Mostrando entradas con la etiqueta Tesla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tesla. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de octubre de 2016

Tesla busca empleados en España. El fabricante de coches eléctricos ofrece puestos de trabajo en Madrid y Barcelona

Tesla busca empleados en España. Las ofertas de trabajo, publicadas en su página en Reino Unido, dejan entrever una posible apertura de centros de mantenimiento de coches tanto en Madrid como en Barcelona. También buscan especialistas en Lisboa. Entre los perfiles que piden se encuentran responsables de instalar los supercargadores, el equivalente a las gasolineras pero con un menor tiempo de carga comparado con los enchufes de otros fabricantes. También se demandan asesores de ventas, personal de marketing o especialistas de producto, capaces de hacer demostraciones de uso tanto en carretera como en la tienda.

Tesla, la firma de coches eléctricos de alta gama fundada por Elon Musk, quiere llegar a Europa de una manera más activa. Su campo de pruebas, por el momento, han sido los países nórdicos. Con respecto a España, siempre han alegado de modo no oficial que presenta un marco legal inestable y poco beneficioso para su sistema de carga. En California, el estado más preocupado por las energías renovables y el medio ambiente, junto con la factura del consumo de luz de cada mes se incluye un folleto con las bondades del coche eléctrico y se invita a instalar un cargador específico el hogar.

Tesla Europa reitera que estas ofertas de empleo no significan que vaya abrir de manera inmediata y que, por ahora, no hay nada que anunciar. Sin embargo, antes del desembarco en México siguieron este mismo patrón. Es previsible que antes tengan que bregar con las autoridades y el resto de fabricantes de coches. Uno de los puntos de fricción más marcados tiene que ver con los puntos de venta. Tesla tiene una cadena de tiendas propias, con un sistema muy parecido al de Apple, en el que se puede probar, configurar y adquirir un coche. Son todas de su propiedad. No tienen concesionarios y el precio es el mismo si se compra en la tienda o a través de Internet, que es como se suelen tramitar la mayoría de los pedidos.

Por el momento, Tesla ofrece dos modelos de coche, el Model S, el Model X. También ha presentado ya el Model 3, cuyo precio es más asequible, desde 35.000 dólares, y está previsto que llegue al mercado en 2017. Se espera que las entregas se hagan efectivas en menos de 18 meses.

Aunque Tesla es, por ahora, un fabricante de coches, su misión fundacional es otra: “Acelerar la transición en todo el mundo hacia una energía sostenible”.

http://economia.elpais.com/economia/2016/10/10/actualidad/1476120175_767930.html?rel=lom

sábado, 4 de febrero de 2012

Tesla, un visionario

Todos los genios incomprendidos, con perdón por la redundancia, merecerían la segunda oportunidad que el ángel concedió a James Stewart en Qué bello es vivir: mostrarle cómo sería el mundo si él no hubiera existido. No para impedir que se tiren por un puente, como en la película de Frank Capra, sino para que se mueran sabiendo que tenían razón. Después de una vida entera aguantando a los beocios, esa tiene que ser la mejor versión para genios del descanse en paz al que todos aspiramos.
El ángel de Capra tuvo que hilar fino con el personaje de Stewart, que al fin y al cabo era un banquero y había arruinado a medio pueblo, con perdón otra vez por la redundancia. Su trabajo habría sido mucho más fácil con los genios de verdad. Cervantes y Shakespeare, Galileo y Newton, Van Gogh y Picasso nunca destacaron por su modestia, ciertamente, pero hasta ellos se quedarían boquiabiertos si pudieran ver lo que significan para nosotros, si pudieran saber que sin ellos la literatura, la ciencia y el arte no solo serían muy distintos, sino también mucho peores.

Con ninguno, sin embargo, lo habría tenido el ángel más fácil que con Nikola Tesla, inventor de la bobina de inducción que inauguró la era de la radio, artífice del sistema de transmisión que nos lleva la energía eléctrica a casa, descubridor de un principio extraordinariamente simple, eficaz y versátil -como todas las grandes ideas- en el que se basan nuestros motores eléctricos y casi cualquier otra cosa que lleve un enchufe. No hace falta un ángel para imaginar un mundo sin Tesla. Basta un apagón... Leer todo aquí en El País

jueves, 30 de junio de 2011

El visionario que acertó

La autobiografía de Nikola Tesla retrata a un genio ensombrecido por Edison y erigido en icono de la cultura popular.

