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martes, 25 de agosto de 2026

¿Existió Homero? El misterio que rodea al autor de "La Odisea"

Lámina en tonos sepia con quien se supone es Homero a la derecha, un joven vistiendo una toga que deja ver uno de sus hombros y con una corona de laurel en sus sienes, sentado en una banqueta circular de mármol mientras una chica recostada en una esquina de la misma banqueta, un chico sentado tomándole la mano, otro acostado sobre su estómago y una joven de pie lo escuchan.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Esta lámina de 1887, publicada en la revista española "La Ilustración Artística", refleja las ideas románticas del siglo XIX sobre la antigüedad al representar a un Homero joven (der), dictando una conferencia.

Tradicionalmente se considera a Homero un poeta ciego que vivió alrededor del año 900 a.C. en la Antigua Grecia y fue el autor de dos de los poemas épicos fundamentales de la Antigüedad: "La Ilíada" y "La Odisea".

Un genio, por lo tanto, pero uno que —según los expertos— quizás nunca existió.

Cada vez más, los investigadores contemporáneos creen que Homero, como autor de estas dos obras fundamentales, no fue un individuo histórico. Su nombre sería la personificación de un colectivo de poetas y editores, de generaciones que recopilaron tradiciones orales y las plasmaron por escrito.

"No hay pruebas de que haya existido un autor llamado Homero, al menos no como creador de dos grandes clásicos de la literatura universal", afirma el historiador André Leonardo Chevitarese, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ).

"Lo más probable es que sea una tradición posterior la que vincule estas dos obras, 'La Ilíada' y 'La Odisea', a un único autor llamado Homero".

Hay un consenso bien establecido en el siglo XXI de que es más correcto hablar de Homeros y no de un solo Homero, según el historiador Daniel Brasil Justi, profesor de la Universidad Federal del Sur y Sureste de Pará (Unifesspa) y de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). 

"Podemos suponer que estos Homeros, en plural, eran los editores que revisaron y copiaron estas obras en sus versiones escritas mientras la tradición oral seguía existiendo", comenta Justi.

Así, se define a Homero mucho más como "una tradición de autores" que como una persona en sí misma.

El filósofo Gabriele Cornelli, autor del libro "¿Sabios, filósofos, profetas o magos?" y profesor de la Universidad de Brasilia (UnB), recuerda que esta cuestión estuvo presente en la primera conferencia impartida por el alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900) en la Universidad de Basilea.

"Aportó una visión muy equilibrada del problema. Dijo que Homero fue el poeta que escribió 'La Ilíada' y 'La Odisea', pero que esto no era una afirmación histórica, sino más bien un juicio estético", comenta Cornelli.

"No tiene sentido buscar al Homero histórico. Nos corresponde comprender a Homero como autor estético, como autor literario".

El profesor Cornelli sitúa las obras atribuidas a Homero, junto con los textos de la Biblia judía, como "los pilares que sustentan nuestra cultura occidental".

Lo cierto es que, incluso en la antigua Grecia, la idea de Homero como autor de estas importantes obras ya estaba arraigada.

"Ya en el siglo V a.C., los jóvenes estudiantes atenienses tenían que aprenderse de memoria [los textos atribuidos a] Homero, e incluso ser capaces de comentar algunas de las palabras más difíciles", dice Cornelli.

Fue durante este período, explica el experto, cuando muchos estudiantes comenzaron a notar discrepancias estilísticas en algunos de los textos atribuidos a Homero y a marcar los pasajes que consideraban de dudosa autenticidad.

Pero el debate tardó mucho en resurgir con la misma fuerza.

Imposible

El cuestionamiento de la autoría no se consolidó hasta finales del siglo XVIII, gracias al filólogo Friedrich August Wolf (1759-1824). Experto en obras griegas antiguas, consideraba imposible que un solo autor hubiera escrito tanto "La Ilíada" como "La Odisea".

La conclusión se extrajo después de que Wolf observara que poemas de esa extensión "no podrían haber sido compuestos y conservados por escrito" en aquella época, explica el filósofo Dennys García Xavier, profesor de la Universidad Federal de Uberlândia (UFU).

