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martes, 7 de julio de 2026

El brillante Louis Pasteur, más allá de la pasteurización

Louis Pasteur

Fuente de la imagen,THINKSTOCK

Fecha de publicación

Pocas personas han salvado más vidas que Louis Pasteur.

Las vacunas que desarrolló han protegido a millones.

Al entender que los gérmenes causan enfermedades revolucionó la atención médica.

Y encontró nuevas formas para hacer que los alimentos que consumimos no nos hicieran daño.

Definitivamente, Pasteur fue un químico que cambió nuestra interpretación de la biología en forma fundamental. Pero además, al examinar paso a paso su vida, se hace evidente que estuvo a la vanguardia de una nueva rama de la ciencia: la microbiología.

27 de diciembre de 1822

El artista que se volvió químico
Louis Pasteur era el hijo de un sargento de las guerras napoleónicas, que creció amando apasionadamente a su nativa Francia.

Pasó su niñez en el macizo del Jura, en el este de Francia.

No se destacó como alumno y era un apasionado del dibujo y la pintura. De niño, hizo una serie de retratos de su familia que revelan un buen ojo para la precisión y los detalles.

Sus profesores alentaron ese lado artístico, pero su padre consideraba que pintar era una indulgencia: lo que importaba era el trabajo sólido escolar, así que Pasteur estudiaba con tesón.

1848

Un descubrimiento asombroso sobre los pilares de la vida

Pasteur empezó su carrera en química con un empleo en la Universidad de Estrasburgo y pronto hizo un descubrimiento revolucionario: demostró que moléculas idénticas podían existir como imágenes espejo (o versiones "zurdas" y "diestras").

Notó que las moléculas producidas por los seres vivos siempre eran zurdas.

El descubrimiento fue un avance fundamental para la microbiología, que apuntaló el desarrollo moderno de las medicinas y hasta nuestra comprensión del ADN.

A los 25 años de edad, Pasteur ya había hecho lo que se puede considerar como su contribución más profunda a la ciencia.

1859

Desmiente una teoría sostenida desde los tiempos de Aristóteles Louis Pasteur Fuente de la imagen,SPL Pie de foto,

Con sólo caldo probó que lo que se había creído por dos milenios no era cierto. Los conocimientos de química le ayudaron a Pasteur a resolver una de las más grandes cuestiones de la biología del siglo XIX.

Durante 2.000 años la gente había creído que la vida aparecía espontáneamente, de manera que -por ejemplo- las pulgas salían del polvo y los gusanos de la carne muerta. Además, que las enfermedades brotaban de adentro del cuerpo, cuando los humores se desequilibraban.

Pasteur finalmente comprobó que esa teoría era errada por medio de un elegante experimento: expuso un caldo recién hervido al aire, pero con filtros, para que no pasara nada más que el aire limpio, y nada creció en el caldo.

Demostró que la comida se pudría debido a la contaminación de los microbios que estaban en el aire. Y argumentó que estos podían causar enfermedades.

Esa "teoría de microbiana de la enfermedad" fue controvertida, entre otras razones porque Pasteur no era un médico sino un químico, pero llevó al desarrollo de antisépticos y cambió la asistencia médica para siempre.

1863

Inventa la pasteurización
Louis Pasteur investigando la fermentación Fuente de la imagen, SPL Pie de foto,

Louis Pasteur investigando la fermentación. Pasteur se había dado a conocer con la teoría microbiana. Fue entonces cuando Napoleón III lo consultó debido a un problema complejo que tenía la industria vinícola francesa.

El buen vino francés era muy apreciado en toda Europa. Pero los productores estaban perdiendo dinero cuando las botellas se dañaban en tránsito.

Pasteur se dio cuenta de que eso se debía a la contaminación, pero si se hervía el vino para matar a las bacterias, sabía horrible.

En una serie de cuidadosos experimentos, Pasteur descubrió que calentar el vino a 55º, mataba a las bacterias sin arruinar el sabor.

Ese proceso, que después se conoció como la pasteurización, salvó a la industria vinícola y consolidó la fama de Pasteur.