Pocas veces alguien con un sitio tan claro en las enciclopedias ha sido a la vez tan claramente un personaje de novela. Y de película, cómic y videojuego. Ese alguien es Nikola Tesla, un físico serbio nacido en Croacia en 1856 y emigrado a Estados Unidos que terminó prestando su apellido a la unidad de inducción magnética (el tesla), además de ser reconocido en todo el mundo como el hombre que consiguió domesticar la corriente alterna -a través del motor de inducción polifásico- y en su país de adopción como el inventor de la radio. Este último reconocimiento le llegó cuando el Tribunal Supremo decretó que Marconi se había basado para su trabajo en las patentes desarrolladas por Tesla.

El hecho de que la justicia dictara su fallo en 1943, cuando el científico serbocroata llevaba meses muerto, es solo un ejemplo de lo que el futuro destinaba a su figura. Pese a que sus inventos permitieron iluminar grandes ciudades, enviar la electricidad a miles de kilómetros por primera vez o construir la primera gran central hidroeléctrica del mundo -en las cataratas del Niágara-, su nombre ha quedado ensombrecido por el de Thomas Alva Edison, con el que Tesla llegó a colaborar. El encuentro y desencuentro entre ambos lo cuenta este último en Mis inventos, el texto autobiográfico que, junto al ensayo El problema de aumentar la energía humana, integra ahora el volumen Yo y la energía, traducido por Cristina Núñez Pereira, publicado por Turner y acompañado por una larga y apasionante introducción del periodista y escritor Miguel Ángel Delgado.

"En este volumen hay dos libros: el de Tesla y el de Miguel Ángel Delgado", dijo ayer en la sede madrileña del Círculo de Lectores José Manuel Sánchez Ron. El físico y miembro de la Real Academia Española abrió el acto enseñando un paquete comprado en unos grandes almacenes. Contenía la versión en muñeco de algunos de los grandes héroes de la ciencia y la técnica modernas. Allí entre, Darwin, Madame Curie o Einstein estaba Tesla. El propio Sánchez Ron reconoció que cuando lo vio en la tienda se preguntó: "¿Qué hace este aquí?". Era su manera de reconocer el lugar fronterizo de "un visionario que acertó", un genio que "lo tenía todo para no prosperar como hombre de empresa". Ese "todo" del que habla Sánchez Ron fueron un cuerpo, una personalidad y una inteligencia extremas: de dos metros de altura y políglota desatado -declaró haber estudiado 12 lenguas y llegó a manejarse en no menos de seis-, conjugaba su afán de notoriedad con una misantropía enfermiza que le llevó a mantenerse célibe durante toda su vida y que por momentos le impedía incluso dar la mano a la gente. Amén de rechazar el ofrecimiento de colaboración como ayudantes sin sueldo de futuros premios Nobel de Física. Eso, no obstante, no evitó que el gran mundo frecuentara su laboratorio neoyorquino: de la actriz Sarah Bernhardt a su gran amigo Mark Twain. Un hombre que ha fascinado a escritores como Paul Auster o Thomas Pynchon, que lo han convertido en personaje de sus novelas, o a cineastas como Jim Jarmusch o Christopher Nolan.

Convertido en icono pop, Tesla se ha asomado en los últimos años en cómics, discos, videojuegos y series de televisión, de House a Los Simpson. Ese es uno de los muchos Tesla. El otro es el de la leyenda que empezó a fraguarse el día que murió en la habitación 3327 del hotel New Yorker. El mito dice que el FBI habría recogido sus papeles, que, por supuesto, permanecen en secreto.

A Miguel Ángel Delgado no le hace gracia la teoría conspiranoica porque podría reducir a caricatura a uno de los grandes genios de la historia de la humanidad. Él prefiere subrayar que fue uno de los primeros en "preocuparse por cosas que preocupan mucho ahora, pero nada en su tiempo": la necesidad de explotar energías limpias e inagotables frente a la dependencia del petróleo, el peligro nuclear o la atención a la ecología. Y, por supuesto, "las posibilidades que ofrece la transmisión inalámbrica de electricidad". El futuro parece suyo; el presente, también. La historia, todavía no.