Anciano con abundante barba marrón, corona de laurel, toga, un bastón en una mano y un papel en la otra.


Anciano con abundante barba marrón, corona de laurel, toga, un bastón en una mano y un papel en la otra.

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Pie de foto,

Retrato idealizado de Homero, honrado con una corona de laurel e identificado por la inscripción en la hoja de papel que enumera las ciudades que reclamaban a Homero como hijo propio (artista anónimo, 1639).

 "Partiendo de esta premisa, concluyó que las epopeyas debían entenderse como el resultado de una larga transmisión oral, habiendo sido recopiladas y fijadas solo posteriormente".

Wolf concluyó que el texto solo podía ser el resultado de una reorganización de composiciones orales, lo cual, según la valoración de Cornelli, era fundamental para el debate, "porque desplazó la cuestión principal a si existe algún rastro de originalidad por parte del autor Homero o de los autores homéricos, o si estos fueron simplemente compiladores de tradiciones orales anteriores", afirma.

Otro problema que surge, según Cornelli, es que el griego usado es "una mezcla muy artificial, hasta el punto de que, con cierta exageración, existen varios dialectos diferentes".

Pero Xavier señala que Wolf no pretendía demostrar que Homero nunca existió. "Su principal objetivo era la concepción tradicional de un único poeta que escribió, solo y de una sola vez, los poemas tal como nos han llegado".

La tradición griega antigua incluía poetas cantores -los aedos- que actuaban en público, viajando de pueblo en pueblo. Lo más probable es que estas historias se transmitieran de esta manera, a través de la tradición oral.

Con el tiempo, grupos de escribas comenzaron a recopilarlos, en un esfuerzo colectivo que debió durar generaciones, con revisiones, ediciones y adiciones.

"Se trataba de historias que ya circulaban, eran ampliamente conocidas y que de alguna manera se sistematizaron alrededor del siglo VIII o VII a.C.", señala Chevitarese.

Según el historiador, lo que existía era una escuela de aedos, los poetas cantores de la época, que debían de estar ocupados recopilando las obras que circulaban en ese contexto.

Chevitarese añade que todo indica que "La Ilíada" y "La Odisea" ni siquiera fueron escritas por las mismas personas.

"Se trata de dos relatos completamente diferentes, situados geográficamente en lugares distintos. Lo que tienen en común es que tratan sobre tradiciones orales que se han transformado y transmitido por escrito a lo largo de un extenso período de tiempo", analiza.

Homero, el poeta épico griego que vivió durante el siglo VIII a. C., está siendo coronado como un ser inmortal. A sus pies se encuentran figuras que representan sus dos grandes obras: la *Ilíada*, vestida de rojo, y la *Odisea*, de verde. A su alrededor figuran grandes personalidades históricas del arte, la literatura y la música. Entre ellas, Virgilio —situado en el extremo izquierdo de la zona central— posa la mano sobre el hombro de Dante, quien viste una túnica roja y sostiene un libro. Con una túnica azul aparece el pintor griego Apeles y, junto a él, el filósofo Sófocles extiende un pergamino. 

En el extremo derecho de la zona central se encuentra Alejandro Magno ofreciendo un cofre; a su lado está Fidias, el escultor griego, y luego Píndaro, poeta épico griego que sostiene una lira. 

La figura con bigote situada en primer plano a la izquierda, que señala a Homero pero mira hacia fuera del cuadro, es el pintor francés Poussin. 

En el lado opuesto de la escalinata, la figura vestida de marrón que mira directamente al espectador es el dramaturgo francés Molière, sosteniendo una máscara; a su lado, de perfil, aparece Racine. Delante de ellos se encuentra el poeta francés Boileau-Despreux.