Hoy en día es usada extensamente para evitar que la comida se contamine.

1865

Rescata la industria de la seda
La industria de la seda estaba en una crisis causada por una misteriosa enfermedad que atacaba al gusano de la seda.

Así que sus representantes recurrieron al eminente científico, quien protestó diciendo que nunca había tocado a un gusano de la seda en su vida. No obstante, tomó la oportunidad de investigar el papel que jugaban los organismos microscópicos en la enfermedad.

Le dedicó seis años al estudio, en el que lo asistió su esposa Marie, quien criaba los gusanos para los experimentos.

Entendió que la infección era transmitida por parásitos y demostró que los gusanos infectados debían ser aislados y destruidos.

Gracias a sus consejos, la industria de la seda sobrevivió, lo que implicó otro impulso para la economía francesa.

1868

Tragedias personales
A los 45 años, Pasteur sufrió un derrame que paralizó parcialmente su lado izquierdo. Sus colegas montaron un laboratorio móvil para que pudiera trabajar en su lecho de enfermo.

Pasteur tenía cinco hijos, pero sólo dos sobrevivieron la infancia.

Esa dedicación era una característica de Pasteur, quien se sumergía en el trabajo cuando tenía que enfrentar pérdidas personales.

Vivió en una era en la que los niños a menudo morían de enfermedades infecciosas.

En 1859, perdió a su hija por tifoidea, un mal causado por comida y bebida sucia. En 1865, su segunda hija murió de la misma enfermedad. Otra hija pereció debido a un tumor en 1866.

La tragedia familiar fue el marco de su lucha contra la enfermedad.

1879

Una observación casual en el gallinero
Las nuevas ideas de Pasteur sobre las enfermedades infecciosas lo llevaron a él y su cada vez más grande equipo a estudiar el cólera del pollo.

Fue entonces cuando hizo otro descubrimiento histórico.

Pollos Fuente de la imagen, Getty Pie de foto,

Con los pollos, encontró la manera de crear vacunas en el laboratorio. Tras estar ausente durante un mes de su laboratorio, Pasteur les inyectó a sus pollos un viejo cultivo de bacterias.

Las aves se enfermaron, pero no murieron como se esperaba.

Además, se volvieron inmunes a la enfermedad.

Pasteur se dio cuenta de que las cepas debilitadas de una enfermedad podían ayudar a que los animales desarrollaran inmunidad contra ellas.

Un siglo antes, Edward Jenner había descubierto que el virus de la viruela bovina protegía contra la viruela.

Pasteur había encontrado la manera de crear vacunas en el laboratorio.

Fue un momento crucial en la lucha contra las enfermedades infecciosas.

1881

Ensayos con la vacuna contra ántrax Ántrax Fuente de la imagen, THINKSTOCK Pie de foto, El antrax mataba a humanos y animales por igual. El ántrax era fatal para los humanos y podía arrasar con poblaciones enteras de animales de granja.

Quien pudiera prevenir la enfermedad no sólo salvaría vidas, sino que también se haría rico.

El doctor alemán Robert Koch ya había encontrado la bacteria causaba el mal; Pasteur anunció que había descubierto la vacuna e inmunizó con éxito 31 animales, aunque estudios recientes de sus libretas de anotaciones han revelado que exageró sobre cuánto del trabajo era original y suyo: lo que hizo fue prestarse de los estudios de otros.

1885

Vacuna a un niño contra la rabia Louis Pasteur en su laboratorio - grabado Fuente de la imagen, Getty Pie de foto,

Louis Pasteur en su laboratorio. Grabado de 1880. Aquel año concentró su atención en la rabia, una enfermedad mortal con síntomas horribles que causa una muerte lenta y dolorosa.

Pasteur había ensayado una vacuna en perros, pero le preocupaba hacerlo en humanos.

Se enfrentó a ese dilema con Joseph Meister, un niño al que lo había mordido un animal rabioso.

No estaba seguro de que Joseph desarrollaría la versión humana de la rabia, pero ensayó el tratamiento de todas maneras.

