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sábado, 23 de mayo de 2026

_- Lise Meiner

Chemist Lise Meitner with students.jpg


_- Por Bryn Mawr College - https://www.flickr.com/photos/nrcgov/15422785493, CC BY-SA 2.0, Enlace

 Tuvo que huir de los nazis para seguir pensando.


En julio de 1938, Lise Meitner abandonó Alemania y cruzó la frontera hacia los Países Bajos con ayuda de colegas, antes de instalarse en Suecia. Era una física brillante, nacida en Viena, judía de origen y ya convertida en una figura respetada de la ciencia europea. Quedarse significaba ponerse en manos del régimen. Irse significaba empezar de nuevo, lejos de su laboratorio y de la vida que había construido.

No era una desconocida.

Había obtenido su doctorado en física en 1906, en una época en que casi ninguna mujer llegaba tan lejos en ese campo. En Berlín trabajó junto a Otto Hahn durante décadas y juntos aislaron el protactinio 231, uno de los grandes logros de la física y la química radiactiva de su tiempo.

Pero lo más grande todavía estaba por venir.

A finales de 1938, ya exiliada, Hahn y Fritz Strassmann obtuvieron un resultado desconcertante al bombardear uranio con neutrones. Meitner, junto a su sobrino Otto Frisch, fue quien entendió lo que realmente estaba ocurriendo: el núcleo del átomo se estaba partiendo. En enero de 1939 explicaron ese proceso y le dieron un nombre que cambiaría la historia para siempre: fisión nuclear.

Y ahí apareció una de las injusticias más recordadas de la ciencia del siglo XX.

En 1944, Otto Hahn recibió en solitario el Premio Nobel de Química por el descubrimiento de la fisión nuclear. Lise Meitner, cuya interpretación fue decisiva para entender el hallazgo, quedó fuera. Décadas después, esa exclusión sigue viéndose como una de las grandes omisiones del Nobel.

Lo que vuelve tan fuerte su historia no es solo el genio.

Es el contraste.

Mientras el odio la expulsaba de un país, su mente seguía iluminando uno de los descubrimientos más trascendentales del mundo moderno. Huyó para salvar la vida, y en ese exilio ayudó a transformar la historia de la física.

Lise Meitner no solo sobrevivió a su tiempo.

Lo superó.

miércoles, 8 de febrero de 2023

Lise Meitner, una de las científicas más brillantes del siglo XX que no fue reconocida.

Esta es la historia de la única mujer que da nombre a un elemento en la tabla periódica: el meitnerio.

Lise Meitner nació en Viena en 1878 en el seno de una familia judía de clase media-alta. Su padre fue un prestigioso abogado. Desde pequeña se interesó por las matemáticas y la física. En la Universidad de Viena fue alumna de Ludwig Boltzmann, uno de los físicos más brillantes de todos los tiempos. Intentó trabajar con Marie Curie en París, pero no fue aceptada. Para poder mantenerse, daba clases en un colegio por las mañanas e investigaba por las tardes. A pesar de que ya había desarrollado sus primeras investigaciones, no estaba a gusto en Viena y vio que allí no podía seguir su carrera como científica. Con la ayuda de sus padres, se estableció en Berlín. En 1907 acudió a la Universidad Humboldt para seguir clases con otro gran físico, Max Planck. En aquella época las universidades de Prusia no admitían mujeres, pero ella fue una excepción. Para seguir investigando, se dirigió al Instituto de Física Experimental, donde el científico Otto Hahn mostró interés en investigar con ella. Debido a su condición de mujer, no tenía derecho a contrato ni a sueldo, ni siquiera podía utilizar el cuarto de baño de la institución, teniendo que ir a un restaurante cercano, y estaba obligada a acceder al edificio por una puerta trasera, para respetar las convenciones de solo hombres.

En 1912, Otto Hahn recibe una invitación para trasladarse al Instituto Kaiser Wilhelm de Física, que acepta y sigue contando con Meitner, pero como asistente sin sueldo. Finalmente fue contratada en el puesto más bajo del escalafón de investigadora. En el periodo entre las dos guerras mundiales, Lise Meitner y Otto Hahn descubrieron un elemento químico nuevo al que llamaron protactinio. En la década de los treinta, siguiendo las leyes raciales de Núremberg, Lise fue desposeída de todos sus cargos académicos por tener ascendencia judía, aunque esto no le impidió seguir investigando en Alemania.

Llegó un momento en que la situación para Meitner se hizo insostenible en Alemania, por lo que tuvo que escapar en una huida de película. En el plan para no ser apresada por los nazis participaron algunos de los físicos más famosos de la historia como Niels Bohr o Dirk Coster, descubridor del elemento químico hafnio, que se hizo pasar por su esposo para que pudiera salir de Alemania y cruzar la frontera hasta Holanda y de allí, vía Copenhague, recalar en Suecia.

Esto ocurrió a la vez que sucedían algunos de los descubrimientos más trascendentes. En 1938, Otto Hahn y Fritz Strassmann habían descubierto que bombardeando con neutrones diferentes átomos se formaban isótopos de átomos diferentes, algo que no podían explicar. Meitner y Hahn describieron, en un artículo publicado en la revista Nature en 1939, que lo que estaban viendo era la evidencia de que se estaba produciendo la fisión nuclear por la que unos átomos inestables se dividen en un proceso en el cual se libera energía. La fisión nuclear es la base de todo el armamento atómico y también de la energía nuclear. El problema es que el artículo solo lo firmó Otto Hahn, alegando que las autoridades no iban a dejar que lo rubricara una autora judía. Y que Lise Meitner no firmara el artículo, a pesar de haber realizado ella la investigación, fue el argumento esgrimido por la Comisión Nobel cuando en 1944 le otorgó el Premio Nobel a Otto Hahn en solitario por el descubrimiento de la fisión atómica. La realidad es que la interpretación de los resultados fue obra de Lise Meitner, aunque se quedó sin el galardón.

La aportación de Lise Meitner a la humanidad no acaba aquí. En 1942, cuando estaba exiliada en Suecia, le ofrecieron un visado para Estados Unidos e incorporarse al Proyecto Manhattan que estaba desarrollando la bomba atómica. Un trabajo que le habría facilitado la vida por alejarse de Europa, pero se negó en rotundo porque dijo que no quería participar en la fabricación de ninguna bomba, ya que eso iba en contra de sus principios. Al final llegó a Estados Unidos en 1946, donde el presidente Harry S. Truman, responsable en última instancia del lanzamiento de la primera bomba atómica, la recibió con todos los honores y fue nombrada mujer del año. A Hollywood no se le pasó por alto la historia de su huida y le ofrecieron rodar una película contando su historia. Se negó también, aseguró que nada de lo que iban a contar tenía sentido.

Reconocimiento póstumo
— La historia de Lise Meitner encierra una de las mayores injusticias cometidas por los premios Nobel. Fue nominada en numerosas ocasiones, pero nunca lo obtuvo. Como desagravio, fue invitada a participar en 1962 en la reunión de premios Nobel de Lindau. En 1997, años después de su fallecimiento el 27 de octubre de 1968, recibió uno de los mayores honores a los que puede aspirar un científico. El elemento químico 109 lleva su nombre. Dado que el número 96 —el curio— fue llamado así en honor de Pierre y Marie Curie, pero utilizando el apellido del marido, el meitnerio se convirtió en el único elemento de la tabla periódica bautizado con un nombre de mujer.

J. M. Mulet es catedrático de Biotecnología.