Homero, el poeta épico griego que vivió durante el siglo VIII a. C., está siendo coronado como un ser inmortal. A sus pies se encuentran figuras que representan sus dos grandes obras: la *Ilíada*, vestida de rojo, y la *Odisea*, de verde. A su alrededor figuran grandes personalidades históricas del arte, la literatura y la música. Entre ellas, Virgilio —situado en el extremo izquierdo de la zona central— posa la mano sobre el hombro de Dante, quien viste una túnica roja y sostiene un libro. Con una túnica azul aparece el pintor griego Apeles y, junto a él, el filósofo Sófocles extiende un pergamino. En el extremo derecho de la zona central se encuentra Alejandro Magno ofreciendo un cofre; a su lado está Fidias, el escultor griego, y luego Píndaro, poeta épico griego que sostiene una lira. La figura con bigote situada en primer plano a la izquierda, que señala a Homero pero mira hacia fuera del cuadro, es el pintor francés Poussin. En el lado opuesto de la escalinata, la figura vestida de marrón que mira directamente al espectador es el dramaturgo francés Molière, sosteniendo una máscara; a su lado, de perfil, aparece Racine. Delante de ellos se encuentra el poeta francés Boileau-Despreux.

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Pie de foto,Quizás no existió, pero lo hemos imaginado. En "La apoteosis de Homero" (1827) el artista Jean Auguste Dominique Ingres lo pintó siendo coronado como un ser inmortal, con grandes personalidades históricas del arte, la literatura y la música a su alrededor

El filósofo Aldo Dinucci, profesor de la Universidad Federal de Espírito Santo (UFES), también menciona otra teoría, la planteada por el escritor británico Samuel Butler (1835-1902), traductor de "La Odisea".

En su libro "La autora de La Odisea", argumenta que la obra fue escrita por una autora femenina, mientras que "La Ilíada" fue escrita por un hombre.

Dinucci afirma que la arquitectura y la narrativa coherentes de la obra permiten ver la forma final como el resultado de una "planificación sofisticada".

"Pero se entiende que tanto 'La Ilíada' como 'La Odisea' provienen de una larga tradición oral transmitida a lo largo de los siglos. Y que el texto que ha llegado hasta nosotros es una especie de cristalización de esa tradición", dice.

El nombre

El profesor Xavier presenta algunas hipótesis interesantes que podrían arrojar luz sobre el nombre Homero, en caso de que fuera inventado. Según él, la etimología más inmediata alude al sustantivo griego "rehén".

"En ese caso, el nombre podría haber significado literalmente 'el rehén', 'el entregado como garantía' o 'la prenda'", explica.

Puede interpretarse que este es el nombre elegido para salvaguardar los valiosos elementos de esa tradición oral, como garantía de que permanecerían en un lugar seguro —el registro escrito— mientras que la versión oral podría perderse.

"Las biografías antiguas buscaban explicar los nombres famosos mediante episodios narrativos, construyendo una circunstancia biográfica a partir de una similitud léxica. Este procedimiento se conoce como etimología biográfica o narrativa: se parte del nombre para inventar u organizar una historia que parezca justificarlo", afirma Xavier.

"En el caso específico de Homero, aún queda mucho por explicar", añade.

Busto de mármol de Homero a la derecha y su reflejo a la izquierda.

Busto de mármol de Homero a la derecha y su reflejo a la izquierda.

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Pie de foto,

Su rostro, imaginado en mármol.

También existe la tradición que retrata a Homero como un anciano sabio ciego. Esto se debe a que, como explica Xavier, la palabra podría significar "ciego" en un dialecto de la región de la antigua ciudad de Cime, en la actual Turquía.

Menciona que existe un antiguo relato biográfico de Homero que dice que el poeta se llamaba originalmente Melesígenes, y que pasó a llamarse Homero después de perder la vista.

"Esta explicación ejerció una enorme influencia en la imagen tradicional de Homero", afirma el profesor. "El poeta ciego se convirtió en una figura canónica del arte, la literatura y la historiografía de la antigüedad".

Sin embargo, Chevitarese no descarta que el nombre Homero sea una referencia al compilador más famoso de aquella época.

"Aunque es algo mucho más teórico que algo que podamos demostrar", señala.