Joseph sobrevivió.

El primer ensayo en humanos de una vacuna artificial fue otro hito, aunque cuando Pasteur escribió sobre sus experimentos después, volvió a exagerar, diciendo que había hecho más pruebas en animales de los que había hecho en realidad.

1888

Fundan el Instituto Pasteur Louis Pasteur Fuente de la imagen, THINKSTOCK Pie de foto,

Así apareció en la revista Vanity Fair poco antes de la fundación del instituto. La gente estaba desesperada porque la inocularan contra la rabia. Si Pasteur quería satisfacer esa demanda y continuar con sus investigaciones sobre nuevos tratamientos, requería de ayuda.

Por ello, hizo un llamado internacional para que le donaran fondos y estableció una organización de caridad, el Instituto Pasteur, cuyo propósito era continuar la investigación sobre las enfermedades infecciosas.

La labor que empezó a hacer el instituto salvó muchas vidas.

La expansión económica y colonial francesa dependía de la habilidad para combatir nuevos males, así que se abrieron sucursales del Instituto en colonias francesas como Senegal y Costa Marfil.

1888

Pasteur abre el camino a la erradicación de difteria
Uno de los primeros éxitos del Instituto Pasteur fue un avance en la lucha contra la difteria, una gran amenaza a la vida de los niños.

Dos de los primeros científicos que Pasteur contrató fueron sus antiguos asistentes Emile Roux y Alexandre Yersin.

Los dos hombres identificaron cómo la difteria causaba la enfermedad inundando el cuerpo con toxinas.

Ese trabajo fue clave para encontrar un tratamiento y eventualmente una vacuna.

La lucha contra la difteria es una de las grandes historias exitosas de la medicina: hoy en día, alrededor del 85% de los niños de todo el mundo son inmunizados.

A través del trabajo de científicos como Roux y Yersin, el legado de Pasteur perdurará.

Cripta en el Instituto Pasteur en París. Fuente de la imagen, SPL Pie de foto,

Cripta en el Instituto Pasteur en París. 28 de septiembre 1895

Pasteur muere
Suplemento especial de un diario, tras su muerte Fuente de la imagen, THINKSTOCK Pie de foto,

Suplemento especial de un diario, tras su muerte. Pasteur continuó dirigiendo el Instituto en París, pero su salud se fue deteriorando.

Tras otro derrame, su parálisis empeoró.

Murió a los 72 años de edad.

Francia lo trató como un héroe nacional. Fue enterrado en la catedral de Notre-Dame.

El año siguiente trasladaron sus restos a una cripta construida especialmente en el Instituto Pasteur.

Su esposa fue enterrada a su lado cuando murió en 1910.

Hoy en día, Pasteur es recordado como uno de los fundadores de la medicina preventiva.

El trabajo que empezó sigue salvando millones de vidas en todo el mundo. 

martes, 25 de noviembre de 2025

Qué vergüenza, qué impotencia, qué rabia y qué pena

Una reflexión crítica sobre la sentencia del Supremo, la condena al Fiscal General y el uso político de la justicia y las elecciones en España.

Me acabo de enterar en la ciudad mexicana de Puebla de que el Tribunal Supremo de mi país ha condenado al Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, a dos años de inhabilitación y a pagar al pobrecito Alberto González Amador una cantidad de dinero para compensarle de los daños morales que ha sufrido por una filtración que no hizo. Esto sí que es un fallo. Imagino que el litigante ya no pensará exiliarse de este país a cuya Hacienda había robado pues ahora le van a pagar un dinerito gratis y que habrá desterrado la idea del suicidio, idea que no le hubiera resultado muy difícil llevar a cabo disponiendo de un bonito ático.

La sentencia me ha desconcertado. O filtró o no filtró la noticia. Si la filtró, la sentencia es ridícula; si no la filtró, es injusta. Porque da la impresión por la sentencia de que lo hizo a medias. ¿Para qué se celebró el juicio entonces? Podrían habérselo ahorrado. ¿Para qué sirvió la declaración de los testigos? Podrían no haber declarado. Veremos lo que dice la sentencia. Tendrán que hacer juegos malabares para justificar la condena. Porque nadie ha visto una sola prueba. Ni media prueba.

