1935) en el que las derechas habían echado para atrás las reformas iniciadas con el advenimiento de la república en 1931. La victoria desató un profundo proceso de movilizaciones sociales que abría la esperanza para resolver los problemas del histórico atraso español.

Desde su propuesta inicial, forzada por las políticas reaccionarias del Bienio Negro, la represión tras Octubre del 34 y una ley electoral que favorecía las mayorías, el Frente Popular de Izquierdas fue un terreno de confrontación entre dos visiones contrapuestas. La de Manuel Azaña, para el que el sujeto de las transformaciones debía ser la burguesía republicana progresista, y la de Largo Caballero, convencido de que solo la clase obrera era capaz de llevar a cabo las tareas de la revolución democrática. El bloque republicano pretendía construir su mayoría republicana sobre ambos pilares, pero con un gobierno exclusivamente suyo que, como mucho, integrase en algunas carteras al PSOE.

Pero el gobierno surgido de esas elecciones y los dos que le sucedieron en meses, enseguida frustraron esas esperanzas, ante las dificultades para aplicar el limitado programa electoral de la izquierda republicana. El historiador Manuel Tuñón de Lara escribe: “Azaña (presidente del gobierno) rehacía un gobierno en el que predominaban hombres de la pequeña burguesía y de la burguesía media republicanas” (La España del siglo XX). Mientras el gobierno predicaba la conciliación y contemporizaba con los militares, que la noche del 16 habían presionado para que se declarara el estado de sitio, evidente anticipo de lo que será el 18 de julio, las masas se movilizaban para resolver a su manera los graves problemas del país. Luis Portela, uno de los fundadores del Partido Comunista que había ingresado en el POUM de Madrid lo contó así: “Querían ir hacia delante, no se daban por satisfechos simplemente con que se pusiera en libertad a los presos políticos y se readmitiera a todos los que habían sido despedidos a resultas de la insurrección revolucionaria de octubre de 1934. Avanzaban instintivamente, no necesariamente para conquistar el poder o para crear soviets, sino para que prosiguiera la revolución que había empezado al proclamarse la república” (Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, Ronald Fraser)

Por todo el país se inició un proceso de movilizaciones. El campo en primer lugar. El 25 de marzo se produjo una ocupación en masa de tierras en la provincia de Badajoz, en la que participaron unos sesenta mil jornaleros y arrendatarios. Hacia finales de la primavera, llegaron a estar en huelga al mismo tiempo por lo menos 100.000 trabajadores de la tierra. En las provincias con propiedades latifundistas se organizó la apropiación con el fin de instalar en ellas a miles de trabajadores agrícolas. Las ocupaciones y expropiaciones “debían acercarse al millón de hectáreas cuando estalló la Guerra Civil” (La España del siglo XX, Tuñón de Lara) Se redistribuyó mucha más tierra entre marzo y julio de 1936 que en los cinco años anteriores de la República. Además, ese proceso fue acompañado de un aumento de los jornales, que pasaron a ser de 11 a 13 pesetas diarias, aproximadamente el doble de 1935. El gobierno iba por detrás de los acontecimientos, a veces intentando impedirlos y otras limitándose a registrar lo que era un hecho, que los campesinos por sus propios medios imponían la reforma agraria.

El mismo impulso se produjo en la industria y el comercio. En abril se desarrolló una gran ola de huelgas exigiendo mejores salarios y cambios en las condiciones laborales, especialmente la reducción de la jornada de trabajo y el retiro con pensión a los 60 años. Se restableció la jornada semanal de 44 horas en la metalurgia y la construcción. Los metalúrgicos de Catalunya habían obtenido en 1934 la semana de 44 horas, pero en 1935 debían trabajar 48 horas por el mismo salario. Los ferroviarios exigían la vuelta a sus salarios de 1931-1933. Ante la amenaza de cierre patronal, en no pocas ocasiones los sindicatos se ofrecieron para hacerse cargo de ellas, como en los tranvías de Madrid. En mayo hubo una gran huelga de marineros con repercusiones internacionales, pues paralizó también a barcos que se hallaban en puertos extranjeros, logrando un gran triunfo en aumento salarial y reducción de horas de trabajo. Al final de la primavera se hallaban en huelga en Barcelona 60.000 empleados y empleadas del pequeño comercio. Se fueron incorporando sectores menos organizados y particularmente las mujeres, como la huelga de sastras y perfumistas en Madrid. En junio hubo una huelga general de la construcción de Madrid y sindicatos afines que movilizó a unos 110.000 trabajadores. Cálculos aproximados hablan de alrededor de un millón de huelguistas a finales de junio.