Misterio eterno

Dada la falta de registros, es muy probable que la existencia de Homero como figura histórica nunca pueda ser probada.

"La respuesta más rigurosa que la buena ciencia puede ofrecer es: no hay pruebas directas de que Homero existiera, pero tampoco hay pruebas irrefutables que nos permitan concluir que nunca existió", afirma el profesor Xavier.

La opinión predominante entre los expertos evita ambos extremos.

"Homero sigue siendo una figura históricamente posible, aunque su existencia no puede demostrarse utilizando los criterios que normalmente exige la investigación historiográfica moderna", continúa Xavier.

"No tenemos inscripciones, documentos oficiales, correspondencia, dedicatorias, monedas, tumbas identificables ni ningún testimonio contemporáneo que mencione a un poeta llamado Homero".

Así, pues, lo que queda es la literatura que se le atribuye. Y esta sigue siendo inagotable.

viernes, 22 de agosto de 2025

_- Por qué Penélope no terminó con Ulises y otras historias que Homero no te contó de la Guerra de Troya

Animación del Caballo de Troya


La Odisea está de moda… al menos en la gran pantalla. 

El atribulado viaje de Ulises (también llamado Odiseo) a Ítaca, su isla, luego de haber peleado con los otros héroes griegos en Troya, llegó al cine el año pasado y volverá al cine el año próximo.

En 2024 Uberto Pasolini estrenó The Return (El Regreso) con Ralph Fiennes en el papel de Ulises. En 2026 Christopher Nolan, tras su Oscar en Oppenheimer, estrenará The Odyssey (La Odisea) con Matt Damon en la piel del protagonista principal.

El poema épico atribuido a Homero, el mayor poeta de la Grecia Antigua, sigue vigente casi 3.000 años después de su composición porque lo tiene todo: el viaje del héroe, los obstáculos imprevistos (dioses adversos, cíclopes, sirenas), el regreso a su patria del que debió partir…

Y, como le gusta a Hollywood, tiene un final feliz, con un rencuentro amoroso entre Ulises y Penélope, su mujer, quien lo ha esperado fielmente por 20 años tejiendo (y destejiendo) con denuedo mientras rechazaba a todos sus pretendientes.

Ulises, en los 10 años que ha batallado contra Troya y en los otros 10 que tarda en volver a Ítaca, no ha sido tan fiel. En el camino ha conocido a la ninfa Calipso y a la diosa/hechicera Circe.

Pero Homero hace ojos ciegos a estos deslices y lo lleva igual al hogar, donde lo esperan su mujer, su hijo Telémaco y hasta su perro Argos, que muere de emoción por ver a su amo.

Ilustración del reencuentro entre Ulises y Penélope.

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Pie de foto,
Ilustración del reencuentro entre Ulises y Penélope.

Ulises se convirtió en el modelo del exiliado que quiere regresar a su tierra y Penélope en el ejemplo de la mujer que espera incondicional.

Hasta aquí todo parece perfecto -la casa, la mujer, el hijo y el perro- pero como en toda odisea no todo es lo que parece. La primera revelación que debemos hacer es que Homero no fue el único que habló de Troya, en general, y de Ulises en particular.

La segunda es que otro poeta cuenta un final mucho más trágico del héroe: en esta versión alternativa, Ulises muere en manos de un hijo que había tenido con Circe, Telégono, quien al matarlo no sabía que era su padre (cualquier similitud con Edipo -quizás- no sea coincidencia).

Si este giro trágico no fuera suficiente, hay una vuelta de guion aún más absurda: Penélope, la mujer de Ulises, se une románticamente con este hijo y asesino de su esposo, mientras que su propio hijo -Telémaco- hace lo mismo con Circe, la madre de Telégono. Y todos se vuelven eternos.

¿Por qué la saga de Ulises terminó con este final de telenovela latinoamericana, quiénes son los otros poetas que escribieron sobre Troya y qué pensaría Homero de estas versiones alternativas? Si es una odisa para ti vivir sin estas respuestas, sigue leyendo.