Aunque en el juicio no ha quedado probada la culpabilidad del Fiscal, el señor Feijóo va más lejos al afirmar que fue el Presidente del gobierno quien le dio instrucciones al Fiscal para que llevase a cabo la filtración. ¿Qué pruebas tiene para poder decirlo? Ninguna. Pero que esté tranquilo, que si se presenta una denuncia ante el Supremo, en el juicio que se celebre le darán la razón y condenarán al Presidente. Lo que tiene el señor Feijóo no son pruebas sino un motivo, que es pedir la convocatoria de elecciones. Qué manía con las elecciones desde el día que se formó gobierno y empezaron a decir que era ilegítimo. Un gobierno, como dice el portavoz del PP Miguel Tellado, que nunca debería haberse constituido y que pronto estará enterrado en una fosa. Qué pasión por las elecciones. Hoy conmemoramos el cincuenta aniversario de la muerte del dictador que nos tuvo cuarenta años sin comicios. A estos demócratas del PP y de Vox jamás se les ocurrió ni mencionarlas en tan largo período de tiempo.

Vergüenza
Al recibir la noticia me han embargado cuatro sentimientos que todavía están peleándose dentro de mí para ver cuál prevalece sobre los otros. Y no hay manera. No se me va la vergüenza de haber visto culminada una operación de acoso y derribo al Fiscal General (y en definitiva al Gobierno) sin que exista prueba fehaciente de la culpabilidad. Es más, es que hay pruebas de la inocencia del condenado. Porque hay seis acreditados periodistas (unos periodistas que no se dedican como ha hecho el ínclito periodista Miguel Ángel Rodríguez a difundir bulos y a mentir descaradamente delante del tribunal), que tenían la noticia antes de que le hubiera llegado al Fiscal General. Ya lo dijeron en la fase de instrucción. Este hecho tendría que haber sido suficiente para no sentar al Fiscal en el banquillo. Claro que, como la operación diseñada tenía que llegar a donde ha llegado, esas declaraciones no sirvieron para nada ni en un momento ni en otro. El Tribunal Supremo ha condenado a un inocente. Prevaricación en estado puro. No tengo otro remedio que aceptar la sentencia, pero no la comparto, no la considero justa, no la considero respetable. Siento una profunda vergüenza por la decisión de esos cinco jueces que han firmado una sentencia de naturaleza política, contra toda evidencia. Sí, qué vergüenza.

Impotencia
El segundo sentimiento que me invade es el de impotencia.
Resulta desesperante tener que aceptar el veredicto, a sabiendas de que es injusto. José Luis Martín Pallín acaba de decir que se trata de un golpe de estado que, en lugar de utilizar armas ha utilizado palabras, que en lugar de emplear estrategias militares ha puesto en marcha procesos judiciales. Dice que estos jueces son “activistas políticos”. Creí que no iban a ser capaces, sinceramente. Pensé que, ante la contundencia de lo sucedido en el juicio, no se iban a atrever. Pero lo han hecho. Como ciudadano de a pie, nada puedo hacer para luchar contra la sentencia. Solo puedo alzar la voz para decir que este sí que es un fallo. Un fallo de gran calado. Siento una enorme impotencia porque todo el que ha seguido el proceso ha podido comprobar que no hay pruebas contra el Fiscal, que no hay ni siquiera indicios fundados.