Dos personalidades nada proclives a la izquierda no tuvieron dudas sobre el momento histórico. Para el liberal Salvador de Madariaga: “El país había entrado en una fase claramente revolucionaria”. El historiador estadounidense Stanley G. Payne escribió: “Aquello no era todavía una revolución, pero se podría considerar como el comienzo de la misma”.

El Frente Popular
Era una época convulsa. En Italia gobernaban los fascistas. Hitler se había adueñado del poder en enero de 1933. Un levantamiento obrero en Austria fue derrotado en febrero de 1934. El futuro de Europa estaba en juego. Francia y España, con potentes sindicatos y partidos obreros, podían cambiar la tendencia.

El Frente Popular surge en esa encrucijada histórica. Después del tremendo fracaso de la política de división entre socialistas y comunistas en Alemania, la III Internacional, dirigida por Stalin, giró hacia una política de acuerdos entre los partidos obreros con partidos de la pequeña y mediana burguesía con el argumento de que lo importante era salvar la democracia frente al fascismo, pero evitar procesos revolucionarios que cuestionasen la hegemonía de los partidos democrático burgueses. La tendencia a la unidad, de un frente único obrero, se transformó en un acuerdo con partidos burgueses que ampliase los derechos sociales, pero respetase la propiedad privada a costa de concesiones de los partidos obreros.

Este giro estuvo determinado por la defensa de los intereses nacionales de la burocracia estalinista. Empieza con el pacto franco-soviético en mayo de 1935, en el que ambos países acuerdan asistencia mutua militar, y Stalin, a cambio, garantiza la paz social. En el mes de julio el VII Congreso de la III Internacional aprueba el giro hacia el frente popular. Pero esta política se acabará en agosto de 1939, cuando se firma el pacto entre Hitler y Stalin. Ya no se necesitan los frentes populares para derrotar al fascismo, la Alemania de Hitler es aliada de la URSS de Stalin.

Se forjó el lema de que la alternativa era fascismo o democracia, pero para aplastar al fascismo era necesario cambiar la sociedad capitalista que lo había engendrado. ¿Se podía defender la democracia manteniendo el capitalismo existente, en plena recesión económica y ascenso de la extrema derecha? Para mantener y desarrollar los derechos se necesita construir un mundo nuevo, avanzar hacia el socialismo.

En todos los países la tendencia a la unidad era un sentimiento generalizado, una condición para vencer al fascismo. En España se había expresado en la Alianza Obrera (acuerdo de las organizaciones obreras) que había impulsado la insurrección asturiana y la rebelión catalana de 1934. Una unidad que podía ampliarse a otras fuerzas políticas y sociales si las fuerzas obreras mayoritarias conservaban su dirección y objetivos. Por ejemplo, de una manera u otra las izquierdas y los sindicatos obreros apoyaban las exigencias campesinas contra los grandes latifundios, como defendían una república laica en la que la Iglesia no tuviera ni la presencia ni el poder que mantenía y sobre todo querían acabar con el peso del Ejército en la sociedad. Sobre esa base, y el reconocimiento nacional de Catalunya, País Vasco y Galicia, era posible un acuerdo con otras fuerzas sociales.