Homero, el más grande pero no el único

La Odisea es el segundo poema épico atribuido a Homero. El primero es La Ilíada, cuyo argumento central es el conflicto entre griegos y troyanos donde, además de Ulises, aparecen Aquiles y Agamenón, entre los aqueos (griegos), y Héctor y Paris, entre los defensores de Troya.

Pero existen algunos problemas con Homero. Para empezar no sabemos a ciencia cierta si existió. En caso de haber existido y de haber escrito La Íliada y La Odisea, no hay certeza de cuándo lo hizo (se estima que pudo haber sido entre el siglo VIII y VII antes de Cristo).

Tampoco tenemos idea de dónde nació (varias islas y ciudades se atribuyeron ser su lugar de origen como Chios, Ios y Esmirna) ni si efectivamente fue ciego como creían muchos griegos en la Antigüedad.

En su libro "Homer and his Iliad" (Homero y su Ilíada), Robin Lane Fox dice que estos mismos griegos no habrían dudado jamás de la existencia de Homero, pero el autor británico señala que ya en 1664 el clérigo francés François Hédelin comenzó a preguntarse si el nombre no fue inventado, "lo que permitió agrupar varios poemas de autoría desconocida bajo un nombre ficticio".

Busto de Homero

Busto de Homero

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En la Antigua Grecia se consideraba que la habilidad para recitar de los más grandes poetas orales podía venir de su condición de ciegos. Además, en varios pasajes mitológicos Zeus premió a algunos ciegos con grandes talentos. Para Lane Fox, Homero existió, y se diferenció de todos los otros poetas griegos por muchas razones, una de ellas es que fue el primero en centrarse en un conflicto y desarrollarlo a través de un hilo narrativo:

"La trama tiene un inicio, un desarrollo y un desenlace claramente definidos. Este hecho es importante, ya que otros poemas heroicos extensos, incluyendo algunos compuestos en griego, son muy diferentes. Se componen de una sucesión de episodios que transcurren libremente uno tras otro".

Como indica Alan H. Sommerstein en el libro "The Greek Epic Cycle and its Ancient Reception" (El Ciclo Épico griego y su recepción en la Antigüedad), el mismo Aristóteles en su tratado La Poética elogió a Homero por escoger en La Ilíada no toda la historia de la guerra, sino solo una parte de ella (el conflicto entre Aquiles y Agamenón, el líder de la expedición griega).

Pero aunque desde la Antigüedad Homero destacó como el poeta más laureado, Lane Fox nos dice que no fue el único que relató la historia de Troya y esto queda claro desde el comienzo de La Ilíada…

El Ciclo Épico

Homero comienza La Ilíada en el décimo año de la guerra sin ninguna introducción al conflicto entre griegos y troyanos ni un repaso de los nueve años anteriores, cuenta Lane Fox:

"Evidentemente, Homero sabía que se dirigía a personas familiarizadas con las historias generales de Troya y sus héroes: presenta a Agamenón llamándolo únicamente 'hijo de Atreo' y se refiere a Patroclo, el amado de Aquiles, solo como 'hijo de Menoitio' la primera vez que lo menciona".

Según Martin L West, en su libro "The Epic Cycle. A Commentary on the Lost Troy Epics" (El Ciclo Épico. Un comentario sobre las épicas perdidas de Troya), "poemas sobre la guerra de Troya quizás comenzaron a ser compuestos en el siglo XII a.C".

Otros relatos que circularon en ese período o poco después fueron la leyenda de Jason y los argonautas, así como canciones sobre las hazañas de Hércules y poemas sobre la guerra en la ciudad griega de Tebas (lo que hoy sería una suerte de Universo Marvel). Todos de forma oral.

"Lo normal es que hubiera habido, como hubo, distintos narradores, poetas, aedos, que componían sus poemas sobre esos temas míticos. Los mitos se transmiten de una manera popular. Esos poetas le dan forma métrica y los hacen memorables", le dice a BBC Mundo Carlos García Gual, catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Real Academia Española.

Cuadro de Jean Maublanc (1582-1628), El saqueo de Troya.