Rabia
El tercer sentimiento que me embarga es el de rabia por lo que acabo de saber. Una rabia enorme, sorda, dolorosa. Porque creo que todo el proceso ha estado lleno de irregularidades, de exageraciones y de falsedades. Era un caso con final incluido. Creí que no iban a ser capaces, pero lo han sido. Fue un acto de ingenuidad por mi parte pensar que de algo valdría el hecho de no haber encontrado una prueba fehaciente de la filtración. Claro que, como dice Rafael Rufián, podría haber tenido en cuenta que le están juzgando el juez de Rajoy, Ángel Hurtado, y la fiscal de Ayuso, la inefable señora Almudena Lastra. Esa fiscal que tiene bien archivadita la causa que una y otra vez piden que sea activada los familiares de las víctimas que fallecieron en las residencias de la Comunidad de Madrid durante la pandemia. Esa fiscal que tiene su despacho en la planta tercera planta donde alguien ha dicho que le entregaron los datos de la discordia.

Pena
Y me da mucha pena. Sí, me da pena. He sentido una enorme tristeza en esta mañana del día veinte de noviembre. Porque veo que la verdad no importa, que las pruebas no importan, que las mentiras pronunciadas ante el tribunal no importan, que los bulos no importan, que lo único que importa es acabar con el adversario político. Y eso en la cúpula del poder judicial. Ha sido el Tribunal Supremo quien ha consumado esta felonía. Siento pena por el condenado porque considero que es un inocente que paga los platos rotos de una polarización extrema. Siento pena porque se le ha dado la razón a quien no la tiene. Porque se ha compensado con dinero a quien ha robado sin contemplaciones, a quien ha pedido cuatro años de cárcel a quien no había hecho nada merecedor de una condena.

Ha sido una sorpresa la celeridad que han tenido en hacer pública la sentencia. La han difundido antes incluso de haber sido redactada. Han tenido prisa. Una prisa inusitada. Y la han hecho coincidir con este día 20 de noviembre, fecha en la que el dictador Francisco Franco moría en la cama de una habitación de un Hospital de Madrid que lleva el paradójico nombre de La Paz. No hubieran podido escoger una fecha mejor.

Y ahora viene la vergonzosa celebración de esta victoria. Estoy seguro de que esos cuatro sentimientos van a ser alimentados durante un buen tiempo por quienes se frotan las manos por esta injusta sentencia. Como si la justicia fuera infalible, como si fuera inocente. Lo estoy viendo en algunas reacciones que me llenan de sonrojo. No la califico de injusta por capricho ni por sectarismo. Nadie me podrá demostrar que es una sentencia justa hasta que no me aporte una prueba incontestable de la filtración. Porque no la hay a pesar de las búsquedas desesperadas y exorbitantes, propias de casos de la gravedad extrema del terrorismo.

Voy a poner un ejemplo de lo que vamos a tener que soportar en los próximos días. Son las palabras de Margalida Prohens, presidenta del Gobierno de las Islas Baleares. Del Partido Popular, faltaba más. Dice con todo el descaro: “El Supremo condena hoy una manera de hacer y de entender la política, la de la degradación de las instituciones que son de todos, la de la destrucción personal del adversario político, la del barro, la del todo vale, la de la mentira, la de los muros y la del desprecio a la ley”. Y se queda tan pancha. Eso es objetividad, rigor, ausencia de muros y respeto al adversario.

Una de las personas que celebrará con regocijo la sentencia será la señora Ayuso. Decía hace unos días que ella nunca critica a los jueces. Claro que no. ¿Cómo va a criticar a los suyos? ¿Cómo va a criticar a la señora Almudena Lastra, “su” Fiscal? Y otro que se alegrará de su premonición es el Ínclito MAR: “el Fiscal General irá palante”. Y ha ido. Gracias a sus bulos y a sus mentiras. Lo tenía muy claro. La maquinaria estaba muy bien engrasada. La presunción de inocencia se había roto desde el primer momento. Solo faltaba montar un proceso de instrucción y un juicio que diese forma legal a la maniobra.

Se dirá que el escándalo es tremendo. Por primera vez resulta condenado el Fiscal General del Estado. Pues sí, un escándalo de primera magnitud. Pero el escándalo no es que haya sido acusado, juzgado y condenado el Fiscal sino que haya sido acusado, juzgado y condenado injustamente. Ese es el escándalo. Y por eso tengo tanta vergüenza, tanta impotencia, tanta rabia y tanta pena.