En julio de 1935 se formó el Frente Popular en Francia. En España fue en enero de 1936. El programa acordado era indiscutiblemente moderado en los términos impuestos por los republicanos liberales. No es buena idea un programa moderado para una época revolucionaria. En el pacto era más importante lo que se negaba que lo que se afirmaba. Dice el acuerdo que “los republicanos no aceptan el principio de la nacionalización de la tierra y su entrega gratuita a los campesinos […] los republicanos no aceptan el subsidio de paro solicitado por la representación obrera […] No aceptan los partidos republicanos las medidas de nacionalización de la Banca propuestas por los partidos obreros […] No aceptan los partidos republicanos el control obrero”.

Igual criterio se aplicó a la representación en las candidaturas. Mientras que las fuerzas obreras aportaban el voto de las masas trabajadoras, se permitió que los republicanos ocuparan el 56% de las candidaturas, el 36% para los socialistas y menos del 10% para el resto de fuerzas obreras, con el argumento de que un gobierno de la izquierda republicana necesita contar con una mayoría propia frente a sus aliados obreros. En un país polarizado, la victoria electoral, lograda también por el voto de muchos afiliados a la CNT anarco-sindicalista, significó un gran paso adelante y dio confianza al pueblo trabajador de que las cosas no podían quedarse en el mismo punto.

Como ya hemos relatado, los sucesivos gobiernos de la izquierda republicana fueron superados por la movilización social. Joaquín Maurín en un discurso en las Cortes el 16 de junio de 1936 denunció: “este Gobierno durante un tercio de año, durante una sexta parte, aproximadamente, de lo que es la vida normal de unas Cortes ordinarias, no ha hecho, no ya la sexta parte, ni la décima, ni la centésima parte de lo que contiene el programa del Frente Popular”.

La violencia durante esos meses, una guerra civil larvada que explotó con el golpe militar del 18 de julio de 1936, la sufrieron las izquierdas políticas y sindicales. Dos tercios de las víctimas mortales lo fueron por la represión de las fuerzas policiales, ya que las movilizaciones reivindicativas fueron reprimidas con dureza, y por los grupos fascistas que campaban a sus anchas. Siguió funcionando la censura, especialmente sobre las publicaciones obreras, a menudo se suspendieron las garantías constitucionales, no se tocó el poder de la Iglesia y los militares siguieron conspirando, se envió a algunos generales, como a Franco, fuera de Madrid, pero nada se hizo para depurar al Ejército.

Desde febrero hasta julio de 1936 los gobiernos de izquierda republicana del Frente Popular fueron incapaces de responder a las necesidades de las masas trabajadoras o de avanzar en las transformaciones necesarias de la revolución democrática o de adoptar las medidas defensivas necesarias frente al peligro fascista, monárquico y la sublevación militar. Lo que es peor, las izquierdas quedaron supeditadas a esos gobiernos. Así ni siquiera se podía defender la democracia, ni ser capaz de prever lo que se anunciaba, ni armar a las clases trabajadoras para defenderse. El golpe militar del 18 de julio sacó a la luz todas esas inconsecuencias. Fue la valentía de las clases trabajadoras, de los partidos y sindicatos obreros y campesinos quienes pararon los pies a militares y fascistas e iniciaron la revolución social. Debería haber servido para aplicar esas lecciones durante la guerra civil, pero tampoco fue así.

Francia y España
Para hacerse una idea de la importancia del momento histórico que podía haber cambiado la historia de Europa y del mundo, se ha tenido muy poco en cuenta el paralelismo entre la situación en Francia y España. El 6 de febrero de 1934 la extrema derecha organiza un motín en París intentando asaltar la Asamblea Nacional (emulando la marcha sobre Roma de Mussolini). Mueren 17 personas y hay más de 2.000 heridos. La respuesta es una huelga general el 12 de febrero. La jornada concluye con dos manifestaciones, la socialista y la comunista, que acabaron confluyendo al grito de “unidad”. En julio de 1935 se conforma el Frente Popular, que es un acuerdo “para realizar la unión entre la clase obrera y las ‘capas medias’” con el partido radical, un partido representante de la burguesía que había formado parte de diversos gobiernos durante la III República francesa. El 3 de mayo de 1936 gana las elecciones generales. La victoria electoral desencadena un impresionante movimiento huelguístico con ocupación de empresas. Empieza el 11 de mayo en Le Havre, el 13 es en Toulouse, el 14 en la región parisina. A comienzos de junio, 12.000 empresas están en huelga, muchas ocupadas, y se calcula que el número de huelguistas alcanza los dos millones. Para hacerse una idea del cambio producido, en la fábrica Renault la afiliación al sindicato CGT pasó de 700 a 25.000 afiliados. El 7 de junio el gobierno llega a un acuerdo con los sindicatos, los acuerdos de Matignon, por los que se consigue la semana de 40 horas, el derecho a sindicarse, aumentos salariales y vacaciones pagadas.