Cuadro de Jean Maublanc (1582-1628), El saqueo de Troya.

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Tras su caída, Troya fue saqueada por los griegos que la dejaron arrasada.

Además de La Ilíada y La Odisea, existen otros seis poemas dedicados a la Guerra de Troya: Cypria, Etiópida, La Pequeña Ilíada, Ilou Persis, Nostoi y Telegonía. Ninguno llegó completo hasta nuestros días sino fragmentados en sumarios y resúmenes elaborados mucho tiempo después de su composición.

Durante varios siglos, el material vinculado a Troya se atribuía a Homero hasta que Heródoto, el primer historiador, escribe en el siglo V a.C sus sospechas de que Cypria no había sido compuesta por este poeta "sino por alguien más".

Desde ese momento, y gradualmente, la denominación de "Ciclo Épico" se convirtió en una suerte de sinónimo del material no homérico. ¿Pero qué cuentan estos poemas que Homero no contó?

El origen de la guerra

Como dice Lane Fox, de los 10 años que dura la Guerra de Troya, Homero se enfocó solo en 50 días en La Ilíada. De los otros 10 años que tardó Ulises en volver a Ítaca, 42 días son relatados por el poeta de La Odisea.

Mucho de los hechos más importantes de la Guerra de Troya son apenas contados en La Ilìada, como la muerte de Aquiles o la derrota de esa ciudad amurallada. Aquí Homero ni siquiera menciona al Caballo de Troya, la estratagema de madera utilizada por los griegos para colarse por esas murallas.

Algunos de estos momentos son adelantados por Homero en su primer poema y otros son relatados en retrospectiva en La Odisea, porque además del hilo narrativo, el poeta habría creado -según Robin Lane Fox- los avances y los retrocesos en la trama:

"Con ingenio, utilizó dos recursos: flashbacks del pasado y anticipos del futuro. Es posible que incluso los haya inventado".

Ilustración de Zeus


Ilustración de Zeus

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Entonces, muchos de los poemas del ciclo épico llenan los espacios que deja en blanco Homero o apenas menciona.

Cypria, por ejemplo, explora el origen del conflicto: Zeus, la mayor divinidad en el panteón de los dioses griegos, está preocupado por el peso que provoca sobre la Tierra la superpoblación y no encuentra mejor forma de resolver la cuestión que la guerra.

A esto le sigue una suerte de concurso de talentos entre tres diosas -Hera, Atenea y Afrodita- en el que el juez, el príncipe troyano Paris, favorece a esta última, quien lo recompensa con el amor de Helena.

Pero Helena ya está casada, es la mujer del rey de Esparta, Menelao, hermano de Agamenón, y esto provoca la invasión griega a Troya para recuperarla.

Este poema termina justo con los hechos inmediatamente anteriores al inicio de La Ilíada. El próximo, Etiópida, comienza justo cuando termina el poema atribuido a Homero, y se enfoca en la muerte de Aquiles por culpa de su famoso -y fallido- talón.

La Pequeña Ilíada, por su parte, cuenta las consecuencias de la muerte del principal héroe de la guerra y explica el origen y la construcción del caballo de madera, que tiene un lugar relevante en Iliou Persis, poema exclusivamente dedicado al saqueo de Troya.

Nostoi, por su parte, relata el regreso de todos los héroes griegos tras el fin de la guerra, todos menos Ulises, que es el protagonista de La Odisea y el que concibió al Caballo de Troya.

Pero, ¿cómo terminó el héroe más astuto de toda la saga muerto por su propio hijo?

Animación del combate entre Aquiles y Héctor 

Animación del combate entre Aquiles y Héctor

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Además del conflicto entre Aquiles y Agamenón, La Ilíada relata la pelea entre el héroe griego y su rival troyano más famoso: Héctor.

Una odisea que termina mal

Las historias no homéricas han sido atribuidas a muchos autores y no hay certidumbre de quién las escribió. Se dice que algunos de ellos trataron de homenajear a Homero, otros de imitarlo.

Tampoco está claro si hubo una intención de rellenar los huecos en la trama de Troya que Homero ignoró o no profundizó o si, siglos después, los estudiosos que recopilaron estas historias las editaron para que cumplieran esa función.

Lo que sí sabemos es que el autor de Telegonía, el último poema del Ciclo Épico, no quiso completar datos de la trama de Ulises no incluidos en La Odisea sino continuarla donde Homero

Ilustración de 1883 que muestra a Homero matando a los pretendientes de Penélope

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En La Odisea, Ulises no solo recupera a Penélope sino que mata a todos los pretendientes de su mujer. El poema, atribuido a Eugammon de Cirene, está dividido en dos partes. La primera lleva a Ulises a la tierra de los tesprotos, donde se casa con Calidice, su reina. Tras la muerte de ella, el héroe regresa a Ítaca donde un extranjero está alterando el orden de su isla.

Ese extranjero es Telégono, un hijo que Ulises tuvo con la diosa y hechicera Circe durante su accidentado regreso de Troya (La Odisea jamás menciona que ambos hayan tenido un hijo).

Telégono ha llegado a Ítaca buscando a su padre, pero al encontrarse con Ulises lo mata con una lanza con la punta envenenada que le ha dado Circe, sin saber que se trata de su progenitor.

Luego viaja a la isla de su madre, con el cadáver de su padre, acompañado por Penélope y Telémaco, a quienes Circe concede la inmortalidad. Y al mejor estilo de un reality show de bodas en Las Vegas, la viuda de Ulises termina con el hijo de su amante y la hechizera con el hijo de Penélope.

Para García Gual, este final "indica un espíritu novelesco bastante alejado de la fiereza heroica que uno supone antigua. Hay algo de romanticismo novelesco de querer acabar esta historia de una manera tan extraña desde el punto de vista de lo que sería el heroísmo tradicional".

Aurora Luque, poeta y Doctora en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca, añade que para cuando aparece la Telegonía, el género épico ya estaba agotado y las hazañas de los héroes han dejado de conmover.

"Ya está apareciendo la novela con sus pequeños problemas sentimentales. La novela griega es muy novelera, en el sentido más frívolo del término: amores extravagantes, hijos perdidos, amantes que se buscan y se pierden… Todo se simplifica y pierde grandeza y hondura", le dice a BBC Mundo y concluye:

"La Telegonía es, pues, tal disparate que merece una sonrisa y poco más, no así otros poemas del Ciclo Épico como las Ciprias o la Etiópida, donde aparece Pentesilea, la reina de las Amazonas, y surge un amor efímero intensísimo con Aquiles mientras intentan darse muerte".

Ruinas de Troya.Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,



Aunque la antigua ciudad de Wilusa, citada por los Hititas, ha sido identificada como Troya, no hay evidencia de que esta urbe haya sido arrasada por una guerra.

Sin embargo, para Jonathan Burgess, en su libro "The Tradition of the Trojan War in Homer and the Epic Cycle" (La tradición de la Guerra de Troya en Homero y el Ciclo Épico), estos fragmentos eróticos y románticos como el de Aquiles y Pentesilea o el matrimonio multitudinario al final de la Telegonía son uno de los aspectos que han provocado las críticas a los poemas no homéricos como reflejo del mal gusto de épocas posteriores.

Pero Burgess recuerda que de estos poemas solo nos han llegado fragmentos y se pregunta qué hubiera pasado si La Ilíada o La Odisea hubiesen corrido la misma suerte:

"Se podría añadir que un resumen de los poemas homéricos podría exponerlos a las mismas acusaciones formuladas contra el Ciclo (Épico)", opina.

Y ahora solo nos queda responder otra especulación: qué hubiera pensado Homero de todo esto.

Homero y la muerte
Aunque no deja de ser especulación, hay una forma de imaginar lo que pensaría Homero de finales como el de la Telegonía y otros aspectos del Ciclo Épico: analizar qué incluyó en sus poemas y, muy especialmente, qué descartó.