Es una victoria, pero el movimiento es tan amplio y potente que no se conforma y quiere avanzar más. Maurice Thorez, secretario del Partido Comunista francés, quiere cortar ese proceso y declara que “Hay que saber terminar una huelga cuando se ha obtenido satisfacción”. No sin gran esfuerzo se logra detener el movimiento, aunque a mediados de julio 600 fábricas siguen aún ocupadas.

Aunque los ritmos son diferentes y cada país tiene sus particularidades, durante unos meses en ambos países la revolución llamó a la puerta, pero el Frente Popular, instrumento defensivo subordinado a la hegemonía de los partidos democrático burgueses, fue incapaz de articularla, a pesar de su antifascismo declarado. Pero eso era imposible: o se avanzaba hacia cambios profundos contra el capitalismo o el fascismo acabaría imponiéndose. Cuando en España se inició el levantamiento fascista, el gobierno del Frente Popular francés ni siquiera quiso enviar armas y colaboró en la política de No Intervención, mientras que fascistas y nazis armaban a los franquistas. El resto de la historia es bien conocido.

El futuro
Conmemorar un acontecimiento histórico puede ser útil para aprender y debatir cómo afrontar un futuro que no está escrito. El avance de las derechas y las extremas derechas es una alerta cierta sobre los peligros que amenazan las libertades y las conquistas del movimiento obrero y no debería haber ninguna duda sobre la necesidad de acuerdos amplios, frentes únicos o frentes populares (lo importante no es el nombre sino el contenido).

Acuerdos que no sean solo electorales, sino que se basen en la movilización por abajo, que rehagan el tejido sindical, asociativo y popular y que puedan tener en cuenta la experiencia y el balance de otras etapas históricas, como aquí hemos señalado. Estamos en un momento defensivo frente a la oleada reaccionaria, pero una posición defensiva unitaria, clara y con perspectiva pueda convertirse en una palanca para dar un vuelco favorable a las clases trabajadoras. Las bases para tales acuerdos no son difíciles de plasmar, son las exigencias más claras y, nos atrevemos a decir, más decididamente democráticas: defensa de lo público, sanidad, educación; control por el pueblo y sus organizaciones; condiciones de vida digna, vivienda y condiciones materiales de existencia, como una renta básica universal e incondicional; derechos universales y democráticos para la gente y los pueblos; alternativa desde un punto de defensa de la república y del derecho de las naciones comprendidas en el Reino de España a la autodeterminación y solidaridad con otros pueblos.

Si crecen las derechas es porque no hay una respuesta positiva y están fracasando las condiciones de lo que hasta ahora existía. No funciona, porque como entonces (salvando todas las distancias) lo que está quebrándose son las bases de la democracia liberal tanto internacionalmente como en el Reino de España del régimen de 1978. No se trata de mirar el pasado, porque para mantener lo existente se necesita ofrecer una nueva perspectiva, sino de pensar, acordar y construir un futuro diferente a partir de articular políticamente a todos los sectores de la clase trabajadora divididos por las consecuencias de la crisis capitalista y la ofensiva reaccionaria.

Daniel Raventós,  G. Buster,  Miguel Salas,  son miembros del comité de redacción de Sin Permiso. Fuente:
www.sinpermiso.info, 15 de febrero de 2025
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