Un elemento que se repite en los poemas del Ciclo Épico es la inmortalidad. Lo vemos cuando Circe se la concede a su hijo Telégono, a su nueva mujer, Penélope, y al hijo de esta con Ulises, Telémaco. Pero también en Etiópida, donde Thetis, la madre de Aquiles, le concede la vida eterna en la isla de Leuke.

En cambio, el Aquiles de Homero baja al Hades, la tierra de los muertos, como todos los héroes caídos en Troya. Allí lo encuentra Ulises, en el Canto XI, de la Odisea, y le dice que no debe añorar por la existencia perdida ahora que reina entre los muertos, a lo que Aquiles responde:

"No intentes consolarme de la muerte, noble Odiseo. Preferiría estar sobre la tierra y servir en casa de un hombre pobre, aunque no tuviera gran hacienda, que ser el soberano de todos los cadáveres".

Y no hay que olvidar que en La Odisea, el mismo Ulises rechazó la inmortalidad que le ofrecía Calipso para así poder regresar con Penélope en Ítaca.

Ilustración del remero del Hades, Caronte, El destino de todos los héroes homéricos fue el mismo, el Hades, la tierra de los muertos donde Caronte, el remero, trasladaba las almas de héroes y humanos por igual. Para la académica Margalit Finkelberg, "nada puede ser más ajeno al espíritu de los poemas homéricos que la inmortalización póstuma".

"Como resultado, el tema de la inmortalidad, omnipresente tanto en el Ciclo como en la tradición hesiódica, se transforma en Homero en el de la experiencia heroica como metáfora de la condición de la mortalidad, con todas sus contradicciones", concluye Finkelberg.

O como le dice Aurora Luque a BBC Mundo: "La homérica es una épica que cuestiona a la propia razón de ser de la épica. Lo humano -el dolor, la añoranza de la paz, la fragilidad- lo recorre todo".

Entonces, es de suponer que Homero no habría estado muy de acuerdo con un Aquiles pasando su jubilación en una isla paradisíaca o una boda donde los novios viven, literalmente, felices para siempre...


lunes, 23 de junio de 2014

Una historia antigua. En el corazón de cualquier relato está el misterio de lo que no llega a decirse

"Nos contamos historias a nosotros mismos para seguir viviendo”. Me acordé de esas palabras de Joan Didion conversando con una mujer que probablemente había leído muy poco o nada y que sin embargo era una excelente narradora y hablaba un español empapado de literatura: de novelas sentimentales, de boleros, de telenovelas. Es una mujer de casi sesenta años que no ha tenido mucha suerte en su vida, pero que la cuenta con esa extraordinaria desenvoltura narrativa del habla colombiana, en la que nunca falta el humorismo, y en la que la guasa amortigua o endulza hasta lo más cruel. Emigró a Nueva York cuando era muy joven. Tuvo un hijo con un hombre que desapareció en seguida. Con la esperanza de poder pagarse los estudios de Medicina, su hijo se alistó en el ejército cuando empezaba la invasión de Irak. Lo enviaron allí, y ella dice que le rezaba todos los días al Señor pidiéndole que se lo devolviera vivo y entero. “Dios mío, no me lo devuelvas quemado, o sin piernas, eso no”. Hablaba con él de vez en cuando por Skype y lo notaba trastornado por dentro, horrorizado de lo que veía. “Mamá, esto es el infierno”. Tenía 22 años y se había casado un poco antes de viajar a Irak, “con una gringuita rubia, linda, con los ojos azules”. El hijo la llamó cuando ya solo le quedaba una semana en la zona de guerra. Uno o dos días después de hablar con ella, el blindado en el que viajaba rebotó sobre una mina y murieron él y sus tres compañeros de patrulla...

Se pregunta qué prueba podría ponerle ella a su amante español si volviera a encontrarse con él, si lo mirara y no estuviera segura de reconocerlo, al cabo de una ausencia más larga ya que la de Ulises. Y comprende instintivamente que en el corazón de cualquier historia está el misterio de lo que no llega a decirse.
Fuente:  19 JUN 2014 - El País, Babelia.